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Indigenas de la Sierra Nevada de Sta. Marta Silvia Botero Verswyvel
Ubicación Geográfica

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La Sierra Nevada de Santa Marta es un gran macizo aislado de la Cordillera de los Andes (aproximadamente 16.400 km2); se eleva abruptamente y alcanza las nieves. perpetuas (con su máxima altura a 5.757 msnm), a tan solo 45 km. del Mar Caribe. Es por ello un hito geográfico único en el mundo que comprende una gran diversidad de nichos ecológicos en todos los pisos térmicos.

La sierra es una verdadera estrella fluvial que alimenta extensas zonas agrícolas y ganaderas. Está compuesta por diversas formaciones geológicas algunas de origen marino, otras de origen continental. La mayor parte del macizo es de edad jurásica que oscila entre 162 y 177 millones de años (Inderena-FEN , 1984: 27). Sus suelos son en general pobres, arenosos, poco profundos; actualmente el 75% diversos grados de erosión.

La sierra fue escenario histórico de pueblos qué alcanzaron un gran desarrollo y esplendor; antes de desaparecer bajo la conquista, dejaron en sus faldas una profunda huella, que sus descendientes, hoy día, reclaman proteger.

Se, trata de la intrincada red de caminos en piedra que unía la costa con las alturas y cada una de sus laderas entre sí y atravesaba numerosos poblados de diversas magnitudes. Algunos de ellos fueron construidos imponentemente sobre los filos pendientes y las laderas escarpadas, y con la contención lograda por numerosas terrazas de muros de piedra, lograron habitar maravillosamente zonas inhóspitas. En estas terrazas de habitación enterraron sus muertos acompañados por un rico ajuar de piedras orfebres, piedras talladas y cerámicas finas.

Debido a esta riqueza y con la colonización de tierras nuevas, paulatinamente el pasado ha ido desapareciendo, desde la conquista hasta nuestros días. Con la idea de preservar una muestra de esta obra de ingeniería y de arte, se han reconstruido dos de estos núcleos urbanos en zonas actualmente deshabitadas. Uno de ellos es "Pueblito", localizado en el Parque Tayrona a una altura de 250 msnm, y otro es "Ciudad Perdida" en el alto río Buritaca, a una altura de 1200 msnm. Este último se encuentra rodeado de bosques. Continúa siendo un templo de la antigüedad tristemente asediado por todos sus flancos.

Población

La tradición oral indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta reconoce cuatro grupos originarios del macizo: Kogi, Sánha, Kankuama e Ika. Cada uno con su propio territorio y su lengua; pertenecientes todos a la familia lingüística Chibcha (Reichel, 1949:24).

Los Kankuama son un grupo mestizo de comerciantes que no hablan el Kankuí, su lengua nativa, desde finales del siglo pasado; aunque entre los otros grupos hay individuos que aún lo reconocen.

En los documentos, a los Kogi se los ha ' denominado Cogui, Kougi Kággaba, Arhuaque y Kággaba (para ellos Kággaba significa gente). Según el último censo (Ministerio de Gobierno, 1979-1980), su población se calcula en 2.443 individuos, pero posiblemente su número sea mayor. Parece que su población está disminuyendo, a causa de enfermedades bronco-pulmonares y gastro-intestinales crónicas que atacan a la población infantil. Es corriente escuchar a mujeres con 10 y 12 partos afirmar que solamente tienen 2 ó 3 hijos vivos.

Los Kogi son el grupo más tradicional y de menor contacto con la sociedad nacional. A lo largo de los . últimos siglos la estrategia característica de defensa frente al "civilizado", ha sido la huida a territorios más lejanos y el refuerzo de la autoridad religiosa; institución que, según se afirma, dispone de un lenguaje ceremonial denominado el teyuán, que solo muy pocos individuos manejan y se caracteriza, según dicen los indígenas, por ser "muy difícil y pesado".

Habitan en la vertiente norte, la más boscosa y de mayor precipitación pluvial, en los valles de los ríos don Diego, Palomino y Anch, tienen pequeños enclaves en la vertiente occidental, en el valle del río Tucurinca, y en suroccidente de la sierra, en el río Guatapurí.

