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INDICE
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El tema de la trata por el Atlántico sin embargo, sigue causando
gran desasosiego en el escenario de las reflexiones y la práctica
de una nueva historiografía en África. Para los africanos
constituye la consecuencia más visible, la más durable y la más
grave del encuentro africano, europeo y americano. Además es una
cuestión que aguijonea sensibilidades, sentimientos y
culpabilidades; que provoca innumerables reacciones. Y aunque los
europeos no inventaran la esclavitud que en África era actividad
antigua, practicada en escala reducida con fines de reintegrar
socialmente a individuos que habían perdido a su familia en guerras
u otras catástrofes, la intervención europea le dio un carácter
diferente y unas dimensiones monstruosas (Gueye 1981:186). De tal
calibre, que la perturbación profunda que generó en la sociedad
africana de su tiempo sigue proyectándose en el presente.
La sangría demográfica de millones de seres humanos, que duró mas
de tres siglos, es definida además por intelectuales africano como
una empresa de extirpación sociocultural comandada por alianzas de
estratos dirigentes, parte de ambas civilizaciones, la europea y la
africana de ese tiempo (Selassie 1992). Y contiene, para numerosos
estudiosos, factores que debilitaron la resistencia socio-política
frente al proceso de colonialismo europeo del siglo XIX. Lo
paradójico es que todas las guerras internas y la migración
intercontinental, brutal y forzada hayan constituido el escenario
para la formación de la diáspora afroamericana, parte integral de
América.
Aunque tales acontecimientos en alguna medida son conocidos, no lo
son en la misma forma aquellos que documentan la resistencia
africana a la trata en África misma. Y mucho menos con el
significado de ser huellas de africanía dentro del fenómeno del
cimarronaje americano que plasmó su ideología de liberación en
palenques, kilombos, mambises, cumbes o mocambos.
Trabajos de la nueva historia africana como los de Oruno D. Lara
(1981:130) traen a la luz testimonios de esa resistencia en Guinea
con los bijagos y en el Congo con los jagas. Entre 1568 y 1587 un
movimiento que se oponía a la trata, fue conocido como
"
La larga marcha de los jaga". Eran
escuadras de guerreros fuertemente organizados política, religiosa
y militarmente. Operaban en amplias regiones a partir de
campamentos fortificados llamados kilombos, -el mismo vocablo que
en Brasil señalaría a los cimarrones negros-. Hombres y mujeres
eran combatientes, unos al lado de los otros. En sus marchas
invadieron el Congo, devastaron el país con el fin de desorganizar
las estructuras portuguesas de la trata esclavista. El objetivo,
dice Lara, era conquistar y destruir los reinos aliados a los
europeos en el negocio de la trata.
Las narrativas de Cavazzi, anota Lara (1981:130), describen el
kilombo africano, y contienen datos de su organización social y
religiosa. Hasta la fecha, sin embargo, en la historiografía de la
diáspora afrocolombiana, no se han tenido en cuenta o no se han
conocido es tos datos sobre el pasado africano de resistencia a la
trata. Que son importantes para el análisis del cimarronismo y en
general de los estudios de grupos negros. Este es un ejemplo que
enseña por un lado el alcance de la invisibilidad de la historia
africana que afecta tanto a la historiografía de los grupos negros,
como a la general de Colombia. Pero por otro lado muestra la
urgencia de una comunicación activa académica entre estudios y
estudiosos africanistas y afro americanistas. A más de la necesidad
que en nuestro país tenemos de estimular la formación de cuadros de
científicos que culturalmente hagan parte de la diáspora.
Otra instancia que permite examinar el alcance de la invisibilidad
de África en la conceptualización de las comunidades
afrocolombianas se refleja en el campo de estudios de la familia
negra. El manejo etnocéntrico que varios estudiosos le han dado al
tema explicando la situación africana a la luz de conceptos como
los de familia nuclear y monógama, ha conducido a errores y
tergiversaciones.
En Colombia, como en otros países latinoamericanos, la familia
nuclear, monógama y cristiana se yergue como paradigma dentro de
los análisis históricos y contemporáneos de organización social a
nivel nacional. De esta suerte, es inexistente la consideración de
huellas de la familia extendida africana en la familia negra. Mas
bien el encuentro de formas poligínicas, ha servido para
estereotipar los roles de la mujer y de los hombres, tanto en el
campo de la responsabilidad socioeconómica como en el afectivo
(Friedemann y Espinosa 1992). Y tal estereotipia se ha manifestado
en las ciencias sociales, en la literatura, en el pensamiento
religioso y filosófico. La propuesta entonces es la de emprender el
análisis de la mujer y la familia negras, por fuera del concepto
etnocéntrico de familia nuclear. Así, el modelo clásico de familia
extensa propuesto por Murdock (1949), compuesto por dos o más
familias nucleares, no parecería definir la realidad ni en África
ni en Afroamérica.
En la familia extendida africana, la importancia del vínculo con
sanguíneo ha sido mayor que la del conyugal, apuntan los estudios
de Niara Sudarkasa (1980: 43).Y el ciclo conyugal consta de una
fase monógama seguida de una polígama, donde ambas son
equivalentes. Si un hombre tenía o tiene una esposa e hijos, dos
esposas e hijos o muchas esposas e hijos, su familia era y es una
familia. Claro que cuando se trata de definir la fase monógama de
esta familia, aunque parezca reiterativo, es necesario
desvincularse de la ideología que sustenta la noción de la familia
nuclear monogámica en la sociedad occidental. Porque en la familia
extendida africana, institucional mente dicha fase no es insular ni
en su formación, ni en su funciona miento (ibídem: 43).
Este punto es el que según los africanistas, ha sido ignorado y
trastocado en las discusiones teóricas sobre el tema, cuando se
propone que tales familias eran "
múltiples
familias" con un esposo-padre en común (Sudarkasa
1980:43). Así mismo cuando se ignora que su estabilidad no depende
de la unión conyugal en cualquiera de sus fases monógama o
polígama, sino del ejercicio de derechos de consanguinidad en el
grupo familiar que, por lo general, tiene una base
poligínica.
Al referirme a huellas de africanía o cadenas de asociaciones
icónicas, me sitúo cerca de los planteamientos de Gregory Bateson
(1972) sobre el lenguaje de los iconos, ideas que podrían
relacionarse a su vez con el concepto de
"
orientaciones cognoscitivas" propuesto
por Mintz y Price (1976), para aproximarse a los problemas de la
evolución de las culturas afroamericanas. En la misma vena, es que
Niara Sudarkasa (1980) antropóloga africanista, opina que el más
importante legado africano en la diáspora americana es el que
proviene de la familia extendida, la cual recreó principios éticos,
modos de comportamiento, rasgos estructurales y orientaciones
cognoscitivas en nuevos lenguajes de parentesco, que le permitieron
al negro sobrevivir biológica y culturalmente en el Nuevo
Mundo.
El ensayo que esta introducción presenta en torno a los grupos
negros colombianos es un homenaje de admiración a su saga de 500
años en América. A su vitalidad y a su creatividad, a la capacidad
de la diáspora africana para vivir y sobrevivir en tantos
mundos.
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