Introducción a la Colombia Amerindia
Instituto colombiano de antropología
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Guajiros Otto Vergara González
Ubicación Geográfica

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Los Guajiros (Wayú) son una tribu de pastores que habitan la árida Península de la Guajira en el norte de Colombia y noroeste de Venezuela, sobre el mar Caribe, entre los 11.5 y 12.5 grados de latitud norte y los 71 y 73 grados de longitud oeste.

El rasgo físico predominante en el territorio guajiro que determina la zonalidad ecológica de la península, es la falla tectónica que corre desde el sur del Cabo de la Vela hasta el área donde se encuentra el Cerro de la Teta, y desde allí se extiende hacia el Golfo de Venezuela dividiendo la península en dos partes. La parte ubicada al oeste y sur de la falla forma la Baja Guajira, que en conjunto es una llanura, denominada sabana xerófila (Guhl, 1963:23) o sabana de la Guajira. En la parte ubicada al norte y al este de la falla, encontramos la estepa semiárida, llamada la Alta Guajira, sector que contiene el denominado Macizo Guajiro (Chaves, 1953:143), conformado por la Serranía de Macuira, la Serranía de Jala'ala y la Serranía de Cocina, además del Cerro de la Teta o Epitsú, lugar mítico.

Estas montañas no alcanzan mayor elevación y ninguna sobrepasa los 900 metros de altura. De todas las serranías de la Guajira, la Macuira es la más húmeda. Allí chocan las nubes que vienen del este; el aire cálido saturado de humedad se enfría y forma nubes que se precipitan en pequeñas lloviznas que hacen posible la vegetación de monte; allí nacen arroyos como el de Nazareth y Wajarima.

Su clima es cálido, seco e inhóspito. A lo largo del límite meridional de la península fluyen dos ríos: el Ranchería en Colombia y el Limón en Venezuela. Las lluvias escasas y mal distribuidas, con una precipitación anual que oscila entre 125 y 400 mm (IGAC, 1978), las insolaciones fuertes, con temperatura media anual de 28°C (Chaves, 1953), constantes vientos, alta evaporación y estaciones bastante marcadas.

Este sistema, explica Perrin ( 1980: 173), se manifiesta por una estación lluviosa de cuatro meses -septiembre a diciembre- llamada juyapu, seguida por un crecimiento rápido de la vegetación y por la aparición de pastos en numerosos lugares del territorio indígena. Posteriormente, desde diciembre o enero hasta abril, sopla un viento fuerte del nordeste que corresponde a una estación de sequía y frío nocturno llamado jemial. Esta estación termina por lo general en abril o mayo a causa de un debilitamiento del viento y por la caída de algunas lluvias, estimulantes de un nuevo crecimiento de la vegetación, que proporciona pasto para el ganado, y corresponde a la segunda estación húmeda llamada iwa. Continúa luego un largo período seco, de mayo a septiembre, caracterizado por un continuo viento que viene del nordeste cada vez con más fuerza y muy caliente; éste lleva las nubes y las lluvias lejos del territorio guajiro. Por esta razón, lo más corriente es que llueva muy poco o casi nada en abril o mayo; esta segunda estación seca se prolonga sin transición a la primera, y es llamada jóutaleulu; es la época de mayores penalidades para los indígenas y para sus animales domésticos, ya que faltan el agua y los alimentos.

El clima y las zonas de vegetación ponen de presente que la distribución de las fuentes de agua es, con gran ventaja, el determinante ecológico más importante de la subsistencia de los Guajiros. Durante la estación seca, obtienen el agua para ellos y sus animales, de los jagüeyes y casimbas. Hasta hace pocas décadas, muchos de éstos eran construidos por los indígenas con su propio trabajo y sus propias herramientas. Abrían las casimbas en los lechos de los arroyos en plena sequía o donde la vegetación denuncia la presencia no muy profunda de agua subterránea. También construyen los jagüeyes o pozos artificiales donde se almacena el agua de lluvia para los meses de verano. Durante las últimas décadas el gobierno colombiano ha reparado los viejos jagüeyes o ha construido nuevos; igualmente, ha instalado molinos distribuidos en varios lugares del territorio. Estos son recursos públicos, el acceso a ellos es libre para todas las personas, y el ganado proveniente de territorios diferentes converge en muchas ocasiones en estos jagüeyes y molinos.

Los Guajiros designan con el nombre de pulowi a los puntos geográficos que consideran peligrosos y a los cuales evitan acercarse por temor a desaparecer o caer gravemente enfermos.

