Introducción a la Colombia Amerindia
Instituto colombiano de antropología
© Derechos Reservados de Autor


tira.jpg (30257 bytes)

Indígenas del Alto Putumayo-Caqueta Margarita Chaves Ch. / Juan José Vieco A.
Ubicación Geográfica

map54.jpg (20389 bytes)

La subregión del alto Caquetá-Putumayo está situada en la vertiente amazónica, que administrativamente pertenece al departamento del Caquetá y la intendencia del Putumayo. Abarca el piedemonte y parte de la llanura amazónica, comprendida entre éste y la desembocadura del río Caguán en el Caquetá.

La zona de piedemonte está constituida por una serie de terrazas, serranías y terrenos levemente elevados, que forman un cinturón al pie de la cordillera, con elevaciones que van de los 400 a los 1.000 metros sobre el nivel del mar; atraviesan la zona los ríos Guamuez y San Miguel, afluentes del Putumayo, y el Orteguaza, afluente del Caquetá, que luego desciende a la planicie amazónica con una elevación promedio de 250 metros sobre el nivel del mar. En general los ríos son de "aguas blancas" ricos en pesca; nacen en la cordillera y desembocan en el Amazonas.

El clima es propio de la Amazonia colombiana: clima ecuatorial, siempre húmedo, sin estación seca definida (Af), temperatura uniforme (26 grados C promedio), lluviosidad constante durante todo el año (3.000 mm anuales), con dos intervalos entre enero-febrero y junio-julio y una alta humedad relativa que supera el 60%.

El piedemonte presenta alta lluviosidad, especialmente la frontera del alto Putumayo es muy lluviosa, con precipitaciones que van de los 4.000 a los 5.000 mm (en algunas zonas), constituyéndose en una de las regiones más húmedas de toda la Panamazonia.

La cercanía a la cordillera hace que los suelos de esta región presenten características de fertilidad superiores a los del resto de la Amazonia colombiana, por la cantidad de materiales aluviales que reciben, con el desborde de los ríos, haciéndolos relativamente favorables para el desarrollo de la agricultura. Por esto se puede afirmar que, no obstante la dureza del clima y lo frecuente de las inundaciones, esta región tiene el mayor potencial colonizador de toda la Amazonia colombiana, pues posee los mejores suelos y una gran área de expansión hacia el oriente, especialmente en el Putumayo.

Por la dinámica de las relaciones sociales, el alto Caquetá-Putumayo representa en el contexto de la Amazonia colombiana, la zona más antigua de colonización; la de mayor intensidad en el contacto interétnico entre los grupos indígenas que aquí han habitado tradicionalmente y los representantes de la sociedad nacional, que en el transcurso de cuatro siglos han intentado el dominio de estos territorios. Este contacto casi ininterrumpido modificó profundamente la estructura económica, social, cultural y demográfica de los grupos indígenas en cuestión, e inclusive su distribución geográfica.

Población

Actualmente, en la región encontramos indígenas Siona, Coreguaje, Tama y Macaguaje, pertenecientes a la familia lingüística Tukano Occidental (los dos últimos con una mínima representación de individuos), Kofán de filiación lingüística aún no definida, e Inga de habla Quechua, cuya mayoría habita en el Valle de Sibundoy.

Los Siona habitan en el resguardo de Buenavista, localizado en la banda izquierda del río Putumayo, a 45 km en línea recta de Puerto Asís. Como consecuencia del impulso que recibió la colonización en el Putumayo a partir de 1960, los asentamientos de Orito Pungo, Nueva Granada y Piñuña Blanco quedaron reducidos a muy pocas familias. La población Siona actual se calcula en 330 individuos; de los cuales 180 viven en el resguardo y 150 repartidos en los asentamientos antes mencionados, y dispersos a orillas del río Putumayo. La población menor de 20 años desconoce por completo la lengua nativa, por lo cual el uso del castellano se ha generalizado en todas las situaciones de la cotidianidad indígena.

Los Coreguaje y los Tama ocupaban inicialmente el territorio bañado por el río Caguán y sus afluentes. A comienzos del presente siglo migraron hacia el Orteguaza, huyendo de los caucheros que dominaban y explotaban a las comunidades indígenas de la zona. Hoy su población, la más numerosa entre los Tukano Occidental (Coreguaje principalmente), se encuentra repartida en 14 asentamientos a lo largo dé los ríos Orteguaza, Peneya y Caquetá, y en el curso de varias quebradas afluentes de los mismos.

En 14 asentamientos viven 1.200 indígenas que integran 177 familias. Unicamente los poblados localizados a orillas del Orteguaza y del Peneya cuentan con reservas territoriales. Entre los Coreguaje el idioma indígena no ha perdido su funcionalidad, y aún hoy los niños aprenden a hablarlo antes que el castellano. El idioma Tama tiende a homogeneizarse con el Coreguaje, ya que los Tama, como grupo minoritario dentro de estos asentamientos, recibe una fuerte influencia de aquéllos. 

