RECONQUISTA DE AMÉRICA POR LOS AMERICANOS

Músico con antara y maraca. Protuberante oreja. Cultura Jama-coaque.
Ecuador-Colombia Colección Arango Cano Armenia.
Fotografia: Luis A Escobar

Cuando los españoles llegaron al Nuevo Continente no estaban en capacidad ni disposición de valorar las culturas que, más que conquistar, destruían. Aquellos guerreros, hombres demasiado. estaban interesados primordialmente en dos enriquecerse rápidamente, lo cual conseguían por medio del oro que saqueaban de tumbas y centros ceremoniales, y evangelizar o convertir a los indígenas al cristianismo, lo que también lograban de una u otra manera.

Con esta mentalidad, violenta, fruto de la natural codicia humana y de la ardentía religiosas atizada la propia división y crisis que padecía el cristianismo en Europa, los conquistadores quedaban completamente enceguecidos e inhabilitados para valorar las, culturas indígenas. Así, lo que realmente sucedía era el descubrimiento de tesoros y de seres a quienes de todas maneras había que convertir a otra religión, al cristianismo. Por todo ello los conquistadores simplemente acudieron a lo más elemental, la fuerza, que usaron permanentemente y sin ningún recato.

Dice Walter Krickeberg: "Las empresas de los conquistadores se caracterizaron desde un principio por una brutal explotación y la conversión forzosa de los pueblos sojuzgados"; pero la lucha contra los bienes artísticos y espirituales de los indígenas, emprendida por monjes españoles, continuó durante mucho tiempo, aún después de la Conquista. Juan Zumárraga, quien llegó a México en 1528 y fue nombrado en 1547 primer arzobispo de la capital, se alaba en una carta dirigida en 1531 a un capítulo de la orden franciscana de Tolosa, de que las manos de sus monjes habían arrasado hasta la fecha 500 templos indígenas y desplazado 20.000 de sus ídolos. El mismo dirigió la destrucción en varios sitios, por ejemplo, Teotihuacan, y destinó al fuego los valiosos archivos de Texcoco, capital espiritual del valle de México. El segundo obispo de Yucatán, Diego de Landa, obró de manera parecida con respecto a los manuscritos mayas quemando públicamente "muchos libros históricos del viejo Yucatán, que narraban sus principios e historias y eran de gran valor`. Esto sucedió en 1562, en la ciudad de Maní, al sur de Mérida, hoy capital yucateca.

Tampoco faltaron excesos en nuestro territorio. El historiador Roberto Velandia incluye en su libro sobre Fontibón, documentos perentorios. En 1561 la Real Audiencia ordenó a los Alcaldes Mayores:

"ltem, Han de informar los dichos alcaldes dónde los indios tienen ídolo e bohíos e asientos dellos, y con información de lo que entendieron sobre esto, enviar particular relación a esta real cancillería quitándoles y derribándoles los dichos ídolos y deshaciendo los bohíos e aposentos donde los dichos naturales hacen sus sacrificios e idolatrías, haciendo la dicha información y averiguación ante testigos y personas de crédito".

El historiador Velandia se refiere al sentido religioso y nos dice: "Las más idolatradas figuras de los Chibchas fueron Bachué, la madre del género humano, y Bochica, el dios salvador, protector y maestro. El culto a Síe, el agua, era un devoción instintiva, impuesta por el recuerdo de una remota inundación y la constante amenaza de las aguas anegadas y las lluvias torrenciales. El temor de un dios era el tormento del aborigen y por eso fue ante todo panteísta". Luego prosigue... "No era extraño entonces que los Chibchas fueron exageradamente idólatras y sobrevivieron aferrados a sus dioses, defendiéndoles más que a sus riquezas y el mismo oro, que al fin y al cabo poco les importaba. Era razonable que cada familia cada indio, conservara sus ídolos y los llevara prendidos a su cuerpo. Como los católicos el escapulario o la cruz, y tenían que defenderlos porque en ellos estaba encarnada su tradición existencial". Continúa: "Lógico también era que los doctrineros para poder dominar al indio destruyeran sus ídolos, como primer paso para sacarlos de la idolatría, y los sustituyeran por los íconos de su religión, un Cristo, un escapulario, una medalla, unas imágenes. Analizando el proceso de desenraizamiento cultural del aborigen, llegamos a la conclusión de que al exterminarse su idolatría y olvidasen su lengua desaparecería la raza amerindia, o al menos el concepto de ella, quedando sólo unas gentes, unos pueblos. inconscientes, sometidos a la servidumbre cultural de otra raza".

