Clasificación de las lenguas indígenas de Colombia
Jon Landaburu
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A. Presentación

B. Primeros intentos clasificatorios

C. Las clasificaciones modernas

D. El marco de esta presentación

 

A. Presentación

Tanto por su posición privilegiada a la salida del istmo interamericano, como por su extensión y la variedad de sus ambientes, Colombia debió de ser, desde épocas remotas, lugar de paso y lugar de asentamiento para numerosas poblaciones de tradiciones lingüísticas diferentes. Lugar de paso o de asentamiento para pueblos mesoamericanos en movimiento hacia Suramérica ; lugar de paso o de asentamiento para pueblos suramericanos en movimiento hacia Centroamérica o Norteamérica; laboratorio milenario donde se encontraron, evolucionaron y se fragmentaron, las múltiples lenguas que hoy se hablan en la selva amazónica, las sabanas de la Orinoquía, el macizo andino, la costa pacífica, la Sierra Nevada de Santa Marta, el desierto guajiro ; las múltiples lenguas que hasta hace poco se hablaban en el valle del Magdalena, en la costa caribe, en las tres cordilleras.

Esta fragmentada geografía y esta intrincada historia, en buena parte imposible de reconstituir produjeron una muy notable diversidad lingüística y una variedad perceptible tanto en lo tipológico como en lo genético, únicas, a esa escala, en todo el continente americano.

La preocupación por reducir esta diversidad de lenguas aparece donde quiera que uno esté confrontado al fenómeno. Desde el indígena witoto del Igara-Paraná, que trata de explicar hoy, con relatos míticos, por que el paisano del Caquetá habla "distinto, pero más parecido" que otro paisano del Putumayo , hasta las huestes de Jiménez de Quesada que escrutaban ansiosamente el grado de entendimiento de los indios traídos de Santa Marta con los indios de Vélez en las puertas del mundo chibcha.

Antes de entrar a proyectar un orden o una clasificación sobre esta diversidad empírica y para evitar caer en ciertas falacias persistentes, es requisito epistemológico tratar de reflexionar un poco sobre el objeto "lengua". Y, se debe primero, anotar que las lenguas no son individuos biológicos sino sistemas simbólicos, instituciones sociales. No tienen vida propia de tipo biológico ; suponen seres vivos que las utilicen. Ni nacen, ni mueren por sí solas, ni se reproducen en otra lengua distinta. Su modo de ser se puede designar bajo el término de "tradición" y con eso significamos una práctica de transmisión- modificación-adaptación.

De cualquier acto de comunicación simbólica se puede decir que pertenece o no a tal tradición. Y más aún de cualquier acto de comunicación lingüística. De ahí que se pueda censar en un territorio dado un numero bastante preciso de tradiciones lingüísticas diferentes. Pero esta "identidad" de una lengua no es la "individualidad" de un animal. Dos tradiciones distintas pueden interrelacionarse, fundirse la una en la otra, permitir actos de comunicación mixtos, etc. También puede una misma tradición dividirse en varias tradiciones separadas si van mermando los actos de comunicación que las manifiestan, las mantienen y las cambian. Estas propiedades nos obligan a tomar con cierta distancia la idea de clasificaciones "genéticas" entre lenguas, las afirmaciones sobre "lenguas-madres", "lenguas-hermanas", "familias de lenguas", etc. También nos obligan a considerar con ironía la pretensión, a veces explícita, de reconstruir un estado original con unas pocas lenguas primitivas, "ancestros" a partir de los cuales se podría dibujar un cuadro genealógico.