Población

Los Guajiros se refieren a sí mismos simplemente como Wayú. Usan el término Kusina para denominar a los grupos indígenas (los Yuko, Barí, Kogi) que viven en los montes al sur del territorio guajiro, y con el nombre Paraujano designan a los Añú que habitan la Laguna de Sinamaica en Venezuela. Además, usan el término Alijuna para designar al "blanco" y más generalmente, a toda persona que no sea Wayú. Los Guajiros que saben español rechazan la interpretación de Wayú como indio. Prefieren traducir Wayú por persona o gente, mientras traducen Alijuna como "civilizado" y Kusina como indio.

Cada uno, el Alijuna, el Kusina, el Paraujano y el Wayú, vive en un ambiente distinto. El Alijuna habita en las ciudades o pueblos, el Kusina en los montes, los Paraujanos en el mar, y el Wayú en el desierto.

Las estimaciones de la población guajira oscilan entre 40.000 y 80.000 indígenas. La mayor parte de estas cifras son meras conjeturas y no se basan en censos sistemáticos de población. Se aprecia que en esas estimaciones los límites geográficos a los que se asignan las cifras se definen generalmente en términos poco precisos.

Los Guajiros no están distribuidos en su territorio tradicional uniformemente. La densidad de población en los alrededores de Nazareth, por ejemplo, es mayor que en las otras áreas de la península. Las otras zonas de alta densidad de población guajira están ubicadas en los alrededores de Uribia, la Serranía de Jala'ala y en las sabanas de Wopu'müin, en los municipios de Maicao y Manaure.

La distribución demográfica de los Guajiros en la península está íntimamente relacionada con los cambios estacionales; durante la estación seca muchos Guajiros buscan trabajo en Maracaibo o en otras ciudades o pueblos, pero cuando llegan las lluvias un gran número de ellos retorna a sus casas.

La lengua Guajira pertenece a la familia lingüística Arawak. Hay algunas diferencias dialectales entre los Guajiros que habitan en la Alta Guajira y los que viven en la parte central o en la Baja Guajira. Sin embargo, estas diferencias son mínimas, y los Guajiros de cualquier parte de la península se pueden comunicar sin problema.

Un buen número de Guajiros entiende el español y lo habla con naturalidad, pero la lengua representa para ellos un importante factor de identidad étnica y cultural.

El asentamiento tradicional guajiro consiste en un grupo de cinco o seis casas, que conforman caseríos o rancherías llamadas piichipala. Cada ranchería tiene su nombre propio en Guajiro, que bien puede ser el de una planta, un animal o un sitio geográfico. Además, designan a estos lugares que contienen rancherías con el apellido transmitido por matrifiliación; por ejemplo, la tierra de Los Uriana.

Los Guajiros no tratan de agruparse para formar pueblos; en el interior de la península, la gran mayoría de las casas se encuentra a varios minutos de camino una de otra. La gente explica que al vivir más cerca unos de otros se haría más difícil el manejo de los rebaños

En un asentamiento tradicional Guajiro no hay puestos del gobierno, la iglesia, de salud, militar ni tampoco escuela. En algunos de estos asentamientos existe uno de los numerosos molinos que bombean el agua en la península; en otros asentamientos se abastecen de agua por medio de casimbas o jagüeyes.

Todos los residentes de un asentamiento Guajiro pertenecen a una serie o agrupación determinada de parientes uterinos, y cada serie de parientes se agrupa en una ranchería; el conjunto de parientes uterinos cercanos constituyen el núcleo de la mayoría de los caseríos. En cada ranchería los miembros comparten derechos y recursos en común, sea la huerta, el pozo, un cementerio, en fin, tienen una red de estrecha colaboración, y los vínculos sociales de parentesco y afinidad son los criterios decisivos que vinculan todas las casas a una determinada unidad social.

La vivienda típica guajira consiste en una pequeña casa, llamada piichi en la Alta Guajira y miichi en la Baja Guajira; generalmente dividida en dos cuartos, donde cuelgan las hamacas para dormir, las mochilas de algodón tejido donde va todo el ajuar de la familia, y en el suelo y al pie de las paredes, las vasijas de barro con cuello angosto, donde se guarda el agua. En la parte de afuera hay algunos palos con horqueta, clavados en el suelo, donde colocan calabazos huecos llenos de semillas para sembrarlas a su debido tiempo.

Las viviendas tienen una estructura rectangular, aunque en algunos lugares de la Alta Guajira se encuentran casas de formas semicirculares. Los tejados son típicamente inclinados o en forma triangular, y están construidos en yotojoro, el corazón seco del cactus (Lemaireocereus griseus), llamado yosú por los indígenas. Las paredes de estas viviendas están cubiertas unas veces con bahareque, otras veces de argamasa y yotojoro; utilizan también las cajas de embalaje de las mercancías y artículos que hasta ellos llegan. Actualmente hay un gran incremento en el número de casas con tejado de zinc, y la apariencia de estas viviendas ha variado como consecuencia del uso del cemento y otros materiales.

