Capítulo VIII

 

Capítulo VIII

 

LA ETAPA DE LOS ESTADOS INCIPIENTES (Continuación)

Una gran máscara de piedra, representación de una cara humana con lengua saliente, procede del alto río Córdoba (30) . Una figura acurrucada y esquelética, de 24.5 centímetros de altura, fue encontrada en las riberas de la Quebrada Valencia (río Don Diego), al pie de la vertiente septentrional de la Sierra Nevada (31) . También existen algunas tallas líticas grandes; varias cabezas humanas de gran tamaño proceden de la región de Minca, cerca de Santa Marta (32) , y hay persistentes rumores sobre la existencia de grandes estatuas en zonas aún poco exploradas.

Se han hallado algunas tallas de conchas marinas, de hueso de grandes mamíferos, así como tal cual talla de madera; una manopla o tensor de arco, decorado con motivos excisos de tipo tairona, se encontró en una urna, en la zona del río Don Diego (33) .

Hay muchos vestigios de arte rupestre en la Sierra Nevada, sobre todo en las faldas orientales y surorientales (34) . En Donama, cerca de Santa Marta, se encuentra una gran roca cubierta de petroglifos, y en las cercanías de muchos asentamientos se han observado petroglifos de menor tamaño.

La metalurgia tairona es altamente desarrollada y puede medirse con las mejores obras de la Cordillera Central. Se destacan las figurinas fundidas que representan felinos o murciélagos antropomorfizados, orejeras, narigueras, bezotes, pectorales, cascabeles y un sinnúmero de pequeños adornos manufacturados de oro o de tumbaga, en la técnica de la mise en couleur (35) . Se conocen varios ejemplares de figuras humanas que aparentemente llevan máscaras y un gran tocado de espirales y cabezas de aves o culebras muy estilizadas. Las figuras sostienen en sus manos una barra o vara horizontal que termina en ambos extremos en dos espirales enroscadas en direcciones opuestas (36) .

Figura 119. Aspecto de la parte central antes de la restauración. Ciudad Perdida. (Buritaca-200), alto río Buritaca, Sierra Nevada de Santa Marta.

Figura 120. Escalera formada por grandes cantos rodados, región de Banda, Sierra Nevada de Santa Marta.

Figura 121. Excavación de un grupo de vasijas de cerámica negra; Pueblito, Sitio 39; Sierra Nevada de Santa Marta.

Figura 122. Vasija antropomorfa negra; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Nacional. Bogotá.

Figura 123. Vasija antropomorfa de cerámica habana, hallada al excavar el alcantarillado del centro de Santa Marta. Museo Etnológico del Magdalena, Santa Marta.

Figura 124. Cerámica zoomorfa, Pueblito, Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Etnológico del Magdalena, Santa Marta.(ver figuras 119,120,121,122,123 y 124)

Hay pocos datos sobre las costumbres funerarias de los Taironas. En algunas ciudades, como en Pueblito, se han encontrado grandes entierros primarios formados por lajas y cubiertos con una laja de grandes dimensiones, en el centro de algunas casas muy bien construidas, pero los guaqueros se habían adelantado y no fue posible conocer el ajuar de estas sepulturas. En otras aldeas o ciudades, como en Buritaca-200, se han encontrado entierros de pozo con cámara lateral, probablemente las "bóvedas" de los cronistas, pero se carece de datos más detallados. En varios sitios de la costa septentrional y también en el litoral al sur de Santa Marta, se han hallado grandes urnas funerarias, a veces con objetos metálicos dentro o pequeñas tallas de concha o de hueso.

Sobre este aspecto de la cultura tairona faltan datos porque las actividades de los guaqueros han sido devastadoras.

