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Capítulo
VII
LA ETAPA DE LOS
CACICAZGOS
Bajo el nombre de Cacicazgos
o Señoríos clasificamos una categoría de sociedades indígenas que se caracterizan por
una combinación de rasgos, ante todo sociopoliticos y económicos. Como somera
definición se puede citar la siguiente: cacicazgo es una unidad politica autónoma que
abarca varias aldeas o comunidades bajo el control permanente de un jefe supremo
(1)
. Esta etapa de desarrollo cultural, con
frecuencia forma una transición entre la sociedad tribal y la estatal; es pues un paso
político fundamental. Los cacicazgos constituyen un fenónemo frecuente en la evolución
de las culturas indígenas en Colombia, Venezuela, Centroamérica y otras partes, y muchos
de ellos florecieron en el siglo de la conquista española, de manera que las
descripciones de los cronistas ayudan grandemente a las interpretaciones de los vestigios
arqueológicos.
Las regiones de Colombia
donde se establecieron cacicazgos son, a grandes rasgos, las siguientes: El Macizo
Colombiano de San Agustín y Tierradentro, el Quindío y la vecina Cordillera Central, el
Valle del Cauca y parte del Magdalena, los valles de los ríos Calima, Sinú y San Jorge.
También puede haber habido cacicazgos en el sur andino y en las montañas de la
Cordillera Oriental, al norte del territorio Muisca. Es muy posible que hayan existido
otros cacicazgos, ya en la Etapa Formativa, pero que no tuvieron continuidad o acerca de
los cuales carecemos de más datos.
Las características de los
cacicazgos pueden variar en énfasis yen la forma de su combinación
(2)
. Un rasgo dominante consiste en que la autoridad
política va más alla de una aldea autónoma e incluye varias agrupaciones humanas que,
generalmente, comparten una misma lengua y costumbres. La extensión geográfica también
varía, pues puede ser una organización política que abarque algunas pocas aldeas, o
tratarse de un valle, una hoya hidrográfica o toda una región compuesta de varios
medioambientes; de todos modos es una zona circunscrita social y geográficamente. La
estructura es la de una sociedad cuyos miembros ocupan diferentes rangos (a diferencia de
clases propiamente dichas), estos rangos serían: el cacique y su parentela, un grupo de
caciques menores, el común de las gentes, y una categoría de esclavos, inicialmente
integrada por prisioneros de guerra. También había grupos de artesanos especializados,
de comerciantes, y ocasionalmente se definen categorías de guerreros y chamanes. En sí,
los cacicazgos eran profundamente desigualitarios
(3)
.
Otra característica de los
cacicazgos consiste en que su base económica había alcanzado un nivel tan eficiente que
permitía la acumulación de un excedente que podía almacenarse o utilizarse para la
recompensa de servicios, en caso de guerra, o para el comercio. Este último se basaba en
parte en la manufactura, distribución y adquisición de artículos de lujo, tales como
joyas de oro y tumbaga, piedras semiprecíosas, telas finas, plumas exóticas, cuentas de
collar, conchas marinas, sal y coca así como otros productos locales sin elaborar. Las
frecuentes guerras entre cacicazgos vecinos que se disputaban tierras, esclavos y otros
recursos económicos fomentaban el sistema de prestigio y rango, adquirido o hereditario,
que se expresaba en muchos aspectos de la cultura. Obviamente, el gran avance de la
orfebrería y alfarería de algunos (no todos) cacicazgos se debía al creciente pedido
que tenían estos artefactos de gran perfección tecnológica y estética, en una sociedad
en que la riqueza personal tenía gran importancia. Los orfebres locales elaboraron el oro
en muy diversas formas, sea como joyas o utensilios de prestigio y ritual; o sea como
objetos de comercio e intercambio. Sobre el nivel de las sociedades tribales parece que el
oro tenía poca importancia; servía de adorno personal y de distintivo de tal cual
persona, pero en cantidades pequeñas y poco elaboradas. En los cacicazgos, en cambio, el
oro alçanzó a tener el significado de un símbolo de status, privilegio de pocos y
anheládo por todos que, en una sociedad de gran movilidad vertical, podían aspirar a
rangos más elevados. Como es obvio, el sistema de rango se observa claramente en la forma
y el ajuar más o menos suntuoso de los entierros. Así, la elaborada tecnología de
adornos, que se observa en muchos cacicazgos, es más bien el efecto de su organización
política, y no su causa.