Grupos étnicos, region alto Caquetá-Putumayo / Filiación lingüística, asentamientos y número de habitantes.

Grupo Familia lingüística Asentamiento Localización No. habitantes Total
Siona Tukano occidental Buenavista Río Putumayo 180  
Piñuña Blanco Río Putumayo 55
Nueva Granada Río Putumayo 15
Orito Pungo Orito, Putumayo 20
    Dispersos   80 350
       

N° familias

 
Coreguaje Tukano Occidental Getuchá Río Orteguaza 9  
Maticurú Río Orteguaza 25
Jácomo Río Orteguaza 12
Agua Negra Río Orteguaza 12
Herichá Río Orteguaza 8
San Luis Río Orteguaza 30
Diamante Río Orteguaza 9
Cansayá Río Caquetá 8
Coreguaje-Tama Tukano Occidental Cuerazo Río Peneya 10  
Chamurrio Río Peneya 9
Puerto Naranjo Río Peneya 9
Peñas Rojas Río Peneya 12
Coreguaje-Karijona   Gorgonia Quebrada Nutrias 12  
Nutrias Quebrada Nutrias 8
        total familias 177 = 1.200
Macaguaje Tukano Occidental Peñas Blancas Depto. Caquetá 9 50
Dispersos a lo largo del Putumayo --
Kofán Sin clasificar Santa Rosa de Sucumbíos Río S. Miguel 103  
Yarinal-Afiladores Río S. Miguel 348
Santa Rosa del Guamuez Río Guamuez 135
Luzón Río Guamuez 15
Vereda el Ají Río Churuyaco 50
          651
Total         2.251

Los Macaguaje son entre los Tukano Occidental los que han sufrido mayor merma demográfica, tanto que se puede afirmar que este grupo está en vía de extinción. Hoy solo se tienen noticias de algunas familias que viven dispersas a lo largo del río Putumayo, entre Puerto Ospina y E1 Hacha, y en el sitio denominado Peñas Blancas en el Caquetá, donde habitan nueve familias.

El hábitat tradicional de los Kofán ha sido durante largo tiempo la zona fronteriza entre Colombia y Ecuador, en el Putumayo, que hoy se ha constituido en uno de los principales frentes de mayor colonización en dicha intendencia. Su población, estimada en 650 individuos, se asienta repartida en cuatro reservas: la de Santa Rosa de Sucumbíos, localizada a orillas del río San Miguel, aguas abajo de Puerto Colón; la de Santa Rosa del Guamuez, cercana al pueblo de San Antonio del Guamuez y la de Luzón, donde el río Luzón desemboca en el Guamuez. En la zona aledaña a la reserva de Santa Rosa de Sucumbíos se encuentra la vereda El Ají, donde conviven varias familias Kofán con algunos colonos, quienes conjuntamente han iniciado un proceso de revitalización de las prácticas chamánicas Kofán. Los habitantes de esta vereda se benefician de los terrenos de la reserva de Santa Rosa para llevar a cabo sus actividades económicas. Todos los Kofán son bilingües; utilizan el castellano en sus relaciones con los colonos y la lengua indígena en la cotidianidad doméstica.

El patrón de poblamiento en la mayoría de los asentamientos de estos grupos es disperso en el área, o a lo largo de los ríos y quebradas; las casas están distantes unas de otras, de 100 a 300 metros. Solo algunos poblados Coreguaje presentan centros nucleados de vivienda. El patrón de arquitectura de las casas es muy similar al de los colonos de la región; se construyen sobre pilotes de metro y medio de altura, las paredes son de guadua y el piso de chonta o madera aserrada; los techos son generalmente de palma (Huasepanga o lraca), aunque cada vez es más común encontrarlos de teja asfáltica o de zinc. El espacio interior de ellas se distribuye en tres habitaciones: vestíbulo, dormitorio y cocina. El terreno alrededor de la casa se mantiene limpio de vegetación silvestre y en la mayoría de los casos se prefiere sembrar árboles frutales.

Sistema de producción

La principal característica de la tenencia de la tierra entre los Siona, Kofán y Coreguaje, es su propiedad comunal e inalienable, en virtud de la legislación estatal sobre reservas y resguardos indígenas. No obstante, la propiedad de las tierras cultivadas descansa en el principio de su posesión por usufructo. Generalmente cada familia posee de seis a doce hectáreas de tierra, unas en producción y otras en descanso. Estas se consideran propiedad de la familia que las usufructúa y el derecho de acceso a ellas se hereda de padre a hijo. Por el contrario, el territorio virgen que constituye los cotos de caza y pesca se considera propiedad comunal.

