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ESCLAVOS, REBELDES Y LA LEYENDA DE ARCOSA comienzos del siglo XX, Camilo Delgado, un exmiembro del Centro de Historia de Cartagena, correspondiente de la Academia Nacional de Historia, escribió varios volúmenes intitulados Historia, leyendas y tradiciones de Cartagena, que aparecieron publicados con su seudónimo: Dr. Arcos. El trabajo fue el resultado de una recolección de tradición oral entre gentes viejas de Cartagena que en 1912, por ejemplo, tenía 93 años, como don José Martínez de Aparicio o Nicolasa Miranda, quien ya llegaba a los 114 años, o el general Pedro Martínez P., quien un año más tarde, en 1913, moría a los 96 años. Leyendas e historias del Dr. Arcos aparecieron primero por entregas en el periódico El Porvenir, de Cartagena, y luego se juntaron para su publicación en tres volúmenes. Todo este bagaje narrativo surgió en el ámbito de la sociedad de Cartagena, constituida en su estrado dominante por blancos y morenos. Así, las leyendas e historias sobre negros esclavos y libres, aunque hubieran tenido sus propias raíces en hechos verídicos, debieron pasar el tamiz de la repetición, transcripción, cambio o interpretación de los amos de esclavos y más tarde de los señores criollos, antes de llegar a los libros del Dr. Arcos. El prólogo de uno de esos volúmenes confirma el proceso de esas leyendas de Arcos así: "El Dr. Arcos ha seguido en el desarrollo de su obra la norma de creer mucho en la tradición y la leyenda y dudar un tanto de la apergaminada documentación que se llama vulgarmente cuna de la Historia. "El Dr. Arcos ha recogido [...] para disolverlas,
hecha; fragancia y convertirlas en belleza literaria [...] las
verídicas narraciones de venerables ancianos [...]" Entre las leyendas aparece una que se intitula "El rey del; arcabuco" (1913: 89-100) sobre el origen del famoso Palenque de negros rebeldes, cuyos descendientes aún están asentados en un valle de los Montes de María al sureste de Cartagena, entre las elevaciones de linché, Miangoma, Yapé, Orijal y Guayabal. La leyenda de Arcos es aquella de que en 1600 un rey: africano y su familia, habiendo sido secuestrados en un lugar de África, llegaron en la trata de esclavos a Cartagena de Indias y: fueron a parar primero en la propiedad del comerciante Juan de Palacios y luego en la del capitán Alonso de Campos, quien estaba al servicio del gobernador don Gerónimo de Suazo, Casasola. El rey Domingo Bioho o Benkos-Bioho y su esposa la reina Wiwa tenían no solamente un hijo heredero llamado Sando-Bioho, sino también una hija princesa de dieciocho años de nombre Orika. Como era de esperarse en narraciones de la época por blancos acerca de negros, la bella princesa negra Orika, de regia estirpe y piel de azabache, se enamora perdidamente del; hijo de su amo el capitán Alonso de Campos. Don Francisco de Campos exhibía, como su padre, los méritos de los caballeros del siglo XVII: era blanco y había luchado "pacificando indios" a punta de espada en el Nuevo Reino de Granada. Según la leyenda, los ojos de la princesa Orika languidecieron de amor, sus labios se tornaron tristes y su sed de amor por el joven militar la, hubiera conducido a la tumba, a menos que su padre el rey Benkos-Bioho no la hubiera retirado de la casa de sus amos llevando a cabo un movimiento de alzamiento rebelde contra la esclavitud. Es preciso anotar cómo el Dr. Arcos introdujo el ambiente romántico de Cartagena a comienzos del siglo XX salvando así los obstáculos raciales de los actores de su leyenda. El rey Benkos-Bioho --continúa el Dr. Arcos- no solamente se fugó de. Cartagena, en un acto de rebeldía hacia la esclavitud, sino que llevó consigo su mujer, sus hijos y un grupo de fugitivos negros que consiguieron arcabuces y flechas y en su huida asaltaron haciendas y robaron a los caminantes. Así aseguraron recursos que les permitieron seguir hacia el sur y defenderse de la soldadesca española y de sus perros que trataban de capturarlos nuevamente. Bordeando ciénagas, los cimarrones encontraron un terreno y allí el rey Benkos-Bioho fundó su pueblo, edificó su casa, atrincheró la población detrás de palizadas y repartió tierras entre sus compañeros de lucha. Entretanto, el gobernador Suazo Casasola, energúmeno, emprendió de nuevo la ofensiva contra los cimarrones. El hermoso Francisco de Campos fue nombrado segundo jefe en la expedición que se organizó para apagar las centellas del alzamiento africano en los alrededores de Cartagena. Pero