(4)
Se debe mencionar como
característica la frecuencia con que los cacicazgos se dedicaban a obras públicas
arquitectónicas y de ingeniería. Estas no eran necesariamente hechas a base de piedra
sino podía tratarse de grandes construcciones de tierra, de terraplenes, terrazas y
sistemas de desagüe e irrigación. En la misma categoría de grandes obras caen los
monumentales entierros y recintos ceremoniales tales como los de San Agustín,
Tierradentro, el Quindío y el Sinu.
Las tan continuas guerras
entre cacicazgos vecinos parecen haber tenido causas y consecuencias muy importantes para
la evolución socíopolítica. La posesión de tierras propicias para el cultivo del maíz
puede haber sido uno de los motivos, pues en muchos valles interandinos las condiciones
climáticas cambian fundamentalmente coii las diferencias de altura y así determinan la
periodicidad y calidad de las cosechas
(5)
. Bajo la presión de la creciente población,
consecuencia de un estilo de vida sedentaria aldeana y atestiguada por la gran cantidad de
sitios arqueológicos, la población se expandió. El testimonio arqueológico aún no
permite apreciar la dinámica de estos cacicazgos, grandes y minúsculos. No se conocen
los procesos de fusión y fisión que indudablemente se operaron entre vecinos, sea por
guerras, por la anexión pacífica, por alianzas y otros medios más.
Nos preguntamos a veces:
¿en qué se basaba el poder de los caciques? ¿Cómo pudieron organizar una mano de obra
tan numerosa para construir sus proyectos públicos civiles y religiosos? ¿Estaba su
poder en la posesión de un excedente de alimentos o de materias primas o se trataba de su
riqueza de oro, su prestigio, su status a veces casi sagrado? ¿O tal vez nuestra pregunta
no hace sentido alguno porque quizás su concepto del poder era totalmente diferente del
nuestro?
Los mecanismos que hicieron
posible, en cada caso,, el origen y la evolución de los cacicazgos, a partir de
sociedades tribalés, son difíciles de averiguar. Con seguridad, la disponibilidad de
amplias tierras agrícolas era una condición importante para que se lograse un tal
desarrollo. A ello se añadía generalmente alguna otra fuente de riqueza, tal como
tierras auríferas, salinas, artesanos especializados, chamanes de gran fama, rasgos
topográficos extraordinarios, tales como lagunas, volcanes, nevados. Pero éstas son
condiciones que pueden darse sin que la sociedad local lograse niveles de mayor
complejidad cultural. Quedan abiertas éstas y tantas otras preguntas.
Durante la Etapa de los
Cacicazgos la institución del chamanismo tuvo un desarrollo muy notable. Observamos su
influencia pervasiva en los ritos y parafernalias de entierro, las cámaras funerarias y
los sepulcros de grandes jefes. Existen representaciones de chamanes en cerámica y en
esculturas líticas, en orfebrería y en el arte rupestre. Los muchos objetos relacionados
con el uso de plantas alucinógenas, tales como poporos, tabletas para rapé, tubos para
absorber, o pequeños morteros para pulverizar ciertas materias, indican que las
actividades chamanísticas operaban, en parte, en una esfera visionaria, y la semejanza
entre ciertos motivos decorativos y los fosfenos producidos per la ingestión de drogas
comprueban la ubicuidad de un complejo de ideas que dominan muchos aspectos de la vida
diaria. Se podría decir que, con los cacicazgos, se inicia la era de gran poder público
de los chamanes.
Aquí caben algunas
aclaraciones importantes. Es errónea la opinión tan común de que los chamanes
indígenas (de ayer y de hoy) son meros charlatanes que, con sus supercherías, embaucan a
la gente. Esta es la imagen propagada por los primeros doctrineros de la Conquista y
Colonia, cuya mentalidad medieval todavía estaba oscurecida por sus visiones de diablos y
brujos europeos, imagen que, por desgracia, sigue viva en los países latinoamericanos.
