CLARINETES PRECOLOMBINOS

Clarinetes de tradición Precolombina aún vigentes en varias tribus del Amazonas. indios Tucana. Brasil

FLAUTAS - CLARINETES - BOTUTOS TROMPETAS

Dentro de las tradiciones musicales que aún sobreviven en las selvas del Brasil, de Colombia, Perú y Venezuela, todavía aparecen varios instrumentos y relatos que son de real interés y, como en el caso del libro DESANA Simbolismo de los Indios Tukano del Vaupés del profesor G. Reichel-Dolmatoff, documentos que se tornan imprescindibles por su variedad, seriedad y profundidad. Por ser de tanta trascendencia las últimas auténticas tradiciones de los indígenas a que se refiere el profesor               Reichel Dolmatoff, creo pertinente dar amplia difusión no sólo al aspecto técnico de los instrumentos sino a las relaciones directas con los instrumentos bien sea que tengan que ver con sus dioses, con sus costumbres sexuales, o con sus danzas. Igualmente presento otras relaciones de distinguidos musicólogos y otras citas o comentarios ligados a este tema.

RELATO DEL PROFESOR GERARDO REICHEL DOLMATOFF

"Todo viajero por el Vaupés ha oído hablar del YURUPARI ceremonia que siempre ha preocupado la imaginación de los misioneros y caucheros, y sobre cuyo significado se han formado las teorías más diversas". Y pasa luego a detallar el acontecimiento ritual según lo celebran e interpretan los Desana.

"La fiesta se celebra aproximadamente una vez por año, generalmente en una época cuando hay abundancia de pequeños peces, frutas de WZXSú, Semé y toá o cogollos de palmito míxi o de otras palmas tales como nyumú o me'e. Un grupo de hombres jóvenes y algunos viejos se reúnen en la selva para recoger estas frutas, ahumar carne y pescado o aprestar otras comidas, y las llevan luego hacia la maloca que se ha escogido como centro de la fiesta.

Cápsula inserta dentro del "Cañón o tubo de resonancia". Dos tipos de caña sencilla. a. De la misma cápsula. b. Agregada.

Ya con días o semanas de anticipación se han invitado los miembros de otras fratrías, tales como los Pira-Tapuya, Tukano o Uanano y se han preparado grandes cantidades de chicha. El lugar de la reunión se escoge desde el punto de vista de la existencia de varias muchachas púberes, es decir, cuando un sib desana está dispuesto a entrar en una relación recíproca de intercambio de mujeres, con un sib de otra fratría. Una vez preparados los alimentos, los hombres, ahora reunidos en el puerto, se ponen en marcha. Ya en el -camino a la maloca tocan variasas grandes flautas tubulares, algo cónicas, hechas de un trozo de corteza envuelto en forma espiral y provista de boquillas de madera.

Veremos en primer lugar algunos detalles de estas flautas que, evidentemente, desempeñan una función central. Las flautas se manufacturan en el mismo lugar de la selva donde los hombres recogen las frutas y consisten en largos pedazos de corteza enrollados, de algo más de un metro de largo. Para darle estabilidad a este tubo, se le refuerza amarrando a lo largo de él unas dos o tres varas delgadas sujetadas luego por fibras que se enrollan alrededor del tubo del instrumento. Mientras que los tubos se pueden hacer de cualquier corteza disponible, la boquilla (dixsíro = boca) debe estar hecha de madera de la palma macana (Guilielma speciosa Mart.) y consiste en un pequeño tubo de unos 15 a 20 cms. de largo, que se inserta en el extremo más angosto del tubo. las flautas se tocan siempre en pares: una masculina llamada poré y otra femenina, llamada ponenó.

Ahora bien; al oír acercarse el sonido ronco de estas flautas, todas las mujeres, excepto las que ya han pasado la menopausia, salen de la maloca y se esconden en la selva mientras que los hombres llegan. Tocando sus flautas entran a la maloca y depositan las frutas y demás comidas sobre un gran balay, cerca de la puerta principal, en el interior. Cada hombre sin embargo guarda para sí un pequeño racimo de frutas, algún pez o un trozo de carne ahumada. Siempre tocando sus flautas se dirigen ahora en fila a través de la maloca hacia la puerta posterior, pero antes de llegar al otro extremo se dispersan súbitamente y aparentan buscar a las mujeres jóvenes mientras que van palpando por aquí y por allá, a las mujeres viejas, con los alimentos que llevan en la mano. Después de salir por la puerta trasera y siempre tocando sus flautas, los hombres se retiran ahora y van otra vez al puerto, lugar donde esconden sus instrumentos debajo del agua.

