Ya desde la segunda década de este siglo, algunos investigadores colombianos y extranjeros habían tratado de establecer una serie de "áreas arqueológicas", como consecuencia de los mapas tribales antes mencionados, y este enfoque se elaboró en los años siguientes, por parte de otros arqueólogos. Los nombres dados a estas áreas arqueológicas, a saber, "Chibcha", "Sinú", "Quimbaya", etc., indican claramente la vieja y tan errónea tendencia de querer identificar los vestigios prehistóricos con tribus históricas, pero ahora, junto con esta zonificación, se hicieron además los primeros ensayos de una ordenación cronológica (Hernán de Alba, 1938). Sin embargo, aún en una fecha relativamente reciente (Bennett, 1944) este esbozo todavía no había avanzado más allá de un simple esquema tripartita en términos de "temprano/medio/ tardío", división basada en el estudio comparativo estilístico de algunas colecciones cerámicas. Según esta periodificación, se atribuyó a San Agustín una posición cronológica "temprana"; Muisca y Tairona y algunos materiales del alto Cauca se clasificaron como "tardíos", mientras que Quimbaya, Tierradentro y Sinú se agruparon en un período "medio" ( 9 ).

En 1931 se publicó la traducción al español del libro de Konrad Theodor Preuss sobre San Agustín, y este advenimiento contribuyó muy notablemente a despertar el interés en algunos círculos gubernamentales. En 1936-1937, el Ministerio de Educación Nacional patrocinó la primera expedición arqueológica a San Agustín, de José Pérez de Barradas, prehistoriador español, acompañado por el joven arqueólogo colombiano Gregorio Hernández de Alba (Pérez de Barradas, 1937-1943) ( 10 ). Luego en 1938, gracias a los esfuerzos de Hernández de Alba, el Ministerio de Educación Nacional estableció el Servicio Arqueológico, el cual comenzó a organizar investigaciones así como a encargarse de la protección de los monumentos prehistóricos del país.

Con ocasión del cuarto centenario de la fundación de Santa Fe de Bogotá, en 1938, Hernández de Alba inauguró una exposición arqueológica importante en el edificio de la Biblioteca Nacional.

El año siguiente el Banco de la República tomó una decisión que tuvo grandes consecuencias. A través de los siglos, en realidad ya desde la época de la Conquista, los buscadores de tesoros habían comerciado con objetos de oro que encontraban en sus excavaciones. En 1939 la junta directiva del Banco, por iniciativa de su gerente don Julio Caro, decidió comprar aquellos objetos, tanto de coleccionistas particulares como de sus descubridores ocasionales, los últimos generalmente campesinos o guaqueros. Así muchas piezas de orfebrería se salvaron de ser fundidas o dispersadas, y llegaron a formar con los años un tesoro sin par, de orfebrería precolombina. El Banco de la República, que considera su Museo del Oro no como forma de capitalización sino como un aporte cultural, cuenta con unos treinta mil objetos, los cuales constituyen una colección verdaderamente única en el mundo.

En la década de los treinta comenzaron a llegar a Colombia grupos de intelectuales europeos quienes tuvieron alguna influencia sobre diversas disciplinas académicas y, al estallar la Segunda Guerra Mundial, el gobierno del Presidente Eduardo Santos brindó su hospitalidad a Paul Rivet, fundador y director del afamado Musée de l’Homme, en París. La presencia de Rivet, seguida poco después por la de su cercano colaborador y colega, Henri Lehmann, marcó el comienzo de una etapa nueva, ya que por primera vez se organizó la enseñanza sistemática de las diversas disciplinas de la Antropología incluyendo çursos sobre arqueología. Rivet fue un maestro muy estimulante y fomentaba enfáticamente las investigaciones decampo. En el fondo él estaba poco preocupado por la metodología arqueológica, y los sitios que realmente le interesaban eran los abrigos bajo rocas, donde presentía estaban los vestigios de los primeros pobladores. Combinando una multitud de datos obtenidos en muy diversas ramas de las ciencias, e incidentalmente, reviviendo el interés siempre latente en las teorías de migraciones, Rivet esbozaba magistralmente el gran esquema del poblamiento prehistórico de América, pero la prehistoria misma parecía ante todo relevante en cuanto pudiera ofrecerle datos que sustentaran sus vastas teorías. De ningún modo Rivet menospreciaba la importancia de las investigaciones arqueológicas pero tenía la convicción deque, en un país cuyas culturas aborígenes estaban desapareciendo tan rápidamente, la investigación etnológica tenía una prioridad inmediata, mientras que podía esperar la minuciosa búsqueda de secuencias estratigráficas. La fundación del Instituto Etnológico Nacional (el mismo nombre expresa claramente los intereses de Rivet) fue instrumental en la organización y ejecución de las actividades investigativas, y sus resultados comenzaron apublicarse en varias revistas especializadas. El grupo formado por Paul Rivet y dirigido por Luis Duque Gómez, como Director del Instituto Etnológico Nacional (hoy Instituto Colombiano de Antropología), tuvo una influencia orientadora para la antropología colombiana, durante casi un cuarto de siglo. En las décadas de los cuarenta y cincuenta se logró un extraordinario avance en las investigaciones de campo, concentrándose éstas en las zonas arqueológicas de San Agustín, Tierradentro y el Valle del Cauca adyacente, el Altiplano Muisca y la Costa Caribe.

