Capítulo III

LA ETAPA PALEO-INDIA

La población indígena de América no es autóctona. Hace muchos miles de años llegaron las primeras oleadas de pueblos asiáticos; ellos entraron al Continente Americano por el Estrecho de Bering y luego penetraron hacia el sur, hasta que cubrieron toda la extensión entre Alaska y Patagonia (1) .

Fue aproximadamente hace 70.000 años cuando comenzó la glaciación de Wisconsin, último gran enfriamiento del Cuaternario. Hace unos 20.000 años que la glaciación llegó a su máximo desarrollo.

Durante aquellos milenios se operaban muchos cambios en el mundo entero. Las grandes masas de hielo se movían; a veces avanzaban, otras veces retrocedían hacia los polos, y de acuerdo con estos movimientos se modificaban las condiciones climáticas y el nivel de los mares. La enorme cantidad de agua que se acumulaba durante el avance de los glaciares hacía que el nivel de los mares bajara, pero cuando los casquetes de hielo se derretían y retrocedían, durante las épocas templadas o interglaciares, el nivel subía nuevamente. De esta manera se modificaban las líneas costaneras; islas o puentes terrestres se sumergían o salían de las aguas, y estos cambios en la superficie terrestre influían naturalmente sobre los desplazamientos de fauna, flora y grupos humanos. En varias épocas se formó un ancho puente terrestre en la región de Beringia, uniendo Asia con América, y fue así, principalmente durante estas épocas, hace aproximadamente 40.000 años, como grupos migratorios más o menos numerosos, encontraron el camino hacia el Continente Americano, que hasta entonces no había sido poblado por seres humanos.

En aquellas épocas, la humanidad aún no conocía la navegación marítima, de manera que todos los primeros pobladores de Suramérica tuvieron que pasar por el Istmo de Panamá que, entonces, probablemente era más ancho que en la actualidad. Fueron pues tierras hoy colombianas, las primeras de Suramérica, que estos asiáticos, los llamados Paleo-indios, atravesaron en su largo camino hacia el sur. Hace unos 20.000 años ellos tenían asentamientos en Pikimachay, región de Ayacucho, en el Perú. En Taima-Taima, en Venezuela, se halló una punta de lanza de piedra incrustada en el hueso pélvico de un mastodonte; hallazgo al que se atribuye una edad de unos 13.000 años. En el sur de Argentina, en el sitio de Los Toldos, también ya había asentamientos indígenas hace unos 13.000 años. También hay otra serie de datos en otros países que coinciden con la antigüedad de los Paleo-indios en Sur América.

En Colombia, el problema de los primeros pobladores comenzó a investigarse sólo a partir de la década de los sesenta de este siglo (2) . Con anterioridad, apenas se conocían algunas puntas de proyectil, raspadores, golpeadores y otros utensilios, hallados en la superficie del terreno o en excavaciones casuales hechas sin control estratigráfico. Estos hallazgos superficiales, sin embargo, no carecen de interés. En El Espinal, departamento del Tolima, se halló una punta lítica de forma lanceolada, bifacialmente tallada por percusión y retocada por presión. Otras puntas se encontraron en Ibagué, departamento del Tolima; La Tebaida, departamento del Quindío, y Manizales, departamento de Caldas, esta última provista de un pedúnculo alargado, con base bifurcada; la talla es bifacial y muy tosca. Varias puntas de proyectil se han descubierto en la Costa Caribe: Santa Marta, Mahates, Laguna de Betancí, Golfo de Urabá (Correal, 1983; Reichel-Dolmatoff, 1965, y otros). El problema que plantean los artefactos mencionados es que todos carecen de un contexto estratigráfico y cultural. Aun su tipología formal y tecnológica varía fuertemente y es imposible atribuirlos a cierta etapa cronológica o a cierta fase de desarrollo cultural.

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Figura 3. Punta de proyectil; alto río Calima .
Figura 4. Punta de Proyectil,Ciénaga de Trapo
Figura 5. id. Vista del otro lado.

