Capítulo VIII

 

LA ETAPA DE LOS ESTADOS INCIPIENTES (Continuación)

TABLA III: Fechas radiocarbónicas de metalurgia muisca

Sitio:

Objeto:

Capítulo VIII

 

LA ETAPA DE LOS ESTADOS INCIPIENTES (Continuación)

TABLA III: Fechas radiocarbónicas de metalurgia muisca

Sitio:

Objeto:

Fecha:

N°

Guatavita
Sto. Domingo
Chisacá
?

Colgante de tumbaga
Nariguera de tumbaga
Caracol de cobre
Tunjo de cobre

645 d. C.
960 d. C.
1110 d. C.
1055 d. C.

I-1953
I-2362
GrN-4004
?

Finalmente caben aquí algunas observaciones sobre el arte rupestre. En la región muisca existen pictografías cuya distribución coincide en detalle con el territorio que dichos indios ocupaban en la época de la Conquista (17) . Estos vestigios se encuentran generalmente pintados sobre paredes más o menos verticales, bajo abrigos rocosos o en cavernas de poca profundidad. Las pinturas, ejecutadas casi siempre en color rojo y ocasionalmente en negro, muestran motivos lineares, hileras de puntos, rombos, rectángulos cuartelados, círculos con líneas radiales, zonas punteadas, y muchos otros elementos más. Las figuras biomorfas son excepcionales (18) .

Al resumir lo aquí expuesto sobre los Muiscas, se puede decir que los hallazgos arqueológicos efectuados hasta la fecha no comprueban una cultura notablemente avanzada. Conste sin embargo que, en vista de la misma naturaleza de los vestigios, sólo podemos reconstruir una imagen muy parcial del pasado prehistórico de esta sociedad andina. Muchos de los aspectos más avanzados de la cultura muisca simplemente no dejaron huellas fácilmente discernibles en las excavaciones arqueológicas; la cosmología, la astronomía, la organización social, el sistema jurídico y tributario, éstas y tantas otras características que apenas vislumbramos a través de los relatos fragmentarios de los cronistas son difíciles, aunque no imposibles de trazar arqueológicamente, y faltan aún décadas de investigaciones intensivas hasta que tengamos una noción más concreta de lo que realmente fueron la sociedad y la cultura de los antiguos Muiscas.

En las faldas y altiplanos de la Cordillera Oriental, al norte de los Muiscas, vivían algunas agrupaciones indígenas que compartían muchos rasgos culturales con los habitantes de la región cundiboyacense, pero que formaban pequeños cacicazgos independientes, todos con agricultura bastante desarrollada y con metalurgia, textiles y tallas líticas. Los Guanes, Laches, Chitarreros y otros, se extendían sobre los actuales departamentos de Santander, pero no mucho sabemos de la arqueología de estas regiones (19) . Los pocos complejos cerámicos que se conocen de esta extensa zona contienen varios tipos pintados, de motivos geométricos, que muy probablemente se relacionan con el Segundo Horizonte Pintado del río Ranchería y, a través de éste, con los complejos bicromados del occidente de Venezuela. De todos modos parece que haya habido un estrecho contacto prehistórico entre los pueblos de lengua Chibcha (Muisca, Guanes, Laches, Tunebos, Sierra Nevada de Santa Marta), a lo largo de la Cordillera Oriental, cuyos detalles cronológicos, tipológicos y socioculturales aún faltan por dilucidar.

La cultura indígena más avanzada de Colombia se desarrolló en la Sierra Nevada de Santa Marta. Los Taironas (20) , que a comienzos del siglo XVI ocupaban las estribaciones de las montañas, sólo raras veces se establecieron a una altura por encima de los 2.000 metros sobre el nivel del mar. La densa población vivía, en parte, en aldeas nucleadas, algunas de las cuales eran verdaderas ciudades habitadas por miles de personas; hablando de ciertos valles, los cronistas mencionan centenares de pueblos y miles de casas.