Sobre las creencias religiosas tampoco hay datos detallados. La iconografía representada en cerámica, piedra y objetos metálicos, deja reconocer algunas figuras individualizadas que podrían identificarse con una divinidad solar o con chamanes ataviados. También hay series de figuras que parecen ser animales totémicos o espíritus protectores, como los que enumeré al hablar de la cerámica zoomorfa. Algunos datos históricos y arqueológicos parecen indicar la observación astronómica desde templos u otros puntos fijos. El complejo ritual de las hachas monolíticas, insignias en forma de espátula o tenedor, placas sonajeras y, no por último, la gran importancia ritual de las cuentas de collar, pueden explicarse en parte con la ayuda de los datos etnográficos sobre las tribus sobrevivientes de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Sobre la cronología de la zona tairona faltan datos precisos porque muchas de las excavaciones (Mason, Reichel-Dolmatoff) fueron efectuadas antes de que se conociera el método del carbono radicativo. Por otro lado, hasta hoy en día no se han hallado en la Sierra Nevada grandes basureros, que se hubieran prestado para excavaciones estratigráficas. La siguiente tabla muestra algunas fechas para el sitio de Buritaca-200 y sus cercanías (37) .

TABLA IV: FECHAS RADIOCARBONICAS PARA BURITACA-200

Fecha antes
de presente
Fecha des-
pués de C.

Sitio

Tipo de
Yacimiento

Asociaciones

GrN-9247
IAN-86
Beta-9372
Beta-3564
Beta-11555
Beta-11556

565±50
590±160
860±110
400±90
550±70
600±60

1385 d. C.
1360 d. C.
1090 d. C,
1550 d. C.
1400 d. C.
1350 d. C.

Buritaca-200
Buritaca-200
Buritaca-200
La Estrella
Alto de Mira
Alto de Mira

Tumba
Vivienda
-
Tumba
Basurero
Basurero

Oro
Cerámica
-
Oro
Cerámica
Cerámica

Obviamente se trata de un sitio protohistórico/histórico. En Pueblito encontramos personalmente varios trozos de hierro en asociación con objetos líticos, dentro de las casas (38) . La evidencia para las fases anteriores se basa pues ante todo en apreciaciones comparativas, con materiales de otras zonas. El primer problema que se plantea es la esporádica existencia de cerámica pintada, en la zona de la Sierra Nevada. Alden Mason (39) encontró en la Bahía de Nahuanje, a poca distancia al oeste de Pueblito, varios entierros que contenían cerámicas con indudable parentesco tairona, pero algunas de ellas pintadas con motivos y colores que se relacionan con la cerámica de El Horno, del río Ranchería, para la cual hay una fecha de radiocarbono de 585 d. C. Los hallazgos de Mason, en Nahuanje, consisten además de cerámicas negras y otras, de tipo tairona, de placas sonajeras, objetos de nefrita, joyas de oro y gran cantidad de cuentasde collar. También es de notar en Nahuanje la presencia de túmulos funerarios y de entierros primarios en cercados de lajas, así como la casi total ausencia de vestigios arquitectónicos. Las piezas cerámicas que más llaman la atención dentro de este conjunto son los ofrendatarios, con sus tapas ajustables, decorados con motivos pintados de tipo El Horno (40) . A base de los hallazgos de Mason, Bischof (41) estableció el Período Nahuanje, en el nivel cronológico de El Horno.

En los años de 1936-1937, Gustaf Bolinder excavó en Pueblo Bello, en la vertiente meridional de la Sierra, donde encontró varias urnas funerarias grandes de entierros primarios, que contenían cuentas de collar y pequeñas tallas de piedra, de tipología tairona. Con ocasión de esta investigación, Bolinder adquirió una cerámica de obvio parentesco con El Horno, que un habitante de Pueblo Bello había encontrado al cavar en su jardín (42) . Otro hallazgo de cerámica pintada lo hice yo personalmente en la finca Shangri La, entre Santa Marta y San Pedro Alejandrino, donde hallé gran cantidad de fragmentos pintados con motivos curvilineares y rectilineares, en color rojo sobre un fondo blanco (43) . Por cierto, el período El Horno contiene también una clase de cerámica negra, que bien puede haber sido ancestral a la cerámica negra tairona (44) .

