COLOMBIA PREHISPANICA
Regiones arqueológicas
Instituto Colombiano de Antropología e Historia
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VIII. Macizo Colombiano-Alto Magdalena

Ana María Groot de Mahecha
Santiago Mora Camargo

 

ÍNDICE

 


VER EL MAPA DE LA REGIÓN DEL MACIZO COLOMBIANO Y EL ALTO MAGDALENA

 

Entre 1° y 2° Norte, en el Nudo Andino del Macizo Colombiano, se desprende la Cordillera Oriental de la Central, y hacia el occidente los poderosos ramales volcánicos de la Sierra de los Coconucos, separan los valles del Patía y del Cauca. En este Nudo se forma la famosa Estrella Fluvial, donde nacen los ríos Magdalena y Cauca que van al norte (mar Caribe), el Patía hacia el occidente (Océano Pacífico), y el Caquetá hacia el oriente amazónico. La altura promedio de la cordillera Central está por encima de los 3.000 mts. y sus mayores prominencias forman los centros volcánicos. En el tramo de este ramal cordillerano, considerado para esta región, se destacan: el Páramo de las Papas, La Sierra Nevada de los Coconucos, el Páramo de Guanacas y el Nevado del Huila. Las vertientes Occidentales de la cordillera, son más cortas y pendientes que las orientales que dan sobre el valle del río Magdalena, y forman estribaciones transversales de considerable extensión que constituyen los valles de los afluentes del Magdalena (Guhl, 1976: 172).

El límite norte de la región está dado sobre 3° Norte frente a Neiva, e incluye los puntos geográficos del Nevado del Huila (Cordillera Central) y el Cerro El Triunfo en la Cordillera Oriental. El límite Oriental lo constituye el pie de monte de la cordillera Oriental hasta el nivel de la cota 500.

Se trata de una región de montaña, con estrechos valles y bien formadas terrazas, influida por el nacimiento y curso superior del río Magdalena. El clima va entre frío y templado hasta Pericongo, donde el río entra al alto valle llano de Garzón. A partir de este punto y hasta los alrededores de Neiva, el valle se ensancha dando lugar a una llanura ondulada y fuertemente erosionada, en donde la humedad disminuye, la temperatura aumenta y la altura se reduce de 1000 hasta 500 mts.

En esta región del Macizo Colombiano se determinan según características antropogeográficas, tres subregiones: Tierradentro, Alto Magdalena y la Serranía Garzón-Neiva.

 

Tierradentro

 

Tierradentro posee condiciones morfológicas y culturales claras que la diferencian de todas las áreas adyacentes, de las cuales la separan límites naturales tan precisos que parecen formar un reducto vigorosamente definido. Se trata de un paisaje geográfico de unos 6.000 Kms2 de superficie aproximadamente, que toma la forma de un triángulo isósceles cuyos lados mayores van convergiendo hacia el norte. El lado occidental lo constituye la cordillera Central con sus dos extremos apoyados sobre el volcán del Puracé y el Nevado del Huila, entre Los cuales se levantan tres páramos (Guanacas, Moras y Delicias) que contribuyen a formar la parte más alta, majestuosa y difícil de la cordillera. El lado homólogo está señalado por la divisoria de aguas entre los ríos negro de Narváez y Yaguará, divisoria a veces conocida como Serranía de Nátaga. El lado de la base lo designa una serie de alturas encadenadas que forman la divisoria de aguas entre los ríos la Plata y Páez. El sistema hidrográfico está constituído por el río Páez que atraviesa la región en toda su extensión y recibe como afluentes el Ullucos y el Moras; está, además, el río negro de Narváez que nace en el Nevado del Huila y corre paralelamente al triángulo descrito.

Las tres entidades orográficas que encierran la comarca de Tierradentro, lanzan hacia el interior multitud de ramales que se entrecruzan formando un verdadero laberinto de valles profundísimos por donde circulan innumerables quebradas que van a completar el sistema hidrográfico ya esbozado (Londoño, 1955: 113 114).

 

Investigaciones Arqueológicas

 

Hacia el año de 1757, el fraile Juan de Santa Gertrudis, realizó un recorrido por la región conocida hoy como Tierradentro. El curioso Padre durante el transcurso de su viaje, llevó a cabo algunas anotaciones sobre unos antiguos sepulcros encontrados en las proximidades de los poblados de Inzá y el Pedregal (Santa Gertrudis, 1956). Si bien sus escritos carecen, como es lógico de cualquier sistematización que los aproxime a la ciencia, representan las primeras anotaciones sobre una importante región arqueológica de nuestro país.

Años más tarde, hacia 1893, Carlos Cuervo Márquez visitaría la zona, llamando nuevamente la atención sobre la existencia de algunas sepulturas que se encontraban en el área (1956).

No obstante lo anterior, las investigaciones arqueológicas sólo se iniciaron durante al año de 1936. George Burg, por aquel entonces profesor de Geología de la Universidad del Cauca, llevaría a cabo el estudio de algunas de estas tumbas. Los trabajos adelantados por Burg obligaron a tomar en cuenta esta región desde un punto de vista arqueológico, determinando la aparición de programas de investigación. En los escritos de Burg, se ve claramente un predominio de las descripciones a lo largo del texto; sin embargo, su importancia es capital, pues a partir de ellos se puede afirmar que la arqueología, como práctica científica, había hecho su aparición en la región de Tierradentro. Los hallazgos ya no eran fortuitos y relatados en forma accidental por un viajero, ahora se intentaba llegar a un conocimiento más preciso sobre los antiguos constructores de las tumbas que se encontraban en la región.

Para el mismo año (1936) y a raíz de los trabajos de Burg, el Ministerio de Educación Nacional comisionó al Arqueólogo José Pérez de Barradas, para que investigara y elaborara un informe sobre la importancia de los hallazgos realizados en la región de Tierradentro. Este autor, dedicó gran parte de su tiempo al estudio de los sepulcros; aportó una secuencia cronológica para la región, basada en el estudio de los materiales recuperados, así como en la complejidad de las estructuras funerarias, sin contar con un método de datación absoluta. Este intento de trazar un secuencia cronológica para los diferentes restos culturales de Tierradentro, fue el primero en su género. El autor determinó la existencia de cuatro períodos:

1. Cultura epigonal de San Agustín.

Esta fase se encuentra ubicada cronológicamente entre los siglos VII a IX d.C. y se caracteriza por la elaboración de estatuaria y sepulcros como los registrados en El Hato, Marne, y El Rodeo.

2. Cultura del Cauca en su fase floreciente.

Corresponde a los siglos IX a XII de nuestra era, dentro de esta fase se pueden agrupar aquellas sepulturas que tienen en su interior una decoración pintada (hipogeos de San Andrés, Segovia y El Cerro del Aguacate).

3. Cultura del Cauca reciente.

Se considera desde el punto de vista cronológico, como perteneciente a los siglos XII a XIV de nuestra era. Son ejemplo de este período los entierros de Belalcázar.

4. Cultura Páez.

Se inicia en el siglo XIV y continúa hasta la actualidad (Pérez de Barradas, 1937).

Como es notorio, en este primer intento a una secuencia cronológico-cultural, la profundidad temporal que se atribuye a los restos arqueológicos de Tierradentro no es mucha.

En el año de 1937, Gregorio Hernández de Alba, es comisionado por el Ministerio de Educación Nacional, para realizar una visita a la región de Tierradentro y rendir un informe sobre las estructuras arqueológicas que allí se encuentran. Es durante este viaje que Hernández de Alba llevó a cabo la descripción detallada de algunas de las tumbas de la localidad (9, 15, 16, 21, 25, 27, 35, 41, 42 y 431), incluyendo planos y dibujos del interior de éstas. Estos materiales son de gran importancia, aún hoy en día para la comprensión de las pautas funerarias en la región. (Hernández de Alba, 1938, 1938a, 1938b, 1946).

