Introducción a la Colombia Amerindia
Instituto colombiano de antropología
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Indígenas del Chocó Mauricio Pardo
Ubicación Geográfica

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La extensa zona donde están dispersos los Choco presenta una una gran heterogeneidad geográfica. Cubre desde selvas profundas en estado casi primigenio hasta regiones de pujante desarrollo agroindustrial con centros urbanos en proceso de expansión. Esta situación hace que las condiciones socioculturales de los indígenas sean diversas. Algunos se asientan en remotos ríos chocoanos, tienen esporádicos contactos con los centros comerciales y conservan mucha vigencia de sus tradiciones culturales. Otros, más próximos a los cursos fluviales principales, ejercen actividades comerciales más frecuentes y van incorporando progresivamente hábitos socioculturales provenientes de la sociedad externa. Los Emberá de la cordillera, que se encuentran en un área marcada por la colonización antioqueña, menos húmeda y de mejores suelos que la selva de la llanura costera, han visto disminuir considerablemente sus territorios tradicionales ante el crecimiento de las haciendas y muchos de ellos recurren al jornaleo, al no poder obtener ya del medio natural, recursos alimenticios y económicos suficientes.

En la Zona Pacífica colindan con comunidades negras que practican una agricultura de subsistencia, en condiciones muy similares a las de los indígenas mismos.

Por el contrario, la población antioqueña de la cordillera y costeño-sabanera de Córdoba, tienen pautas expansionistas que colocan al indígena en franca desventaja, en cuanto a la preservación de sus territorios y a las relaciones laborales y comerciales que se instauran.

Población

Desde la época de la Conquista se denominó como indígenas Chocó a los auto llamados Emberá asentados en los cauces superiores de los ríos Atrato y San Juan. Posteriormente, y dadas las similitudes socioculturales, el apelativo Chocó se amplió para los Waunana del bajo San Juan. Desde finales del siglo XIX el término Chocó ha sido usado para designar tanto al grupo étnico, como al grupo lingüístico integrado por los idiomas Emberá y Waunana, que están estrechamente emparentados.

Como ha ocurrido con otros topónimos, en un comienzo los españoles denominaban el territorio ocupado por estas etnias como "provincia de los chocoes", luego el uso simplificó el término y se habló simplemente del Chocó, nombre que se conserva para la división político-administrativa hasta nuestros días.

Los enfrentamientos con la administración colonial y luego el avance de población no indígena, negra o mestiza, ocasionaron una dispersión migratoria de los Chocó por toda la región del Pacífico colombiano y panameño, y es así como hoy se encuentran dispersos en numerosos y pequeños núcleos tanto en la llanura costera baja, como en la vertiente cordillerana, alternando con una población mayoritaria, negra en el primer caso y blanca en el segundo.

En las distintas regiones los vecinos no indígenas han denominado a los Chocó de maneras diversas: Cholos en la costa pacífica; Chamí en Risaralda; Meme en algunas zonas de la cordillera; Catío en Antioquía y Córdoba; aunque en realidad los Catío fueron otros indígenas ya extintos que habitaban en la zona occidental de la actual Antioquia.

De manera amplia se puede afirmar que los Chocó presentan la siguiente división lingüística:
1. La lengua Waunana
2. La lengua Emberá
a. Dialecto Emberá de Panamá, alto-bajo Atrato.
b. Dialecto Emberá del noroccidente antioqueño (Dabeiba) y Córdoba (Sinú, San Jorge).
c. Dialecto Emberá del alto San Juan: Chamí
d. Dialecto Emberá del medio Baudó: Catru y Dubasa.
e. Dialecto Emberá: costa al sur de Buenaventura.

Su población es aproximadamente la siguiente:

- Departamento del Chocó: 22.000 Emberá y 4.000 Waunana.

- Costa al sur de Buenaventura: 2.000 Emberá.

- Occidente de Risaralda (zona Chamí): 4.000 Emberá.

- Cañón del río Garrapatas, noroccidente departamento del Valle: 2.000 Emberá.

