ARQUEOLOGÍA DE COLOMBIA
Un texto introductorio
Gerardo Reichel-Dolmatoff
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Capítulo II

EL País

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Colombia está situada en el extremo noroccidental de América del Sur, donde ocupa un área de más de 1.100.000 kilómetros cuadrados, o sea una extensión equivalente a la de Francia, España y Portugal. Este inmenso país, cuyas selvas exuberantes y montañas escarpadas se extienden desde el Mar Caribe hasta el Amazonas, es la "casa de esquina" de Suramérica.

La extrema diversidad de la configuración del terreno, de las características climatológicas y de los desarrollos culturales de Colombia ha desafiado siempre cualquier tentativa de descripción generalizada. Pocos países del mundo la igualan en lo que se refiere a variación ambiental. Debido a su ubicación geográfica, como a sus particularidades tan complejas de fisiografía y climatología, Colombia forma el epicentro del Area Intermedia, es decir, de aquellas tierras que yacen entre los dos grandes centros de civilización indígena americana. En el curso de su historia aborigen, esta tierra colombiana ha desempeñado un papel muy variado pero siempre importante. Debido a su posición geográfica general, Colombia ha sido la entrada y salida de América del Sur, mientras que por su complejidad interna ha constituido una encrucij ada y un mosaico de nichos ecológicos donde la lucha entre los recursos adaptativos del hombre y el medio ambiente fisico han continuado hasta la época presente. En efecto, todos estos factores han tendido a producir un ambiente de grandes contrastes, y en cualquier reflexión sobre temas colombianos, el problema de los contrastes, sean cuales fuesen, será siempre el punto focal.

El rasgo estructural más sobresaliente en el país son las cordilleras que dividen su territorio en tres grandes áreas: la Andina, las Costas y el área de Orinoquía y Amazonia. Al penetrar a Colombia por el sur, los Andes pierden su unidad anterior y se dividen en tres enormes cadenas montañosas: las Cordilleras Occidental, Central y Oriental, que se despliegan desde el sur y se extienden luego a través del país, desde las tierras altas ecuatorianas hasta las llanuras del Caribe. Aproximadamente paralelos a las cordilleras yacen los inmensos valles de los ríos Magdalena y Cauca, acompañados de cada lado por montañas coronadas aquí y allá por altos picos nevados o elevados volcanes. Estos dos ríos, las arterias vitales del país, desembocan en el Mar Caribe, poco después de que el Magdalena recibe las aguas del Cauca, ya sobre las tierras bajas de la Costa Caribe.

Al este de los Andes y más allá de las cordilleras yacen los Llanos del Orinoco y las Selvas del Amazonas, ambas regiones abarcan las dos terceras partes del territorio nacional.

Colombia está situada entre los 12° 30' Norte y 4° 13’ Sur de la línea ecuatorial, y la mayor parte del territorio tiene un clima tropical, pero ya que la temperatura depende de la altura, la variación climática en las zonas montañosas del país abarca toda la escala, desde el trópico húmedo o seco, hasta las tierras altas y los nevados de las cordilleras. Una división cuádruple en grandes pisos térmicos muestra una escala donde primero está la tierra caliente, desde el nivel del mar hasta aproximadamente 1.000 metros, abarcando el 83% del territorio nacional, con una temperatura media anual que no excede los 24° centígrados. La tierra templada sigue entre los 1.000 y 2.000 metros, abarcando aproximadamente el 9% del territorio y con una temperatura media de no menos de 17.50. Entre los 2.000 y 3.000 metros está la tierra fría, que abarca el 6% del territorio nacional y tiene una temperatura de no menos de 12° centígrados, y arriba de los 3.000 metros comienzan los páramos, aquella zona alta semejante a la tundra siberiana, que cubre más o menos el 2% del territorio y con una temperatura por debajo de los 12°. El límite inferior de las nieves perpetuas se halla aproximadamente entre los 4.500 y 4.800 metros sobre el nivel del mar.

En Colombia las estaciones están marcadas por la lluviosidad y no por notables fluctuaciones de temperatura. En las tierras bajas de la Costa Caribe, al norte de lat. 8° N, hay una estación lluviosa de unos ocho meses (abril a noviembre), seguida por una estación seca de unos cuatro meses (diciembre a marzo), mientras que al sur de esta latitud la estación de lluvias está generalmente interrumpida por un corto período intermedio de poca lluviosidad ("veranillo") durante los meses de junio y julio. En las tierras bajas de la Costa del Pacífico prácticamente no existe una estación seca y las lluvias caen durante todo el año. Tanto la distribución anual como la frecuencia y la cantidad de la precipitación dependen naturalmente de muchos factores locales. Por ejemplo, mientras que la Península de la Guajira recibe sólo unos 200 milímetros de precipitación anual, la Costa Pacífica, con una precipitación de hasta 10.000 milímetros, es probablemente la zona más lluviosa y húmeda de los trópicos americanos.