Esta última observación —la referente al contexto cultural— es de especial importancia. La primera gran etapa de la prehistoria americana se denomina Etapa Paleo-india, y se sabe, debido al resultado de muchas excavaciones hechas en el Nuevo Mundo, que estos seres humanos eran predominantemente cazadores. Ya que en aquella etapa existía aún la megafauna de mastodontes, caballos y otros mamíferos de gran tamaño, nuestra imagen del Paleo indio es la de un cazador intrépido, quien armado sólo con una lanza con punta de piedra, se enfrentaba a fieras temibles. Fácilmente olvidamos entonces que muchos grupos humanos, de acuerdo con las condiciones ambientales, estacionales y tecnológicas, eligieron otro modo de vida y se dedicaron con preferencia a la recolección, la cacería de presas menores y la pesca. Moluscos, reptiles, insectos y frutas silvestres constituyen obviamente una base alimenticia muy importante. En la adaptación ecológica humana siempre ha habido un elemento de selección, de preferencias situacionales que, desde nuestra perspectiva moderna, a veces son difíciles de comprender. Así puede haber habido casos en que un grupo indígena menospreciara una fuente abundante de alimentos, en cambio de otra, tal vez menos provechosa. Este fenómeno de especialización y adaptación diferencial explica tal vez el hecho de que, en Colombia, las puntas de proyectil, de la Etapa Paleo-india, sean más bien escasas. En otros países, notablemente los Estados Unidos, Mesoamérica y el Cono Sur, las puntas líticas abundan y forman un índice valioso para conocer los modos de cacería y los cambios tecnológicos en la talla litica, pero en Colombia se carece aún de hallazgos numerosos de este tipo de artefactos. Por cierto, también hay el hecho de que muchas y extensas regiones han quedado aún inexploradas y que todavía nos esperan grandes sorpresas en este campo tan prioritario de las investigaciones arqueológicas del país.

Figura 6. Punta de proyectil; quebrada Niquía.

Figura 7. Punta de proyectil; quebrada Niquía.

Figura 8. Punta de proyectil; río Manzanares.

Figura 9. id. Vista de otro lado.

Figura 10. Punto de proyectil; Sabana de Bogotá.

Figura 11. Entierros paleo-indios; sitio Tequendama. Excavación de O. Correal y T. van der Hammen.(ver figuras 6, 7, 8, 9, 10 y 11)

En Colombia, un plan coherente de investigaciones Paleo-indias, se inició con un proyecto originalmente diseñado y puesto en marcha por el presente autor y Thomas van der Hammen, geólogo holandés quien, desde los años cincuenta, se había dedicado a la investigación de las condiciones paleoclimáticas y paleobotánicas durante el Pleistoceno y el Holoceno de la Cordillera Oriental y otras regiones del país. En 1967, el arqueólogo Gonzalo Correal Urrego, entonces del Instituto Colombiano de Antropología, excavó en compañía de van der Hammen y del norteamericano Wesley Hurt, los abrigos rocosos de la región de El Abra, cerca de Zipaquirá, en el extremo norte de la Sabana de Bogotá. Estas excavaciones constituyeron un paso fundamental en el conocimiento de la Etapa Paleo-india de Colombia.

El sitio de El Abra está localizado a 2.570 metros sobre el nivel del mar. En el curso de la excavación encontraron abundantes vestigios de campamentos de antiguos cazadores, junto con gran número de artefactos liticos que permitieron establecer una secuencia estratigráfica. La estrecha colaboración entre arqueólogos, geólogos, palinólogos y zoólogos, hizo posible el análisis de estos hallazgos, dentro del contexto paleoclimatológico y paleoecológico, circunstancia que aumentó la importancia de ésta y de subsecuentes excavaciones en el altiplano. En efecto, resultó posible correlacionar las fechas de radiocarbono, los análisis de polen y las capas de ceniza volcánica, con las largas secuencias paleoclimáticas que van der Hammen había elaborado para otras partes de la Sabana de Bogotá.

Figura 12. Raspador bifacial; Ráquira.

Figura 13. Artefactos líticos; río Catrú.

Figura 14. Artefactos líticos; río Catrú.

Figura 15. Artefactos líticos; río Juruvidá. (ver figuras 12,13,14 y 15)

Figura 16. Artefactos líticos; Cabo Corrientes.