Tradicionalmente sus prácticas económicas giraban en torno a la horticultura de subsistencia basada en el sistema de tumba y quema; la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres. Sin embargo, la expansión de la colonización en esta región llevó a los indígenas a integrarse en la red de mercado regional y a asimilar formas de trabajo, comercio y explotación de los recursos naturales de sus vecinos colonos, tales como agricultura comercial, crianza de animales domésticos, explotación de la madera y fabricación de artesanías, actividades encaminadas a la consecución de dinero para comprar los productos manufacturados que han entrado a ser indispensables en esta nueva situación, como lo son las herramientas de acero, escopetas, vestidos, linternas, radios, alimentos y otros.

La principal actividad del proceso productivo en las tres comunidades es la agricultura, pero se establece una diferenciación entre la agricultura de autoconsumo y la comercial, que no solo se refiere al destino final que se le da al producto, sino también al producto sembrado, al tipo de cooperación, la división del trabajo por sexos y la cantidad de trabajo invertido.

En la agricultura de autoconsumo, los productos se destinan a satisfacer las necesidades de alimento de las familias indígenas. Las chagras o campos de cultivo se localizan cerca de las casas y su tamaño varía de acuerdo con el número de consumidores al interior de cada familia; las hay de tan solo media hectárea hasta de dos hectáreas. Su principal característica es la variedad de productos que en ellas se cultivan, siendo los más importantes la yuca dulce y el plátano, ambos de período anual, acompañados de numerosos frutales, condimentos y plantas medicinales. En esta región la yuca dulce desplazó completamente la variedad amarga. A1 hombre le corresponde escoger el lugar de la chagra y la preparación del terreno (tumba y socola). La mujer se encarga de la siembra, del cuidado y recolección de los productos. Generalmente se realizan una siembra y dos resiembras en el mismo terreno (tres años), al final de las cuales se abandona la chagra al reciclaje del bosque, persistiendo únicamente los frutales que poseen ciclos vegetativos de varios años.

En la agricultura comercial los productos se destinan al mercado regional. Esta se ha constituido en el centro de la actividad económica pues de su éxito depende que la familia pueda obtener el dinero necesario para llenar los requisitos de su reproducción en las actuales condiciones. Los cultivos de la chagra comercial son fundamentalmente de maíz y arroz. Las chagras se localizan preferencialmente en las partes de vega por ser los terrenos más fértiles; su extensión varía entre las tres y seis hectáreas y su permanencia en el mismo sitio es hasta de ocho años o más. Por lo general se realizan dos siembras al año. La primera y principal se inicia en el veranillo de mitad de año con la preparación del terreno (tumba y quema); en agosto, cuando se inician las lluvias, se efectúa la siembra; en los meses siguientes, de septiembre a octubre, se llevan a cabo las labores de cuidado y deshierbe, de tal manera que la época de cosecha viene a coincidir con la época seca de fin de año, necesaria para la maduración total del producto. La segunda siembra se inicia en enero o febrero, para cosechar en mayo. Sin embargo, la inestabilidad de las lluvias en este período del año (escasez de lluvia en los días que siguen a la siembra por prolongación del verano, o abundancia para la época de cosecha por la prolongación del invierno) aumenta los riesgos de pérdida de esta segunda siembra. Todas las labores que demandan los cultivos comerciales corren bajo la responsabilidad del hombre, por lo cual es frecuente la asociación padre e hijo, o de dos hermanos, en dicha empresa. Entre los Siona y los Kofán es usual el empleo de jornaleros agrícolas que pueden ser jóvenes indígenas o colonos vecinos. La principal dificultad que enfrentan los productores indígenas en esta actividad es el mercadeo del producto y el elevado costo del transporte hasta el mercado regional, que solo les deja un mínimo margen de ganancia.

Los instrumentos de trabajo utilizados para las labores de agricultura son: hacha, con la que se derriban los árboles de mayor tamaño en la fase de tumba del bosque; machete, utilizado para el deshierbe de los cultivos, y macana o palo grueso de madera dura y pesada con el que se horada la tierra para depositar la semilla. La propiedad de éstos, así como de los utilizados en las demás actividades, es individual.

Las actividades de caza, pesca y recolección han disminuido considerablemente en los últimos tiempos pues el avance de la colonización, la tumba de la selva, la agricultura intensiva, el establecimiento de pastos para ganadería, la pesca con dinamita y con redes, etc., han ocasionado un cambio en la ecología de la zona que torna cada vez más difícil e inciertas estas actividades. Sin embargo, su importancia como principal fuente de proteínas de la dieta alimenticia hace que todavía se practiquen con cierta regularidad.

La caza es una actividad exclusivamente masculina y puede realizarse individual o colectivamente, por vía terrestre o en canoa por los ríos menores. También puede ser diurna o nocturna según los hábitos de la presa buscada. La escopeta ha reemplazado por completo a la cerbatana y los dardos de curare, y el uso de trampas está desapareciendo. La incertidumbre sobre el éxito de esta actividad ha conducido al incremento de la crianza de especies menores como gallinas, patos, cuyes y cerdos.