En los primeros años de la década de los cuarenta una nueva expedición es enviada a Tierradentro. Eliécer Silva Celis y Graciliano Arcila Vélez en compañía de Gregorio Hernández de Alba, adelantan un recorrido por la región, en el cual no se limitan a visitar los lugares en los cuales habían sido reportados materiales arqueológicos, sino que amplían la zona arqueológica con nuevos descubrimientos. Durante el curso de estos trabajos se excavaron algunas tumbas; los materiales encontrados en ellas, fueron descritos al igual que el interior de las mismas en forma detallada. (Silva Celis, 1943).

A mediados de la década de los cincuenta, Horst Nachtigall llevó a cabo algunas excavaciones . Estas se circunscribieron a la loma del Aguacate, Segovia y El Canadá. En Segovia se excavaron dos tumbas (10 y 11); además se realizó una revisión completa de los materiales arqueológicos obtenidos por otros investigadores en el pasado. (Nachtigall, 1955; 1955a; 1956; 1959).

Hacia 1965, salió a la luz por primera vez una síntesis de la arqueología colombiana: Colombia, de Reichel Dolmatoff. En este escrito se sugería, como ya había sido anotado por otros autores, la existencia de algún tipo de relación entre la zona arqueológica de San Agustín y la de Tierradentro. Esta relación era patente al menos en el desarrollo de algunas de sus fases (Reichel-Dolmatoff, 1965: 96). Para Reichel-Dolmatoff, la estatuaria de Tierradentro representaba una fase menos desarrollada que su contraparte agustiniana, haciéndose difícil el llevar a cabo comparaciones dado el carácter individualizado de estos conjuntos escultóricos (Reichel-Dolmatoff, 1965: 98). En oposición, gran número de formas cerámicas son compartidas por las dos regiones; entre éstas, copas, vasijas trípodes así como algunos estilos decorativos. No obstante lo anterior, la cerámica que ha sido reportada como asociada a los hipogeos, indica poca o ninguna relación con la conocida en la zona de San Agustín. (Reichel-Dolmatoff, 1965).

Sobre este escaso conocimiento de las relaciones existentes entre una y otra parte, y en la imperiosa necesidad de obtener algunas fechas absolutas, se plantearon las siguientes investigaciones en la región.

En 1966 el mismo Reichel-Dolmatoff, iniciaba un proyecto arqueológico en la región de San Agustín. Stanley Long, proponía en 1969 un proyecto paralelo, para la región de Tierradentro, con la finalidad de complementar la visión regional cordillerana vislumbrando las posibles relaciones entre estas dos zonas. En éste se realizarían excavaciones estratigráficas, se buscarían fechas de radio carbón y se enfatizaría en las plantas de habitación, como guía para comprender las diferencias existentes en los complejos cerámicos.

Lamentablemente Stanley Long murió, sin poder llevar a cabo su investigación. Juan Yangüez, quien había participado como asistente de investigación durante la temporada de terreno, retomó los materiales recuperados por Stanley Long a partir de 1968, con la finalidad de garantizar la publicación de los resultados (Long y Yangüez 1970-1971).

Las excavaciones propiamente dichas se realizaron en San Andrés de Pisimbalá, El Tablón, El Volador, el Marne y El Rodeo. En su mayoría estos sitios fueron excavados tomando niveles arbitrarios de 20 centímetros con la excepción de dos pozos en El Tablón (9 y 11), donde se siguieron niveles de la estratigrafía natural.

El estudio de los materiales obtenidos permitió establecer comparaciones con tres regiones al exterior de Tierradentro: San Agustín, Momil y Tumaco.

Con la región de San Agustín, se hicieron patentes las semejanzas de los materiales recuperados en el sitio de habitación El Rodeo, al igual que con algunos de La Montaña y Segovia, que eran similares a los del período Mesitas inferior de San Agustín. En ellos eran comunes los pies trípodes y algunas vasijas. Para elementos como vasijas con doble vertedera y las trípodes, que desaparecen para el período Mesitas medio, fue notorio que éstos se continúan, persistiendo en todos los niveles que se excavaron en Tierradentro (Long y Yangüez, 1970-1971:62).

Técnicas como la decoración de incisiones rellenas de pigmento blanco, que se encuentra en San Agustín y Tierradentro fue posible, para los autores relacionarla con aquella de Barlovento y con el período Horno del río Ranchería (Long y Yangüez, 1970-1971: 63).

Las comparaciones cerámicas establecidas entre Tierradentro y Momil se basaron en unos pocos fragmentos que semejan el tipo Momil crema (Long y Yangüez, 1970-1971: 61).

La convergencia entre los materiales de Tierradentro y los de Tumaco está fundamentada en las características de algunas vasijas trípodes descritas por Cubillos (Cubillos, 1955: 61-62). A diferencia de Tumaco, en Tierradentro los investigadores no hallaron vasijas trípodes huecas, siendo todas ellas macizas. (Long y Yangüez, 1970-1971: 61).

Los autores anotan que la economía de algunos de los habitantes de Tierradentro, en particular aquellos que dejaron sus vestigios en El Marne emplearon el maíz, como lo evidenció una mano de moler recuperada. El algodón, tomando como indicativo de éste la aparición de un volante de huso, fue reportado para El Rodeo (Long y Yangüez, 1970-1971: 67).

Para finalizar, los autores afirman que las ocupaciones que han tenido lugar en la región de Tierradentro, se caracterizan por un patrón de asentamiento disperso; ninguna de ellas parece indicar la existencia de grandes concentraciones humanas. De los sitios que se exploraron. El Tablón corresponde a una época post-conquista o a una más reciente (Long y Yangüez, 1970-1971: 67).

En el año de 1965, fue publicado por Patterson un estudio cerámico que incluía conjuntos de Tierradentro, y de San Agustín. Este se encontraba basado en la decoración, formas de las vasijas y bordes así como en la forma de las tumbas descritas para las dos zonas.

Este autor estableció cuatro fases: Segovia, La Montaña, Belalcázar y Calderas.

La primera y más antigua, "Segovia", se caracteriza por una decoración en diseños incisos, con pintura blanca en su interior, vasijas globulares con cuellos estrechos, cuencos bajos de base plana. En la segunda, "la montaña", es notoria la introducción de ollas trípodes, de cuello estrecho y bordes salientes, botellas con doble vertedera (alcarrazas), y el uso de tumbas con cámara lateral. Para "Belalcázar", el material es escaso y poco diferenciado de la fase anterior. El punto de mayor divergencia entre estos dos conjuntos, se encuentra en la aparición en Belalcázar de una decoración pintada en negro y el notorio engrosamiento de los bordes. La fase "Calderas", se distingue de las anteriores por la ausencia de decoración. (Patterson, 1965).

Estos trabajos, intentaban dar mayor coherencia a los datos hasta entonces recuperados y determinar una secuencia cronológica dada la existencia de fechas de radio carbón.

Un gran número de los escritos sobre Tierradentro corresponden a interpretaciones de diversa índole de los restos materiales encontrados hasta ahora en la zona. Cabe destacar entre ellos los de Leonardo Ayala (1964, 1975), Alvaro Cháves Mendoza (1981, 1981a) y Luis Raúl Rodríguez Lamus(1981).