Afortunadamente, no estamos del todo carentes de recursos. La observación lingüística permite establecer relaciones entre fenómenos lingüísticos, relaciones que interpretamos como índices de prácticas lingüísticas comunes anteriores. Ulteriormente se busca sistematizar y ampliar estas relaciones, lo que ayuda a proyectar una luz tenue sobre el pasado. No parece que nuestro entendimiento actual de lo que es el lenguaje humano nos deje ir mucho más allá. Cada época propuso una clasificación de estas tradiciones en función de lo que pensaba que era una lengua. El gran desarrollo de la lingüística en los dos últimos siglos abrió un horizonte investigativo en el que apenas estamos avanzando, en cuanto a las lenguas indígenas colombianas se refiere. Situaremos lo que sigue en relación a las exigencias de este horizonte investigativo.

B. Primeros intentos clasificatorios

Tempranamente, el conquistador español percibió la diferenciación de lenguas, y a menudo se escudó detrás de ella para justificar las dificultades de su empresa. Es dificil medir el componente objetivo que se esconde en afirmaciones como ésta :

" Por lo cual hay tanta barbarie en sus lenguas que de una lengua unos a otros no se entienden y habla cada uno su lengua. Es cierto haber más lenguas diferentes unas de otras, que lenguas hay en toda la provincia" (Friede J.,1975 : tomo 5,109, citado por Triana y Antorveza H., 1987 : 27) .

Los mecanismos de fragmentación lingüística que aún hoy se pueden observar en algunas partes del país, nos permiten entre ver la realidad que causó el asombro del español. Es probable igualmente que su misma actitud le impidiera percibir redes de comunicación lingüística y afinidades entre lenguas que se sobreponían a esta división.

Los intentos que se dan en el siglo XVI y XVII para ordenar este supuesto caos son escasos (Fray Esteban de Asensio, Fernandez de Piedrahita), y van dirigidos principalmente a averiguar el área de expansión de las lenguas más habladas, según la perspectiva de entonces de buscar "lenguas generales". Se trata de reagrupar a partir de datos geográficos y culturales, o a partir del mismo testimonio indígena, más que de establecer una clasificación fundamentada en la observacion intrínseca de las lenguas. Hay que esperar el siglo XVIII para que los jesuítas de las misiones de los llanos del Orinoco empiecen a despejar el campo. Algunos como Joseph Gumilla aplican a las lenguas americanas el concepto de lengua matriz, ya en uso en Europa :

"Y es el caso que de aquella behetría de lenguas, unas son matrices, otras son derivadas (al modo que de la latina, como matriz, se derivan la española, francesa, e italiana, mudado respectivamente el dialecto) de modo, que entendida con perfección la matriz, da luz, y disminuye la dificultad para sus lenguas subalternas " (Gumilla J., [1791] 1955 : 252)

La labor de recopilación y estudio de estos misioneros culmina en los intentos de clasificación que hacen a fines de siglo, en Europa, con los datos de los jesuítas refugiados en Italia, Salvatore Gilij        ( [1780] 1965 ), y Hervás y Panduro ([1800] 1979). Gilij reconoce, apoyándose no solamente sobre palabras sino también sobre rasgos gramaticales, la afinidad de varias lenguas del Orinoco con el extinguido taíno de Haití, con el achagua y con el baure del Bení, dando pasos definitivos hacia la conformación de la gran familia lingüística arawak. También presenta un intento importante de clasificación de las lenguas de los Llanos orientales en nueve grupos. Desafortunadamente, estos trabajos representan más el fin de una época que la llegada a una etapa de madurez. Las circunstancias históricas que acompañan la decadencia y destrucción del imperio español interrumpen por casi un siglo el trabajo de descripción, comparación y clasificación.

C. Las clasificaciones modernas

Hay que esperar el surgimiento de la "americanística" europea para que, de los documentos aportados por viajeros, etnógrafos y filólogos, reaparezcan, a fines del siglo XIX, intentos clasificatorios.