Aquí cabe una pregunta: ¿Cuál fue la influencia teórica y metodológica norteamericana sobre el rumbo de las investigaciones en Colombia, en aquella década de los cuarenta, cuando se estaba formulando en los Estados Unidos el concepto de la Etapa Formativa de la América Nuclear, colocándose así el territorio colombiano en una posición importantísima, como eslabón entre las etapas fundamentales de Mesoamérica y los Andes Centrales? Parece que en Colombia había poca conciencia de las investigaciones adelantadas en el Perú por parte del Lnstitute of Andean Research, o de los trabajos de lrving Rouse en el Caribe, o de otros en México y Guatemala. La Yale Archaeological Expedition, a cargo de James Ford y Wendell Bennett, visitó a Colombia en 1941-1942, pero estos dos arqueólogos trabajaron en relativo aislamiento de la capital; su base de acción fue Popayán, donde Gregorio Hernández de Alba dirigía un grupo de alumnos de Rivet. Por entonces el Instituto Etnológico Nacional no tenía un plan coordinado de investigaciones para correlacionar los desarrollos prehistóricos colombianos con los de países vecinos, y las iniciativas al respecto se dejaban más bien al criterio individual del investigador. La influencia de orientaciones teóricas o de procedimientos metodológicos modernos, elaborados en el extranjero, fue pues algo dispareja. Mientras que algunos investigadores tenían en cuenta la escena amplia, internacional, y trataban de aplicar criterios estratigráficos a sus excavaciones, otros, no menos activos, se concentraron en los problemas locales de cementerios y sitios ceremoniales; hubo gran actividad en Bogotá y en varias capitales departamentales para organizar museos, labor que, aunque importante para la divulgación, no contribuyó a la estructuración de una escala temporal evolutiva.

La formulación de un esquema cronológico regional fue lograda por el grupo de arqueólogos que se había dedicado a la llanura del Caribe. En su mayor parte, estas investigaciones fueron planeadas y ejecutadas por el autor y su esposa. La orientación de las investigaciones en otras zonas del país estaba determinada por las diversas metas que se habían puesto los respectivos arqueólogos.

En la mayoría de los casos el foco de intereses fue la exploración de aspectos rituales como entierros individuales, cementerios, o vestigios arquitectónicos (Cubillos, 1959 ( 11 ); Duque, 1948, 1963 ( 12 ); Silva, 1943, 1944 ( 13 ). Sólo raras veces se hicieron excavaciones de sondeo en acumulaciones de basura y se establecieron sólo algunas secuencias cerámicas. Nuevamente las investigaciones se concentraron en la zona de San Agustín/Tierradentro, donde se ocuparon ante todo de los vestigios escultóricos yios entierros, y la misma orientación prevaleció en el Valle del Cauca y en el Altiplano Muisca. Los arqueólogos extranjeros que trabajaron en Colombia en los años cuarenta y cincuenta también estaban ocupados con proyectos similares (Lehmann, 1944, 1952 ( 14 ) Nachtigall, 1955, 1956, 1958, 1960) ( 15 ), y aquellos que se interesaban en secuencias y escalas cronológicas eran pocos y producían resultados limitados (Bennett, 1944 ( 16 ) ; Ford, 1944 ( 17 ) ; Haury y Cubillos, 1953 ( 18 ) ). En resumen, durante aquellos años cuando en Mesoamérica, los Andes Centrales, las Antillas y Venezuela los arqueólogos construían las primeras escalas temporales detalla das, basadas ante todo en la excavación estratigráfica de basureros, las investigaciones arqueológicas en los valles interandinos o en los altiplanos de Colombia producían resultados que, no obstante su importancia para la escena local, no arrojaban mucha luz sobre los problemas de sucesión cronológica, de procesos culturales, o de interrelaciones regionales.