Según los conocimientos actuales acerca de los chamanes, éstos son y seguramente fueron
los intelectuales de sus sociedades. Ellos son los observadores, los buscadores, los
pensadores que tratan de dar un sentido ala existencia humana y de introducir un orden en
el caos de la creación. Entre los chamanes hay especialistas, sea por inclinación o por
educación unos son curanderos y yerbateros, otros observan los astros, otros trazan
genealogías y fijan eventos del pasado mítico-histórico en cantos y recitaciones; hay
especialistas en música religiosa, en baile y canto. Todos son mediadores entre la
sociedad y el medio ambiente. Los rituales del ciclo vital del individuo están a cargo de
los chamanes, y así sus interpretaciones y presagios adquieren gran importancia para el
desarrollo de la vida individual y comunal.
Un aspecto importante de
estas prácticas y creencias consiste en el papel del chamán como ecólogo, como
planificador ecológico. En la mayoría de las regiones donde se desarrollaron los
cacicazgos colombianos, los solsticios y equinoccios dividen el ciclo anual en cuatro
períodos de 90 días cada uno, trimestres que coinciden con las dos estaciones secas y
lluviosas. Estas fechas constituyen, pues, las bases del calendario agrícola. La
periodicidad y predictabilidad de estos eventos sigue siendo el foco de las preocupaciones
de todo campesino. Por cierto, también es un hecho que a veces no se aprecia
suficientemente que, aun sobre el nivel de cazadores, recolectores y horticultores
rudimentarios, se pueden observar fenómenos cíclicos cuya predicción es una necesidad
vital para la sociedad. Tales fenómenos recurrentes son, por ejemplo, las épocas de
ovulación y de arribazón de peces; la periodicidad de las migraciones de aves, moluscos
marinos o animales de la selva; las temporadas de brama y de cría de los mamíferos; los
ciclos de insectos comestibles, y otras más. Un buen conocimiento de estos ciclos es de
gran importancia para la supervivencia y para que el chamán pueda programar las
actividades del grupo. Así pues, sobre el nivel de sociedades intensamente agrícolas,
como lo eran los cacicazgos, sociedades básadas en el cultivo del maíz y otros cultivos
de alto rendimiento, un conocimiento adecuado de astronomia y meteorología es una
necesidad apremiante, aun más vital que sobre un nivel de cazadores y pescadores.
Figura 70. Detalle de una
estatua. Parque Arqueológico. San Agustín
Figura 71. Estatua. Parque Arqueológico. San Agustín.
Figura 71A. Templete. Meseta B. San agustín.
Figura 72. Laja con cara incisa. Museo del Parque Arqueológico. San Agustín.
Figura 73. Estatua. Meseta A. Parque Arqueológico. San Agustín.
Figura 74. Cerámica funeraria. Tierradentro. Museo Nacional de
Bogotá. (ver
figuras 70,71,71A,72,73 y 74)
La verdadera
intensificación de la agricultura probablemente tuvo su origen en el hecho de que las
sociedades que formaban los cacicazgos habían aprendido a reconocer y a utilizar las
ventajas inherentes en ciertos medioambientes fisiográficos, donde la distribución de
las lluvias, la insolación, temperatura, orientación de vertientes, condiciones
edáficas y otros factores más, inducían al rápido crecimiento del maíz y permitían
una gran variedad de otros cultivos. Es obvio, entonces, que, en esta situaciones, un
conocimiento de fenómenos astronómicos y meteorológicos era esencial.
