- COLOMBIA PREHISPANICA
Regiones arqueológicas
Instituto Colombiano de Antropología e Historia
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II. Valle Intermedio del Río Magdalena
Gilberto Cadavid
ÍNDICE
Llanos del Huila y Tolima
Subregión comprendida entre la desembocadura del río Bogotá y los raudales de Honda y Barrancabermeja
Subregión comprendida entre los raudales de Honda y Barrancabermeja
Subregión comprendida entre Barrancabermeja y Morales
Balance general de la región
Se denomina Valle Intermedio del río Magdalena al área comprendida entre la ciudad de Neiva, capital del departamento del Huila y el municipio de Morales, en el departamento de Bolívar, incluyendo las llanuras laterales que conforman el respectivo valle por debajo de los 1.500 metros entre Neiva y Girardot, para luego conservar la cota de los 1.000 metros hasta Morales. El río Magdalena en esta región tiene un recorrido aproximado de 700 kilómetros, presentando una diferencia de altura entre los dos puntos extremos (Neiva y Morales) de 456 metros. La región se subdivide en cuatro sub-regiones, de sur a norte, de acuerdo al curso del río.
Llanos del Huila y Tolima
Esta subregión se extiende a lo largo del valle del Magdalena entre las ciudades de Neiva y Girardot, y comprende los llanos secos de los departamentos de Huila y Tolima, valles y montañas del río Saldaña y la vertiente al Magdalena de la Cordillera Oriental colindante con el páramo de Sumapaz. Se caracteriza por el recorrido del río sobre un valle relativamente estrecho, que se amplía en su banda izquierda a la altura de Natagaima, mientras que en su margen derecha, el valle no supera en ningún punto los 25 kilómetros de anchura.
El río Magdalena recibe en esta subregión, numerosos afluentes entre ellos el Baché, Aipe, Saldaña, Coello, Las Ceibas, loro, Fortalecillas, Bateas, Villavieja, Cabrera, Yaví, Cunday y Sumapaz.
Investigaciones Arqueológicas
G. Reichel-Dolmatoff (1943) describe los hallazgos de urnas funerarias en el Valle del Magdalena desde Tamalameque hasta El Espinal, e identifica cierta uniformidad en la concepción fundamental de los patrones funerarios en torno a ese elemento común que fue la urna para entierro secundario. En estos sitios, se señala un horizonte cerámico muy definido a lo largo del valle del Magdalena, que aún cuando presenta variaciones locales, parece pertenecer a grupos étnicos muy homogéneos de filiación karib.
Para esta subregión de las llanuras del Huila y Tolima, se identificaron los sitios de Espinal y Ricaurte. El primero de estos se encuentra localizado en territorio ocupado por los pijao en el momento de la conquista, el cual aportó urnas funerarias de forma esférica, en cuya parte superior se encuentran representaciones de una cara humana en alto relieve. Sus tapas consistían en platos circulares pandos sin ninguna decoración; en Ricaurte, ya en territorio Panche, se hallaron numerosas urnas de forma semiesférica a veces enterradas en grupos, cuya tapa consiste en un casquete pando de características similares a las del Espinal.
Por su parte, Julio César Cubillos, excavó en 1945 en Rioblanco cerca a Chaparral (Tolima), un sitio parcialmente alterado por la acción de los guaqueros, en donde se observaba una apreciable acumulación de material cultural con una profundidad oscilante entre los 1.60 y los 2.50 metros. En este depósito encontró algunas piezas de oro que se relacionan técnica y estilísticamente con la orfebrería quimbaya, así como abundante cerámica de dos clases muy típicas de la región del Magdalena Medio.
En 1954, Julio César Cubillos y Víctor Bedoya, efectúan un trabajo de salvamento en el sitio La Jabonera sobre el río Magdalena, en inmediaciones del Espinal. Se trataba en este caso de un amplio basurero con intrusiones de tumbas, localizado sobre una terraza paralela al río, que había sido alterada parcialmente durante los trabajos de construcción de una carretera veredal. Para efectos de excavación, y teniendo en cuenta el limitado tiempo disponible, se utilizó una motoniveladora que profundizó hasta los 0.40 metros, hasta encontrar algunos pisos de vivienda, abriendo así mismo trincheras de control que no dieron tampoco posibilidades estratigráficas pues se trataba de una misma capa cultural homogénea en todo el sitio. Sin embargo, se canalizaron 206 fragmentos cerámicos que mostraron una estrecha relación tipológica en la cerámica de los demás sitios arqueológicos situados entre La Jabonera y Puerto Wilches. Datos adicionales aportados por los trabajadores de la carretera que alteraron el sitio en cuestión, establecen que algunas tumbas saqueadas eran de pozo con pequeña cámara lateral que contenían urnas funerarias para entierro secundario, pero no se mencionan sus rasgos característicos.