- Antioquia: 7.000 Emberá.

- Córdoba: 2.000 Emberá.

- Panamá: 6.000 Emberá y 2.000 Waunana.

La población total de indígenas Chocó se aproxima a los 50.000; de éstos cerca de 42.000 residen en Colombia.

Los Chocó, que originariamente exhibieron una fuerte homogeneidad sociocultural, hoy están inscritos en una escala que comprende los más diversos grados en cuanto a calidad de los recursos naturales circundantes, participación en la economía de mercadeo, preservación de sus territorios tradicionales, conservación de las pautas socioculturales tradicionales y adopción de otras exógenas, niveles de salud y nutrición y cubrimiento institucional.

Sistema de producción

Tradicionalmente, los Chocó han practicado una agricultura de selva tropical húmeda, itinerante, de parcelas de plátano, maíz y caña de azúcar. En épocas posteriores incorporaron otros productos, como el arroz y en la zona cordillerana, yuca y fríjol. Motivaciones comerciales más recientes han llevado a algunas comunidades a adoptar cultivos como cacao y café.

El sistema más antiguo correspondiente a las características climáticas chocoanas de altísima humedad, es el de tala y descomposición. Esta técnica es especial en América, pues en las distintas zonas tropicales del planeta lo corriente es el proceso de tala y quema.

La agricultura es complementada con caza y pesca intensas y, en menor grado, con recolección. Las parcelas rara vez exceden 1/4 de hectárea y se localizan en las orillas de los ríos de la selva baja; en la cordillera su ubicación es más flexible. En cada parcela se siembra exclusivamente un producto. Para la siembra se "socola" primero, esto es, se corta la vegetación menuda, y luego se derriban los árboles a los pocos días. El único cultivo estacional es el maíz; después de "socolar" se riega la semilla al voleo y luego se talan los palos grandes al comienzo de las lluvias, a fines de febrero o en septiembre; a los tres meses se recoge una parte en maíz tierno y un mes después se cosecha el resto de maíz duro. El arroz fue adoptado recientemente (hace unos ochenta años) por los Chocó; se ha utilizado siguiendo el mismo modelo del maíz, con la diferencia que se recoge una sola cosecha.

Otros cuitígenos, como el plátano o la caña, pueden ser sembrados por el método de vástagos en cualquier época del año.

Una parcela se usa una sola vez para maíz, aunque inmediatamente después puede sembrarse plátano en el mismo sitio. Una siembra de plátano produce unos tres años y después se deja descansar la tierra. La siembra de banano sí puede durar varios años y la caña de azúcar es prácticamente perenne.

En las cercanías de las casas se tienen frutales diversos, de los cuales el más importante es el chontaduro; hay también papaya, guama, badea, bacao, caimito, árbol de pan, cítricos, etc.

La recolección se limita a unos pocos productos, como la llamada michiraca, la nuez del árbol (caslaña) y de la palma (táparo). La recolección de miel y cera de abejas está casi abandonada. De los insectos sólo se consume una larva de coleóptero o mojojoi que crece en el táparo. Todos estos elementos son secundarios en el conjunto de la dieta.

Los anteriores son datos que ilustran la forma tradicional agrícola en la selva chocoana, pero el desplazamiento de numerosos grupos a zonas más secas ha ocasionado cambios en los productos y en los sistemas de cultivo. Se han incorporado variedades de maíz para sembrar hoyando y que dan frutos de mayor tamaño; se han incorporado también fríjol y yuca. Se utiliza también la técnica de la quema para abonar con las cenizas; y la calidad de los suelos permite tener parcelas con explotación más prolongada. En general, en las zonas montañosas, el esquema productivo es muy semejante al de la colonización antioqueña.

Tradicionalmente el hombre Chocó se ha autovalorado como cazador y pescador. La cacería es diurna e individual. Las presas más preciadas son los puercos salvajes o pecaríes, los venados, las guaguas y los ñeques o agutí. Entre las aves sobresalen el pavón, la pava y las perdices. En un plano secundario están los armadillos, monos, ardillas; y en algunas zonas los perezosos, hormigueros y felinos.