Figura 17. Artefactos líticos; Pomares.

Figura 18. Artefactos líticos; río Carare. (ver figuras 16,17,18 y 18a)

Prosiguiendo sus investigaciones en 1970, Correal y van der Hammen descubrieron, cerca del Salto de Tequendama, un grupo de abrigos rocosos, cuya excavación resultó en el hallazgo de vestigios de antiquísimos campamentos y entierros. Este sitio estaba localizado en el borde suroccidental del antiguo lago pleistocénico, que antaño cubría lo que es hoy la Sabana de Bogotá, muy cerca de la vertiente que desciende hacia el valle del río Magdalena. Estos dos sitios —El Abra y El Tequendama— produjeron abundantes testimonios de la presencia humana en el Pleistoceno Tardío.

De acuerdo con van der Hammen, el clima del altiplano era frío durante todo el Pleniglacial (ca. 55.000 a ca. 14.000 antes de presente) y la región estaba cubierta por una vegetación típica de los páramos. Después de 14.000 antes de presente, el clima se volvió más templado, culminando en el llamado Interstadial de Guantivá (ca. 12.500 a ca. 11.000 antes de presente), cuando extensos bosques invadieron el altiplano. Este intervalo más caliente corresponde a los artefactos humanos de mayor antigüedad encontrados en El Abra. La fecha más antigua, obtenida por el análisis de radiocarbono, es de 12.460 años antes de presente. Los restos faunísticos indican la presencia de venados, roedores y armadillos, pero no se hallaron vestigios de la megafauna del Pleistoceno. Los abrigos del Tequendama y otros sitios del altiplano excavados por Correal y sus colaboradores también arrojan fechas que colocan los vestigios culturales dentro de la Etapa Paleo-india (3) .

Es importante observar que la mayoría de los artefactos líticos de los sitios excavados consisten en piedras que muestran un filo cortante, mientras que las puntas de proyectil están prácticamente ausentes. Los armadillos y venados, tan abundantes en el sitio del Tequendama, por cierto son indicios de una dieta rica en proteínas.

Después del Holoceno Temprano y Medio (ca. 10.000 a 2.500 antes de presente), la temperatura media anual subió y, junto con este cambio, se observan ciertas modificaciones en la cultura de los Paleo-indios. En El Abra, en aquella época, se utilizaban muchos artefactos en forma de raspadores y cuchillos. Ya con anterioridad a los 7.000 años antes de presente, los restos faunísticos contienen un 50% de huesos de venado y otros 50% de curí; en cambio, en el Tequendama los vestigios culturales del Holoceno Temprano contienen un 75% de roedores y sólo un 15% de venados. Parece pues tratarse de una tendencia gradual de abandonar la caza especializada y de dedicarse los Paleo-indios a una economía mixta, de cacería de presas variadas y de recolección.

Entre 1979 y 1980, Correal excavó otro sitio Paleo-indio donde, por fin, se comprobó la contemporaneidad entre artefactos humanos y la megafauna del Pleistoceno Tardío. El lugar, denominado Tibitó, se encuentra cerca de El Abra, pero en la parte plana de la Sabana. Apenas a un metro debajo de la superficie descubrieron huesos de mastodontes, caballos y venados, junto con artefactos de piedra. Una muestra de radiocarbono arrojó una fecha de 11.740 años antes de presente.

Hoy en día es difícil para nosotros imaginarnos el ambiente de la Sabana de Bogotá, en aquella época de los cazadores Paleo indios. Entonces subsistían grandes lagunas y zonas pantanosas; la vegetación consistía en bosques de robles y alisos, interrumpidos por zonas de monte bajo y rastrojos. No había entonces los árboles de eucalipto que, hoy día, son tan característicos para este paisaje. En cambio, había grupos de mastodontes, rebaños de pequeños caballos salvajes y, tal vez, camélidos parecidos a llamas. Fue una tierra de un clima sano y de recursos abundantes, y con base en ellos los Paleo-indios pudieron lentamente extender su modo de vida sobre extensas zonas del altiplano.