Figura 107. Pequeñas tallas en piedra; territorio muisca. Museo Nacional de Bogotá.

Figura 108. Estatua de madera hallada en una cueva cerca de Bojacá, Sabana de Bogotá. Museo Nacional de Bogotá.

Figura 109. Volantes de huso tallado en piedra; territorio muisca. Museo Nacional Bogotá.

Figura 110. Motivos incisos de volantes de huso, hechos en piedra; región de Villa de Leyva, Boyacá.

Figura 111. Vista desde lo alto de un sitio de vivienda: Pueblito, Sierra Nevada de Santa Marta.

Figura 112. Terrazas arqueológicas de cultivo; territorio kogi, cerca de San Miguel, Sierra Nevada de Santa Marta. (ver figuras 107,108,109,110,111 y 112)

Sobre la forma y disposición de los asentamientos taironas los cronistas contienen muchos datos de importancia (21) . Las aldeas y ciudades estaban ubicadas en las faldas de la Sierra, a veces en las vegas de los cursos bajos de los ríos, pero también en ocasiones sobre cimas, en posiciones estratégicas de defensa. En la época de la conquista española las ciudades principales eran Bonda, Pocigueica y Taironaca, pero fuera de ellas había centenares de núcleos poblados, entre ellos varias ciudades de gran extensión. Al descubrir la arquitectura lítica los cronistas hablan de los cimientos de casas y templos, las calles y plazas "enlosadas" con lajas, las escaleras y además unas extensas redes de caminos empedrados. Las paredes de las casas no eran hechas de piedras sino tal vez de espartería y los techos estaban cubiertos con paja o con hojas de palma. También se mencionan construcciones ceremoniales edificadas en forma de grandes escalones a través de los cuales ascendían escaleras por las cuales la gente subía a plataformas elevadas.

La base económica de los Taironas fue el cultivo del maíz y éste, así como otros cultígenos y frutales, se sembraban en campos y terrazas irrigadas. En las tierras planas, cerca de la actual ciudad de Santa Marta, los españoles quedaron admirados con el perfecto sistema de irrigación que hallaron en esta zona, hoy tan árida. El comercio era muy activo y los Taironas aparentemente tenía relaciones de trueque con grupos indígenas hasta el interior del país.

Al comienzo del siglo algunas aldeas y ciudades se aliaron bajo el mando de caciques locales. Parece que en aquel entonces entre los Taironas y sus vecinos inmediatos habían surgido luchas internas por el poder, en parte entre ciudades, en parte entre la autoridad de los caciques y la de un grupo influyente de sacerdotes, circunstancia que, desde luego, fue-aprovechada por los españoles. Los Taironas eran una sociedad muy aguerrida; los guerreros distinguidos llevaban insignias especiales y los cronistas decían que algunas ciudades estaban defendidas por varios miles de guerreros.

Las crónicas no dan mayores detalles sobre las prácticas religiosas de los Taironas. Mencionan que todas las aldeas y ciudades tenían templos o casas ceremoniales donde "la gente adoraba al diablo" y hacían peregrinajes a los valles remotos de la Sierra, donde había lugares especialmente sagrados. También se describen brevemente varias formas de entierro: en "bóvedas", en urnas, y por disecación del cadáver.

En la conquista de los Taironas y sus vecinos los españoles estuvieron empeñados casi todo el siglo XVI. La última gran rebelión ocurrió en 1599 y fue sometida en 1600, después de varios meses de batallas en que finalmente se venció toda resistencia y se destruyó la cohesión social de los indígenas. Las tropas españolas incendiaron y saquearon aldeas y ciudades, devastaron los cultivos y cautivaron la mayoría de los caciques y sacerdotes, excepto aquellos que lograron huir a las fragosidades de la Sierra (22) .