De acuerdo con los factores meteorológicos y morfológicos, se pueden distinguir cinco grandes regiones naturales que, aunque contienen muchas subregiones cada una, se caracterizan por sus aspectos más o menos coherentes. Dichas regiones son:

La Costa Caribe
La Costa Pacífica
La Región Andina
Los Llanos del Orinoco
Las Selvas del Amazonas.

Las tierras bajas de la Costa Caribe se extienden aproximadamente 1.600 kilómetros desde la frontera venezolana hasta Panamá, o sea desde los desiertos de la Península de la Guajira, hasta las selvas del Darién. La Guajira forma el extremo más septentrional del Continente Suramericano. Durante la estación seca los vientos alisios corren constantemente sobre aquella extensión plana y arenosa y, ya que no hay barreras que permitan condensar su humedad, la Guajira es un vasto desierto ardiente cubierto sólo por rastrojos xerofíticos, cactus y bromeliáceas. Sólo durante los meses de octubre a noviembre caen leves lluvias y entonces el monótono desierto se ve súbitamente cubierto de matices verdosos. Pero durante la mayor parte del año, la Guajira es el territorio más desértico de Colombia —un vasto tracto de tierras estériles rodeadas por un mar violento—.

Las tierras bajas del Caribe continúan hacia el sudoeste y cambian paulatinamente de desiertos a sabanas semiáridas, con colinas onduladas a veces con extensos bosques de árboles deciduos, hasta que al llegar al río Magdalena se abre la amplia llanura aluvial, cubierta aquí y allá por lagunas y brazos muertos, constituyendo un laberinto verde de caños y pantanos. Hacia el occidente del Magdalena siguen lomas cubiertas de pastos y pequeños bosques, pero al paso que los vientos alisios pierden su fuerza, la precipitación anual aumenta. Esta gran llanura que, hoy en día, es el centro ganadero del país, está atravesada por dos grandes ríos cuyas cabeceras yacen cerca la una de la otra, en las montañas del sur. El río Sinú corre en dirección norte, hacia el Mar Caribe, mientras que el río San Jorge se dirige hacia el nordeste y se une con el río Magdalena un poco más abajo de la confluencia de éste con el río Cauca.

Al este del bajo río Magdalena surge la Sierra Nevada de Santa Marta, un gran macizo aislado que se levanta abruptamente sobre las tierras bajas que se extienden entre el delta del gran río y las estribaciones septentrionales de la Cordillera Oriental. Este macizo, de forma aproximadamente piramidal, constituye un rasgo fisiográfico sobresaliente de la Costa Caribe. En la Sierra Nevada, el clima y la vegetación varían no sólo de acuerdo con la altura, sino también según la orientación de las vertientes; las faldas surorientales que yacen bajo los vientos alisios están cubiertas por pastos, por escasos arbustos y pequeños bosques, los cuales sólo se hallan a lo largo de algunas corrientes de agua o en hondonadas protegidas del viento. Las vertientes septentrionales y occidentales están mucho menos expuestas a los vientos y cubiertas de extensiones más grandes de selva.

Hacia el occidente, las tierras bajas del Caribe se confunden gradualmente con las selvas pluviales del Golfo de Urabá y de la Serranía del Darién. Allí el paisaje es de planicies aluviales pantanosas y de manglares interrumpidos a trechos por oscuros riscos y bahías pedregosas.

Las tierras bajas de la Costa Pacffica presentan un cuadro totalmente diferente de la Costa Caribe. Tupidas y enmarañadas selvas pluviales se extienden por más de 1.300 kilómetros sobre la costa baja, entre Panamá y Ecuador, a todo lo largo del país. Grandes ríos tales como el San Juan, el Atrato y el Baudó atraviesan este territorio, junto con centenares de arroyos y riachuelos. El sector norte está formado por una costa escarpada, con muchas caletas, ensenadas y puertos naturales, pero a partir de Cabo Corrientes hacia el sur, siguen vastos manglares y esteros cuya extensión aumenta hacia la frontera con el Ecuador. Ya que la precipitación anual excede los 7.000 milímetros en la parte central del Chocó —nombre que se da al sector norte de la Costa— se trata aquí de una de las grandes selvas pluviales ecuatoriales de América. La vegetación hidrófila, con su abundanciáde trepadoras y epffitas, es un mundo aparte, totalmente distinto de las áridas sabanas de norte o de las escarpadas montañas del interior andino.