Ya en 1974, y aun antes, las investigaciones se habían ampliado sobre algunas zonas más allá del altiplano y explorado ciertos valles de la vertiente oriental de la Cordillera Oriental. Un sitio cerca de Nemocón, aún al borde de la Sabana, y varios sitios en la parte alta del río Guavio, contenían artefactos líticos cuyas fechas se alinean entre los 9.300 y 6.300 años antes de presente.

También se han explorado algunos sitios superficiales en las tierras bajas tropicales, especialmente en la Costa Caribe, en el Sur Interandino y en la Costa Pacífica. En San Nicolás, sobre una colina erosionada en el bajo río Sinú, los Reichel-Dolmatoff encontraron un complejo de artefactos líticos que consiste en un gran número de raspadores de chert, algunas hojas cortantes y muchas piedras quemuestran modificaciones diversas por golpes antropogénicos. Algunos núcleos, con plataforma de choque preparada, también pertenecen a este complejo. El material de San Nicolás contiene sólo artefactos unifaciales, tallados por percusión y en raras ocasiones se ve un desconchamiento secundario por presión. Un complejo similar encontramos en la región de la Hacienda Pomares, sobre el Canal del Dique, en el departamento de Bolívar. Allí, sobre unas antiguas terrazas aluviales, hallamos un centenar de artefactos de sfiex, todos erosionados en la superficie. También este complejo consiste principalmente en raspadores tallados con una técnica de percusión.

En la Costa Pacífica encontramos gran número de artefactos líticos en el alto río Baudó, en los ríos Juruvidá y Chorí, y en la Bahía de Utría. En el interior, el sitio de Bocas de Cazare, también descubierto por nosotros, en la desembocadura del río Cazare en el Magdalena, merece ser mencionado. A estos hallazgos se añaden otros, efectuados por Gonzalo Correal, quien recorrió gran parte de la Costa Caribe entre la Península de La Guajira y el Golfo de Urabá, en búsqueda de vestigios de los primeros pobladores.

Por cierto, estas industrias líticas tienen algunos rasgos en común: todas se hallaron sobre lomas o colinas erosionadas, sobre antiguas terrazas aluviales o en estratos de cascajo acarreado por una corriente de agua.

En ningún caso se observaron asociaciones con cerámica y estaban notoriamente ausentes los artefactos de piedra pulida o amolada. El total de los complejos de artefactos líticos consiste principalmente en raspadores unifaciales, hojas, algunos choppers y algunos perforadores. Se encontraron sólo muy pocas puntas de proyectil. Es predominante una burda técnica de percusión y son raros los casos de retoques secundarios por percusión controlada o por desconchamiento por presión. La naturaleza de los utensilios, así como el medio ambiente lacustre o ribereño sugieren la existencia de bandas que en buena parte derivaban su subsistencia de la recolección, pesca y caza. El énfasis en raspadores y piedras con un filo cortante bien podría estar conectado con la tarea de escamar y limpiar pescado y de despresar animales de caza; también podrían servir los artefactos para la manufactura del equipo de pesca y de otros artefactos de madera.

Estos hallazgos plantean un problema que todavía no ha sido aclarado satisfactoriamente. La etapa en América, que generalmente sigue cronológica y evolutivamente a la Paleo-india, ha sido denominada Etapa Arcaica, la cual se caracteriza por una vida menos nómada que la de los cazadores, y más dependiente de ciertos ambientes propicios para la recolección y la pesca. El equipo tecnológico de la Etapa Arcaica se limita por lo general a arco y flecha, propulsores, lanzas, canastos, pero faltan aún la cerámica y, desde luego, la agricultura. No obstante estas limitaciones, es posible que, en algunos casos, los indígenas de la Etapa Arcaica ya se hayan establecido en campamentos semisedentarios y a veces con ciertos indicios de una horticultura incipiente. Por ejemplo, al encontrarse una fuente perenne o, por lo menos, estacional, de recursos alimenticios, tales como una gran biomasa de roedores o armadillos, de moluscos marinos, de peces y reptiles, o de frutos silvestres, sería apenas natural quelas gentes construyeran abrigos y chozas más permanentes, lo que llevaría a nuevos desarrollos tecnológicos y de adaptación.

