COLOMBIA PREHISPANICA
Regiones arqueológicas
Instituto Colombiano de Antropología e Historia
© Derechos Reservados de Autor

 

X. Llanos Orientales

Santiago Mora Camargo

ÍNDICE

   

Los Llanos Orientales abarcan un área superior a los 150.000 kilómetros cuadrados, en territorio colombiano, que se continúa en Venezuela a lado y lado del río Orinoco. Esta provincia, a lo largo del tiempo ha sido poblada por grupos humanos muy diferentes; las estructuras económicas, sociales y políticas de ellos comprenden una amplia gama. De allí que no sea posible definir la región considerando un tipo de economía específica, la estructura social de sus habitantes o la integración social política de los mismos.

Por el contrario, el medio permite delimitar zonas; en ellas se introducirá el componente humano con posterioridad.

Una de las características relevantes en la identificación del ámbito llanero es la vegetación. En ésta predomina un componente herbáceo, en el cual tienen un alto porcentaje los pastos con tipo fotosintético C-4. Coexisten con éstos, los bosques de galería, las "mates de monte" y los esteros. Los primeros, son conjuntos de árboles, por lo general de gran tamaño, que se localizan a lado y lado de las corrientes de agua. De esta forma, parecería que los ríos y caños se encontraran rodeados por una espesa selva. Detrás de esta, la sabana; con su inmensidad recuerda el océano.

Al recorrer las sabanas, de trecho en trecho, se encuentran conjuntos de árboles y arbustos aislados, formando bosques de reducida extensión. Estos subsisten distanciados de los cursos de agua, gracias a profundas raíces que les permiten obtener el líquido de los estratos inferiores del suelo y crear progresivamente un microclima que favorece a otras plantas; para el llanero esta es la "mata de Monte". Se ven, no muy alejados de las matas de monte, algunos arbustos. De formas caprichosas y con escaso follaje, estas plantas representan uno de los mecanismos mediante los cuales el bosque se protege y se extiende sobre la sabana. Se trata de plantas pirofiréticas, es decir plantas que ha desarrollado mecanismos que les permiten ser expuestas al fuego y sobrevivir. Estas constituyen una de las adaptaciones más asombrosas que han producido las sabanas tropicales.

Los esteros, con características similares a las del bosque de galería, se diferencia de este último por contar con árboles pequeños y gran cantidad de herbáceas, que crecen en aquellos lugares que durante prolongados períodos permanecen inundados.

Si bien la vegetación de las sabanas permite una identificación de las mismas, no es el único, ni el más importante de los componentes de éstas. La existencia de dos estaciones bien marcadas determina muchos de los procesos importantes en el ecosistema 2 . El verano o estación seca comprende de dos y medio a siete y medio meses, durante los cuales no se dan fenómenos de precipitación. El invierno, en oposición, se caracteriza por lluvias torrenciales que en ocasiones se prolongan por varios días. Estos cambios climáticos no sólo influyen en la vegetación, produciendo un paisaje verde en invierno y uno amarillo grisáceo en verano, sino que afectan los suelos en su composición y aptitud de uso, marcan la iniciación de ciclos de importancia para las especies animales y vegetales y por consiguiente alteran las actividades humanas.

2 . En la actualidad las sabanas tropicales son definidas por su régimen climático, aunque en el pasado los criterios empleados se relacionaban con la vegetación (ver Harris Human Ecology in Savanna Environments, Academic Press 1980).

Los suelos de las sabanas tropicales, constituídos por arcillas en su gran mayoría, impiden la filtración de las aguas en el invierno. Fenómeno que acelera el lavado de los estratos superiores y determina la aparición de grandes áreas inundadas. Este efecto es magnificado por una topografía poco pendiente , que toma en el paisaje usualmente la forma de ondulaciones. En oposición, durante la temporada seca los suelos tienden a cuartearse ya que no recuperan el agua que pierden por evapotranspiración. Por otra parte, la resequedad de la vegetación durante este período, facilita que se den grandes incendios, ya sea por fenómenos atmosféricos o causados por el hombre, contribuyendo a la pérdida de nutrientes en los horizontes superiores .