La riqueza ictiológica de los ríos en esta área hace que el producto de la pesca sea el complemento más regular en la dieta indígena y una de las actividades diarias de los hombres, sin ser una actividad exclusiva de ellos. A1 igual que la cacería, puede ser desarrollada por un solo individuo o un grupo de dos o más personas. El indígena se rige por los ciclos del río, llena y estiaje, y de acuerdo con ellas selecciona la época de pesca, la técnica más adecuada, la carnada, la hora del día y el lugar más apropiado para esta actividad. Así, en los meses de verano, cuando las aguas llegan a su mínimo nivel, es más abundante y variada, y correlativamente mayores las técnicas desarrolladas. Se practica la pesca con nylon y anzuelo, con trampa, con atarraya y con barbasco:

La crianza de especies menores, la explotación maderera y la fabricación de artesanías tienen como finalidad obtener ingresos suplementarios en las épocas en que no hay cosechas.

La dieta alimenticia, inmersa como todos los componentes de la cultura en los procesos de cambio, ocasionados por la colonización y el contacto, ha variado considerablemente en los últimos años. Del régimen alimenticio tradicional basado en el consumo de los productos de la chagra hortícola, yuca dulce y plátano principalmente, procesados por medio de técnicas especiales de deshidratación para su conservación en condiciones ambientales de alta temperatura y humedad atmosférica, y complementado con los productos de la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres, se pasó a un régimen caracterizado por la asimilación de las pautas alimenticias del colono, que incluye en la dieta regular productos tales como arroz, aceites destilados, azúcar, panela, café, chocolate, pastas y otros; ello se traduce en una mayor dependencia del mercado y un deterioro de la nutrición. Asimismo, la introducción de recipientes de aluminio y plástico suplantó los procesos de elaboración de utensilios de cocina tradicional como cerámica y cestería.

El grupo doméstico conforma la célula básica del proceso productivo, pues suministra la mano de obra que requiere la producción de subsistencia y en su interior se efectúa la distribución y el consumo. Sin embargo, cuando la calidad y la cantidad del trabajo que se va a realizar necesita de una cantidad de fuerza de trabajo adulta (personas mayores de 25 años) superior a la que puede brindar el grupo doméstico, entra a funcionar la cooperación interdoméstica bajo el sistema de minga, e implica la reciprocidad laboral de los participantes. Las mingas pueden ser convocadas por un individuo en particular, para tareas tales como tumbar un pedazo de selva, construir una casa, recoger una cosecha o sacar al río una canoa recién hecha. 'También pueden ser convocadas por el gobernador de la comunidad para trabajos tales como la construcción o mantenimiento de trochas, construcción o reparación de las instalaciones de la escuela y mantenimiento de las canchas de deporte. Por lo general estas mingas comunitarias terminan en una fiesta que desliga a los participantes de la obligación de devolver trabajo por trabajo.

Organización social

La organización social de estas comunidades está orientada de acuerdo con ciertos principios estructurales, que definen las relaciones de los individuos entre sí, para llevar a cabo la reproducción social del grupo -filiación, alianza y residencia- y que se relacionan e interactúan con el sistema de producción material.

Entre los Siona y los Coreguaje los grupos de descendencia -linajes y familias nucleares se rigen por el principio de filiación patrilineal. Sus miembros se consideran hermanos entre sí y existe la prohibición de casarse dentro del grupo de filiación; son exógamos.

El linaje es un grupo de parientes agnados, descendientes de un antepasado común que les da su nombre distintivo, y cuyos vínculos con éste son demostrables genealógicamente. La profundidad genealógica del linaje es de por lo menos tres generaciones y en este sentido se podría equiparar con la familia extensa. La formación del linaje sucedía, generalmente, por la segmentación de grupos mayores tales como el clan, unidad donde la filiación es más putativa que demostrable. Su importancia dentro de la estructura social se deriva de su capacidad para regular los derechos y obligaciones del individuo, al asignarle un lugar en la comunidad, que depende en gran medida de sus lazos genealógicos con otros miembros. Es por medio de estos lazos que el individuo adquiere el derecho al usufructo de la tierra, a recibir ayuda de sus parientes agnados para la conformación de grupos comunales de trabajo y a la transmisión de derechos sobre la propiedad, inclusive de objetos intangibles como el nombre. Los nombres de los linajes entre los Siona y los Coreguaje se componen de dos morfemas: la terminación guaje o wahuque significa "gente", antecedida del nombre de un animal, una planta o una característica física; por ejemplo: Yaiguaje "gente del tigre", Piaguaje "gente del ají", Payoguaje "gente de cara grasosa".

Entre los Kofán el principio de filiación es bilateral y si bien algunos indígenas remarcan su descendencia por línea paterna, actualmente tienden a agruparse en familias extensas que incluyen parientes maternos y paternos.