En este medioambiente, en
estas situaciones, la posición del chamán se vuelve poderosa, porque es entonces cuando
su conocimiento especializado de principios ecológicos se vuelve crucial. Creo que el
avance extraordinario que se observa durante la Etapa de los Cacicazgos, en la producción
de alimentos, en el comercio, la tecnología y la creatividad artística, se debió ante
todo a la influencia organizada de los chamanes en su papel de astrónomos. calendaristas
y administradores de los recursos naturales; en suma, como especialistas de lo cíclico y
previsible. Estoy inclinado a ver en este fenómeno la transición del chamanismo tribal a
las creencias religiosas sacerdotales de los cacicazgos. Dentro del contexto de estas
sociedades de rango, basadas en sistemas agrícolas eficaces, emerge un sacerdocio como un
factor poderoso en la toma de decisiones. Para reforzar sus pronunciamientos, que
principalmente se referían a la naturaleza y la ecología, su poder tenía que ser
legitimizado por sanciones sobrenaturales. No obstante el énfasis dado a la estabilidad y
al crecimiento económico, la religión seguramente no era un fenómeno cultural
secundario; la religión era esencial para la cohesión social de la comunidad, no sólo
por razones psicológicas sino por la influencia tan eficaz de chamanes y sacerdotes,
quienes, por medios religiosos, desempeñaron un papel dominante en el bienestar social,
al controlar y orientar la explotación de los recursos naturales.
Después de haber expuesto
estas consideraciones introductorias al estudio de los cacicazgos, debo ocuparme de las
investigaciones arqueológicas que, en territorio colombiano, se han efectuado sobre esta
etapa prehistórica.
Como primer ejemplo nos
puede servir la región de San Agustín, en el llamado Macizo Colombiano
(6)
. En el capítulo anterior me he referido ya a los
múltiples aspectos geográficos tan favorables que encontramos en esta región que,
seguramente, estuvo habitada ya desde antes de la Etapa Formativa. Obviamente sería
erróneo hablar aquí de "una cultura de San Agustín"; se trata de muchas
diferentes culturas, de muchas fases que se sucedieron en estas montañas, cada una con
sus características propias y a lo largo de siglos y milenios.
Los orígenes de la vida
sedentaria en San Agustín se deben buscar en las regiones selváticas, tanto de las
cordilleras y llanuras aluviales de Colombia, como de la Alta Amazonia. En efecto, en el
arte escultórico de San Agustín han sobrevivido ciertos rasgos de vestimenta, adornos y
annas que indican un origen selvático tropical. Asímismo, muchos de los animales que se
representan en las tallas de piedra, tales como jaguares, caimanes y serpientes grandes,
pertenecen al ambiente de los grandes ríos tropicales y no a la zona templada de las
cabeceras del río Magdalena.
El área arqueológica de
San Agustín parece carecer de un centro urbano propiamente dicho, aúnque hay pequeñas
agrupaciones de viviendas nucleadas. Posiblemente este hecho se debe a la conformación
del terreno; no existen planadas o vegas adecuadas y parece que en todas las épocas
prehistóricas la población vivía en pequeñas aldeas dispersas. Pero tampoco hay que
pensar que todas las colinas de la actual zona arqueológica hayan sido ocupadas
simultáneamente; más bien se puede suponer un lento flujo y reflujo de la población
local, y mientras que unas elevaciones estaban pobladas otras permanecían deshabitadas
durante algún tiempo.
Lo que, desde luego, ha
llamado la atención, tanto de arqueólogos como del público en general, son las grandes
estatuas de piedra, centenares de las cuales se hallan dispersas en lomas y valles. La
forma y expresión de dichas estatuas han llevado a las más diversas interpretaciones,
muchas de ellas carentes de toda credibilidad. Al mismo tiempo, la afanosa búsqueda de
más y más estatuas ha marcado el tipo de investigación científica ya que, por el
empeño en descubrir más monumentos grandiosos, se ha dejado de lado el estudio de
contextos sociales, económicos, tecnológicos y artísticos de los antiguos pobladores.
Poco sabemos de sus viviendas, sus cultivos, su cerámica, y aúnque se han abierto
centenares de tumbas, ni los esqueletos, ni los conjuntos de los ajuares han sido aún
publicados.
Sería erróneo considerar a
la luz de los conocimientos actuales que San Agustín es ante todo una necrópolis o un
centro ceremonial. San Agustín es un gran foco cultural donde se encuentran vestigios de
toda clase de actividades humanas, no sólo de tipo religioso. Hay aquí y allí restos de
aldeas, caminos, explanadas y terraplenes, rampas y zanjas: abundan los inconfundibles
signos que marcan los linderos de antiguos cultivos. Los desperdicios arrojados desde las
casas forman capas de varios metros de profundidad de fragmentos cerámicos y líticos. En
fin, a cada paso se observan los testimonios de una activa vida comunal en el pasado, que
cubrió una extensión de unas 50.000 hectáreas.
