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Capítulo
VI
LOS DESARROLLOS
REGIONALES: EL INTERIOR
Al dejar atrás las tierras
bajas de las dos costas y al ocuparnos de la región interandina del país, los problemas
del regionalismo se van acentuando. Aproximadamente a 150-200 kilómetros tierra adentro,
se encuentran las estribaciones septentrionales de las cordilleras; la precipitación
pluvial aumenta allí notablemente y con ello todo el paisaje comienza a cambiar. De aquí
en adelante, la orientación e inclinación de las vertientes, su altura sobre el nivel
del mar, sus condiciones edáficas y climáticas, se combinan en innumerables formas y
ofrecen una vasta gama de posibilidades de adaptación humana. Las faldas de las tres
cordilleras forman centenares de ecosistemas escalonados a lo largo de las vertientes, de
modo que en el curso de los milenios se ha formado un mosaico de culturas locales. A eso
se añade que, con algunas excepciones, el interior del país está arqueológicamente
aún muy poco conocido. No podemos hablar pues de zonas culturalmente coherentes y sólo
se puede tratar de algunas regiones sobre las cuales existen suficientes datos.
Al subir el río Magdalena,
en la zona de Tamalameque, se encuentra un complejo arqueológico espectacular, en tanto
que en él se trata de grandes cementerios de urnas funerarias antropomorfas, que se
extienden hasta la región de Ocaña, en las faldas de las montañas
(1)
. Entre el pie de la Cordillera Oriental y el río
Magdalena yacen amplias llanuras atravesadas por arroyos, que en épocas prehistóricas
estaban ocupadas por grupos humanos que dejaron una serie de vestigios muy
característicos. Se trata de lugares de entierros en las cimas de pequeñas elevaciones y
que consisten en pozos cilíndricos verticales, de unos tres metros de profundidad y un
metro de ancho, en cuyos fondos hay cámaras laterales con entierros en urnas.
Las urnas son de entierros
secundarios y consisten de dos partes: un recipiente cilíndrico alto y una tapa en forma
de plato convexo invertido, del cual sale un busto humano. Hay dos maneras de representar
la cabeza; la una consiste en modelarla en tres dimensiones y de manera bastante
naturalista, pero los brazos que descansan sobre el pecho son exageradamente cortos y
delgados. La otra manera muestra una cabeza aproximadamente triangular y fuertemente
aplanada en su eje anterior-posterior; generalmente se indican dos brazos cortos
levantados al aire, con dedos cortos bien separados. Algunas de las caras -de ambos
tipos-muestran restos de pintura blanca. En asociación con estas urnas hallamos
cerámicas del complejo arqueológico de Saloa, de la laguna de Zapatosa, con
características más bien recientes y decoración incisa rectilinear. Una urna estaba
acompañada por una nariguera de cobre, formada por un alambre grueso doblado en círculo.
Algo al sur de Tamalameque,
está ubicada la hacienda Mosquito, donde, en los años treinta, se descubrieron varias
urnas funerarias antropomorfas con otras características; se trata de pequeñas
esculturas de barro que representan personajes de rasgos grotescamente distorsionados,
sentados en banquitos y con las manos sobre las rodillas. El cuerpo y las extremidades
están muy estilizados, las pantorrillas son exageradamente gruesas y ocasionalmente la
figura se combina con adornos zoomorfos modelados
(2)
.
De aquí en adelante,
siguiendo el curso del río Magdalena, las urnas funerarias antropomorfas forman un
elemento recurrente en los sitios ribereños
(3)
.
En Puerto Serviez, al norte
de Puerto Nare, se halló un gran complejo de urnas funerarias, cuya distribución
tipológica abarca desde Simití (Bolívar) y el río Ermitaño (Santander) hasta las
hoyas de los ríos Guarinó y de la Miel, y la zona de Pescaderías, cerca de Honda
(Tolima), extendiéndose pues sobre una gran parte del Magdalena Medio.
