PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICION

La primera edición de este volumen fue presentada en Palenque de San Basilio el 18 de mayo de 1980. En la iglesia del poblado, en medio de una nutrida concurrencia, don Basilio Pérez, miembro de uno de los cuagros importantes en la comunidad, presidió la ceremonia.

-Nina ha traído un libro sobre nosotros, muy bien escrito y muy bien empacado -dijo, a tiempo que levantaba un ejemplar y lo enseñaba.

Entre los asistentes se contaban unos veinte pescadores que habían viajado, desde caseríos en el borde de la bahía de Cartagena, acompañados por el biólogo Aníbal Patiño y por el sociólogo Jorge Eliécer Rivera. En ese tiempo ambos realizaban un sondeo sobre los estragos de la contaminación con mercurio en los peces y en los pescadores de esa bahía. Jorge Eliécer Rivera, coordinador de la Asociación Nacional de Pescadores Artesanales (Anpac), meses antes les había comentado las hazañas históricas de Benkos o Domingo Bioho, el guerrillero de Palenque en la época colonial. Seguramente esas noticias habían influido en el ánimo de los pescadores cuando decidieron darle el nombre de Bioho a su cooperativa de pesca. Y debieron también contribuir con su decisión de trasladarse hasta el poblado donde podrían conocer a los descendientes del héroe legendario. Pero más que nada, tenían curiosidad por ver dónde había nacido Antonio Cervantes, Kid Pambelé, el campeón mundial de boxeo que en ese momento tenía el halo de un dios terrenal.

El gran ausente en la presentación del libro fue Richard Cross, quien se encontraba fuera de Colombia. Había estado documentando escenas de la caída del régimen somocista y luego se había ido a una universidad de los Estados Unidos para cursar un postgrado en antropología visual. Pocos años después, en junio de 1983, realizando un trabajo de reportería gráfica en la frontera de Honduras con Nicaragua, perdería la vida. Los palenqueros vieron las imágenes de la tragedia en sus televisores. Muchas mujeres, especialmente las viejas con quienes él había reído y compartido tanto, lloraron y gimieron conforme lo hacen en el lumbalú con sus propios muertos en los funerales tradicionales del poblado. Lo extraordinario de esa amistad de Richard con Palenque es que, después de casi un decenio de la primera edición de este libro, su perfil amable permanece intacto en la memoria de los palenqueros.

Ma Ngombe: guerreros y ganaderos en Palenque constituyó un reto en el campo editorial de temas antropológicos en Colombia. Carlos Valencia Editores aceptó la propuesta de imprimir un volumen cuyos materiales escritos se alejaran del estilo tecnicista de las publicaciones de ciencias sociales, acercándose más bien a una narrativa ágil que contara igualmente con una descripción visual detallada del pueblo. Se trataba de captar una amplia gama de lectores que de otra forma no posarían sus ojos en una comunidad de negros. Se pretendía contribuir a hacer visibles a los descendientes de africanos que seguían ignorados en distintos niveles de la sociedad colombiana: en las aulas universitarias, en los estamentos del aparato educativo oficial, o en los canales de la televisión. Se intentaba, además, crear conciencia sobre un perfil de la gesta libertaria americana. La de los palenques o sociedades cimarronas que durante doscientos años habían sido grupos rebeldes frente al dominio de la corona española. Es decir, mucho antes de que, en el siglo XVIII, el movimiento de los comuneros iniciara su gestión histórica.

Más aún: el libro quería descubrir contornos de la cultura negra en Colombia, ante numerosas comunidades, algunas en camino de abandonar sus tradiciones rechazando su ancestro étnico. El fenómeno que algunos han dado en llamar indistintamente blanqueamiento, homogeneización, despersonalización y también integración o aculturación sociocultural, ha sido ampliamente rechazado desde comienzos de este siglo. Primero por corrientes intelectuales africanas y caribeñas en busca de una afirmación étnica y luego por fuerzas políticas que abogan por la valoración de la historia africana, de su diáspora en América y el consecuente reclamo de los derechos de los negros en el continente americano.

Empero, lo que nunca previó el proyecto fue la reacción que el libro suscitaría en el caso de que llegara a lectores del continente africano. Pues bien: algo inesperado ocurrió en 1984, cuando la obra De sol a sol se hallaba en preparación y durante un viaje a Senegal, Gambia, Costa de Marfil y Malí. A modo de presentación de mi trabajo, enseñé el libro sobre Palenque en instituciones y entre individuos con actividades sociocientíficas y técnicas. Para mi asombro, numerosas personas en prominentes niveles de conocimiento se mostraron sorprendidas al enterarse de la existencia en América del Sur de comunidades descendientes de antiguos esclavos africanos. Y cuál no sería su desconcierto al hojear las páginas de Ma Ngombe: guerreros y ganaderos en Palenque y hallar semejanzas profundas entre la expresión física y el gesto o entre rasgos de la vivienda rural de los africanos y la de los palenqueros.

-Esta joven se parece a su prima -llegó a exclamar Barry Mody Bakar, economista del Centre Ivorien de Recherche Economique et Sociale, en Abidján, cuando con uno de sus colegas miraba el libro.