Presentamos a continuación el cuadro de Sergio Elías Ortiz (1965 : 24) sobre el número de familias lingüísticas en Colombia según los autores de clasificaciones de este siglo :

AÑO AUTORIDAD # DE FAMILIAS
1901 Daniel Brinton 11
1913 A.Chamberlain 18
1942 Ch.Loukotka 17
1946 H.Hoijer 6
1950 J.A.Mason 11
1952 P.Rivet & C.Loukotka 12
1956 J.Greenberg 2 grandesclases, 8 subfamilias
1958 M. de Castellví 5 grandes clases, 11 familias

Este cuadro es incompleto y habría que recoger aquí las clasificaciones de P.Rivet (1924), de W. Lehmann (1926), de M. Swadesh (1959), etc. No es nuestra intención desarrollar la historia de esta clasificación sino ilustrar la variedad de criterios y de resultados a que han dado lugar. En esta sucesión vemos algunos hitos importantes y dos clases bien distintas de intentos.

Despúes de Gilij y de Hervás, ya mencionados, el primer intento importante y sobre el cual se apoyarán todos los otros es el del nortamericano Daniel Brinton ( [1891] 1946). A pesar de la gran cantidad de limitaciones de información, el mérito de Brinton fue recopilar y examinar todos los datos disponibles en la literatura de su época, buscando clasificar a partir de datos lingüísticos. Recogía así la mejor herencia de Gilij, herencia que no fue seguida por muchos de sus sucesores que clasificaron a partir de intuiciones etnográficas, geográficas o simplemente volviendo a tomar afirmaciones no comprobadas de sus antecesores.

Los trabajos del gran antropólogo francés Paul Rivet (1876-1958) a lo largo de más de cuarenta años de observaciones, representan la segunda contribución importante a esta historia. Es un innegable mérito de Paul Rivet haber publicado una gran cantidad de datos ignotos (así lo testimonian más de treinta artículos exclusivamente dedicados a lenguas colombianas, véase su bibliografía en Homenaje a Paul Rivet, 1958 : 66) y haber fraguado muchas hipótesis que resultaron ciertas. Desafortunadamente; y esto es común en esta clase de ejercicios; el afán de agrupar, de reducir a la unidad esta prodigiosa diversidad lingüistica, no solamente en la región sino en todo el continente, sin apoyarse sobre métodos seguros, lo llevaron a varias hipótesis endebles, hipótesis que fueron a menudo recogidas ulteriormente sin mayor crítica. Justo es decir que la pobreza de los datos, la inexistencia de estudiosos especializados en cada lengua y sobre todo la ausencia de testimonios históricos impiden casi siempre la utilización directa del método comparativo. Rowe (1951, citado por Wilbert en Loukotka C.1968 : 9) caracterizó de esta manera el método de Rivet :

"Cuando un buen número de vocabularios extensos son disponibles, su procedimiento habitual (de Rivet) es comparar la lengua que quiere clasificar con familias enteras. Por ejemplo, si encuentra una lengua nueva que cree poder ser arawak, compara cada palabra del vocabulario de esta lengua con palabras de significado semejante en unas treinta lenguas que ya ha clasificado anteriormente como arawak. El encontrar alguna forma semejante en cualquiera de las treinta lenguas es prueba de relación y el hecho que el número total de semejanzas a alguna lengua "arawak" en particular puede ser muy pequeño se pierde en la tabla comparativa. Rivet busca semejanzas más que correspondencias sistemáticas entre sonidos ; no reconstruye ".

Otra referencia obligada en lo que a lingüística amerindia colombiana se refiere, es la de Theodor Koch-Grünberg. Fue este universitario alemán (1872-1924) quién reveló la existencia de muchas lenguas del oriente amazónico colombiano. La precisión de su documentación y el rigor de sus comparaciones lexicales lo llevaron a constituir o a definir familias lingüísticas vigentes aún hoy en día (witoto, bora, macú, tucano oriental).

Los trabajos de clasificación de Sergio Elías Ortiz continúan, por lo general, las ideas de Rivet. Los citamos aquí porque siguen siendo consulta obligatoria y utilísima por la cantidad de datos históricos y lingüísticos que contienen para cualquier investigador en el tema de las lenguas indígenas de Colombia.