En la zona de Santa Ana (Huila), en el año de 1972, los arqueólogos norteamericanos Thomas Myers, L.B. Bruillard y S. Hunter de la Universidad de Indiana, realizaron un trabajo preliminar, en el que ubicaron cerca de 50 sitios arqueológicos de diferentes tipos. Se destaca entre éstos el Abrigo de Salamanca, que no llenó las expectativas estratigráficas puesto que todo el material cultural se halló en un solo estrato uniforme de 30 centímetros.
Durante este trabajo identificaron 4 tipos de cerámica, herramientas líticas en chert de manufactura muy simple y dos narigueras sencillas de oro. Los autores definen para la región del Alto Cabrera dos fases: temprana (aproximadamente 500 años d.C.), que se denominó Fase Salamanca que corresponde a un patrón de asentamiento disperso y la Fase Moderna (aproximadamente 1.700 años d.C.) que se caracteriza por un patrón de asentamiento nucleado.
Gonzalo Correal efectúa en 1976 exploraciones arqueológicas con el apoyo de FIAN y de la Universidad Nacional, trabajo este en el que cubre una extensa zona que incluyó los departamentos de la Guajira, Cesar, Magdalena, Bolívar, Sucre, Córdoba, Huila y región del valle del Magdalena, obteniendo como resultado la identificación de 21 sitios correspondientes a la etapa lítica, además de sitios cerámicos y áreas con pictografías. Para tal efecto se exploraron especialmente las terrazas altas en proximidades de ríos, sectores aledaños a la ciénagas, abrigos rocosos, cuevas, mesetas y valles aptos para la supervivencia de grupos cazadores-pescadores-recolectores . En estas áreas se ubicaron industrias de chopper y chopping tools no definidas anteriormente en el país, concentradas especialmente en un sector que incluye el Magdalena Medio hasta el Huila.
En esta subregión, se ubicaron sitios en inmediaciones de Neiva y en la región de Villavieja, sobre terrazas pleistocénicas altas. Se registraron estaciones con alta densidad de elementos líticos, correspondientes a estaciones temporarias abiertas, de grupos muy densos de cazadores-pescadores-recolectores.
En el sitio denominado el Hotel (en cercanías de Neiva) los elementos líticos corresponden a desechos de talla o lascas atípicas con bordes de utilización y lascas concoidales. Esta misma situación se repite en los sitios de La Argentina (cerca a Neiva), San José I y Pachingo en Villavieja. Sus características son comparables a las anteriormente registradas para el sitio Hacienda Boulder.
Arnold Tovar en 1980 realiza su trabajo de tesis en el Cañón de Anaime (municipio de Cajamarca), en un sitio correspondiente a un tambo de vivienda localizado sobre vertiente. El material cerámico obtenido se clasificó en un sólo tipo, y corresponde a elementos cerámicos de uso doméstico, que por su decoración guardan cierta similitud, según el autor, con la cerámica del Período yotoco y de la Fase Sonso de la Cordillera Occidental. En la misma zona de Anaime ubicó varias tumbas agrupadas, en cuyo interior encontró restos humanos deshechos por la humedad.
En 1982, el arqueólogo Alvaro Botiva del ICAN, efectuó un trabajo de Arqueología de Salvamento en cercanías de Neiva, en predios del campamento de HOCOL (Houston Oil Colombiana S.A.). Se trató en este caso de ocho estructuras funerarias, seis de las cuales habían sido alteradas casi en su totalidad por maquinaria pesada y por trabajadores de la empresa.