En los tres grupos -Siona, Coreguaje y Kofán- la familia nuclear constituye la célula básica de su organización social, pues además de ser la unidad básica de producción y consumo, tiene a su cargo la socialización de los niños y su progresiva inclusión como miembros de la comunidad. La familia nuclear está compuesta por un hombre, su cónyuge y sus hijos célibes. La organización interior parte de la complementariedad de las tareas realizadas por los cónyuges y la ayuda de los hijos de acuerdo con la edad. A pesar de la manera como actualmente se organiza el proceso económico en las tres 'comunidades, se tiende cada vez más al individualismo del grupo doméstico; los lazos de sangre que los unen a las familias extensas o a los linajes son aún fundamentales, pues está visto que la familia nuclear aislada difícilmente puede constituirse en un grupo autónomo de trabajo.

El patrón de matrimonio prescriptivo denotado por la terminología de parentesco Siona y Coreguaje, en el cual dos unidades exogámicas establecían el intercambio de hermanas, ha desaparecido debido a la gran reducción de la población y a la cotidiana relación con el colono que influye en que los sexos tengan gran movilidad para la escogencia de su pareja. La única norma que se respeta es la exogamia matrimonial de los linajes, siendo cada día más frecuentes los matrimonios con colonos. Entre los Kofán la elección de cónyuge solo cumple la regla de exogamia a partir de la exclusión de los primos hermanos bilaterales.

Entre los Siona y los Coreguaje la regla de residencia matrimonial está en concordancia con el principio de filiación. Esta establece que los varones del grupo permanezcan en él, y las mujeres en período posmatrimonial vivan en casa del varón; son patrivirilocales. La regla significa el traslado de la mujer al sector territorial asociado a la familia de su esposo. Entre los Kofán no existe una regla fija; puede ser patrilocal o neolocal. Por lo general, en los tres grupos, el matrimonio con colonos implica para la mujer el abandono de la comunidad.

La mujer se considera apta para contraer matrimonio a la edad de 18 años, y el hombre a los 20. Cuando la joven pareja decide casarse avisa a sus padres quienes preparan una reunión, donde el gobernador o el capitán de la comunidad realiza una ceremonia de matrimonio a imagen de las efectuadas por los sacerdotes, quedando formalizada la unión, hasta que se pueda llevar a cabo la ceremonia católica.

El embarazo de la mujer transcurre normalmente hasta el séptimo mes, cuando se suspenden las labores más pesadas. La mujer da a luz en su casa ayudada por su madre o algunas de sus hermanas. Después del alumbramiento los padres practican algunas restricciones alimenticias, que se creen benéficas para el normal desarrollo del niño. La socialización de los hijos corre por cuenta de los padres en partes iguales; desde muy pequeños los niños van siendo entrenados en la ejecución de pequeñas tareas que deben realizar para ayudar a sus padres, de tal manera que a los quince años ya realizan todas las tareas de un adulto de su respectivo sexo. En las tres comunidades los ritos de paso se han asimilado a los de la religión católica.

Organización política

El sistema tradicional de organización política, vigente hasta la década del 60, estaba representado por la figura del curaca o chamán indígena, quien servía a la comunidad como líder político y religioso con base en su autoridad y poder.

La autoridad provenía del derecho reconocido en el rol asignado a quien se escogía para gobernar. El poder se refería a la capacidad adquirida por un individuo para mediar entre las fuerzas del mundo natural y el sobrenatural, asegurando así la reproducción social del grupo. Esta capacidad se adquiría a través de un largo entrenamiento como tomador de yagé (Banisteriopsis caapi). La importancia que la esfera de lo sobrenatural tenía en la vida tradicional indígena, hizo que en la estructuración del rol político, el poder acrecentara la autoridad, y de este modo uno y otra fueron siendo canalizados por el curaca, detentador del poder chamánico.

El radio de acción del curaca comprendía la curación de enfermedades, la consecución de presas de caza y pesca de sus dueños sobrenaturales, la organización de grupos comunales de trabajo, la dirección del ciclo vital individual y la toma de medidas defensivas u ofensivas frente a los enemigos potenciales de la comunidad. Estas cualidades le permitían detentar dos tipos de poder dentro de la sociedad: el civil y el religioso. El primero, en virtud de su claridad para regir los destinos de la comunidad, y el segundo, por su capacidad para dominar el mundo sobrenatural, sobre todo en lo que se refería a la enfermedad y la muerte. El cargo de curaca no era hereditario; se basaba en la combinación de dos factores, edad y conocimiento, los cuales le permitían imponerse sobre los demás aspirantes al cargo y conseguir su elección por el reconocimiento de las gentes de su comunidad.

Desde 1920 los misioneros capuchinos comenzaron a impulsar otro sistema de organización política paralelo al anterior. Estaba representado por el cabildo gobernador, o entidad política secular, impuesta para tratar de debilitar el sistema de organización política tradicional, auspiciando la separación de los poderes civil y religioso detentados por el curaca, para así facilitar el control religioso que las mismas misiones pretendían impartir desde fuera.