Durante la década de los sesenta se hizo notar una nueva tendencia paralela a la orientación que prevalecía entre los arqueólogos del país. Algunos colegas extranjeros habían llegado a Colombia y comenzaron a dedicarse a labores estratigráficas en diferentes regiones. Sylvia Broadbent (1962, 1964, 1965, 1966, 1968, 1969, 1970, 1971) (19) y Karen Olsen Bruhns (1969) (20) iniciaron reconocimientos sistemáticos en el Altiplano Muisca y la Cordillera Central respectivamente; Warwick Bray y Michael Moseley (Bray, 1963; Bray y Moseley, 1971; Bray y otros, 1968), trabajaron en el Valle del Cauca, y Bray y Donald Sutherland (1971) iniciaron un programa de investigaciones en la Cordillera Oriental. Wesley Hurt (Hurt, Van der Hammen y CorreaL, 1972) (21) excavaron en abrigos bajo roca cerca de Bogotá; Henning Bischof (1966, 1969) (22) trabajó en la Costa Caribe; Stanley Long y Juan Yángüez (Long y Yángüez, 197 1) (23) excavaron en Tierradentro; Charles Bolian (1972) (24) comenzó algunas excavaciones en la región amazónica, cerca de Leticia. Todos estos arqueólogos, en su mayoría extranj eros, estaban aplicando métodos estratigráficos a acumulaciones de basura y lograron establecer cortas secuencias de cerámica u objetos líticos.

En la década de los setenta los eventos más importantes fueron la creación de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, bajo el patrocinio del Banco de la República, la cual comenzó a financiar una serie de investigaciones y publicaciones en distintas partes del país, así como el establecimiento del Proyecto Pro-Calima, organización colombo-inglesa-suiza, para la exploración de la hoya del río Calima y zonas aledañas, del río Cauca. A partir de 1976 se inició un proyecto nacional para la exploración y reconstrucción de un sitio arqueológico (Buritaca 200) en la Sierra Nevada de Santa Marta.

No obstante estos comienzos de investigaciones regionales, en su mayoría las publicaciones de excavaciones recientes no parecen seguir un plan de prioridades, ni tienden a formar parte de una visión continental; lo monumental y espectacular (la arquitectura tairona, el arte agustiniano, la orfebrería, etc.) siguen prevaleciendo sobre problemas tales como la Etapa Paleo-India, la identificación de la Etapa Arcaica, los orígenes de la vida sedentaria, la transición del Cacicazgo al Estado Incipiente.

Recientemente se ha planteado lo deseable de orientar las investigaciones hacia el estudio de sistemas y de excavar sitios que permitan apreciar todo el contexto coherente de la sociedad prehistórica en cuestión. Estoy muy de acuerdo con este planteamiento y tan impaciente como mis colegas para dar este paso metodológico, pero también sé que cualquier teoría sobre sistemas y contextos tendrá poca validez si no cuenta con una base firme de datos muy detallados procedentes de la estratigrafía y la tipología. Antes de poder trabajar sobre el nivel microrregional, faltan aún muchas secuencias cronológicas, series tipológicas y amplias comparaciones estilísticas, para formar un marco de referencia más sólido.

Aunque, como lo he expuesto, se efectuaron muchas excavaciones en los últimos cincuenta años, también se observa que, en su mayoría, los estudios se concentraron sobre ciertas regiones más bien limitadas: San Agustín, Tierradentro, la Sierra Nevada de Santa Marta, el territorio Muisca alrededor de Bogotá, y las dos costas Marítimas. Esto significa que aún existen inmensas regiones donde apenas se han iniciado las exploraciones arqueológicas: la Cordillera Central y la Occidental, los valles de los ríos Magdalena y Cauca, el sur Andino, las tierras altas al norte de Bogotá y, lo que es más, las amplias llanuras al este de las cordilleras, hacia las hoyas de los ríos Orinoco y Amazonas.

  
   

Otro factor que, hasta hace poco, limitó seriamente una apreciación más amplia de los desarrollos prehistóricos del país, fue la falta de un esquema de cronología absoluta. Hasta hace relativamente poco, la carencia de fechas exactas y de secuencias estratigráficas claramente definidas hizo imposible o, por lo menos, altamente especulativo, tratar de postular correlaciones espaciales o períodos temporales. Sin embargo, durante los últimos años se han obtenido muchas fechas de carbono radiactivo que, en combinación con algunas secuencias locales, comienzan a sugerir un esquema evolutivo y de interrelaciones para las sociedades prehistóricas colombianas. Estoy muy consciente de las grandes dificultades que se presentan aún al tratar de delinear estos desarrollos, contando con una base tan fragmentaria.