La región Andina ya se ha mencionado al esbozar las grandes lineas estructurales del país. La Cordillera Central es la más elevada, con una altura promedio de 3.000 metros; es algo más baja hacia su extremo septentrional donde se divide en varias serranías que paulatinamente terminan en la Costa Caribe. La Cordillera Oriental tiene una altura promedio de aproximadamente 2.000 metros. Siendo considerablemente más ancha que las demás, forma varios altiplanos; pero también se bifurca en dos Serranías, una de las cuales, la Sierra de Perijá, continúa hacia el Caribe y termina apenas al llegar a la Península de la Guajira, mientras que la otra se extiende hacia el este y continúa en territorio venezolano La Cordillera Occidental es la menos elevada y la más corta. Pero hay también otras montañas y serranías que no forman parte del sistema andino. La Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña más alta de Colombia (5.775 metros), no parece estar relacionada estructuralmente con las cordilleras. Lo mismo ocurre con la Serranía del Darién en la frontera con Panamá, la cual forma el divorcio de aguas continental, o también es el caso de la Serranía de la Macarena, en el borde occidental de los Llanos del Orinoco, y la cual geológicamente pertenece al antiguo escudo de Guyana. Además esto ocurre en algunas montañas de menor extensión.

Las tres cadenas de las cordilleras forman un relieve extremadamente irregular y complejo, de hoyas intermontanas, sabanas, vertientes selváticas, altiplanos y páramos. La gran variedad de factores locales tales como altura, orientación de vertientes, comentes de aire, humedad, y la naturaleza de los suelos, constituyen aquí un mosaico de complejidad extrema. La variedad de microambientes que componen cada zona ecológica, las cuales además varían cada una tanto horizontal como verticalmente, es la característica más distintiva de las cordilleras colombianas y de sus valles montañosos. Una región de especial importancia es el altiplano cundiboyacense, que ocupa aproximadamente el centro de la Cordillera Oriental. Más de una docena de cuencas planas se encuentran allí a una altura de unos 2.700 metros y forman con sus excelentes tierras una de las zonas más fértiles del país. La cuenca más meridional forma la llamada Sabana de Bogotá, a una altura de 2.600 metros sobre el nivel del mar (1) .

Es obvio que la particular naturaleza y alcance de los desarrollos indígenas de Colombia deben examinarse y evaluarse como fenómenos estrechamente relacionados con la posición física y cultural tan única que el país ocupa en el Area Intermedia.

Las anteriores observaciones plantean el problema de las rutas migratorias y de zonas de contacto. Las extensas tierras bajas de la Costa Caribe han sido indudablemente desde miles de años una región a través de la cual se movieron grupos humanos en una dirección ola otra: de los ríos hacia las selvas interfluviales odel litoral hacia las estribaciones de las serranías. La abundancia, la naturaleza y la profundidad temporal de los vestigios arqueológicos locales lo indican claramente. El extremo septentrional de la Cordillera Oriental seguramente no constituyó un obstáculo para estos movimientos migratorios; ellos podían cruzar por varios desfiladeros que se abren hacia lo que hoy es territorio venezolano, y la hoya del Lago de Maracaibo también podía alcanzarse atravesando la parte baja de la Guajira.

La región del Darién, en la esquina más noroccidental de Colombia, donde América Central se une al Continente de América del Sur, es por cierto, una zona crucial de contacto ya que todas las migraciones antiguas deben haber pasado por allí, por lo menos hasta aquel período cuando la navegación costanera estuvo suficientemente desarrollada.

Las tierras bajas de la Costa Pacífica probablemente no han experimentado notables cambios climáticos en el pasado y quizás eran poco propicias a migraciones por vía terrestre. Las condiciones locales del terreno presentan grandes obstáculos para viajar por tierra a lo largo del litoral; densos manglares, riscos, farallones e innumerables ríos dificultan cualquier movimiento humano paralelo a la Costa, excepto algo más hacia el este, donde los ríos San Juan y Atrato ofrecen sus cursos de aguas como vías naturales. Por otro lado, aún más hacia el este, existen varios puntos donde es relativamente fácil cruzar la Cordillera Occidental hacia el Valle del Cauca. Dicha Cordillera, en casi toda su extensión, es comparativamente baja, y al seguir el curso de ciertos ríos, ante todo en las regiones de los bajos ríos San Juan y Calima o del río Patía, se puede penetrar fácilmente hacia los valles del interior.