Los Sánha son un grupo disperso y muy poco homogéneo. En los documentos históricos y en estudios antropológicos recientes se les denomina genéricamente Sanká; de acuerdo con el nombre de sus asentamientos, han recibido los apelativos de Guamakas, Marokaseros, Colorados y Arsarios (Rosario); y por la frecuencia en el uso del apellido Malo, los han denominado como Malayos. También se hace referencia a ellos como los Wiwa (caliente), por haber sido habitantes de las tierras bajas.

El censo de Mingobierno 1979-1980 estima su población en 2.703 individuos, pero el dato no es .totalmente confiable debido a que hay un sector mestizo y otro que se ha mezclado con los Kogi de la vertiente norte, siendo difícil su diferenciación. Entre este último sector parece existir un dialecto denominado el Nabaldang, que no ha sido estudiado todavía.

Habitan en las estribaciones surorientales de la sierra en los afluentes del río Badillo, en una zona desprovista de bosque, con suelos pobres y en franco proceso de erosión.

Los Iká son un grupo homogéneo, debido al proceso de mestizaje e integración. Vulgarmente se les conoce como "Arhuacos", voz que se utilizó durante los siglos XVII, XVIII y XIX para denominar a todos los grupos serraneros. Se hace también referencia a ellos como Ijca, Bintuku, Busintana y Businka, pero parece que estas últimas voces se refieren más bien a antiguos linajes dentro del grupo. Su población se ha estimado en 8.680 individuos (Mingóbierno, 1979-1980), pero es muy probable que sean casi el doble de esta cifra y parece que hay una tendencia demográfica estable, si no creciente.

La estrategia de sobrevivencia de los Ika, ante la presencia del "blanco" en los últimos tiempos, ha sido la organización interna, espontánea primero y luego sistemática. Hoy día su estructura política responde a la presión de la sociedad nacional.

Viven en la vertiente meridional de la sierra, en los valles altos de los ríos Guatapurí, Ariguaní, San Sebastián, Piedras y Catacol. Están organizados en 20 parcialidades; su capital es Nabusímake (o San Sebastián de Rábago), en el alto del río San Sebastián, a una altura aproximada de 2.000 msnm, a la cual conduce un carreteable que comunica la región con Valledupar, capital del departamento del Cesar.

En su territorio el bosque ha ido desapareciendo y en algunas partes asoma la erosión. Además de las vegas de los ríos, cuenta con algunos valles fértiles y planos, entre los que sobresale el valle de Nabusímake.

Los indígenas de la sierra ocupan hoy dos resguardos creados en 1984. El "Arhuaco" con 195.900 has. y el Kogi "Malayo" (Sánha) con 364.390 has. Este territorio comprende parte de las vertientes norte, suroriental y occidental, con límite inferior entre los 800 y 1.000 m de altitud aproximadamente. El territorio de frontera, área de conflicto social, está ocupado por colonos dedicados a la siembra de café, marihuana y alimentos de pancoger.

Los resguardos abarcan los picos nevados, los páramos, las cabeceras de los ríos y la parte media-alta de la sierra. Por lo menos el 40% de su extensión es inadecuado para la agricultura y la ganadería; en el resto, la mayoría de los suelos son de baja calidad.

La tradición india considera que "su territorio" tiene una extensión mucho mayor, enmarcada por la "Línea Negra": círculo sagrado que incluye las partes bajas y cálidas, algunas de ellas en la orilla del mar. A lo largo de esta línea se encuentran numerosos sitios de carácter sagrado, a los cuales se acude hoy para hacer ofrendas o "pagamentos".

El poblamiento de los grupos serranos es característico y comprende tres tipos o unidades de asentamiento: un poblamiento disperso compuesto por las parcelas; uno nucleado: los poblados, y un tercero que son los centros ceremoniales; comunicados entre sí por una intrincada red de caminos que superan la barrera de los ríos por sólidos puentes construidos con madera, bejucos y piedras. A través de estas rutas circulan las familias durante todo el año. Los asentamientos dispersos están compuestos por los bohíos de cada parcela, localizada en diferentes pisos climáticos, puesto que cada familia tiene más de una parcela a diferentes alturas, y a través del año mantiene un movimiento rotatorio que les permite atender diferentes cultivos.