En 1972 nuevas investigaciones se iniciaron en Tierradentro. Mauricio Puerta, tras de su tesis de grado en Antropología buscaba los cambios (evolución) a través del tiempo de las tumbas de Tierradentro, intentando dar a esta secuencia un ámbito temporal, por medio del fechado de materia orgánica (Puerta, 1973).

La excavación de un sepulcro de Segovia y el análisis de otros hipogeos excavados con anterioridad, le permitieron trazar una línea evolutiva que va de lo sencillo a lo complejo. Este desarrollo, no solamente es notorio para el autor, a partir de la creciente complejidad "estructural" de los entierros, sino que se encuentra sustentado con un proceso similar en la cerámica y en los usos funerarios. La decoración cerámica, inicialmente sencilla consistente en incisiones en forma de puntos y/o rayas rellenas con pintura blanca, se transforma paulatinamente en la aplicación de figuras zoomorfas y antropomorfas a los cuerpos y bordes de las urnas. Paralelamente se produce una sofisticación del tratamiento dado a los restos óseos de las urnas (Puerta, 1973: 173-174). Lamentablemente el autor no contó con fechas de radio carbón, que corroboraran su interpretación.

Cháves y Puerta (1980), exponen algunas ideas sobre las prácticas funerarias de los habitantes de Tierradentro. Cabe anotar que son éstos autores quienes han conseguido algunas de las fechas de radio carbón para la región (ver cuadro). Es posible que los trabajos que han adelantado en relación con la excavación de algunas plantas de habitación, permitan ubicar de una manera más precisa los conjuntos cerámicos hasta hoy identificados.

En 1974 con la tesis titulada: Excavaciones arqueológicas en Tierradentro, estudio sobre la cerámica y su posible uso en lo elaboración de la sal, Ana María Groot optaba el título de Antropóloga. La autora, inicialmente interesada en la búsqueda y excavación de plantas de habitación llevó a cabo un amplia prospección, que comprendió los sitios de El Tablón, La Insula, La Meseta, El Porvenir, El Alto de la Quebrada del Escaño, San Andrés, el Alto de Pisimbalá y la Argentina. Las excavaciones se realizaron en El tablón y La Insula. En el primero se abrieron cuatro trincheras, en las que se obtuvo algún material arqueológico. Sin embargo, los esfuerzos se centraron en La Insula, predio localizado, en proximidades de El Rodeo sitio que excavara Long y Yangüez y cercano a algunos ojos de sal, que se explotaron durante la colonia. Por contener algunos materiales que lo hacían especialmente interesante para el estudio de la fabricación de cerámica y la explotación de la sal, fue seleccionado este lugar para llevar a cabo excavaciones detalladas.

Las excavaciones se realizaron por medio de una trinchera, usando 17 niveles arbitrarios de veinte centímetros. A medida que se excavó un mayor número de estratos arbitrarios, se vió un aumento en la cantidad de fragmentos cerámicos, comportamiento que fue progresivo hasta los tres metros, desde donde comenzó a decrecer la frecuencia de la cerámica.

Los materiales cerámicos obtenidos en estas excavaciones y clasificados en cuatro tipos, se encuentran en todos los niveles del yacimiento, con excepción del tipo Insula Rojo Burdo, que es propio del nivel número siete. Fue posible identificar algunas formas cerámicas, como cuencos, vasijas trípodes y algunas vasijas semicilíndricas. La autora concluye que el sitio investigado corresponde al basurero de un antiguo taller de elaboración de vasijas para compactar la sal, y otros recipientes (Groot, 1974: 174). Posiblemente los habitantes de El Rodeo (Long y Yangüez 1970 - 1971) pudieron emplear este sitio para algunas de sus actividades económicas (Groot, 1974).

En 1986 Alvaro Cháves y Mauricio Puerta, publicaron su obra "Monumentos Arqueológicos de Tierradentro". Esta incluye gran parte de los resultados obtenidos por estos investigadores en la región de Tierradentro, hasta el año de 1976, al igual que un buen número de informaciones de otros proyectos (Hernández de Alba, Cuervo Márquez, Burg, Pérez de Barradas). En el libro se incluyen descripciones detalladas de la forma en que han sido excavados algunos de los sepulcros de Tierradentro, sus contenidos y la disposición de los restos culturales en ellos encontrados. Para ello son empleados un buen número de dibujos y planos. Los autores hacen un cuidadoso seguimiento de la historia de los cuatro más importantes conjuntos funerarios de la región: Alto de San Andrés, Loma de Segovia, El Duende y El Aguacate.

Para Cháves y Puerta existe una relación directa entre el tipo de entierro y la cerámica asociada (1986:194). Así mismo, ven una evolución, de lo sencillo a lo complejo, simultánea entre la decoración empleada en los conjuntos cerámicos y la forma de entierro; anotando que existen algunos casos para los cuales esta regla no se da, como consecuencia de la disponibilidad de sitios adecuados para la construcción de las Tumbas 1 (Cháves y Puerta, 1986:149).

1. La localización de los mejores afloramientos de roca potencialmente empleable en la construcción de los Hipogeos, se encuentra restringida a Segovia, Alto de San Andrés y El Duende .

En relación con la estatuaria consideran que existen dos conjuntos claramente identificables:

1. Estatuas pequeñas que representan figuras antropomorfas caracterizadas por la posición de los brazos, la insinuación o falta de talla de las extremidades inferiores y con escasos adornos corporales.

2. Estatuas de gran tamaño que representan figuras antropomorfas, con una talla más elaborada, con los brazos en ángulo recto, orejas salientes, cabezas muy bien elaboradas, pero desproporcionadas con relación al cuerpo, con tocados y caras de mentón saliente, pero serenas. Estas estatuas tienen pecho hundido y pies formando un reborde basal.

La explicación que los autores dan para las diferencias existentes entre estos dos conjuntos se encuentra en que las primeras "Podrían corresponder a una primera etapa, o a trabajos efectuados por grupos más recientes que los que tallaron las estatuas mayores" (Cháves y Puerta, 1986:152).

En relación con las pautas de poblamiento los autores anotan: "El poblamiento encontrado hasta ahora ha sido disperso, es decir, cada casa separada de las demás, pero no se descarta la posibilidad de que existieran poblados" (Cháves y Puerta, 1986:159).

A nivel cronológico, las fechas obtenidas por estos investigadores (630 d.C. y 850 ± 200 d.C.), confirman a su parecer, las hipótesis de Pérez de Barradas sobre los diferentes períodos de ocupación (ver página 159) (Cháves y Puerta, 1986:160).

Finalmente, cabe destacar que los autores anotan algunas semejanzas entre la cerámica y la estatuaria de Tierradentro y aquella de San Agustín , Aguabonita y Moscopán. Otras semejanzas son anotadas en relación con Nariño, Valle del Cauca (Cháves y Puerta, 1986: 160-161).

Han transcurrido cincuenta años desde que se iniciaran las investigaciones arqueológicas en Tierradentro; no obstante es aún incompleto el conocimiento que se tiene sobre la historia prehispánica de esta zona.

 

Alto Magdalena

Bajo la denominación de Alto Magdalena se considera una amplia zona del Macizo Colombiano demarcada al sur, por el volcán Petacas y las cabeceras del río Caquetá; por el Occidente con la cadena montañosa comprendida entre el volcán Petacas y el Puracé, incluyendo el páramo de las Papas y el volcán Sotará; por el Norte con una línea imaginaria entre el volcán Puracé, el límite departamental con el Cauca y la confluencia del río La Plata en el Magdalena, pasando por Gigante para morir en la cordillera; y, por el Este, con la cordillera Oriental.

