Al referirme ahora a una serie de ejemplos del Icono A, debo hacer, las siguientes advertencias. El orden en el cual hablaré de piezas individuales, y en el cual aparecen las ilustraciones, no sugiere de ningún modo ni una secuencia estilística evolutiva, ni tampoco una secuencia cronológica. Comienzo mi análisis con algunas piezas que constituyen el prototipo de las “águilas” mencionadas por los cronistas, y sigo luego las huellas iconográficas que muestran ‘las transformaciones del pájaro en un hombre-pájaro.

 

En el caso de las zonas muisca y tairona, se puede detectar una relación entre ciertos ejemplares del Icono A, y los contextos arqueológicos hasta ahora conocidos en ésas zonas. En otras regiones del país tal asociación entre el Icono A y un contexto arqueológico voluminoso parece muy dudosa; pero ciertos ejemplares del ¡cono A tienden a formar grupos que, por contener alguna pieza de procedencia conocida, se pueden ubicar geográficamente. Así, por ejemplo, se puede sugerir una categoría localizada en el Tolima, otra en el Alto Cauca y tal vez, una más en la región del Sinú. Existen luego por lo menos dos categorías de abstracciones. Pero hay muchas piezas que no caen en ninguna de estas categorías.

El mismo concepto de transformación, tan fundamental en la concepción del icono A, conlleva el tema de variación, de la multiplicidad de formas. Por otro lado, el hecho de que estos objetos aparentemente existían en el contexto de sociedades de rango introduce otro mecanismo de variación, esta vez referente quizás a las características de la materia prima o la elaboración artística de la pieza.

Pero mientras que no tengamos fechas absolutas y asociaciones contextuales, basadas en excavaciones controladas, el Icono A seguirá flotando en el tiempo y el espacio.

Comenzaré por describir varios objetos relacionados ante todo con el Estilo Tairona. El primero muestra un pájaro, probablemente ave rapaz, con grandes alas desplegadas en forma de hoz. Bajo ellas, contra el cuerpo, pero aún encima de la cintura, hay dos cabezas de aves, pequeñas, y con crestas cortas paradas. Es notable que estas dos cabecitas sean por su trazo muy diferentes del pájaro central; son más abstractas, más irreales, por decirlo así. Como veremos de aquí en adelante, las dos cabezas laterales pertenecen a animales auxiliares del chamán, a pájaros que le ayudan en el proceso de levitación. La zona central del pájaro básico lleva un ancho cinturón constituído por una franja horizontal que ostenta un motivo geométrico repujado, el cual consiste de una banda de triángulos formados por cortas líneas paralelas.

Aquí caben varios comentarios. En primer lugar, el cinturón es un elemento cultural; el cinturón humaniza al pájaro. Evidentemente, el cinturón es una prueba de que no se trata de un pájaro sino de un hombre, un chamán que asume la forma de un pájaro y con ella la capacidad de volar. En segundo lugar, el detalle gráfico del cinturón no deja reconocer con plena claridad su relación con las cabecitas abstractas laterales. Forman estas parte del cinturón? Resalta así mismo el hecho de que el motivo de triángulos en zigzag, iconográficamente simboliza una culebra venenosa, por lo menos a los ojos de los indios Kogi. ¿Se podría sugerir entonces que este detalle del icono representa el llamado cinturón serpentino, ese elemento tan conocido en el arte prehistórico americano? (12)

Por último, la cola está bifurcada y se extiende en dos amplios cuerpos que parecen la cola desplegada de un tijereto.

Es muy parecida la próxima pieza, con excepción de dos pequeños detalles: las cabecitas de los pájaros auxiliares forman siluetas y ya no están adheridas totalmente a las alas del patrón básico del ave central; además, el motivo gráfico del cinturón aparece algo modificado, aunque posee la misma banda de triángulos que la del anteriormente descrito.