También en continuidad con los trabajos de Paul Rivet, conviene citar al lingüista checo Chestmir Loukotka (1895-1958). A lo largo de su actividad de universitario americanista, Loukotka fue recogiendo y analizando una inmensa documentación que le permitió elaborar una clasificación general de las lenguas de América del sur, la más completa y detallada de todas las que tenemos a disposición (Loukotka :1968).

En los años cincuenta los lingüistas norteamericanos Mac Quown, Greenberg y Swadesh tratan de reducir drásticamente el panorama intrincado de las lenguas americanas mediante la elaboración de macro-clasificaciones. Basándose sobre las clasificaciones anteriores, establecen agrupaciones mayores a partir del examen de listas estándares de palabras. La metodología de tales intentos nunca ha sido muy explicitada y creemos, por mucho que les acompañe una justificación matemática (Greenberg J. 1987 : Appendix B) que proceden de hipótesis que se van combinando una sobre otra con un margen de error consecuente demasiado alto. En teoría, se hace comparación masiva ("mass comparison"), cotejando datos lexicales estándares de cada lengua con datos lexicales seleccionados, supuestos cognados, que habrían definido pre-agrupaciones anteriores ( en realidad se siguen esquemas clasificatorios presentes en la literatura (Gilij, Brinton, Rivet, Lehmann, Loukotka). Así se va determinando en qué agrupación es preferible incluir la lengua examinada. No nos queda claro cómo se incluye todo un grupo en otro. A esta comparación lexical "masiva" se añade algo de información gramatical estudiando la distribución continental de ciertos rasgos como el sistema personal, los demostrativos, etc. Tampoco queda claro si el mapa de distribución de estas formas gramaticales coincide con el mapa de los grupos constituídos a partir del léxico. A continuación presentamos la última gran clasificación de Greenberg en su libro de 1987, que revisa muy poco el esquema de 1956 (Greenberg J : 1956) y que ha dado lugar a mucha polémica ( Campbell L. : 1988).

Greenberg postula la unidad originaria de todas las lenguas del continente americano menos las del grupo Nadene y las del grupo Esquimal. Todas estas lenguas procederían de una cepa única que llama "amerindio". Este amerindio se habría fragmentado en 11 ramas : Macro-Ge, Macro-Pano, Macro-Caribe, Ecuatorial, Macro-Tucano, Andino, Chibcha-Paez, Amerindio central, Hoka, Penutiano y Almosan-keresiouan. Las lenguas habladas en Colombia se encontrarían en las ramas : Macro-Caribe, Ecuatorial, Macro-Tucano, Chibcha-Paez. Esta sería la composición interna de estas ramas (subrayamos las familias lingüísticas presentes en Colombia) :

 

Macro-Caribe
Caribe
Andoque
Bora
Kukura
Witoto
Yagua
Ecuatorial familias macro-arawak (Otomaco, Tinigua, Guahibo, Katembri, Arawak (que incluye Maipure, Guamo, Arawa, Chapacura, Uro))

Cayuvava,

Coche (=Kamsá),

Jibaro-Kandoshi (que incluye Cofán, Esmeralda, Jibaro, Kandoshi, Yaruro),

 
 
Kariri,
Piaroa
(= Sáliba),
Taruma,
Timote,
Trumai,
Tupí,
Tusha,
Yuracare,
Zamuco.
Macro-Tucano
 
Auake,
Auixiri,
Canichana,
Catuquina,
Gamella,
Huari,
Iranshe,
Kaliana,
Koaia,
Maku,
Mobima,
Muniche,
Nambikwara,
Natu,
Pankaruru,
Puinave ( =Macú- Puinave), Shukuru,
Ticuna,
Tucano,
Uman,
Yurí.
Chibcha -Paez
a) familias chibchas que incluyen un "núcleo chibcha" con Antioquia ,
Aruak (arhuaco),
Chibcha,
Cuna,
Guaymí,
Malibu ( = chimila),
Motilón (= barí),
Misumalpan,
Rama,
Talamanca,
más Cuitlatec,
Lenca,
Paya,
Tarascan,
Xinca y Yanoama.
 
b) familias paeces que incluyen un "núcleo páez" con Andaquí,
Barbacoa,
Chocó y Páez propio,
más Allentiac,
Atacama,
Betoi,
Chimú,
Itonama,
Jirajara,
Mura,
Timucua,
Warrau.