Con el descubrimiento de América, comenzaba la inmediata y rápida destrucción de las diferentes culturas y se pudo llegar a imprimir en el propio espíritu del indígena su sentido de inferioridad, complejo que aún se advierte en algunas naciones americanas, "lavado de cerebro" que aún persiste pues la palabra se utiliza como insulto o desprecio. En este sentido. La llamada época de la Conquista continúa al igual que sus nefastos efectos y solamente una minoría comienza a revalorar, a efectuar el verdadero redescubrimiento lento, penoso en cuanto se tienen que aportar pruebas irrefutables y constantes que se deben encarar nada menos que con los estigmas casi indelebles impuestos por la cultura europea, racista la que hizo ver a los nativos como seres inferiores, sin ninguna cultura ni tradición, seres indignos de tener siquiera una alma para convertir al cristianismo. Todo este marco de tradiciones negativas nos hace ver qué caminos se tienen que desandar.

Algo que nos hace ver ese penoso proceso de revaloración, se puede apreciar en lo que Walter Krickeberg anota en el prefacio de su libro, Las Antiguas Culturas Mexicanas.

"Cuando Eduard Seler, uno de los pioneros alemanes que se dedicaron a la arqueología mexicana, murió en 1922, no era posible todavía escribir una historia de las antiguas culturas mexicanas. Aún hoy esto constituye una osadía, pues la exploración arqueológica del suelo mexicano continúa ininterrumpidamente con un éxito tal que cualquier intento nuestro de presentar una imagen de conjunto de los conocimientos obtenidos hasta la fecha presenta el peligro de verse incompleto al poco tiempo por nuevos descubrimientos. Muchas regiones de México son, además, enteramente desconocidas desde el punto de vista arqueológico".

Estas observaciones del profesor Krickeberg, aparecieron en la edición de 1956 pero siguen vigentes ya que recientemente, el arqueólogo mexicano Eduardo Matos Moctezuma, desentrañaba -1982- nuevas y bellísimas obras de otros templos enterrados hace cientos de años, y vecinos de la catedral y la capilla de la ciudad de México, revestidas de barroco esplendoroso y reveladoras de otras creencias, de otros dioses, de otras inquietudes.

Desde luego, estas observaciones sobre lo que constantemente se descubre o se puede descubrir, son quizá más válidas para otros territorios, incluyendo a Colombia en donde ha sido mínima la atención que se haya dado a la arqueología aunque ya se cuente con varios hallazgos de verdadera importancia y trabajos de especialistas, colombianos y extranjeros, dignos de todo elogio. Me refiero, principalmente, al Parque Arqueológico de San Agustín, a Ciudad Perdida, y a los estudios e investigaciones en el Río San Jorge.

Pero además, estamos contemplando solamente el caso de la arqueología, primordial, palpable, pero en ningún caso totalizador de las expresiones indígenas. El redescubrimiento apenas comienza y en muchos aspectos no se ha iniciado el proceso, o al menos, no se conocen sus componentes. Me podría referir específicamente a la filosofía, la coreografía, y para mencionar otros aspectos, la comida, el vestuario, etc. Es, por lo tanto, apenas el comienzo del REDESCUBRIMIENTO DE AMERICA POR LOS AMERICANOS o la Reconquista de América, redescubrimiento que también han iniciado los investigadores europeos. Aquí cabe agregar que España siente ahora ese deber de principiar a mirar a América como cuna de grandes culturas pero de todas maneras es a los propios americanos a quienes nos corresponde asumir con entusiasmo y afecto él deber de fijar claramente el verdadero valor de las diferentes culturas americanas. Recordemos aquella frase "Men find in the greatnes of their past, courage and confidence for the future". "El hombre encuentra en la grandeza de su pasado coraje y confianza para su futuro". Como en otro tiempo, ahora se necesitan batallones persistentes pero dedicados a la investigación, armados de fe en nuestras propias virtudes y en especial, en las de nuestros antepasados que también hacen parte de lo que ahora conforma la nueva raza americana.

Comentarios () | Comente | Comparta c