Para los fines de la presente obra me he esforzado en combinar—siempre y cuando fue posible— un enfoque regional con una apreciación cronológica. Dentro de este marco de referencia he tratado de trazar las grandes etapas de desarrollo, desde los primeros pobladores del país, hasta sus contactos con los descubridores españoles. Mi objetivo es entonces el de discutir los sitios más importantes de cada una de las grandes etapas y ponerlos no sólo en un orden cronológico, sino también dentro de un contexto interpretativo. Cualquier tentativa de construir con estos datos tan dispersos una teoría general tendrá necesariamente un carácter provisional e incompleto y, desde luego, las investigaciones posteriores llegarán a corregir muchos aspectos del esquema aquí propuesto.
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9-  Los principales autores que han postulado una división en "áreas arqueológicas" son, en orden cronológico: Joyce, Thomas A., South American Archeology, London, 1912; Thompson, J. Erie, Archaeology of South America, Field Museum of Natural Histoty, Anthropological Leaflet N° 33, Chicago, 1936; Hernández de Alba, Gregorio, Colombia: Compendio arqueológico, Bogotá, 1938, Bennett, Wendel C., "Archaeological Regions of Colombia: A Ceramic Survey", Yale University Publications in Anthropology. N° 30, New Haven, 1944; id., "The Archaelogy of Colombia", Handbook of South American lndians (Julián Steward,editor),Vol. 2, pp. 823-850, Washington, 1946; Nachtigall, Horst, lndlanerkunst der Nord-Anden, Berlin 1961; id. Alt-Kolumbien: Vorgeschichtliche Indianerlculturen, Berlin, 1961; Angulo Valdés, Carlos, "Cultural Development in Colombia", in: Aboriginal Cultural Development in Latin America (Betty J. Meggers & Clifford Evans, Editores), pp. 55-66, Smithsonian Miscellaneous Coilections, Vol. 146, N° 1, Washington, 1963; Perdomo, Lucía Rojas de, Manual de Arqueología Colombiana, Carlos Valencia Editores, Bogotá, 1979. En cambio, una perspectiva cronológica-evolutiva se presenta en: Reichel-Dolmatoff, G., "Colombia Indígena Periodo Prehispánico", en: Manual de Historia de Colombia (Juan Gustavo Cobo y Santiago Mutis, editores), 1, pp. 31-114, Instituto Colombiano de Cultura, Editorial Andes, Bogotá, 1978. (regresar a 9)

10-  Pérez de Barradas, José, Arqueología y antropología precolombinas de Colombia, Ministerio de Educación Nacional, Bogotá, 1937; id. ArqueologíaAgustiniana, Ministerio de Educación Nacional, Bogotá, 1942. (regresar a 10)

11-  Cubillos, Julio César, "El Morro de Tulcán (pirámide prehispánica)", Revista Colombiana de Antropología, Vol. VIII, pp. 217-357, Bogotá, 1959. (regresar a 11)

12-   Duque Gómez, Luis, "Los últimos hallazgos arqueológicos de San Agustín", Revista del Instituto Etnológico Nacional, Vol. II, N° 2, pp. 5-42, Bogotá, 1948; id., San Agustín: Reseña Arqueológica, Ministerio de Educación Nacional, Bogotá, 1963. (regresar a 12)

13-   Silva Celis, Eliécer, "La arqueología de Tierradentro", Revista del Instituto Etnológico Nacional, Vol. 1, pp. 117-130; pp. 521-589, Bogotá, 1943-1944. (regresar a 13)

14-  Lehmann, Henri, "Arqueología de Moscopán", Revista del Instituto Etnológico Nacional, Vol. 1, N°2, pp. 657-670, Bogotá, 1944; id., "Archéologie du sudouest colombien", Journal de la Société des Américanistes, N. S., Tome XLIII, pp. 199-270, París, 1953. (regresar a 14)