En sus comienzos, esta forma de gobierno no caló entre las gentes de estas comunidades y la autoridad del gobernador no tenía efectividad, a causa de la ausencia de los atributos tradicionales del poder de sus líderes indígenas. Sin embargo, con la muerte de los curacas más renombrados de la región, el auge de la colonización en los años 60 y la aparición de nuevas formas de integración a la vida nacional, el cabildo terminó por relegar la función del curaca a la de médico indígena. Actualmente, en las tres comunidades se ha institucionalizado esta forma de gobierno, consistente en la elección anual de un gobernador o capitán y un secretario. Sus funciones principales consisten en organizar y dirigir las actividades comunales y representar a la colectividad ante las autoridades gubernamentales. El requisito para desempeñar el cargo de gobernador es saber leer y escribir en castellano. A pesar de esto, los indígenas han tratado de acomodar las funciones de este personaje a las necesidades más sentidas de la comunidad, tales como oficiar ceremonias (debido a la ausencia de una regular presencia de las autoridades eclesiásticas), mediar entre las partes en las ocasionales disputas, organizar la celebración de ciertas tradiciones, etc.

La jerarquía se establece de acuerdo con la edad; que da primacía a los ancianos. Aunque no existe una marcada estratificación social, es perceptible que aquellas familias con mayor bienestar económico poseen un estatu social más alto.

El más frecuente conflicto es la rivalidad entre dos familias que por rencillas antiguas entre sus miembros, da origen a una serie de acusaciones recíprocas cuando alguno de ellos cae en desgracia, bien sea por enfermedad o por daños en sus cosechas o en las actividades cotidianas. En este caso se alegan causas de hecho o razones de brujería. Aquí la resolución del conflicto no necesita de la intervención de nadie sino que se va dando de manera natural; a lo sumo intervienen los ancianos haciendo que se olviden los rencores.

Otra forma está en estrecha relación con el choque generacional entre los jóvenes, que tratan de imitar las actitudes del colono frente a la vida, y los ancianos o padres de familia, que tratan de ajustar sus acciones a la tradición; se hace manifiesta durante las fiestas por el exceso de bebidas embriagantes y la agresividad que ellas despiertan. En este caso intervienen las mujeres o algún mayor (puede ser el gobernador de turno) y por lo general se opta por disolver la reunión para poner fin a las escaramuzas.

tipi56.jpg (19700 bytes)
El batán, instrumento característico regional para machacar la yuca. De la cestería, aparte de los canastos, se elaboran escobillas y sombreros de reciente adopción.

Sistema de representaciones

A partir de los trabajos de Jean Langdon (1974) y Lucena Salmoral (1977), se puede inferir que el denominador común del sistema cosmológico en estas tres comunidades estaba estrechamente vinculado con el uso del alucinógeno yagé. Según la cosmología indígena, el mundo estaba controlado por espíritus o fuerzas que determinaban la forma como se desenvolvía el curso de los acontecimientos en este mundo. Las catástrofes naturales, las condiciones atmosféricas, la escasez de alimento, la salud y la muerte, eran fenómenos sometidos e influidos por estas fuerzas sobrenaturales. Por lo tanto, para el indígena era vital aprender la forma de controlar estas fuerzas, para evitar los peligros y dar cierta seguridad a la vida (Langdon, 1974).

Los indígenas aprendían a controlar estas fuerzas mediante la ingestión del alucinógeno yagé. El curaca o chamán indígena era el especialista en leer las visiones producidas por el yagé; establecía contacto con los espíritus y fuerzas sobrenaturales y veía cuál era la causa de que ocurriera tal o cual fenómeno que se interponía en el normal desarrollo de la vida cotidiana. El papel del curaca era el de mediar entre las amenazas de las fuerzas sobrenaturales -hambre, enfermedad y malevolencia- y la comunidad.

Las generaciones actuales solo poseen un conocimiento fragmentario de este sistema, persistiendo únicamente algunos principios generales, como la creencia en espíritus animistas que habitan el universo e influencian el mundo, pero los detalles y los nombres, e inclusive la concepción de estos fenómenos, han cambiado considerablemente. Actualmente, cuando se hace alusión a ellos se habla del duende, del diablo o del espanto, que más que una conceptualizacíón propia de ellos, corresponde a las elaboraciones sincréticas que subyacen en la ideología de todo el pueblo mestizo colombiano.

Los conocimientos del curaca persistirán a través de la práctica de la medicina tradicional, que en los últimos años ha tenido un desarrollo particular, principalmente en el Putumayo.

La ceremonia de toma de yagé, tal como se practica hoy día, tiene una connotación esencialmente curativa o de atención a enfermos, y su periodicidad no está determinada. La dirección de la ceremonia está a cargo del curaca. Este ya no es el especialista de antes; el curaca ahora es un indígena como cualquier otro pero que por su conocimiento en botánica y su experiencia como tomador de yagé, es solicitado por la comunidad para asumir la función de médico indígena. Muchos de ellos alcanzaron a tener algún entrenamiento con los antiguos curacas que tenían fama y renombre inclusive más allá de los límites de esta región, pero debieron interrumpir su aprendizaje a causa de múltiples factores, entre los cuales cabe destacar su permanencia en los internados de la misión, la muerte de su maestro a mitad de camino de su aprendizaje o la pérdida de su capacidad para "ver" por la no observancia de ciertas restricciones que en ese momento eran de vital importancia en el entrenamiento.