El río Magdalena, principal arteria fluvial, nace en el páramo de Las Papas a 3.600 metros sobre el nivel del mar, de donde desciende rápidamente por estrechos valles con bien formadas terrazas hasta el alto valle llano de Garzón, a 800 m.s.n.m. Es una tierra de relieve accidentado que determina variedad de climas y por ende diversidad de fauna y flora, que ofrece grandes ventajas para la agricultura, cuyo régimen de lluvias, así como la ausencia de inundaciones o de problemas de erosión, hacen de ella una zona muy propicia para cultivos intensivos de maíz.

Las condiciones son apropiadas para asentamientos humanos y se constituye en una zona de contacto entre múltiples regiones, pues como lo anota Reichel-Dolmatoff, "...cerca de San Agustín está ubicada la depresión más baja cerca de la cordillera Oriental, que forma una comunicación natural con el Noroeste amazónico; hacia el noroeste se abren varios pasos en las cadenas montañosas, por las cuales se establece un acceso a las cabeceras del río Guaviare y a los llanos del Orinoco. Otros pasos, todos de fácil alcance, llevan al valle del río Cauca y de allí al río Patía y a la costa Pacífica, y una serie de rutas que se abren por las montañas del Sur hacia las cordilleras ecuatorianas. Hacia el Norte se abre el gran valle del río Magdalena" (1982: 73).

 

Investigaciones Arqueológicas

 

Las investigaciones han girado en torno principalmente del estudio de los vestigios culturales de la zona arqueológica de San Agustín, que está situada en las estribaciones orientales del Macizo Colombiano y presenta una especie de fortificación natural, formada de un lado por las cuencas de los ríos Naranjos, Sombrerillos, y Magdalena y de otro por las filas de montañas que llegan hasta el páramo. La zona donde se encuentran los restos arqueológicos corresponde a los actuales municipios de San Agustín, San José de Isnos y Salado Blanco.

Este sitio arqueológico, uno de los más importantes del país, está caracterizado por varios centenares de grandes estatuas de piedra y por un crecido número de túmulos o montículos de tierra que cubren los más diversos templos y entierros. Terrazas de habitación, eras de cultivo y obras de drenaje, se observan con profusión en las vertientes andinas.

Las primeras referencias al arte monumental de esta zona, se deben al misionero Franciscano, Fray Juan de Santa Gertrudis, quien visitó la región en el año de 1757. En su obra "Maravillas de la Naturaleza" menciona tanto la presencia de sarcófagos monolíticos como de estatuas en las que creyó encontrar representaciones de jerarcas y frailes (1956).

En 1797, el sabio Caldas pasó por la región y se refirió a los vestigios que encontró, tales como: estatuas, columnas, adoratorios y mesas, entre otras. Casi medio siglo después, el cartógrafo y geógrafo italiano Agustín Codazzi junto con los miembros de la Comisión Corográfica estuvo en San Agustín en 1857 y dejó una interesante descripción de la región y sus vestigios culturales.

En 1892 el General Carlos Cuervo Márquez, realizó reconocimientos y excavaciones. Como resultado de sus estudios elaboró un primer intento de interpretación de la cultura arqueológica (1893).

El verdadero interés por los estudios arqueológicos de la zona se despierta, a partir de los trabajos del antropólogo alemán Konrad Th. Preuss, quien entre diciembre de 1913 y marzo de 1914 realizó excavaciones en la zona. Su obra "Arte monumental Prehistórico: Excavaciones en el alto Magdalena", editada en idioma alemán en 1929 y traducida al español en 1931, reveló al mundo científico la importancia de estas ruinas arqueológicas.

En 1937, el gobierno de Colombia patrocinó la primera expedición oficial a la zona arqueológica de San Agustín, bajo la dirección del arqueólogo J. Pérez de Barradas y con la colaboración del investigador colombiano Gregorio Hernández de Alba; los resultados de estos trabajos los publicaron en la obra "Arqueología Agustiniana" (1943), en la cual registraron importantes hallazgos y describieron las excavaciones de algunas necrópolis. Entre los aspectos estudiados vale la pena destacar el tratamiento y clasificación de la cerámica ya que constituye un primer intento de agrupación metódica por formas, estilos y decorados (Duque, 1963).

En la década de los cuarenta, Luis Duque inició estudios sistemáticos en San Agustín, enfocados en sus comienzos hacia el conocimiento de las costumbres y ritos funerarios y la búsqueda de los sitios de habitación. Entre 1943 y 1960 el mencionado investigador realizó temporadas sucesivas de excavación cuyos resultados fueron publicados posteriormente (Duque, 1966). Además de las excavaciones en el Batán y en varios sitios del parque arqueológico de San Agustín, tales como en las Mesitas A, B y D, en la fuente de Lavapatas y en el potrero de Lavapatas, excavó en la vereda de Quinchana, un cementerio en el lugar conocido como la Gaitana e hizo reconocimientos preliminares de los antiguos sitios de habitación del alto de Quinchana.

Con base en los estudios referidos, Duque propone una periodización que señala el proceso del desarrollo cultural en estos yacimientos y que parece tener su comprobación en los demás sitios de la zona arqueológica de San Agustín (1963). Es la siguiente:

Pre-Agustiniano (edad?). Lascas de piedra basálticas sin retoques. Posiblemente la base de la subsistencia era la caza y la recolección.

Mesitas inferior (550 a.C. a 450 d.C.). Tumbas con pozo y cámara lateral, cerámica con desgrasante de arena, copas de base alta, cuencos, ollas trípodes, alcarrazas, pintura incisiva predominante, agricultura de maíz, recolección de nogal, yuca (?). Iniciación de orfebrería, iniciación de la escultura en madera y talla de sarcófagos en el mismo material.

Mesitas medio. (450 d.C. - 1.250 d.C. ).Montículos funerarios y otras construcciones en tierra, sarcófagos monolíticos, tumbas de cancel, florecimiento de la escultura lítica monumental. Formas cerámicas similares al período anterior, con excepción de alcarrazas y ollas trípodes. Enriquecimiento de las técnicas de orfebrería. Entierro secundario en urnas y cremación.

Mesitas superior (1.250 a. ?). Arte escultórico realista (Quinchana). Cerámica con decoración, grabada, estampada, hachurada. Persiste el cultivo del maíz, el aprovechamiento del nogal y del chontaduro y se registra el cultivo del maní. Viviendas de planta circular organizadas en pequeños núcleos sobre las cimas de las colinas. (Duque, 1963).

En el año de 1966, G. Reichel-Dolmatoff realizó una investigación en la zona, con el objetivo de reconstruir procesos culturales y sus cambios. Para ello, se dedicó al estudio de basureros y a la interpretación arqueológica de los vestigios en ellos contenidos. Excavó siete cortes, cuatro en el parque de San Agustín y dos en el alto de los ídolos, municipio de San José de Isnos, y con base en los resultados estratigráficos y del análisis de los fragmentos de cerámica, propuso tres grandes períodos de desarrollo cultural representados por los complejos Horqueta, Isnos y Sombrerillos (Reichel-Dolmatoff, 1972; 1975).

Complejo Horqueta (? - 50 d.C.). Agricultores sedentarios, organizados en viviendas dispersas sobre las riberas del río Magdalena sin construcciones monumentales. Cerámica café y negra, pulida con decoración incisa, formando motivos rectilíneos; son características las vasijas con un ángulo periférico agudo. No se tienen fechas absolutas para este período, pero su posición estratigráfica es anterior a la de los períodos siguientes.

En las décadas iniciales del primer siglo d.C. aparece un nuevo desarrollo llamado "Primavera". La cerámica y los artefactos de piedra se derivan del complejo Horqueta, pero tipológicamente forman una unidad distinta; la vivienda se organiza en las cimas de las colinas cerca del río Magdalena y es menos dispersa que en el período anterior. (Reichel-Dolmatoff, 1972, 1975).

