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Capítulo
VIII
LA ETAPA DE LOS
ESTADOS INCIPIENTES
En algunas pocas regiones de
Colombia los desarrollos culturales superaron la etapa de los cacicazgos y lograron un
nivel algo más complejo. Se trata de los Muiscas de las tierras altas alrededor de
Bogotá y de los Taironas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Rodeados por tribus o
pequeños cacicazgos de un nivel cultural más bajo, por grupos hostiles que, según las
descripciones de los cronistas, se parecían más a "bárbaros" intrusos que a
vecinos subordinados, estas dos sociedades lograron una cohesión política notable.
Sería tal vez impropio hablar aquí de toda una etapa de estados incipientes y menos aún
de reinos o de civilizaciones: más bien se trata de ocasionales federaciones de aldeas,
en las cuales un crecido número de aldeas de una misma etnia se reunían bajo el control
de un individuo, un gran cacique que, ocasionalmente, incorporaba en su persona las
funciones de jefe militar, administrador político y sacerdote. En ambas regiones, en los
altiplanos andinos y en las faldas de la Sierra Nevada, una densa población, fértiles
suelos, una tecnología eficaz y un sistema religioso integrado marcan nuevos rumbos, un
nuevo nivel de avance cultural que pasó más allá de la etapa de los cacicazgos.
Aunque los Muiscas ylos
Taironas tienen mucho en común, también varían en detalles significantes de contenido y
énfasis cultural. Debido a diferencias en su medio ambiente físico, su equipo
tecnológico, sus tradiciones locales y sus contactos con otras zonas culturales, ellos
habían desarrollado orientaciones divergentes y es necesario entonces tratar de estas dos
culturas por aparte.
Sobre los fríos altiplanos
de los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, distritos montañosos del sector central
de la gran Cordillera Oriental, floreció en el siglo XVI una numerosa población de
indios llamados los Muiscas
(1)
. Este pueblo, perteneciente a la familia
lingüística Chibcha, en buena parte ocupaba las cuencas de los antiguos lagos
pleistocénicos, entre Bogotá y Tunja, región que entonces como hoy día estaba
densamente poblada. Cuando, en 1537, las primeras tropas españolas llegaron al altiplano
cundiboyacense, después de haber penetrado por selvas que aún en la actualidad presentan
obstáculos formidables, los conquistadores encontraron a los Muiscas organizados en dos
federaciones no del todo coherentes. Mientras que un jefe denominado Zipa controlaba la
parte meridional de las tierras altas centradas en Bacatá (o Bogotá), otro jefe
denominado Zaque tenía su dominio en el norte, en la región de Hunza (o Tunja). Los
cronistas españoles escribieron pasajes llenos de admiración sobre los Muiscas; hablaron
de sus "reyes" y nobles, sus riquezas de oro y esmeraldas, de sus plazas
fortificadas con palizadas comparables a alcázares. En efecto, escribían de los Muiscas
como si hubieran descubierto una nación altamente civilizada, casi a la par con los
estados mesoamericanos o centroandinos
(2)
.
Si evaluamos la cultura
Muisca sólo según la cantidad y calidad de sus vestigios materiales que se han hallado
hasta hoy en los yacimientos arqueológicos, dificilmente les atribuiríamos un nivel tan
avanzado como aquel que les asigna la literatura histórico-arqueológica, antigua y aún
moderna. Tomando rasgo por rasgo: arquitectura, urbanismo, funebría, cerámica,
metalurgia, etc., queda evidente que varios cacicazgos del Valle del Cauca, de la
Cordillera Central, o de la Costa Caribe habían logrado un desarrollo similar y aún
superior al muisca. Las fuentes históricas muestran que, en términos de cohesión
política, organización social y eficiencia económica, los Muiscas ciertamente habían
evolucionado más allá del nivel de los grupos vecinos, pero los datos arqueológicos no
confirman aquella imagen dada por los cronistas, de una sociedad verdaderamente más
avanzada que sus contemporáneos. Hay que admitir que los datos arqueológicos aún son
escasos; también se debe tener en cuenta que muchos avances de los Muiscas tal vez se
lograron en dimensiones en las cuales no podrían conservarse vestigios materiales para el
registro arqueológico; pero no deja de ser extraña esta aparente falta de evidencia
material de rasgos culturales avanzados
(3)
.
