CONCURSO: LEAMOS LA CIENCIA PARA TODOS 2002 - 2004
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Ganadores
Categoría B 16 a 18 años
reseña crítica
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Alexander López Castro
16 años
Primer Premio
Categoría B
Institución educativa: 
Colegio Mercedario San Pedro Nolasca


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Albert Einstein: navegante solitario.

“Soy de verdad... un navegante solitario”


Al leer el libro me doy cuenta de una sencilla pero a la vez compleja introducción a la física einsteniana. Es interesante conocer a un personaje en la historia que nunca limitó sus conocimientos y siempre quiso ir más allá de lo que sus sentidos y los antecedentes físicos le proporcionaban.

Me encanta de por sí esa frase ejemplar y llena de un bagaje filosófico excepcional: “Hacer lo que le dicte su propia naturaleza”. Si todos escucháramos la voz de la naturaleza propondríamos conocimientos, encontraríamos la verdadera felicidad y entenderíamos el por y para qué estamos aquí.

Bueno, pero ya entrando en materia física y más hacia el tema central del libro, me doy por bien servido: puesto que si este libro es para principiantes, he obtenido de manera global una visión más compleja del universo, y estoy observando este mismo universo cambiante desde otra perspectiva pero adquiriendo y reflexionando sobre las bases que expone el libro con respecto a los físicos de la historia; correspondiendo al punto de partida de estas bases es interesante y fascinante saber que el conocimiento es producto del diario vivir y de las experiencias que establecemos comunes; por ejemplo al encender un bombillo, el dejar caer un objeto, el calentar agua, la materia... en fin, —y pensar que todos estamos en capacidad de hacer “ciencia”— a partir de todas estas observaciones empíricas el hombre ha llegado a sobrepasar los límites y muestra de ello es el físico —más grande de la historia— Albert Einstein.

Hasta sólo con fijarnos en cómo a partir de una pregunta (¿quién corre más rápido la luz o el hombre?) —que la gente “ignorante” desconoce su origen— que aparentemente su respuesta es obvia, se logra extraer gran variedad de conocimientos que permiten al ser pensante de la época, una mejor comprensión de los fenómenos que tienen campo en la vida —pero trataré estos conocimientos más adelante—.

Con Einstein los conocimientos se enlazan y se relacionan cada vez más —lo digo porque se atrevió a enrumbarse en el mundo de la física y a estudiar, analizar y a criticar las grandes teorías que daban de una manera más o menos completa la explicación de la física universal—.

Es como cuando la revolución industrial: el pueblo con ganas de cambiarlo todo con respecto a la explotación burguesa, o con los movimientos independentistas que buscaban su libertad y aún más explícito con la época del renacimiento: ganas de renacer, de libertad, de ego (individualismo), de pensar, de reflexionar, sin miedo a nadie; Einstein fue esto: una época, una época en la historia de la física; porque él hizo su propia naturaleza e hizo lo que el pueblo hacía al reclamar su libertad: “Einstein revolucionó la física” desde todo punto de vista e hizo lo del renacimiento, desarrolló su propio individualismo. Prácticamente, podemos comprobar que esto es cierto cuando el escritor (Luis de la Peña) nos muestra un dato importantísimo para la historia de la física y me refiero a la vez en que Einstein envía a publicar su primer trabajo a una revista alemana —que en el momento no recuerdo su nombre— pero sí recuerdo muy bien para qué sirvió esta investigación: “para revolucionar la física de su época”.

Pero hablemos de lo que hizo, no sólo bastó con plantear el problema y dejarlo ahí y ya. ¡No, para nada! Él se inventó un problema pensado —que a veces nos ayudan a facilitar las cosas o los problemas, aunque yo los llamaría relaciones virtuales; bueno, al caso es lo mismo— y después enlazó los conocimientos de Newton y Maxwell y por ende sus teorías. ¡Vaya, vaya que interesante sorpresa! —Listo, de pronto no lo expresó así, pero ¿qué más da?— Quién lo creyera, un joven de tan sólo 16 años y encontró incompatibles la mecánica de Newton y el electromagnetismo de Maxwell —y no termina aquí, esto apenas acaba de empezar, uno de los dos debía necesariamente estar equivocado o los dos en su defecto—.

Luis de la Peña nos muestra en el libro un breve recuento de vida y teorías de Galileo, Newton y Maxwell —oiga, ¿será erróneo creer en una reencarnación?, lo digo porque si el día de Navidad del año en que murió Galileo, nace Newton… ¿quién sabe? No creo que sea coincidencia, pudiera tratarse de algo inexpugnable, insólito, misterioso...—. Newton expone su mecánica clásica y Maxwell su teoría electromagnética. Las dos eran muy completas pero no tenían la última palabra y como muestra de ello estaba Einstein —quien se percató que la mecánica clásica nos permitía alcanzar cualquier velocidad y la teoría electromagnética nos privaba de este principio, estableciendo que no podemos movilizarnos a la velocidad de un haz de luz—.

