Introducción a la Colombia Amerindia
Instituto colombiano de antropología
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Páez Ximena Pachón C.
Ubicación Geográfica

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Tierradentro es el hábitat natural de los indígenas Páez. Su nombre ilustra el aislamiento e inaccesibilidad que históricamente ha caracterizado su territorio: "las montañas de la tierra adentro", como la designaron los españoles en la época colonial. Con una extensión de unos 1.300 km2, se encuentra ubicada en la vertiente oriental de la cordillera Central, en el departamento del Cauca, en un triángulo geográfico conformado por los contrafuertes orientales de la cordillera Central y las cuencas hidrográficas de los ríos Páez y Yaguará al oriente, la Plata y Páez al sur.

La topografía de la región, accidentada y compleja, se caracteriza por profundas depresiones, abruptos cañones, múltiples hondonadas, estrechos valles y pequeñas terrazas y altiplanicies, así como ríos que dada la naturaleza del terreno, surcan el territorio violentos y caudalosos. El Páez es la principal corriente fluvial, originado en deshielos del nevado del Huila; sus caudalosas y frías aguas corren precipitadamente de norte a sur por un profundo y encañonado cauce, recibe torrentosos afluentes como el San Vicente, Moras y Ullucos por su margen derecha y el Símbala y Negro de Narváez, por la izquierda.

Entre los accidentes orográficos más notables de la región, sobresalen los páramos de Guanacas, las Delicias y Moras; las cuchillas de Pedregal y Trompa de Buey, y los cerros Pan de Azúcar y Puzná. Sobre todos éstos se yerguen majestuosos el volcán de Puracé y el monumental nevado del Huila con 5.750 metros sobre el nivel del mar, vértice de este triángulo geográfico.

Las infranqueables cumbres paramunas de la cordillera Central que enmarcan a Tierradentro, y su quebrada topografía que se vuelca hacia la hoya hidrográfica del Magdalena, determinan que esta región desde tiempos históricos se encuentre más relacionada con el Huila que con el propio departamento del Cauca (al cual pertenece políticamente). Las evidencias arqueológicas de San Agustín, Agua Bonita y San Andrés, al igual que los documentos históricos tempranos, atestiguan este acercamiento desde épocas inmemoriales.

Debido a las dimensiones de la región y a su situación intermontana, Tierradentro goza de una gran variedad de climas, desde el templado, pasando por el frío hasta llegar al páramo. Se calcula que en piso térmico medio se encuentra el 17% de sus tierras, en frío el 46% y en páramo el 37%. Las temperaturas varían según la altura y la época del año. El invierno, crudo y prolongado, se encuentra influenciado por los vientos alisios del suroeste.

La pluviosidad varía regionalmente en Tierradentro y aunque no existen datos exactos, se sabe que la lluviosidad y humedad tienden a aumentar a medida que se asciende la cordillera y se aproxima al nevado del Huila. Este origina helados vientos que corren por la hoya del río Páez. En las partes más bajas de la región la precipitación puede llegar a los 1.350 milímetros mientras en los niveles superiores a los 2.500 metros ella llega a 1.800-2.000 milímetros (Sevilla, 1976:10).

Los impenetrables, extensos y sombríos bosques con abundantes árboles de gramíneas y piperáceas al igual que las plantas parásitas, arums, orquídeas y tilliandáceas que describiera Cuervo Márquez a finales del siglo pasado, han ido desapareciendo lenta pero sistemáticamente. Los colonos y las empresas madereras han venido talando y desmontando inmisericordemente la cordillera, y los indígenas por su parte, con su tradicional sistema de "tumba y quema", también han contribuido en este proceso. Los antiguos bosques primarios han quedado reducidos a las partes más altas de la cordillera y a pequeños valles y vegas de los ríos Símbala y Negro de Narváez. La mayor parte de la cordillera está cubierta por extensos pajonales, especialmente la parte baja de Tierradentro, donde el bosque ha desaparecido totalmente. En algunos lugares, especialmente en el municipio de Inzá, han surgido potreros de yaguará y kikuyo que sirven al desarrollo de la ganadería extensiva de la región. Se calcula, sin embargo, que aproximadamente un 40% de los terrenos con vegetación primaria se encontraría aún dentro de la zona habitada por los indígenas, quienes se encuentran por encima de los 3.000 metros (Sevilla, 1976:10). Con el desmonte de la cordillera, la erosión y los deslizamientos de tierra se convierten en fenómenos cotidianos y fácilmente observables en Tierradentro. El agotamiento de la vegetación primaria ha incidido de manera mortal sobre la fauna nativa. Los osos, tigrillos, pumas, venados, encontrables hasta hace algunos años, han desaparecido del paisaje regional, hallándose uno que otro solamente en las partes altas e inaccesibles de la cordillera. Aún existen en la región algunos pequeños mamíferos como guaguas, armadillos, zorros y conejos. Abundan las palomas, torcazas y guacharacas al igual que diversos tipos de ofidios como la equis, coral y rabo de ají, temidas por su mortal veneno.

Población

A pesar que en Tierradentro conviven con la población indígena, núcleos de población "blanca" o mestiza en la región de Inzá Guanacas y Pedregal, y grupos de población negra que se concentra en la región de Itibe y Belalcázar, Tierradentro es uno de los reductos de indianidad más importantes del país. Se calcula que el 70% de sus tierras se encuentra en zona de resguardo y que aproximadamente el 80% de su población puede ser considerada como indígena. Esta se asienta en los 21 resguardos de Tierradentro, ubicados en los municipios de Páez e Inzá. Pero fuera de Tierradentro, a lo largo de su historia reciente, los Páez han ido expandiendo su territorio, trasmontando la cordillera Occidental y asentándose en sus flancos occidentales. Así, encontramos población Páez en los siguientes municipios y resguardos del Cauca: 

Municipio  Resguardos
Miranda La Cilia
Toribío San Francisco, Tacueyó, Toribío
Caldono   Pueblo Nuevo, Caldono, La Aguada, Pioyá
Jambaló  Jambaló, La Mina
Silvia Pitayó, Quichaya
Totoró Jebalá,   Novirao,  Paniquitá
Morales Agua Negra (?),   Chimborazo,  Honduras
Páez Araújo, Avirama Belalcázar (?), Cohetando, Chinas, Huila, Lame, Mosoco, Ricaurte, San José, Suin, Tálaga, Tóez, Togoima, Vitoncó
Inzá Calderas, San Andrés, Santa Rosa, Tumbichucue, Turminá, Yaquivá

Además de la población Páez de estos resguardos del Cauca, se sabe que existe una colonización en el Caquetá y otra en la Bota Caucana, cuyas características son totalmente desconocidas.

No se dispone de información actualizada y confiable sobre el volumen total de población Páez existente en el departamento del Cauca. Se calcula que a la fecha ésta puede ascender a unas 80.000 personas. El censo de Resguardos Indígenas elaborado por el DANE en 1972, con una baja cobertura, enumeró únicamente 35.724 Páez, correspondiendo esta cifra al 55% del total de la población indígena del departamento. Entre los Páez censados, solo e142.45% procedía de resguardos de Tierradentro, mientras que los restantes se ubicaban en los de la vertiente occidental de la cordillera (DANE, 1976).

