LOS APAALANCHI
UNA VISIÓN DEL MAR ENTRE LOS WAYUU
 

ASPECTOS HISTÓRICOS

La importancia del mar y del conjunto de recursos naturales fue considerable para los grupos prehispánicos que habitaron la península de la Guajira, dada la presencia en ésta de numerosos estuarios y lagunas litorales, así como por su condición semidesértica. Las investigaciones arqueológicas señalan a presencia de comunidades de pescadores con cerámica en la región costera centro oriental de la península, alrededor o antes del año 10 a. C., las cuales representan un sistema de adaptación de las culturas alfareras para la explotación de los recursos marinos.

La recolección de moluscos fue un gran complemento alimentario para los grupos prehispánicos que habitaron las zonas costeras. Los que ocuparon el valle medio del río Ranchería se movilizaban estacionalmente hacia el litoral para obtener pescados, moluscos y sal que empleaban, además, para mantener redes de intercambio con el interior.

 

 

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Restos de cerámica y líticos en carrizal.

Cuando se produjo el encuentro con los conquistadores europeos, las crónicas y documentos de la época muestran un panorama cultural heterogéneo. Los anates que habitaban la zona del cabo de la Vela utilizaban sartas de perlas como adornos corporales. Otros grupos como los coanaos ocuparon el área comprendida entre el cabo de la Vela y el valle de Upar, llevaban sal hacia las tierras del interior para trocarla por oro. Los guanebucanes, o gente pelícano, ocuparon la región costera de la Ramada, ubicada entre Palomino y la desembocadura del río Ranchería, y se caracterizaron por un tipo de adaptación dual tanto a la agricultura como a la pesca marina. 

 

 

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Base alimentaría de los wayuu.

El cronista Juan de Castellanos describió en el siglo XVI cómo los indígenas de la provincia de Tapi, al occidente de la boca de Camarones, aprovechaban estacionalmente las lagunas litorales y estuarios para capturar en el interior de éstas �infinidad de pejes ahogados/que sin mas les salar quedan salados�.
La existencia de bancos perleros en las costas guajiras fue el atractivo económico más importante para su poblamiento hispánico a mediados del siglo XVI. La explotación de los ostrales conllevó el traslado, en 1538, de los comerciantes del grupo insular de Margarita y Cubagua con sus haciendas de perlas, las cuales se componían de esclavos africanos e indígenas, canoas, aparejos y casas movedizas hacia las costas del cabo de la Vela. 

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Preservación del pescado a través del secado.

En la región comprendida entre dicho cabo y el río de la Hacha se establecieron los primeros campamentos de pesca o rancherías de perlas. Con frecuencia las rancherías anteceden a la existencia de poblaciones estables como Nuestra Señora de los Remedios del río de la Hacha. Las condiciones en que permanecían los esclavos indígenas en dicho campamento eran oprobiosas. Las fuentes documentales registran que cerca de doscientos buceadores indígenas morían anualmente en las pesquerías, víctimas del abuso de los capataces europeos, las duras condiciones de cautiverio y los ataques de los tiburones. A finales del siglo XVI las rebeliones indígenas intermitentes, el descenso en la producción de los ostrales y el nuevo marco jurídico hispánico acabaron con la esclavitud indígena en las granjerías de perlas cuya explotación se efectuaba, entonces, con esclavos africanos. A principios del siglo XVII los indígenas de la Guajira controlaban los ostrales de perlas. Estas últimas eran utilizadas como valor de cambio, permitiéndoles el intercambio con ingleses, holandeses y franceses por armas, esclavos, ganado, objetos de metal y otros elementos de origen europeo que afianzaron su autonomía política respecto de la corona española y produjeron profundas transformaciones sociales en las comunidades indígenas de la Guajira.

 

 

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Fin de una semana de pesca.

El término guajiro apareció en las crónicas hispanas en 1623, acuñado por fray Pedro Simón para referirse a una nación indígena no sujeta a la corona española en cuyas tierras se hallaban cimarronas miles de cabezas de ganado mayor y menor. Los indígenas de la península se denominan a sí mismos con el término wayuu, que quiere decir persona que respeta y sigue las reglas sociales establecidas por el grupo. No todos los segmentos étnicos del grupo conocido como guajiros se transformaron en pastores. Los kusina-wayuu continuaron viviendo de la cacería, la pesca y la recolección de frutos. Cuando los animales de caza disminuyeron se dedicaron al saqueo de los hatos de sus hermanos wayuu pastores. Desaparecieron o fueron asimilados en términos culturales en las primeras décadas del siglo XX.

 

 

 

 

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Punta metálica de arpón.

Otros miembros del grupo étnico wayuu continuaron dedicados a las actividades de subsistencia propias del entorno costero. A estos grupos, los pastores los denominan con el término despectivo wayuu apaalanchi que quiere decir playero: persona que vive a orillas del mar y depende de la explotación de los recursos marinos. Esta dualidad entre pastores y playeros aún pervive y se manifiesta en diversos patrones migratorios, en estrategias económicas distintas para el cumplimiento de los velorios, pagos matrimoniales y en variaciones en los procesos de educación tradicional de los individuos. 

 

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Campamento temporal de pesca
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