Pasemos ahora a examinar la evidencia arqueológica para esta zona (23) . Vestigios arquitectónicos y obras de ingeniería son muy numerosas, sobre todo en las vertientes septentrionales y occidentales. Hay restos de centenares de aldeas y muchas ciudades y hay numerosísimas terrazas de cultivo que, a veces, se encuentran hasta los 2.500 metros de altura. Los asentamientos varían de tamaño; pueden consistir de media docena de casas, hasta de varios centenares de ellas, que forman un núcleo urbano en el cual se observan espacios públicos, caminos, calles y arterias principales, desagües, y murallas de contención que a veces alcanzan varios metros de altura. La extensión de un tal asentamiento puede ser de 2 a 3 kilómetros cuadrados. Las casas individualmente se adaptan al terreno fragoso donde forman agrupaciones o pequeños barrios interconectados por caminos, puentes y zanjas, muchas veces ocupando diferentes niveles.

Parece que los Taironas fueron la única sociedad indígena capaz de organizar una numerosa mano de obra para la construcción de centros urbanos, caminos y terrazas vecinas para cultivos. Los camellones del río San Jorge no tienen centros urbanos y, desde un punto de vista laboral, presentan un fenómeno muy diferente.

Las casas ocupan pequeñas plataformas, las cuales, según las condiciones del terreno, son circulares, ovaladas o semilunares (24) . Frecuentemente una casa ocupa una pequeña elevación, rodeada por una muralla inclinada de contención, construida de piedras toscas y atravesada por una corta escalera que da acceso a la plataforma. Los cimientos de las casas consisten de uno o varios anillos concéntricos, de lajas verticales o simplemente de pedrejones puestos el uno al lado del otro. Los cimientos mejor construidos consisten de grandes lajas talladas en forma de cuña, es decir, adaptadas al circulo, que luego se colocaron horizontalmente para formar un gran anillo.

Casi todas las casas tienen dos puertas, ubicadas en lados opuestos y marcadas por lajas de mayor tamaño que, frecuentemente, están muy bien labradas; lajas de menor tamaño forman peldaños que llevan hacia el exterior de la vivienda. En algunos asentamientos, la pauta es de una sola puerta. A veces varias casas ocupan una sola plataforma o elevación, y en este caso puede ocurrir que dos o más escaleras atraviesen la muralla de contención. Ocasionalmente se observan elevaciones con bases triangulares o circulares, con sus lados cubiertos con lajas, pero que no parecen ser plataformas de vivienda.

En la mayoría de los asentamientos de mayor, tamaño las casas se agrupan alrededor de una o más construcciones ceremoniales. Estas consisten de cimientos circulares de lajas especialmente bien labradas y ajustadas; a veces la construcción tiene cuatro puertas. En los alrededores inmediatos se observan calzadas, terraplenes, columnas toscas o grandes bancas de piedra, sostenidas por pequeños zócalos. Varias grandes construcciones de templos, que pude explorar en el alto río Córdoba, en la región de Lourdes, tienen una planta cuadrada, constituyendo el núcleo de la construcción una elevación natural cuyos lados han sido revestidos con paredes verticales. A veces, el frente es escalonado y tiene cornisas salientes, y varias escaleras conducen a la plataforma en la parte alta de la edificación.

Los ríos o riachuelos que cruzan el terreno de aldeas y ciudades corren a trechos entre paredes de piedras grandes, o sea de murallas de contención; a veces se ven puentes que consisten de una sola laja que descansa con sus extremos en las dos orillas de una pequeña quebrada; ocasionalmente se trata de construcciones más complejas en que se combinan lajas largas horizontales, con un relleno de piedras acuñadas. Estanques o albercas revestidas de lajas se observan en algunas zonas habitadas y también en la vecindad de las playas del mar; zanjas de drenaje revestidas y aún cubiertas de pequeñas lajas se ven a veces en lugares que fueron densamente poblados.