Analizando esta información a través de los grupos etáreos, encontramos una población eminentemente joven, ya que el 45.45% -casi la mitad de la población- corresponde a menores de 14 años. Las personas en edad productiva y de quienes depende la supervivencia del total de la población, o sea aquellas comprendidas entre los 15 y los 44 años, son solamente el 22.23%. El 13.12% restante corresponde a personas mayores de 45 años.

Aunque la situación de los resguardos Páez es heterogénea, y no es fácil generalizar a partir de casos particulares, vale la pena señalar que algunos cuidadosos estudios sobre algunos de ellos, como el de Jambaló, han puesto de manifiesto hechos alarmantes bajo el punto de vista demográfico. De esta manera se ha podido establecer que para este resguardo, la tasa de mortalidad para menores de 5 años durante el lapso comprendido entre 1981 y 1982, fue de 182/ 1.000, considerada como excesivamente alta y amenazadora; la tasa de crecimiento vegetativo de la población del resguardo fue de solo 0.2/ 1.000; ello significa que se encuentra en el límite de una tasa negativa de crecimiento (Findji y Rojas, l985: 232). Este estrangulamiento demográfico y la gravedad de la situación, se vuelven más patéticos si tenemos en cuenta la agudización de los conflictos sociales, políticos y militares en territorio Páez en los últimos cinco años.

Otro aspecto demográfico alarmante y atestiguado tanto por las cifras censales como por los estudios de resguardos particulares, se refiere a los altos índices de masculinidad encontrados y al déficit notable de mujeres mayores de 40 años, hechos estos asociados con las prácticas culturales que rodean tanto el parto como el puerperio, pero sobre todo con las excesivas demandas físicas que el proceso productivo impone a la mujer (Sevilla, 1983:66).

Estos indígenas hablan la lengua de su mismo nombre, el Páez, lengua subdivida, según los expertos, entre el Páez propiamente dicho y el Panikitá, dialecto poco diferenciado de la primera y hoy día prácticamente en extinción. Los primeros estudios sobre la lengua, la ubican dentro de la familia Chibcha (Rivet, 1946); investigaciones posteriores consideran que esta clasificación no puede considerarse como definitiva (Nachtigal, 1955:216-252) y estudios recientes plantean que el Guambiano y el Páez son lenguas aisladas de dudosa clasificación (Matteson, 1972).

Los procesos de aculturación han ido permeando lentamente su lengua. Hoy en día son escasas las personas que no hablan el español. Los datos del Censo de Resguardos Indígenas, muestran que el 74.40% de la población Páez censada, habla su lengua y el español. El 25.60% restante, que habla exclusivamente el Páez, corresponde en general a personas mayores y a los resguardos más tradicionales.

El vivir en pequeños ranchos aislados y dispersos en las escarpadas faldas de la cordillera, es el patrón de asentamiento característico de los Páez. A pesar de los esfuerzos gubernamentales, que se remontan hasta la época colonial, por romper este patrón de poblamiento, los Páez se resisten a vivir aglutinados en poblados. Sin embargo, cada uno de los resguardos tiene su pueblo con su mismo nombre a donde acuden desde las montañas en que se levantan sus viviendas para la celebración de las fiestas religiosas o a los pequeños mercados semanales. Por lo general constan de una antigua iglesia de techumbre pajiza, una modesta casa cural, una escuela y otra construcción donde se reúne el Cabildo. Muchas veces la misma casa del Cabildo tiene un lugar especial destinado para la cárcel (donde antes solía encontrarse el cepo).

La vivienda indígena tradicional conforma un espacio reducido y acogedor. Una simple choza de planta rectangular, techo de dos aguas, paredes construidas con caña entretejida, piso de tierra pisada, una sola puerta y cocina al centro de ella. El fogón, permanentemente encendido, se encuentra formado por tres tulpas enterradas en el suelo. Además de este tipo de vivienda se encuentran otros, que tienden a asimilarse al tipo de vivienda tradicional del colono de la región. Casas de planta rectangular, techo de cuatro aguas, subdivisiones internas y cuarto especial destinado a la cocina. Con frecuencia se utiliza el bahareque y la cal para blanquear las paredes. También aparece la casa en forma de escuadra, pisos y paredes de material, cocina independiente. Sin embargo, sea cual fuere el tipo de vivienda, lo usual hasta hace unos años era encontrar una reducida construcción adjunta, un pequeño rancho, el du yate léchukue, para las mujeres menstruantes. La presencia de trapiches y canoas -troncos huecos- para la preparación de la chicha (dentro o junto a las viviendas) es otra peculiaridad de la vivienda Páez.

En general no existen medios para la eliminación de excretas y basuras distintos del solar que rodea la vivienda, y el que a su vez sirve de huerta casera. Las aguas comúnmente son tomadas de los arroyos vecinos y conducidas cerca de la casa por acequias, o transportadas por habilidosos acueductos construidos mediante la utilización de guaduas abiertas.

El ajuar de las viviendas es generalmente escaso y rudimentario. Se pueden mencionar 3 ó 4 ollas de aluminio, 5 ó 6 tasas de metal esmaltado, unas pocas cucharas de metal o de madera, uno o dos cuchillos de cocina, frecuentemente trozos de machete viejo, algunos platos y pocillos, el insustituible molino metálico para el maíz y unas cuantas jigras o bolsas de cabuya de fabricación casera donde se suelen almacenar los escasos alimentos, ropa y otros artículos de consumo familiar.

El mobiliario, igualmente, es exiguo y elemental. Generalmente se duerme en cueros tendidos en el suelo alrededor del fogón, o en improvisadas barbacoas, reduciéndose el mobiliario a pequeños bancos de madera que sirven tanto para sentarse como para poner la cabeza y dormir. En las viviendas más prósperas se pueden encontrar una mesa y butacas, generalmente poco usadas.

Sistema de producción

Los Páez son un pueblo agrícola. Su economía, basada en una rudimentaria tecnología, es básicamente de autoconsumo y se caracteriza por el policultivo en pequeña escala. Los ciclos vitales y las actividades cotidianas se encuentran determinados por el trabajo de la tierra y por las fases agrícolas. Dentro de la mentalidad indígena, el ser Páez implica ser un buen trabajador de la tierra.

Para estos indígenas, la tierra es mucho más que un simple medio de producción, es la esencia de su vida y la fuente de su seguridad. La lucha por ella y por su territorio está presente a lo largo de toda su historia étnica. Cada resguardo, cada familia, cada indígena, ha luchado y sigue luchando apasionadamente por defender su parcela, su resguardo y su territorio. Los cabildos saben que su función primordial es la defensa de las tierras de su comunidad.

Sin embargo, a pesar del celo con que los Páez por siglos han defendido su territorio, la lucha ha sido desigual. Colonos pobres, agricultores y ganaderos han ido tomando posesión de sus antiguas propiedades, muchas veces auspiciados por el mismo Estado o por la Iglesia. Ellos han perdido las tierras más fértiles y fáciles de cultivar, quedando reducidos muchas veces a la condición de simples "terrajeros" y viéndose en la obligación de pagar con un determinado número de días de trabajo el derecho a vivir y cultivar las tierras que antes eran suyas.

