ORFEBRERÍA Y CHAMANISMO
Un estudio iconográfico del Museo del Oro
Gerardo Reichel-Dolmatoff
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Epílogo

En el curso de este volumen he presentado una nueva dimensión del Museo del Oro. Entre sus miles de objetos he hallado, mas allá del tesoro del País del Dorado, un tesoro de arte chamánico, un tesoro de formas e ideas que durante miles de años han constituído uno de los fundamentos ideológicos principales de las culturas indígenas del país. Es más, este complejo chamánico, centrado en la imagen del Hombre-Pájaro, forma un eslabón esencial entre las culturas prehistóricas de gran parte del continente americano y continúa hasta la actualidad, en muchas sociedades indígenas. Al haber reconocido y descrito el tema del Hombre-Pájaro, creo haber descifrado uno de los símbolos claves de la orfebrería precolombina.

A nivel de la escena local, el patrón de las alas y la cola desplegadas se extiende mucho más allá de la figuración que he designado como Icono A. Si estudiamos en detalle las múltiples representaciones figurativas o sea pectorales, colgantes, diademas u otros objetos, descubrimos que el patrón del ave desplegada, es decir del chamán extático, se repite insistentemente en un gran número de piezas que, a primera vista, no parecen tener nada que ver con aquel tema. Por ejemplo, es obvio ahora que la orfebrería del Estilo Calima contiene muestras del patrón básico del Icono A. Las llamadas “diademas” Calima poseen prolongaciones laterales que no son otra cosa que variaciones del tema alado; la parte baja tiene la silueta elemental de una cola de ave en forma de abanico abierto y el tocado de la cabeza imita largas plumas; tampoco les faltan los animales auxiliares. Un paralelo muy significativo consiste en la diferencia estilística entre la cara del personaje central, y la estilización felina de su nariguera; iconográficamente se trata del mismo concepto que hemos visto en el Icono A, cuyas cabezas de pájaros auxiliares ostentan un estilo mucho más esquematizado que el de la figura principal.

Lo mismo se puede decir de los llamados pectorales “acorazonados”, tan típicos del Calima; son abstracciones del patrón ornitomorfo, en el cual la cabeza central repujada representa al chamán, mientras que las alas y la cola se fusionan en un solo plano que sirve de fondo a la imagen del Hombre-Pájaro. También los llamados “colgantes de brazalete” dejan reconocer la forma básica del Icono A. Desde luego, las máscaras y las pequeñas esculturas que adornan los palillos para la cal, forman parte de este conjunto. En resumen, el llamado Estilo Calima es esencialmente un conjunto local de arte chamánico, basado ante todo en la imagen del vuelo extático.

La orfebrería del Estilo Tolima también consiste en gran parte de objetos de tipo chamanístico. Las figuras planas, con extremidades angulares, así como las de cola en forma de anda, y sus variantes, representan el vuelo chamánico, mientras que las pequeñas efigies, con sus tocados especiales, o las que llevan en sus manos lo que parecen ser hojas de palma representan chamanes con sus insignias de poder. El llamado Estilo Popayán (nuestra variante del alto Cauca) está constituido en su casi totalidad por representaciones del Hombre-Pájaro.

El Estilo Tairona abarca muchas piezas de los Iconos A y C es decir, del Hombre-Pájaro y del chamán ataviado, así como pequeñas figuras de animales: aves, ranas, y animales fantásticos, formando todos un conjunto chamanístico.

El Estilo Sinú, en cambio, parece carecer del Icono A, pero abunda en figuras de la fauna chamánica, sobre todo en forma de remates de bastones. El nominado como Estilo Darién, constituye en sí solo un icono, es decir nuestro Icono B.

El Estilo Muisca contiene un buen número de piezas de carácter chamanístico. Hay representaciones del Icono A; hay figuras de chamanes sentados en posición ritual; hay narigueras hechas en técnica de calado, con cabezas de aves estilizadas, prácticamente idénticas a las cabezas que acompañan a muchas piezas del Icono A. Además, aparecen los pájaros posados en la punta de un corto bastón, también en tabletas de rapé y hay gran cantidad de animales auxiliares del chamán, a veces en formas fantásticas. A ello se añaden las ofrendas en templos, lagunas o cuevas, así como las representaciones que se relacionan con el ritual de la laguna de Guatavita y las figuras femeninas de cerámica que contienen en su interior tunjos.