Complejo Isnos. Hacia finales del primer siglo d.C. el Complejo Primavera es reemplazado por el Complejo Isnos. Hay poca evidencia de que este complejo se derive de los anteriores; por el contrario, parece que la región fue ocupada por grupos de fuera, que reemplazaron o parcialmente asimilaron la cultura de los antiguos habitantes. Aumenta notablemente la densidad de población y la habitación se concentra en las cimas de las colinas con basureros densos en los flancos. En la vecindad de los sitios se observan grandes movimientos de tierra para construir terraplenes, camellones, terrazas. La cerámica es más elaborada y son características las alcarrazas, los cuencos y los platos. La decoración incisa es escasa y hay énfasis en color y en superficies brillantes cubiertas con baño rojo o con pintura negativa. Se encuentra evidencia de metalurgia. El Complejo Isnos persiste por varios siglos, pero no se conoce su fecha terminal; la fecha más tardía que se tiene es el siglo IV d.C., pero hay evidencia de que este desarrollo se prolonga por varios siglos más.

Después del Complejo Isnos, hay un hiato cronológico y no se han encontrado sitios estratigráficos que puedan llenar este vacío.

Complejo Sombrerillos. Hacia el siglo XV la región fue ocupada por gente diferente que se ubica en los antiguos sitios de habitación. Las colinas y las laderas estaban ocupadas por comunidades agrícolas muy populosas. La cerámica es diferente de la de los otros períodos y consiste en vasijas rojas burdas; son frecuentes las ollas trípodes, con soportes macizos cónicos, pequeñas copas con diseños triangulares pintadas de negro sobre un fondo rojo, las incisiones lineales y la decoración corrugada. El cultivo del maíz está representado por la presencia de metates y hay utillaje lítico que indica una fuerte dependencia de tubérculos. (Reichel-Dolmatoff, 1972, 1975).

Reichel-Dolmatoff hace la anotación de que "obviamente existen muchos complejos más, fuera de los determinados por nosotros y que aún no han sido aislados como unidades cultural y cronológicamente significativas, y que al paso que avanzan las investigaciones llegarán a llenar muchas lagunas que aún se presentan en la secuencia temporal" (1975: 143).

Años después L. Duque G. continúa con sus estudios en la zona (1970-1977), y algunos de los trabajos los realiza en colaboración con Julio C. Cubillos.

Entre 1970 - 1972 los dos investigadores exploran el yacimiento arqueológico denominado Alto de Los Idolos, municipio de San José de Isnos y realizaron excavaciones de montículos y tumbas (1979). Del montículo No. 1 obtuvieron una fecha de una muestra de carbón que se remonta al siglo I a.C. y, del montículo No. 5 otra del siglo VI d.C.. Además efectuaron cortes exploratorios en los montículos artificiales de las Mesitas A y B, y en sus proximidades, antes de preceder a la reconstrucción de los templetes funerarios, hallaron nuevas estatuas, utillaje lítico y cerámica (1983).

Entre 1972 - 1973, J.C. Cubillos estudió los sitios El Estrecho, El Parador, y la Mesita C. En el Estrecho, en la ribera derecha del río Magdalena, exploró un sitio de habitación e hizo un corte en un depósito de basuras, que fue ubicado temporalmente en el siglo II d.C.. En el Parador (parque Arqueológico "Alto de los Idolos") excavó 32 tumbas de un cementerio, ubicado temporalmente según las fechas de radiocarbono entre los siglos I a.C. y I d.C. y observó modos culturales característicos de la arqueología Agustiniana, pero en menor escala. Por último, en la Mesita C. excavó 50 tumbas que al parecer correspondían a entierros realizados entre el siglo III y el VI d.C. Cubillos señala que este cementerio no presenta la complejidad ni la significación jerárquica que los estudios arqueológicos han podido mostrar en otros sitios vecinos como la Mesita A y la Mesita B. (1980).

La conclusión más importante de este trabajo, "es la continuidad de la cultura, por lo menos a lo largo de 7 siglos: del siglo I antes de Cristo al siglo VII después de Cristo, sin desconocer por supuesto, las lógicas variantes locales que por ahora se constatan. Los parentescos culturales entre los sitios, los hemos demostrado comparando los diferentes aspectos de la tipología cerámica. Sin entrar en detalle con las semejanzas que ofrecen las prácticas funerarias, se pudo establecer una relación cultural entre los dos cementerios de diferente época" (Cubillos 1980: 166).

Durante la temporada de excavaciones 1976-1977. Duque y Cubillos adelantaron un estudio completo de los rasgos peculiares del yacimiento "La Estación" en predios del Parque Arqueológico de San Agustín (1981). En este sitio, excavaron parte de una aldea, de la cual se conservan las plantas de vivienda, las basuras acumuladas, depresiones longitudinales de los antiguos caminos y zonas de circulación entre las viviendas. En total estudiaron las plantas de siete casas e identificaron otras que hacían parte de la misma aldea, las cuales dejaron como testigos para futuras exploraciones.

Los vestigios de esta aldea señalan una pauta de poblamiento nucleado. Las casas son de planta circular y en algunos casos, ovalada; en el primer caso el techo debió ser cónico y, en el segundo, a manera de las techumbres que se observan todavía en las malocas o casas comunales amazónicas (1981: 153). En el conjunto habitacional se destaca la presencia de un bohío grande, que debió tener una función especial. Además, anotan los autores que en el interior de los bohíos encontraron tumbas dedicadas a entierros de primera fase, correspondientes a fosas simples de poca profundidad. En cuanto a la ubicación temporal de este yacimiento, concluyen que los materiales culturales corresponden a una sola ocupación, que puede identificarse por la tipología de la cerámica, como propia de las últimas fases de desarrollo de la cultura agustiniana. El análisis de C 14 de una muestra recogida en el piso de la casa más grande, indicó una fecha situada en la primera mitad del siglo XVI (1981: 155).

Con los nuevos datos obtenidos en las anteriores temporadas de investigación (época 1970-1977), y con base en fechas obtenidas en los yacimientos del Alto de Lavapatas, Mesitas A, B, y C del Parque Arqueológico, Alto de los Idolos, Alto de las Piedras y La Estación, Duque y Cubillos plantean algunas variaciones al cuadro cronológico que fuera propuesto por Duque en 1963-66 y cambian la nomenclatura de los períodos (1979-1985). La nueva propuesta es la siguiente:

Arcáico (3.300 a.C. - 1.000 a.C.). Se conoce esta primera ocupación, según el análisis de una muestra de carbón vegetal rescatada de un fogón localizado en la base de un depósito estratificado, sin asociación con cerámica ni con ningún otro elemento cultural. (Duque y Cubillos, 1985: 101).

Formativo (1.000 a.C. - 300 d.C.). Se subdivide en: formativo inferior (1.000 - 200 a.C.) y Formativo Superior (200 a.C. - 300 d.C.). Este período se caracteriza por: el desarrollo de la agricultura de maíz y quizás de tubérculos; la industria de la cerámica con rasgos comunes como el monocronismo, la decoración incisa y la ausencia de motivos biomorfos; tumbas de pozo con cámara lateral y sarcófagos de madera (Duque y Cubillo 1985). Aún cuando sus características corresponden a las del período Mesitas inferior su posición cronológica y su profundidad temporal son algo diferentes.

Clásico regional (300 d.C. - 800 d.C.). Corresponde en general a los rasgos característicos del Período Mesitas Medio pero varían los límites temporales de la ocupación. Las urnas funerarias que en la periodización de 1966 eran frecuentes en Mesitas Medio, son ubicadas ahora con una época más tardía.