Sería muy difícil querer atribuir con certeza los complejos líticos que se acaban de mencionar, a la Etapa Paleo-india, pero su común nivel tecnológico tan rudimentario, comparado con los desarrollos semejantes, dentro y fuera de Colombia, sugieren una fase temprana.

En Colombia el Arcaico, pues, es una etapa importante, de transición entre la vida nómada del cazador, y la del recolector semisedentario, que lentamente comienza a desarrollar una horticultura elemental, paso que lleva a una dependencia, cada vez más marcada, de recursos vegetales.

La Etapa Arcaica debió durar miles de años pero sigue siendo poco estudiada en Colombia. Una excepción constituye el valioso trabajo de Gerardo Ardua (1984), quien pudo reconstruir, en sus excavaciones al pie de grandes rocas, cerca de Bogotá, una Ieduencia que abarca aproximadamente desde 5000 antes de Cristo hasta la época histórica. La secuencia se inicia con una industria lítica (precerámica) relacionada con El Abra y El Tequendama, seguida por un complejo cultural nuevo, ya con algunos indicios de horticultura. La parte que luego sigue en la secuencia, fechada alrededor de los primeros años de la Era Cristiana, contiene cerámica del Período Herrera, es decir un complejo de la Etapa Formativa de la Sabana de Bogotá. Este trabajo es un buen comienzo que augura hallazgos muy importantes para la comprensión de esta fase de transición cultural tan importante.

Figura 18A. Sitio Chía II, cerca de Bogotá; abrigo bajo rocas; excavación G.I. Ardila.

En resumen, hasta la presente, las investigaciones sobre los paleo indios y sus sucesores inmediatos han abierto un cambio muy prometedor, y esto ante todo en la última década, gracias a los esfuerzos de un pequeño pero muy dedicado grupo de investigadores encabezados por Gonzalo Correal Urrego. Ellos han sido muy cautelosos en sugerir relaciones externas y aún no han propuesto una secuencia detallada de complejos sucesivos, pero esta posición prudente es encomiable en el estado actual de los conocimientos. Se trata de desarrollos que abarcan milenios, y los pocos sitios excavados aún no permiten formulaciones teóricas más amplias.

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Hay muchas regiones en Colombia que son altamente prometedoras para investigaciones futuras. Las terrazas aluviales del alto río Magdalena, los alrededores de los antiguos lagos pleistocénicos de Cundinamarca y Boyacá, los depósitos de obsidiana en la Cordillera Central, las cuevas y cavernas en el altiplano al norte de Bogotá, éstos y muchos otros son lugares donde probablemente se descubrirán más vestigios Paleo-indios. Los reconocimientos sistemáticos en estas zonas son prioritarios, si deseamos saber algo más concreto sobre los primeros pobladores del país, y su lento ascenso hacia la vida sedentaria.

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1.   Sobre los primeros pobladores de América, véanse: Bryan, Alan L. "Paleoenvironments and Cultural Diversity in Late Pleistocene South America" Quaternary Research, 3.2, pp. 237-256,1973; Hopkins, David H.Beringia. Stanford University Press, Palo Alto, 1973;Jennings, Jesse D. & Edward Norbeck (editores). Prehistoric Man in the New World. University of Chicago Press, Chicago, 1964; Jennings, Jesse D. (Editor). Ancient South Americans. San Francisco. 1983; Lanning, Edward P. & Thomas Patterson "Early Man in South America" en: Early Man in America: Readings from Scientiphic American, pp. 62-68. 1973; Lynch. Thomas F. "The Antiquity of Man in South America", Quaternary Research, 4, pp. 356-377, 1974; Lynch, Thomas F. (Editor). Early Man in the Andes. Academic Press. New York. 1980; MacNeish, Richard S. "The Origins of New World Civilisation" Scientific American, 211,5, pp. 29-37; 1964; id. "Early Man in the Andes" ibid. Readings, pp. 69-79, 1973; Schobinger, Juan. Prehistoria de Suramérica. Nueva Colección Labor, Barcelona, 1969; Wormington, H. M.Ancient Man in North America. Popular Series N° 4, Denver Museum of Natural History, Denver, 1957. (regresar a 1)