las centellas siguieron brillando. La soldadesca española fue nuevamente repelida en un combate durante el cual a Francisco de Campos, que permanecía en la retaguardia como observador, desgraciadamente lo alcanzó una flecha en un pie y luego lo abandonaron sus compañeros quienes, derrotados por los negros, debieron emprender la huida. De Campos fue llevado a Palenque y encerrado como prisionero en uno de los bohíos del poblado. Cuando Orika era todavía esclava de la familia, De Campos había visto el profundo- amor que la doncella negra le profesaba -dice Arcos- y le tenía lástima. Ahora se la encontraba en circunstancias distintas. Él era un prisionero y ella era la princesa del Palenque. La reina Wiwa y su hija la princesa, al enterarse de que el hijo de su antiguo amo y señor estaba herido y preso, suplicaron al rey Benkos-Bioho que las dejara atenderlo. La pasión de Orika por el gallardo blanco se acrecentó, añade Arcos. Con la ayuda de la reina madre cuidó y curó al enfermo amado, hasta cuando una noche, trémula de miedo, decide acercarse al blanco y le musita: "Amo mío, eres libre". Sorprendido, don Francisco protesta. "No puedo creerlo, ya que primero está el odio de tu padre a nuestra raza... Benkos-Bioho no te perdonaría jamás". Y no la perdonó. Orika trató de fugarse con el blanco. Pero, espiada y perseguida por los guerreros del rey negro, fue capturada, cuando De Campos, que había sido herido por un tiro, acababa de morir en sus brazos, bajo un frondoso árbol. Orika, de regreso en el Palenque, fue sometida al rigor de la prueba administrada por el brujo. Un brebaje ritual divino hecho de haba de calabar y sus efectos en Orika dirían si era culpable de traición o no. "Bebe la poción divina", le ofreció el brujo. Orika así lo hizo. A medida que el ambiente del bohío se saturaba de los cantos y danzas de los negros, Orika, reclinada en su lecho, empezó a sentir el veredicto. "Culpada, culpada", gritó la multitud cuando Orika falleció. Las centellas del cimarronaje siguieron brillando. El gobernador de Cartagena Gerónimo de Suazo y Casasola murió sin que pudiera reducir a los rebeldes del rey Benkos-Bioho. Diego Fernández de Velasco, el gobernador sucesor, envió entonces a Juan Polo para que negociara un armisticio con los palenqueros. En efecto, prosigue el Dr. Arcos, se le propuso al rey del Arcabuco Benkos-Bioho que abandonara su título de rey, ya que en una misma tierra no podían reinar dos a un mismo tiempo. La propuesta incluía la concesión de que Benkos-Bioho vistiera traje a la usanza española, con espada y daga dorada. Empero, la leyenda deja en la bruma la decisión del rey africano de rechazar o aceptar la propuesta. Por el contrario, Arcos anota un nuevo alzamiento de los rebeldes negros y en esta ocasión el rey Benkos cae preso, es convicto y finalmente ahorcado por los españoles. De este evento sin fecha, la leyenda se transporta a 1796, cuando el último descendiente de Benkos-Bioho es también ahorcado por aliarse con negros franceses y de la misma Cartagena, para asaltar el fuerte de San Lorenzo, apoderarse de la ciudad y saquear las arcas del tesoro público, en una conspiración de muerte contra el gobernador Anastasio Zejudo. Según Arcos, transcurrieron dos siglos desde 1600 hasta 1796, llenos de alzamientos rebeldes negros, todos encabezados por Biohos, que la leyenda surgen como personajes heroicos de una epopeya sobre escenarios de ciénagas, empalizadas y montañas. Al final de esos dos siglos las centellas del cimarronaje negro, que mantuvieron a Cartagena en estado de permanente zozobra y han hecho vibrar la leyenda de Arcos, solamente se opacan con el legendario ocaso "de la raza de los Bioho" (1913: 100). El último ahorcamiento de un Bioho le permite a Arcos consignar el deseo de la sociedad cartagenera: la extinción de la raza de los Biohos o negros rebeldes. Pero Bioho, como un héroe ï negro legendario, había vivido dos siglos encarnado en un numero indeterminado de líderes rebeldes negros cuyas cualidades eran el coraje, la sagacidad, la defensa de su territorio, de, sus gentes y de su libertad nunca mancillada por los blancos. La raza de los Bioho solamente se extinguió en él libro de Arcos. En cambio, ciento cincuenta años después del último ahorcamiento de un Bioho y con el advenimiento de la antropología en Colombia, el héroe negro encuentra sitio prominente en la historia de Afroamérica. Escalante (1954: 207-366) viste la leyenda de Arcos con ropaje científico y la presenta como un