Entre los Kogi este patrón tradicional constaba en cada parcela de dos bohíos vecinos: uno para la mujer, los niños pequeños y las hijas, donde se preparaban los alimentos; el otro para el hombre y los hijos varones adultos. Actualmente existe la tendencia a construir un solo bohío para toda la familia.

El bohío es de planta circular (3-5 m de diámetro), con pared de bahareque o madera, puerta de madera y techo cónico de paja o palma que culmina en una o dos varas verticales, en ocasiones con una o más vasijas de barro enclavadas en ellas.

Entre los Ika el poblamiento disperso presenta variaciones arquitectónicas de acuerdo con la altitud donde se encuentran las parcelas. En las partes más altas y frías -las más tradicionales- ocasionalmente aparecen las casas de planta circular como hecho excepcional, porque los Ika en general han adoptado la planta cuadrada o rectangular. La pared de bahareque se encuentra recubierta en piedra y el techo es de paja. La habitación consiste de un solo recinto. A medida que se desciende a climas menos fríos, el recubrimiento externo de piedra se hace más bajo y forma un pequeño muro que rodea la casa. En climas templados o cálidos aparecen a veces dos construcciones: una abierta sin fardos -la cocina- y otra cerrada -el dormitorio-. También aparecen casas rectangulares de cemento, ladrillo o adobe, con techos de zinc y divisiones internas con funciones especializadas (Chaves, De Francisco, 1977: 110).

El poblamiento disperso entre los Sánha está constituido por casas rectangulares, algunas con techos de zinc.

El poblamiento nucleado está compuesto por poblados de diferentes tamaños: estos permanecen habitados tan solo una parte del año y su carácter varía entre los Kogi, Ika y Sánha.

En el territorio habitado por los Kogi existen aproximadamente 15 poblados localizados en terrazas aluviales cercanas a los ríos; constan de numerosos bohíos (entre 40 y 180) muy cercanos unos de otros. La mayoría son de planta circular, algunos pocos cuadrados o rectangulares, con uno o más templos (7-10 m de diámetro), llamados nuhué; algunos tienen casa femenina (5-7 m de diámetro), donde se reúnen las mujeres y los niños mientras los hombres están en el templo, cárcel, cocina comunal y albergue para los visitantes. Casi todos disponen de una iglesia católica de planta rectangular, que se usa como depósito de herramientas comunales, más que para oficiar misa.

Todas las aldeas están cruzadas por un camino principal que no es recto ni las divide por la mitad. Alrededor de ellas se cultiva coca, guandul, caña de azúcar y guineo, y cerca a las paredes de las casas crecen las matas de tabaco.

Las familias Kogi se reúnen en los poblados para desarrollar algunos trabajos colectivos de los hombres, tales como el arreglo de los puentes, caminos o la limpieza de rastrojo del pueblo o para resolver problemas especiales que aquejan a la comunidad, mientras las mujeres recolectan las hojas de coca de los alrededores. También, para celebrar algunas fiestas permanecen allí durante una semana o más. Durante las noches los hombres se reúnen en el templo, mientras las mujeres permanecen en los bohíos.

En el territorio habitado por los Ika hay un solo poblado propiamente dicho, el cual fue habitado por los españoles: Nabusímake o San Sebastián de Rábago, considerado como "capital". Está compuesto por medio centenar de casas cuadradas o rectangulares (4x4 m ó 4x5 m), con paredes de bahareque blanqueadas, muro externo en piedra y techo de paja; tiene escuela, un pequeño hospital, oficina de la organización central Arhuaca, cárcel, tienda y está rodeado por un muro de piedra continuo. La localización respecto a los cerros, la Sierra Nevada y las aguas, guarda importancia mítica, y se conserva el trazado en forma de retícula.

Numerosos caseríos (19 aproximadamente) de diversos tamaños y compuestos por casas rectangulares de bahareque, adobe o cemento, a veces con techos de zinc, son los centros administrativos de cada parcialidad. Tienen escuela, cárcel, puesto de salud y oficina. Allí se reúnen las familias Ika cuando hay brigadas de salud, visitas del gobierno para solucionar problemas de la comunidad o simplemente los sábados y domingos.

En el territorio Sánha hay algunas aldeas, formadas por casas rectangulares con techos de zinc. Son los sitios de reunión social los fines de semana. Los hombres se encuentran en una casa grande de base circular que ha reemplazado al templo; en este caso la reunión no tiene carácter religioso, como entre los Kogi, sino político-social y económico.

