EL NEGRO EN LA SOCIEDAD COLONIAL
De sol a sol: negros y códigos



Al llegar a Colombia, el destino del africano fue su trabajo bajo el sol. Pasados los primeros años de la búsqueda de El Dorado, en cuyas rutas participaron numerosos africanos en su mayoría " españolizados", y con el inicio de la Colonia, las circunstancias de la explotación minera como base de la economía hicieron necesario el uso de la mano de obra africana. Alrededor de 1543, el conquistador Sebastián de Belalcázar le solicitaba a la Corona autorización para introducir 100 esclavos para que trabajaran en las minas. Colmenares anota que se trataba de continuar la empresa de la conquista (1973:187) que para 1580 seguía avanzando a pasos gigantescos ocasionando más derrumbe poblacional de los indios. Palacios Preciado, historiador de la trata (1982) opina al respecto, que aunque la visión de historiadores de la economía de la sociedad y de la demografía colonial sostengan que la extracción de los minerales y la vida económica general en la colonia se basó en la explotación de los indios, debe reconocerse la participación importante de los negros que precisamente fueron traídos para remplazar a los indios y para contrarrestar su aniquilamiento demográfico del que nunca se recuperaron. Es así como el Nuevo Reino de Granada entre 1590 y 1640 ya un 75% de los trabajadores en las minas eran negros, e indígenas tan sólo un 25% (Colmenares 1973 240).

En 1552 la población negra en Cartagena de Indias era además tan numerosa que empezó a suscitar la expedición de medidas de control, mediante ordenanzas como la del cabildo, que con fecha 8 de agosto establecía:

"que por cuanto en esta ciudad había muchos negros, los cuales andan de noche después de tañida la queda, ya horas no lícitas y hacen muchos hurtos y robos... por lo tanto se manda que después de tañida la queda ningún negro puede andar por esta ciudad, si no fuere yendo a una casa que convenga, con un cristiano que lo lleve".

Y para el incumplimiento del mandato se establecía seguidamente que el esclavo recibiría 50 azotes de castigo y el dueño un peso de multa (Urueta 1887).

A partir de 1580 y a medida que se iniciaba la expansión territorial con el acicate de la explotación minera, el requerimiento de fuerza de trabajo que remplazara a la de los indios se hizo más y más recalcitrante. En 1592 el licenciado Francisco de Anuncibay se dirige al rey solicitando la traída de 2.000 negros esclavos para las minas del Cauca, explicando que la gobernación... " era muy rica en oro si hubiese brazos que la manejasen. Pero los indios se acaban cada vez más...".

Los esclavos, que desembarcados en Cartagena eran aptos para someterlos al mercado, eran conducidos en pequeños grupos por los ríos Magdalena y Cauca hacia su destino: Santa Fe, Antioquia, Cali, Popayán, Chocó y demás sitios de actividad económica. Aquellos que llegaban tan enfermos, pasaban a las casas de cabildo o enfermerías que se alzaban al borde del mar en Cartagena. Allí eran cuidados por los convalecientes y luego enrumbados como los demás hacia sus trabajos.

Germán Colmenares (1973: 188) muestra cómo las fronteras geográficas de la colonia se abren a medida que termina un ciclo de explotación minera. Así, destaca cómo los distritos de Cáceres y Zaragoza tuvieron su auge en 1580; en 1590 los de Nechí y Remedios en Antioquia, para luego proceder en 1630 hacia Barbacoas en el litoral Pacífico y en 1668 hacia Nóvita en el Chocó. Esta historia agitada permite trazar las rutas de movilización de la gente negra, en el tiempo ya lo largo de vías terrestres y fluviales.

Pero aún cuando la dedicación primordial de la mano de obra estuviera concentrada en la minería, muchos esclavos también fueron destinados a ganadería, agricultura, boga de champanes y canoas, oficios domésticos y artesanales. El que en sus comunidades de origen los grupos africanos cautivos tuvieran un desarrollo avanzado los hacía más deseables en actividades distintas a la minería. Entonces muchos trabajaron en albañilería, carpintería, herrería y metalurgia; en los trapiches y en labores de mecánica.

El examen de la cultura de los grupos originarios que llegaron en los primeros períodos de la trata, procedentes del Senegal, de Dahomey y del Niger, así como aquellos de los antiguos reinos del Congo y Angola, explica tratándose de labores que se ajustaban más al manejo tecnológico de los europeos, el que frente a los indios, los españoles prefirieran a los negros. También, a mediados del siglo XVI, en la Guajira, la gente comenzó a pastorear animales después de que los negros llegaran a la península. Y en el resto de la llanura Caribe, la ganadería se difundió gracias al trabajo de los esclavos negros y a partir de las estancias ganaderas que se desarrollaron alrededor de Tolú, desde el siglo XVI, con parte de los ganados traídos por Alonso Luis de Lugo en 1540 (Reyes Posada 1978:28).

Para el siglo XVIII, la economía de la Nueva Granada era impensable sin el concurso de los negros. Sobre sus hombros reposó el desarrollo de la minería, agricultura, ganadería, artesanía, comercio, trabajo doméstico y extracción de perlas en el Caribe (Jaramillo Uribe 1963). Por su parte, durante 350 años le dieron vida al comercio, bogando champanes por el Río Grande de la Magdalena y otras arterias (Friedemann y Arocha 1986:177).