Antes de proceder a discutir
las bases prehistóricas de la sociedad Muisca, debemos resumir a grandes rasgos los
principales aspectos de su cultura, tal como la conocemos a través de las crónicas. Los
Muiscas cultivaban intensivamente sus tierras donde habían domesticado varias plantas
propias de las alturas andinas; entre sus cultígenos estaban por lo menos dos clases
locales de papa, además del maíz, auyama, quinoa, ulluco, oca, topinambur, cubios, coca,
tabaco, etc. En muchas zonas del territorio Muisca se pueden observar los vestigios de
extensas terrazas de cultivo (generalmente sin murallas de contención), eras, zanjas de
desagüe, restos de camellones y otros indicios de una agricultura muy activa. Ya que
algunas zonas del territorio Muisca abarcaban también valles de clima templado, la
población del altiplano podía contar con muchos productos de las vertientes
subtropicales tales como maíz, yuca, arracacha, algodón y frutas arbóreas.
Los Muiscas mantenían
relaciones de comercio y trueque con tribus vecinas y aún muy alejadas. Los principales
artículos que se exportaban eran sal
(4)
, esmeraldas, coca y telas de algodón, que se
cambiaban por oro, plumas, aves, yopo (un rapé narcótico). En varios lugares del
territorio Muisca había mercados donde también se comerciaban periódicamente estos
productos.
Aunque el Zipa y el Zaque
eran nominalmente señores soberanos de sus respectivos territorios, había muchas
rivalidades entre caciques locales, lo que llevó a frecuentes alianzas e irrupciones en
las cuales un jefe local trataba de someter a los súbditos de otro. Sin embargo, tanto el
Zipa como el Zaque tenían el poder de organizar ejércitos, imponer tributos y legislador
sobre sus súbditos, rasgos que podrían interpretarse como característicos de un estado;
sin embargo, había pequeños señoríos independientes cuyos jefes no obedecían la
autoridad del Zipa o del Zaque. Por cierto, en las fuentes históricas se nota a veces
cierta oposición entre los dominios del Zipa y del Zaque, lo que hace pensar en un
dualismo subyacente.
La clase gobernante (por lo
demás no se puede hablar de clases sociales propiamente dichas), en la cual la sucesión
era matrilinear, vivía en grandes y bien construidas casas, en "palacios" al
decir de los cronistas, y se transportaban en literas enchapadas de oro. Tanto los
gobernantes como los sacerdotes (jeques) tenían que pasar por largas épocas de
entrenamiento antes de asumir sus respectivos cargos, formación que conllevó años de
reclusión en un templo donde ayunaban, se abstenían de relaciones sexuales y aprendían
la historia sagrada y las prácticas esotéricas de su religión. Esta se centraba en un
culto solar; grandes templos estaban dedicados al sol y a la luna; las lagunas, cuevas y
cumbres de colinas también tenían un carácter sagrado. En estos lugares se conservaban
los ídolos de madera, algodón, piedra, oro, y allí se hacían ofrendas en forma de
esmeraldas y de figurinas llamadas tunjos; al mismo tiempo se quemaba una resina (moque) y
los sacerdotes consumían drogas alucinógenas. Parte del culto al sol consistía en
sacrificios humanos, siendo las víctimas hombres cautivos en las ocasionales guerras con
tribus vecinas. En algunas zonas fronterizas los Muiscas mantenían tropas permanentes
(guechas). La guerra contra los Panches del valle del Magdalena era prácticamente
crónica; con ella los Muiscas defendían las tierras subtropicales al tiempo que cautivan
víctimas para los sacrificios religiosos. Un sacrificio especial se hacía de niños que
habían sido traídos de los Llanos del Orinoco y que se entrenaban años dentro de un
templo, antes de ser sacrificados. Se extraía el corazón y las vísceras de la víctima,
como alimentos para el sol, y la sangre se rociaba sobre los santuarios. En otro
sacrificio ritual la víctima se amarraba en lo más alto de un poste y desde abajo se le
disparaban flechas. También se practicaban sacrificios de niños para propiciar las
lluvias, o para consagrar un templo. El principal héroe cultural, llamado Bochica, había
enseñado a las gentes muchas normas morales así como artes y oficios, antes de ascender
al cielo. Como es obvio de esta breve descripción, las costumbres de los Muiscas
contenían muchos elementos comparables con las sociedades mesoamericanas.