En todo el territorio de la sierra hay numerosos centros ceremoniales; estos lugares ancestrales tienen un orden jerárquico en la historia mítica y están presididos por la descendencia de diversos héroes culturales.

Algunos de los centros ceremoniales de los Kogi son considerados los de más alto rango, comprenden entre 3 y 17 construcciones de planta circular divididas en sectores con funciones especializadas. Los templos son las construcciones de mayor tamaño. Es allí donde las familias se reúnen con ocasión de los ritos del ciclo vital, agrícola o ceremonial, o para desarrollar trabajos en las huertas circundantes.

Los centros ceremoniales de los Ika constan de un templo llamado kankurua, cuya planta es circular y puede tener hasta 11 m de diámetro; de una casa de mujeres (7 m de diámetro aproximadamente) y otras construcciones para cocina, vivienda, y la más pequeña (2 m de diámetro), para pasar la primera noche de bodas (Chaves, De Francisco, 1977: 125). La función que cumplen los centros ceremoniales es del mismo carácter que en el caso Kogi.

Entre los Sánha parece haber un solo centro ceremonial: Cherúa la Alta, en el cual se efectúan reuniones de alto rango donde participan algunos Kogi e Ika.

Sistema de producción

La tierra es considerada como la "Madre" que brinda los productos para alimentar a sus hijos. Tradicionalmente pertenecía a la mujer y se heredaba de madre a hija. Los Kogi conservan aún parcialmente este patrón, pero desde principios de este siglo la tierra ha sido producto de numerosas transacciones comerciales entre ellos mismos y con, colonos, a cambio de dinero o en forma de trueque. La colonización de áreas vírgenes es también una manera de tener acceso a 1a tierra.

Cada familia dispone de dos o más parcelas, generalmente localizadas en diferentes pisos térmicos -a veces en diferente vertiente-, entre las que migran a lo largo de todo el año. El ideal es tener un área de bosques, rastrojos (área de descanso), pastos y cultivos. La extensión de cada parcela varía notoriamente y por ello no se puede generalizar.

No se dispone de datos acerca de la distribución y tenencia de la tierra entre los Sánha, pero es evidente que la compraventa tiene un mayor auge en este grupo que entre los Kogi. Del mismo modo, entre los Ika la transacción comercial es corriente. Se presenta, además, en algunas parcialidades la tendencia hacia el latifundio-minifundio (Sánchez, 1977: 269). Aquel que ha adquirido capacidad económica compra las fincas a los vecinos; el que no tiene esa capacidad subdivide las parcelas al darlas en herencia a sus hijos. La herencia en el caso Ika va tanto por vía materna como paterna y todos los hijos, sin excepción de sexo, pueden recibirla. Cuando ello no ocurre, el joven es obligado a colonizar nuevas áreas o a comprar.

Además de la posesión familiar o individual entre Ikas y Kogis, hay terrenos de posesión colectiva, con pasto, bosque o con productos agrícolas.

Una de las grandes diferencias entre los grupos de la sierra se observa a través del consumo de objetos manufacturados, pues mientras que el Kogi tiene muy limitada su capacidad de compra, el Ika tiene mayor capacidad económica y consume muchos productos manufacturados, aunque en buena medida se alimenta de artículos producidos por él mismo.

La necesidad básica de dinero se relaciona, en primer lugar, con la compra de herramientas, objetos domésticos como ollas y comestibles como sal. En segundo lugar, se relaciona con la pérdida de las tierras algodoneras, pues para la confección del vestido es necesario ahora comprar la hilaza o la tela; este último es el caso más corriente entre las mujeres de todos los grupos serranos, quienes compran también chaquiras para elaborar collares.

En áreas notablemente erosionadas como la que habitan los Sánha, y parte de la región Ika y Kogi de la vertiente occidental, es necesario comprar materiales de construcción tales como zinc y en algunos casos cemento. Además de lo anterior, especialmente los Ika gustan de utilizar objetos suntuarios como reloj, grabadora, etc., y entre todos el "chirrinche" y el ron son muy apetecidos. Para obtener todo esto, el indígena está obligado a producir para el comercio.