Las excavaciones efectuadas en Pueblito, en un número elevado de sitios de habitación y de las zonas inmediatas, han producido un conjunto muy apreciable de datos acerca del modo de vida de los antiguos habitantes (25) . Parece que cada casa fue
ocupada por una sola familia, de aproximadamente 5 personas. El fogón, formado por tres o cuatro piedras, estaba ubicado más bien cerca de la puerta trasera, la puerta principal mirando hacia el valle o una plazuela. Cerca del fogón encontramos las ollas culinarias y, en un caso, se halló un recipiente con restos de pescado, sobre el fogón. Otros artefactos asociados eran pequeñas manos o almireces de piedra, para machacar o triturar ciertos alimentos, y restos de grandes tinajas para agua estaban cerca, contra la pared de la casa. El centro de la casa, que aparentemente no tenía un poste central, estaba generalmente libre de objetos caseros, pero a lo largo de la curvatura de la pared yacía una variedad de artefactos sueltos que habían pertenecido a los distintos miembros de la familia y que se habían dejado en el piso o caído de mochilas o canastos que colgaban de las vigas. En un rincón hallamos algunas hachas de piedra, un anzuelo de piedra, pesas para las redes, y un par de ocarinas ornitomorfas de barro o un objeto ritual de piedra pulida, mientras que en el lado opuesto de la casa había objetos que indicaban actividades femeninas; allí yacían los fragmentos de cerámicas utilitarias, el collar de un niño, y las múltiples herramientas líticas para raspar y moler, propias para la preparación de la comida.

Figura 113. Terrazas arqueológicas de cultivo; territorio kogi, cerca de San Miguel, Sierra Nevada de Santa Marta.

Figura 114. Escalera con dos estelas; Pueblito, Sierra Nevada de Santa Marta.

Figura 115. Construcción escalonada y atravesada por escaleras. Alto río Córdoba, región de Lourdes, Sierra Nevada de Santa Marta.

Figura 116. Construcción escalonada y atravesada por escaleras. Alto río Córdoba, región de Lourdes, Sierra Nevada de Santa Marta.

Figura 117. Detalle arquitectónico. Alto río Córdoba, región de Lourdes, Sierra Nevada de Santa Marta.

Figura 118. Detalles arquitectónicos. Alto río Córdoba, región de Lourdes, Sierra Nevada de Santa Marta.(ver figuras 113,114,115,116,117 y 118)

La etnografía de las tribus indígenas que aún sobreviven en la Sierra Nevada de Santa Marta nos proporciona muchos datos importantes para la interpretación de algunos hallazgos arqueológicos (26) . Por ejemplo, en algunos sitios de habitación, al excavar debajo del piso o debajo de las lajas de las puertas, encontramos vasijas cuidadosamente enterradas. A veces estos recipientes estaban encerrados dentro de arquillas o cajitas formadas por seis pequeñas lajas, o estaban enterradas y cubierta la boca del recipiente con un pequeño disco de piedra. El descubrimiento de un tal escondrijo lleva a pensar en algún tesoro, pero los recipientes sólo contenían una manotada de guijarros o cuentas de collar, de piedras de distintos colores. El significado de estos escondrijos nos fue desconocido hasta que, más tarde, observamos su supervivencia entre los Kogi. Ellos, cada vez que construyen una casa entierran ntualmente alguna pequeña olla entre los cimientos. Para cada miembro de la familia depositan en esta ollita un guijarro o una cuenta de collar, que varía en tamaño, color y forma, de acuerdo con los atributos tradicionales de cada linaje. Al nacer un niño, la ollita se destapa y se le añade un nuevoguijarro; de esta manera todos los habitantes están identificados y quedan bajo la tutela de los espíritus guardianes de la vivienda.

Al reexcavar un templo de dimensiones grandes, que por lo demás había sido destruido por los guaqueros, encontramos la calavera de un jaguar, cerca de la entrada principal, hallazgo que no sabíamos interpretar entonces. Entre los Kogi, sin embargo, aprendimos luego que los principales templos estaban dedicados a una divinidad felina y que, en tiempos antiguos, varias calaveras de jaguares adornaban las puertas de esas construcciones.