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Las estructuras en cuestión fueron construidas en un estrato correspondiente al relleno aluvial del río Magdalena, que por sus características permitió dar a estas tumbas un acabado muy elaborado especialmente sobre las paredes, en las cuales se hicieron grabados de figuras zoo y antropomorfas estilizadas, así como diseños geométricos varios. Las tumbas son predominantemente de pozo con cámara lateral de planta rectangular y poco profundas.
El trabajo de salvamento se concentró en dos tumbas encontradas en buen estado, que aportaron valiosos datos sobre las prácticas funerarias de esta región. En la tumba identificada como No. 3, se hallaron restos óseos muy deteriorados de ocho individuos adultos, además como ajuar funerario 7 volantes de huso, 2 narigueras circulares y una lámina de oro. La tumba No. 7 presentó una situación bastante confusa en donde sólo fue posible delimitar el pozo, puesto que la cámara o bóveda estaba derrumbada, encontrándose en su interior restos humanos muy deteriorados además de huesos de pequeños roedores y aves, un volante de huso y algunos fragmentos cerámicos.
En 1984, Arturo Cifuentes practica su trabajo de tesis en inmediaciones del Espinal en la Vereda Montalvo. El objetivo de este trabajo fue el de rastrear una tradición alfarera típica del Magdalena Medio sobre las márgenes de los ríos Bogotá, Coello, Sumapaz y Saldaña, con el fin de determinar posibles poblamientos o avances de grupos provenientes del Magdalena. El investigador encontró afinidades estilísticas de una tradición cerámica que puede tener relaciones con la Sabana de Bogotá durante el período Herrera, además el material obtenido sirvió de base para establecer posibles relaciones con otros sitios encontrados anteriormente en El Espinal (La Jabonera), Honda, Guarinó y Quininí.
Subregión comprendida entre la desembocadura del Río Bogotá y los Raudales de Honda
Como límite superior del valle se tomó la cota de nivel de los 1.000 m.s.n.m. En este sector, el río tiene un recorrido de 145 kilómetros, mientras que el valle presenta una longitud de 105 kilómetros. Girardot, en su extremo sur está a 289 m.s.n.m., en tanto que los raudales de Honda a 220 m.s.n.m. presentan un desnivel de 69 metros.
Se puede concluir que se trata todavía de un valle intercordillerano estrecho, puesto que a esta altura no sobrepasa los 40 kilómetros de anchura. Presenta, sin embargo, diferentes características sobre cada una de sus bandas, siendo así que la izquierda es bastante regular, con una anchura promedio de 20 kilómetros; por su parte, la margen derecha se estrecha sensiblemente a partir de la desembocadura del río Seco, presentando numerosas digitaciones y colinas bajas que mueren a menos de 10 kilómetros del río.
Desembocan al Magdalena los siguientes tributarios sobre la margen izquierda: Río Coello, Río Totaré, quebradas Agua Blanca, Tantan, La Pena, ríos Lagunilla y Guamo, Quebrada Seca y río Gualí; sobre la margen derecha, los ríos Bogotá, Seco, Seco de Palmas y varias quebradas y arroyos menores.
Los suelos son altamente productivos, por tratarse de llanuras aluviales, así como de abanicos aluviales provenientes especialmente de la Cordillera Central. La vegetación predominante hasta los 500 m.s.n.m., que representa las 3/4 partes de la extensión de este sector, corresponde al bosque seco tropical; por encima de los 500 m.s.n.m. y hasta los 1.000 predomina el bosque húmedo premontano.
Investigaciones Arqueológicas
En 1943, G. Reichel-Dolmatoff en su trabajo en esta zona destaca la presencia de urnas funerarias en los siguientes sitios:
Girardot, en donde reseña urnas de características muy similares a las de Ricaurte (subregión de las Llanuras del Huila y Tolima).
Guarinó, zona limítrofe entre los territorios Pantágora y Panche, en la que se han hallado numerosos sitios de enterramiento de urnas funerarias con tapa. El autor estudió un grupo de nueve urnas y diez tapas, fuera de contexto original. Se trata de urnas altas, de forma cilíndrica, base redondeada, de cuerpo ovoidal u ovoidal achatado. Las tapas tienen representaciones zoo o antropomorfas sentadas en un banquito. Comparten muchos rasgos distintivos con las reseñadas para el río La Miel.