Otra área de la producción satisface las necesidades básicas de autosubsistencia. El guineo es en términos generales el principal producto de consumo diario; se produce en las partes medias y se lleva, pelado y secado al sol, a las fincas vecinas de clima frío. Se acompaña en las comidas con otros productos vegetales de cosecha, y esporádicamente con carne de res, cerdo o iguana entre los Sánha (e Ikas cuando lo compran a los Kankuamo).

La agricultura en los diversos pisos térmicos es la principal actividad productiva; se basa en la división del trabajo por sexo y edad dentro de la unidad doméstica. Tradicionalmente se cultivaban áreas de productos mixtos; en el piso térmico frío se produce papa, arracacha batata, ajo, col, cebollín o cebolla junca, manzanilla, etc. (1.800-2.800 msnm, aproximadamente), y en el piso térmico templado se produce aguacate, fríjol, maíz, auyama, guineo, plátano, caña de azúcar, coca, tabaco, yuca y malanga o mafafa; además de éstos, los Ika cultivan otros tubérculos. El café es un cultivo de amplia cobertura entre los Ika y de muy poca entre los Kogi.

Actualmente hay zonas con un solo cultivo como la caña de azúcar para la elaboración de panela (destinada a la venta) y entre los Ika se ha dado un nuevo complejo: el de guineo/ café, plantación que puede durar hasta 20 años (Sánchez, 1977: 197).

Hachas, machetes, picos o covadores, palas y bastones de covar de macana, son las herramientas comúnmente usadas en el proceso agrícola. El arado y el tractor los han empezado a utilizar los Ika de las tierras bajas.

El ciclo agrícola comienza con la tumba y quema del bosque o la sola quema del rastrojo en las épocas secas de diciembre a febrero; esta labor es masculina. Entre febrero y abril la mujer ayuda en la preparación del terreno y en la siembra, así como en la recolección de las cosechas entre agosto y noviembre. En años de escasez se resiembra en mayo (Sánchez, 1977: 187). De acuerdo con la calidad del terreno, cada parcela se trabaja por cinco años o más y luego se deja en descanso. Todo lo anterior, sin embargo, depende de la altura y de la composición de los cultivos.

Entre los Kogi el sistema rotativo tradicional a través de los diversos pisos térmicos, se ha visto afectado por la productividad estable del guineo en el clima templado, lo cual además de proveer alimento durante todo el año, permite un mejor control en las áreas de mayor presión y conflicto con los colonos. A su vez, el café entre los Ika obliga a su recolección en diciembre, época de preparación de terrenos por lo cual se altera el sistema rotativo tradicional.

Además del trabajo donde priman las relaciones familiares, hay labores colectivas que se desarrollan especialmente en las huertas de los centros ceremoniales. Este trabajo, sin embargo, no necesariamente es simultáneo. En estas áreas y en algunas otras se construyen pequeños canales de irrigación. La llamada "mano de vuelta" o trabajo que se restituye con trabajo es una relación que se establece tradicionalmente para la construcción de las casas e incluye a parientes de la familia extensa.

El trabajo asalariado es una relación que también se establece entre los indígenas, especialmente para la recolección del café, pero también está siendo impuesto en otras esferas de la producción como en la construcción de casas.

La recolección, cría de animales domésticos, caza, pesca y ganadería son actividades productivas complementarias. La primera es responsabilidad de la mujer; ella, de acuerdo con la época, recoge aguacate, mango, insectos, etc. Para algunas parcialidades Ika, el aguacate es un producto importante. Los animales domésticos: cerdos, gallinas, patos, pavos, están al cuidado de la mujer y los niños, y acompañan a las familias en sus movimientos estacionales. La caza y la pesca son actividades masculinas muy esporádicas; las trampas utilizadas para la cacería son de gran sencillez e ingeniosidad. En las labores ganaderas participa toda la familia, pero en general no se les presta mucho cuidado. Entre los Ika hay además ganado caprino y ovino muy apreciado por la lana, que emplean en la confección de mochilas y parte del vestido masculino.

En general las relaciones de intercambio entre indígenas y colonos y/o comerciantes revisten características de franca explotación, especialmente entre los grupos menos organizados como son los Kogi y los Sánha, pues los productos indígenas (panela, café, fique, etc.) son comprados por debajo del precio real, mientras que él adquiere los objetos necesarios a precios muy superiores a los del mercado.