Examinaremos ahora la
evidencia arqueológica. Aunque los Muiscas de la época de la Conquista se dicen haber
vivido en grandes "ciudades" y aldeas nucleadas, los arqueólogos han encontrado
muy pocos vestigios de tales concentraciones de viviendas
(5)
. Es posible que muchos
yacimientos prehistóricos hayan sido destruidos en el curso de los últimos siglos, sea
por la intensiva agricultura, por obras de ingeniería moderna o por el proceso de
urbanización, pero queda dificil explicar la aparente escasez de aldeas prehistóricas.
En algunas colinas y faldas se pueden observar sitios de habitación dispersos, circulares
o semicirculares, marcados por algunas piedras puestas en anillo o por fragmentos
cerámicos y piedras de moler, pero estos vestigios no son frecuentes y los lugares no dan
la impresión de haber sido ocupados por largos períodos. Parece pues que los Muiscas
formaban esencialinente una población rural que vivía en pequeños caseríos dispersos
sobre las faldas y planicies de su hábitat, sin formar grandes aldeas ni centros urbanos.
En los pocos casos en que se han hallado agrupaciones de casas se trata de lugares
rituales donde probablemente residían los principales sacerdotes y donde la gente de los
alrededores se reunía para celebrar ceremomas colectivas, como por ejemplo el caso de
Sogamoso.
Indicios de una intensa
actividad agrícola se observan en muchas zonas
(6)
, como por ejemplo en la loma de Suba, cerca de
Bogotá, en Sopó, Suesca, Guasca, Chocontá y, en lo general, a lo largo del eje
Bogotá-Tunja-Sogamoso. Se trata de terrazas, zanjas, eras, camellones, que cubren
extensiones más o menos grandes en las faldas de las colinas, generalmente a poca altura
sobre el fondo del valle.
Figura 101. Vasija antropomorfa; territorio muisca. Museo Nacional. Bogotá.
Figura 102. Detalle del
cuello de una vasija pintada; territorio muisca. Museo Nacional. Bogotá
Figura 103. Dos tallas antropomorfas, de piedra blanda; cuevas de La Belleza. Santander.
Museo Nacional de Bogotá.
Figura 104. Almirez de piedra; territorio muisca. Museo Nacional de Bogotá.
Figura 105. Piedra negra grabada; territorio muisca. Museo Nacional de Bogotá.
Figura 106. Pendiente tallado en piedra; territorio muisca. Museo
Nacional de Bogotá.(ver figuras
101,102,103,104,105 y 106)
Cerca de Tunja y en algunos
otros lugares del sector nororiental del territorio Muisca, se conocen, desde el siglo
pasado, algunos recintos consistentes de columnas de piedras toscamente labradas y
colocadas en un círculo, óvalo o rectángulo. Huecos donde antiguamente había postes
indican que estas columnas originalmente estaban combinadas con construcciones de madera,
y a veces un gran hueco marca el punto donde se encontraba un poste central. La
excavación (poco metódica) de estos recintos no produjo datos precisos de importancia;
había algunos fragmentos cerámicos y piedras de moler, y al pie de una columna se
encontraron los huesos de un niño, tal vez un sacrificio hecho al efectuarse la
construcción. El llamado "Templo del Sol" en Sogamoso era una de estas
construcciones y fue incendiado por los españoles; este lugar tan citado en las fuentes
históricas tempranas no parece haber sido más que una casa ceremonial, tal vez la
residencia de un jefe o sacerdote local
(7)
.