Otro objeto similar se distingue por algunos detalles: sus alas son casi de forma circular y además, el pájaro lleva tres sartas decorativas, dos en el cuello y una como cinturón. Tanto esta como las piezas que le siguen inmediatamente carecen de representaciones de pájaros auxiliares. El próximo icono muestras alas más alzadas como en forma de guadañas, acercándose mucho a la tipología de piezas centroamericanas. Dos largas plumas salen lateralmente de la cabeza; los ojos del pájaro están indicados por espirales discoidales de alambres, detalle tecnológico-iconográfico que encontraremos con frecuencia en todo Colombia; también se representan las garras del pájaro.

En las piezas que siguen observamos detalles tales como el ave de pico ganchudo (Fregata magnificens), las crestas en la cabeza, las espirales divergentes y otros. La posición y forma de alas y colas varían ocasionalmente, pero el patrón básico permanece el mismo. Collares y cinturones siguen indicando el componente humano de la figura.

Vemos luego ejemplos de iconos con dos o más cabezas, todos llevando collares y cinturones; algunos poseen argollas en el extremo del pico de donde estaban suspendidas pequeñas placas móviles. Un fragmento de una pieza con dos cabezas adornadas con pequeños tocados semicirculares y cuerpos de ave, posee piernas y pies marcadamente antropomorfizados.

De extraordinario interés son los siguientes iconos. En el primero, (Fig. 111) sobre la silueta del patrón básico plano, se representan cuatro aves en hilera, adornados con dobles collares; sobre la cabeza de cada pájaro está sentada una figura humana. Se trata de personajes que tienen puestos cascos con viseras y alitas laterales, collares, orejeras y bezotes; sus manos descansan sobre las rodillas, en una posición muy rígida y los brazos están totalmente demacrados; pareces pues tratarse de un grupo de chamanes, en su vuelo iniciático. Nuevamente aparecen debajo de las alas curvas del patrón de base, dos estilizaciones de pájaros auxiliares; un ancho cinturón horizontal a través del patrón está decorado con una hilera de motivos geométricos esencialmente triangulares. El estilo de las figuras humanas y aves es netamente tairona pero la forma del patrón básico puede ser tanto muisca, como tairona, ya que la segunda pieza (Fig. 112) es muy similar ostentando una hilera de seis pájaros, pero sobre cuyas cabezas y aún sobre las alas del patrón básico, están sentados ocho chamanes muisca, en su característica posición ritual, de cuclillas, con los brazos sobre las rodillas. Los pies de los pájaros son humanos, y de los picos cuelgan seis discos móviles, articulados por pequeñas argollas. El cinturón lleva la misma decoración linear de triángulos. Lo curioso es que esta pieza, tan parecida a la anterior, haya sido encontrada cerca de la laguna de Guatavita, es decir en el lugar más sagrado del territorio muisca. Sabemos que los Muiscas y los Tairona prehistóricos tenían relaciones de intercambio comercial de cuentas de collar, de esmeraldas y caracoles marinos, facilitadas sin duda por el hecho de hablar idiomas pertenecientes a la misma familia lingüística chibcha, pero la alucinatoria relación entre chamanes puede ser algo nuevo y arroja una luz interesante sobre esta situación de contactos entre la Costa y el interior andino.

Las últimas tres piezas muestran el Estilo Tairona, sobrecargado de detalles, representando la Fregata magnificens, acompañada por cabezas estilizadas de pájaros auxiliares y adornadas con collares. Varios ejemplos tienen pies humanos; otro muestra las dos espirales divergentes y todas las placas del patrón básico llevan cinturones y sus colas bifurcadas. Un ejemplar ostenta tres pares de animales auxiliares, dos de aves de pico largo, curvo y agudo, pero el tercer par de cabecitas abstractas, al lado de la cabeza central, parecen ser de reptiles muy estilizados, que tienen las narices respingadas y muestran los dientes.

Otra variante consiste en ejemplares del Icono A que se relacionan con el Estilo Muisca. El patrón básico se caracteriza por dos detalles formales: en muchas piezas, la cola se despliega lateralmente de tal modo que forma una línea basal recta horizontal; en otras la cola se bifurca en dos partes anchas que parecen ser las piernas del Hombre-Pájaro. Una característica de las piezas del Estilo Muisca es el gran tocado semicircular que llevan tanto las figuras ornitomorfas como las antropomorfas. La técnica del calado sugiere nuevamente un adorno plumario (13) En muchas piezas se observan las cabezas estilizadas de aves auxiliares, generalmente debajo de las alas y mirando hacia arriba; los cinturones están casi siempre bien marcados.