hecho histórico del negro en Colombia, dentro de una monografía sobre el palenque de San Basilio, un poblado contemporáneo situado cerca de Cartagena, en el departamento de Bolívar. A partir de 1954, la leyenda de Arcos, a causa del escrito de Escalante, empieza a aparecer como historia en referencias bibliográficas científicas. La leyenda recorre este rumbo insólito hasta 1970 cuando Roberto Arrázola, un miembro de la Academia de Historia de Cartagena, publica su recopilación de documentos históricos procedentes del Archivo General de Indias en Sevilla, alrededor de los palenques o pueblos rebeldes negros en la antigua provincia de Cartagena de Indias. Los documentos fechados entre 1603 y 1799 se publicaron con un título que expresa el resultado de la lucha de los negros en la historia de América colonial: Palenque, primer pueblo libre de América. El libro de Arrázola trazó unas sendas que permitirán dilucidar con veracidad científica la historia social y cultural de muchos de los negros que plantaron las raíces de la cultura negra en el litoral Caribe de Colombia. Los documentos y comentarios del libro de Arrázola se refieren a la formación de grupos rebeldes en lugares fortificados o palenques, como Matuna, Tabacal, Sierra María Matubere, Bongue, Duanga o Arenal. San Basilio de Palenque es una denominación que posiblemente surgió después de una entente cordiale celebrada en 1713 entre. "Los negros cimarrones de cierto palenque ubicado a las faldas de la Sierra de María" y el obispo de Cartagena fray Antonio María Casiani (Arrázola, 1970: 268). Pero ese palenque era apenas uno de varios que existieron en la Sierra de María, sin contar los que había en otros lugares de la provincia. ..,Y el encuentro cordial con el obispo no debió significar mayor adelanto en las relaciones entre los rebeldes y la gobernación, ya que en 1799 (Arrázola, 1970: 299) se descubrió el principio de una sublevación proyectada en alianza con negros franceses para el 2 de mayo de ese año. Se intentaba tomar el Castillo de San Felipe de Barajas, el fuerte del Cerro de la Popa y otros puestos, entrar en la plaza y asesinar a los blancos. En 1973, la historiadora María del Carmen Borrego Pla, utilizando dos legajos del Archivo de Indias, publicó en España un estudio sobre los palenques de negros en Cartagena de Indias a fines del siglo XVII. En tal estudio Borrego Pla delimita (pág. 26) los palenques que existían en los últimos veinticinco años del citado siglo, en tres áreas geográficas de la provincia, así: los del norte en la sierra de Luruaco compuestos por negros criollos y conocidos con los nombres de Betancur y Matubere; los del centro en la sierra de María, con gentes de larga trayectoria cimarrona organizadas en cuatro palenques, aunque solamente se mencionan dos de ellos, el de San Miguel y el del Arenal: los del sur en la serranía de San Lucas, entre los ríos Magdalena y Nechí, conocidos como los palenques de Norosí y Cimarrón, formados por negros criollos y bozales. De esta manera, el examen de la documentación histórica y del presente etnográfico del actual poblado de Palenque de San Basilio permite dibujar trazos no solamente del palenque corno organización en el litoral Caribe, sino el trayecto del Bioho corno hombre y héroe negro convertido en mito. "El rey del arcabuco", que como leyenda sirvió para narrar durante un cuarto de siglo t el origen del actual Palenque de San Basilio, fue útil á, los, cartageneros de comienzos de siglo para compararla actitud variada de muchos negros en la región. La de los que como peones ordeñaban ganado en las haciendas de los ricos, mientras las negras amas de crianza amamantaban niños blancos y morenos de las familias notables, y la de aquellos negros altivos de color azul que de vez en cuando aparecían caminando con paso arrogante debajo de los altos balcones de la ciudad, hablando un lenguaje criollo que los cartageneros nunca han aprendido ni entendido. Pero principalmente la leyenda ha servido para explicar la existencia de los palenqueros, descendientes de Bioho , "la raza" que, aniquilada solamente en, la leyenda, triunfante ha seguido reproduciéndose año tras año al sureste de Cartagena, en un valle de los Montes de María. Afortunadamente la leyenda de Arcos, después de pasearse por bibliografías de autores científicos, recupera en la actualidad el carácter de leyenda con que originalmente fue escrita a comienzos del presente siglo y la ciencia histórica se responsabiliza de la realidad. |