Se cuenta con una secuencia
cronológica parcial, basada en excavaciones estratigráficas efectuadas en basureros, y
en ella definimos varios grandes períodos, todos representados por ciertos complejos
cerámicos. El primer período (Horqueta) abarca los últimos siglos antes de Cristo; el
segundo (Isnos) comprende los cuatro primeros siglos después de Cristo, y el último
(Sombrerillos) ocupa una posición tardía, protohistórica a histórica. El período más
antiguo (Horqueta) contiene rasgos estilísticos en su cerámica que la relacionan con el
Segundo Horizonte Inciso, es decir, el Formativo Tardío. El segundo período (Isnos) no
parece estar emparentado directamente con el anterior; es ante todo un complejo pintado,
con afinidades con la región del Quindío, como veremos más adelante. Hay indicios que
sugieren que muchas obras de ingeniería (allanamientos, terraplenes, montículos) fueron
construidas durante este período. A partir de 330 después de Cristo, sigue un largo
período de más de mil años durante el cual no se conocen detalles estratigráficos y
sólo en 1410 después de Cristo encontramos nuevamente un conjunto estratigráfico
(Sombrerillos) bien definido que, nuevamente, corresponde a una población muy distinta de
las anteriores. La última fecha de radiocarbono, asociada con estos ocupantes, es de 1630
después de Cristo y demuestra que la región de San Agustín estaba aún habitada por
indígenas cuando buena parte del territorio del país ya había sido descubierta
(7)
.
El desarrollo cronológico
del arte estatuario no se conoce, pero es evidente que se trata de un gradual desarrollo
de técnicas y conceptualizaciones. Ya que estilísticamente las esculturas varían en
muchos detalles, su clasificación se hace en extremo diftcil y, más aún, su
correlación con determinadas fases de desarrollo social y económico. Por cierto, cabe
mençionar aquí que la cerámica de San Agustín, sea cual fuese su edad o procedencia,
es más bien sencilla en su acabado y decoración, y que no ha sido posible aún
relacionar sus características estilísticas con determinado grupo de estatuas.
Una clasificación muy tentativa de las estatuas podría tener en cuenta los estilos
siguientes: estatuas en forma de columnas toscas y talla muy rudimentaria; estatuas
aplanadas, de sección elíptica, y estatuas tridimensionales. Hay formas intermedias,
así como pequeñas tallas en forma de clavija o taco; también hay cabezas aisladas. Los
temas o personajes que se representan en estas esculturas son de una variedad asombrosa y
desafían toda clasificación formal más detallada. Son seres humanos, animales y
monstruos, cási todos distorsionados, desproporcionados y con rasgos bestiales. Es un
arte cruel, brutal y que se basa en una imaginación cargada de violencia y terror. No
sabemos a quiénes representan estas esculturas: a caciques, chamanes, "dioses"
o ancestros; de todos modos se trata de proyecciones psicológicas muy angustiadas,
posiblemente visiones producidas por el uso de drogas alucinógenas
(8)
__________
1. Sobre el concepto de "cacicazgo", véase: Carneiro,
Robert L. "A Reappraisal of the Role of Technology and Organization in the Origin of
Civilization",en: American Antiquity. Vol. 39, pp. 179-186, 1974; id., "The
Chiefdom: Precursor of the State" en: The Transition to Statehood in the New World
(Grant O. Jones & Robert R. Kautz. editores), pp. 37-79, Cambridge University Press,
Cambridge, 1981; Cohen, Ronald & Elinan R. Service. Origins of the State: The
Anthropology of Political Evolution. lnstitute for the Study of Human Issues,
Philadelphia, 1978; Flannery, Kent V. "The Cultural Evolution of Civilization"
en: Annual Review of Ecology and Systematics, Vol. 3, pp. 399-426, 1972; Fried, Morton H.
