LAS INCREÍBLES NARRACIONES DEL PADRE GUMILLA

El  P. Joseph Gumilla había nacido en Cárcer en 1686, en el obispado de Orihuela. Siendo aún muy joven, ingresó a la Compañía de Jesús, en 1704. Al poco tiempo, en 1705, fue enviado a Santafé, en el Nuevo Reino de Granada, para continuar su formación religiosa, encaminada, como la de los demás compañeros de noviciado, a una severa preparación que los habilitase para emprender la ardua empresa de conquistar la Orinoquía y de intensificar el proceso de evangelización de las tribus que allí tenían su asiento". De esta manera nos entrega datos preciosos el ilustre prologista Luis Duque Gómez en la edición facsimilar de las narraciones del Padre Gumilla, realizada por Carvajal S.A., en el mes de diciembre de 1984.

Olvidamos con frecuencia que la conquista persiste hasta nuestros días; inmensos territorios siguen siendo invadidos con la intención de imponer diferentes variantes de religiones y creencias y se sigue mirando a nuestros indígenas con desdén señorial digno de otras épocas más oscurantistas, más absolutistas. Si todo esto acontece en nuestros días, lo era más a principios de 1700 cuando el P. Gumilla también se "preparaba para emprenderla ardua empresa de conquistar la Orinoquía". Esto mismo nos sirve de base para comprender que los instrumentos musicales, costumbres y demás actos que estuvieran ligados a la música, eran consecuencia de las tradiciones precolombinas. Pero además, hay que calificar los dibujos de la "Historia Natural civil y geográfica de las naciones situadas en las riberas del Río Orinoco". Su autor el Padre Joseph Gumilla, Misionero que fue de las Misiones del Orinoco, Meta y Casanare. Nueva Impresión: Mucho más correcta que las anteriores, y adornada con ocho láminas finas, que manifiestan las costumbres y ritos de aquellos americanos. Corregido por el P. Ignacio Obregón, de los Clérigos' Menores. Tomo 1. Barcelona: En la imprenta de Carlos Gibert y Tuto año MDCCXCI. Son verdaderas joyas, quizá los primeros instrumentos musicales debidamente dibujados que, por lo menos en cuanto a su forma, nos dan una idea total. Igualmente merece anotarse la fluidez y las múltiples y preciosas narraciones sobre los más diversos temas, muchos ligados con la música y la danza. No me queda duda de que la mejor forma de utilizar las narraciones del P. Gumilla es la de transcribirlas y comentarlas.

"Los Caberres y muchos Caribes usan por gala muchas sartas de dientes y muelas de gente, para dar a entender, que son muy valientes, por los despojos, que allí ostentan ser de sus enemigos que mataron: con estos adornos, y su macana en una mano, y la flauta, llamada fututo, en la otra, una y otra alhaja con sus borlas, salen los Indios engalanados a todo costo para los días ordinarios; pero los días clásicos para ellos...".

Aquí hay dos cosas interesantes para subrayar. En primer lugar, advertir que estos Caribes, como él los llama, ordinariamente, es decir, diariamente utilizaban su macana y la flauta o fututo, inclusive agregando claramente que en una mano llevaban la macana y en la otra el fututo o flauta. Lamentablemente no nos dice si este uso se circunscribía solamente a determinados indios o era el uso general que parece advertirse también en algunas láminas de la Comisión Corográfica del Caquetá. Se debe agregar también que el P. Gumilla comete el mismo pecado común de llamar flauta y fututo a instrumentos que son diferentes. A su debido tiempo queda aclarado que el fututo, fotuto, potuto, más bien debe entenderse como caracol trompeta. Parece que el nombre de flauta era el genérico para todo lo que sonase, agradable o desagradablemente, y que otro genérico era el pututo o fotuto. Quedamos aquí confundidos pues no nos define claramente cuál es el instrumento. Por esto mismo es tan importante el dibujo, concretamente, las ocho láminas que aparecen en la edición facsimilar. Se dedica a narrar la belleza de los dibujos que se hacían los indios en sus cuerpos desnudos, "con dibujos no despreciables", cuando acudían a ceremonias importantes como casamientos, cabos de año de sus caciques y capitanes. "Los Músicos de flautas, fututos y tamboriles y todos los que están enseñados para las danzas, salen mucho más lucidos..." Aquí ya hace distinción y parece que hubiese flautas, fututos y tamboriles. Cabe llamar la atención de la frase... "y todos los que están señalados para formar las danzas...", es decir los entrenados.

En relación con los Guayquiries nos dice:

"De todas quantas Naciones de Gentiles he tratado, sola en ésta vi casamientos con tantas ceremonias, que para escribirlas fueran necesarios muchos pliegos: resumiré aquí solas aquellas principales, que no darán enfado. La víspera y noche antes de la boda se gasta en untarse todos, pintarse y emplumarse, según y como dice en el capitulo séptimo; y en especial á emplumar las novias se aplican gran número de viejas, que ya para sí no cuidan de plumas: las diez del día son, y todavía están pegando plumitas en aquellos cuerpos hartos de ayunar: entretanto el Cacique que es el Maestro de Ceremonias, y diciendo lo que se sigue. Luego que sale el Sol, viene del bosque inmediato una Danza bien concertada con flautas y timbaletes, y dan muchas vueltas y revueltas al contorno de la casa y casas de las novias, de donde á su tiempo sale una anciana con un plato de comida, y se la da á uno de los Danzantes: entonces todos á carrera abierta vuelven al dicho bosque; y arrojando el plato y comida, dice uno de ellos en voz alta: Toma, perro demonio, esa comida, y no vengas á turbar nuestra fiesta; y preguntando yo, ¿por qué hacían aquello? me respondieron: porque tenemos miedo al demonio".

Aquí lo importante es el sentido de organización de la danza, la coreografía con movimientos predeterminados ligados a sus ceremonias y creencias. No nos cuenta si el canto formaba parte de las amonestaciones contra el "perro diablo". Tampoco nos habla en esta ocasión de los fututos y solamente de flautas. Sin embargo un poco más adelante sigue la narración musical y nos entrega una descripción muy importante:

Pero volvamos á los Mapuyes; hecha esta ceremonia, corno ya quedan seguros para divertirse, se ponen los Danzantes las coronas de flores, que allí tenían prevenidas, un ramillete en la mano izquierda, y en la derecha las sonajas, con que siguen el compás 6 descompás de las flautas, y vuelven danzando á la puerta de la novia, donde ya están en fila otros Danzantes de otra libréa; pero de la misma tela de plumas, y con unas flautas de mas de dos varas de largo, de cierta caña negra, que llamaban Cubárro. emplumadas á todo costo: y á la verdad estas flauta están en punto, y hacen suave consonancia de dos en dos, no menos que cuando suenan dos violines, uno por tenor, y el otro por el contra-alto. En medio de esta danza van danzando también los novios con plumas de especial divisa".

Ceremonias de los otamacos para los entierros según el padre Gumilla
Reproducción de los grabados sobre instrumentos musicales del Padre Gumilla. Lleva al pie la leyenda "Los Médicos del Orinoco llamados Piaches"
"Bayle de los Indios mapuyes... una danza bien concertada con flautas y timbaletes..." (Padre Gumilla)
"...Eran unos cañones de barro de una vara de largo, tres barrigas huecas en medio, la boca para impeler el ayre angosta,..."( Padre Gumilla )
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