Carinetes dobles, macho y hembra, largo y corto respectivamente. Danza ceremonial de Camuyara. Xingú. Brasil.

Mientras que los hombres están así ocupados en el puerto, las mujeres viejas llaman a las jóvenes y éstas entran entonces a la maloca. Simultáneamente vuelven los hombres, ya sin las flautas, pero llevando en sus manos, además de las frutas o carnes ahumadas ' manojos de ortigas. Entran a la maloca con risas, bromas y empujones, atacando a las mujeres y muchachas, sea para darles golpes en las espaldas o los senos con la carne y las frutas, o sea para refregarlas con las ortigas. Las mujeres pretenden huir pero, con risas y gritos, se dejan palpar por los hombres quienes las persiguen ahora dentro y fuera de la maloca. Después de un rato y en el mismo ambiente de alegría y excitación se reparten luego los diversos alimentos que los hombres han traído en su primera entrada a la maloca. Lo que sigue es luego una reunión como otras, durante la cual se reparte chicha, se come y se bailan luego los diversos bailes que se han descrito. Observamos pues claramente dos fases: la primera solemne, amenazante y produciendo la separación de los sexos; la segunda alegre y buscando la unión.

Para comprender estas actitudes rituales debemos ver en primer lugar cuáles son las bases míticas de estas ceremonias. El Padre Sol, como sabemos, cometió incesto al violar su propia hija, quien aun no había llegado a la pubertad, pecado máximo entre los Desana y acontecimiento mítico de extraordinaria importancia para ellos. La escena ocurrió en el raudal de Wainabí, al pie de un árbol de waxsúpë, y en las grandes rocas que yacen en la orilla del río se ven aun grabados en la piedra, los restos de esta violación: la impresión de las nalgas de la muchachas, manchas rojas de su sangre y una serie de pequeños huecos donde ella orinó. El único testigo de la violación fue un pequeño insecto, el "ruegadios" llamado bári bugë o bári uáxti, según el nombre de una fruta que dicen que huele a cebolla (Anacardium excelsum?). El insecto oyó la risa de la Hija del Sol y se acercó para ver qué ocurría. Siendo así testigo del acto, el insecto se transformó en persona (el mito no explica en quién) e hizo una flauta, la primera flauta de "yuruparí", para denunciar públicamente el crimen que había observado. En las rocas de Wainabí se ve un círculo que marca el lugar donde puso la boquilla de la flauta al apoyarla en el suelo. El sonido que producía este instrumento era triste y amenazante, pues proclamaba la existencia de un gran pecado, y el instrumento mismo olía a la fruta barí, con el olor del órgano sexual de la Hija del Sol.

Más adelante continúa el profesor Reichel-Dolmatoff: "Al analizar ahora algunos detalles simbólicos podemos completar esta interpretación. Hemos dicho que hay dos flautas, una masculina y una femenina. El sonido que produce la flauta masculina se dice ser: por-é-é-é-é, lo que se interpreta como koré = vulva. Al soplar en la boquilla el sonido de la k está necesariamente transformado en una p, pero todos conocen el sentido erótico del sonido en cuestión. Sea dicho aquí que la palabra koré se considera como obscena y que, en la conversación está generalmente remplazada por la palabra sibiá (de sibí = codorniz, un eufemismo porclítoris), Cuando se acercan las flautas a la maloca, las mujeres y las muchachas gritan bí-bi bi-bí, una expresión de desprecio y de rechazo, pero también ríen en alta voz, imitando la risa de la Hija del Sol, antes del coito. Este grito imita al sibí, ave cuyo canto es de mal agüero para el cazador (quien simbólicamente es un hombre sexualmente excitado). Al decir bí-bí, las mujeres quieren manifestar que ojalá "la mala suerte se aleje de ellas", que ellas no se prestarán a cometer tal pecado. El sonido de la flauta femenina en cambio, es agudo pero monótono y amenazante, transcribiéndose como lí-lí-lí-lí. Mientras que la flauta masculina incita e insinúa, la femenina rechaza y amenaza.