Cerca de la casa principal se encuentra la enramada, llamada luma, que consiste en un tejado con techo plano que reposa sobre seis postes. La enramada es un sitio importante; allí se desarrollan las actividades del día y también es el lugar donde son atendidos los visitantes, donde se transan los negocios y donde los parientes cuelgan las hamacas para hacer la siesta durante el día.

Casi todas las viviendas tienen su cocina aparte; generalmente los lugares para cocinar, llamados kusi`ñapia, no tienen techo, y están cerrados parcialmente con un cerco de cactus, para proteger la cocina del viento y la arena. Algunas casas tienen también una estructura, de tres paredes que sirven para resguardar el telar, donde las mujeres elaboran las hamacas, chinchorros, sobrecinchas y fajas para los hombres.

Bastante retiradas de la vivienda principal se encuentran una o dos cercas para los ovinos y caprinos, de tal tamaño y hechas con tal destreza, que provocan la admiración de los viajeros.

Es habitual que las viviendas se edifiquen en la parte más elevada del terreno para evitar las inundaciones cuando llegan las lluvias, a la par que consiguen cierta protección con respecto a los enjambres de mosquitos que se crían en el agua estancada.

Con frecuencia las familias se trasladan de su lugar de residencia a otro emplazamiento o a campamentos temporales por causa del agotamiento de los pastos, para visitar parientes o para asistir a algún velorio. En caso de que no tengan intención de pasar más de unos cuantos días en un emplazamiento, suelen dormir al aire libre y no se molestan en levantar paravientos ni cabañas. En algunas ocasiones, construyen enramadas que levantan en poco tiempo.

Las construcciones y reparaciones suelen hacerse a principios de la estación seca, cuando hay abundancia de paja para techar y gran cantidad de maíz para que no falte la chicha a quienes ayuden en el trabajo.

Sistema de producción

Los Guajiros tienen una economía mixta, ya que ninguna de las fuentes de subsistencia es suficiente para producir alimentos en cada estación.

Como primera medida, el pastoreo de ganado es la actividad económica en la que participa mayor número de personas. Para los Guajiros, los bovinos tienen más valor, pero su crianza actualmente es limitada; junto con los caballos y las mulas, fueron los rebaños más numerosos, pero debido al creciente deterioro ecológico, las sequías excepcionales y la aparición de epizootias (epidemias del ganado) en los últimos cuarenta años, se han diezmado los rebaños.

Entre los Guajiros el ganado constituye una riqueza acumulada para adquirir prestigio, además de ser un modo de asegurar la subsistencia o el enriquecimiento. Aunque a menudo es intercambiado como mercancía, representando la mayor parte de sus ingresos, se lo sigue intercambiando de modo no comercial: para sellar una alianza matrimonial, los derechos sobre una descendencia y como pago de compensaciones de todo orden. Además, las labores diarias se organizan a partir de observar, pastorear y recoger los animales, lo mismo que todas las actividades relacionadas con las migraciones periódicas en búsqueda de pastos y agua en épocas de sequía.

Por otra parte, este ganado es acumulado en vastos rebaños, los cuales en buenas condiciones fluctúan entre cien y ciento cincuenta cabezas, encontrándose en oportunidades rebaños hasta de mil animales por unidad familiar (Minagricultura, 1984:24).

Toman del ganado lo esencial de sus recursos. Consumen carne y leche; pero cuando se trata de vacunos principalmente, debido a las pocas técnicas de conservación de la carne, resulta imposible en muchas ocasiones, para una sola unidad de producción doméstica, consumir y conservar la cantidad de carne que representa una cabeza de ganado. Este hecho impone reparto con las otras unidades que el grupo, reforzando las redes de obligaciones recíprocas que existen entre los individuos y los grupos. En este contexto económico y social, el sacrificio de ganado y su consumo revisten forzosamente un carácter ceremonial y un alto valor simbólico.

Los Guajiros van periódicamente a vender ganado en los mercados limítrofes de Riohacha, de Uribia o de Maicao en Colombia, y de Paraguaipoa y los Filuos en Venezuela. Estos mercados semanales tienen hoy una importancia extrema en la vida económica guajira. Con el dinero obtenido en la venta de su ganado y de algunos productos de su artesanía (hamacas, mochilas tejidas por las mujeres, etc.), los Guajiros compran alimentos como azúcar, sal, café, plátanos y productos manufacturados.

El mercado con Venezuela, así como el propio de la región de la Guajira, es más notorio en las épocas de verano y escasez de agua; por ello los indígenas se ven en la obligación de vender sus animales con el fin de reducir el hato. En épocas de lluvia los guajiros retienen sus animales y aumentan así su rebaño; entonces abundan la leche, la cojosa y los quesos; parte de ellos los consumen y el resto lo venden en los mercados cercanos.