Reciente (800 d.C. - 1.550 d.C.). Sus características corresponden a Mesitas superior y se le suman otras como entierros secundarios en grandes urnas funerarias y cerámica con decoración pintada positiva. (Duque y Cubillos, 1985).

En las informaciones arqueológicas de San Agustín se conocía que muchas de las esculturas tuvieron pintura pero que con el transcurrir de los años y su exposición a la intemperie la perdieron. Aunque con fecha anterior al año 1984 se decía en la región que habían encontrado una estatua totalmente pintada en su plano frontal de varios colores, el hallazgo no se concretó hasta que uno de los inspectores de monumentos del Parque Arqueológico Nacional la redescubrió y popularizó el hallazgo.

La curiosidad que generó, por la importancia del mismo, motivó para que se tomarán medidas inmediatas para su preservación. El arqueólogo J. C. Cubillos en el año de 1984 realizó la investigación pertinente en el Alto de El Purutal, con el objetivo de ilustrar el contexto cultural del cual hacia parte la estatua (1986). Este investigador procedió a delimitar el montículo y con la operación de un centenar de sondeos con media caña, localizó varias estructuras de piedra cubiertas por el relleno.

Las estructuras consistían en dos templetes y en una tumba de fosa rectangular. Los Templetes, cada uno de los cuales contenía una estatua pintada, están situados cronológicamente en el siglo VI d. C. La tumba no presentaba huellas de haber sido utilizada y al parecer es anterior a la construcción del montículo. El análisis de una muestra de carbón de este sitio proporcionó un fecha del siglo I a.C. (Cubillos, 1986).

En un escrito reciente, "Arqueología de San Agustín Alto de Lavapatas", L. Duque G. y J.C. Cubillos describen las investigaciones arqueológicas que realizaron en el año 1974 en el sitio conocido como Alto de Lavapatas, las cuales complementan las ya realizadas para ellos mismos en otros lugares y cuyos resultados ya están publicados (1988). En esta comisión, los investigadores mencionados llevaron a cabo una exhaustiva exploración de casi la totalidad del yacimiento y excavaciones, con lo cual pudieron encontrar, tal como ellos mismos lo señalan, "...varias decenas de sepulturas invioladas, dos estatuas nuevas, algunos objetos de orfebrería, numerosas piezas de cerámica, y lo más importante, acumulaciones de basuras no perturbadas y planos de vivienda, que permitieron el establecimiento de una cronología, a base de análisis de C14, cuyos resultados confirman una vez más que este sitio es hasta ahora el más antiguo de toda la zona arqueológica de San Agustín" (1988:10).

A través de los variados vestigios allí encontrados, pudieron reconstruir un considerable espacio de tiempo en el proceso de desarrollo cultural de San Agustín. La ubicación cronológica y estratigráfica de diversos elementos culturales cuya asociación es clara en relación con los que han registrado en otros lugares de San Agustín, hace que este trabajo se convierta en un hilo conductor de los fenómenos culturales que acaecieron en esta región.

En este sitio se identifican los diferentes períodos cronológicos referidos con anterioridad por Duque y Cubillos (1985).

El amplio aterrazamiento del Alto de Lavapatas es producto de una adecuación intencional del terreno, hecha por sus antiguos pobladores, cuando el lugar fue destinado como necrópolis sobre los resto de asentamientos anteriores, que se remontan a 3.300 años antes de Cristo. Así mismo, cómo en el momento en que se intensificó el culto funerario, los habitantes del lugar excavaron tumbas a través de basureros antiguos, se verificó que quizás en una tercera fase el lugar volvió a ser ocupado con viviendas, como lo atestiguan las huellas de huecos de poste registradas en el relleno de los pozos de las tumbas.

De acuerdo con los datos cronológicos que obtuvieron, con base en el análisis estratigráfico y de carbono 14, se destaca la evidencia cultural más antigua que se conoce hasta ahora en la región, correspondiente a un fogón constituido únicamente por carbón vegetal y tierra quemada que data del año 3.300 a.C. De las épocas siguientes obtuvieron interesantes datos, que comparados con los de otros sitios, les permitieron trazar un desarrollo cultural entre aproximadamente el siglo IX a.C. y el siglo XII d.C.

El análisis de distintos elementos culturales recolectados a través de excavaciones sistemáticas en varios de los yacimientos de la zona, durante distintas temporadas de campo entre los años 1957 y 1984, les permite inferir "un continuum cultural en el área arqueológica de San Agustín, con ligeras variaciones a lo largo del proceso evolutivo, especialmente en el último período, las cuales pueden atribuirse más a causas endógenas que a factores foráneos" (Duque y Cubillos, 1988:100).

A partir de 1977 se han realizado estudios sobre el patrón de asentamiento en lugares vecinos a San Agustín a donde llegaron los influjos de la cultura agustiniana.

En Quinchana, A. Durán realizó en 1977 una exploración de la zona y la excavación en algunas terrazas de habitación en la vereda La Gaitana. En 1981, la misma arqueóloga y H. Llanos, adelantaron un proyecto de investigación más amplio en la vereda del Alto de Quinchana, a partir del cual, localizaron cincuenta terrazas de habitación, próximas a campos con eras de cultivo y excavaron tres de ellas. El análisis de los materiales hallados les permitió establecer que los asentamientos del alto de Quinchana corresponden a la cultura de San Agustín en sus períodos finales (S. VII - XI) (Llanos y Durán, 1983).

En el municipio de Santa Rosa, (Alto Caquetá, Cauca). Luis Salamanca realizó en 1982 un estudio inicial, como trabajo de tesis, con el objetivo de buscar posibles relaciones entre el Macizo Colombiano y la Amazonia. Los rasgos del complejo cultural que halló en el sitio La Peña, le permiten establecer claras asociaciones con el Período Reciente de San Agustín, especialmente en lo que se relaciona con la cerámica. En el Chotillal registra una estatua, cuyos rasgos presentan similitudes con la estatuaria descrita para el valle de Chimayoy, en el departamento de Nariño (1985).

Entre 1984 y 1985, H. Llanos realizó una prospección en el municipio de Salado Blanco, para lograr una visión de conjunto de los yacimientos arqueológicos existentes. En el curso medio del río Granates investigó en detalle las veredas de Morelia y el Palmar. En ambas márgenes del río se encuentran amplias terrazas naturales y suaves lomas, en las que halló plataformas para viviendas, muy próximas unas de otras y en inmediaciones de campos con eras de cultivo y canales de drenaje.

En un resumen de este trabajo, Llanos expresa que: "los conjuntos habitacionales son de diferentes tamaños, teniendo la mayoría de 5 a 10 terrazas artificiales". En Morelia se localizó un poblado de mayor tamaño, con 150 terrazas de habitación de variadas dimensiones, caminos, una red de canales de drenaje, dos montículos artificiales, en uno de los cuales excavó un cementerio con seis tumbas cubiertas de grandes lajas, un sarcófago y dos esculturas monolíticas descubiertas por campesinos hace varias décadas. De los cortes estratificados se logró establecer una ocupación del sitio de más de 1.000 años, desde el 510 d.C. hasta tiempos coloniales (S. XVIII) (Llanos, 1985: 108). De acuerdo con la clasificación de la cerámica, pudo apreciar que se trata de la tradición alfarera de los últimos períodos de la cultura de San Agustín.