Los amplios valles de los ríos Magdalena y Cauca son, desde luego, rutas migratorias naturales que siempre han desempeñado un papel importante. Desde las cabeceras del río Magdalena, la Cordillera Oriental se puede atravesar en varios lugares. Más allá, se extienden los Llanos del Orinoco y las Selvas del Amazonas, con sus innumerables ríos que corren hacia el Oriente y constituyen vías hacia las tierras bajas del Perú, del Brasil y de las Guyanas.

Antes de finalizar esta somera introducción geográfica, caben algunas observaciones sobre las posibilidades de navegación costanera de los indígenas. Al mirar el mapa de Colombia no siempre se cae en la cuenta de que es posible viajaren canoa desde la Bahía de Buenaventura hasta el Ecuador sin salir al mar abierto (con excepción de un trayecto muy corto a través del Golfo de Tortugas), simplemente usando la intercomunicación de esteros y canales que atraviesan los manglares. Lo mismo es factible al viajar hacia el norte, desde el delta del río San Juan hasta la desembocadura del río Baudó. Sólo al norte del Baudó es obligatorio dejar el abrigo de los manglares y salir al mar abierto, pero durante varios meses del año, sobre todo entre los meses de enero y abril, el Océano Pacífico es suficientemente calmado como para hacer posible la navegación en canoas no descubiertas. Hay algunos puntos que ofrecen cierto peligro: Cabo Corrientes, Cabo Marzo y algunos otros, pero aún en la actualidad los indios del Chocó viajan ocasionalmente en sus canoas a remo de ensenada en ensenada. Troncos de madera de balso, amarrados a lo largo de las bordas, les sirven de flotadores y estabilizadores. Para una población indígena, con un mínimo de conocimientos de navegación marítima, estas costas no presentan mayores riesgos, y la navegación costanera bien puede haber sido un factor importante en las antiguas migraciones, las relaciones comerciales y extensos contactos culturales. Lo mismo puede afirmarse de las condiciones en la Costa Caribe donde, aunque actualmente faltan casi por completo los manglares, es posible navegar de bahía en bahía, cuando hace buen tiempo. Hasta hace poco observamos canoas cubiertas de los indios Cuna (Golfo de Urabá) y de los indios de la Guajira, recorriendo a remo largos trechos, hasta la boca del río Magdalena. A veces una gran hoja de palma puede servirles de vela.

Existen pues amplias rutas para movimientos migratorios, así como zonas de contacto con otras áreas geográficas y culturales: América Central, la Costa del Ecuador, el noroeste de Venezuela, las Antillas y la Costa Caribe de los Estados Unidos, así como los Llanos del Orinoco y las Selvas Amazónicas. Debemos tener presente estas posibilidades al comenzar a trazar los desarrollos de las culturas indígenas de Colombia.

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1.    Como introducción a la geografía del país. véase Guhl, Ernesto. Colombia: Bosquejo de su Geografía Tropical. Biblioteca Básica Colombiana, Vols. 5 y 11, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1975/1976. Obras geográficas regionales de importancia son: Crist, Raymond E. The Cauca Valley. Baltimore, 1952; West, Robert C. The Pacific Lowlands of Colombia: A Negroid Area of the American Tropics. Baton Rouge, 1957; Wilhelmy, Herbert "Die klimamorphologische und pflanzengeographiscbe Entwicklung des Trockengebietes am Nordrand Südamerikas seit dem Pleistozän", Die Erde, 3-4, Berlín, 1954. Para climatología véase Trojer, Hans "El tiempo reinante en Colombia" Boletín Técnico, II, 13, pp. 1-43, Federación Nacional de Cafeteros, Chinchiná, 1954.Fuentes indispensables son: Atlas de Colombia, Instituto Geográfico "Agustín Codazzi", Bogotá (varias ediciones). Atlas de mapas antiguos de Colombia - Siglos XVI a XIX. (Eduardo Acevedo Latorre, editor), Editorial Arco, Bogotá (varias ediciones), así como la serie de atlas regionales y nacionales publicada por el Banco de la República y por el Instituto Geográfico "Agustín Codazzi". Una excelente introducción popular sigue siendo el libro de Katleen Romoli.Colombia: Gateway to South America. New York, 1941, traducido ahora al español con prólogo de Juan Gustavo Cobo Borda e incluido en esta misma serie de la Biblioteca Familiar Colombiana de la Presidencia de la República, 1996. (regresar a 1)

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