El pastor guajiro asocia el ganado a los rituales que acompañan su propio nacimiento, su matrimonio, su muerte; simboliza el estatu de su familia, ligado por un vinculo emocional.

Con la aparición de las primeras lluvias cada familia Guajira siembra una huerta, llamada apain, generalmente de una hectárea, en la cual se siembra a la vez maíz, diferentes tipos de fríjol, yuca, auyama, pepinos, melones y patillas. La huerta está cercada cuidadosamente con cardones para impedir la entrada de los animales especialmente de las cabras. Esta horticultura aporta durante tres o cuatro meses un crecimiento importante de los recursos alimenticios.

El ciclo de vida de las plantas cultivadas por los Guajiros, ecológicamente adaptadas al clima subdesértico, es extremadamente corto, entre tres y ocho semanas. Además, los Guajiros aceleran el proceso de germinación de las semillas sumergiéndolas en agua durante unas doce horas antes de sembrarlas al comienzo de la estación de las lluvias.

Los Guajiros desconocen por completo la rotación de cultivos, pues carecen verdaderamente de cultivos para rotar y usan como abonos deyecciones del ganado y cenizas de quemas de hierbas que sirven como fertilizantes. Nunca permiten que los terrenos permanezcan en barbecho durante un año para su recuperación, sino que los siembran año tras año hasta que quedan completamente agotados.

Cada huerta es propiedad de un hombre; éste asigna a sus hijos el derecho a utilizar secciones del terreno. Cada hombre cultiva su parcela asistido por su consorte. Es común, entonces, que los propietarios de las parcelas conviden a sus parientes y vecinos a faenas de trabajo en grupo para cercar y limpiar el terreno, jornadas llamadas yana'má. Esta actividad se hace a cambio de comida y bebida: carne, arepa y ron. Además, practican un baile ceremonial, solamente en estas épocas, llamado "la cabrita" o kaa`ulayawakat que consiste en imitar los fenómenos atmosféricos, lo mismo que los gestos de los animales. Actualmente, esta práctica ha desaparecido en numerosos lugares de la península, en razón del cambio en las prácticas económicas con los mercados fronterizos.

Cuando la huerta se encuentra sin hierbas y sembrados, se translada la yana'má a la ranchería de otro de los afiliados, repitiéndose el proceso.

La pesca constituye la más importante actividad económica de los Guajiros que viven en la costa, y hoy día un gran número de indígenas vive de ella exclusivamente. Sin embargo, los Guajiros del interior de la península no se consideran pescadores y desprecian a los Guajiros que viven de la pesca.

Los indígenas ubicados en la costa oriental de la península, frente al Golfo de Venezuela, tienen poca pesca en comparación con los que están ubicados en la costa occidental. Estas familias conservan celosamente sus derechos de pesca, y las personas que desean pescar en grandes cantidades en un territorio familiar, tienen que obtener primero el permiso de sus propietarios; si no lo hacen, surgen conflictos.

La cacería, por su parte, produce únicamente una pequeña y ocasional porción en la dieta, y es más bien una diversión para los hombres y los muchachos. Los Guajiros han guardado, sin embargo, un gran prestigio por la cacería y la han investido de un gran valor simbólico. Algunas variedades de venados, pecaríes, conejos y especies de pájaros constituyen lo esencial de la caza. Por diversos tabúes, no cazan otros animales, a los cuales atribuyen un gran número de enfermedades y malestares.

Los Guajiros usan pocos artificios en la caza, y a excepción del arco y las flechas, las trampas y ocasionalmente fusiles, no utilizan ningún procedimiento mecánico. Los muchachos, por su parte, usan hondas para la cacería de pájaros.

La cacería posee también algunas prácticas rituales, como la caza de venado.

Los Guajiros trabajan como asalariados en las explotaciones de sal, y hasta hace muy poco tiempo en las de talco y dividivi; sin embargo, su efecto general es disgregador y desintegrador de la actual sociedad Guajira.

La explotación de la sal en Manaure fue realizada por los Guajiros antes de la llegada de los españoles. En tiempos de la Colonia, algunas de las salinas marítimas eran consideradas propiedad dé la Corona. En el año de 1968 fueron asignadas para su administración al Instituto de Fomento Industrial (IFI).

Actualmente la explotación combina la forma mecanizada con la semimecanizada o artesanal en la que participa principalmente el indígena Guajiro. La explotación mecanizada implica utilización muy limitada de mano de obra; la forma artesanal se realiza en las denominadas "charcas", donde se realizan dos cosechas anuales, una de enero a marzo, la otra de agosto a octubre. Esta explotación de las "charcas" la hacen grupos de trabajo familiares que poseen una parcela marcada con anterioridad en la "charca" misma. El tamaño promedio de las parcelas indígenas es de 300 a 400 metros cuadrados.