Región de Honda, territorio ocupado por los Panches en el momento de la conquista, en donde se reportaron urnas en las localidades de Arrancaplumas, Pescaderías y mesuno. Se trata en estos casos de urnas funerarias de cuerpo subglobular achatado con cuello corto y boca ancha. Las tapas correspondientes no fueron definidas en su estilo, por encontrarse tan sólo fragmentos de éstas. Conviene destacar sin embargo que en la localidad de Arrancaplumas se identificó cerámica fitomorfa en asocio a otras formas y decoraciones muy variadas, no muy frecuentes en otros sitios.
En 1969, Gilberto Cadavid C., excavó en dos extensos basureros pertenecientes a zona de habitación cercanas al río Magdalena, en los sitios de Calzón de Oro y San Germán, al norte del municipio de Honda en área ocupada por el grupo Panche en tiempos de la conquista. Los basureros en cuestión, a pesar de estar distanciados tres kilómetros entre sí, presentan un material cerámico y lítico homogéneo, tanto en su tipología como en su frecuencia. Sobresale dentro de la cerámica la alta proporción de fragmentos decorados, superior al 25% del total. En sí, este material es muy característico de esta región y se extiende con rasgos muy similares hasta las regiones de Antioquia y Santander, sobre el río Magdalena.
En 1976, Marianne Cardale, realizó investigaciones en Pubenza (Tocaima). Para tal fin efectúa cuatro cortes en lo que parece ser el resto de una tenaza aluvial erosionada hace mucho tiempo. Encuentra gran cantidad de cerámica de formas muy variadas, que clasifica dentro de tres tipos diferentes. En el mismo sitio encuentra una industria lítica en chert trabajada por percusión, así mismo ubica restos óseos de conejos, aves, iguanas, venados, roedores pequeños y caracoles de dos especies diferentes.
Cerámica muy similar a la de Pubenza se ha ubicado en cerro Coloma (municipio de Jerusalém), en el sur de la Sabana de Bogotá, Cerro Quininí y en Pasca. Estilísticamente presenta alguna relación con la cerámica de Arrancaplumas (Honda)y la del Espinal. El sitio de Pubenza está dentro de la zona ocupada por el grupo cultural Panche, pero la autora se cuestiona si pertenecía a este grupo, debido a la antigüedad de las fechas de C-14 obtenidas.
En 1978, Cecilia de Hernández trabajó para su tesis de grado en un asentamiento Panche, en la localidad de Armero (Tolima). Para tal efecto excava un área de 256 metros cuadrados, aparte de cortes efectuados en el sitio denominado La Capilla. El material cultural consistió en numerosa cerámica y líticos en chert, material que es típico de esta zona del Tolima.
Cecilia de Hernández y Carmen A. de Fulleda en 1982, excavan en un sitio localizado en la confluencia del río Guaduero con el río Negro, en inmediaciones del municipio de Guaduero (Cundinamarca). Abrieron tres pozos de sondeo en un basurero que, según las autoras, correspondería a un taller cerámico de una cultura del período formativo, que se fue desarrollando a lo largo de los siglos, presentando una densa acumulación de material, que se definió como muy uniforme en toda su profundidad, y que permitió distinguir 22 formas cerámicas diferentes.
Subregión comprendida entre los raudales de Honda y Barrancabermeja
Para esta subregión se ha delimitado la cota de nivel de 1.500 m.s.n.m. Entre sus puntos extremos, el río tiene un recorrido de 260 kilómetros, el valle una longitud de 220 kilómetros. Los raudales de Honda se encuentran a 220 m.s.n.m. y Barrancabermeja a 75 m.s.n.m., presentando un desnivel en el curso del río de 145 metros.
Como en la anterior subregión, el valle presenta características diferentes sobre las respectivas vertientes de las Cordilleras Oriental (banda derecha) y Central (banda izquierda).
Sobre la banda derecha, a la altura de los Saltos o Raudales de Honda, el valle tiene apenas 10 kilómetros de anchura sobre la cota de los 1.000 m.s.n.m., más al norte se va abriendo poco a poco en las cabeceras del río Negro en cercanías de Puerto Salgar, para ampliarse definitivamente en el Territorio Vásquez, alcanzando posteriormente, a la altura de Barrancabermeja, los 60 kilómetros de ancho. En esta banda el Magdalena recibe el tributo de los siguientes cursos de agua: ríos Negro, Palenque, Hermitaño, y Quebradas La Muerta, Carolina y Montoyas, ríos Carare y Opón.