Un problema especial se refiere a las múltiples semejanzas entre la cultura Tairona y algunos desarrollos culturales en Costa Rica. En el sitio de Guayabo de Turrialba, y en varios otros lugares de la vertiente atlántica de aquel país, existen complejos arquitectónicos que se asemejan mucho a sitios tairona, tales como Pueblito. En efecto, en Guayabo se encuentran cimientos circulares de lajas, caminos empedrados, plazas públicas, escaleras, murallas de contención, montículos, drenajes y otros rasgos, que tienen sus paralelas en el área tairona. Aun las unidades urbanísticas que se pueden distinguir en Pueblito y otros sitios tairona, se asemejan a las de Guayabo de Tunialba. La posición cronológica de estos desarrollos arquitectónicos costarricenses cae dentro del período de aproximadamente 1000 después de Cristo a 1500 después de Cristo, es decir, corresponde aproximadamente al desarrollo tairona (45) . Otras semejanzas se pueden observar en la cerámica, la metalurgia, la talla de jade y de otros objetos del arte lapidario (46) . En 1946 se encontró en la parte céntrica de la ciudad de Santa Marta, al excavar una alcantarilla, una vasija de cerámica gris lisa, en forma de un caimán enroscado, que lleva sobre su espalda un pequeño mamífero modelado, pieza de indudable filiación costarricense. Una vasija semejante, aúnque mucho más tosca, está ilustrada en Mason (1939, Lámina CCXXIII, 2), pero carece de procedencia exacta. La estatuilla de piedra, del río Don Diego, también de tipología costanicense, ya se mencionó en las páginas anteriores.

Figura 125. Vasijas diminutas. Pueblito; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Etnológico del Magdalena, Santa Marta.

Figura 126. Ocarina antropomorfa, con máscara, región de Banda; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Nacional de Bogotá.

Figura 127. Fragmento cerámico con decoración excisa. Pueblito. Museo Etnológico del Magdalena, Santa Marta.

Figura 128. Fragmentos antropomorfos: región de Banda; Sierra Nevada de Santa Matfa. Museo Etnológica del Magdalena, Santa Marta.

Figura 129. Figura humana con máscara de reptil, región de Banda: y cabeza de ave de pueblito; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Etnológico del Magdalena, Santa Marta.

Figura 130. Fragmentos cerámicos; I-II pintura roja sobre fondo habano; 14 y 16 decoración incisa; 15 decoración modelada incisa. Finca Sangri -La, cerca de Mamatoco. (ver figuras 125,126,127,128,129 y 130)

En algunas publicaciones anteriores he formulado la hipótesis de que la cultura Tairona fuese de origen costarricense, con un notable componente mesoamericano, que además se hace presente también en otras regiones de Colombia, como por ejemplo en Tumaco, el Quindío y en la región muisca (47) . Al reconsiderar estas premisas a la luz de nuevos hallazgos en Colombia, Venezuela, Ecuador y Centroamérica, así como a consecuencia de conversaciones con colegas (48) , se ven reafirmados los nexos culturales entre el norte de Colombia y Centroamérica, pero se replantea el problema de orígenes, de focos culturales, así como el de las direcciones en que se difundieron los rasgos específicos comparables. En consecuencia, con estos nuevos enfoques, en lugar de proponer que la cultura de la Sierra Nevada tuviera un origen costarricense o que las culturas de Costa Rica tuvieran un origen colombiano, me inclino a sugerir que Costa Rica, Panamá y la Costa Caribe de Colombia constituían una sola área cultural coherente, en la cual estos tres componentes formaban núcleos fundamentales, entre los cuales existían estrechos contactos a través de influencias mutuas.

Que las tradiciones cerámicas de la Etapa Formativa Temprana de Colombia hayan penetrado a Centraomérica y Mesoamérica ya en épocas muy tempranas, queda fuera de duda, pero de lo que tratamos aquí es de desarrollos posteriores, de tipo cacicazgo. En el Capítulo sobre la Etapa Formativa (Cap. IV) mencioné las relaciones entre Momil y algunas culturas del centro y oriente de Costa Rica, a saber: Las Pavas y El Bosque. Es sobre esta base común como sugiero se haya desarrollado una tradición que, desde Momil ya través del Segundo Horizonte Pintado, llevó al florecimiento de la cultura Tairona, de Coclé y de aquellas culturas costanicenses, con las cuales existe un parentesco cercano. Vale la pena subrayar que fue en una región de habla chibcha donde se logró este desarrollo.