En las cercanías de Villa
de Leyva se encuentra el lugar llamado Saquenzipa (o El Infiernito), donde existe un
complejo arquitectónico de mayores dimensiones. El rasgo principal consiste en una hilera
recta de una veintena de columnas cilíndricas de piedra orientadas en dirección
este-oeste, es decir equinoccial. Este simple rasgo indica que se trata de un lugar de
observación solar, de un calendario que marca los equinoccios y, junto con ellos, los
comienzos de las dos estaciones de lluvia (21 de marzo y 21 de septiembre). Tampoco es
casualidad que el día del solsticio (24 de junio), el sol, visto desde la hilera de
piedras, se levanta exactamente sobre la laguna de Iguaque, lugar sagrado donde, según la
mitología de los Muiscas, surgió la diosa Bachué, progenitora de los indios de estas comarcas
(8)
. Hay luego un gran número de columnas o menhires
sueltos en Saquenzipa y otros lugares, muchos de ellos mostrando una escotadura anular en
un extremo más o menos puntiagudo
(9)
. El sitio de Saquenzipa indudablemente era un
observatorio astronómico donde las diversas columnas o sus alineaciones marcaban en el
horizonte los puntos de salida o puesta de ciertos astros o constelaciones. Para las
mentes medievales de los doctrineros constituía pues un lugar diabólico (El Infiernito)
y la destrucción del sitio se inició ya en el siglo XVI y ha continuado hasta hoy en
día. Muchas columnas han sido sacadas del sitio y se han incorporado en la construcción
de casas campesinas y aún de casas urbanas en Villa de Leyva. Hoy en día este importante
complejo ritual y científico presenta un aspecto desolador, punto de vista su puesta en
valor como uno de los testimonios más sobresalientes del pensamiento científico muisca.
Se ha dicho que columnas similares se encuentran cerca de Tunja, Ramiriquí, Tibaná y
otros lugares de Boyacá
(10)
.
Es muy posible que ciertas
tallas antropomorfas de piedra pertenezcan a un nivel cronológico anterior al de los
Muiscas, pero las mencionaremos aquí ya que no se tienen pruebas estratigráficas. En el
lodo de las orillas de la Laguna de Fúquene, al norte de Bogotá, se han encontrado
muchas figurinas cuando, en 1942, bajó el nivel de las aguas. Trozos de piedra blanda, de
forma aproximadamente de un ladrillo, habían sido tallados toscamente para representar
efigies humanas muy estilizadas, en posición acurrucada
(11)
. Aún más al Norte, en las cuevas de La Belleza,
en el departamento de Santander, se hallaron centenares de pequeñas tallas antropomorfas
de la misma tipología; muestran figuras humanas muy geometrizadas, algunas sentadas en
pequeños bancos de cuatro patas, otras acurrucadas o de pie
(12)
. En ambos casos, tanto en la Laguna de Fúquene
como en las cuevas, parece tratarse de ofrendas.
Otra categoría de tallas se
descubrió en 1964 cerca de Mongua, en el distrito de Sogamoso, a unos 3.000 metros sobre
el nivel del mar. Allí se trata de seis grandes estatuas antropomorfas de forma más o
menos cilíndrica y con los rasgos faciales y las extremidades talladas en relieve
(13)
. Tallas antropomorfas de madera se han extraído
de algunas cuevas secas; un ejemplar procedente de Bojacá, Sabana de Bogotá, y que está
en el Museo Nacional desde el siglo pasado, ilustrado en el Atlas Arqueológico de Vicente
Restrepo (París, 1895), dio una fecha de radiocarbono de 1420 después de Cristo.
Hay varios tipos de
entierros en territorio muisca. Existen cuevas funerarias donde se depositaron uno o
varios cadáveres en posición de cuclillas, con las rodillas tocando la mandíbula
inferior y los brazos recogidos sobre el pecho. Frecuentemente los cadáveres habían sido
destripados y secados en el humo de una hoguera. En ocasiones se han conservado, las
telas, fajas, gorros y mochilas con que los cadáveres estaban revestidos; otros elementos
del ajuar consisten en cerámicas, volantes de huso, propulsores de madera provistos de
sus ganchos de piedra, y herramientas de madera para operar los telares. Objetos de
orfebrería parecen ser muy escasos en este tipo de entierro. A veces el cadáver se
encontró sentado en un banquillo tallado de madera. Una manta procedente de una cueva
funeraria de la región de Los Santos (departamento de Santander), dio una fecha de 1195
después de Cristo. En una cueva cerca de Sibaté, también en la Sabana de Bogotá, se
descubrió el cadáver momificado de un niño; llevaba una corona de plumas de loro y de
su cuello colgaba una cuenta de collar del tipo millefiori, atestiguando esto la costumbre
del entierro en cuevas hasta la época de la conquista española
(14)
. Entierros en tumbas rectangulares alargadas
revestidas de toscas lajas, contienen esqueletos en posición supina acompañados por
cerámicas, volantes de huso y objetos de oro, según la categoría social del muerto.