En la publicación final hace un análisis comparativo de los diferentes complejos cerámicos definidos por Duque Gómez y Cubillos y por Reichel-Dolmatoff, y de la reunión de estos datos, con los obtenidos en sus propios estudios, hace las siguientes reflexiones en relación con las ocupaciones que allí se dieron: "Hay sitios que fueron ocupados solamente durante un período hallándose cerámica de un solo complejo; pero hay yacimientos que contienen los restos de una larga ocupación durante varios siglos y por lo tanto con cambios graduales en la cerámica; y también existen los lugares donde se superponen dos ocupaciones con una distancia de varios siglos entre la una y la otra, o sea con marcadas diferencias en sus Complejos Alfareros" (Llanos, 1988:93).

Llanos concluye que los cambios entre los diferentes complejos cerámicos de San Agustín indicados por los arqueólogos citados, son estimulantes, y se hace la pregunta qué, al desconocerse los hechos históricos que los causaron, ya sea internos o externos, "si cada complejo cerámico corresponde a una cultura diferente, o sí por el contrario al existir elementos comunes entre los complejos, al mismo tiempo que elementos formales y técnicas diferentes, se trata de una sola tradición cultural que en el transcurso de su historia tuvo períodos de transformación que se aprecian en su alfarería" (1988:9495). Sus estudios lo llevan a plantear esta última posibilidad .

Desde los inicios de la investigación arqueológica en esta región, los informes sobre la comarca de Tierradentro y la de San Agustín, parecían indicar una extensión de la cultura agustiniana en Tierradentro, reflejada en algunas características de materiales cerámicos y especialmente patente en la estatuaria de un lugar y de otro. En este respecto Henri Lehmann efectuó un reconocimiento en la zona intermedia conocida como Moscopán al Norte del volcán de Puracé, que extendió hasta los límites de La Plata Vieja, próximo al sitio de Agua Bonita (Lehmann 1943-1944). El autor identificó tres diferentes centros de esculturas, localizados en las vegas de los ríos o quebradas, lo que permite suponer que los constructores de las estatuas preferían para sus asentamientos, los valles estrechos. Algunas de las estatuas halladas estaban pintadas de rojo.

Para el autor las esculturas de Moscopán aunque indudablemente emparentadas con las de San Agustín, enseñan particularidades que permiten pensar en desarrollos locales. Es especialmente notorio el carácter realista de las esculturas de Moscopán, en oposición al alto grado de estilización de las de San Agustín. Así mismo Lehmann excavó dos montículos artificiales, en proximidades de la carretera de Moscopán (kilómetro 48), donde se había informado del hallazgo de algunas tumbas. En ellos el autor encontró fragmentos cerámicos y piedras sin ningún orden aparente.

Seis tumbas fueron abiertas, tres en La Candelaria y tres en el kilómetro 48 de la carretera. En una de ellas se halló un collar de pequeñas perlas de concha de mar. (Lehmann, 1943-1944). Tres de estas tumbas tenían una escasa profundidad; en algunas de ellas se evidenció la práctica de entierros secundarios. A juzgar por el tamaño de los huesos encontrados, los individuos de este grupo cultural eran de baja estatura. Se hallaron también piedras de moler, que pueden indicar la existencia de maíz en la zona. La cerámica, ofrece similitudes con la de Tierradentro, especialmente evidente para la de la hoya del río La Plata. (Lehmann, 1943-1944).

Pasados treinta años A. Cháves y M. Puerta, trabajaron en Aguabonita, Moscopán y la Argentina, en los años 1973 y 1976. Como resultado de sus estudios, dan cuenta de nuevas estatuas e inician el estudio de entierros y pautas de asentamiento. En Aguabonita obtuvieron una fecha de 1320 + o - 180 años d.C. asociada a un entierro de ofrendas (Cháves y Puerta 1985).

Entre 1978 y 1979 excavaron ocho morros en el sitio Yarumal de la región de Moscopán en uno de los cuales encontraron la planta de una habitación) de forma oval (Cháves y Puerta, 1985).

Hallaron otro asentamiento humano en El Pensil, en la región de Monserrate, en donde excavaron una planta de habitación ovalada. En La Cabaña, en la misma localidad, excavaron entierros poco profundos de pozo, algunos de los cuales parece que fueron sólo para ofrendas. La cerámica de Monserrate, tanto la encontrada en el interior de la casa como la de los entierros, tiene similitud de forma, en cuerpos, bordes, labios y bases, con la de Tierradentro, Moscopán y Aguabonita. El modelado digital como elemento decorativo en los bordes de las vasijas es un rasgo común en estas cuatro regiones (Cháves y Puerta, 1981: 50).

Con el objetivo general de comparar cacicazgos en el Alto Magdalena con los de otras áreas y de poner a prueba modelos para el desarrollo de sociedades complejas, se escogió el valle del río de La Plata, para realizar un proyecto a largo plazo de carácter interdisciplinario y con la participación de varias instituciones. Este proyecto se inició en el año 1984 bajo la coordinación de R.D. Drennan de la Universidad de Pittsburgh, y cuenta con el respaldo de la Universidad de los Andes, el Instituto Colombiano de Antropología y la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales.

Dado que el conocimiento arqueológico de la región no era suficiente, designaron como unidad de estudio, no un período, ni un sitio, ni una categoría de restos arqueológicos, sino toda la región. Como lo anota Drennan, "la estrategia específica de estudio se concentra en el reconocimiento sistemático arqueológico y medio ambiental de gran escala y a nivel regional del valle de la Plata, suplementado con excavaciones arqueológicas de pequeña escala. En particular se busca la información necesaria para reconstruir esos aspectos de las sociedades del valle de la Plata que son críticos para la comparación de cacicazgos y para evaluar enfoques contradictorios a el funcionamiento y evolución de las sociedades complejas. Estos aspectos caen bajo las siguientes cuatro categorías: demografía, variedad medio ambiental, control de recursos y relaciones inter-regionales" (Drennan, 1985:6).

En la temporada de campo realizada en 1984 adelantaron parcialmente estudios medio-ambientales en lo que respecta a geología (Kroonenberg, 1985), paisajes - suelos (Botero, 1985), flora actual (Rangel y Franco, 1985) y palinología (Herrera, 1985) y efectuaron un reconocimiento arqueológico en cercanías del poblado La Argentina, realizando excavaciones en los sitios Barranquilla y Barranquilla Alta. Identificaron un patrón de asentamiento en pequeñas colinas y en allanamientos artificiales conocidos como "patios de indios". En relación con la cerámica, reconocieron tres grupos a los cuales tentativamente asignaron una posición cronológica en una escala de tiempo temprana, media y tardía. Estos grupos de cerámica muestran relaciones con los de la región de San Agustín.

Conviene mencionar dentro de esta región del Alto Magdalena, el hallazgo hecho por el paleontólogo H. Burgl en una tumba en Garzón (1957), sobre una terraza del río Magdalena cerca de la desembocadura de la quebrada Majo, consistente en piedras (xilópalos) aparentemente talladas, asociadas a restos de megaterio y mastodonte. La posición estratigráfica de estos hallazgos, fue estudiada por Van Der Hammen, quien observa que, la edad menor que se le puede atribuir a la terraza corresponde al glacial Mindel o sea 180.000 años; lo cual descarta contundentemente la posibilidad de que los artefactos hubiesen sido fabricados por el hombre (1957).

 

Serranía Garzón Neiva

 

Comprende el extremo Norte de la región del Macizo Colombiano a partir de Garzón en donde el valle del río Magdalena se ensancha. Es una zona de llanuras onduladas o serranías fuertemente erosionadas, con clima que varía de semi-húmedo a semi-árido.

