Álavaro Barrios

Comunicación astral

Quisiera ampliar algunas de las ideas que tratamos en cierta oportunidad acerca de la literatura como idea y la idea como arte. En la situación de los artistas contemporáneos se presentan actualmente algunas confusiones provenientes del ritmo acelerado que han tomado los distintos movimientos artísticos, especialmente en el presente siglo.

La ventaja de ciertos movimientos artísticos de larga duración consiste en que cada uno tiene un proceso desde su origen que pasa por la juventud, madurez y decadencia en periodos suficientes para comprender la importancia de sus postulados, no solo en su propio tiempo, sino en sus proyecciones futuras.

El movimiento corto de más largo alcance en el siglo XX fue el dadaísmo. Pero, en otras épocas cuanto más prolongado era el proceso del movimiento en cuestión, más afianzado estaba en la historia —no solo intelectual, sino física— del mundo. Así podríamos mencionar numerosos ejemplos, entre los cuales es indispensable que recordemos el arte de la Edad Media, el Renacimiento, Grecia y Roma. Estos fueron procesos de duración suficiente en el tiempo para que cambiaran no solo la faz intelectual del mundo conocido, sino su físico; no solo el curso de la historia política, religiosa, filosófica, sino también el paisaje natural de la tierra. Perdida esta proporción, y con el ingreso de la civilización en un periodo de síntesis que fue confundiéndose con la brevedad, se llegó al punto en el cual los movimientos más prolongados han tenido diez años de duración. Esta brevedad es consecuente con cambios en lo que respecta al concepto mismo de la duración del arte y, desde un punto de vista material, es consecuente con lo efímero del arte. Pero en cuanto a la esencia espiritual que le da origen y que sostiene el concepto mismo del arte, este tiene una duración infinita. Su origen se pierde en la eternidad y lo mismo sucede con su finalidad. Por tanto, tendrá carácter de arte todo aquello que conlleve las bases esenciales de lo espiritual con su permanencia y trascendencia.

Son, pues, los movimientos breves, secundarios en cuanto movimientos, importantes como eslabones de una cadena perenne. Y solo debe tenerse en consideración un movimiento en sí cuando se tome el tiempo indispensable para dejar una huella en la historia general de la humanidad y, aun cuando el ritmo de la vida actual fuese de brevedades, solo lo que le permita mantener una visión de conjunto en los aconteceres de sus distintos intereses puede alcanzar a impresionar la sensibilidad humana hasta el punto de permitirle a dicho movimiento un puesto en la historia. No quiero decir que la historia de los movimientos breves sea absolutamente intrascendente. Simplemente tendrán, vistos en la lejanía del futuro, una importancia para determinado momento en la serie de aconteceres que vive la humanidad. Los movimientos artísticos breves pueden tomar un rumbo en el cual irán acrecentando su brevedad hasta el punto de confundirse con los artistas mismos y con los estados de ánimo de cada uno de ellos, de manera que dejen de llamarse “movimientos artísticos” y sean un reflejo sincronizado de los minutos de la vida de cada artista. Desaparecerán, por tanto, en el concepto que se tiene actualmente de ellos, y se transformarán, en consecuencia, en una sola posición humana con respecto al arte.

En ese grado pasarán algunos siglos. Y una vez superada esta situación, vendrá un ritmo diferente en el mundo acerca de la apreciación y del disfrute del arte. Entonces se verá ese tiempo, hacia el pasado, del mismo modo como hoy observamos la Edad Media o el Renacimiento. Es decir, retornaremos a situaciones análogas.

Entonces, el proceso, a través del cual se llega a comprender que la literatura y las artes plásticas en simbiosis colaboran con la creación de un perfil de la humanidad general (realizado a través de la categoría intelectual del espíritu que se conoce como arte), tiene en el momento actual analogías con el arte del pasado. Al aparecer la escritura, el hombre encontró una forma de visualizar su comunicación integrándola con las gráficas, que fueron su primera expresión artística. El lenguaje escrito, a la sazón, no había llegado a su primera expresión abstracta que se conoció posteriormente. En el mundo paleolítico, en el mundo atlántido y en el mundo egipcio se llegó a grados verdaderamente admirables de la visualización plástica del lenguaje escrito. En el mundo de los últimos 1000 años el lenguaje escrito se fundió con el lenguaje de las artes plásticas. No como una sola expresión, sino como dos que dan origen a una tercera creación: la creación del libro gótico, impregnado de esoterismo, de belleza visual, es decir, de estética y contenido filosófico, religioso y político tendente a la transformación del mundo.

La decadencia de la literatura simbiotizada con las artes plásticas vino con el Renacimiento, cuando se retomó el concepto clásico del libro helenístico. Desde entonces, la literatura se divorció de las artes visuales y los intentos por retomar el antiguo concepto han sido recientes —en el siglo XX—, a partir de la liberación de los conceptos artísticos que partieron del Impresionismo. La literatura ha sido vehículo para expresar ideas que tienen poco que ver con la esencia misma de esta como género artístico y ha servido como túnel de transporte hacia una dimensión diferente de las artes plásticas, especialmente en el campo del “Arte de Ideas”.

Todas las formas de literatura contemporáneas son posibles y válidas, y las más audaces entran a formar parte del haber de la literatura en general. Pero todas las formas de las artes plásticas, que se consideran válidas, incluyen dentro de sus libertades y licencias la utilización de la literatura. Solo enfocada desde este punto de vista se puede admitir la intervención de la literatura en el terreno del Arte de Ideas, puesto que de lo contrario sería la idea en el campo de la literatura.

Espero que estas consideraciones sean tenidas en cuenta por los estudiosos que desean trabajar en ambos medios, que son vehículos hacia la expresión de lo interior que conocemos como arte; y son solo una contribución a la profundización acerca del tema, no una posición personal de esta guía acerca del camino que debe tomar el arte en general o el arte que ustedes realizan. Hasta pronto amigos, puesto que deseo continuar los estudios que iniciamos una vez acerca del arte, sea este manifestado o no manifestado. Hasta esa oportunidad, un abrazo.

María Cleofe

Comunicación astral llevada a cabo el martes 20 de noviembre de 1979 por Álvaro Barrios.