Dos grandes piezas, planas, con caras humanas en el centro y con cinturones elaborados, muestran un patrón básico que se relaciona con una variante muy especial del Icono A. En este patrón, las alas anchas, casi circulares, se arquean hacia abajo y fusionándose con la cola, llegan a formar una silueta parecida a un corazón. Los dos objetos muisca parecen anunciar esta abstracción del patrón ornitomorfo. Sea dicho que una de estas piezas muisca de cara humana lleva una nariguera en forma de “parrilla”, objeto que se encuentra como  adorno o insignia en algunas otras representaciones de arte chamanístico, pero sobre cuyo significado desconocemos todo. La transformación del pájaro al hombre se observa claramente en muchos ejemplares. Hay algunas piezas muy pequeñas, antropomorfas pero aladas, que parecen haber formado parte de collares.

Desde un punto de vista de iconografía chamanística son de interés ciertas piezas que no representan el patrón ornitomorfo básico, pero que repiten las cabezas estilizadas de pájaros, tan frecuentes en el Icono A. Por ejemplo, varios objetos triangulares planos, sobre cuyo uso o significado no sabemos nada, llevan lateralmente hasta cuatro de estas cabezas de aves de pico corto y curvo, estando además decorados con discos colgantes o con las “parrillas”. El mismo motivo de las dos cabezas enfrentadas se ve en una especie de bastón insignia que tiene así mismo un par de cabezas del mismo estilo, en su extremo superior.

Una variante bien definida del Icono A parece propia del Alto Cauca. En varias piezas es bastante característica la representación de plumas individuales. El elemento antropomorfo está muy marcado; las aves llevan cinturones y piernas humanas o, en su transformación, poseen caras humanas con narigueras discoidales y adornadas con un tocado calado. Algunos objetos son muy elaborados y constituyen verdaderas obras maestras del arte chamánico; en ellas el patrón ornitomorfo básico se ha modificado de tal modo que la cola desplegada del ave ha llegado a convertirse en un cuerpo semilunar, mientras que el elemento alado se volvió un gran tocado bifurcado. La figura central es un hombre que lleva una máscara de ave y que está acompañado por dos o más animales auxiliares. En varios casos se ven dos animales fantásticos que aparentemente sostienen los brazos del chamán enmascarado; tienen cabezas de pájaro, con crestas, con la cola enroscada hacia arriba, tal vez una combinación de cuadrúpedo y ave. Una de estas figuras está acompañada por cuatro pequeños seres antropomorfos cuyas cabezas consisten de dos espirales, talvez indicando sólo los ojos o las orejas. Tanto las figuras centrales como los pequeños acompañantes muestran las pantorrillas deformadas, muy hinchadas a causa de las fuertes ligaduras bajo las rodillas y encima de los tobillos. Esta deformación de las pantorrillas se observa en algunos casos en la arqueología colombiana y podría relacionarse con un ciclo de mitos que cuentan cómo de aquella pantorrilla nació una criatura, un héroe cultural, fundador de linajes u otro personaje. (14)

Dos figuras llevan un complejo adorno sobre la cabeza, que consiste en una especie de aureola formada por elementos geométricos finamente trazados. Este adorno es estilísticamente muy parecido a ciertas joyas de trabajo calado, procedentes de la región de Pupiales (Nariño). Ilustramos una de ellas para llamar la atención sobre esta relación.

Una variante de gran interés del Icono A, consiste de un grupo de figuras relacionadas con el llamado Estilo Tolima. Se pueden distinguir dos categorías; la una que muestra figuras humanas aladas y con cola bifurcada, y la otra que muestra figuras, generalmente pequeñas, con extremidades típicamente angulares. En ellas las colas se confunden con las piernas de un patrón antropomorfo y las alas se han convertido en brazos. Las cabezas a veces son humanas y llevan coronas, en otras ocasiones son de aves, y a veces consisten de un par de espirales. Generalmente se trata de figuras planas.