La forma de tenencia típica de los resguardos es la adjudicación por parte del Cabildo; la presencia de formas diferentes a ésta nos atestigua los procesos de descomposición por los que atraviesan los diversos resguardos.

Tomando una vez más como referencia el Censo de Resguardos Indígenas del Cauca, encontramos que los resguardos de Tierradentro son los que presentan una mayor persistencia de las formas tradicionales, ya que el 72.45% de los hogares entrevistados poseía (cuando se realizó el censo) tierra adjudicada por el Cabildo y solamente el 7.11% tenía tierras tituladas. La situación de los resguardos de la vertiente occidental es diferente y los datos testimonian mayores niveles de descomposición. En la zona centro del Cauca por ejemplo, en los resguardos del municipio de Morales, se encuentra que solamente un 38.39% de los hogares censados tiene tierras adjudicadas por el Cabildo y que la propiedad privada o titulación asciende al 15.18% (DANE, 1976).

Los datos relacionados sobre el tamaño de las parcelas usufructuadas por los Páez, ponen de manifiesto no solo el problema de la escasez de tierra y los procesos de diferenciación social, sino la heterogeneidad de la situación por la que atraviesan estos resguardos. Tomando los datos globales de Tierradentro encontramos que, del total de 2.995 hogares censados, el 14.14% o no tenían tierra, o poseían menos de una plaza y el 41.56% tenían entre una y cinco plazas. Agrupando esta información, obtenemos que el 55.70% de la población indígena de Tierradentro se encontraba en situación de minifundio o de carencia total de tierras, mientras que solamente el 1 .63% manifestó tener extensiones superiores a las 50 plazas.

Globalizandó la situación de los resguardos de la vertiente occidental, encontramos que del total de los hogares censados, el porcentaje de familias sin tierras es más alto que el encontrado en Tierradentro, llegando al 20% del total de las familias entrevistadas, mientras que el porcentaje de familias que tienen entre una y cinco plazas es más bajo, solamente 35.51%. Agrupada esta información tenemos una cifra similar a la de Tierradentro ya que 55.51% se encontraría en situación de minifundio o carencia de tierras. Los "latifundistas" -con predios de más de 50 plazas- dentro de estos resguardos ascendieron al 2.5%.

El problema de la tierra para los Páez cobra una mayor dimensión si nos detenemos y observamos no solo la precaria calidad de sus suelos, sino los procedimientos y la tecnología a través de la cual ellos los laboran. La "tumba y quema" o "rocería" es el más extendido y arraigado sistema agrícola por ellos utilizado. A través de él se limpian los terrenos, se combaten las plagas y se fertilizan (en algunos pocos casos) sus pobres y desgastadas tierras. Normalmente las rozas se hacen en rastrojos viejos, tierras que llevan en descanso cinco o seis años. Los indígenas tratan (hasta donde les permite su limitado territorio) de defender los bosques y no acabar con la montaña virgen. Se le da el nombre de "roza" al pedazo de tierra desmontada, quemada y cercada, siendo su extensión normal entre una y dos hectáreas. La prosperidad de una familia se mide por el número de "rozas" que tenga.

El proceso de la rocería tiene varias fases: generalmente se inicia a comienzos del año, en verano, enero y febrero, meses cuando el rastrojo formado después de un período de descanso del terreno y el bosque primario son talados metódicamente: primero las hierbas y maleza pequeña, posteriormente los árboles y arbustos. El hacha y el machete son las herramientas indispensables en esta fase del proceso. Los troncos de los arbustos se dejan en pie "a la altura de los ojos", para que permitan posteriormente trepar a las matas de fríjol que se siembran en asocio con el maíz. Una vez terminada la "rocería", y aprovechando los soles de verano, se deja secar por un mes aproximadamente la maleza tumbada, para proceder posteriormente a la fase de la quema. En esta etapa, manejando vientos y clima, los indígenas toman precauciones para que toda la roza quede suficientemente quemada. Las lluvias de los meses posteriores finalizarán el proceso. En esporádicos lugares la tierra se ablandará y se fertilizará con las cenizas, pero en la mayoría del territorio, dadas las características topográficas de la región, con sus terrenos escarpados y pendientes, las lluvias lavarán el suelo arrastrando el humus y las cenizas fertilizantes.

Una vez realizada la quema se procede a tejer los cercados alrededor de la "roza", para los cuales se utilizan las chamizas, varas y palos talados en la fase de la rocería y previamente recogidos con este fin. Cuando está rozado y cercado el terreno y quemada la maleza, ya se encuentra la tierra lista para sembrar. Para poder volver a cultivar un mismo terreno se requiere dejarlo descansar o "enrastrojar" períodos de tiempo cada vez mayores. La posibilidad de tener tierras en rastrojo es la garantía de la supervivencia futura de las familias y lo que explica un hecho aparentemente contradictorio como es el caso de Jambaló, donde por una parte existe una fuerte presión por la recuperación de tierras, y por otra, lo que se observa es cómo una vez éstas han sido recuperadas, lo que prospera es su enrastrojamientó (Findji, Rojas, 1985:125).

El maíz es indudablemente el eje central alrededor del cual se organiza la economía agrícola de los Páez. Su gran importancia dentro de la vida económica y social, permite hablar de una verdadera "cultura del maíz". Este cultivo puede hacerse casi en todos los pisos térmicos, con excepción del páramo. Su ciclo vegetativo es anual (11 meses) y está determinado por las lluvias. En épocas pasadas cuando los indígenas disponían de mayor cantidad de tierras, el maíz se cultivaba en los diferentes pisos térmicos, asegurando así su disponibilidad durante todo el año. Hoy en día, con la recuperación de tierras y la ampliación de su territorio, esta práctica se está volviendo a utilizar (Findji, Rojas, 1985: 124).

Los Páez nunca siembran el maíz solo, lo acostumbrado es hacerlo bajo la modalidad del asocio simple, generalmente con fríjol y a veces arracacha, o en asocio múltiple, con fríjol, arracacha, haba, arveja y yuca. Se suele sembrar en los meses de lluvias de marzo, abril y mayo. Las técnicas de su cultivo son similares para todo Tierradentro y para los resguardos de la vertiente occidental de la cordillera. Una vez listas las rozas, se procede a la siembra. Solo en los resguardos más altos se acostumbra hacer surcos o eras, de resto los granos se esparcen desordenadamente. Las semillas son escogidas de las mejores mazorcas, de las que a su vez se seleccionan los granos más gordos y sanos, "los granos femeninos".

Al igual que la rocería, la siembra tradicionalmente ha sido una actividad masculina y para su realización se suelen organizar "mingas". La herramienta utilizada en esta etapa del trabajo es la coa, o bastón de madera y el barretón, herramienta utilizada por las familias más prósperas; con estas herramientas se van abriendo los huecos en los que se depositan los granos de maíz. El fríjol se siembra junto a los palos que han sido dejados en pie durante la rocería. Se suele realizar un deshierbe de los maizales dejando la maleza en el terreno para que pudra y abone las tierras. Posteriormente se efectúa el "descalce" que consiste en arrancar las hojas secas de las cañas de maíz. Unos meses después, al aparecer las primeras mazorcas, aparecen también sus múltiples enemigos: las bandas de loros, las ardillas, comadrejas y ratones. Los indígenas construyen espantapájaros y habilidosas trampas, pero sobre todo son las mujeres y los niños de quienes depende en esta etapa el cuidado de los sembrados. A los 10 u 11 meses se inicia el proceso de recolección, el cual tradicionalmente se hace de manera circular, comenzando la cosecha por la periferia del sembrado. Se coge primero la mazorca tierna, el "choclo" y se termina en la parte central, recogiendo ya el maíz seco.