El Estilo Quimbaya presenta aquí un problema difícil de explicar. Casi no encuentro en dicho estilo el Icono A, ni tampoco los rasgos característicos de los otros iconos. Las figuras del Tesoro de los Quimbayas así como sus semejantes en otros museos indudablemente tienen un carácter ritual; muestran hombres y mujeres en posiciones hieráticas, de pié y a veces sentados en banquitos o en duhos y llevando en sus manos el signo de espirales divergentes, pero no se observa la presencia del Hombre-Pájaro, en toda su elaboración iconográfica. El signo de la doble espiral parece ser de importancia central; lo encontramos prominentemente en los iconos B y C, sea colocado en el tocado de las figuras o sea en los extremos de las caras de los chamanes tairona. Su significado preciso se nos escapa pero probablemente se relaciona con un concepto de crecimiento vegetal y de procreación. En cambio es sobresaliente en el Estilo Quimbaya la cantidad de figuras humanas y de otros recipientes que constituyen poporos, los cuales probablemente eran de uso ritual. Por cierto, desde tiempos atrás se ha observado que hay una relación estilística entre Quimbaya y Sinú; ya que en el Estilo Sinú tampoco aparece el Hombre-Pájaro, esta ausencia podría ser significativa respecto a una pauta común de su cosmovisión.

Hay una gran cantidad de objetos del Museo del Oro que, aunque seguramente tuvieron un valor simbólico, no se pueden identificar quizás con las creencias y prácticas chamanísticas. Estas últimas se expresan ante todo en el arte figurativo, de carácter icónico. Los demás objetos son elementos algo marginales al gran acervo chamánico que constituye la orfebrería precolombina del país.

Más allá de las fronteras de Colombia, el Hombre-Pájaro se encuentra en una inmensa región que se extiende desde América del Norte hasta la Isla de Pascua, pasando por los Andes y las selvas tropicales. Las relaciones más cercanas con el Icono A, las encontramos en Panamá y Costa Rica, adonde llegaron desde Colombia, y un ejemplar del Icono B fué encontrado en Yucatán. En los Andes Centrales encontramos al Hombre-Pájaro en las culturas de Chavín, de Paracas y de Moche, en Lambayeque y en Pachatén; y en la hoya del Amazonas aparece en las pictografías del Mato Grosso. Pero no sólo hallamos sus huellas en la arqueología; su imagen está viva en la mitología de incontadas tribus indígenas y su experiencia del vuelo extático la comparten aún hoy día los chamanes de muchos grupos indígenas.

Al mismo tiempo, el complejo de arte chamánico del Museo del Oro tiene características muy propias e inconfundiblemente colombianas; no se observan en él influencias foráneas. Lo que alimentaba su imaginación era la experiencia alucinatoria, pero la ejecución artística de sus iconos contiene elementos muy propios de composición, de detalles iconográficos y de figuraciones inspiradas en la naturaleza. Otro rasgo muy propio es la abstracción que, a partir de un modelo ornitomorfo, logra plasmar todo un lenguaje icónico, que se expande a través del tiempo y del espacio. (1)

El icono del vuelo extático es el símbolo de las culturas aborígenes, las unifica y las exalta, más que cualquier otra imagen con que se haya tratado de identificar al indio. Al mismo tiempo, a través de la imagen alada, el arte chamánico colombiano se conecta con la imaginería del Viejo Mundo y forma un lazo humano entre las diferentes dimensiones del ser. El vuelo siempre será la imagen del hombre transcendente.

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1. Las obras de Benson (1981) y de Lothrop (1937; 1950) contienen excelentes ilustraciones de objetos de orfebrería panameña que comprueban que allí también se trata de un complejo de arte chamánico. Aún la llamada “divinidadsauria” del sitio de Coclé me parece que representa a un chamán, rodeado de sus animales auxiliares, y no a una divinidad. Para Costa Rica, véase, entre otros, Balser (1966), Fig. 1, 5.

El catálogo de la exposición de oro precolombino, en Moscú, contiene buenas fotografías de piezas centroamericanas, del Icono A (Kuizhalov & Berezkin, 1976, Figs. 144,147-158, 173-176,181-187 y otras); un ejemplar del Icono 8, procedente de la Península de Azuero, está ilustrado en la Figura 145. Otras piezas panameñas, poco conocidas por encontrarse en colecciones norteamericanas, y que representan el Icono A, están ilustradas en Wardwell (1968, Figs. 101-103, 109, 111). Algunas de estas piezas, notablemente Figs. 101 y 102, muestran un marcado componente estilístico tairona. La misma obra ilustra una pieza (Fig. 87) procedente de Coclé y que se encuentra en el Museo de la Universidad de Philadelphia; muestra dos chamanes, con cabezas (o máscaras) de aves; los pies y manos de los chamanes que, por los demás, tienen forma humana, llevan garras de felino. El pico del pájaro es ganchudo y podría ser de una tijereta de mar (Fregata magnificens). En ambas figuras es notable la importancia del cinturón.

Una pieza extraordinaria es una tela Chimó (Perú) representando una figura chamánica que lleva en el pecho el Icono A, en forma abstracta (Kuizhalov & Berezkin, 1976, Fig. 206).  (regresar1)

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