Sobre la banda izquierda, el valle conserva una anchura promedio de 30 kilómetros, desde la desembocadura del río Guarinó, en límites entre los departamentos de Tolima y Caldas; posteriormente, ya en tierras del departamento de Antioquia, el valle presenta un perfil sinuoso sobre las estribaciones de la Cordillera Central, en donde tiene un promedio de anchura oscilante entre los 35 y 40 kilómetros.
Los suelos son variables en fertilidad y capacidad de uso. La vegetación predominantemente es el bosque húmedo tropical y el bosque húmedo premontano; posee una alta precipitación y clima cálido con más de 26ºC.
Investigaciones Arqueológicas
Las investigaciones en el Valle Intermedio del Magdalena se iniciaron en 1942 con Graciliano Arcila Vélez, en la Paz y Alto Opón; reseñó varios cementerios ya guaqueados y algunas cuevas, en las cuales efectuó recolecciones superficiales de material óseo y cerámico, practicando además pequeños pozos de sondeo para determinar la profundidad cultural de los sitios.
El Oro se excavó algunas pequeñas tumbas de pozo, con profundidad promedio de 1.50 metros, en las cuales encuentra un ajuar funerario pobre consistente en cerámica tosca. Concluye del análisis de los materiales obtenidos, que los grupos que habitaron los sitios de La Paz y Alto Opón pertenecían a culturas diferentes.
Reichel-Dolmatoff (1943), menciona urnas funerarias en los siguientes sitios:
Región de Ocaña, en la margen derecha del río Lebrija, área en donde se han hallado numerosas urnas que se han atribuido genéricamente a la "Civilización Mosquito". Las urnas en cuestión son de cuerpo cilíndrico alto, bases redondeadas y cuello ligeramente invertido; su tapa es un casquete semiesférico, sobre el cual hay una figura humana sedente, cuyos brazos descansan sobre los músculos en posición natural. Este tipo de urnas también se ha reportado en varias ocasiones en la región de Bucaramanga.
Río La Miel, región que fue habitada por los Pantágora o Palenque. Los hallazgos provienen de dos tumbas de pozo y cámara lateral, que aportaron 142 piezas cerámicas, en las que predominan las grandes urnas funerarias con formas que varían entre ovaladas con cuello cilíndrico, ovoidales achatadas de cuello cilíndrico, subglobulares achatadas de cuello corto y boca ancha y ovoidales achatadas con cuello cilíndrico. Sus tapas se caracterizan por tener representaciones antropomorfas muy realistas, que consisten en una figura sentada en un banquito en posición erguida, en la que se detallan minuciosamente los rasgos de la cara, el adorno personal y la deformación intencional de brazos y piernas. Se presentan también motivos ornitomorfos sobre las tapas. Es muy típica localmente la decoración de pequeñas lentejuelas (vértebras de pescado) adheridas a la superficie de las urnas formando diseños geométricos.
En Puerto Niño se reportaron así mismo, algunas urnas de características idénticas a las de la zona del río La Miel.
IMAGEN
Diez años más tarde en 1946, Eliécer Silva Celis, realizó una inspección arqueológica por el Alto río Minero, en el municipio de Buena Vista (Boyacá), en donde encontró cerámica muy similar estilísticamente a la reseñada anteriormente en las localidades de Honda, Guarinó, La Miel y Ricaurte, con la peculiaridad de encontrar en el mismo sitio cerámica Muisca clásica. El territorio en cuestión era dominado por los Colimas y Muzos, que se acercaba a Chiquinquirá en el momento de la Conquista.
Luisa Fernanda Herrera y Mauricio Londoño, en 1975, efectuaron en Puerto Serviez un trabajo de salvamento arqueológico. Localizaron en esta zona, ocupada en tiempos de la Conquista por el grupo Pantágora, una tumba parcialmente guaqueada en donde encontraron a 6.60 metros de profundidad dos cámaras intactas, con material cerámico consistente en 63 urnas funerarias cuyas tapas estaban fracturadas por el derrumbe del techo de la bóveda, y 63 vasijas más como parte del ajuar Funerario. En algunas urnas hallaron huesos humanos parcialmente calcinados en mal estado de conservación y en otras, restos de armadillos y venados. El material cerámico se clasificó en un solo tipo denominado Habano medio, tipológicamente igual al hallado por Reichel en La Miel.