Un hecho alarmante dentro de la economía Páez lo constituyen los muy bajos rendimientos dados por el cultivo del maíz. Para Tumbichucue, resguardo donde se elaboró un cuidadoso estudio al respecto, se ha calculado que la producción de este grano es de 250 kilos/ hectárea (Sevilla, 1983:212), mientras que el rendimiento en el departamento del Cauca ascendió en el año 77 a los 600 k/ ha.

Además del maíz, base de la economía, cultivan otros productos como la papa que se siembra en los pisos térmicos más fríos, sola o en asocio con ulluco, habas, arveja y fríjol. Mosoco, uno de los resguardos más aculturados de Tierradentro, es el principal productor de papa, destinándose su cultivo fundamentalmente al mercado. En algunos resguardos se acostumbra hacer surcos verticales para la siembra de este tubérculo, mientras que en otros como San José, Lame y Vitoncó se suele cultivarla sin orden alguno.

El café y la caña de azúcar son productos nuevos dentro de la vida de los Páez y se encuentran asociados a los procesos de expansión de la población blanca. Los cafetales, aunque son una fuente segura de ingresos dentro de las precarias economías familiares, poco cuidado merecen de los indígenas. Generalmente se dejan los cafetos a libre crecimiento y su mantenimiento es muy deficiente. La caña de azúcar no tiene importancia económica como el café ya que su cultivo no se hace con destino al mercado, sino simplemente para producir el guarapo o "chicha", bebida indispensable dentro de su vida cotidiana. Sin embargo, el estado de los cañaduzales, al igual que los cafetales es totalmente precario o tal vez peor; su mantenimiento se limita a unas limpiezas iniciales.

El fique es otro cultivo importante. Fue introducido a finales de la década de los 50 a través de una vigorosa ofensiva oficial y privada; su implantación trajo resultados nefastos para las frágiles economías de múltiples resguardos del Cauca. Los cultivos tradicionales, que garantizaban la precaria supervivencia familiar, fueron suplantados por este nuevo producto y las mejores tierras se reservaron para sembrarlo. Lo costoso de su producción, dada la cantidad de fuerza de trabajo que requiere su cultivo, además de la necesidad de implementos mecánicos como las "desfibradoras", unido a la inestabilidad de los precios y la disminución de su mercado, han llevado a que el hambre y la pobreza se generalicen aún más dentro de la población indígena del departamento.

El azadón y la pica, herramientas indispensables para los procesos de aflojamiento del suelo y aporque de las plantas, no han tenido la difusión deseada. Un hecho diciente en relación con su desarrollo tecnológico, lo constituye el que solamente a finales de 1983 los indígenas de Jambaló entraron en contacto con el arado de chuzo de madera, lo que posiblemente significará una transformación radical de su tecnología: el paso de la rocería al arado. Esto implica desaparición de las quemas, modificación en el concepto de tierras aptas para el cultivo, sustitución de herramientas, etc. (Findji, Rojas, 1985: 174).

Fuera de la agricultura existe una actividad extractiva típicamente Páez: la explotación de la "cera de laurel", actividad que ha jugado un papel importante dentro de las economías de los resguardos de Calderas, Tumbichucue, Lame, San Andrés, Chinas y Suin. Esta planta (Myrica policarpa) que nace silvestre en los bosques e invade las rozas de los indígenas, generalmente no es objeto de mayor cuidado; su cosecha se inicia hacia los meses de abril y mayo cuando sus ramas se llenan de pequeñas pepas de color grisoso. La recolección debe hacerse en el menor tiempo posible ya que las torcazas y las lluvias son sus mortales enemigos. Una vez recogida la producción en jigras de fique, las pepas se dejan orear por algunos días extendidas en el suelo de las viviendas; entre más secas se encuentren, menos verde será la cera que se obtiene. Posteriormente se vuelven a empacar y así se ponen a cocinar en grandes calderos para luego extraerles la cera mediante rudimentarios procesos tecnológicos.

Un aspecto importante en relación con la producción de la "cera de laurel" es que su ciclo se superpone con el del maíz. A pesar que la cera es un producto comerciable y que les permite la obtención de ingresos importantes, los indígenas prefieren dedicar su tiempo al cultivo del maíz, producto muy poco rentable, aunque posteriormente, cuando llegue la época de "hambruna", caracterizada por la escasez o inexistencia de maíz, tengan que salir a jornalear para poder comprar su preciado grano (Sevilla, 1976:43).

La actividad ganadera es el otro renglón significativo dentro de su economía. Esta se practica con muy pocas excepciones de manera extensiva, limitándose el cuidado a darles sal de vez en cuando y evitar que el ganado se extravíe. Generalmente no existen tierras destinadas exclusivamente a esta actividad productiva, sino que los animales andan sueltos por rastrojos y pajonales. Sin embargo, disponer de ganado vacuno tiene gran importancia dentro de su vida económica, no solo les permite venderlo en cualquier momento y tener dinero para solucionar una necesidad impostergable, sino que el consumo de carne de res es un elemento fundamental para poder realizar mingas y trabajar colectivamente sus parcelas.

Por su parte, el ganado caballar es altamente valorado; el caballo no solamente es necesario para la molienda de caña, sino indispensable para transportar la carga por los escarpados y difíciles caminos existentes en la región. La ausencia de carreteras y otros medios de transporte explica la estimación que estos indígenas le dan a los caballos. A pesar de la importancia del ganado vacuno y caballar, son tal vez las ovejas los animales más preciados dentro de la cultura Páez. Las cuidan, las quieren, rara vez las venden y solo se consumen en ocasiones muy excepcionales. Son de propiedad de las mujeres y todas las familias, idealmente, deben tener por lo menos una oveja, de ella deben extraer la lana para tejer las ruanas, las jigras y otros elementos indispensables del ajuar indígena.

El encontrarse la economía Páez orientada fundamentalmente hacia el autoconsumo y supervivencia de las unidades domésticas, no implica que no participen, en condiciones muy desventajosas, en la economía del mercado dentro de la cual se encuentran inmersos. Esta participación se efectúa a través de la compra de productos como herramientas, semillas y algunos comestibles, y con la venta, en condiciones desventajosas, de parte de su producción.