Del occidente del río Sinú procede otra variante. Son figuras de tronco alargado y cabeza humana, adornada con un gran penacho en forma de alas. A lo largo de ambos lados del cuerpo salen simétricamente una serie de aletas curvas, cuyo número varía. Son formas extrañas que a veces quizás se parecen a pescados, a veces a insectos, pero en ellas hallamos el tema de la transformación de un hombre alado. También hay pequeños detalles iconográficos que ya conocemos: el cinturón, las espirales divergentes, el tocado que se bifurca.

     Hemos observado dos categorías de representaciones muy abstractas del Icono A, la una (y más importante) en forma aproximada de corazón y la otra, en forma de greca. Me referiré primero a la en forma de corazón.

El gran arqueológo francés Leroi-Gourhan, recién fallecido y quien hizo importantes trabajos a base de series de iconos y de sus transformaciones, escribió la siguiente frase que, para nuestro análisis del Icono A, del Hombre-Pájaro, es fundamental. Dice así: “Uno de los obstáculos más frecuentes en el estudio general de figuraciones es el paso de una forma a la otra cuando el artesano ha dejado de entender el tema que el reproduce”. (15) Lo cual es precisamente el caso de esta categoría. Su forma básica se puede describir así: las alas son anchas y se arquean en dos grandes curvas, primero levemente hacia arriba y luego hacia afuera y abajo. La cola, en cambio, se despliega en un semicírculo y se fusiona con las puntas de las alas. Puede que haya rasgos adicionales: caras, cinturones, espirales, calados y elementos gráficos pero hay un momento cuando evidentemente el orfebre ya no sabía nítidamente que estaba representando a un Hombre-Pájaro y creaba abstracciones que entonces no dejaban reconocer el patrón básico ornitomorfo.

En las primeras dos figuras distinguimos todavía el patrón subyacente: la cola desplegada, las alas ya reemplazadas por el gran tocado y la cara del personaje central, del chamán, con su nariguera y su colllar. Lateralmente sobresalen las cabezas de los pájaros auxiliares estilizados; tienen perforaciones que indican los ojos y crestas en la cabeza. Pero aquí hay una especie no de ilusión óptica sino de reinterpretación: las cabezas encrestadas de las aves auxiliares se convierten en las manos de una persona. Así, poco a poco desaparece el elemento humano y lo que permanece es un gran tocado bifurcado y un extremo inferior en forma semicircular, éstos separados por una cintura, pero todo ya tan abstracto que finalmente el Hombre-Pájaro queda reducido a un esquema, a un signo.

Hay algunas piezas extraordinarias; una es de indudable Estilo Muisca y muestra una cara humana central que lleva un casco ornitomorfo. Varias figuritas tridimensionales, no identificables, llevan “parrillas” articuladas. Una pieza muestra un caimán como figura central, con una cara más bien humana. (16)

No cabe duda que el Icono A y sobre todo su variante en forma de corazón, tiene muchos paralelos con la orfebrería del Estilo Calima. Basta con ver las ilustraciones de Pérez de Barradas para reconocer estas semejanzas estilísticas. Aquí ilustramos una sola pieza Calima, en forma de corazón que, en mi criterio, representa el patrón ornitomorfo básico, con alas y cola fusionadas en una silueta compacta, con la cara del chamán en el centro. Lleva una nariguera en la cual está representado —típicamente en forma abstracta— su animal auxiliar, el jaguar. (17)

La figura humana ilustrada aquí lleva en su pecho un adorno en forma de corazón. La otra figura, superpuesta a una placa (rota) del patrón básico, ostenta un pectoral cuya parte superior tiene forma de corazón, mientras que la inferior deja aún reconocer la cola desplegada del ave.