El trabajo en las salinas se acomodó a la economía tradicional como otra actividad estacional. La familia, como unidad social de producción, asigna ciertos miembros a las labores de pastoreo y otros se reclutan para el trabajo de las salinas.

Hoy día, el tiempo de explotación se ha extendido a seis meses, razón por la cual muchos de los que trabajan en las salinas ya no son activos dentro de la economía tradicional.

Organización social

Varios autores consideran que la sociedad Guajira está dividida en clanes matrilineales no exogámicos y que cada uno de ellos lleva asociado un "animal totémico". Wilbert (1972:175), por ejemplo, dice que la tribu está subdividida aproximadamente en treinta sibs o castas, cada una en posesión de un territorio propio e identificada con un animal. Algunos clanes son considerados pobres, otros como afortunados o políticamente influyentes; pertenecer a uno o a otro clan define el principio de identidad social y el estatu del individuo.

En la actualidad, los clanes o sibs no están localizados y no conforman territorios propios, además han perdido su importancia social y política. Esto no implica, sin embargo, que en otro tiempo existieran tales divisiones.

Los Guajiros se identifican como miembros de agrupaciones de parientes uterinos asociados a un determinado territorio, y su sistema de parentesco, y no la descendencia matrilineal, constituye el modo principal de ordenamiento de su vida social. Es decir, el parentesco es la base de sus relaciones sociales; el parentesco, la sangre y la carne constituyen el vínculo genealógico de los Guajiros. La carne (eirruku) se transmite por vía materna exclusivamente, y la sangre se transmite por vía paterna. Cada Guajiro comúnmente tiene un eirruku, o su nombre de carne: Epieyu, Pushaina, Jayaliyu, etc.; ellos piensan que los apellidos claniles y la carne se han transmitido siempre por matrifiliación. Sin embargo, algunos mitos sugieren que estos nombres son emblemas de descendencia.

El sistema de parentesco es clasificatorio de tipo crow, donde los primos cruzados matrilineales se diferencian de los primos cruzados patrilineales, y los primos paralelos dé ambos lados pertenecen al mismo grupo y reciben la misma denominación. La madre, el padre y los hijos conforman el núcleo del sistema Guajiro de parentesco, donde los hermanos son los únicos parientes por tener la misma sangre y la misma carne. Los individuos que comparten este vínculo genealógico por la carne son apüshi, son parientes uterinos. Con el padre y sus hermanos se comparte la misma sangre, mas no la carne, y se designan como oupayu, que corresponde a la categoría de los parientes uterinos del padre.

La poligamia es el modelo preferido de matrimonio en esta sociedad, aunque comúnmente solo los hombres ricos son capaces de mantener más de una esposa. Entre los Guajiros es un signo de riqueza y una señal de prestigio. En los matrimonios políginos las coesposas generalmente viven aparte, cada una con su propia madre y hermanas en un arreglo matrilocal. El hombre pasa generalmente la mayor parte de su tiempo cerca de su última esposa, pero no abandona a las precedentes, a quienes hace visitas regulares.

El matrimonio representa un arreglo contractual de carácter económico y a veces político entre dos familias, en el cual el pago de la dote en ganado, caballos y joyas es llevado a cabo por el novio a los parientes de la esposa. Este cambio de propiedad pone la marca de legalidad sobre el matrimonio.

Por su parte, los Guajiros se ciñen a una regla de residencia uxori-matrilocal, donde la joven pareja vive provisionalmente junto a los parientes de la esposa. Sin embargo, actualmente fuerzas ecológicas, sociales y económicas influyen en las parejas para la elección del lugar de residencia, y en muchos casos algunas parejas eligen vivir cerca de la vivienda de los parientes del padre, estableciéndose residencia virilocal.

Respecto a la herencia, se aprecia que los bienes de un Guajiro se transmiten a sus apüshi, sus parientes uterinos, y entre ellos, de preferencia, a los hijos e hijas de sus hermanas. En la sociedad Guajira son muy comunes las donaciones en vida, generalmente en ganado, joyas y objetos personales, otorgados en algunas ocasiones por la madre a sus parientes uterinos, o por el padre a sus respectivos parientes.

Entre los Guajiros, el nacimiento de un niño ocurre en la casa, en la penumbra, y si es de noche, a la luz de una vela o de fuego. E1 alumbramiento tiene lugar generalmente en el suelo; debajo y alrededor de la madre se disponen telas, trapos y cueros. La mujer es asistida por su madre o una pariente próxima, y frecuentemente están presentes otras mujeres vecinas o familiares, y a veces el padre. Mientras la supervivencia del niño no sea segura, los miembros de su familia se alimentan con una dieta estrictamente reducida.