Otra forma importante de participación dentro de la economía de mercado se refiere a la venta de fuerza de trabajo o "jornaleo". El indígena Páez interviene ampliamente dentro del mercado de la fuerza de trabajo regional y aun nacional. Su mano de obra es muy requerida en fincas y haciendas colindantes, en otros municipios del departamento y aun es frecuente encontrarlos como recolectores de café en departamentos diferentes del Cauca. Hasta hace pocos años, parte del jornal pagado en este departamento se hacía en especies, coca y maíz especialmente y se solía llamar "mita" a los escuadrones de indios que salían de Tierradentro contratados por los hacendados de Popayán. La demanda de esta fuerza de trabajo generalmente tiene carácter estacional y las condiciones en que se desarrolla la contratación son muy desfavorables para los indígenas. En algunos resguardos la venta de jornales ocurre cuando internamente el resguardo no necesita mucha mano de obra y se está en época de "hambruna", pero en otros como en San Andrés, parece que la demanda de jornales por los "blancos" se sobrepone en épocas cuando la economía tradicional del resguardo requiere un volumen importante de trabajo. En estos casos la producción tradicional tiende a verse negativamente alterada.

Organización sociopolítica

La vivienda Páez se encuentra habitada generalmente por una familia nuclear, es decir, el padre, la madre y los hijos solteros. Esta familia nuclear es la unidad social y económica básica; sus miembros no solamente comparten su aislada habitación, sino que juntos trabajan la misma parcela. En algunos casos convive en la misma vivienda más de una familia nuclear, se trata generalmente de un hijo con un hogar recién conformado. En estos casos los dos hogares se comportan como dos unidades domésticas independientes, con sus tierras, presupuesto y fogón aparte uno de otro.

A pesar que la vida reproducctiva de la mujer se caracteriza por las concepciones continuas, el tamaño de las unidades domesticas encontradas entre la población indígena de Tierra adentro no es muy grande; 5.5 miembros por hogar es el promedio establecido; los altos índices de mortalidad infantil -36% para Tumbichucue- hacen que de 8 hijos en promedio nacidos vivos por madre, solo tres alcanzan la edad adulta. Sin embargo, el ideal de los padres es tener una familia numerosa. Si recordamos las características de su economía y la alta cantidad de energía y fuerza de trabajo que requieren sus actividades productivas, entendemos la gran importancia que le dan a los hijos. Los niños constituyen la razón de ser de la familia y una mujer que no los pueda concebir, es repudiada. Se dice que las personas que mueren sin ellos se van al nevado del Huila y que la mujer célibe se convierte en bruja (Bernal, 1955: 179). Los niños se integran a la producción desde edad muy temprana, su trabajo es altamente valorado y los padres son celosos en el aprendizaje de los oficios que ellos deben desempeñar.

Los hijos crecen bajo la autoridad indiscutible A pesar que la vida reproductiva de la mujer se del padre. A medida que entran en la adolescencia van logrando alguna independencia, que se obtiene finalmente cuando tienen el permiso de casarse, conformar su propia familia y más tarde construir su vivienda y poder tener su parcela.

Las leyes de matrimonio consuetudinario establecen una endogamia étnica; es prohibido casarse con blancos (una regla muy fuerte, aún vigente) lo que se respalda por ser uno de los mandatos de su legendario cacique Juan Tama. De esta manera el hombre escoge su mujer, generalmente dentro de su propia parcialidad, estando prohibido el matrimonio entre primos de primer grado por línea paterna o materna y entre aquellos que lleven su mismo apellido, aunque vivan en diferentes parcialidades. Ocasionalmente se dan matrimonios entre miembros de resguardos lejanos y muy de vez en cuando entre Páez y Guambiano.

Para la selección de la futura mujer, las recomendaciones de las madres son muy tenidas en cuenta, al igual que los consejos de los padrinos y ocasionalmente los del Cabildo. El aguardiente y la chicha, además de un pequeño obsequio de comida son elementos indispensables con los cuales la familia del novio solicita la mano de la novia. Después de una pequeña fiesta con baile y borrachera, los padres del novio regresan a su vivienda trayendo a la muchacha. Aquí, bajo el techo paterno, la joven pareja construirá su propio hogar, acomodándose en algún rincón de la vivienda y separando su fogón individual. Después de un período de compartir la vivienda, que coincide generalmente con el período de "amaño" durante el cual el marido comprueba la laboriosidad de su mujer y especialmente su capacidad reproductora, la joven pareja decide construir su propia habitación.

De esta manera el patrón de residencia Páez es viri-neolocal ya que los nuevos hogares se asientan dentro de la comunidad del esposo, compartiendo inicialmente el mismo techo de los padres de él y posteriormente construyendo una nueva vivienda en tierra cedida por éstos.

La duración del ciclo de las unidades domésticas no es muy larga, se ha calculado que puede durar entre 20 y 30 años, durante los cuales los padres generalmente han muerto y los hijos han constituido sus nuevas familias; este lapso coincide con el tiempo justo para que los perecederos materiales de la vivienda se empiecen a destruir (Ortiz, 1973:55).

Estudios sobre el parentesco Páez, como los de Rappapport, consideran que su terminología se asemeja a la de los sistemas dravídicos, encontrados en la Amazonia colombiana y los cuales establecen diferencias entre los parientes consanguíneos y los afines. Así, en la generación del ego existen dos pares de términos, yaktje y pe'sh que sirven para los hermanos y los primos, según su sexo, y tsu in y suu'wa para los afines. En la primera generación ascendente, sin embargo, se diferencia entre los tíos paternos y maternos. En el sistema Páez, el tío materno lleva el mismo término que el esposo de la tía paterna y el suegro del ego. De manera similar, el tío paterno y el esposo de la tía materna utilizan el mismo concepto.

Entre los Páez no existe el matrimonio preferencial entre los primos cruzados (hija del hermano de la madre con el hijo de la hermana del padre, por ejemplo), a pesar que la terminología de la primera generación ascendente refleja un sistema terminológico basado en este tipo de matrimonio, puesto que ka ka significa a la vez el hermano de la madre y el padre de la esposa, como lo ha descrito la mencionada autora.

Para las segundas generaciones ascendentes y descendentes igualmente rige el sistema dravídico, de manera que en la generación de los abuelos, todos son re', sean mujeres u hombres. Te' significa también chamán o médico y es muy similar a la palabra ta' que significa montaña. Rappapport estima importante esta semejanza, ya que los Páez consideran a las montañas altas como sus ancestros.

Dentro de la cotidianidad, las relaciones sociales de la vida de los Páez se circunscriben por lo general al grupo doméstico. El contacto con personas diferentes es escaso; el patrón de poblamiento disperso, las distancias entre las viviendas y los malos caminos que las unen, no facilitan una vida social activa. De esta manera, las visitas a familiares o amigos se hacen muy ocasionalmente; por ejemplo durante las mingas, las desgracias, los días de "hambruna" y de "abundancia" y obviamente durante las escasas festividades. "Mientras no se den estas ocasiones, el panorama rutinario de la parcialidad solo ofrece la imagen superficial de la atomización doméstica..." (Sevilla, 1983:141).

Por razones geográficas, históricas y culturales, dentro del territorio Páez existe una subdivisión que permite clasificarlo en tres grandes zonas:

- Zona Norte, conformada por los resguardos y comunidades que se ubican a lo largo del río Moras y el alto río Páez (Mosoco, San José, Vitoncó, Lame, Suin, Chinas, Wila, Tóez y Tálaga). Durante la época colonial, todas estas comunidades conformaban el antiguo cacicazgo de Vitoncó, encabezado por Don Juan Tama.