De otro lado, si bien los objetivos de la primera edición hicieron eco en Colombia en los ámbitos donde logró penetrar, ello se debió a circunstancias específicas relacionadas con el mismo estudio antropológico. Me refiero aquí a dos principios estructurales, la rivalidad y el guerreo, que habiendo regulado la organización social de la formación palenquera colonial, seguían modelando la del poblado contemporáneo. Así, la belicosidad de la guerrilla negra en los siglos XVII y XVIII seguía expresándose ritualmente en Palenque de San Basilio. Por un lado, en el guerreo verbal practicado por las mujeres que llegaban a trabarse en agresión física, y en segundo término en el enfrentamiento formal de puños entre hombres. Al develar la evolución de estos principios en el marco de la república, pero como una respuesta adaptativa en una sociedad regional dominada por un conglomerado con prácticas discriminatorias hacia el negro, empezó a verse a la antigua comunidad de rebeldes bajo una luz diferente. Y bajo esta luz se destacó el fenómeno del boxeo, deporte que desde comienzos del decenio de 1970 contaba con campeones de talla mundial, y con aspirantes a campeones en su mayoría procedentes de Palenque y subidos en cuadriláteros internacionales.

Tales circunstancias que atrajeron la atención de los medios de comunicación les permitieron a los palenqueros expresar su orgullo étnico en términos distintos de los del boxeo. Frente a las cámaras de televisión que llegaron en busca de la noticia sensacional para el deporte pugilístico, los palenqueros dejaron ver otras aristas de su cultura. Por primera vez se vio y se oyó a la gente de Palenque hablando su lengua criolla, y los programas culturales de la televisión encontraron que esta comunidad, fuera de tener una historia insólita, ofrecía imágenes cálidas y coloridas. Las palenqueras aceptaron entonces danzar en montajes escénicos alrededor de muertos ficticios y ceremonias funéreas preparadas para el tinglado de la televisión y para el asombro de miles de colombianos.

Sin embargo, el resplandor de los reflectores de las diversas cámaras de fotografía y de cine y la cantidad de espacio periodístico que Palenque ocupó en los distintos medios no alcanzó a mover las maquinarias de la política o de la administración departamental, ni mucho menos de la nacional, para solucionar siquiera problemas básicos de la comunidad. En una visita realizada recientemente, quedaron a la vista muchas de las mismas penurias que desde hace años apremian a Palenque en la salud y la salubridad, en la educación o en su carretera, que es la única vía de comunicación.

Es posible, sin embargo, que la atención insólita concedida por los medios de comunicación al poblado hubiese repercutido en el liderazgo sociocultural que ha empezado a gestarse entre universitarios de estirpe palenquera. Tomando conciencia de su pasado y de sus tradiciones, hoy por hoy se les encuentra en proceso de afirmación social y cultural en la región y ante el país. Por otra parte, es indudable el reconocimiento del fenómeno palenquero que como modelo de acción política se proponen numerosos grupos negros en el territorio nacional. Por supuesto que aún falta ver la participación de éstos como fuerza de acción en el escenario de los movimientos populares contemporáneos en el país.

En este prólogo para una segunda edición de Ma Ngombe: guerreros y ganaderos en Palenque, es preciso destacar además que fue el conocimiento de principios estructurales de la formación palenquera lo que dio lugar a la investigación sobre el carnaval en la costa caribe de Colombia, y por ende a la ampliación del proyecto Estudios de Negros en Colombia. Cuando el trabajo sobre Palenque se encontraba aún en la etapa de recolección de datos en terreno, un ejercicio preliminar de análisis realizado en 1975 arrojó la urgencia de examinar las distintas manifestaciones del carnaval en diversos lugares de la región caribeña. Detrás de esa urgencia estaban las memorias de los cabildos de negros y sus vivencias. Una de ellas era el cabildo funéreo de lumbalú, depositario de huellas de la sabiduría tradicional de la religión y de la música y también de perfiles del cuagro. Éste, un grupo de edad, que era la unidad sustentadora del ritual lumbalú, se dibujaba también como basamento de la organización social palenquera.

Pero el dato complementario que impulsó al proyecto hacia el carnaval fue el de las cuadrillas de palenqueros que organizadas en comparsas de negritos, de maestranzas y de danzas, iban cada año a las fiestas de Cartagena y luego a las de Barranquilla. En la organización de estas comparsas y danzas aparecían nuevamente el cuagro y los vestigios del cabildo. El cabildo, institución que durante la esclavitud colonial había sido refugio de creencias, música, instrumentos musicales, idiomas, costumbres y ritos de los africanos, parecía haber dejado su impronta en ciertos aspectos del carnaval.

¿En qué medida, entonces, habría influido el cabildo, antiguo refugio cultural de los negros, en la evolución y configuración del carnaval actual? Ésta era una de las numerosas preguntas que el proyecto debía contestar. Para ese propósito, abundantes materiales sobre el carnaval en Brasil, Cuba, Perú, Argentina, Uruguay y Panamá, entre otros países, permitían la comparación de su desenvolvimiento. Y en cada caso, del mismo modo que en Colombia, el cabildo aparecía en la raigambre social de la expresión festiva de los negros. Hubo un momento, entonces, en que la investigación tuvo que concentrarse con igual intensidad en Palenque de San Basilio y en el carnaval de Barranquilla.

Claro que el libro sobre Palenque, también por las circunstancias antes descritas, llegó a publicarse antes que el Carnaval en Barranquilla, el cual hubo de esperar varios años antes de ser editado, en 1985.

De todos modos, la experiencia de Palenque, por encima de cualquier consideración en el campo de la estética visual o del deporte, es la de su vigencia como pieza medular en el mundo del escrutinio académico de las ciencias sociales, de la historia, de la cultura, o de la lingüística. Naturalmente, en los campos de la participación y de la acción sociopolítica su estatura solamente podrá apreciarse cuando movimientos como el Cimarrón, que empiezan a forjarse en la inspiración de su epopeya trasciendan regional y nacionalmente en las transformaciones que el país actualmente reclama.

Nimbus (Chocontd), 22 de abril de 1987
Nina S. de Friedemann

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