The Evolution of Political Society: An Essay in Political Anthropology. Random House, New
York, 1967; Isaac, Bany L. "Resource Scarcity, Competition and Cooperation in
Cultural Evolution", en: A Reader in Culture Change. Vol. I,Theories (Ivan A. Brady
& Barry L. Isaac, editores), pp. 125-143, Schenkman, Cambridge, Massachusetts, 1975;
Peebles, Christopher & Susan M. Kus "Some Archaeological Correlates of Ranked
Societies" en American Antiquity, Vol. 42, N° 3, pp.42 1-448; Sanders, William &
Barbara J. Price Mesoamérica: The Evolution of a Civilization. Random House, New York,
1968; Service, Elman R. Primitive Social Organization: An Evolutionary Perspective. Random
House, New York, 1962. He adoptado sobre el concepto de cacicazgo la definición de
Carneiro (1981, p. 45). Harry L. Isaac (supra, 1975, p. 139) hace la siguiente
observación, que me parece interesante: "In areas where wild resources were already
tightly clustered, sociocultural evolution easily could have proceeded to the Chiefdom
level in the absence of agriculture. We will probably discover more instances of this
as... archaeology... becomes more sophisticated". (regresar a 1)
2. Carneiro, Robert L.. 1981. pp. 46-48. (regresar
a 2)
3. Service, Elman R. 1971, p. 140. (regresar
a 3)
4.
Carneiro. Robert L. 1974; 1981, p. 56. (regresar a 4)
5. Reichel-Dolmatoff, G. "The Agricultural Basis of the
Sub-Andean Chiefdoms of Colombia" en: The Evolution of Horticultural Systems in
Native South America: Causes and Consequences (Johannes Wilbert, editor), pp. 83-100,
Caracas. 1961. (regresar a 5)
6. Entre las más importantes fuentes sobre arqueología de la
región de San Agustín se pueden mencionar las siguientes: Bruhns, Karen Olsen "A
View from the Bridge: Intermediate Area Sculpture in Thematic Perspective" en:
Baessler-Archiv, Neue Folge, Band XXX, pp. 147-180, Dietrich Reimer Verlag, Berlín, 1982;
Cubillos, Julio César. Arqueología de San Agustín: El Estrecho, El Parador y Mesita C.
Fondo de Investigaciones Arqueológicas Nacionales. Banco de la República, Bogotá, 1980;
Duque Gómez, Luis. Exploraciones Arqueológicas en San Agustín. Ministerio de Educación
Nacional, Bogotá, 1964; Duque Gómez, Luis y Julio César Cubillos. Arqueología de San
Agustín; Alto de los ldolos, Montículos y Tumbas. Fondo de Investigaciones
Arqueológicas Nacionales, Banco de la República, Bogotá, 1979; id, Arqueología de San
Agustín: La Estación. Fondo de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la
República, Bogotá, 1981; Hernández de Alba, Gregorio. La Cultura Arqueológica de San
Agustín. Asociación Colombiana de Cervecerías. Bogotá, 1978; Pérez de Barradas,
José.Arqueología Agustiniana. Ministerio de Educación Nacional, Bogotá, 1947; Preuss,
Konrad Theodor.Arte Monumental Prehistórico: Excavaciones en el Alto Magdalena y San
Agustín. Imprenta Salesiana, 2 Vol., Bogotá, 1931: Reichel-Dolmatoff, G. San Agustín: A
Culture of Colombia. Praeger Publishers, New York, 1972: id., Contribuciones al
conocimiento de la estratigrafía cerámica de San Agustín, Colombia. Banco Popular,
Bogotá, 1975. (regresar a 6)
7. El principal especialista en arqueología agustiniana. Luis Duque
Gómez. y algunos de sus colaboradores, han propuesto esquemas cronológicos diferentes de
los míos, ya que ellos se basan en otras premisas metodológicas. (regresar
a 7)
8. Véase al respecto el Capítulo VI de Reichel-Dolmatoff, G. San
Agustín: A Culture of Colombia, Praeger Publishers, New York, 1972. (regresar a 8)
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