La caza se hace preferencialmente con escopeta y perro, pero a falta de éstos el cazador se aventura solo con machete o lanza. En la región montañosa es común todavía el uso de la bodoquera.

Para la pesca se usan distintas técnicas: vara y anzuelo, arpón manual, atarraya, barbasco y últimamente buceo con caretas. Los Chocó consumen también reptiles, como iguanas y basiliscos; tortugas, cangrejos, y otros.

Desde la adopción de herramientas metálicas a raíz de los tempranos contactos con los españoles, que debió ocasionar sustanciales alteraciones en los procesos de trabajo, no se han introducido mayores innovaciones tecnológicas en los instrumentos básicos: son éstos, en la selva pacífica, el hacha, el machete y la azuela.

E1 machete es usado en múltiples labores: la limpieza de cultivos, la cosecha del plátano, la talla de madera, la cacería, la preparación de alimentos, etc. Todo individuo, hombre o mujer, después de la adolescencia porta (prácticamente todo el tiempo) un machete, el cual le presta ayuda continua en las más variadas labores. Con el hacha se derriban los árboles para abrir las parcelas, se corta la madera para construir las viviendas, se corta y se raja la leña y se efectúa la mayor parte del trabajo en la talla de canoas. La tercera herramienta, la azuela, se usa para el acabado final de las canoas, las bateas y los pilones. En la agricultura, se usa el azadón y el palo cavador.

La tala de monte para sembrar, el corte de madera o de hojas para hacer o techar las casas y el arrastre de canoas, los efectúan grupos de alrededor de diez varones mayores. El dueño de la labor convida a los demás y les proporciona comida y bebida durante el día; frecuentemente estas actividades culminan con una sesión festiva de consumo alcohólico.

La construcción de las casas la suele efectuar un grupo más reducido de hombres, aunque también la puede hacer el dueño solo durante varios días.

La colecta de maíz es una labor en la que interviene un grupo numeroso de ambos sexos y edad variada, desde niños hasta adultos; algunos hombres cargan el maíz hacia las canoas o el borde del camino y el resto de la gente va recogiendo las mazorcas y tumbando las matas.

La limpieza de los cultivos la hace la familia y frecuentemente solo la pareja conyugal. Son oficios femeninos individuales: colecta de plátano, acarreo de agua, preparación de alimentos, cestería, alfarería, lavado y confección de ropa. Entre los indígenas del Chocó las labores agrícolas de la caña (excepto la apertura de la parcela) son femeninas.

Son labores individuales masculinas: talla de madera, corte y acarreo de leña, caza y pesca.

La siembra del maíz es una labor colectiva; pero la de otros cultígenos, como plátano, yuca, cacao, etc., es efectuada por el grupo familiar restringido al que pertenezcan las siembras. Si habitan varias familias nucleares bajo el mismo techo, cada una tendrá sus propias siembras.

Los animales domésticos son de propiedad individual. Se acostumbra regalar animales pequeños a los niños; de esta forma los distintos miembros de la familia poseen sus propios ejemplares.

La caza y la pesca sufren también las consecuencias de la colonización y la tala, y es así como en la cordillera estas actividades son prácticamente nulas.

Como desde la época colonial los Emberá han incorporado mercancías a su entorno material, cierta parte de sus actividades se ha orientado a la consecución de dinero para adquirir aquellos productos. La participación en actividades comerciales varía según la zona, de acuerdo con la mayor o menor integración a los mercados. En los parajes más aislados los indígenas se limitan a la venta esporádica de canoas, cestas y animales domésticos: marranos, principalmente, y aves de corral, en menor medida. Cuando las vías de comunicación lo permiten, los productos agrícolas vernáculos -maíz, plátano- son llevados para la venta a los poblados.