 

D. El marco de esta presentación

Siguiendo lo que nos pareció ser la opinión dominante del tercer seminario-taller realizado el año pasado en Yerbabuena (Instituto Caro y Cuervo : 1988) sobre la prioridad de fortalecer el estudio de cada lengua y la comparación detallada entre lenguas ya vistas como afines (tanto a nivel de correspondencias fonéticas como a nivel de la morfología gramatical), dejaremos de lado el establecimiento de relaciones tan distantes como las anteriores, para examinar la situación de la clasificación a nivel de agrupaciones menos especulativas. Para tal efecto, seguiremos como hilo conductor la clasificación de Loukotka (1968) con las revisiones que le hizo Antonio Tovar, en la última obra que trata de presentar las lenguas amerindias del continente y que tiene, por lo tanto, una bibliografía más actualizada (Tovar A. y Larrucea C. : 1984).

Loukotka presenta 73 troncos o cepas de lenguas ("stocks") y 44 lenguas aisladas, para América del sur y Central ( no incluye a Mesoamérica). Las cepas de lenguas habladas en el territorio colombiano, de acuerdo a la revisión mencionada, serían las siguientes:

1) Chibcha

2) Arawak

3) Caribe

4) Quechua

5) Tucano

6) Guahibo (incluído en Arawak por Loukotka)

7) Sáliva-Piaroa

8) Macú-Puinave

9) Witoto-Bora

9.1) Witoto

9.2) Bora

10) Chocó

A estas 11 agrupaciones habría que añadir las cinco lenguas aisladas siguientes :

1) Andoque

2) Cofán

3) Kamsá

4) Ticuna

5) Tinigua

Las agrupaciones: Yurumanguí, Guamo, Otomaco , la lengua aislada idabaez, todas en Loukotka corresponden a hablas extinguidas que no trateremos aquí.

Tampoco trataremos en el marco de esta introducción, de las lenguas de grupos fronterizos que esporádicamente se encuentran en territorio colombiano sin que haya seguridad sobre el carácter duradero de sus asentamientos comunitarios. Estas lenguas son :

- el yaruro en el río Meta, en la frontera con Venezuela (grupo chibcha según Loukotka),

- el quichua ecuatoriano en el río San Miguel, en la frontera con Ecuador (quechua)

- el yagua en el trapecio amazónico en la frontera con Perú, (grupo peba-yagua)

- el cocama en el trapecio amazónico en la frontera con Brasil (grupo tupi-guaraní).

Estas exclusiones ( las de no examinar sino las lenguas vivas con asentamiento en Colombia ) son evidentemente arbitrarias, pero definen los límites de nuestro intento, por lo cual pedimos disculpas al lector. Es pertinente mencionar que proceden también de la voluntad de atender prioritariamente las lenguas para las cuales existe la posibilidad de describir y comparar un material suficiente, con los criterios de la lingüística moderna. El examen de la clasificación actual de las lenguas indígenas de Colombia revelará lo lejos que estamos aún de realizar esta aspiración. Sin embargo , la obra que se introduce aquí muestra que se está empezando a asumir el reto que define Loukotka en su obra póstuma :

"Most of the comparative studies of South American languages of necessity depend upon lexical rather than grammatical materials; the former are readily available while the latter are very scarce indeed. This shortage of grammars is certainly one of the greatest weaknesses of South American linguistics and should be rectified before the remaining tribes possessing indigenious languages become extinct. However I must leave the task to the next generation" ( Loukotka C., 1968 : 29).

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