Gonzalo Correal (1976) investigó en cercanías de Puerto Berrío, las Cuevas de la Gustina, La Enganera y Los Liberales, en formaciones calizas que bordean el curso del río Alicante. En ellas obtuvo pocos elementos líticos, especialmente en chert.
En cercanías de Nare (Antioquia), reseñó el sitio de Portobelo, en donde obtuvo 107 elementos líticos que se caracterizaron por la presencia de raspadores que indican una subsistencia basada en la cacería, lascas concoidales con huellas de utilización para actividades relacionadas con la pesca y raspadores cóncavos para el trabajo de la madera.
Los sitios arqueológicos del Edén y Guayaquil I, en cercanías de Puerto Boyacá (territorio Vásquez) y Bocas de Palagua en inmediaciones de Puerto Serviez, presentan industrias líticas cuya mayor densidad está representada por desechos de tallas, lascas concoidales y navajas laminares que conjuntamente con los cantos rodados indican actividades de cacería y recolección. Iguales características se manifiestan en los sitios del Portal y Pipintá en el departamento de Caldas. Conviene destacar que la pauta de poblamiento para el área que se extiende desde Portobelo (Antioquia) hasta El Portal (Caldas), indica pequeñas estaciones temporales con una baja densidad en líticos, localizados en terrenos semiondulados, colinas y terrazas por encima del nivel de inundación.
El sitio de Puerto Parra, en jurisdicción de Vélez en la confluencia del río Carare con el Magdalena, aportó 210 elementos líticos, especialmente desperdicios desbastados o desechos de talla.
En San Juan I al sureste de Puerto Carare, se hallaron lascas irregulares sin evidencia de utilización, lascas concoidales, núcleos, choppers y raspadores laterales.
Tal vez el sitio más importante de esta subregión está representado por la Estación Paleoindígena de la Ciénaga de Chucurí, localizada a unos 40 metros sobre el nivel del río, en un área plana de 90 por 80 metros. Allí se obtuvieron 1.010 líticos, la mayoría de éstos en chert, consistentes en desperdicios desbastados, lascas triangulares, navajas laminares, lascas prismáticas, raspadores de varios tipos y cantos rodados. El número relativamente alto de utensilios indica por su tipología, que fueron elaborados in-situ y se utilizaron en actividades de limpieza de pescado, y en menor proporción en tareas de recolección.
Carlos Castaño y Carmen L. Dávila excavaron en 1981 los sitios de Colorados y Mayaca, en inmediaciones de Puerto Salgar (Cundinamarca). El sitio de Colorados corresponde a un conjunto habitacional localizado en el Alto de Miraflores, a una altura de 350 a 400 metros, en la que además se encontró una sementera, basureros de pendiente, un taller lítico y cementerios en dos montículos. Por su parte el sitio denominado Mayaca, localizado entre Puerto Salgar y Guaduas (margen derecha del Magdalena) corresponde a un área arqueológica de unos 2.000 metros cuadrados, en la que se detectó un sitio de vivienda de forma oval de 12 por 6 metros, que aportó numeroso material cultural consistente en 14 recipientes cerámicos y varios líticos. Según los autores esta vivienda fue ocupada por un grupo de 10 a 12 personas, de acuerdo a los materiales y disposición interna de los mismos.
Los dos sitios anteriormente mencionados, presentan una distribución espacial y contenido semejantes, en donde se evidencia la ocupación permanente de estos por parte de grupos que compartían una misma tradición cultural, fundamentada en el mismo patrón funerario y los mismos estilos cerámicos. Son especialmente significativas las urnas funerarias, en cuyas tapas se encuentran figuras antropomorfas sedentes, rasgos que son típicos del Magdalena medio, entre Honda y Puerto Mosquito. En estos dos sitios se aprecia, así mismo, el desarrollo de técnicas agrícolas que permitieron a estos grupos ir abandonando paulatinamente los márgenes del Magdalena, e ir ascendiendo hacia el altiplano cundiboyacense.