En los primeros siete años de vida, el niño está constantemente al lado de su madre; la lactancia se alarga hasta los cuatro años, aunque en ese tiempo nazca otro niño. La adopción es relativamente frecuente, no solo de huérfanos, sino de niños cuyos padres viven todavía; en este caso se entrega el niño a un hombre o mujer con quien se desea establecer relaciones estrechas.

No se destaca la pubertad en los varones, pero las niñas están sometidas a un severo rito de paso. Cuando la muchacha empieza a menstruar, es sometida a un período de reclusión, al término del cual se ha convertido en mujer equipada para casarse. Durante el inicio de esta reclusión, la joven es completa o parcialmente rapada y luego instalada en una hamaca colgada cerca del techo de la casa. Durante los días siguientes es cuidada con alimentos vegetales especiales, llamados jaguapi, y observa una dieta rigurosa. En ese tiempo la bañan con frecuencia y la instruyen en las tareas femeninas, tejido, hilado, le imparten conocimientos sobre los procesos tradicionales de control natal, embarazo y quizás algunas técnicas eróticas.

Este período de reclusión va de dos o tres meses hasta algunos años, de acuerdo con su rango social. El fin de la reclusión es festejado con una danza yonna, que es, sin lugar a dudas, la manifestación colectiva más popular en la actualidad y la más corrientemente practicada, durante la cual la muchacha es presentada públicamente a los parientes, vecinos, amigos y parientes políticos.

El hombre Guajiro contrae matrimonio por primera vez en una edad que oscila entre los diecisiete y los veinticinco años como máximo, edad que va condicionada a su independencia económica del núcleo familiar. Este proceso de matrimonio empieza con la petición de mano, que se realiza en la ranchería de los padres de la novia, donde se efectúa una ceremonia llamada ápajá, que significa estar oyendo. Si los parientes de la novia aceptan la petición, el novio y su padre reúnen lo que se exige en pago de matrimonio y lo entregan al padre de la novia. El matrimonio se realiza así normalmente y de preferencia en la casa de los parientes de la novia.

Las personas ancianas, por su parte, son tratadas con gran respeto. Cuando una mujer llega a la menopausia, puede decirle a su marido que ya no necesita de su compañía y que no va a tener más relaciones sexuales con él. A1 llegar a esta fase de la vida, cada uno de los esposos escoge residir con cualquiera de sus parientes uterinos.

Entre los Guajiros, el ciclo de vida no termina con la muerte, ya que la gente continúa relacionada con los restos del difunto, en un comienzo con el cuerpo entero, y después con los huesos.

Los entierros son acontecimientos importantes en esta sociedad; en ellos los parientes del difunto tienen que actuar de determinada manera. El cuerpo del muerto es lavado por sus parientes más próximos, envuelto en una tela llamada shehi, y colocado provisionalmente en una hamaca. Comienza luego el velorio llamado a1á'pajá, con sus respectivos llantos rituales. Después de velar al muerto, el cuerpo es colocado en una fosa o en una tumba de cemento. Al lado de la urna, se depositan a menudo las provisiones que servirán durante el viaje al más allá.

El cuerpo del difunto frecuentemente es trasladado, algunas veces a considerables distancias, desde el lugar de su primer entierro a otro, debido a la costumbre de realizar un segundo funeral. Este segundo entierro es normalmente realizado por los parientes uterinos del difunto, en el cementerio localizado en su propio territorio.

Las invitaciones son una parte importante en los funerales, donde se dan las más nutridas asambleas, determinadas por la riqueza del difunto. Es costumbre distribuir animales a los dolientes que no son parientes del muerto. Los Guajiros dicen que estos animales son una compensación a los dolientes por el dolor que sienten al perder al difunto. También se distribuye abundante comida entre las personas que asisten al velorio, y los varones juegan dominó, práctica generalizada entre ellos hoy día, y en medio de grandes lamentaciones, se bebe abundante alcohol y se practica el tiro al blanco con armas de fuego.

Durante los primeros y segundos entierros se observan varias prácticas rituales y un número considerable de tabúes, y después del segundo los restos no son objeto de más atención. No obstante, entre los Guajiros la probabilidad de realizar ceremonias de honor, tanto en los primeros como en los segundos entierros, es más fuerte y común en las familias ricas que entre las pobres.

Cuando un Guajiro muere, se dice que se ha ido a vivir con sus predecesores a jepira, el lugar de los muertos (Perrin, 1980).

