La música y el canto

Populares y del folklor

Guillermo Abadía Morales
Compendio General del Folklore Colombiano
Citado en El Pacífico Colombiano
Banco Occidente. Editolaser, 1985

El investigador Guillermo Abadía Morales dice en su libro que en el Litoral Pacífico la abundancia de tonadas musicales es notable y que el número de variedades y aires resulta superior al de cualquier otra región del país.

Abadía propone tres razones que explican este hecho: la presencia de cuatro tribus indígenas (cunas, Emberas, Noamaes o Waunamas y los Cuayquer), que aportan 47 aires; la notable afluencia del elemento negro, que mantuvo su tradición musical con una muy reducida influencia blanca y la supervivencia de canto y danzas españolas del siglo XVI que las poblaciones negras han conservado intactas. El resultado son 26 aires musicales, que desde los tiempos de la colonia se unieron al acervo indígena que son 47.
De la extensa lista de los aires indígenas del Pacífico se pueden citar algunos como los siguientes: el aconijaris, nombre que reúne muchos cantos religiosos de las tribus Embera, en los que se alaba al sol y las fuerzas naturales, aunque en algunas regiones catequizadas se mezcla con elementos católicos. La bienvenida, tonada cuna de tipo ritual para recibir a los visitantes; el canta jai, originalmente Noanamá, tonada de conjuro que interpreta el brujo o hechicero de la tribu; el Daba Kurgin Huedí, el Nia Igatá, el Puna Lecua Bayai,etc.

El currulao

Además de las tonadas indígenas, de las que las anteriores sólo son un ejemplo, es necesario destacar las tonadas mulatas como el Patacoré, el Berejú, la Juga, el Maquerule, el Aguabajo y el Bunde, pero la tonada básica del Pacífico es el Currulao, danza muy peculiar y popular en los alrededores de Buenaventura. Este ritmo es el que predomina a lo largo del litoral y en concepto del folclorista Guillermo Abadía Morales expresado en su libro "Compendio General de Folklore Colombiano", es la danza negra más perfecta y dinámica y en ella se pueden verificar las características de un rito sacramental, saturado de fuerza atávica y un contenido mágico tan notorio en la expresión que van adquiriendo los rostros transfigurados en el desenvolvimiento de la danza.

Puede decirse que los danzarines se van poniendo en trance y que, subyugados por el fondo misterioso de la música, se muestran poseídos de un espíritu superior, del cual son ellos involuntarios instrumentos. Las gesticulaciones, jadeos, giro, escorzos, unificados en todo el grupo humano, constituyen un colectivo ente el coreógrafo que se mueve bajo un idéntico impulso y se expresa en un todo ritmo plástico, en una oleada humana que se desplaza en dos sentidos simultáneos: uno de rotación circular unánime sobre la pista de la danza y otro de traslación lateral en el eje mismo de la danza de parejas enfrentadas. Podemos estar seguros de que la planimetría del currulao supera todas las danzas que conocemos, colombianas.

El Patacoré

Como coreografía no difiere del currulao en el caso de que ocurra la sugestión de danzado. Su nombre distingue más bien a un canto del cual hemos dicho que podría no ser negro sino derivación de algún canto de cosecha de los indígenas Embera, llamados también Cholos, ya que la voz patakorá en lengua chola significa plátano; así pudo existir un canto o tal vez una danza indígena de fertilidad o cosecha que dio su nombre (y sólo su nombre) a esta variedad negra, que por ello no dejó de ser un currulao cantado.

Otras Tonadas y Cantos

Guillermo Abadía Morales
Compendio General de Folklore Colombiano.
Talleres Banco Popular Bogotá, 1983

El Berejú

Su semejanza con el patacoré es tal, que muchos cantores no saben si una pieza determinada es el uno o el otro. Quizá, la conjugación de las voces pudo determinar la única diferencia esencial. Demelia Pantoja, de Tumaco, citada por Davidson, dice que el Berejú es de ritmo más lento que el patacoré. Su nombre es africano según Zapata Olivella.

El Aguabajo

Se sugiere que es ésta una tonada que se ejecuta cuando se baja por los ríos en la embarcaciones usuales, de la región: canoas, potrillos, champas, balsas, Imbabura, etc, Esto equivale a considerar el Aguabajo como un "canto de viaje".
Estos cantos son comunes en los litorales no sólo en el ámbito mulato, sino en el indígena.

El Makerule o Maquerule

Este aire deja translucir una base rítmica muy similar a la danza chocoana, supervivencia hispana. Lo parsimonioso de la danza indica también su ancestro cortesano.

El origen del nombre parece estar en el apellido de un gringo llamado Mac Duller que puso una panadería en Andagoya (Chocó) pero se quebró por vender al nado y hasta su mujer lo abandonó. Esta historia se volvió canción pero con la fonética de los negros, quedó, así:

Mister Mac Duller era un Chombo
Panadero en Andagoya-
Lo llamaban Maquerule,
Se arruinó fiando mogolla.

Maquerule amasa el pan
Y lo vende de contado;
Maquerule ya no quiere
Que su pan sea fiado.
Maquerule no está aquí,
Maquerule está en Condoto
Cuando vuelva Maquerule
Su mujer se fue con otro.

Y a cada estrofa se canta como estribillo:

Póngale la mano al pan, Maquerule,
Póngale la mano al pan, pa que sude
Pin, pan, pun, Maquerule, pin, pan, pun,
Pa que sude, pin, pan, pun, Maquerule, pin, pan, pun.

Este episodio y la canción se popularizaron y la fonética figurada dio el nombre a esta única tonada que se conoce el Pacífico con ese nombre.

El Pango o Pangora

Es una variedad de currulao sin características especiales y habitualmente acompañado de canto. Parece voz africana.

El Andarele o Amanecer

Sigue las plantas de la tonada base, el currulao. Davidson lo menciona con la característica de "bambuco que se danzaba al alba".

Caderona

Es una variedad de currulao con letra alusiva amorosa.

El Tiaguarandó

Se dice que es un canto acompañado de cununos, sonajas y jucos. Se identifica con la madrugada y en la coreografía los danzarines van cogidos de las manos.

El Calipso Chocoano

No es cosa distinta del canto antillano de improvisaciones de trovadores que tiene semejanza con las actuales baladas, pues representa un comentario social al modo de estas o de algunos negro, espirituales.

En Sierra Leona, África occidental,, se encuentra aún el calipso.
Del ámbito antillano pasó a Panamá y de allí al Chocó en donde tomó características regionales muy definidas especialmente en lo tocante al ritmo.

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