En esta subregión, sólo se cuenta con el reconocimiento que hizo G. Correal en el año 1974 en la hacienda Boulder, municipio de Palermo, con la finalidad de localizar algunos sitios paleoindios. Allí encontró un yacimiento que al parecer corresponde a una estación de grupos trashumantes que basaban su subsistencia en la caza y la recolección. El utillaje lítico que recolectó superficialmente, y en pozos exploratorios, está constituido principalmente por lascas monofaciales, elaboradas en chert, material frecuente en la región. Algunos artefactos los fabricaron en materiales como diorita, andesita o cuarzo, que tuvieron que adquirir en otras regiones.

Aunque no se conoce la posición cronológica de estos elementos, guardan una estrecha similitud con los hallados en otros sitios precerámicos de Colombia. Algunos artefactos muy crudos, de lasca, monofaciales y algunos tipos de raspadores recuerdan ciertos elementos del Abra (Cundinamarca); otros, lascas en su mayoría, señalan relaciones con industrias de la costa Atlántica, y artefactos conocidos como choppers recuerdan elementos obtenidos en el Magdalena medio. Sin duda a través de la vía natural del río Magdalena se verificaron hace más de 10 milenios desplazamientos de grupos humanos, que fueron dejando en su largo recorrido, la huella de sus campamentos estacionales (Correal, 1974: 211).

 

Balance General de la Región

 

En el territorio de Tierradentro, existió una multiplicidad de ocupaciones que se remontan al primer milenio antes de Cristo, y correspondieron a diversos grupos étnicos que, paulatinamente, se fueron reemplazando y/o transformándose en la localidad, elaborando algunos "complejos" arqueológicos, propios y característicos de la región. Si bien, aún resultan ser temerarias las explicaciones que pretenden determinar el origen de focos de influencia estilística que se han identificado en Tierradentro, se hace evidente una relación con la cercana área de San Agustín. Aunque lo anterior parece indiscutible (casi todos los investigadores que han trabajado en Tierradentro lo indican), no se sabe que tipo de relación fue la que se dió. Los datos y las interpretaciones derivadas de ellos, indican únicamente, a manera de inventario difusionista, la correlación entre unos y otros materiales arqueológicos, admitiendo las existencia de variaciones locales.

Es difícil aún dilucidar los niveles de integración socio-política, alcanzados durante los aún pocos estudiados períodos de ocupación. Por una parte, está la ausencia de grandes concentraciones de población; ésta se encontraba en pequeños grupos, diseminados en el paisaje. Por otra parte, no se ha tocado en Tierradentro el tema de las fronteras étnicas.

Se hace imperativo el incremento de proyectos arqueológicos en Tierradentro, que clarifiquen éstos y otros problemas.

En la subregión del alto Magdalena, son escasos los datos sobre una etapa temprana de cazadores y recolectores. El hallazgo de piedras (xilópalos) aparentemente tallados asociados a restos de megaterio y mastodonte cerca de Garzón, sobre una terraza del río Magdalena, fue evaluado por Van Der Hammen al precisar la posición estratigráfica de estos hallazgos. Prospecciones han sido realizadas por Gonzalo Correal sin resultados positivos, con excepción de los hallazgos de estaciones líticas en las vecindades de Neiva. Sin duda es un tema de investigación de sumo interés, ya que la geografía de esta subregión permite la comunicación entre múltiples regiones, constituyéndose en vía para rutas de migración quizás desde época muy antigua.

En relación con una etapa formativa temprana son igualmente escasos los datos. Las referencias que se tienen, provienen de la zona arqueológica de San Agustín en donde se tiene una fecha de 3.300 años a.C. asociada con un fogón carente de elementos culturales.

El poblamiento posterior de esta misma zona está bien documentado con referencias cronológicas que señalan una ocupación prolongada. Desde el siglo VI a.C. hasta el siglo XVII de la era Cristiana. Respecto al proceso de desarrollo cultural que tuvo lugar en la época prehispánica en estos parajes de San Agustín, existen dos planteamientos diferentes, expuestos por Duque G., Cubillos, y Reichel-Dolmatoff.

Duque y Cubillos basan sus inferencias cronológicas en el análisis de asociaciones de fechas de radiocarbono en diferentes contextos arqueológicos, es decir, de entierros, basureros, entierros asociados y plantas de habitación. El estudio de los datos cronológicos y de los vestigios culturales los llevan a proponer tres períodos de desarrollo en la ocupación del área, que evolucionan entre sí, y que con el transcurrir de los siglos deja una huella marcada en el paisaje. En su opinión, se puede hablar, de una cultura agustiniana que obviamente no fue estática en su desarrollo, sino que tuvo diferentes fases de desarrollo y estuvo expuesta a influencias externas ejercida por grupos humanos que poblaban zonas vecinas.

Por el contrario, Reichel-Dolmatoff quien basa sus inferencias cronológicas y culturales en el estudio de yacimientos estratificados correspondientes a depósitos de desperdicios de lugares de habitación, plantea que no se puede hablar de "una cultura de San Agustín; se trata de una región en la cual se encuentran superpuestos los vestigios de muchas y diferentes culturas, algunas de las cuales se desarrollaron en el mismo lugar, a través de fases sucesivas, pero otras llegaron provenientes de otros lugares" (1975,1982).

No es del caso juzgar cual de los investigadores se aproxima más a la realidad prehispánica, pues, el método científico puesto a prueba por ambos les permite llegar a las inferencias que los dos enuncian las cuales no dejan de tener un carácter tentativo que puede afianzarse o revaluarse en virtud de nuevos hallazgos, como se ha venido haciendo (Duque y Cubillos, 1988: Llanos, 1988). Estas divergencias deben considerarse como un estimulo para ahondar en el estudio de aspectos que puedan aportar nuevas luces en la ya iniciada reconstrucción histórico-cultural de los grupos humanos que vivieron allí antes de que llegara el conquistador europeo. Sin duda, es una zona difícil en su estratigrafía cultural puesto que el paisaje fue transformado en épocas sucesivas y se hicieron grandes movimientos de tierra para construir montículos, terraplenes y allanar colinas que servían de base a grupos de casas.

Algunos de los aspectos que ameritarían ser estudiados para complementar la visión que ya se tiene, serían:

- Las etapas iniciales del poblamiento, ya que es escaso el conocimiento que al respecto se tiene. Conocer el proceso de asentamiento y adaptación, dominio y transformación del medio para desarrollar una vida sedentaria dependiente de la agricultura, aportaría valiosos datos para entender el desarrollo cultural posterior de la zona.

- Conocer más ampliamente la distribución espacial de los elementos culturales que componen cada período como un todo, en lo que atañe a patrón de asentamiento, costumbres funerarias, estatuaria, cultura material y tecnología agrícola. Con las investigaciones realizadas en Quinchana y Morelia se está recopilando información muy valiosa sobre el Período Reciente que abarca aspectos tanto de la vida cotidiana como de sus costumbres y expresiones rituales.

Aún cuando la secuencia cultural y cronológica que se tiene para esta zona, ha sido enriquecida por hallazgos de los últimos años, sería relevante, precisar con mayor detalle, cómo se produce el cambio de un período a otro.

- Para aclarar como los asentamientos humanos que se ubicaron en esta región en época prehispánica, no conocieron límites geográficos estrictos e invariables y sus fronteras oscilaron continuamente a lo largo del tiempo, se considera tener en cuenta ciertas áreas de influencia o relacionadas con el desarrollo cultural de San Agustín, tales como La Bota Caucana, el Alto Caquetá y Putumayo, el Nor-oriente de Nariño y las regiones andinas del Cauca y del Huila. El proyecto del Valle del río La Plata, aportará importantes datos en este sentido.

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