Las tumbas de Puerto Serviez
consisten de profundos pozos cilíndricos que se abren en una o varias cámaras laterales,
en forma de bóvedas más o menos amplias. Se han encontrado hasta más de 60 urnas en una
sola bóveda, acompañadas por otro tanto de vasijas depositadas allíen calidad de ajuar
funerario. Las urnas son grandes recipientes globulares y ovoidales, provistos de un corto
cuello cilíndrico. Las tapas consisten en un gran plato convexo sobre cuya cúspide se
levanta una figura masculina o femenina, sentada sobre un banquito, en posición
hierática. Nuevamente se observa la deformación de las pantorrillas
(4)
y la desproporción de los cuerpos en relación
con las cabezas y extremidades. Las figuras están adornadas con una multitud de
incisiones y algunas llevan en la mano una pequeña copa. En el caso del río de la Miel,
en la superficie tienen adheridos centenares de pequeños discos perforados, de concha
blanca, probablemente cuentas de collar, con que se representan adornos y aún los ojos de
las figuras. Algunas de las tapas llevan representaciones modeladas de aves, a veces en
pares o en dos parejas enfrentadas. En asociación con las urnas se han encontrado muchas
vasijas globulares o semiglobulares, a veces con ángulo periférico, otras veces con un
corto cuello cilíndrico. Una forma muy común es la de una copa con base anular baja; a
veces se representa una cara humana muy estilizada sobre la pared del cuello.
Es muy típica la
decoración llamada "incisa a trechos" que se produjo al trazar líneas rectas
con un palillo, haciendo de vez en cuando fuerte presión sobre el instrumento, para que
la línea incisa sea de desigual profundidad. El motivo inciso principal consiste en
grandes rombos que se repiten en distintos tamaños y combinaciones, tanto en la
decoración de las figuras humanas, como en la de los recipientes cerámicos. A grandes
rasgos, esta decoración romboidal se parece a las pinturas en las grandes tumbas
subterráneas de la región de Tierradentro y se asemejan así mismo a la decoración
cerámica de la cueva de La Paz (río Cesar), siendo la base de estas comparaciones la
similitud con fosfenos inducidos por el uso de drogas alucinógenas. También hay
elementos aplicados y a veces pequeños adornos zoomorfos tales como ranas o felinos,
adheridos a la urna o la tapa. En raras ocasiones se observan restos de pintura negra, que
podría ser una forma de pintura negativa rudimentaria. Con alguna frecuencia sobre la
parte más alta de la cabeza hay una hilera de pequeños huecos que, aparentemente,
sirvieron para colocar en ellos plumas o flores.
Como parte del ajuar
funerario se han hallado rodillos o pintaderas cilíndricas macizas, para decorar textiles
o pintarse el cuerpo; también se han encontrado volantes de huso, de forma esférica
hueca. Parece que todos estos artefactos fueron manufacturados expresamente para el
funeral, pues no tienen marcas de desgaste previo, y todos los objetos forman unidades
estilísticamente muy parecidas y como hechas por la misma mano.
Las urnas de esta región
del Magdalena Medio contienen generalmente huesos humanos, a veces de niños, en parte
calcinados y en ocasiones mezclados con huesos de animales tales como venados y
armadillos. Se han encontrado huesos hasta de tres personas distintas en la misma urna. En
algunos casos ha sido posible reconocer en los huesos indicios de osteoporosis y de
piorrea.
Subiendo el río desde
Puerto Serviez, se llega a Puerto Niño, donde se han encontrado grandes urnas en cuyas
tapas hay esculturas muy realistas de personajes, con cabezas bien proporcionadas y
facciones muy expresivas. Pasando por los ríos de la Miel y Guarinó, otra zona de
importancia donde las urnas llevan figuras humanas muy diversas y muy desproporcionadas
(5)
, parecidas a las de Puerto Serviez, se llega a la
zona de Puerto Salgar donde, en los sitios de Colorados y Macaya, se ha hallado otra
agrupación de urnas con características semejantes a las de Puerto Serviez, río de la
Miel y Guarinó. En la zona de Puerto Salgar las urnas se encontraron asociadas a sitios
de habitación, basureros, talleres líticos e indicios de cultivos, es decir todo un
sistema que constituye un contexto cultural muy complejo para la costumbre funeraria en cuestión
(6)
.