Otros ejemplos serían los siguientes: en las excavaciones hallamos pequeñísimas piedras de moler, junto con cuentas de collar rotas, y con trocitos de otras piedras rojas. Entre los Kogi estos objetos están aún en uso; ciertos guijarros o cuentas se muelen y pulverizan y el polvo simboliza "comida" para los espíritus o seres divinos. También se encuentran diminutos bancos de piedra, idénticos a los que usan los actuales sacerdotes y chamanes en sus ritos, imitando los bancos en que se sientan estas personas durante ciertas ocasiones. Otros objetos arqueológicos son placas delgadas, en forma de alas, hechas de piedra finamente pulida. Se pensó que se trataba de un adorno, llevado suspendido del cuello, pero resultó que algunos sacerdotes kogi aún poseen estos objetos y que se trata de instrumentos musicales; suspendidas en pares, de los codos de un bailarín, que tiene los brazos levemente levantados, estas placas sonajeras producen un tintineo melódico y aún se usan en la actualidad en ciertas ceremonias. Estos pocos ejemplos no sólo muestran la notable continuidad de la tradición cultural, sino también comprueban que las paralelas etnográficas pueden ofrecer muchas llaves para la interpretación de hallazgos arqueológicos.

El arte alfarero de los Taironas es muy complejo y elaborado. Las vasijas culinarias y muchos otros recipientes que se empleaban en la preparación de los alimentos consisten de piezas que, aúnque están bien acabadas y de formas agradables, no se destacan especialmente. En cambio, muchas otras clases de cerámicas muestran un desarrollo extraordinario. Es muy característica una clase de cerámicas negras y pulidas. Sus formas incluyen platos y cazuelas tetrápodes, con soportes mamiformes, copas de base cónica truncada o base anular, y una gran variedad de recipientes de silueta compuesta. Algunas formas parecen haber servido exclusivamente a fines rituales, en entierros o escondrijos, como por ejemplo los "ofrendatarios" (treasure jars, según Mason), que consisten de un cuerpo cilíndrico más o menos alto provisto de un reborde sublabial sobre el cual descansa la tapa convexa. Una tercera clase de cerámica es de color habano o amarillo y muestra formas de botellones, copas, vasijas dobles, y otras. La decoración consiste ante todo en el modejale, en elementos aplicados, así como en incisiones y excisiones. Muchas vasijas de cerámica roja llevan en el cuello una cara humana formada por elementos modelados y luego aplicados. Hay vasijas zoomorfas que muestran felinos, marsupiales, murciélagos, culebras, tortugas, ranas y aves tales como paujiles y rapaces. Entre las cerámicas más elaboradas están los recipientes pequeños, a veces diminutos, tales como tetrápodes con motivos de reptiles, representaciones humanas con rasgos’felinos, figuras de personajes ricamente ataviadas, representaciones eróticas y otras. Ciertos platos planos, provistos de una manija en forma de falo, se encuentran ante todo en la región de Bonda.

Las ocarinas de barro cocido constituyen una categoría especial de artefactos, que varía desde simples piezas ornitomorfas hasta figuras muy elaboradas de personajes adornadas con grandes coronas o penachos de plumas, máscaras, narigueras y bastones de mando (27) .

Los objetos líticos muestran la misma variedad y alta calidad tecnológica y estilística que la cerámica. Grandes piedras de moler, a veces profundamente ahuecadas por el prolongado uso, se encuentran en o cerca de las casas. Hachas de piedra, de forma más o menos trapezoidal, así como cinceles de distintos tamaños, están cuidadosamente pulidos y aún artefactos tales como las pesas para las redes de pesca o las manos para moler o triturar, están manufacturadas con esmero.