En las relaciones comerciales de los tres grupos ha primado el sistema del endeude crónico: los comerciantes de los pueblos mestizos les adelantan mercancías tales como ollas, herramientas, telas, "chirrinche", etc., a cambio de las cosechas por venir, de los terneros que nacerán o de la producción de panela. Cuando ello llega, se avalúa en un precio tan bajo que no alcanza a cubrir la deuda y los indígenas se ven obligados a trabajar en las fincas de los colonos o, en situaciones extremas, a pagar con la entrega de las tierras. Algunos casos concluyen con la pérdida definitiva del terreno. (Sanmiguel, 1976, Avella, Abello, 1975, Sánchez, 1977, etc.).

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El poporo de calabazo guarda la cal que acompaña el consumo de coca, expresión del cocimiento arhuaco. El huso siempre lo lleva consigo la mujer y del hilado de lana visten y se tejen mochilas diseñadas con los dibujos del clan.

Organización sociopolítica

Los grupos serranos se consideran descendientes de los primeros "Padres" que se originaron en el mundo y por ello son los "Hermanos Mayores". Cada uno de los cuatro grupos estaba organizado en linajes patrilineales y matrilineales, que se correspondían en el matrimonio. Los hijos pertenecían al linaje paterno y las hijas al materno, un sistema de filiación paralela.

Entre los Ika se hace vaga referencia a cuatro linajes masculinos que se correspondían con cuatro femeninos para efectos de matrimonio (Usemi, 1972:4), pero en la actualidad el matrimonio se puede realizar entre personas de sexo opuesto que no sean parientes de primer grado.

Entre los Kogi los linajes patrilineales son denominados Tuxe y los matrilineales Dake. Los primeros se relacionan con animales considerados masculinos (jaguar, zorro, etc.) que depredan, los segundos considerados como animales femeninos (puerco, armadillo etc.), razón por la cual se puede establecer una relación matrimonial entre ellos. Cada linaje es dueño o posee ciertas piedras especiales como el cuarzo, la jadeíta, etc. y determinados bailes y cantos; se distinguen, también, por algunos detalles del vestido y la mochila (Reichel, 1949:167-189). Sin embargo, los términos clasificatorios de parentesco y la conducta actual no corresponden con el sistema de Tuxes y Dakes.

El patrón de residencia entre los Ika parece que tenía las mismas características tradicionales que entre los Kogi, en donde la residencia sería matrilocal y luego neolocal. El joven vive y trabaja en la casa de su futuro suegro durante uno o dos años, al cabo de los cuales se casa; si no se logra el acuerdo, se va y tiene que buscar otra mujer y trabajar para su nuevo suegro; si se casa, permanece algún tiempo con la familia de su esposa hasta que ella recibe tierras en herencia y entonces se establecen en una nueva parcela.

En términos político-religiosos, cada familia pertenece a un centro ceremonial presidido por un Mamo, quien es la cabeza de la estructura social. El "saber" es la razón fundamental de la vida en la tradición serrana y en él se sustenta la jerarquía social.

Entre los Mamos hay una organización jerárquica y se considera que los de Takina, Makotama y Seishua (lugares Kogi) son los de más alto rango de toda la sierra. Los Mamos son hombres de gran preparación y conocimiento; abarcan una dimensión social e individual, civil y religiosa, y son los protectores y defensores ante las fuerzas sobrenaturales.

Los Mamos Kogi están rodeados por ayudantes y aprendices; en última instancia, ellos toman las decisiones políticas de la comunidad y ejercen justicia. Sus decisiones se ejecutan a través de los "comisarios" encargados de los aspectos civiles (generalmente nombrados por la División de Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno); cuentan con un "cabo mayor" y otro "menor" como ayudantes. Ellos se encargan de reunir a la gente para los trabajos comunales, de traer a las personas que han transgredido las leyes, y junto con los Mamos imparten justicia en casos leves. Los "comisarios" y los "cabos" son muchas veces jóvenes progresistas que entran en contradicción con los Mamos, pues se trata de un nuevo sistema que se ha venido imponiendo en los últimos años y en cada valle tiene sus particularidades.

El grupo de "mayores" son hombres de cierto estatu por su edad y conocimiento y junto con el grupo del Mamo ejercen justicia y toman parte en las decisiones.