En Ricaurte, frente a
Girardot, un gran cementerio de urnas estaba asociado con un antiguo sitio de habitación,
cubierto este último poruna capa superficial de fragmentos ceramicos, metates, manos de
moler y otros objetos desechados. Las urnas son generalmente ovoidales y llevan tapas en
forma de casquetes convexos, sin ningún adorno; en cambio, el cuerpo de la urna muestra
una cara modelada. Urnas ovoidales, con caras humanas, se encuentran así mismo en El Espinal
(7)
. En el sitio de Ricaurte hallamos una
superposición estratigráfica de dos tipos diferentes de urnas: en el nivel inferior las
urnas eran ovoidales, tenían tapas convexas y una cara modelada en la panza de la urna,
mientras que las del nivel más reciente eran esféricas y carecían de decoración
(8)
.
Al observar esta
proliferación y diversificación de urnas funerarias en el Magdalena Medio, caben algunos
comentarios sobre este modo tan especial de dar sepultura a los muertos. Hay una
descripción clásica en la obra del gran cronista español del siglo XVI, Gonzalo
Fernández de Oviedo y Valdés, quien describe esta práctica entre los indios de la costa
de Cartagena, en los siguientes términos: "... é desque despiden los huessos de la
carne é quedan limpios, embíxanlos é meten los huessos é cabezas assí embixados en
ollas é tinaxas, é así los guardan en casa ó junto á la casa"
(9)
. El entierro secundario en urnas representa una
costumbre funeraria muy antigua en el Viejo Mundo y en América tuvo una amplia
distribución. Obviamente se trata de dos fases: un entierro primario en que el cadáver
quedó enterrado durante cierto período ritual, seguido por el entierro secundario.
Comparando este proceso ritual con el que se puede observar aún en algunas tribus
colombianas, es el desentierro que tiene mayor importancia, pues en él se comprueba, para
decir así, la desaparición del difunto y con este hecho la sociedad (viuda, deudos,
parentela, etc.) queda absuelta de ciertas obligaciones. De este modo, el entierro
secundario puede convertirse en una fiesta colectiva de regocijo en que el muerto por fin
se cree haber
Figura 54. Corte transversal
de una tumba de cámara lateral. Tamalameque, bajo río Magdalena, Sabana de San Luis.
Figura 55. Urna funeraria. Tamalameque. Colección Dr. Carlos García, Tamalameque.
Figura 56. Urna funeraria, hacienda Mosquito, bajo río Magdalena; Museo del Oro, Bogotá.
Figura 57. Dos tapas de untas funerarias. Río de la Miel, colección Arturo Cerón,
Honda.
Figuras 58, 59, 60. Tapas de urnas funerarias, río de la Miel. Colección. Arturo Cerón,
Honda. (ver figuras
54,55,56,57,58 y 59)
encontrado el camino hacia
el Más Allá y ya no tiene más nexos directos con el mundo de los vivientes. Como hemos
visto, hay dos formas de urnas: la urna como cuerpo humano, con cara y a veces con
extremidades, y la urna como mero recipiente de huesos, pero adornado con una efigie del
muerto. En el primer caso se trata pues de un regreso al útero, con la idea consiguiente
de un renacimiento. En el segundo, puede que también esté presente esta idea pero parece
tratarse además de una efigie conmemorativa o de una representación chamanística. Esta
última interpretación se basa en las siguientes observaciones; el personaje sentado en
un banquito, en posición rígida, las manos puestas en las rodillas y el cuerpo y cabeza
adornados, es una imagen hierática, es un chamán en actitud ritual, obviamente en el
ritual fúnebre. La copa que ocasionalmente el personaje lleva en la mano se podría
suponer que contenga una bebida. Las escenas que aparecen en las urnas tienen un innegable
carácter chamanístico y los mismos motivos decorativos se asemejan marcadamente a los
llamados fosfenos que aparecen en el campo de visión, bajo la influencia de drogas. Otro
indicio de un ambiente visionario podría ser el aspecto tan desproporcionado, tan
distorsionado y grotesco de las figuras. No cabe duda, pues, de que en el arte funerario
del Magdalena Medio se destaca un fuerte elemento chamanístico.
