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INDICE
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Esta lista de palenques apenas contiene aquellos que por sus
enfrentamientos con las milicias o por noticias que de ellos dieron
los dueños de haciendas o minas pudieron quedar registrados en
alguna documentación. Falta todavía encontrar aquellos que
escaparon a los documentos y también aquellos que aún reposan en
archivos, expedientes y legajos sin estudiar.
En gran parte los nombres de los palenques arriba citados son de
origen español. Ello indica que tampoco sabemos los nombres con que
los palenqueros los autoidentificaban. Esta circunstancia destaca
el problema de invisibilidad que ha sufrido la historiografía sobre
los negros en Colombia. Hay una carencia profunda de datos sobre el
transcurso diario de la vida no sólo de las gentes en los
palenques-lo cual es comprensible- sino también sobre la vida del
esclavo en las minas, en las haciendas o en el servicio doméstico.
Poco anotaron los cronistas y los escribientes de la época, que no
fueran datos económicos de su valor o de su producción. No sucedió
lo mismo con los indios, que cuentan con descripciones atentas
sobre su trabajo, sus rituales y aún sobre su organización social,
de suerte que su historia cotidiana puede reconstruirse con trazos
bastante verídicos. Y lo mismo ha sucedido con las gentes en el
tope de la pirámide.
Un intento de reconstrucción histórica del palenque y de su
organización social, así como de algunos rasgos de su cultura debió
apelar a la investigación antropológica del palenque de San
Basilio, la comunidad que vive cerca a Cartagena. Su gente
desciende de palenqueros antiguos que con seguridad habían sido
miembros de otros palenques de la región. La primera referencia
documental sobre San Basilio aparece en 1713 (Escalante 1954,
Arrázola 1970, Friedemann 1979). Sin embargo, el nombre de santo se
lo dio el arzobispo de Cartagena de apellido Casiani quien sirvió
de intermediario entre el jefe palenquero y el gobernador de
Cartagena en ese año de 1713, cuando se pactó una amnistía con los
rebeldes: se les concedió el terreno donde estaban asentados
permitiéndoles su propio gobierno. En una reciente investigación
lingüística, el nombre del palenque antes de llegar el arzobispo
parece haber sido Guarumá (Schwegler 1990) y el sitio original de
asentamiento también uno distinto, aunque dentro de la misma área
donde hoy se halla el poblado. Todo esto destaca la necesidad de
emprender una investigación arqueológica que aún no se ha iniciado
en el campo de la diáspora negra.
El estudio de la organización social del palenque de San Basilio
(Friedemann 1979, 1983) permitió delinear perfiles históricos del
funcionamiento del palenque como una organización de guerrilla en
los tiempos coloniales. El cuagro, un grupo de edad con una mitad
masculina y otra femenina, en el poblado que también tiene dos
mitades, aún existe en la comunidad y parece provenir del antiguo
palenque. El cuagro así, se convirtió en clave medular. Debió
originarse como respuesta a la situación de constante lucha que
enfrentaban los poblados y que requería asiduo entrenamiento,
disponibilidad y ordenamiento de acciones. Aparece como en otras
sociedades donde la guerra es la preocupación principal para la
sobrevivencia. (Stewart 1977, Kuper 1964, Gulliver 1953). El cotejo
de algunos rasgos de la organización actual de Palenque de San
Basilio en el ámbito económico, en el social y en el ritual y los
datos históricos que han sido asequibles, permitieron entonces
construir algunos senderos de evolución del palenque.
El proceso histórico de rebeldía de los palenques y entre ellos el
de San Basilio, donde debieron acogerse miembros de otros que a
comienzos del siglo XIX se habían dispersado, los mantuvo relativa
mente alejados de las corrientes del blanqueamiento sociocultural.
Ello le confirió a la comunidad el carácter de refugio etnocultural
donde las huellas de africanía mantuvieron algunos contornos. En el
habla, por ejemplo, los escrutinios lingüísticos evidencian que el
idioma palenquero además de preservarse como entidad diferencia da
del español, ha traído hasta la actualidad un acervo de vocablos
africanos claramente provenientes de comunidades Bantú hablantes de
kikongo y kimbundu, las lenguas africanas con más presencia en el
palenquero (Del Castillo 1984, Schwegler 1990, De Granda 1968,
1973, Patiño Roselli 1983). Además en esta lengua criolla de base
española también quedaron elementos portugueses (Megenney 1982),
testigos del proceso de la trata manejada por portugueses que
transportaban esclavos aún antes del descubrimiento de
América.
El asentamiento de la comunidad detrás de las montañas de María
protegió a sus gentes del acoso discriminatorio agudo y propició el
que no solamente la lengua en alguna medida permaneciera, sino
también rituales tan importantes como los de la funebria y aquellos
de iniciación de los cuagros. Estos que en 1974 aún celebraban lo
que podría considerarse como rituales y juegos de guerra,
facilitaron el examen de la fisonomía de su sociedad guerrillera en
la colonia. De esta suerte, el cuagro como una elaboración del
sistema social que los negros cimarrones opusieron al sistema
esclavista es un testimonio de la diáspora africana en Colombia a
la luz de la resistencia y creatividad del negro, nuevo habitante
de América.
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