La base de la pirámide está formada por los "vasallos", gentes sin conocimientos especiales, que como todos los miembros están obligados a tributar al Mamo y a las autoridades.

Muy diferente es la organización Ika, pues ha generado una nueva estructura política centralizada en las últimas décadas, conformada así:

Mamo

Asamblea General

Junta Directiva Central Inspección de Policía Indígena
Comisario y Cabildo Central, Comisarios y Cabildos de cada Parcialidad Comités: Educación, Salud, Producción, Historia
Fuente: ATI: 30.

La asamblea general está compuesta por todos los miembros de la comunidad. La junta directiva central consta de un Cabildo Gobernador, secretario general, fiscal y tesorero, supervisores de la justicia interna y representantes de la comunidad ante el gobierno nacional.

El objetivo de esta nueva organización Ika es preservar elementos culturales sin negar la relación con la sociedad mayor; se trata de una nueva estructura política para establecer una relación bicultural.

Sistema de representaciones

Los picos de la Sierra Nevada se consideran el centro del mundo porque de allí desciende la humanidad. Los primeros hombres fueron las cuatro tribus originarias de la sierra y por ello son los "Hermanos Mayores"; todos los que vinieron después son "Hermanos Menores", sin mayor conocimiento sobre la naturaleza. Los Hermanos Mayores tienen la misión especial de cuidar el mundo creado, velar para que los ciclos cósmicos sean regulares, para que las plagas de las cosechas o las enfermedades de los hombres no destruyan la vida. La Madre Universal les dejó el conocimiento y los poderes, les dio los templos y los instrumentos para cumplir con su misión (Preuss, 1977).

El mundo se concibe como dos pirámides unidas por su base (Reichel, 1975: 206) o como un gran caracol, que descansan sobre dos varillas doradas cruzadas en el centro, las cuales están sostenidas por cuatro héroes culturales (Usemi, 1972: 21). Internamente, está formado por nueve pisos o mundos, cada uno con una calidad de tierra y con sus propios habitantes. El quinto piso es la tierra negra, la tierra fértil, donde habitamos (Reichel, 1949). Hacia arriba hay cuatro mundos relacionados con la luz y hacia abajo otros cuatro relacionados con la oscuridad (Reichel, 1975: 210), aunque en ocasiones se hace referencia a nueve mundos hacia abajo y siete hacia arriba (J. Mayr, comunicación personal).

A su vez la sierra se considera como un cuerpo humano: la cabeza son los picos nevados; las lagunas de los páramos son el corazón, las venas y arterias son los ríos y quebradas; los huesos son las rocas; los músculos son las capas de tierra y el cabello y las vellosidades son las palmas y los pajonales (entrevista realizada por Olaya y Pantoja a Arhuavico (Crispín) Bogotá, 1984). La nieve es el mundo de las almas y es masculino; el mar es el principio y es femenino. Así la filosofía común de la sierra se basa en la vida, la fertilidad expresada en el agua de las nieves, el mar, los ríos, las quebradas y las lluvias.

La geografía de la sierra es una geografía sagrada: las lagunas, los valles, las grietas y los pozos son femeninos, y los cerros sobresalientes son masculinos. Los héroes culturales de la antigüedad habitan hoy día en las direcciones celestiales y en los cerros que son templosmontañas. Ellos son las fuerzas personificadas de la naturaleza, seres positivos y negativos a la vez, y requieren de un alimento espiritual, los "pagamentos", que los seres humanos deben darles para así mantener el equilibrio.

El Mamo es el intermediario entre estas fuerzas y el ser humano; él con su sabiduría y su preparación especial, "compone", "hace trabajo" y logra el "acuerdo" entre las fuerzas. El Mamo es el habitante principal de los sitios sagrados: los páramos, las lagunas y los centros ceremoniales. A través del baile y el canto controla las plagas, las sequías, las epidemias. A través de la "adivinación" decide los asuntos de la comunidad, los viajes de los individuos, el lugar de los enterramientos. Por medio de la confesión permite a cada individuo ponerse nuevamente "de acuerdo" y así evitar las enfermedades. El Mamo es el depositario del conocimiento sobre los antiguos, sobre las diversas dimensiones de la naturaleza, sobre las leyes de la vida, y gracias a ellos la tradición indígena de la sierra se ha mantenido hasta nuestros días.