Para preparar el yagé, el curaca y uno o dos ayudantes, que también pueden ser aprendices, se internan en el monte durante todo el día. A eso de las seis de la tarde regresan a la casa donde se va a llevar a cabo la ceremonia. En algunos asentamientos Kofán, ésta todavía se realiza en la "casa del yagé" (un simple rancho de dos aguas y sin paredes), localizada en un sitio aislado dentro de la selva, a donde se dirigen los participantes portando hamacas para pasar la noche. Antes de comenzar, el curaca dispone sobre una pequeña mesa los implementos que usará durante la ceremonia: un cáliz de cerámica o una olla de aluminio donde reposa el yagé; un matecito de totumo en el que se reparte la bebida a los asistentes; caña de azúcar asada para pasar su mal sabor; una escoba hecha de hojas con las que se ventea a los enfermos; tabacos para la curación de enfermos y hojas de hortiga para estabilizar la borrachera. Entre los Kofán, el curaca todavía utiliza su corona de plumas, collares de chaquira y colmillos de tigre, aretes y pulseras de hierbas aromáticas.

La ceremonia comienza alrededor de las siete de la noche. El curaca sopla el yagé para alejar los malos espíritus, toma su primer trago y luego procede a llamar a los asistentes en orden jerárquico en el que priman la edad y el conocimiento para tomar. Al cabo de un tiempo el curaca comienza a cantar, invocando los espíritus con los cuales desea establecer contacto, y más tarde, cuando ya han pasado unas seis rondas llama a los enfermos, a quienes coloca de espaldas a él y con el torso desnudo. Los ventea con la escoba de hojas y reanuda el canto, alternándolo con absorciones bucales y manuales por diferentes partes del cuerpo; lo hace como atrapando la enfermedad con boca y manos, para luego expulsarla con una exhalación fuerte de aire. Cuando el curaca reconoce que sobre determinada enfermedad él no tiene dominio, aconseja a su paciente visitar a un médico occidental.

El curaca clasifica las enfermedades según la procedencia del espíritu que las ha originado; las que provienen del río están caracterizadas por el frío, por lo cual la persona afectada siente escalofríos; las que provienen de la selva son de "pura fiebre" y las que provienen del aire, se asocian con la mirada de alguna persona (más conocidas como mal de ojo). La enfermedad también puede provenir de una acción de brujería y su sustancia, en este caso, es una espina o un dardo, la cual será extraída por el curaca en la sesión de curación.

Cambio cultural

Los indígenas del alto Caquetá-Putumayo son los que se hallan más integrados a la sociedad nacional, de todos los indígenas de la Amazonia, debido a que ésta es la zona de colonización más importante y dinámica de la Amazonia colombiana.

Desde épocas tan tempranas como el siglo XVI, esta región fue explorada por conquistadores y aventureros, y al comenzar el siglo XVII, quedó bajo el régimen colonial español con el establecimiento de los llamados "Estados de misiones" a cargo de misioneros franciscanos, quienes introdujeron los primeros cambios en la vida de las comunidades indígenas del área; fundaron los primeros pueblos e impulsaron la homogeneización de lenguas y naciones indígenas, para facilitar la labor de adoctrinamiento religioso. Hacia finales del siglo XVIII, los misioneros abandonaron la zona a causa de las continuas rebeliones indígenas, que resquebrajaron los débiles cimientos de la empresa misionera.

Hacia la segunda mitad del siglo XIX, resurgió el interés por estas selvas vírgenes, estimulado por la explotación de la corteza de quina y más tarde del caucho. La época de las caucherías se extendió hasta entrado el siglo XX. Los caucheros peruanos representados por la Casa Arana, intentaron ganar territorio colombiano para el Perú, originando agudas tensiones que culminaron con el conflicto colombo-peruano de 1932, En este período la población indígena sufrió una enorme merma demográfica a causa de la sanguinaria mano de los caucheros que explotaban su fuerza de trabajo y por las enfermedades introducidas por la población blanca.

En 1910 se restablecieron las misiones en el Caquetá y Putumayo con la creación de la Prefectura Apostólica de Caquetá a cargo de misioneros capuchinos catalanes. Fueron ellos quienes abrieron la región a la colonización con la construcción de vías de comunicación, y también los que operaron los cambios más significativos en el modo de vida de la población indígena. Se destaca la negativa influencia en el uso de la lengua nativa y la introducción de formas ideoculturales y económicas que contribuyeron a quebrantar el antiguo ordenamiento de su organización social.