- Zona Sur, conformada por los resguardos y comunidades establecidas a lo largo del bajo río Páez, el Ullucos y las quebradas que confluyen en ellos (Avirama, Ambostá, Calderas, Togoima, Santa Rosa, Cohetando, San Andrés, Ricaurte, Yaquivá, Topa, Inzá, Guanacas, Turminá). Durante la época colonial pertenecían al antiguo cacicazgo de Togoima, al mando de la dinastía de los Gueyomuses.

- Zona Occidental, conformada por los resguardos Páez ubicados en la vertiente occidental de la cordillera Central (Pitayó, Jambaló, Pueblo Nuevo, Caldono, Quichaya, Toribío, Tacueyó). Fueron parte del gran cacicazgo de Pitayó, encabezado también por Don Juan Tama, o por familias relacionadas con él mediante el compadrazgo (Sevilla, 1983:32).

Esta división del territorio Páez en estas tres grandes zonas, además de diferencias geográficas, expresa también una diversidad cultural. Los Páez consideran que pueden distinguir a los habitantes de cada una de estas regiones, no sólo por sus características físicas peculiares, sino por la forma de hablar su propia lengua y aun por la manera de llevar algunos elementos peculiares de su vestimenta. Igualmente, en estas regiones existen mitos y leyendas semejantes, aunque sus héroes y protagonistas tiendan a diferenciarse (Rappapport, 1986).

Además de las desigualdades geográficas y culturales mencionadas, estas regiones se encuentran orientadas económica y socialmente hacia centros diferentes. De esta manera, los resguardos ubicados en la zona sur del territorio, se organizan alrededor de los mercados de Inzá y Belalcázar, y durante las épocas de "hambruna" migran hacia el departamento del Huila en busca de trabajo. Por su parte, los resguardos ubicados al norte y occidente del territorio acuden a los mercados de Silvia y Santander de Quilichao y por lo general salen a "jornalear" en las haciendas ubicadas en la vertiente occidental.

Sin embargo, a pesar de las subdivisiones internas que puedan existir dentro del territorio Páez, el resguardo constituye la unidad política básica de la población. De los 55 resguardos existentes en el Cauca, aproximadamente el 70% de ellos corresponde a resguardos Páez. Se encuentran regidos por la Ley 89 de 1890, que con algunas pequeñas modificaciones, aún se mantiene vigente. Jurídicamente las tierras comprendidas entre los resguardos son de propiedad colectiva de la comunidad que los habita. Cada resguardo tiene títulos que establecen sus límites y legitiman su territorio. Los comuneros se identifican en primera instancia con el nombre de su resguardo y después con el de su etnia. Los indígenas tienen una serie de obligaciones hacia el resguardo que van desde la participación en las obras de interés comunal, hasta el desempeño de los cargos del Cabildo, máxima autoridad del mismo.

Los cabildos son elegidos democráticamente todos los años, tomando los cabildantes posesión formal ante el alcalde municipal y su secretario, de quienes reciben las "varas de mando". "Las fórmulas de entregar las varas, quitar las varas, arrimar las varas... conservan dentro de los indígenas una perenne validez... la vara sigue infundiendo el respeto y temor de antes. La vara es, por así decirlo, la hipótesis de la autoridad, tanto que un varón ilustre sin ella no es tenido en autoridad y un vecino ruin con ella en la mano es acatado y respetado" (Sevilla, 1983:117). Por lo general la vara es hecha de palma de chonta, antiguamente con borlas de lana de colores y empuñadura de plata.

Los cargos existentes en los cabildos Páez son los de gobernador, comisario, alcalde, alguacil y fiscal. Los alguaciles son los funcionarios de más baja jerarquía y quienes están encargados de desplazarse a los rincones más apartados del resguardo y trasmitir las órdenes del cabildo, hacer las citaciones para las reuniones y trasmitir las inquietudes de los comuneros. Los alcaldes, por su parte, tienen por función primordial velar por la integridad de las tierras y evitar la intromisión de extraños. E1 gobernador es quien preside las sesiones del cabildo, organiza los trabajos comunitarios, establece las adjudicaciones de parcelas -cuando la disponibilidad de tierras lo permite- y actúa como intermediario entre la comunidad y las autoridades nacionales. Igualmente es el encargado de establecer el castigo a aquellos comuneros que han infringido las leyes consuetudinarias, castigo que hasta hace unos años incluía la prisión, los azotes y el cepo.

Como una autoridad paralela al Cabildo, existe el capitán, cargo de carácter generalmente hereditario y denominado en algunos resguardos como "cacique" y el cual posiblemente constituye una supervivencia de las antiguas estructuras políticas de la comunidad. Existen otros cargos como el de síndico y secretario, cuya pertenencia formal a los cabildos no ha sido estudiada, pero que política y administrativamente desempeñan un papel importante dentro de la vida de los resguardos.

A1 igual que entre los Guambianos, servir en el Cabildo es una obligación moral que no puede ser eludida por ningún comunero seleccionado. Se considera que todos los hombres adultos deben cumplir con esta función. "El no ha sido todavía cabildante" es una frase frecuente para justificar la postulación de alguien al Cabildo. El servicio de cabildante es gratuito y "...los cálculos hechos en relación con el Cabildo de 1975 (en Tumbichucue) permiten deducir que un gobernador eficiente dedica a sus funciones oficiales por lo menos el 50% de su tiempo laborable. El tiempo requerido por los otros funcionarios no es tan alto... la obsequiosidad y respeto con que las gentes rodean a los cabildantes pueden tener un buen motivo en la consideración del sacrificio que para un jefe de hogar significa el servicio. Los cabildantes son bien atendidos, inclusive con chicha y comidita dondequiera que van...no puede pensarse que estos cuidos sirvan para proveer el sustento de los hogares respectivos y a compensar por el tiempo productivo que se distrae en beneficio común" (Sevilla, 1983:123).

A diferencia de los cabildantes Guambianos, los Páez no tienen que ser casados y los jóvenes tienen acceso a los cargos de menor importancia, donde van adquiriendo la experiencia necesaria para desempeñar posteriormente las funciones de mayor responsabilidad. La buena conducta personal, el don de mando, la capacidad para relacionarse con sus semejantes, la justicia en las decisiones, etc., son algunas de las cualidades que deben tener los cabildantes, especialmente el gobernador.

En algunos resguardos existe un "grupo de ancianos", conformado por los mayores, quienes ya han sido gobernadores. Este es grupo informal, que dada la experiencia de sus miembros, ejerce su autoridad cuando un gobernador o un cabildante no actúa de la manera establecida.

Dentro de la estructura política de la comunidad se debe mencionar también a los chamanes, líderes comunitarios que supervisan la relación de los indígenas con el mundo sobrenatural y a quienes frecuentemente acuden los indígenas para solucionar situaciones difíciles, ante las cuales los miembros del Cabildo poco pueden hacer.

Por encima de los resguardos y sus cabildos, se encuentran varias organizaciones de carácter pan-indígena, las cuales intentan crear cuerpos representativos de los cabildos de la zona, valga citar el caso de los Solidarios y el CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca).