Para ellos el fin del mundo se acerca; si los hermanos menores, los "civilizados", no respetan las nieves y el lugar, si continúan profanando y saqueando las tumbas de sus antiguos, esos lugares de los cuales los indígenas reciben una gran fuerza que los mantiene, la vida será entonces muerte. Si en el futuro los Mamos pierden su fuerza y ya no hay templos, la fertilidad de la tierra se convertirá en aridez y silencio.

Cambio cultural

Si bien los grupos de la Sierra Nevada son parte de una misma filosofía y tradición, el proceso de contacto con la sociedad nacional a lo largo de su historia, los ha diferenciado hasta el punto de encontrarse hoy en día situaciones muy diversas.

El grupo con menos contacto y que conserva en mayor medida sus tradiciones, es el Kogi. Han sido reacios al tipo de salud brindado por la sociedad nacional, pero acuden a los puestos de salud. 'También se han negado a la instalación de escuelas en su territorio, pero asisten a las que hay en el río Ancho. A pesar de construir iglesias católicas en sus poblados, la catequización desde la época de la conquista hasta hoy, ha sido imposible. Aunque asumen ante ello una actitud aparentemente pasiva, son ágiles en ocultar sus centros ceremoniales al visitante y guardar celosamente su parafernalia ritual.

A los poblados de la vertiente norte no llega carretera y los más cercanos se hallan a un día de camino por trocha desde la troncal del Caribe. Posiblemente la mitad de la población, o más, no domina el español ni el cambio del dinero de una manera correcta en las transacciones comerciales.

Algunos jóvenes han aceptado recibir cursillos como promotores de salud, otros han aceptado cargos como guardabosques; y junto con algunos comisarios son los representantes de un movimiento de cambio; aspiran a obtener dinero y, a través de él, al poder. Este movimiento tiene eco especialmente entre las familias que poseen tierras en linderos con los colonos.

El grupo aislado de la vertiente occidental ha estado sometido a la influencia del Instituto Lingüístico de Verano desde hace aproximadamente 7 años. Allí hubo una escuela; algunos aparentemente son evangélicos, hablan correctamente el español y manejan el dinero. Algo similar ocurre con los Kogi del suroriente, sometidos a una mayor influencia de los evangélicos pentecostales.

Entre los Sánha del suroriente hay un grupo relativamente integrado a la economía de mercado, y otro más tradicional en el que se encuentran algunos promotores de salud y maestros indígenas; algunas familias mestizas son líderes de la comunidad.

Los Ika son un grupo poco homogéneo. La presencia de la misión capuchina durante casi 70 años (desde 1916 hasta 1983) produjo un grupo mestizo aculturado que abarca casi el 40% de la población. Hablan el castellano, visten como colonos, su producción en buena medida es para el mercado y entre sus necesidades se incluyen objetos suntuarios. Algunos son católicos y otros evangélicos. Este grupo estaba en contradicción con los de "manta" o tradicionales, pero desde hace aproximadamente unos cinco años, con la nueva organización política en parcialidades dentro del resguardo, la representación en la Junta Central y el planteamiento de un desarrollo bicultural, la oposición ha cambiado de carácter. El tiempo aclarará las nuevas directrices de este proceso.

La comunidad quiere escuelas y puestos de salud. Hay 28 escuelas de primaria en funcionamiento, con programas experimentales aprobados por el Ministerio de Educación, y 1.200 alumnos aproximadamente. (Rosa E. Salamanca, entrevista). Ha empezado a funcionar el colegio de bachillerato que se aprobó en 1985.

En cuanto a la salud, se cuenta con un pequeño hospital en Nabusímake; 11 enfermerías, 6 puestos de salud y aproximadamente 20 promotores indígenas. La dotación es escasa.

Un nuevo movimiento de revitalismo recorre todos los sectores. Hay intentos por volver a conglomerar los indígenas en los centros ceremoniales ancestrales, por preparar niños para Mamos, por volver donde los Kogi y hacer "trabajo" con ellos. El pastor evangélico que vivía en una de las parcialidades fue despedido del resguardo y muchos vienen abandonando estas prácticas.

El Ika se siente orgulloso de ser quien es y se ha empeñado en mejorar su propio destino.

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Bibliografía

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