     Aquí cabe anotar que sobre la carretera que lleva de El Espinal (Tolima) al departamento del Huila, yace una gran roca, la Piedra de Aipe, cuya superficie está cubierta de petroglifos. Algunos de ellos muestran claramente los contornos del Hombre-Pájaro. Más hacia el sur, en San Agustín, hay una estatua en cuya espalda está esculpido el Icono A, del vuelo chamánico; tiene claramente el pájaro de cola desplegada y, debajo de la curva de las alas, que llegan a formar un corazón, se ven las cabezas estilizadas de los pájaros auxiliares. (18)

La última variante del Icono A que trataré en este capítulo es aquella en que el patrón básico ornitomorfo se encuentra reducido a la forma elemental de una silueta de reloj de arena; la parte superior representa las alas y la inferior la cola desplegada. A veces se ve la cabeza de un pájaro o ésta consiste de dos espirales divergentes. Las cabecitas de las aves auxiliares apenas se indican por pequeñas salientes laterales. A veces se marca un cinturón y el uso de la técnica del calado continúa sugiriendo el plumaje. Son objetos pequeños, de manufactura burda, pero aún en ellos se manifiesta la presencia del Hombre-Pájaro.

Fuera de las variantes del Icono A aquí descritas, existe un buen número de representaciones del vuelo chamánico que no encaja bien en las categorías mencionadas. Seguramente, encontrarán su lugar en algún esquema clasificatorio pero eso será una tarea para el porvenir. Se ilustran una serie de piezas que complementan y enriquecen el material presentado hasta aquí. Son de variadas formas, estilísticamente muy diferentes, pero en todas se observan los temas de la transformación y del vuelo. Así mismo se repiten los detalles iconográficos: las cabezas de aves auxiliares, los tocados, los cinturones, las colas bifurcadas y otros más. Algunas de estas piezas son extraordinarias, en especial el chamán bicéfalo, con un cráneo en la parte superior y una cabeza humana, de un viviente, en el extremo inferior. Otra pieza muestra un murciélago con cara humana.

La gran variedad de representaciones del vuelo extático del chamán, tema tan central en la orfebrería precolombina pero que simplemente pasó desapercibido hasta ahora, ofrece en el futuro un gran campo de investigación que promete resultados de sumo interés. El primer paso debería ser entonces la recopilación de un corpus iconográfico completo que ilustre y documente, hasta donde sea posible, las piezas dispersas en museos y colecciones, en todo el mundo. (19)

 

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12. Sobre la importancia iconográfica de cinturones en objetos arquitectónicos de Panamá, véase, por ejemplo, el trabajo de Helms  (1977), pp. 95-97 (regresar12)

13. Las grandes coronas de plumas, sobre todo aquellas que forman un extenso círculo o rueda detrás de la cabeza, tienen un complejo simbolismo, por ejemplo entre los Kogi y Tukano, en el cual cada pluma y cada color tienen un significado preciso. En una imagen que usan los indios, la corona simboliza los rayos del sol y en otra imagen, la corona representa una aureola luminosa que se dice emanar de chamanes de alto poder. Una función muy importante de las grandes coronas multicolores, podría ser la de causar o, por lo menos, estimular, estados alucinatorios en un grupo de bailarines o espectadores, ya que el vaivén rítmico y el brillo de los colores iridiscentes pueden tener un efecto muy fuerte sobre los participantes en un ritual que conlleva trances extáticos. Ya mencioné el posible efecto de las pequeñas placas colgantes en muchos objetos de orfebrería precolombina. Algunas referencias bibliográficas serían: Ferraro & Nicola & Ferraro (1986); Hussák (1980); Ferraro 11980-1981; 1981); Zerries (1977).  (regresar13)

14. El tema mítico de la “pantorrilla preñada” existe entre los Chamí, Emberá, Noanamá, Yanomémi y Otros. Véase, entre otros, Zerries (1964), pp. 273-275; Lizot (1975)  (regresar14)

15. El texto original dice: “Un des accidents les plus fréquents del l’étude générale des figurations est le passage d’une forme une autre lorsque l’exécutant a cessé de comprendre le théme qu’il reproduit”. (Leroi-Gourhan, 1983, p.12), (regresar15)