En los sitios de habitación, en sitios ceremoniales y en muchos escondrijos se han hallado miles de cuentas de collar muy finamente pulidas, de cornalina, ágata, cuarzo u otras piedras de colores y texturas llamativas. Hay cuentas tubulares o esféricas, botones, discos, pendientes en forma de Y, en forma de proyectil o en las más variadas formas de animales. En la región de Cerro Azul, en el alto río Sevilla, en una ciudad de gran extensión, excavé un sitio ceremonial cuya área central contenía un depósito de más de un metro de espesor, de cuentas de collar en todas las fases de manufactura, desde el trozo de materia prima hasta el artefacto perfectamente terminado. Había cuentas de gran tamaño, hasta de 20 centímetros de largo, lo que sugiere el uso simbólico de estos objetos; de todos modos se trataba de un sitio de ofrendas puesto que el estrato superior del depósito estaba sellado por una gruesa capa de barro cocido que servía de piso (28) .

Otros artefactos rituales, muy finamente tallados de piedra, son las hachas monolíticas en que tanto la hoja como el cabo están esculpidos de una sola pieza, de unos 20 a45 centímetros de largo. También hay objetos en forma de espátula alargada, tal vez insignias de mando o de rango, el extremo superior de las cuales muestra a veces una talla zoomorfa. Una categoría muy especial del arte lapidario son las tallas de nefrita translúcida, verdosa o grisosa, muy parecida al jade, que representan figuras humanas muy estilizadas, murciélagos en vuelo, o adornos en forma de barra o placa horizontal (29) .

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17.   Sobre el arte rupestre véanse, entre otros: Pérez de Barradas, José. El Arte Rupestre en Colombia. Publicaciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Bernardino de Sahagún, Madrid, 1941; Triana, Miguel. El Jeroglífico Chibcha. Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1970. (regresar a 17)

18.  A poca distancia, al norte de Guasca, hay un pequeño valle donde, cerca de una fuente termal. se encuentra uno de los poquísimos petroglifos que se conocen del territorio muisca. Son signos profundamente grabados en la roca, que no parecen relacionarse con los motivos pictográficos. (regresar a 18)

19.  Morales G., Jorge & Gilberto Cadavid. Investigaciones etnohistóricas y arqueológicas en el Area Guane. Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República. Bogotá, 1984: Silva Celis, Eliécer "Contribuciones al conocimiento de la civilización Lache Boletín de Arqueología, Vol. II, N° 5, pp. 371-424, Bogotá, 1945; Sutherland. Donald R.Preliminary Investigations ínto the Prehistory of Santander, Colombia. Disertación doctoral. Tulane University. New Orleans, 1971. (regresar a 19)

20.  El término "Tairona" no es un nombre tribal, sino en el siglo XVI se refería a un pequeño grupo indígena de la vertiente norte de la Sierra Nevada. En el contexto del presente libro se designa como Tairona la cultura arqueológica descrita por J. Alden Mason y G. Reichel-Dolmatoff, para el sitio de Pueblito y sus alrededores. Con el mismo término se designa la cultura histórica de los indios de la región de Santa Marta, descrita por los cronistas del siglo XVI. Los principales cronistas que tratan de los Taironas son: Castellanos, Juan de. Elegías de Varones Ilustres de Indias. Biblioteca de Autores Españoles, Madrid, 1847; Oviedo y Valdés, Gonzalo Fernández de Historia General y Natural de las Indias, Islas y Tierra Firme de la Mar Océano. 4 vol., Madrid, 185 1-1855; Simón, Fray Pedro. Noticias historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias Occidentales. 7 vol., Biblioteca Banco Popular, Bogotá, 1981-1982.Un resumen de los datos etnográficos de las crónicas se encuentra en: Reichel-Dolmatoff, G. Datas Histórico-Culturales sobre las tribus de la antigua Gobernación de Santa Marta. Banco de la República, Bogotá, 1951. La mejor obra sobre el proceso histórico de la conquista de los Taironas es: Bischof, Henning. Die Spanish-Indianische Auseinandersetzung in der nürdichen Sierra Nevada de Santa Marta (1501-1600). Bonner Amerikanistische Studien. Bonn, 1971. (regresar a 20)