Continuando con su vida, aceptó un puesto como técnico en la oficina de Patentes en Berna (Suiza) y allí alcanza sus años más gloriosos, puesto que demuestra la estructura atómica de la materia, crea la mecánica estadística, la teoría del movimiento browniano, inventa la teoría de la relatividad y descubre —lo que se conoce como la fórmula de la física contemporánea más famosa— E = mc2. Pero tratando estos temas y haciéndolo a partir de unos hilos conductores, comenzaré con los corpúsculos de luz. Pues este fenómeno es estudiado en 1900 por Max Planck (año en el que Einstein se gradúa) —quizá el autor del libro y los jurados piensen que la relación que voy a expresar a continuación es equivocada, pero espero que lo vean como la primera palabra que el bebé ha dicho—. Resulta que en este capítulo se toca el tema del cuerpo negro, (que absorbe toda la luz que cae sobre él) bien, aquí voy: lo relaciono con una camiseta negra usada por un joven en tierra caliente, pues me pongo en esta posición: si un cuerpo negro absorbe la luz ¿por qué la camiseta negra, no? Incluso llego a utilizar esto como un probable factor por el cual el joven siente más calor, es como la misma función del cuerpo negro —me explico—: El cuerpo negro al absorber la luz, simplemente hace que ésta desaparezca pero la energía queda atrapada en el cuerpo. —Usted(es) se preguntarán en dónde está la relación; sencillo, según lo que sé el calor es energía; y como el calor que adquiere nuestro joven es la misma energía que adquiere el cuerpo negro, pues hela ahí (1 caloría es igual a 4180 Julios: donde el Julio es medida de energía y caloría de calor), esto cuando se absorbe pero cuando se emite, aún no he pensado en cuál podría ser la relación, más sin embargo mi teoría no es del todo falsa —eso creo—.

Continuando, escojo un término para poder llegar a concluir: lo que es y representa necesitó pasar por varias definiciones, teorías, términos y conceptos, para poder concretarse como parte del átomo y una vez hecho, generó y permitió la formulación de teorías nuevas. Einstein fue la persona decisiva para llegar al término en sí. Pues primero, pasó por un término poco aceptado por los físicos, el cuanto —formulado por Planck— y luego Einstein lo expresó a través de varios resultados bastante claros —una vez explicada la teoría eso sí, porque a simple vista o por un razonamiento lógico individual, es muy difícil predecir lo que seguirá, por lo menos en mi pensar—; resulta que aceptó que en el campo electromagnético existen partes de moléculas de gas y por ende se pueden definir como moléculas de luz. Con los años éstas llegan a definirse en fotones. Con respecto a este tema y a lo largo del transcurso del libro fui generando hipótesis y como sabrán, la mayoría de éstas eran erróneas y en algunas oportunidades se tornaban lerdas y estúpidas (con esto no quiero decir que yo sea lerdo o estúpido, sólo que a medida que leía, me adentraba en la física pero con el infortunio de no poder entender, es eso simplemente). Una de estas hipótesis fue que pensé en formar fotones a partir de la desintegración de un electrón pero ¿Cómo? Fácil, le introducía energía al átomo y el electrón la recibía o la tomaba (lógicamente, en paquetes o haces de luz) y esto aumentaba su velocidad y por la fuerza tangencial salía de la órbita atómica y al estar libre a tal velocidad se desintegraba “formando fotones” —como podrá(n) haber observado y leído, esta “estupenda” teoría fue producto del efecto fotoeléctrico que en mi afán de ser autodidacta cometí gravísimos errores (una vez investigado y discutido con varias personas, se aumentó mi conocimiento al hacerme llegar por medio del método de la mayéutica a la respuesta más coherente que al aumentarle la velocidad a un cuerpo, éste aumenta su masa) —.

Doy por terminada mi flamante teoría, pero continuando y comparando lo que hizo y dijo Einstein; lo expresado anteriormente por el autor de esta reseña crítica, (es decir yo: con respecto a teoría de los fotones) no es del todo estúpido puesto que Einstein decía: “El inventar, el crear no es producto de un razonamiento lógico así sea que el resultado sea una verdadera estructura lógica” —, algo así; la verdad es que lo leí y en vez de aprendérmelo y decidí interpretarlo como mejor me pareciera (espero que no constituya una ofensa ni mucho menos una contrariedad, no es mi intención), puesto que el autor del libro no menciona el verdadero significado de estas palabras tan filosóficas que seguramente a las personas que lean este libro les interesarían desde el punto de vista del autor.

—“Espectacular, sin lugar a duda Einstein es el mejor físico que ha dado la historia y que podrá dar, porque pasarán muchos años para que nazca una persona como él, lo digo por su gran sabiduría y por la complejidad de sus teorías”—.

Ustedes se preguntarán: ¿se salió del tema que había emprendido? Pues no. Hice este pequeño párrafo para justificar lo que viene: “La teoría de la relatividad”.