A diferencia de lo que sucedía con el indio, el negro como entidad humana y pieza clave en el desenvolvimiento económico, estuvo totalmente desprotegido en el ámbito jurídico colonial. La cédula real firmada en Aranjuez el 31 de mayo de 1789, con la pretensión de "proteger" a los negros, es más bien un reflejo atenuado del pensamiento consignado en códigos anteriores expedidos en Portugal, Francia, Holanda e Inglaterra, con respecto al trabajo de los esclavos negros (Friedemann y Arocha 1986: 15). Y por su puesto en la misma España donde abundaron instrucciones, ordenanzas y reglamentaciones sobre el comportamiento social y laboral del negro. Tales códigos negros como se les conoció, conforman con la dicha cédula un cuerpo jurídico de apoyo a la esclavitud como sistema socio-económico, los cuales se han denominado los códigos del sol (ibídem).

Desde muy temprano, todos los códigos segregaron al negro como esclavo en la agricultura y demás oficios del campo. Así, regulaciones como la del 12 de octubre de 1528 en la isla de Santo Domingo establecían que:

"Prohibimos pues bajo de las más severas penas que ningún negro o pardo tercerón pueda ejercer arte, ni profesión alguna mecánica, que deban quedar reservadas para las personas blancas..." (Quiroz 1943).

Y no siendo tal exclusión suficiente, aclara más adelante que se prohíbe el acceso de negros y pardos hasta la quinta generación, a las ciencias. La gente "de color" debía seguir la profesión de sus padres... la agricultura o venta al por menor de frutos de primera necesidad y el ejercicio de portadores o cargadores, llamados comúnmente borriqueros (Quiroz 1943:484).

"Una disciplina de hierro administrada por amos y mayordomos, así como su corolario de castigos corporales e infamantes, fueron los carriles sobre los cuales rodaron los preceptos del orden económico de las colonias. El cepo, el escarnio de la picota, el suplicio del látigo y el martirio de la mutilación aparecen entre las torturas que los esclavistas aplicaban junto con los cortes de nariz o de orejas, la castración y las marcas de fuego en distintas partes del cuerpo. Los amos no se contentaban con menos para escarmentar a los transgresores. Tan sólo había una salvedad: quedaban prohibidas las mutilaciones que le impidieran al esclavo cumplir la jornada que por ley tenía que comenzar al alba y terminar al ponerse el sol (FriedemannyArocha 1986:16).

La transgresión que provocó los más violentos castigos durante más de tres siglos fue el cimarronismo, una reacción subversiva que empezó a ocurrir desde los primeros momentos de la llegada de los esclavos con los conquistadores. En 1540 provocó la expedición de la cédula real de septiembre 7 que ordenaba no proceder contra los alzados si se entregaban voluntariamente, lo cual no ocurrió (Arrázola 1970: 12).

En el decenio de 1570 el Cabildo de Cartagena de Indias inició la expedición de la legislación sobre " los negros cimarrones de los arcabucos", que anotaban con claridad las medidas represivas:

"...se acordó y mandó que ningún negro ni negra se osado de ser y ausentar del servicio de sus amos, so pena que... caiga e incurra en pena de cien azotes, los cuales se le den en esta manera: que un día por la mañana, sea llevado a la picota de esta ciudad, en la cual sea amarra doy puesto y le sea puesto un pretal de cascabeles atado al cuerpo, y de esta manera lesean dados los dichos azotes cumplidamente, y después dados se quede el dicho negro por todo aquel día amarrado... para que los negros le vean...".

Por supuesto que esta legislación se articulaba con aquella específica proveniente de España, que en este caso por el mismo decenio fijaba las penas contra los cimarrones, del siguiente modo:

"...que al negro o negra ausentes del servicio de su amo cuatro días, le serán dados en el rollo [ la picota] cincuenta azotes y que esté allí atado hasta su ejecución hasta que se ponga el sol, y si estuviere más de ocho días fuera de la ciudad una legua, le sean dados cien azotes puesta una calza de hierro al pie, con un ramal, que todo pese doce libras y descubiertamente la traiga por tiempo de dos meses, y no se la quite so pena de doscientos azotes por la primera vez y por la segunda otros doscientos azotes y no se quite la calza en cuatro meses y si su amo se la quitase incurra en pena de cincuenta pesos..."

(Leyes de Felipe II: febrero 11 de 1571).

Era tal el celo de la Corona con la esclavitud como institución clave para el transcurso económico de la Colonia en el siglo XVII y su preocupación con la subversión, que expidió legislación que premiaba en dinero a aquellos que denunciaran a los cabecillas o los planes del movimiento cimarrón; y que arreciaba contra cualquier relación de comercio o de abastecimiento de productos agrícolas que tuviera que ver con negros. Las medidas represivas llegaron a prohibirle a los negros libres que existían en Cartagena y que trabajaban para los blancos, el porte de armas, el vestido con adornos de lujo y el caminar de noche por las calles: Aunque la cédula de Aranjuez de 1789 fue considerada por muchos amos de esclavos atentatoria de sus intereses económicos, pese a que reiteraba el sentido punitivo y confinaba a los negros a labores del campo excluyéndolos de oficios de vida sedentarios, el cumplimiento de sus capítulos " protectores" no tuvo mayor efecto. Pero sus motivaciones tampoco puede decirse que residían en una visión humanitaria y digna para los negros. Poco antes, en 1772 los ingleses habían prohibido la existencia de esclavos en Inglaterra. Allí yen Francia se agitaban movimientos a favor de la abolición de la esclavitud. Los huracanes que agitarían el siglo XIX habían comenzado a dejar sentir sus primeros ventarrones en España y América.


AdjuntoTamaño
06.jpg 0.03 MB
Título: El negro en la sociedad colonial: de sol a sol: negros y códigos
Colección: Afrocolombianidad
fuente de catalogación: CO-BoBLA
Tipo de documento: Texto


Comentarios (0) | Comente | Comparta c