En la zona de colonización cordillerana se dan situaciones extremas, como la de indígenas desposeídos de tierras que tienen que recurrir al jornaleo; o la de algunos con terrenos suficientes que rentan parcelas enteramente dedicadas a la producción comercial e inclusive para criar algunas cabezas de ganado. Sin embargo, lo corriente es que subsistan con los productos agrícolas que les proporcionan unas parcelas modestas y con un excedente en dinero por la venta limitada de algún producto agrícola o artesanal.

Los Chocó que se asientan en las selvas se distancian de la situación anterior por cuanto todavía se puede procurar una provisión adecuada de proteína animal proveniente de la caza y la pesca.

Organización social

El sistema de parentesco de los Chocó reconoce parientes tanto por línea paterna como materna. El conjunto de familiares de un individuo en unos cuatro grados de consanguinidad constituye lo que en antropología se ha denominado una parentela; no hay otro tipo de grupos, como linajes o clanes. Según sus normas sociales, está prohibido unirse en matrimonio con algún miembro de la parentela o con alguna persona no indígena.

De todo el conjunto de la parentela (toda la familia del padre y toda la de la madre) hay subconjuntos que viven en una misma localidad; estas parentelas locales constituyen la base de la organización social de los Chocó: éstos se organizan en un sector del río o una vereda habitada por una serie de familias emparentadas entre sí. Son "sectores" de río o veredales pues no hay agrupaciones de viviendas sino habitaciones dispersas.

Cada vivienda es ocupada por una familia que atraviesa algún momento del ciclo de existencia de la familia extensa: una pareja construye una casa y con el tiempo los hijos o hijas mayores se unen en matrimonio y siguen residiendo allí con los hijos que van naciendo, hasta que la casa se hace estrecha y alguna de las jóvenes parejas decide construir una nueva para reiniciar el ciclo.

La parentela local es también exponente de un momento de un ciclo: algunos miembros migran y otros se incorporan. La tierra se hereda por proximidad consanguínea, o sea que los cónyuges viudos no pueden heredar tierra para sí en dominios de la parentela con cónyuge fallecido, puesto que la tierra es heredada por los hijos.

A1 crearse una pareja, ésta puede residir con los padres de cualquiera de sus miembros o buscar un territorio nuevo. El matrimonio no implica deudas, intercambios o ceremonias especiales. Tácitamente se espera que la pareja dé algún tipo de ayuda, preferentemente en trabajo, a la familia de los padres, algunos días al año; pero en la práctica el nuevo matrimonio se vincula a la parentela local de cualquiera de los cónyuges. Los divorcios son frecuentes y pueden ser decisión de cualquiera de los miembros de la pareja; si ha habido hijos, quedan generalmente a cargo de la mujer y su familia.

Hay variaciones en la terminología de parentesco, según las zonas. Entre los Emberá de la zona del alto San Juan se designa con el mismo término a primos, tíos, sobrinos y hermanos; esto corresponde a lo que se ha denominado como "sistema hawaiano". En los otros grupos Emberá y entre los Waunana, cada pariente tiene su término especifico, no importa que sea del lado paterno o del materno, dándose así una forma de terminología "esquimal". Pero la diferencia terminológica entre las zonas no redunda en variaciones de los hechos prácticos.

Se reconoce la posición individual sobre las parcelas cultivadas. Las parentelas no poseen tierras en común aunque procuran que no se establezcan personas ajenas (sin vínculo de parentesco) dentro del sector territorial parental.

En la práctica, la organización social gira alrededor de grupos locales de parientes y vecinos, habitantes de unas cuantas viviendas cercanas, quienes participan de actividades sociales comunes, como mingas (trabajos colectivos) y fiestas. Pero los límites, tanto de los grupos sociales como de los territorios, no tienen una definición muy estricta.

El acontecer histórico ha mostrado a los Chocó como sujetos de una organización social muy orientada hacia la subdivisión y la migración. En efecto, su supervivencia se debe en gran parte a la posibilidad de que pequeños grupos se hayan desplazado a zonas más alejadas, reproduciendo sus pautas socioculturales, eludiendo la sobrecarga demográfica y las situaciones amenazantes provenientes de la sociedad nacional no indígena. Algunos factores originarios de esta última han ocasionado transformaciones en las pautas sociales tradicionales. Es el caso de la titulación individual de las tierras en algunas zonas, que va confiriéndole un carácter mercantil de la tierra. La tenencia de las parcelas y el sistema tradicional de herencia son interferidos por operaciones de compraventa entre los mismos indígenas, originándose una progresiva individualización de las familias en detrimento de los conjuntos parentales más extensos.