2.  Sobre los primeros pobladores de Colombia, véanse: Bruhns, Karen Olsen, Oscar Osorio Gómez & Ole Christiansen "A Projectile Point from the Department of Quindío, Colombia" Ñawpa Pacha, N° 14, pp. 69-72. lnstitute of Andean Studies. University of Califomia, Berkeley. 1976: Bürgl, H. "Artefactos paleolíticos de una tumba en Garzón (Huila)" Revista Colombiana de Antropología. Vol. VI, pp 7-24 Bogotá, 1957; Correal Urrego, Gonzalo "Artefactos líticos en la Hacienda Boulder, Municipio de Palermo, departamento del Huila" Revista Colombiana de Antropología. Vol. XVI. pp. 195-222, Bogotá, 1974; íd. "Exploraciones arqueológicas en la Costa Atlántica y el Valle del Magdalena: Sitios Precerámicos y Tipologías líticas" Caldasia, Vol. XI, N° 55, pp. 33-128, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias, Bogotá, 1977. id. "Apuntes sobre el Paleolítico en Colombia", Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. XLV, N° 722, pp.33 1-356, Academia Colombiana de Historia, Bogotá, 1978; id "El sitio arqueológico Tibitó 1", Micronoticias Antropológicas,N° 64, pp. 7-8, Sociedad Antropológica de Colombia, Bogotá, 1980: id. Evidencias culturales y megafaúna pleistocénica en Colombia. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República. Bogotá, 1981; id. "Evidencia de cazadores especializados en el sitio de La Gloria. Golfo de Urabá", Revista de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Vol. XV, N° 58, pp. 77-82, Correal Urrego, Gonzalo & Thomas van der Hammen. Investigaciones arqueológicas en los abrigos rocosos del Tequendana. Banco Popular, Bogotá, 1977; id. Investigaciones arqueológicas en abrigos rocosos de Nemocón y Sueva. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República. Bogotá. 1979; Correal. Gonzalo, 1. Van der Hammen y J. Lerman "Artefactos líticos de abrigos rocosos en: El Abra. Colombia" Revista Colombiana de Antropología, Vol. XIV, pp. 9-52, Bogotá, 1969: Correal Urrego, Gonzalo & María Pinto Molla. Investigación arqueológica en el Municipio de Zipacón, Cundinamarca. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República, Bogotá, 1983; Reichel-Dolmatoff. G. Colombia: Ancient Peoples and Places. Thames & Hudson, London 1965 (Cf. Figs. 6-8); Van der Hammen. Thomas & Gonzalo Correal Urrego "Prehistoric Man on the Sabana de Bogotá: Data for an Ecological Prehistory" Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 25, pp. 179-190, Amsterdam, 1978. (regresar a 2)

3.  Acerca de cambios climáticos, véanse: Maarleveld, O. E. & Thomas van der Hammen "The Correlation between Upper Pleistocene Pluvial and Glacial Stages" Geologie en Mijnbouw, 21 pp. 40-45,Leyden, 1959; van der Hammen, Thomas & E. González "Upper Pleistocene and Holocene Climate and Vegetation of the Sabana de Bogotá, Colombia, South America", Leidse Geologische Mededelingen, 25, pp.261-31 5, Leyden, 1960; van der Hammen, Thomas "The Quaternary Climatic Changes in Northern South America" Annals of the New York Academy of Sciences, 95, pp. 676-683, New York, 1961; íd. "Climatic and Vegetational Succession in the Equatorial Andes of Colombia" Colloquium Geographicum, 9, pp. 187-194, 1968; íd. "The Quaternary in Colombia: Introduction to a Research Project and a Series of Publications" Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 14, pp. 1-7, Amsterdam, 1973; id. "Stratigraphy and Environments of the Upper Quaternary of the El Abra Corridor and Rock Shelters (Colombia)" Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 25, pp. 111-162, Amsterdam, 1978; van der Hammen, Hernando Dueñas & Jean Claude Thouret. Guía de Excursión - Sabana de Bogotá. Primer Seminario sobre el Cuaternario de Colombia, Bogotá, 1980; Viulleumier, B. Simpson "Pleistocene Changes in the Faúna and Flora of South America" Science, 173, pp. 771-780, Washington, 1971. (regresar a 3)

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