Aquí quiero hacer presente lo que al comienzo de este trabajo quise expresar cuando me refería a las relaciones virtuales —como yo las llamo— con las que nuestro amigo Einstein formula lo que se llama el primer principio de la relatividad —algo que para mi juicio es muy obvio y para muchas personas (cultas) en la actualidad lo es, pero de esto estoy seguro, en esa época no estaba respondida esta incógnita, además existía una gran contradicción con respecto a las físicas clásicas (vistas anteriormente)—. El primer principio de la relatividad es que todos los cuerpos pueden ir a la velocidad que quieran (hipotéticamente hablando) pero que la luz siempre irá a la misma velocidad y todo esto Einstein lo reduce, en una investigación y reflexión más a E = mc2, su fórmula más famosa, lástima que con todo lo bueno que Einstein aportó a la humanidad, ésta se haya usado con fines de destrucción y guerra: recuerdo... que el mundo sufría la segunda guerra mundial y utilizando las teorías de Einstein “la relatividad” el hombre avanza con fines malévolos: la bomba atómica (liberación de energía a partir del bombardeo de electrones al átomo, volviendo su núcleo cada vez más pequeño), las armas nucleares... —ustedes ya saben el resto—. Pienso que Einstein hubiese preferido no hacer ni investigar nada, no hacer lo que le dictaba su propia naturaleza con tal de no ver al mundo, cayendo por un barranco en el que en el momento de chocar contra el suelo, termine hundiéndose en caos y soledad.

La teoría general de la relatividad nos permite establecer una relación entre Newton y Einstein, los dos incansables, pero uno más empírico y el otro más basado en las reflexiones y lógicamente el que reflexiona es el que le da un nuevo giro a la teoría de la gravitación universal.

Como admirador que me he calificado de este físico por su tenacidad, por sus descubrimientos con respecto a la física, geometría y matemática, apoyo sus teorías. En especial cuando establece lo peligroso que puede ser dejarnos guiar por los sentidos, puesto que en el modelo cuántico la observación nos lleva a asegurar una trayectoria, pero reflexionando, ésta no existe; o cuando establecemos la luz sólo como corpúsculo y al reflexionar nos damos cuenta de su propagación por medio de ondas, y los problemas que sostuvo ante la teoría cuántica. Que interesante sería que aún viviera porque de seguro, hubiera encontrado lo que necesitaba para aceptar el modelo cuántico del átomo, “la necesidad lógica”, y lograr animar las asperezas con los físicos de esta era; en especial con Niels Böhr que aunque su amistad se prolongó por siempre sus ideales y planteamientos físicos, siempre fueron motivo de debates, pero esto es lo bueno de la ciencia, tener la posibilidad de discutir con otros sobre un mismo tema en distintas opiniones para llegar al verdadero conocimiento, ya lo decía Einstein agradeciendo a su amigo Besso al ayudarle por medio de debates a la estructuración de la teoría de la relatividad.

Einstein no tiene la última palabra con respecto a los fenómenos físicos; sí, es cierto que contribuyó y mucho, pero ahora se impone una nueva física, “la cuántica”, que se podría considerar como la más avanzada; aunque Einstein siempre exigió una mejor prueba e incluso la buscó hasta los últimos años de su vida, y pienso que cuando Luis de la Peña se refiere “a plantear el problema, por lo menos” es por que Einstein creía en un nuevo científico que satisfará sus contradicciones —como la piedra en el zapato de la física cuántica—.

Para el autor y para mí, Einstein es el hombre más completo: amante a la música, filósofo, físico —amante a las ciencias—, no le interesa el principio; y aunque en algunas oportunidades interfirió en política sus llamados eran inútiles —seguramente por ser judío—. Estoy complacido de haber adquirido tanto conocimiento de un solo autor y de un solo personaje en la historia.

Ahora me place agradecerle a este ingeniero por tan espectacular e ingenioso libro, con el fin de que todas las generaciones comprendan la ciencia desde una estructura sencilla —como ésta— a la gran temática que encierra cada una.

Vale, aprovecho el momento para mostrar mi inconformismo con el título del libro y con algún pensamiento de Einstein: Albert Einstein: navegante solitario y “soy de verdad un viajero solitario”, porque para mí, Einstein no estaba solo; sí, comenzó a nadar solo y cada vez más, con mayor rapidez y fuerza, pero después de tanto nadar se embarcó en el buque de la física, y así él no hubiera tenido físicos reconocidos de la época como aliados a sus teorías, tuvo tres cosas importantes —para mi concepto—: Su sabiduría, los fenómenos físicos y las ganas de darle un mejor significado y entendimiento a los más hondos secretos que esconde el universo; por eso ya no estaba solo.

Por esto y por muchas cosas más Einstein me ha dejado fantaseado, hipnotizado, “boqui-abierto”, y afirmo sin temor a equivocarme —sobre todo ya que en la actualidad hay escasez de físicos— que Einstein es un verdadero monumento que perdurará por toda la eternidad.