Otro tipo de entierros consiste de sencillos pozos redondos en los cuales el cadáver fue
colocado en posición flexionada. Sepulturas en forma de pozo con cámara lateral no
parecen existir en territorio muisca, pero entierros secundarios en sencillas urnas
globulares han aparecido en algunas ocasiones, por ejemplo en Soacha.
La cerámica muisca, aunque
competente y tecnológicamente bien hecha, es mucho menos elaborada que la mayoría de las
cerámicas de los cacicazgos tropicales
(15)
. Como regla general los Muiscas manufacturaban
vasijas monocromas, ásperas, de superficie opaca, de color oscuro, rojo, gris o
anaranjado. Las formas más comunes son las de simples ollas globulares o subglobulares de
uso culinario, en ocasiones decoradas alrededor de la boca ymuchas veces provistas de dos
o cuatro pequeñas asas anulares. Cuencos y copas de pedestal también son bastante
comunes, lo mismo que recipientes globulares con alto cuello cilíndrico. Vasijas dobles,
vasijas en forma de zueco, vasijas en forma de barril se encuentran en muchas colecciones.
Un elevado porcentaje de las cerámicas muiscas está sin decorar; cuando llevan alguna
decoración se trata generalmente de pintura roja sobre un fondo anaranjado, blanco o
crema, y a veces se observa pintura bicromada en rojo y blanco sobre un fondo color
naranja. Los motivos decorativos, sean éstos pintados o incisos, generalmente toman la
forma de líneas paralelas, triángulos, espirales, cfrculos concéntricos, áreas
punteadas o series de elementos en forma de T. A veces hay decoración modelada y aplicada
a la superficie: pequeñas ranas, culebras o simplemente franjas onduladas, pequeñas
protuberancias u otros detalles plásticos.
Figuras o vasijas antropomorfas atestiguan un estilo muy distintivo. La cara humana se
representa como teniendo forma de un escudo; los ojos y los labios se indican con barras
horizontales, y la nariz, modelada y prominente, tiene a veces una gran placa ornamental,
de forma rectangular alargada. En algunas de estas figuras cerámicas, la cabeza está
cubierta con gorros de distintas formas, y algunas figuras tienen largos collares cruzados
sobre el pecho, a manera de dos bandoleras. En ocasiones, ciertas figuras cerámicas, que
tal vez podrían ser la representación de la diosa Bachué, tienen en su interior
pequeñas figurinas de oro, como ofrenda o rito de fertilidad. En términos generales, el
arte alfarero muisca es rígido y simétrico, que contrasta con el de las culturas
prehistóricas de las tierras bajas tropicales. El cuerpo humano se representa de forma
desproporcionada, la cabeza es demasiado grande, mientras que las extremidades son
filiformes y carecen de toda naturalidad de movimiento.
Los Muiscas se destacan por
un arte lapidario en pequeña escala pero de formas armónicas y profusamente decoradas.
El material sin embargo no consiste en piedras semipreciosas sino en pizarras u otras
rocas relativamente blandas. Una categoría muy característica la constituyen los
volantes de huso que se tallaron como discos, conos, cubos, cilindros o lentejas, todos
decorados con motivos finamente incisos. También hay pequeñas tallas antropo o zoomorfas
que representan aves, peces, reptiles o figuras humanas estilizadas. A veces las
incisiones tienen un relleno de un pigmento mineral blanco, lo que hace resaltar los
motivos sobre el fondo oscuro de la piedra. Otra categoría de objetos consiste de
matrices para el trabajo de orfebrería; son tallas en relieve que representan ranas,
aves, mascarillas o elementos geométricos, y ocasionalmente se trata de obras bien
proporcionadas y cuidadosamente acabadas.
No hay depósitos auríferos en territorio muisca y así los indios tuvieron que adquirir
aquella materia prima de sus vecinos. Los artefactos de orfebrería muisca muestran la
misma calidad tiesa y bidimensional que caracteriza a muchos de los objetos de barro o de
piedra. Las típicas figurinas humanas de oro, tumbaga o cobre, o sea los tunjos,
consisten de una delgada placa en forma triangular muy alargada, casi como una cuña
puntiaguda, sobre la cual se aplicaron una serie de rasgos fisicos y de objetos en forma
de hilos. También en calidad de ofrendas manufacturaron figuras zoomorfas y un gran
número de pequeños objetos tales como coronas, insignias de mando, propulsores,
utensilios caseros, todo en miniatura. En lo general, la metalurgia muisca tenía ante
todo una función religiosa y no tanto la de joyas personales. Por cierto, tecnológica y
estéticamente la metalurgia muisca estaba mucho menos desarrollada que la de la mayoría
de los cacicazgos del trópico colombiano. Algunas fechas cronológicas son aquí de interés
(16)
.