En la muerte, los Guajiros existen bajo la forma de espíritu llamados yolujas. Todos los días se percibe la presencia de ellos. Dicen los Guajiros que los animales y los niños recién nacidos ven a los yolujas cuando se acercan a la casa, y el deceso de los niños generalmente se atribuye a ellos.

Organización política

Entre los Guajiros sobresalen la falta de órganos gubernamentales, la ausencia de instituciones legales, de liderazgo desarrollado, y en general de una vida política organizada. Dentro de esta sociedad, los agentes formales de control social son casi absolutamente inexistentes. No existe nada parecido a la policía, o alguien que cumpla el papel de juez, y la dirección de los propios asuntos, por lo tanto, es en gran medida una cuestión personal; se espera que todo el mundo se sostenga por sus propios medios y cumpla sus propias obligaciones, debido, entre otras cosas, a la ausencia de un poder político centralizado.

La justicia es informal y privada. Petrullo (1937) escribía que los Guajiros distinguían dos clases de agravio: la violación de costumbres y la violación de obligaciones. Estos agravios son resueltos entre las partes implicadas o entre los miembros de la familia en que ocurren. Hablando en términos generales, parece que el mantenimiento de la ley se basa, en gran medida, en el principio de reciprocidad, el temor a las sanciones y represalias, y el deseo de ganar el beneplácito público.

No se puede estar mucho tiempo entre los Guajiros sin darse cuenta de que las peleas y altercados son constantes. Las familias Guajiras están en relaciones potencialmente hostiles una frente a otra, y si dos miembros de distintas familias se enredan en una pelea, entonces es posible que los parientes de ambas partes vayan en su ayuda, empezando con un proceso legal iniciado por el jefe de la familia del litigante, quien tiene el derecho, reconocido por todos, a recibir una compensación como pago, y en caso contrario a obtener satisfacción por medio de violencia. El pago de indemnización o la satisfacción con violencia son las medidas tradicionales tomadas por los Guajiros para compensar las violaciones de los derechos cívicos.

Este pago se hace generalmente con ganado vacuno, cabras y ovejas, collares, dinero o hilo, y la cuantía se determina de acuerdo con la gravedad del caso, jugando un papel importante la condición social del perjudicado. Es así como un Guajiro rico recibe mucha más satisfacción que un Guajiro pobre por similar ofensa o daño. Por otra parte, en las disputas legales serias, los servicios de intermediarios imparciales, llamados "palabreros" o pútcheejechi, se obtienen para negociar un acuerdo pacífico. Si la enemistad eritre familias se hace intensa, una de ellas debe emigrar, generalmente a centros urbanos durante algún tiempo hasta que los ánimos se aplacan. En algunas ocasiones las diferencias son tan profundas y duraderas que se recurre a guerras como método de resolverlas.

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La cadencia de los tambores acompasa el baile de la chichamaya, ritual tradicional de los Wayú.

Sistema de representaciones

Además del mundo de los espíritus, hay otras deidades importantes en el universo mítico de los Guajiros. Maleiwa, por ejemplo, es el creador de los Guajiros y el fundador de esta sociedad, y aparece como la figura central; sin embargo los mismos Guajiros le dan poca importancia.

Pulowi y Juyá son esposos. Pulowi, la mujer, está asociada con la sequía y los vientos, además con lugares geográficos específicos de la península, donde reside permanentemente. Jamás está lejos de su lugar de residencia. Juyá, su esposo, es un errante que caza y mata. Wanülü está asociado con Pulowi, y se identifica como el tío materno de Pulowi, es su apüshi. Perrin ( 1980), al describir a Juyá, dice que éste es móvil y único, personifica a las lluvias de la Guajira, las cuales son violentas y breves. Pulowi, por su parte, es fija y múltiple, y ella junto con Wanülü, pueden provocar enfermedades o la muerte. Pulowi y Juyá, son dos seres míticos asociados con la generación y la regeneración de la vida sobre la tierra (Perrin, 1980).

No todas las enfermedades entre los Guajiros son provocadas por seres sobrenaturales. Distinguen muchas enfermedades, y disponen de una colección de hierbas específicas con que tratarlas. Perrin (1982: 8) en su investigación sobre la medicina tradicional guajira, dice que las enfermedades del tipo ayúlee tratan los males denominados benignos, cuyo tratamiento depende del enfermo mismo y de sus parientes. Imaginan estas enfermedades como ciertos componentes que entran dentro del organismo, ensuciándolo, y las terapias que utilizan tienen como finalidad limpiar el cuerpo. Los males designados como wanülü son el resultado de encuentros con los seres sobrenaturales o de haber visitado un lugar pülasü o tabú, por contaminación con los huesos en los segundos entierros, de haber tocado el cadáver de la víctima, o de otros de los innumerables tabúes que poseen. Estas enfermedades suponen la salida del alma del paciente y se hace necesaria la intervención del piache o chamán, quien generalmente es una mujer, para que diagnostique el mal y llegue a un pacto con los seres o fuerzas sobrenaturales, y haga volver el alma al enfermo.