16. Pérez de Barradas (1954; 1955; 1965-1966) fué el primero en agrupar estas piezas en una categoría que él designó como “pectorales acorazonados” pero sin darse cuenta de su significado chamánico-ornitomorfo. Falchetti (1978) utilizó el mismo término pero tampoco trató de interpretar las piezas. Pérez de Barradas ilustra una serie de piezas, dando sus procedencias, pero no logré localizarlas en el Museo del Oro, con excepción de una: MO 2809. Las procedencias que Pérez de Barradas cita, son las siguientes:

No. MO: Procedencia

421
2807
2808
3185
69
1121
4233
6593
5280
5281

Ríosucio (Caldas)
Quindío
Quindío
Quindío
Quindío
Corinto (Cauca)
Inzá (Cauca)
Neira (Huila)
Honda (Tolima)
Honda (Tolima)


Falchetti (1978) cita las siguientes procedencias: Armenia, Restrepo (Valle), Tolima, Monte Líbano (Córdoba), San Agustín y Boyacá, pero desafortunadamente no da los números del inventario del Museo del Oro. (regresar16)

17. Un buen ejemplo del Icono A, del vuelo chamánico, Estilo Calima, está ilustrado en Pérez de Barradas (1954, Fig. 10) y procede de Armenia. Otras piezas calima serían, por ejemplo, Pérez de Barradas (ibid., Fig. 9; Lámina 165, MO 5747; Lámina 203, MO 6669) y varias otras. (regresar17)

18, La estatua que mide 1.82 mts. de alto, se encuentra en el llamado Bosque de las Estatuas. El personaje lleva dos mazas en las manos. Sus cejas y ancha nariz parecen imitar la silueta del pájaro con alas y cola desplegadas. Otra estatua humana, acompañada por dos cabecitas laterales, lleva en la espalda un triángulo esculpido que podría compararse con los triángulos de oro, con cabezas de aves y placas colgantes. Desde luego, todo el arte escultórico de San Agustín está saturado por la iconografía del mundo chamánico y sólo podrá entenderse en función de él.   Otra escultura de San Agustín, que se encuentra en el museo local, registrada bajo el número 96, representa una persona llevando a la espalda dos grandes alas plegadas, que forman un corazón.(regresar18) 

19. Masón (1936, Plate CXLV, Fig. 1) ilustra el Icono A, procedente de la tumba número 3 de Nehuanje, una bahía al este de Santa Marta. Del mismo Sitio procede un objeto que muestra un chamán ataviado y acompañado por dos pájaros. Una figura de oro, de un chamán acompañado por tres aves, también es de Nehuanje (Mason, Plate CXLVIII, 10, pp. 262-263). El mismo autor (ibid., Plate CL) ilustra dos ejemplares del Icono A, de la región tairona, que se encuentran en el Museum für Völkerkunde, en Berlin. Otro ejemplar del Icono A proviene de Bonda, cerca de Santa Marta (Masón, 1936, Plate CLVIII, Fig. 5, p. 265). Masón se dió bien cuenta del patrón tripartito de estas figuras aladas (ibid. p; 263). Para Panamá, véanse, por ejemplo, Lothrop (1937, Plate 1, a, r; Fig. 151, a. c; Figs. 152, 153, 1 55b, c. Algunas de las placas repujadas de oro, de Coclé, muestran figuras que, a mi parecer, se relacionan con la imagen del chamán en vuelo, por ejemplo, Lothrop (1937, Fig. 90); obsérvense el cinturón y los animales auxiliares. Estas comparaciones se podrían extender a muchas otras piezas de Coclé. El icono de la amphisbaena también es frecuente. Para Veraguas, véanse Lothrop (19501, passim; Fig. la, b; Fig. 24; Fig. 69 a, b; Fig. 72 a-f; 73, a.g; 74; Fig. 75; Fig. 56, a, b, c; Fig. 77, a, b; Fig. 78, a-c; Fig. 110, a, d, e-g; Fig. 111; Hg. 113 a-c; Hg. 114, a-b; Fig. 115; Hg. 118, a-d.  (regresar19)

 

 

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