La creación de resguardos y reservas por parte del Estado, origina a su vez nuevas situaciones al convertirse el territorio en una propiedad de toda la comunidad.

Si a estos nuevos factores sobre el acceso a la tierra se suma el hecho de ser cada vez más escasas las posibilidades de seguir migrando a nuevos territorios, por estar ya casi todo colonizado, se comprende entonces cómo la flexibilidad y movilidad de las familias y las parentelas, que han caracterizado la organización de los Chocó, han de tornarse más rígidas e institucionalizadas.

Organización política

Los documentos sobre la Conquista y la Colonia entre los Chocó registran cómo dichos indígenas se organizaban en provincias (Noanama, Poya, Tatamá, Citara, Raposo); estas provincias, a su vez, se dividían en parcialidades, lideradas por caciques guerreros, Las circunstancias podían llevar a unir a las parcialidades de una provincia en contra de un enemigo común (otra provincia Chocó, otro grupo indígena o los españoles) o inclusive a unir varias de las provincias en contra de la administración colonial, como llegó a ocurrir. Este tipo de organización en unidades progresivamente incluyentes, es lo que se conoce como "organización segmentaria", en este caso de los Chocó, dinamizada por la guerra, las alianzas y los enfrentamientos.

Sin embargo, la transformación de algunos caciques en intermediarios del poder colonial, y la huida de pequeños grupos dispersos a lugares fuera del alcance de los españoles, fueron minando el carácter segmentario y el concenso sobre la autoridad de los jefes, originando en la población Chocó un patrón disperso tanto territorial como políticamente.

La disolución del poder colonial, y la posterior libertad de los esclavos negros, acrecentaron la diseminación de los indígenas por la selva del Pacífico, lo que impidió cada vez más la posibilidad de cohesión política. Las autoridades republicanas reanudaron la práctica de designar jefes indígenas como intermediarios con los poderes centrales y en general con las instituciones nacionales. Estos jefes no han contado, en general, con un acatamiento consistente por parte de las comunidades.

Los médicos chamanes (jaibanás en Emberá, benhunas en Waunana) no ejercen un poder político ni cuentan con un conjunto estable de "fieles", pues su oficio se centra en el control de las fuerzas que producen la enfermedad y de sus espíritus.

No existen entre los Chocó instituciones encargadas de sancionar las conductas consideradas perjudiciales o antisociales; cuando un conflicto se agudiza suele terminar con la huida de algunos de los involucrados; en caso de agresiones ocasionalmente se acude a las autoridades nacionales, o se recurre a la retaliación personal, pero la venganza no asume la intensidad que se da en otros grupos.

La carencia de instituciones políticas centralizadas ha dificultado en cierta medida la adopción del cabildo como autoridad representativa de la comunidad, fomentado en los últimos años en casi todas las zonas por las nuevas organizaciones indígenas departamentales y regionales. El cabildo de indios no fue una institución con muchos antecedentes entre los Chocó; hacía siglo y medio que no se practicaba y la historia de la administración colonial muestra una gran inestabilidad y discontinuidad en sus poblados y en los resguardos indígenas. Los indígenas acogen con facilidad los aspectos formales del cabildo: elección, asistencia o reuniones. Pero el afianzamiento de esta institución de origen colonial, que la ley colombiana aún reconoce, debe salvar primero el sentido independiente y la tendencia a la división de la sociedad Emberá y Waunana.