Por último, Carlos Castaño y Carmen L. Dávila (1984a) con el apoyo de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, efectúan un trabajo de investigación en la hoya baja del río de La Miel, en donde se pudo obtener en diferentes localidades una secuencia que parte desde el período paleoindio hasta la consolidación de los cacicazgos subandinos aunque existen, sin embargo, algunos vacíos temporales en lo referente al formativo temprano.
Las investigaciones permitieron establecer la importancia del río La Miel, en el desenvolvimiento de procesos culturales que pueden relacionarse con otras áreas del país. El material cultural hallado en esta zona permitió a los autores, establecer vínculos con el área Quimbaya, así como la del Ranchería y Cesar, particularmente con los de la Fase de Horno como con otros sitios cercanos del Valle Medio del Magdalena.
Subregión comprendida entre Barrancabermeja y Morales
Para esta subregión se ha conservado la cota de nivel de los 1.000 m.s.n.m., cerrando su perímetro hacia el oeste sobre la divisoria de aguas en la Serranía de San Lucas, bajando por la quebrada Labranza hasta su desembocadura en el Magdalena, frente al municipio de Morales.
En este sector, el río tiene un recorrido de 190 kilómetros, el valle una longitud de 160 kilómetros y el desnivel entre sus puntos extremos es de 25 metros. El valle alcanza en algunos sectores una anchura superior a los 200 kilómetros, presentando un cambio definitivo al tornarse en una llanura inundable. Sobre el margen izquierdo confluyen al Magdalena los ríos Cimitarra y Boque, además de otras pequeñas quebradas de segundo orden. Por la margen derecha recibe el caudal de los ríos Sogamoso, Caño Negro y Lebrija.
En esta zona hay diversidad de suelos que tienen la limitante severa de su carácter inundable. Predominan el bosque húmedo tropical y bosque húmedo premontano, con alta precipitación y clima superior a los 26°C.
Investigaciones Arqueológicas
Zaida Castellanos excavó, en 1975, en inmediaciones de los cultivos de Indupalma en San Alberto (Cesar), un basurero poco profundo, que evidenció una corta ocupación por un grupo del Formativo. El material cerámico hallado se clasificó en cuatro tipos, cuyas formas generales son cuencos, copas y vasijas subglobulares con un porcentaje de decoración superior al 29% y diferente tipológicamente del hallado anteriormente en zonas relativamente cercanas. La autora concluye que este material apenas tiene algunas similitudes con el de Zambrano, y ninguna relación con el de San Lucas, menos desarrollado estilísticamente.
Correal (1977), reseño en esta subregión en el sitio de Ciénaga de San Silvestre (en cercanías a Barrancabermeja), una estación abierta, en la que halló numerosos artefactos, entre ellos, lascas triangulares, navajas laminares, raspadores y choppers.
Roberto Lleras Pérez, investigador del Instituto Colombiano de Antropología efectuó un Trabajo de salvamento en la localidad santandereana de Landázuri en el año de 1983. Se trataba en este caso de un sitio de habitación en el que también se encontraron tumbas de pozo con cámara lateral. La excavación arrojó resultados particularmente interesantes, por la presencia de material cerámico típico del Magdalena Medio (Santa Helena del Opón, La Paz y La Miel), asociado con material clásico Guane al cual se relacionan algunas piezas de orfebrería de láminas recortadas, repujadas y trabajadas a la cera perdida. El autor plantea la posibilidad de la existencia en este sitio de una colonia agrícola Guane, coexistiendo con este grupo del Valle del Magdalena, puesto que en el piso de vivienda excavado el material Guane y Magdalena se encontraba mezclado.
Gilberto Cadavid, en el desarrollo de trabajos arqueológicos en el área Guane en 1982, trabajó esto último, financiado por la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, intentando delimitar el territorio Guane; excavó tres tumbas de pozo con cámara lateral en las que se hallaron varias urnas funerarias para enterramiento secundario. El material cerámico es típico del Magdalena Medio, descartándose la ocupación Guane del territorio de Llano de Palmas (municipio de Rionegro, Santander), confirmando por su parte, la del grupo Yareguí.
