POESÍA Y CANTO

La poesía aparece como otro de los signos síntesis de la sensibilidad de los precolombinos. No era para menos. Aquellos seres, tocados profundamente por el sentido de la religión, constantemente ampliaban su imaginación llevándola a todos los campos de la inquietud espiritual, incluyendo la filosofía y la poesía, todo lo que trate de ir más allá de la realidad, como la música. Quizá por esto mismo ' en determinados momentos aparezcan dentro de la propulsión cultural, mezclas aparentemente extrañas; uniones de hechiceros y poetas, de curanderos y cantores. Así nos lo relata Ángel María Garibay en el Baile Funesto. "El mago se aderezó con plumas para avasallar a la gente. Intenta que se haga el baile de canto y danza de todo el pueblo". "... Multitud innumerable. Luego empieza él el canto. Tañe el atabal, lo tañe con intensa repetición. Y luego comienza el baile. Se enlazan, se abrazan, giran y de las manos se tornan". "... El canto alternado sube y se rompe en el aire. Y va repitiendo el eco de sitio a sitio distante. Y ese canto que se cantaba allí mismo lo estaba improvisando. El lo urdía, él lo decía y todos de sus labios lo tomaban". (Los textos de 8 y 9 son de la documentación de Sahagún, y se hallan en el Ms. de Palacio de Madrid, F 139 r y 144 v. Dió una versión Sahagún en el libro 111 de su Historia). (La Literatura de los Aztecas. Angel M. Garibay K. Editorial Joaquín Mortiz. México).

El sentido de la improvisación ya se había escuchado en otros seres místicos como los primeros cristianos, canto ambrosiano, canto improvisatorio. Peroen los precolombinos habría que agregar que no era solamente el espíritu guerrero, el espíritu religioso o épico. Aparecerían todos los temas y maravillosa prueba de esa visión completa la da el gran humanista Miguel León-Portilla al referirse a uno de los poetas célebres, Tlaltecatzin, poeta que sintetiza ese mundo anterior de magos y hechiceros, de percusionistas y cantores, de danzantes y enmascarados que buscaban y rebuscaban afanosamente expresarse para llegar a la misma desazón que de manera tan fina y concreta siente el poeta, escribe el poeta, canta el poeta. Pero mejor dejo al mismo León-Portilla que nos revele las calidades del poeta y de una de sus obras:

"El poema de Tlaltecatzin es un canto al placer en todas sus formas. Pero, como será también el caso de otros muchos forjadores de cantos del mundo prehispánico, con la afirmación del placer se entrelaza el sentimiento angustioso de la pérdida de sí mismo por obra de la muerte. En su poema dialoga con una AHUIANI, "alegradora", mujer pública en los días del México Antiguo. La alegradora invita al placer, es C4preciosa flor de maíz tostado", es admirable criatura que yace sobre la estera de plumas, es como el cacao floreciente que se reparte y de él todos gozan. Contradiciendo a quienes han pensado que el hombre prehispánico tuvo miedo del placer y del sexo, Tlaltecatzin proclama que al lado de las flores preciosas, por encima del cacao que beben los príncipes y del humo del tabaco que anima la reunión de los amigos, está la admirable criatura, la dulce y preciosa mujer".

"Pero el canto de placer que forjó Tlaltecatzin es también un canto de muerte. En su diálogo con la alegradora, no puede menos de repetirle una y otra vez: "serás abandonada, tendrás que irte, quedarás descarnada...". De sí mismo afirma "yo sólo soy, soy un cantor..., mi vida es cosa preciosa...", para luego añadir "ya tengo que abandonarla, sólo contemplo mi casa... yo sólo me voy, iré a perderme". Y contemplando las flores y el placer en todas sus formas, Tlaltecatzin acepta resignado su propio destino, "váyame yo, como los muertos sea envuelto, yo fo1jador de cantos... que sea así y que sea sin violencia".

El poema de Tlaltecatzin

En la soledad yo canto a aquel que es mi Dios En el lugar de la luz y el calor, en el lugar del mando, el florido cacao está espumoso, la bebida que con flores embriaga.

Yo tengo anhelo, lo saborea mi corazón se embriaga mi corazón, en verdad mi corazón lo sabe:

¡Ave roja de cuello de hule!, fresca y ardorosa, luces tu guirnalda de flores. ¡Oh madre! Dulce, sabrosa mujer, preciosa flor de maíz tostado, sólo te prestas, serás abandonada, tendrás que irte, quedarás descarnada.

Aquí tú has venido, frente a los príncipes, tú, maravillosa criatura, invitas al placer. Sobre la estera de plumas amarillas y azules aquí estás erguida. Preciosa flor de maíz tostado, sólo te prestas, serás abandonada, tendrás que irte, quedarás descarnada.

El floreciente cacao ya tiene espuma, se repartió la flor del tabaco. Si mi corazón lo gustara, mi, vida se embriagaría, Cada uno está aquí, sobre la tierra, vosotros señores, mis príncipes, si mi corazón lo gustara, se embriagada.

Yo sólo me aflijo, digo: que no vaya yo al lugar de los descarnados. Mi vida es cosa preciosa.

Yo sólo soy, yo soy un cantor, oro son las flores que tengo. Ya tengo que abandonarla, sólo contemplo mi casa, en hilera se quedan las flores. ¿Tal vez grandes jades, extendidos plumajes son acaso mi precio? 

Sólo tendré que marcharme, alguna vez será, yo sólo me voy, iré a perderme. 

A mi mismo me abandono, ¡Ah, mi Dios! Digo: váyame yo, como los muertos sea envuelto,

yo cantor, sea así.

¿Podría alguien acaso adueñarse de mi corazón? Yo solo así habré de irme, con flores cubierto mi corazón. Se destruirán los plumajes de quetzal, los jades preciosos que fueron labrados con arte. 

¡En ninguna parte está su modelo sobre la tierra! 

Que sea así, y que sea sin violencia.

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