PERCUSIÓN

Bellísimo Teponaxtli de la cultura Mixteca. puebla. Tlaxcala. Museo Nacional de Antropología. México.

MARACA 

Maraca de cerámica. Museo del Oro, Banco de la República, Bogotá. Foto: Luis A. Escobar.

Es común la creencia de que las maracas que se utilizan en las orquestas populares de todo el mundo se crearon en Latinoamérica recientemente. Hasta cierto punto es verdad pues aquí resurgieron pero provenientes de culturas muy antiguas; las de los indígenas. Son muchas las evidencias sobre sobre las maracas precolombinas, Aparecen en las más bellas formas en la cerámica de la mayoría de las culturas, bien sea imitando calabazos o recipientes, o bien creando vasijas de barro para que se produzca el sonido. El lector tiene oportunidad de observar la maraca del Piache o curandero que aparece en la edición del libro del Padre Gumilla, Orinoco ilustrado. Esta palabra, Piache, usada también en el Brasil es aún muy común en la región de la Guajira Colombiana en donde se ahuyentan los males o maleficios a base de danzas rituales que se sustentan con el ruido y ritmo de las maracas. También sigue siendo común la utilización de este instrumento en la mayoría de los países latinoamericanos y en especial en regiones indígenas. Se conocen con los nombres de maracas, guasá, guacho, capacho, chucho, y muchos más. El ejemplo más diciente es el de las maracas pintadas en el Mural de Bonampak (cultura Maya) en donde aparecen adornadas con vistosas plumas. Hay que agregar que este instrumento ha adquirido importancia en la música mestiza, en la música producto de la mezcla indígena y negra pero debe quedar muy claro que fue un instrumento muy querido por los precolombinos. Quizá, al estilo de los "maraquistas" o "capacheros" de las regiones de los Llanos Orientales de Colombia y Venezuela, pudieron tener ejecutantes de excepcional talento cuya destreza para lograr efectos de toda índole sigue causando admiración por el contorneo de los brazos y de las manos, por los giros que se producen en el aire, por los matices rítmicos y los acentos que van desde los pianísimos hasta los más fuertes. Es la tradición que habrá venido de los propios indígenas para quienes estos sonidos era quizá la única distracción general. Por esto tenemos que admitir que los sonidos producidos al tocar el caparazón de la tortuga con las astas de venado pudieran atraer. Es el AYOTL sagrado cuyos sonidos difícilmente llaman la atención del hombre moderno, acostumbrado al estruendo de orquestas de cientos de integrantes, a los parlantes que retumban y son una verdadera ofensa contra el oído, la salud y el buen gusto. Por esto mismo, tenemos que admitir que los precolombinos inventaron multitud de instrumentos percutivos para gozarlos. Recordemos aquí los "árboles" especies de ramas de las cuales, bien se colocaban recipientes como si fueran frutos o simplemente se imitaban los frutos resonantes. Es de todas manera muy sugestiva la pintura mochica que muestra las danzas del más allá, esqueletos que bailan al son de flautas y "árboles-maracas", árboles campanas, sin badajo pero que al chocarse unas con otras producían el sonido. Muchas fueron de oro.

CASCABELES 

Los cascabeles quizá imitan las vainas con semillas secas que se han utilizado en muchas partes del mundo. Se conocen ahora en metal y en aleaciones, especialmente el llamado tumbago y todavía se pueden ver en los tobillos y piernas de ciertas tribus y grupos indígenas. Debió tener un atractivo particular pues creaba el sentido del solista bailarín que al caminar, alzar o mover la pierna podía conseguir determinados sonidos. Se ha observado cómo los danzantes llevaban adornos en una sola pierna y también cascabeles quizá para producir determinados efectos rítmicos. Lógicamente, otros grupos utilizaban los cascabeles en las dos piernas en el pecho o en diferentes partes del cuerpo. Algunos grupos tejían los cascabeles en paños o telas que ataban a sus cuerpos en especial el pecho y las piernas. Los cascabeles eran también de cerámica fuerte que aguantaba el constante movimiento de la pepita productora del sonido. Se encuentran varios ejemplares de tumbago y de cerámica en el Museo del Oro del Bando de la República en la sección de cerámica.

No deseo terminar esta relación de los cascabeles sin contar a los lectores que en la región de Nariño, en el pueblo de Males, aún existe una descendencia netamente indígena cuyas danzas tienen como motivo especial la muestra de los cascabeles y sus variantes rítmicas. Pero además, tuve oportunidad de ver el juego de LA CHAZA que se celebraba en la plaza principal en donde actuaban más de veinte indígenas fuertes, jóvenes, que gozaban con su juego de pelota. La enviaban muy fuertemente con el brazo como si estuvieran jugando tenis entre muchos jugadores. Bastaría imaginamos un juego religioso de otros tiempos utilizando los cascabeles en las manos y en los pies, jugadores vestidos esplendorosamente. El cascabel tiene mucha importancia. Adolfo Salazar refiere cómo los indios Huitotos en Colombia celebraban ciertas danzas para la fertilización golpeando la tierra con fuetes y danzando con cascabeles. Quizá ya no estemos en capacidad de comprender la importancia de estos instrumentos tan elementales.