Sistema de representaciones

Entre los Waunana y los Emberá de la costa sur, en la zona del río Saija, se practican rituales en los que la comunidad, con danzas y cantos, pide al ser creador beneficios o perdón por las faltas cometidas. En el Saija se tiene la particularidad de las líderes rituales permanentes llamadas cacicas, consideradas oficiantes escogidas por el dios; ejercen una práctica específica al margen de actividades médicas o chamánicas. Tanto en estos grupos como en las demás comunidades Emberá existen los chamanes: el jaibaná entre los Emberá y el benhuna entre los Waunana. Es este un oficiante que básicamente procura entrar en contacto y controlar a ciertos entes, espíritus o jais que tienen que ver con las enfermedades, con la abundancia de animales y otros efectos. El jaibaná no tiene una relación con una deidad superior, ni ejerce funciones sacerdotales con un grupo físico de adeptos, sino que presta sus servicios a quien se lo solicite y convenga en pagarle. Aunque a los rituales chamánicos concurre buen número de personas la asistencia tiene más un carácter festivo que sagrado.

Puede llegar a ser jaibaná cualquier persona que se lo proponga. No es un oficio hereditario; los chamanes cobran por enseñar o, mejor, transmitir los poderes entre los espíritus. Dichas facultades son otorgadas en una ceremonia que puede durar una o varias noches. 

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La cestería de los Emberá, actividad masculina, es conocida por la riqueza de elaboración y diseños. El poder del jaibaná se concentra en bastones tallados en madera.

Los rituales básicamente consisten en una reunión nocturna en la que el jaibaná ofrece a los espíritus bebidas alcohólicas que él mismo va consumiendo. Apoyado en careos, cánticos y en el batir de hojas que agita con la mano, o con un tambor como entre las comunidades del alto río San Juan, el jaibaná logra un estado de éxtasis en el que afirma ver y dirigirse a los espíritus que han acudido a su llamado y ofrecimiento de bebida o de comida.

En su iniciación, el nuevo jaibaná recibe un bastón tallado en madera, que concentra el poder recibido. El chamán va aumentando su poder a. medida que va aprendiendo con sucesivos maestros, de manera que un jaibaná poderoso dispone de varios bastones que señalan su experiencia.

Como controlador de los espíritus de la enfermedad, el jaibaná puede ser acusado de agredir o de haber sido contratado para causar daño a alguien. Este aspecto dual benéficomaléfico lo coloca en una situación conflictiva y muchas veces actúa como canalizador de conflictos anteriores entre otros miembros de la comunidad.

Los relatos tradicionales de los Chocó hablan de un ser creador de los hombres, quien otorgó algunos bienes culturales y castigó con una inundación las faltas de los primeros hombres. Algunos acontecimientos relacionados con este personaje, ilustran sobre conductas como la infidelidad o el incesto.

Existen también otras narraciones como la de quienes dieron origen a algunos cultivos y a las plantas que chupan sangre.

En otros episodios se relatan acontecimientos referentes a diversos seres extraordinarios, como las madres o dueños de los animales, del rayo o del trueno que se presenta en forma de gran brujo; otros relatos versan sobre las hazañas de legendarios jaibanás.

En general la mitología Chocó se puede dividir temáticamente entre historias de creación, protagonizadas por seres primordiales, y las de los héroes culturales que participaron en la actual configuración del mundo.

Otros motivos de las historias tradicionales son los de los espíritus que actualmente pueblan el mundo, con los que se relaciona el jaibaná. Muchas veces estos espíritus se manifiestan como monstruos que pueden atacar a las personas. Restan otras narraciones, de fábula, en las que la actuación de personajes diversos o de animales personificados, ilustran sobre ciertas conductas sociales o sobre facultades como el valor, la astucia, la guerra, etc.

Con la excepción ya mencionada del Saija y de los Waunana, la mayoría de los Emberá no parece dar mayor importancia a los seres creadores, y las preocupaciones cotidianas se relacionan con los espíritus objeto de la acción chamánica.