Alrededor de 1940 se inició la primera colonización en el verdadero sentido de la palabra, que en el Caquetá se caracterizó por su tendencia a la ganadería y en el Putumayo a la agricultura. Los colonos de este período provenían de los departamentos vecinos de Cauca, Nariño y Huila, donde la tenencia de la tierra se caracteriza por un marcado minifundismo. Las décadas del 50 y del 60 son muy significativas en el desarrollo de la colonización de esta región, pues el Caquetá se convierte en una zona de refugio para la población que huía de la violencia de los años 50 y por el descubrimiento de yacimientos petrolíferos en el Putumayo en 1960; explotación que generó una economía de enclave y factor de atracción para un gran contingente de desempleados y desposeídos. A partir de entonces las comunidades indígenas del área entran en contacto más directo con la población de colonos; sus reservas territoriales se ven seriamente amenazadas y los patrones culturales heredados de la tradición tienden a desestabilizarse por la fuerza con que la cultura del blanco penetra en la vida indígena. Desde 1979, se ejerce una nueva presión sobre la tierra, originada en las actividades del narcotráfico y los problemas de orden público.

Los cambios más significativos que ha ocasionado la colonización en los últimos años son la integración de las economías indígenas al mercado y el paso de una agricultura itinerante de autosubsistencia a una de tipo intensivo con destinación exclusiva para el mercado, que implica un uso exhaustivo del suelo que a largo plazo puede ser desastroso para la subsistencia de estas comunidades, por el agotamiento de los recursos y la imposibilidad de migrar hacia otras partes. Además, este cambio en el sistema de producción viene afectando la organización social del trabajo y por tanto de las comunidades como tales. Se observa una tendencia cada día más acentuada hacia el individualismo de los grupos domésticos, que amenaza seriamente con la disolución de los lazos de parentesco, que van más allá de la familia extensa.

Pero la integración a la sociedad nacional no se da solamente a través del mercado; la integración ideológica ha sido obra de la larga actividad misionera en la región, que quebrantó los sistemas de creencias tradicionales de estos grupos y los hizo practicantes del catolicismo. Hoy los indígenas de esta zona establecen una diferenciación entre "indígenas civilizados o cristianos" como se autodenominan, y aucas que ellos traducen como "indígena salvaje" o no convertido al cristianismo.

A todo lo anterior se añaden los cambios en el patrón de asentamiento, el tipo de vivienda, el vestido, los hábitos alimenticios y muchos otros que copian de sus vecinos colonos.

casa55.jpg (31390 bytes)


Bibliografía

BRUCHER, Wolfang, 1974. La colonización en la selva pluvial en el piedemonte amazónico de Colombia, Instituto Geográfico Agustín Codazzi, Bogotá.

CORREA, Luis Alonso, 1982. La magia y el chamanismo en los Siona. Una comunidad en total vía de integración. Informe de trabajo de campo, Universidad Nacional de Colombia.

CHAVES, Margarita y VIECO, Juan José, 1982. Colonización del territorio Siona y formación de una zona de refugio. Ponencia presentada al Primer Seminario de Antropología Amazónica Colombiana.

, 1983. Al encuentro de la gente Gatuya. Un estudio sobre !a organización social Siona. Tesis de grado, Departamento de Antropología, Universidad Nacional, Bogotá.

CHAVES, Milciades, 1958. Mítica de los Siona de alto Putumayo; en: Micellanea Paul Rivet, Universidad Nacional Autónoma de México, vol. II, México.

FRIEDE, Juan, 1952. Los Kofán: una tribu de la alta Amazonia; en: Actas del XXX Congreso de Americanistas, Cambridge.

HERNANDEZ, Camilo, 1983. Aprendizaje del mundo mágico religioso por parte de unos colonos bajo la instrucción de un curaca. Informe de trabajo de campo, Universidad Nacional.

LANGDON, E. Jean, 1973. Los Siona: estudio socio-económico del Resguardo de Buena Vista, mimeografiado, 23 p.

, 1974. The Siona Medical System: Beliefs and Behavior, Department of Anthropology of the Graduate School of Tulane University.

LUCENA SALMORAL, Manuel, 1971. "Observación participante de una toma de yagé", Universitas Humanística, vol. I, Bogotá.

ORTIZ, Sergio Elías, 1965. "Lenguas y dialectos indígenas de Colombia", Historia Extensa de Colombia, Academia Colombiana de Historia, vol. I tomo 3, Ediciones Lerner, Bogotá.

ROBlNSON, Scott, 1972. Chamanismo entre los Kofán; en: Actas y Memorias del XXXIX Congreso Internacional de Americanistas, Lima, vol. IV.

STEWARD, Julián y METRAUX, Alfred, 1948. "The Cofan"; en: Handbook of South American Indians, vol. III, Washington, Government Printing Office.

WHEELER, Alba, La lengua Siona, tomo II: La s. f. Gramática, Putumayo, Colombia, Ministerio de Gobierno, mecanografiado, 127 p.

 

 

 

Comentarios (0) | Comente | Comparta c