Sobre el plan social se
pueden hacer las siguientes observaciones. En lo que se refiere a la calidad de las urnas
o del ajuar que las acompaña, no se notan diferencias marcadas; parece tratarse de una
sociedad igualitaria. Algunas figuras parecen tal vez algo más adornadas que otras, pero
no hay mayor individualización o preponderancia de cierto grupo estilístico. Por cierto,
las dos formas principales de urnas, a saber las ovoidales cubiertas con un casquete
sencillo y las adornadas con efigies sobre el casquete, posiblemente indican la presencia
de dos tradiciones culturales diferentes, o de marcada distancia cronológica.
__________
1.
Reichel-Dolmatoff. Gerardo y Alicia "Investigaciones arqueológicas en el
departamento del Magdalena. Colombia. 1946-1950. Parte III".Divulgaciones
Etnológicas. Vol. III. N°4. pp.1-102. Universidad del Atlántico. Barranquilla. 1953. (regresar a 1)
2. Las urnas de la zona de la Hacienda Mosquito han dado origen a la
denominación "Cultura Mosquito", lo que es erróneo, ya que no se trata de una
cultura sino sólo de un complejo funerario. (regresar a 2)
3.
Reichel-Dolmatoff, Gerardo y Alicia Dussán de Reichel "Las urnas funerarias en la
cuenca del río Magdalena" Resista del Instituto Etnológico Nacional, Vol. 1, N0 1,
pp. 209-281, Bogotá, 1943. (regresar a 3)
4.
Acerca de las excavaciones en Puerto Serviez, véase Herrera de Turbay, Luisa Fernanda
& Mauricio Londofio Paredes "Reseña de un Sitio arqueológico en el Magdalena
Medio", Revista Colombiana de Antropología, Vol. XIX. pp. 139-197. Bogotá, 1975.
Algunos investigadores, notablemente el Profesor Paul Rivet, fundador del Instituto
Etnológico Nacional, han sugerido que la deformación de las pantorrillas, por medio de
ligaduras en los tobillos y debajo de la rodilla, es una costumbre de los indios Caribes
(véase Rivet, Paul "La influencia Karib en Colombia" Revista del Instituto
Etnológico Nacional, Vol. 1. N° 1, pp. 5-93, Bogotá, 1943). Esto es muy dudoso pues la
misma costumbre existió, y aún existe, entre indígenas de otras tribus. (regresar a 4)
5. Reichel-Dolmatoff. Gerardo y Alicia. 1943: Cf. Nota 3. (regresar a 5)
6.
Castaño U., Carlos y Carmen Lucía Dávila. Investigación arqueológica en el Magdalena
Medio: Sitios Colorados y Mayaca. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales.
Banco de la República. Bogotá, 1984. Esta investigación es la más completa que se ha
hecho hasta ahora sobre las urnas del Magdalena Medio. Infortunadamente la discusión se
basa sobre una bibliografía incompleta. (regresar a 6)
7. Reichel-Dolmatoff, Gerardo y Alicia. 1943; Cf. Nota 3 (Lámina
XV, 1-4). (regresar a 7)
8. Véase Nota 7. (regresar a 8)
9. Oviedo y Valdés, Gonzalo Fernández de. Historia general y
natural de las Indias, islas y tierra-firme del Mar Océano. 4 vol., Imprenta de la Real
Academia de la Historia, Madrid, 1851-1855 (Vol. II. p. 449). (regresar a
9)
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