Álavaro Barrios

Álvaro Barrios: el voyeur curioso1

La exploración de Álvaro Barrios, en el campo de la historia del arte a través del cómic, crea un flujo de eventos que encuadra un universo muy particular donde el arte y la vida se funden en una utopía inquisitiva en sí misma. El artista intenta redefinir el entendimiento básico del arte y la vida, como también de la cultura “intelectual” y “popular”. En el mundo de Barrios, las batallas entre esos dominios sucumben ante el capricho de la rueda de la fortuna que fluctúa entre lo alto y lo bajo, el bien y el mal, y se reemplazan unos con otros. Él se adhiere a los poderes del alquimista y a la supremacía de la sustitución. Barrios nos entrega una mirada del mundo del arte con tonos humorísticos, críticos y celebradores a la vez.

Al realizar intervenciones y manipular varias exploraciones de Tintín, el gran reportero inquisitivo del siglo XX; Clark Kent, el activista social que peleó como Superman contra corruptos políticos y hombres de negocios, y Dick Tracy, el detective que batalla contra los más malos de los villanos, Barrios inicia una serie de atractivos escenarios que hacen referencia a algunas de las más notables rupturas dentro del contexto de la historia del arte y la representación.

Estas memorables intervenciones, vistas a través de los ojos de Barrios y representadas por superhéroes, generan en el espectador una nueva verdad. Esta es una nueva manera de encarar el arte y la vida, inspirada en los escritos de Duchamp, donde la autoría, la intención y el objeto de arte son cuestionados como tales y reubicados como signos y actos críticos en acción. Barrios desmitifica el valor icónico de ciertos objetos artísticos —como la Fuente de Duchamp— plasmándolos en el tema de discusión dentro del cómic. Sin embargo, lo realmente importante es que Barrios no devuelve esos objetos. Al presentarlos dentro de la narrativa de la “tira cómica” y convertirlos en el tema de la aventura, redefine su valor en un nuevo orden social: la caricatura.

La “tira cómica de caricatura” —un símbolo de la cultura popular— ha servido como inspiración en la creación de la cultura “intelectual”. Sus características formales: la figura, la línea, los colores audaces y puros y el texto dentro del marco de la tira han motivado las infinitas posibilidades de síntesis en la representación tan típica del movimiento pop. Por ejemplo, Roy Lichtenstein ampliaba el punto y re-enmarcaba la narrativa según sus deseos, mientras Andy Warhol copiaba la imagen entera como en el caso de las botellas de Coca-Cola, pero las presentaba en series con variados soportes alterando así su propósito original y su significado.

El interés del arte pop por el sujeto y la actitud, toma imágenes y objetos producidos a nivel masivo, usando un estilo que también se basa en un vocabulario visual propio de los mismos. Al verdadero artista pop, no solamente le gusta el aspecto común de sus objetos, sino que, más importante aún, se regocija en ese aspecto común, que ya no será visto desde la turbia lente caleidoscópica del expresionismo abstracto.2

Barrios, por otra parte, va más allá del estilo. Respeta todas las características conceptuales y formales de la caricatura y la encaja en una nueva narrativa. La caricatura nunca pierde su calidad de símbolo de la cultura popular y fuente de información. Al mantener estas cualidades, Barrios utiliza la tira como soporte sin sacrificar sus características formales, su propósito de entretenimiento o su poder de circulación. Es aquí donde Barrios expresa sus ideas insubordinadas acerca del arte y la representación.

El atractivo, que exudan las caricaturas en el espectador, es una cualidad que Barrios utiliza hoy en su propio beneficio con el fin de insertar el objeto de arte en los variados tipos de distribución. Esto comenzó de manera fortuita en 1972 con los Grabados populares, dibujos que fueron publicados y circularon en diferentes periódicos. Barrios anunciaría su publicación con una fecha y un lugar de reunión para encontrarse con el “coleccionista” y firmar gratuitamente el trabajo. El poder de difusión que tenía el periódico, así como el aspecto de contracultura al distribuir piezas de arte, a través de medios de comunicación masiva, y el bajo costo de producción, han sido algunos de los aspectos que sedujeron a Barrios para seguir este camino y otros experimentales a través de los años.

Motivado por los Grabados populares, Barrios comenzó a explorar la idea de la copia, el múltiplo, su modo de distribución y el valor asignado por el mercado en general y el mercado del arte en particular. Una vez más, Duchamp ha jugado un rol esencial en esta nueva empresa. Fuente, exhibida por primera vez en Nueva York en 1917, obtuvo su estatus mítico del contexto intelectual y cultural que rodeaba su escandalosa recepción como objeto de arte. A partir de allí, cada versión (cada copia sin su original y un múltiplo) ha sido igualmente apreciada en valor por su contexto. Hoy continúa siendo una obra de arte controversial que instiga interminables discusiones acerca de la belleza, la autoría, la intención, la sustitución y el valor.

Barrios ha enriquecido su propio proceso creativo permitiendo que estos temas centrales decanten en su trabajo. Las caricaturas expresan abiertamente su admiración por la labor de Duchamp, el valor del arte y los artistas, las típicas malinterpretaciones sobre el arte y la historia del arte, y otros temas que enfatizan el poder del mismo en el mundo actual. Con sus caricaturas, Barrios redefine, inteligentemente, el significado de la belleza, el contenido y la forma tanto en la historia del arte del siglo XX como en su propia producción artística. Barrios transmite, como Duchamp, el júbilo que produce “arroser la vie”.


  • 1. Texto traducido del inglés por Cristian Pietrapiana.
  • 2. Robert Rosemblum, “Pop Art and Non Pop Art”. Art and Literature, núm. 5, verano de 1964.