Sistema de representaciones

Después de casi cuatro siglos de labor misionera entre los Páez, se esconde todo un conjunto de símbolos y creencias que estructuran su particular visión del mundo, sintetizando su experiencia histórica e invadiendo el quehacer político, económico y social de la comunidad.

Dentro de su cosmogonía, K'pish, el Trueno, es indudablemente quien ocupa el lugar más privilegiado. Kpish es una deidad dinámica y omnipresente, que se manifiesta a través de diversas formas, emisarios y circunstancias, y cuyos poderes aún los hacen estremecer. Habita en el fondo de las lagunas que existen entre la niebla de los páramos cordilleranos, escenario tradicional de la actividad ritual dentro de la cultura Páez.

Guequián es posiblemente el emisario precolombino de Kpish, y hace su aparición en época anterior a la Conquista, con el poder de convertir en piedra a todos aquellos que no obedecen sus enseñanzas; desterrado por una deidad superior, se va hacia el mar, dejándoles a los indígenas su religión (Eugenio del Castillo y Orosco, 1977:52-53).

Durante la época colonial dos movimientos de naturaleza mesiánica se desarrollan en Tierradentro. E1 primer caso conocido se remonta al año de 1706, cuando Francisco Undachi, un indígena de San Andrés, decide construir una capilla en el Alto de la Montaña de las Cuevas, arguyendo que Dios se le había presentado en forma de un sacerdote católico y le había pedido enseñar a rezar a los indígenas. En la capilla se celebraban ritos bajo la forma católica y se excluía a todas aquellas personas que no fueran indígenas. Undachi pregona la destrucción del mundo, como un cataclismo inevitable.

Otro movimiento similar se desarrolla en Suin hacia el año de 1833, cuando al anciano indígena Pedro Chuvis, mientras trabajabá en su roza, se le aparece un extraño individuo, vestido de pieles negras y quien baja del cielo acompañado de un estremecedor ruido. Se identifica como un "ángel" y dice venir a enseñar a los Páez las "buenas doctrinas". Ordena destruir las imágenes y la cruz que existían en la iglesia. En los nichos ahora desocupados, se introducen una adolescente que reemplaza a la virgen y dos jóvenes que suplantan a santos cristianos. Tanto este movimiento como el anterior, fueron acabados violentamente por las autoridades.

Estos movimientos mesiánicos han sido analizados por Rappapport ( 1981 ), quien ha señalado cómo los Páez, si bien utilizan algunos símbolos cristianos, se estructuran dentro de un marco cultural andino, y cómo posiblemente la introducción del cristianismo lo que hizo fue ayudar a traer a luz los temas centrales del mesianismo andino. Igualmente la autora muestra cómo el mesianismo no es simplemente una actividad, sino una mentalidad que siempre se encuentra presente dentro de la cultura Páez.

En el pensamiento moderno de estos indígenas, dos figuras aparecen como emisarios divinos: uno es un personaje indígena, Tama o Lliban, el hijo del Trueno y el otro es un personaje cristiano, Santo Tomás (Rappapport, 1981:388). Santo Tomás es hermano de la virgen María y tiene un gemelo llamado Pedro Dímales (Bernal, 1953).

El generalizado mito de Tama - Lliban es lo suficientemente explícito en cuanto a su contenido mesiánico. Lliban o Juan Tama es el hijo del Trueno o de las Estrellas; sacado de las aguas de una quebrada por los chamanes, el niño es entregado a unas doncellas para que con su sangre lo amamanten, pero él es tan fuerte que ellas al poco tiempo mueren. Con la ayuda de los chamanes se convierte en un importante líder, el gran cacique, y defiende a su pueblo contra los invasores, sean los Pijao, Guambianos o españoles. A los dos primeros los enfrenta con la violencia, mediante el uso de la boleadora dada por el mismo K'pish, mientras que a los españoles los enfrenta a través de la ley: crea resguardos y delimita el territorio Páez. Posteriormente desaparece en las profundas aguas de una laguna paramuna, dejándoles por herencia un testamento político tendiente a la defensa de su territorio y cultura y todo un acervo de conocimientos médicos a los chamanes, y lo que es más importante, la promesa de su regreso cuando los Páez lo considerasen necesario. "Yo me iré a vivir a una laguna, yo no muero jamás" (Bernal, 1953:236).

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Los diseños de los chumbes y el fino tejido de las jigras de lana destinadas a guardar las hojas de coca, expresan la delicada estética y laboriosidad de la cultura material Páez. El Bastón de Mando es símbolo de su autoridad y el sombrero de paja característico de esta cultura.

El relato anterior nos manifiesta además del aspecto mesiánico, otro hecho importante dentro de la mentalidad y la vida de los Páez ya que nos ilustra cómo el chamanismo y la actividad política se encuentran íntimamente relacionados. Para ellos, los caciques necesitan de los chamanes para que los saquen de las aguas y los conviertan en seres humanos; los chamanes, por su parte, le deben todo el acervo de sus conocimientos a Juan Tama, el gran cacique de los Páez. Juan Tama es el modelo Páez de hombre político y benefactor de la comunidad, a quien imploran los cabildantes les ayude a ejercer dignamente la función de conducir los destinos de su comunidad. Pero Juan Tama es también el gran modelo de los chamanes, es la forma antropomorfa que adquiere el hijo del Trueno. De esta manera los curanderos Páez, a diferencia de los Guambianos, donde la actividad política y chamánica se encuentra más diferenciada, escogen su profesión por el llamado que directa o indirectamente les haga Juan Tama. En algunas oportunidades, Juan Tama, encarnación humana del hijo de K'pish, se le aparece al escogido. En estas ocasiones asume la apariencia de un anciano de pequeña estatura, ocasionalmente con genitales exagerados, un gran sombrero verde y casi siempre con una o dos bolsas para coca alrededor del cuello (símbolo éste del dominio del quehacer curativo). De esta manera, Juan Tama es considerado como el amo de todos los practicantes de magia y un defensor de la tradición. Para los chamanes, él es gran maestro de las plantas medicinales, del manejo de los espíritus y de la manipulación del "flujo de señas de los individuos", base de adivinación de la medicina Páez (Henman, 1978).

A los chamanes se acude ante la presencia de cualquier tipo de anomalía: malas cosechas, plagas en los animales, dolencias de las personas, etc. Se recuerda cómo en épocas muy críticas durante la "violencia", fue a ellos a quienes se recurrió en busca de ayuda. En la época actual muchas veces la respuesta afirmativa de este especialista, es la que determina si se pueden hacer tomas de tierra o cualquier otra actividad de tipo político.

Hoy en día se considera que, aunque las prácticas chamánicas y la institución del chamán siguen teniendo una vigencia muy fuerte dentro de la cultura Páez, los chamanes son en general menos hábiles que los que existían antiguamente, que sí tuvieron un auténtico llamado de Kpish. Esta ausencia de verdaderos chamanes, ha impedido que surjan otra vez en Tierradentro caciques como los antiguos, ya que solo los chamanes experimentados se encontraban en capacidad de verlos, sacarlos de las aguas y poderlos criar para que dirigieran sabiamente a su pueblo.