__________
1.
Para la delimitación del territorio Muisca, véase Falchetti, Ana María & Clemencia
Plazas de Nieto. El territorio de los Muiscas en la llegada de los españoles Cuadernos de
Antropología, N° 1, Universidad de los Andes, Bogotá, 1973. (regresar
a 1)
2. La
mejor monografía sobre los Muiscas es: Pérez de Barradas, José. Los Muiscas antes de la
Conquista. 2 Vol., Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto Bernardino
de Sahagún, Madrid. 1950-1951. Otras fuentes importantes son: Broadbent, Sylvia M. Los
Chibchas. Organización Sociopolítica. Facultad de Sociología, Universidad Nacional.
Bogotá, 1964; Restrepo, Vicente. Los Chibchas antes de la conquista española. Bogotá,
1895. (regresar a 2)
3. Sobre arqueología muisca véanse, entre otras, las siguientes
publicaciones: Broadbent, Sylvia M. "Investigaciones arqueológicas en territorio
Chibcha" Antropología 1. Ediciones de la Universidad de los Andes, Bogotá, 1965;
id. "Stone Roofed Chambers in Chibcha Territory. Colombia" Ñawpa Pacha, Vol. 3.
pp. 93-110, Institute of Andean Studies, Univetsity of California, Berkeley, 1965; id.
"Investigaciones arqueológicas en territorio Chibcha-I: Hallazgos aislados y
monumentos de piedra" Antropología N°4, Ediciones de la Universidad de los Andes,
Bogotá, 1970; id. "Tradiciones cerámicas de las Altiplanicies de Cundinamarca y
Boyacá" Revista Colombiana de Antropología, Vol. XVI, pp. 223-248, Bogotá, 1974;
Castillo, Neila (o Neyla Castillo Espitia).Arqueología de Tunja. Fundación de
Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República. Bogotá, 1984;
Falchetti, Ana Maria Arqueología de Sutamarchan, Boyacá. Biblioteca Banco Popular,
Bogotá, 1975; Haury, Emil W. & Julio César Cubillos. "Investigaciones
arqueológicas en la Sabana de Bogotá, Colombia (Cultura Chibcha) University of Arizona
Bulletin, Vol. XXIV, N° 2, Tucson, 1953; Restrepo. Vicente. Atlas Arqueológico, París,
1895; Silva Celis, Eliécer "Investigaciones arqueológicas en Sogamoso"
Boletín de Arqueología, Vol. 1, N° 1, pp. 36- 48; Vol. 1, N°2, pp. 93-112; Vol. 1,
N°4, pp. 283-297; Vol. 1, N°6, pp. 467-490, Bogotá, 1945; id. "Contribuciones a la
arqueología y prehistoria del valle de Tenza" Homenaje al Profesor Paul Rivet, pp.
243-270, Academia Colombiana de Historia, Bogotá, 1958; Triana, Miguel. La Civilización
Chibcha. Escuela Tipográfica Salesiana, Bogotá, 1922; Uricoechea, Ezequiel. Memoria
sobre las Antigüedades Neogranadinas. Librería de F. Scheneider i Cía. Berlín, 1854.
Acerca de la arqueología "premuisca", véanse las notas bibliográficas para el
Capítulo IV, así como las notas para el formativo en los altiplanos andinos; Cf.
Capítulo III. (regresar a 3)
4. Cardale de Schrimpff, Marianne. Las Salinas de Zipaquirás Su
Explotación Indígena. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de
la República, Bogotá, 1981. (regresar a 4)
5. Sobre el asentamiento del antiguo Bogotá (Bacatá) véase, por
ejemplo, Broadbent, Sylvia M. "The Site of Chibcha Bogotá" Ñawpa Pacha,
N" 4, pp. 1-13. Institute of Andean Studies. University of California, Berkeley,
1966. (regresar a 5)
6. Broadbent, Sylvia M. "Agricultural Terraces in Chibcha
Territory" American Antiquity, Vol. 29, No. 4, pp. 501-504,1964; id "A
Prehistoric Field System in Chibcha Territory, Colombia" Ñawpa Pacha, No. 6, pp.