Balance General de la Región
El Valle del Magdalena, ruta natural para la migración humana, desempeñó un papel de primera magnitud pues por él se desplazaron en diferentes épocas grupos humanos que, de acuerdo con el momento histórico, poseían diversos grados de desarrollo cultural.
De acuerdo con las investigaciones de Gonzalo Correal sobre la etapa de cazadores-pescadores-recolectores, los primeros pobladores de nuestro territorio ingresaron por el Istmo de Panamá y fueron avanzando hacia la costa, evitando las zonas inundables, desplazándose posteriormente por diversas rutas naturales, una de éstas, el valle del río Magdalena que los conduciría hacia el interior del país.
La localización de los sitios arqueológicos se ha dificultado por el hundimiento progresivo de la cuenca del Magdalena, fenómeno que ha destruido incontables yacimientos. Sin embargo, algunas de las estaciones arqueológicas correspondientes a esta época se encuentran localizadas generalmente sobre terrazas inundables próximas a las ciénagas o confluencia de los ríos, sitios estos que presentan una mayor disponibilidad de recursos. Dichas estaciones corresponden, generalmente, a estaciones temporarias al descubierto, con industrias líticas denominadas de chopper y chooping tools, que presentan algunas variantes locales determinadas por la adaptación a diferentes ecologías. Sitios de este tipo se encuentran concentrados, especialmente, en las ciénagas aledañas al río Magdalena (Ciénagas de San Silvestre y Chucurí), prolongándose hasta los llanos de Huila y Tolima (El Hotel, La Argentina, San José y Pachingo).
A partir del segundo milenio antes de Cristo, se modifican los aspectos cualitativos de subsistencia en los grupos de las llanuras del Caribe, cambios que inciden en el desarrollo y evolución de los grupos del Valle del Magdalena, en donde se da un gradual movimiento hacia las laderas andinas, favorables para el desarrollo del cultivo del maíz, por parte de pequeños grupos, generando, a la postre, un regionalismo marcado y el surgimiento de la jerarquización en estas sociedades.
Los planteamientos teóricos de Reichel-Dolmatoff (1978), sugieren que algunas etnias del primer milenio a.C. crearon complejos cerámicos de avanzada tecnología y concepción estética, como por ejemplo los habitantes de las orillas de los ríos Ranchería y Cesar, los pobladores de las riberas del Bajo Magdalena en las Areas del Banco, Plato y Zambrano, o los grupos ribereños del medio y alto Magdalena (Barrancabermeja, Honda, Girardot, Espinal y el Guamo). En estos últimos grupos es común encontrar entre sus costumbres la práctica de entierros secundarios en grandes urnas funerarias. La importancia de estas etnias, esencialmente selváticas, estriba en que muy probablemente formaban parte del gran horizonte de horticultores mixtos, del cual surgieron, en algunas regiones, los cacicazgos. Algunas de las sociedades organizadas en cacicazgos perduraron hasta la conquista española, por ejemplo los Pantágora, Pijao, Panche y Carare en el valle del río Magdalena.
Las investigaciones arqueológicas que se han realizado en el Magdalena medio y alto (exceptuando la región de San Agustín) han sido muy esporádicas y existen muy pocos datos sobre el desarrollo histórico-cultural que se dió en esta amplia zona, desde las tempranas estaciones temporales de cazadores y recolectores, hasta el advenimiento y fortalecimiento de los cacicazgos. La mayoría de los estudios no cuentan con datación absoluta, carencia que es una limitante para la comprensión del desarrollo cultural que se dió en las laderas andinas del valle del Magdalena, y en las llanuras del Tolima y del Huila.
Sobre la llamada colonización maicera de las vertientes andinas, es muy poco lo que se conoce y dado que es el eje de todo un proceso histórico cultural, es importante que se efectúen los respectivos estudios arqueológicos y paleocológicos. Si bien es cierto que el maíz se introduce tardíamente en las llanuras del Caribe (Momil), poco se sabe sobre la domesticación de esta planta en Colombia o sobre la dirección de su difusión. Tan sólo se tienen unos pocos datos sobre el cultivo temprano del maíz en San Agustín y en la Sabana de Bogotá, lo que estimula aún más la investigación de este aspecto en los valles interandinos.
Tabla 6