Cambio cultural

Sobre las características de la cultura de los Páez a la llegada de los españoles es muy poco lo que sabemos, excepto que cultivaban maíz, coca y yuca, y que su poblamiento era disperso. Cálculos demográficos sobre la población de Tierradentro al arribo de los españoles, consideran que debió ascender a unas 10.000 personas (Sevilla, 1976a). Habitaban una zona en las inmediaciones de La Plata y otra en las partes bajas de Tierradentro, donde compartían el territorio junto con los Pijao, Guambianos y Guanaca, con quienes se relacionaban a través de alianzas militares e intercambio económico. La colaboración de los Guambianos con los españoles para entrar a conquistar Tierradentro, ha sugerido la hipótesis de una larga relación hostil entre estas dos etnias, mientras que las frecuentes alianzas guerreras documentadas por los cronistas, entre los Páez y los Yalcón y sobre todo entre los Páez y los Pijao, se ha tomado como elemento de apoyo a la hipótesis sobre su origen Karib.

Políticamente, en su territorio existían tres grandes caciques: Avirama, Páez y Suin, quienes dirigían a otros líderes de menor importancia. Fueron estos jefes militares quienes enfrentaron a los españoles. El hecho que estos caciques no aparezcan en la crónicas históricas realizadas en tiempo de paz, ha llevado a Rappapport a sugerir que estos líderes debieron tener un poder político restringido exclusivamente a los tiempos de guerra.

Ante la Llegada de los europeos, los Páez resistieron con fiereza a la conquista e implantación de su dominio, haciendo que su imagen de indio guerrero e indómito persistiera hasta nuestros días. Vanos fueron los múltiples intentos de los conquistadores por penetrar en su territorio, y su invencibilidad por las armas fue la razón para que se acudiera a los misioneros con el fin de conquistar sus almas. A los jesuitas, enviados por Don Juan de Borja, se encomendó en 1613 la labor de su apaciguamiento. Los primeros resultados se obtuvieron hacia el año de 1640, cuando, a pesar que se declaraba aún la existencia de "indios de mala paz", se inicia la dominación española, e instituciones coloniales como la encomienda, la mita y la doctrina empiezan a florecer en el territorio de Tierradentro. Una década más tarde, aunque se reconocía que "ahora se entra y sale de su nación", los logros obtenidos seguían dejando mucho que desear a los misioneros, quienes afirmaban que aunque los indígenas ya estaban pacificados, "todavía no están reducidos a doctrina" (Sevilla, 1983: 30).

Si bien en los primeros años de contacto, la guerra y las enfermedades ya habían diezmado a este grupo étnico, en esta nueva época la encomienda y la mita continuaron la labor devastadora. Las excesivas exigencias tributarias explican las migraciones de indígenas Páez que huían a lugares lejanos, mientras que otros fueron sacados masivamente de Tierradentro para la construcción de la vieja ciudad de Popayán y como fuerza de trabajo en las haciendas colindantes. De igual manera, Tierradentro parece haber sido una región de refugio a donde llegaron indígenas pertenecientes a otras etnias como Yalcón, Pijao, Andakí, Tama, etc., quienes huyendo igualmente de sus encomenderos y de las nuevas condiciones que la Colonia les había impuesto, inician lentamente con los indígenas de Tierradentro un proceso de unificación cultural y política, conformando las bases del actual idioma y nacionalidad Páez.

La difusión de algunas herramientas y utensilios de metal, del caballo, la oveja y otros animales domésticos traídos por los europeos, al igual que el cultivo de nuevas especies como trigo (Bonilla, 1982:13), indudablemente contribuyeron así fuera en pequeña escala, a la transformación de lo que fuera la antigua comunidad.

A principios del siglo XVIII la lengua española parece haber logrado permear ciertas capas de la población aborigen y para esa época surgen los caciques coloniales o caciques nuevos, caracterizados por buscar alternativas novedosas ante su falta de autonomía frente a los invasores. El cacicazgo y el resguardo son las instituciones que permiten alcanzar esta meta (Findji y Rojas, 1985). Don Juan Tama, el cacique de Vitoncó, los caciques Guayamuses de la región de Togoima, al igual que el cacique Quilo y Sicos de los pueblos de Toribío, Tacueyó y San Francisco, emprenden la tarea de la delimitación espacial de sus territorios. Tama, Quilo y Sicos viajan a Quito, directamente ante las autoridades reales, para que les reconozcan sus territorios y les otorguen títulos escritos, buscando además legitimar su poder político como "caciques principales". Las referencias míticas e históricas igualmente se utilizan para legitimar la autoridad de estos caciques y el origen sagrado de los títulos de sus tierras.

Años más tarde, el desmembramiento del gran Estado del Cauca, con la consecuente pérdida de las minas de oro y de las fértiles tierras de Nariño y del Valle, determina un proceso de ruralización dentro de la elite caucana que acrecienta la explotación de la población campesina e indígena del territorio. Las haciendas se expanden a costa de los resguardos y se consolida el "terraje"; quedan grandes masas de indios desposeídos y con la obligación de pagar un determinado número de días de trabajo en la hacienda del nuevo patrón, por el derecho a vivir y usufructuar un pequeño pedazo de tierra que antes le pertenecía a su comunidad.

En este contexto surge en la segunda década de este siglo, el movimiento de insurgencia encabezado por Manuel Quintín Lame Chantre, el indio terrajero de Polindará, quien junto con José Gonzalo Sánchez, indígena de Totoró, conformaron un movimiento denominado La Quintianada que involucró a terrajeros y cabildos indígenas Páez, Guambianos y Coconuco, extendiéndose posteriormente a los indígenas del Huila y del Tolima. Como banderas de lucha el movimiento planteaba: a. la defensa de las parcialidades y el rechazo a las leyes de extinción de los resguardos; b. la negativa a pagar terraje o cumplir con obligaciones personales; c. la afirmación de los cabildos como centros de autoridad; d. recuperación de las tierras usurpadas por los terratenientes y "desconocimiento de todos los títulos que no se basen en cédulas reales", y e. condena y rechazo de la discriminación racial a que están sometidos los indios colombianos.

Si bien la violencia oficial no permitió que el movimiento de Lame Chantre lograra sobrepasar el año de 1920, sus ideas y reivindicaciones sí le sobrevivieron y la lucha de los Páez contra el terraje, la explotación, y la reivindicación de sus resguardos, cabildos y cultura se ha mantenido desde entonces y bajo diversas formas en todo el territorio. Bástenos citar aquí el caso del CRIC -Consejo Regional Indígena del Cauca-, organización surgida en el año 1971 y que recogiendo y depurando las experiencias políticas y las reivindicaciones de Manuel Quintín Lame y su movimiento, busca recuperar la autonomía política, económica y cultural de los indígenas. De esta manera el no pago del terraje, la recuperación de tierras de los resguardos, el fortalecimiento de los cabildos, la defensa de su historia, su lengua y costumbres figuran entre las amplias metas propuestas por esta organización. Hoy día, después de 15 años de trabajo, sus objetivos apuntan, además, hacia la solución de problemas más específicos, como el impulso y fortalecimiento de las organizaciones económicas comunitarias, la conservación ecológica de los resguardos y la creación de programas de producción en las tierras recuperadas.

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