165-147, Institute of Andean Studies, University of California, Berkeley. 1968. (regresar a 6)
7. Broadbent, Sylvia M. Supra, 1970; Hemández de Alba, Gregorio
"El Templo del Sol de Goranchacha" Revista de las Indias, VoL II. pp. 10,18,
Bogotá, s.f.; Silva Celis, Eliécer, supra, Nota 3, 1945. (regresar a 7)
8.
Reichel-Dolmatoff, G. "Astronomical Models of Social Behaviour Among Some Indians of
Colombia"Annals of the New York Academy of Sciences, Vol. 385. pp. 165-181, New York.
1982. (regresar a 8)
9. Algunas personas creen ver falos en estas columnas,ergo un
"culto fálico" en el valle de Villa de Leyva. No concuerdo con estas
interpretaciones y me parece que las escotaduras tuvieron una función práctica en el
transporte y la erección de las columnas. (regresar a 9)
10.
Silva Celis, Eliécer "Monumento solar muisca en Villa de Leyva "Pensamiento y
Acción, N° 1, pp. 1-4, Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, Tunja, 1978;
id. "Investigaciones arqueológicas en Villa de Leyva" Boletín Museo del Oro,
Año 4, pp. 1-16. Banco dala República, Bogotá, 1981. Silva cita tres fechas de
radiocarbono: IAN-148 230 años antes de Cristo, IAN-1 19540 años antes de Cristo.
IAN-138 930 años antes de Cristo. Si aceptamos estas fechas, la edad de la construcción
se remonta a la de la cerámica de tipo Formativo, lo que desde luego no es sorprendente
si tenemos en cuenta la gran antigüedad de construcciones astronómicas en América. Cabe
añadir aquí que hay vagas informaciones sobre complejos arquitectónicos prehistóricos
en las tierras altas del Sumapaz, macizo al sur de Bogotá. Se mencionan cimientos
circulares y otros más. (regresar a 10)
11. Hernández de Alba, Gregorio "Hallazgo arqueológico de la
Laguna de Fúquene" Revista Cromos, s.f. (1944?); id. "Descubrimientos
arqueológicos en tierras de los Chibchas. Laguna de Fúquene" Boletín del Museo
Arqueológico de Colombia, año II, N° 1, pp. 23-30, Bogotá. 1944. (regresar a 11)
12.
Recasens, José de. "Las esculturas de piedra blanda de La Belleza
". Revista del Instituto Etnológico Nacional, Vol. II. N° 1, pp. 117-152, Bogotá,
1945. (regresar a 12)
13.
Silva Celis, Eliécer "Las Estatuas de la Salina de Mongua" Revista Educación,
Vol. VI, N° 3, pp. 1-16, 1966. (regresar a 13)
14. Véase también Lunardi, Federico. La Vida en las Tumbas. Rio
de Janeiro, 1935 (figs. 114-115). (regresar a 14)
15. El trabajo que mejor resume la incipiente cronología cerámica
del territorio muisca es de Marianne Cardale de Schrimpff "Ocupaciones humanas en el
Altiplano Cundiboyacense: La etapa cerámica vista desde Zipaquirá" Boletín del
Museo del Oro, año 4, pp. 1-20, Banco de la República, 1981. Cardale (1976, p. 422) cita
equivocadamente la fechada Falchetti (1975. p. 164) como 1005 antes de Cristo. La fecha
correcta de Falchetti es 1005 después de Cristo. (regresar a 15)
16. Falchetti de Sáenz, Ana María "Colgantes
Darién: Relaciones entre áreas orfebres del occidente colombiano y
Centroamérica" Boletín del Museo del Oro, Año 2, pp. 1-55, Banco de la República,
Bogotá, 1979; Mielke, James & Austin Lang "Smithsonian Institution Radiocarbon
Measurements V" Radio carbon, Vol. II, N° 1, pp. 163-182, New Hayan, 1969. La fecha
de C14, de algunos objetos de metalurgia muisca, pudo obtenerse gracias al carbón
pulverizado, que constituye el núcleo sólido de estos artefactos. (regresar
a 16)
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