Figura 131. Hacha monolítica con representaciones zoomorfas: jaguar y reptil, bicéfalo: Sierra Nevada de Santa Marta; Museo del Oro, Bogotá.

Figura 132. Mascarilla de piedra, río Don Diego; Sierra Nevada de Santa Marta.

Figura 133. Máscara de piedra negra, alta río Córdoba, región de El Chicharrón, Sierra Nevada de Santa Marta. Se halló dentro de un ofrendatario de tipo Nahuanje. Museo Nacional.

Figura 134. Pendiente alado de piedra, en forma de un murciélaga; las alas terminan en cabezas. Pueblito, Sierra Nevada de Santa Mano. Museo Nacional.

Figura 135. Pendiente alada, en forma de murciélago, tallada de nefrita; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Etnológica del Magdalena, Santa Marta.

Figura 136. Figura humana de nefrita; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Etnológico del Magdalena. Santa Marta. (ver figuras 131,132,133,134,135 y 136)

Pero volvamos otra vez al proceso histórico de la conquista de los Taironas.

Al comienzo del año de 1600, cuando se había librado la última batalla, el gobernador don Juan Guiral Velón condenó a los jefes indígenas a muerte o exilio. El jefe tairona Cuchacique, quien había sido el caudillo de la rebelión de 1599, fue condenado "...a que sea arrastrado a la cola de dos potros cerreros, y hecho quatro quartos, y puestos por los caminos, y la cabeza puesta en una jaula donde nadie la quite so pena de muerte...".

Aquí sigue una interminable lista de caciques y principales que así mismo se condenaron a muerte. Termina la sentencia así: "Y ten condeno los suso dhos y a cada uno de ellos que les sean derribadas y quemadas sus casas en que bibian quando cometieron el delito y ninguna persona de cualquier estado y condision que sea ossado de las bolver a rrediflcar ni poblar sin lisencia de su mags. So pena de muerte natural en que les doy por condenados lo contrario hzdo" (49) .

Sería demasiado trágico querer ver en estos acontecimientos el final de la cultura Tairona, tal como la conocemos a través de sus espléndidos vestigios arqueológicos. Por fortuna, los indígenas que lograron sobrevivir en la Sierra Nevada de Santa Marta, sobre todo los Kogi, han sabido mantener viva la tradición de sus antepasados y constituyen, hoy en día, una de las sociedades indígenas intelectualmente más avanzadas de América. Sin embargo son poco conocidos para la mayoría de los colombianos, aún despreciados y perseguidos, estos descendientes de la cultura aborigen más elevada de Colombia (50) .

Figura 137. Figura humana de piedra; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Etnológica del Magdalena, Santa Marta.

Figura 138. a. Figura humana tallada de nefrita; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo etnológica del Magdalena, Santa Marta.

Figura 138. b. Cerámica Negra; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Arqueológico, Casa del Marqués de San Jorge.

Figura 139. Cuentas de collar; Sierra Nevada de Santa Marta. Colección Jack. Oberlin, Santa Marta.

Figura 140. Hacha monolítica, región de Dibulla. Museo Etnológico del Magdalena. Santa Marta.

Figura 142. Hacha de cobre, región de Tasajera, Costa de Salamanca; largo: 9.5 cm. Museo Etnológica del Magdalena, Santa Marta. (ver figuras 137,138a,138b,139,140 y 142)

Figura 141. Figura enmascarada, con paleta ovalada, cobre dorada: Banda; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Etnológica del Magdalena, Santa Marta.

Figura 143. Placa antropomorfa de cobre dorado, Banda; Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Etnológico del Magdalena, Santa Marta.

Figura 144. Figura humana sentada en un banquito y con gran lengua saliente, tallada de esteatita; región de El Edén, Sierra Nevada de Santa Marta. Museo Nacional de Bogotá.