Si se reúnen los distintos motivos míticos, se pueden distinguir: el nivel de los seres creadores, el nivel donde se encontrarían las almas de los muertos, uno más de los hombres y su mundo, y un nivel en el que moran los espíritus que fácilmente se comunican con el mundo de los hombres. En este último nivel se desarrollan las actividades chamánicas; mientras que actividades de tipo más "peligroso" se relacionan con el primer nivel, tal como los rituales de rogativa o los elementos y creencias provenientes de sincretismos con la religión católica.

Cambio cultural

Como se anotó, los Chocó se hallan dispersos en muchas pequeñas comunidades, y presentan las más diversas situaciones en cuanto a ocupación del territorio, comunicaciones, contacto con la sociedad no indígena, relaciones comerciales, provisión de recursos, etc.

De manera general, los indígenas de la cordillera han visto más afectada la vigencia de sus costumbres que los de la selva baja. Pero es también cierto que en todas las comunidades se viven procesos de cambio en los que las pautas tradicionales van siendo progresivamente reemplazadas por elementos de origen externo.

Además de los ya nombrados en apartes anteriores, se pueden citar, entre otros, los siguientes elementos culturales como característicos de la vivienda Chocó: planta circular y elevada sobre pilotes; piso de corteza de palma o guadua; techo cónico de hojas; sin paredes, con un fogón adentro, sobre una base de tierra; y un tronco con muescas como escalera. Esta es una construcción ejemplarmente adaptada al medio tropical superhúmedo.

El atuendo tradicional ha sido el del guayuco para los hombres y la paruma (una pieza de tela arrollada en la cintura) para las mujeres. En las zonas cordilleranas más frías se adoptó una prenda para cubrir el cuerpo a manera de túnica. Hombres y mujeres complementaban su arreglo con abundantes collares y tejidos de chaquira.

Los Chocó, además de las fiestas chamanísticas y religiosas, acostumbraban celebrar el bautizo de los niños, la iniciación de los adolescentes, la inauguración de las casas y la época de la cosecha de maíz. Las fiestas consistían en ejecución de música y danzas y consumo de bebidas fermentadas de maíz y caña. Los asistentes concurrían con sus mejores galas, profusamente adornados de chaquiras y aretes, diademas y pulseras de plata, el rostro y el cuerpo adornados con laboriosos dibujos rojos y negros, de bija y jagua (tinturas vegetales), respectivamente.

Para la ejecución de la música tradicional se usan fundamentalmente flautas de pan de diversos tamaños; esta actividad la realizan los hombres, quienes tocan y marchan al tiempo. Las mujeres danzan y cantan en fila, encabezadas por una de ellas que toca un pequeño tambor. Además, desde hace mucho tiempo, adoptaron la música de chirimía: flauta travesera, tambora y redoblante, con los que se ejecutan aires de influencia hispana. En la zona del alto San Juan se tocaban grandes trompetas de madera de yarumo, llamadas fotutos en el Chamí (occidente de Risaralda). En algunas comunidades de la cordillera existen conjuntos de cuerda que interpretan la música andina colombiana.

A nivel artesanal se destacan la cestería y la cerámica, de ejecución femenina, y la talla en madera (principalmente bastones y estatuillas chamánicas) masculina; el tejido de adornos de chaquira puede ser efectuado por cualquier persona. Es notoria en esta etnia la confección de adornos de metal martillado y limado proveniente de monedas; antiguamente eran de plata, pero al descontinuarse la moneda de este metal se siguen haciendo del material actual; se confeccionan especialmente anillos y cuentas de collar en forma de lágrima o pequeño caracol.

Los procesos de aculturación han afectado en mayor o menor medida las diversas expresiones culturales. La vivienda se transforma paulatinamente; desde hace años se ha generalizado entre la mayoría de la población la casa rectangular con techo a cuatro aguas; en muchas zonas se empieza a generalizar el techo de zinc y la construcción de piezas dentro de las casas. En Cristianía (municipio de Andes), y otros lugares del suroeste antioqueño, algunos han adoptado la casa de bahareque y teja de barro semejante a la de sus vecinos blancos.