La profesión de piache no es hereditaria (Pineda, 1950: 12-25). Las personas que van a ser chamanes reciben la iluminación de los espíritus mediante sueños. Acogen, entonces, entrenamiento de un chamán instructor quien les transmite todo el conocimiento; lo observan durante sus ceremonias de curación y en sus trances, y aprenden de él y de otros mayores algunos cantos, ensalmos y conjuros.

Los Guajiros pueden elegir con mucha facilidad entre la medicina occidental y la medicina tradicional.

Cambio cultural

En la época de la colonización europea, el Guajiro fue uno de los pocos grupos indígenas que mantuvo independencia dentro de su territorio. Son conocidos los diversos intentos de conquista y pacificación de la Guajira durante los siglos XVI, XVII y XVIII, que convirtieron a la península en un reducto sumamente peligroso; además, los esfuerzos de evangelización llevados a cabo por los misioneros capuchinos, franciscanos y dominicos siempre fueron rechazados.

Los rigores del medio imponían a los extranjeros establecerse en la costa septentrional, donde se buscaban perlas con la ayuda de mano de obra indígena y se explotaba la sal. En lo concerniente a la obtención de agua, los asentamientos permanentes en el interior de la península resultaban imposibles. Es así como aun durante el siglo XIX las autoridades militares, civiles y eclesiásticas tuvieron poca influencia entre los Guajiros, e indudablemente hasta este siglo, la mayoría de los caseríos Guajiros permanecieron totalmente desconocidos para los forasteros, hasta que el contrabando, en gran escala, hizo su aparición.

En esta época es cuando el pastoreo llega a su máximo apogeo; el ganado, que había sido introducido por los europeos, se convierte en el símbolo de prestigio por excelencia y en la herramienta del poder indígena. Estos intensificaron el intercambio de productos con las poblaciones agrícolas del sur de la Guajira, donde a su vez obtenían víveres a cambio de animales en pie y cueros, y los rasgos culturales nuevos penetraban lentamente en la sociedad indígena, donde fueron asimilados.

En esta primera fase de aculturación de los Guajiros, los contactos con la sociedad occidental fueron relativamente controlados por ellos. Dependían parcialmente del comerciante blanco, pudiendo aún mantenerse.

Es apreciable observar que con los años las diversas instituciones colombianas y venezolanas han afectado de alguna manera a todos los sectores de la vida social guajira. Fuchs (1971:17) sostiene que debido a la introducción de dos nuevas actividades económicas: la explotación industrial de las minas de sal y el desarrollo de la industria petrolera en Venezuela, se generó una migración masiva y una apremiante demanda de mano de obra indígena. Ambos gobiernos dirigieron los trabajos de construcción de una red de caminos que recorren todo el sector colombiano de la península y la penetración de la "civilización" se sucede con un ritmo acelerado, volviéndose frecuente el mestizaje, generalmente de madre india y de padre alijuna.

Estos factores, sumados al constante crecimiento de la población nativa, las continuas y prolongadas sequías, han contribuido al fracaso de la economía tradicional guajira, ya que el ganado está muriendo actualmente en gran cantidad por falta de agua y tierras de pastoreo adecuadas. Como alternativa a esta existencia pobre y sin recompensa, muchos Guajiros buscan encontrar otras fuentes de trabajo dentro y alrededor de las ciudades.

Esta segunda fase, caracterizada por contactos más permanentes entre Guajiros y alijunas, coincide con los procesos de industrialización de la zona en los límites del territorio indígena y con la introducción de técnicas y medios de comunicación que los inducen a un insaciable apetito por los bienes tanto utilitarios como suntuarios.

Los centros administrativos de Riohacha, Uribia, Maicao, las salinas de Manaure y el puerto carbonífero de El Cerrejón, en Colombia, Maracaibo, Sinamaica, los Filuos, y la región ganadera de Machiques en Venezuela, han asimilado miles de Guajiros que se quedan en el interior de la península, disfrutan de una estabilidad que depende en gran parte de sus conexiones, generalmente con mestizos, que controlan el acceso a los recursos de fuera de la localidad, y tienen el monopolio del costoso y popular transporte en camión, en toda la península.

Sin embargo, hoy día la influencia de las autoridades colombianas y venezolanas penetra toda la península, pero las costumbres guajiras persisten. El mundo industrial es más amenazador que nunca. En la actualidad la explotación de los vastos yacimientos carboníferos de El Cerrejón en el sur de la Guajira ha hecho surgir el espectro de la modernización a gran escala.

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