15-   Nachtigall, Horst, "Tierradentro: Archáologie und Etbnographie einer kolumbianischen Landschaft", Mainzer Studien zur Kultur-und Volkerkunde, Vol. II, Zurich, 1955; id., "Tierradentro", Studia, Vol. 1, N0 10, pp. 2 1-55, Universidad del Atlántico, Barranquilla, 1956; id., Die amerikanischen Megalithkulturen, Berlín, 1958; íd., "Dic Reliefkunst der San Agustín-Kultur (Kolumbien)", Baessler-Archiv. Neue Folge, Vol. VIII, N° 2, pp. 3 19-333, Berlin, 1960. (regresar a 15)

16-  Bennett, Wendell C., "Archaeological Regions of Colombia: A ceramic Survey", Yale University Publications in Anthropology, N° 30, New Haven, 1944. (regresar a 16)

17-    Ford, James A., "Excavations in the Vicinity of Cali, Colombia", Yale University Publications in Anthropology, N° 31, New Haven, 1944. (regresar a 17)

18-   Haury, Emil W. & Julio César Cubillos, "Investigaciones arqueológicas en la Sabana de Bogotá, Colombia (Cultura Chibcha), University of Arizona Bulletin, Vol. 24, N° 2. Social Science Bulletin, N° 22, Tucson, 1953. (regresar a 18)

19-  Broadbent, Sylvia M. "Excavaciones en Tunjuelito: Informe preliminar", Revista Colombiana de Antropología, Vol. X, pp. 343-346, Bogotá, 1962; id., "Agricultural Terraces in Chibcha Territory",American Antiquity, Vol. 29, N04, pp. 501-504, 1964; id., "Stone roofed chambers in Chibcha Territory", Ñawpa Pacha, N° 3, pp. 93-106, Institute of Andean Studies, University of California, Berkeley, 1965; id., "The Site of Chibcha Bogotá", Ñawpa Pacha, N° 4, pp. 1-13, Institute of Andean Studies, University of California, Berkeley, 1966; id., "A Prehistoric Field System in Chibcha Territoy, Colombia", Ñawpa Pacha, N° 6, pp. 135-147, Institute of Andean Studies, University of California, Berkeley, 1968; id., "Prehistoric Chronology in the Sabana de Bogotá", Kroeber Anthropological Society Papers, N0 40, pp. 38-51, University of California, Berkeley, 1969; "La arqueología del territorio chibcha II: Hallazgos aislados y monumentos de piedra", Antropología N°4, Ediciones de la Universidad de los Andes, Bogotá, 1970; Id., "Reconocimientos arqueológicos de la Laguna de "La Herrera"’,Revista Colombiana de Antropología, Vol. XV, pp. 171-213, Bogotá, 1971. (regresar a 19)

20-  Bruhns, Karen Olsen, Ancient Pottery of the Middle Cauca Valley, Disertación doctoral, University of California, Berkeley, 1967 (University Microfilms, Ann Arbor). (regresar a 20)

21-   Bray, Warwick Michael, "Investigaciones arqueológicas en el Valle del Calima: Informe preliminar Revista Colombiana de Antropología, Vol. XI, pp. 3 19-328, Bogotá 1967; Bray, Warwick y M. Edward Moseley, "An Archaeological Sequence from the Vicinity of Buga.Colombia", Ñawpa Pacha, Nos. 7-8, pp. 85-103, institute of Andean Studies, University of California, Berkeley, 1971; Bray, Warwick, y otros, "The Cauca Valley Expedition, 1964", Explorer’s Journal, Vol. XLVI, N° 1, pp. 43-50, New York, 1968. Hurt, Wesley R., Thomas van derHammen & Gonzalo Correal Urrego, "Preceramic Sequences in the El Abra Rock-Shelters, Colombia", Science, Vol. 175, pp. 1106-1108, Washington, 1972. (regresar a 21)

22-  Bischof, Henning, "Canapote: An Early Ceramic Site in Northern Colombia Preliminary Report", Actas del XXXVI Congreso Internacional de Americanistas, España, 1964, Vol. 1; pp. 483-491, Sevilla, 1966; id., "Contribuciones ala cronología de la Cultura Tairona (Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia)", Verhandlungen des XXXVIII Internationalen Amerikanistenkongresses, Stuttgart-München, 1968, Vol. 1, pp. 259-269, Munich 1969. (regresar a 22)

23-  Long, Stanley Vernon y Juan A. Yangtiez, "Excavaciones en Tierradentro", Revista Colombiana de Antropología, Vol. XV, pp. 9-127, Bogotá, 1971. (regresar a 23)

24-   Bolian, Charles "An Archaeological Survey of the Trapecio of Amazonas, Colombia", ponencia presentada en el North-Eastern Anthropological Meeting, Buffalo, New York, 1972. (regresar a 24)

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