21.  Llama la atención que la oposición que existía entre ciertas ciudades tairona se asemeja a la oposición entre ciertas poblaciones Kogi. como por ejemplo, entre San Miguel y San Francisco. (regresar a 21)

22.  Sobre la geografía de la Sierra Nevada y sobre la etnografía de las tribus actuales, remanentes de las del siglo XVI, véanse, entre otros: Krogzemis, James R. A Historical Geography of the Santa Marta Area, Colombia. Disertación doctoral, University of California, Berkeley, 1967; Preuss, Konrad Theodor. Forschungsreise zu den Kágaba: Beobachtungen. Textaufnahmen und sprachliche Studien bei einem Indianerstamne in Kolumbien, Südamerika. Viena, 1926-1927; Reichel-Dolmatoff, G. Los Kogi: Una tribu indígena de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia. 2 vol.. Bogotá, 1950-1951;id. "Contactos y cambios culturales en la Sierra Nevada de Santa Marta" Revista Colombiana de Antropología. Vol. 1, pp. 17-122, Bogotá, 1953; id. "Templos Kogi: Introducción al simbolismo y a la astronomía del espacio sagrado" ibid., Vol. XIX, pp. 199-245, Bogotá, 1975; id. "Cultural Change and Environmental Awareness: A Case study of the Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia" Mountain Research and Development, Vol. 2, N° 3, pp. 289-298, Boulder, 1982; Wilhelmy, H. "Die klimamorphologische und pflanzengeographische Entwieldung des Trockengebietes am Nordrand Südamerikas seit dem Pleistozi" Die Erde, 3-4, Berlín, 1954. Una excelente introducción al ambiente de la Sierra Nevada son las fotografías del libro La Sierra Nevada de Santa Marta, de Juan Mayr (Bogotá, 1984). (regresar a 22)