Las actividades festivas han decaído notablemente. En muy pocos sitios se siguen efectuando las celebraciones tradicionales (no religiosas); consecuentemente, la música vernácula está siendo olvidada y son pocos los jóvenes que la conocen a cabalidad. La introducción de las radiograbadoras y la música bailable costeña ha contribuido a darle el golpe de gracia a la danza, al canto y la música netamente indígenas.

En la actividad artesanal subsiste muy sólidamente la cestería. Canastos de muchos tipos, usos y materiales, todos de gran calidad, son muy aceptados en las ferias y exposiciones artesanales; tienen especial reputación los cestos hechos por los Waunana del río San Juan con la fibra "chocolatillo".

La talla de madera es todavía muy practicada por los hombres pero no tiene mucha salida al mercado. La cerámica ha desaparecido en la mayoría de localidades ante la adopción de recipientes plásticos y metálicos; pero se mantiene en sitios como Cristianía, el río San Juan y el medio río Baudó.

El vestido tradicional va en camino de ser reemplazado por el atuendo occidental de camisa y pantalón (en los hombres), mientras que las mujeres tienden a conservar las prendas indígenas.

Como zonas en las que más se conservan las costumbres se pueden citar los ríos Docampadó y Siguirinjúa en el caso de los Waunana, y el alto río Baudó, el Bojoyá y el alto Atrato, en cuanto a los Emberá de tierras bajas, y algunas localidades apartadas del Urabá antioqueño para los Emberá de la cordillera. En los otros sitios la proximidad a las poblaciones y la vinculación al mercado determinan acelerados procesos de aculturación.

Como ya se mencionó, la dominación colonial sobre los Chocó fue bastante accidentada; sólo desde principios del siglo XVIII hasta la Independencia (comienzos del siglo XIX) tuvieron una cierta estabilidad los "pueblos indios". Luego, con la derrota del poder español, los indígenas vivieron una cierta independencia respecto de la sociedad nacional, hasta cuando la colonización antioqueña, desde finales del siglo XIX, en la cordillera, y la reimplantación de misiones desde principios del presente siglo, fueron involucrándolos en un proceso de aculturación e integración que todavía no se detiene. Los misioneros establecieron internados por todo el territorio indígena: Noandamá, Lloró, Tadó, Catrú, en el Chocó; Purembará en el Chamí, Risaralda; Dabeiba en el Urabá antioqueño. La represión de la misión sobre elementos culturales como el vestido, la lengua, el chamanismo, la festividades, ocasionó un decaimiento de L cultura; posteriormente la progresiva entrad de los indígenas en el mercado y la necesidad d adaptarse a los patrones socioculturales de lo poblados, en los que se efectúan los intercambios comerciales, fueron agudizando el proceso de aculturación. Actualmente los internado se han cancelado en su mayoría. Pero progresivo abandono de las tradiciones culturales es innegable.

La ubicación alejada de algunas comunidades no parece haber sido factor suficiente para la conservación de sus territorios, como en caso de los Emberá del alto Sinú, amenazado por la construcción de la hidroeléctrica de Urrá; o de varias comunidades situadas en el río Baudó, por donde pasará una carretera que unirá a Pereira con Nuquí en la costa chocoana.

En los últimos cinco años han surgido organizaciones indígenas como la Orewa: Organización Regional Emberá-Waunana del Chocó; e Crir: Consejo Regional Indígena de Risaralda (en el Chamí); el Cabildo Mayor de Dabeiba (occidente antioqueño); el Cabildo de Cristianía (suroeste antioqueño); la Oreicop: Organización Regional Indígena de la Costa Pacífica (costa sur de Buenaventura); la Undich: Unió; de indígenas Chocoanos. Estas organizaciones agrupan numerosos cabildos, representante de sus respectivas comunidades y han iniciado un proceso de defensa del territorio y de s particularidad cultural.

En la medida en que estas organizaciones logren afianzarse, tanto al interior como a exterior de las comunidades, como autoridades indígenas representativas se constituirá: en una esperanza real para la permanencia de la sociedad indígena tanto en su integridad territorial como en su permanencia cultural su autonomía sociopolítica.

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