"Es interesante observar aquí que los Pira-Tapuya, quienes también tienen fiesta de Yuruparí llaman las flautas miniá-poari y a las personas que las tocan miniá-poári-maxsá. Este nombre se deriva de miníye = ahogarse, hundirse, y de poári = pelos púbicos. Hemos mencionado ya que el acto sexual se compara con el acto de "sumergirse en el agua", "botarse al agua" y se alude así al carácter sexual de las flautas. Los hombres que las tocan, representan entonces a aquellos quienes "se hundieron", quienes cometieron ,el pecado".

Finalmente entresaco otra frase importante que el profesor atribuye a su informante: "EL YURUPARI no es una persona: es un estado. Es una advertencia de no cometer incesto y en cambio de casarse solo con las mujeres de otra fratría".

No sobra ponderar estos relatos que esencialmente constituyen una forma de educación sexual en donde las "flautas" juegan un papel preponderante.

Pero además existen los mismos instrumentos que nos describió el profesor en otras regiones. En Brasil los indios Camayura tocan el URUA que posiblemente puede ser un poco más grande que el de los

Desana. Son, de todas maneras, idénticos, hechos con corteza, dobles, etc. En sus rituales el canuto o caña más larga es considerada la macho y la corta la femenina. Por otra parte, los clarinetes dobles y triples y aún cuádruples son casi comunes e importantes en Arabia, los Balcanes y la India. Sin embargo, son instrumentos más refinados, con huecos exactos para lograr melodías y distancias precisas. En todos estos instrumentos debe existir la "boquilla" citada por el profesor en la cual está la lengüeta que hace vibrar el aire y que convierte al instrumento en un clarinete.

Pero ya que estamos gozando con los relatos de los Desana veamos otras variantes que también se relacionan con los clarinetes indígenas. Esta vez se trata de la relación del gran músico venezolano José Antonio Calcaño.

"Se decía antaño que en las selvas de la Guayana venezolana sucedían a veces cosas extrañas y espantosas. Se decía que seres maléficos se congregaban en los misteriosos conjuros de los indígenas, que en las tinieblas de la selva virgen surgían mil cosas pavorosas, que aullaban y ululaban lúgubremente, mientras los hechiceros danzaban y los hombres de la tribu, al son de instrumentos horrísonos, se flagelaban hasta sangrar por completo de las espaldas. Estas eran las festividades del Máuari o espíritu demoníaco, durante las cuales se efectuaban fantásticas iniciaciones. Las mujeres y los niños quedaban excluidos de estos actos, sólo cuando los niños llegaban a ser hombres se incorporaban a tales ceremonias. A esto se le daba a veces el nombre de fiesta del botuto. El botuto-era el instrumento terrible que sonaba en las tinieblas del bosque. Se aseguraba (y aún en tiempos modernos se asegura) que los botutos sagrados. permanecían ocultos en la selva sin que ninguna mujer ni hombre profano pudiera verlos. Se decía también que los indígenas eran muy celosos en esto y que jamás viajero alguno pudo ver el instrumento misterioso".

"Humboldt también habla de esta trompeta. Los yaruros, la llaman máuari por ser a lo que parece, semejante a la famosa trompeta de los conjuntos. Es semejante este instrumento al YURUPARIS de otras tribus amazónicas; y no deja de ser significativo el hecho de que entre estos grupos Yurupari o Juruparis es el nombre del dios a quien están consagradas estas festividades; sucede igual entre los yururos y otras tribus del extremo austral de Venezuela, donde Máuaries el nombre del dios o demonio, y máuari . es también el nombre de la trompeta con que se le festeja. De manera, pues, que máuari nos resulta igual a botuto".

Las diferentes relaciones que aparecen en este capítulo agregadas a las narraciones del P. Gumilla, definen claramente un tipo de instrumento que por la cápsula interior, es decir, por la caña vibradora, se trata de un clarinete no importa el largo de la corteza que hace el papel de resonante. No se trata de flautas, según las descripciones. Tampoco se trata de caracoles, trompetas o pututos o fotutos. Es instrumento ceremonial que debe impresionar enormemente a indígenas y visitantes que en la inmensidad de la selva y del silencio causan las más variadas sensaciones.

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