Figura 145. Pendiente Estilo Tayrona; Sierra Nevada de Santa Marta. Colección. Dumbarton Oaks, Washington, N° B-393. CG.

Figura 146. Pendiente Estilo Tayrona; Sierra Nevada de Santa Marta. Colección. Dumbarton Oaks, Washington, N° B-427. CG. (ver figuras 141,143,144,145 y 146)

TABLA V: Cronología aproximada de algunas regiones geográficas (Ver Tabla V)
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30.   La máscara fue donación del señor Alfonso Munive, de Ciénaga, y se encuentra en el Museo Nacional. Se halló en un ofrendatario bajo, del tipo descrito para Nahuanje, con un cuello y una tapa ajustada. Es de cerámica gris oscura, pesada. La decoración del ofrendatario es atípica en tanto que consiste de una banda de motivos geométricos incisos, con campos punteados-zonificados. Sea dicho que el hallazgo no estaba asociado con la arquitectura lítica del lugar. (regresar a 30)

31.   La figura acurrucada está descrita en: Dussán de Reichel, Alicia "Una escultura lítica de tipología costarricense, de la Sierra Nevada de Santa Marta" Razón y Fábula, Revista de la Universidad de los Andes, N°2, pp. 39-42, Bogotá, 1967. Se trata de una figura de tipo Sukia costarricense, probablemente representando un chamán en actitud ritual. La pieza formaba parte de la colección del señor Rainer Schultze-Kraft, de Heidelberg, Alemania. (regresar a 31)

32.   Las grandes caras humanas se encuentran en una colección particular en Minca; otras en el Colegio Celedón de Santa Marta, y varias en el Museo Arqueológico de la misma ciudad. Véase también: Hildeberto María; infra (1954, figs. 81-84). (regresar a 32)

33.   El cronista Pedro de Aguado escribe que los indios de Bonda tenían "cierto artificio para tender la cuerda, que usaban traer en la mano derecha". Tensores de arco de forma similar están aún en uso entre los indios Chimilas del río Ariguaní; véase Reichel-Dolmatoff, G. "Etnografía Chimila Boletín de Arqueología, Vol. II, pp. 95-155, Bogotá, 1946 (Cf. pp. 119-120: figuras 9c. d. e; Láminas XII-XIII). (regresar a 33)

34.   Hilderberto María, Hermano. "Arte rupestre en la Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia)" Antropología y Etnología, N° 10. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto Bernardino de Sahagún. Madrid. 1954: Isaacs. Jorge "Estudio sobre las tribus indígenas del Estado del Magdalena. antes Provincia de Santa Marta Anales de la Instrucción Pública, Vol. VIII. Bogotá. 1884. (regresar a 34)

35.  Sobre la metalurgia tairona, véanse: Mason. J. Alden (1936>; Pérez de Barradas. José. Orfebrería Prehispánica de Colombia: Estilos Quimbaya y otros. Texto. Madrid. 1966 (cf. p. 317). Véanse también la serie de artículos aparecidos en el Boletín del Museo del Oro, Banco de la República, Bogotá. (regresar a 35)

36.  Anoto la semejanza de esta barra o vara. con la sagrada vara sonajera de los indios del Vaupés (Reichel-Dolmatoff. G.. The Shaman and the Jaguar. Temple University Press. Philadelphia. 1975: Cf. Indice: Musical Instruments. p. 277). Sea dicho aquí que figuras de oro o cobre que sostienen objetos bífidos, se encuentran también en la metalurgia de la Cordillera Central. (regresar a 36)

37.  No se menciona nada acerca de las asociaciones culturales tipológicas de estas fechas. (regresar a 37)

38.  Reichel-Dolmatoff, G. "Investigaciones arqueológicas en la Sierra Nevada de Santa Marta: Parte 3: Sitios de contacto español" Revista Colombiana de Antropología, Vol. III, pp. 141-170, Bogotá, 1955. (regresar a 38)

