NUEVA VISIÓN DEL ARTE INDÍGENA

Estatuilla antropomorfa Cantaro. Instrumento sin identificar cultura Quillacinga o Nariño 30 Cm Colección Obando Pasto Fotografía: Luis A. Escobar

"Todo arte verdadero y auténtico, se renueva y renace en la mirada de quien lo ve y mira con atención, sensibilidad, inteligencia. Todo arte es así, arte nuestro: arte contemporáneo Ramón Xirau.

Una de las transformaciones más interesantes en el campo de la crítica en el siglo XX, es la que se refiere a la comprensión y aceptación de muchísimas expresiones culturales que finalmente no quedan excomulgadas por parte de los estetas europeos, pontífices que siempre ponían de moda tendencias únicas e infalibles. Hasta finales del siglo pasado llegó esa tiranía de la estética, que aparecía en versiones cada vez más confusas, y para el neófito por eso mismo, aparentemente más profundas. También los geniecillos y turiferarios formarían corte pomposa en el Nuevo Mundo.

Esa tendencia de dirigir el arte y la expresión humana desde los salones y canapés europeos, se derribó como castillo de naipes a comienzos de nuestro siglo. Bastó con que dos grandes creadores europeos, verdaderos creadores, le enseñaran a la humanidad a contemplar de manera directa, sencilla y objetiva, la posible belleza encerrada en una máscara negra, o en una pieza de barro indígena. Me estoy refiriendo a Igor Strawínsky y a Pablo Picasso, creadores sin complejos estilísticos, sin absolutismos estéticos, buscadores de la belleza sin ningún compromiso. Con "La Consagración de la Primavera", que tiene también antecedentes precolombinos en cuanto a su fábula, y Guernica, se rompieron las ataduras y la sumisión a los cánones europeos del arte. Finalmente surgían bellísimos e intrincados ritmos, polirritmia musical, utilización de tambores, sonajas, raspadores e instrumentos primitivos que décadas atrás no se hubieran tolerado como medios de Expresión artística. Fue una auténtica revolución del que Resultados magníficos todavía seguimos cosechando. Y como verdadera revolución puesto que llegaba a lo más íntimo del ser humano, es decir, a su propia expresividad, los efectos no solamente fueron circunscritos a lo estético. Por el contrario, el hombre del siglo XX aprendió a mirar, a ver sin miedos, a conceptuar; en suma, el mundo principió a contemplarse de manera total y diferente. En pintura, por ejemplo, el arte se abrió a todas las posibilidades dando como efecto una búsqueda de caminos y estilos que comprendían desde lo más abstracto y sintético hasta el primitivismo más directo, desde luego, pasando por lo "Pop'' y llegando hasta un expresionismo nauseabundo, manifestaciones todas, que resumían un nuevo concepto del hombre en donde no se excluía el simple "feísmo" ni el alarmante "psicodelismo..." ni el erotismo y, ni siquiera, la disfrazada pornografía. Será esta fase del arte contemporáneo un comienzo de liberación del hombre, una utilización del arte como medio para ahondar en las miserias y al mismo tiempo en su propia superación?. Lo cierto es que todo este afán también dio pie para que comenzaran a aparecer expresiones de arte sin estudio; el happening, lo casual o aleatorio que más que arte constituía juegos infantiles. Pero de todas maneras el arte comenzó a contemplarse con más naturalidad, como fruto de la expresión de cualquier país, raza o individuo, y además, a disfrutarse por una inmensa mayoría de gentes antes pertenecientes a la masa amorfa, sin identificación ni arte propio. El arte dejaría de ser algo "exclusivo", para gentes "cultas", para élites, o producto de teorías papales.

Bailarina con cascabeles. 30 cm. Veracruz México. Colección Stavenhagen.

Esta "coyuntura" es la que hace que se principie a mirar con mayor atención y admiración el arte precolombino como una de las manifestaciones más importantes en toda la historia de la humanidad si, por ejemplo, se observa desde puntos definidos como la cerámica, la orfebrería y aún la escultura. Estas grandes manifestaciones del hombre se veían con lupa borrosa, la del prejuicio racial y se consideraban primitivas, palabra que significaba negación total de calidad o, al menos, de profundidad. Ahora el primitivismo adquiría otra significación puesto que el arte se comenzaba a mirar por su calidad, por su belleza en sí y no por su estilo, procedencia o moda.

Al terminar la dictadura de la estética, como algo que era exclusivamente europeo, y además con el auge del transporte aéreo y el avance de las comunicaciones, la mente del hombre rápidamente se transformó. Ahora no solamente es capaz de admirar y gozar un divertimento de Mozart, una cantata de Bach sino que disfruta de una sesión de jazz, sé embeleza con las pinturas y formas de las ánforas griegas o precolombinas, sé extasía ante la prolija ornamentación de la arquitectura de Chichén Itzá, de Uxmal o la severidad de Tikal. Finalmente la escultura Olmeca, la orfebrería Quimbaya o Sinú, los tejidos de Paracas, las flautas cuádruples y la enorme cantidad de obras de cerámica adquirieron vida para todo el mundo. También como otra consecuencia del nuevo mirar, se amplió el auge e interés por ciertas disciplinas como la antropología y la arqueología que dejaron de ser profesiones exóticas o raras para convertirse en medios formidables para descubrir al hombre y sus expresiones o al hombre por medio de sus expresiones.

Lo anterior nos indica que hay otro ambiente, otra atmósfera en nuestras naciones, propicio para la verdadera iniciación del reencuentro espiritual de nuestras culturas todas atadas por vínculos que es preciso no seguir ignorando. Esto, desde luego, implica un deber y es el de principiar a capacitar a los propios herederos, capacitación para gozar la herencia que se lleva en la propia sangre.

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