El concepto de la muerte para los precolombinos fue muy variado pero en general se advierte el sentido de que es apenas un paso para la otra vida. En esa nueva vida estarán presentes muchas de las "cosas" u objetos que acompañaron al muerto y especialmente estará presente la danza y la música como medio para ahuyentar el miedo a la misma "nueva muerte". De ahí que aparezcan en la cultura Mochica estas representaciones de danzas macabras de una u otra manera ligadas a lo que en el medioevo también fue común. Las danzas de la muerte, las danzas en el cementerio, las danzas con calaveras y esqueletos, danzas que tendrían como fin primordial la sobre posición espiritual a todo sentido definitivo de la muerte. La danza es movimiento y la música es también vida. Aparecen manojos de cascabeles como si estuvieran en árboles naturales, flautas y danzas.

Raspador, Guacharaca o Güiro de hueso. Cultura Azteca.

RASPADOR o GUIRO

Dentro de las formas musicales folclóricas, vigentes actualmente en Colombia, hay varias que no se pueden concebir sin el llamado güiro, raspador o guacharaca, instrumento precolombino antiquísimo, muchas veces elaborado con huesos humanos. También como con las maracas, es ahora un instrumento internacional", sin percatarnos de que es otro patrimonio musical precolombino.

EL MAGUARE

Es un instrumento semiótico. es decir, para dar señales pero además, lo utilizan los indígenas hasta nuestros días en ceremonias que van desde la recolección de frutos hasta la presentación ritual. Sus proporciones sobrepasan el metro y medio y ciertamente se debe comparar con la campana de los cristianos que sirve para anunciar toda clase de acontecimientos, desde el anuncio de la muerte hasta el acompañamiento de las procesiones. Seguramente en la selva -se puede escuchar a varios kilómetros de distancia y como en el caso de algunos tambores rituales negros, el pechiche, por ejemplo, solamente debe ser tocado por determinados personajes. Se le llama de muchas maneras: Manguare, maguaré, Juara, Komogbua, Aron o Aroxe, Koomok o Mauguare, Huara. Túntui, etc., pues en cada región y en cada tribu aparecerán nuevos nombres. Se golpea con mazos forrados en caucho. Según he sido informado por indígenas, el instrumento se hace puyándolo para extraerle el interior utilizando el fuego que se controla con hojas mojadas con agua y colocadas donde no se desea que se ablande la madera. Esta, naturalmente, es tare dispendiosa que se lleva varias semanas. Se dice que anteriormente estos instrumentos estaban colocado bajo techo, en chozas sencillas pero en lugares especiales. Se le han asignado también las denominaciones de macho y hembra y se entiende que el tambor un poco más pequeño es el femenino. Sin embargo, en los maguaré o manguaré que aparecen en la fotografía de este libro, existe otra distinción y es la de que el manguaré hembra interiormente tiene dos protuberancias que semejan dos senos muy bien elaborados Naturalmente es necesario introducir la mano dentro del instrumento lo que yo mismo he comprobado.

Son dos "senos" grandes o protuberancias que terminan en punta pero que están muy bien elaboradas, es decir suavizadas a pesar de que no se vean. En cambio el tambor macho no tiene ninguna distinción que se pueda comparar a la de los senos. Estos tambores están localizados en muchas partes de la selva y sin duda alguna se conservan por tradición y son muy probablemente de origen precolombino. Quizá el tambor que se le podría comparar, al menos por el tamaño, es el teplonaxtli mexicano que tiene sus propias características. En el libro "Mapa de los instrumentos populares en el Perú", aparecen muchos de los detalles tomados para el presente comentario y agrega una página que reproduce por detrás del maguaré un hombre y una mujer para dar la idea de macho y hembra.

El TUNTU es un "mortero con el cual se muele especialmente el maíz. Está confeccionado por un tronco de 4 a 5 m. de largo, excavado, adquiriendo una forma parecida a la de una canoa, con asas en ambos extremos".

Lo interesante del TUNTU es que se liga para las ceremonias de la elaboración de alimentos y para danzas que tienen sus ritmos especiales según el alimento que se muela. Posiblemente hayan desaparecido muchos instrumentos semióticos y vale la pena comentar que las campanas no se conocían pero sí especies de láminas golpeadas atraían la los fieles a las ceremonias religiosas. En el territorio colombiano parece que las primeras campanas hubieran llegado a la sabana de Bogotá en el año 1594 con el fraile franciscano Andrés de San Antonio y que se escucharon precisamente en el caserío de Ontibón, Oitiba o Fontibón, hoy barrio de la ciudad de Bogotá.

Maguaré macho y hembra. Instrumento semiótico todavía en uso en las selvas amazónicas,
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