23.  Sobre Arqueología de la Sierra Nevada, véanse entre otras fuentes: Ardila Calderón, Gerardo Ignacio. Alto de Mira; Sierra Nevada de Santa Marta - Contribución al conocimiento de la arqueología del Alto Buritaca. Informe al Instituto Colombiano de Antropología, Bogotá, 1985. Bischof, Henning "Contribuciones a la cronología de la Cultura Tairona (Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia)" Verhandlungen des XXXVIII Internationalen Amerikanistenkongresses, Stuttgart-München, 1968, Vol. 1, pp. 259-269, Munich, 1969; id. "La Cultura Tairona en el Area Intermedia" ibid., pp. 27 1-280; Cadavid Camargo, Gilberto & Ana María Groot de Mahecha "Buritaca 200: Arqueología y conservación de una población precolombina (Sierra Nevadade Santa Marta-Colombia) "Beiträge zur Allgemeinen und Vergleichenden Archäologie, Band 4, pp. 255-287, 1982; Castaño, Carlos "Buratica 200: consideraciones en torno a los elementos arquitectónicos y urbanísticos" Revista de Arqueología, año V, N° 39, pp. 3 1-43, Madrid, 1984; Dussán de Reichel, Alicia "Una escultura lítica de tipología costarricense de la Sierra Nevada de Santa Marta" Razón y Fábula, Revista de la Universidad de los Andes. N° 2, pp. 39-42, Bogotá, 1967; Groot de Mahecha, Ana María "Buritaca-200: Una fecha de radiocarbono asociada con objetos de orfebrería tairona" Boletín del Museo del Oro, Año 3, pp. 2 1-34, Banco de la República, Bogotá, 1980; Herrera de Turbay, Luisa Fernanda "Buritaca-200: Estudio de polen arqueológico" Boletín del Museo del Oro, Año 3, pp. 1-20; Banco de la República, Bogotá, 1980; Mason, J. Alden. "Archaeology of Santa Marta, Colombia: The Tairona Culture" Anthropological Series, Vol. XX, Nos. 1, 2, 3, Field Museum of Natural History, Chicago, 1931, 1936, 1939; Murdy, Carson N. "La economía y densidad de población en los asentamientultura Tairona en la árida zona litoral de la Sierra Nevada de Santa Marta" Primer Congreso Nacional de Historiadores y Antropólogos, Santa Marta, 1975, pp. 122- 143, Editorial Argemiro Salazar y Compañía, Medellín, 1976; Reichel-Dolmatoff, G. "Investigaciones arqueológicas en la Sierra Nevada de Santa Marts: Parte 3a. Revista Colombiana de Antropología, Vol. III, pp. 141-170, Bogotá, 1955; Reichel-Dolnsatoff, Gerardo y Alicia "Investigaciones arqueológicas en la Sierra Nevada de Santa Marta: Partes 1 y 2" ibid. Vol, U, pp. 145-206, Bogotá, 1954; id. "La Mesa: Un complejo arqueológico de la Sierra Nevada de Santa Marta" ibid. Vol. VIII, pp. 160-2 13, Bogotá; Serge de la Ossa, Margarita "Organización urbana en Ciudad Perdida" Cuadernos de Arquitectura, Escala, N° 9 (páginas sin numerar), Bogotá, 1984; Valderrama Andrade, Bernardo & Guillermo Fonseca Traque "Exploraciones en la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta Boletín del Museo del Oro, Año 54, pp. 1-41, Banco de la República, Bogotá, 1981: Wynn, Jack Thomas. Buritaca Ceramic Chronology: A Seriation from the Tairona Area, Colombia. Disertación doctoral, University of Missouri, 1975. Hablando de las investigaciones arqueológicas en la zona litoral entre Santa Marta y Cañaveral, al Este (Murdy, 1976, p. 126 escribe que sólo dos misiones arqueológicas han trabajado en esta zona: la primera en 1922-1923 de .I. Alden Masan (1931, 1936, 1939) del Field Museum of Natural History, Chicago. y la segunda de él, Murdy, entre 1974 y 1975, en misión del Instituto de Desarrollo de los Recursos Naturales Renovables. Eso no es exacto, puesto que esta área fue explorada en detalle por Gerardo y Alicia Reichel-Dolmatoff, entre 1946 y 1950, en misión del Instituto Etnológico Nacional y de la Gobernación del departamento del Magdalena. (regresar a 23)

24.  Me refiero aquí principalmente a los resultados obtenidos por J. Alden Mason, y por mí personalmente. Los resultados de las excavaciones en el sitio de Buritaca-200, a partir de 1976. están prácticamente inéditos y los pocos datos que se han publicado (Cf. Nota 23) aún no constituyen una visión coherente. (regresar a 24)

25.  Cf. Nota 24. (regresar a 25)

26.  Véase la bibliografía etnológica citada en la Nota 21. (regresar a 26)

27.  Muchas ocarinas taironas que se encuentran en museos o colecciones particulares, dentro y fuera del país, son falsificaciones que han inundado el mercado en las últimas dos décadas. (regresar a 27)

28.  Reichel-Dolmatoff, mss. inéditos. La cerámica asociada a esta construcción era de tipo negro opaco, con decoración aplicada, común en la vertiente occidental de la Sierra Nevada. Cuando se efectuó esta excavación (1948) aún no se había descubierto el método del C14. El total de cuentas y cerámicas asociadas fue depositado en el Museo Arqueológico de Santa Marta, excepto una colección tipológica que fue entregada al Museo Nacional. (regresar a 28)

29.   Obviamente se trata de objetos estrechamente relacionados con las tallas de jade de Costa Rica; véase, por ejemplo, Easby, Elizabeth Kennedy "Jade" Precolumbian Art of Costa Rica (Elizabeth P. Benson, editor), pp. 135-151, Abrams inc., NewYork, 1981. Otro trabajo de interés es: Wagner, Erika & Carlos Schubert "Prehispanic Workshops of Serpentine Artifacts, Venezuelan Andes, and Possible Raw Material Source" Science. Vol. 175, pp. 888-890, 1971. (regresar a 29)

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