39.   Mason, J. Alden, 1939 (Cf. Fig. 23. Láminas CCXIV-CCXV). (regresar a 39)

40.  Reichel-Dolmatoff, Gerardo y Alicia "Investigaciones arqueológicas en el departamento del Magdalena, Colombia, 1946-1950: Parte 1-Arqueología del río Ranchería; Parte II-Arqueología del río Cesar" Boletín de Arqueología, Vol. III, N° 1-6, pp. 1-234, Bogotá, 1951. (regresar a 40)

41.   Bischof, 1969; supra. Nota 23. (regresar a 41)

42.   Bolinder, Gustaf. "Urn-burials in fullsize mortuary urns in Sierra Nevada de Santa Maria, Colombia" Ethnos, Vol. 7, N° 1 pp. 10-19, Etnografiska Museum, Stockholm, 1942. Comunicación personal de los doctores Gustaf Bolinder y Henry S. Wassén, del Museo de Göteborg. (regresar a 42)

43.   La finca Shangri-La pertenecía en 1946 al señor Jack Oberlin, de la United Fruit Company. (regresar a 43)

44.  Cf. Supra, Nota 40. (regresar a 44)

45.  Aguilar, Carlos H. Guayabo de Turrialba. Arqueología de un sitio indígena prehispánico. Editorial Costa Rica, San José, 1972; Fonseca Zamora, Oscar "Informe de la primera temporada de reexcavación de Guayabo de Turrialba" Vínculos, Vol. 5 N0 1-2, pp. 35-41. Museo Nacional de Costa Rica. San José. 1979; id. "Guayabo de Turrialba and its significance" Precolumbian Art of Costa Rica (Elizabeth P. Benson, editor), pp. 104-111. Abrams Inc., New York, 1981. (regresar a 45)

46.  Stone, Doris, Introducción a la Arqueología de Costa Rica. Museo Nacionalde Costa Rica, San José. (regresar a 46)

47.   Reichel-Dolmatoff, O. Colombia: Ancient Peoples and Places. Thames & Hudson, London. 1965: id. "Colombia Indígena: Período Prehispánico" Manual de Historia de Colombia (J. G. Cobo Borda & Santiago Mutis Durán. editores), Vol. 1, pp. 31-115. (regresar a 47)

48.  Bogotá, 1978-1979. Mi cambio de enfoque, en la interpretación de estas relaciones, se debe ante todo a mis conversaciones con el profesor Donald W. Lathrap, de la Universidad de Urbana-Illinois. Lathrap, en efecto, sugiere que la Cultura Tairona se basa esencialmente en desarrollos locales (Momil, río Ranchería y otros) y opina que la arquitectura tairona se relaciona con complejos arquitectónicos como Pajatén, en el Perú. (regresar a 48)

49.  Reichel-Dolmatoff, G. Datos histórico-culturales..., Bogotá, 1951 (Cf. p. 37); Restrepo Tirado. Ernesto "Cómo se sacrificaba a los indios" Boletín de Historía y Antigüedades, Vol. XXIV, pp. 739-743, Academia Colombiana de Historia, Bogotá, 1937. (regresar a 49)

50.  Los principales elementos mesoamericanos que se observan entre los Kogi, son los siguientes: énfasis en "amanecer", en el mito de creación; múltiple creación del universo y de la humanidad; concepto de varios mundos superpuestos, de difícil acceso: asociación de puntos cardinales con distintos colores, fuerzas vitales y destructoras, y seres monstruosos; concepto de un Más Allá especial para mujeres que mueren en el parto o para personas que mueren ahogadas; dualismo (benévolo/malévolo) de las deidades; mono-polimorfismo y cuadruplicidad de las deidades; divinidad solar de carácter femenino; bailarines enmascarados que representan la deidad; carácter ritual del número nueve; enfermedad causada por el pecado; simbolismo de la "escoba" y del acto de "barrer" en el perdón del pecado; confesión: adivinación por contracción súbita muscular y por juntar rápidamente las uñas de los dedos índice; largo período de entrenamiento para sacerdotes; sacerdocio altamente organizado: perro como guía hacia el Más Allá; observación minuciosa de solsticios y equinoccios. (regresar a 50)

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