Si bien las características anteriormente citadas son comunes a todas las sabanas tropicales, la geomorfología en cada una de ellas introducirá comprensión del ecosistema. Esta última, cobra especial relevancia cuando se trata de estudiar el poblamiento y las adaptaciones de los diferentes grupos humanos que habitaron en los Llanos.

La falla que corre paralela al río Meta, genera regiones divergentes, en cuanto a facilidades para su ocupación; los Llanos al Sur del Meta, al Oriente y los Occidentales, corresponden a zonas, cada una de ellas con características propias, que tuvieron en cuenta los antiguos habitantes de estas partes 3. Esta primera sectorización cobrará un carácter más específico, a medida que el dato arqueológico así lo requiera.

3. Vale la pena aclarar que el río Meta toma ese nombre después de que el río Humea deposita sus aguas en el Metica. Es entonces, desde la línea trazada por la unión de estos ríos, que consideraremos las diferentes zonas geográficas.

Igualmente importante, desde el punto de vista de las ocupaciones humanas, es la prolongación o la disminución en los períodos estacionales, como consecuencia de cambios en la latitud. Aquellos puntos ubicados en la región meridional, gozarán de una estación de lluvias prolongada y un período seco de menor duración.

La geografía Llanera, ha contribuído a fomentar procesos adaptativos, en ocasiones antagónicos, entre los diferentes grupos que poblaron y pueblan la región. Es por ello que se hace indispensable revisar los datos básicos con los que contamos, desde una perspectiva que incluya consideraciones geográficas.

 

Llanos al Sur del Río Meta

Se trata de una región que en su costado occidental limita con las estribaciones de la cordillera oriental, que la influye profundamente. De allí provienen gran cantidad de ríos que depositan ricos sedimentos, que contribuyen a formar los mejores suelos de los Llanos. Al sur, se levanta el límite con el bosque amazónico; éste a lo largo de su historia ha avanzado y retrocedido sobre la zona. Por el Oriente la altillanura disectada corta las terrazas en varios niveles, e irrumpen las sabanas. Por tratarse de una región ubicada en el sector meridional de los llanos, cuenta con una estación seca menos prolongada.

Es en esta región donde se da comienzo a las investigaciones arqueológicas de los Llanos colombianos. En 1972 John P. Marwitt, llevó a cabo la primera búsqueda sistemática de evidencias que revelaran la ocupación prehispánica de la región. Durante los meses de agosto y septiembre adelantó una breve prospección en un área de 75 kilómetros entre Cubarral, al noreste del departamento del Meta y Puerto Lleras, al sur del mismo departamento. Fueron entonces localizados algunos sitios arqueológicos; diez y seis de ellos correspondían a un período prehispánico, dos eran asentamientos de finales del siglo XIX o principios del XX, y un tercer asentamiento, cerca de San Juan de Arama, posiblemente correspondía al antiguo poblado de San Juan de los Llanos 4. Todos los yacimientos considerados por Marwitt como pertenecientes a una época prehispánica, se localizaron en las planicies aluviales, a pocos kilómetros de los ríos; no informa sobre asentamientos en las sabanas interfluviales.

4. Cabe anotar que existen discrepancias en lo referente al número de sitios ubicados por Marwitt. En su primer escrito (1973), afirma haber detectado diez y nueve sitios; con posterioridad (1475), y sin que hubiera realizado nuevas exploraciones anota la existencia de veintidós yacimientos.

Los materiales recuperados en estos sitios no fueron sometidos a un estudio tipológico exhaustivo; el autor intentó, a partir de la consideración de algunos rasgos, determinar conjuntos de ellos. Para la cerámica, elemento sobre la cual basó sus observaciones, tomó como rasgo primordial el atemperante empleado en la manufactura. Así estableció tres diferentes conjuntos; tiesto molido, cariapé y arena. La frecuencia de cada uno de estos "tipos", para el autor, indicaba la dirección de los desplazamientos humanos en la región 5.

5. Desde su inicio los estudios arqueológicos en la región de la Orinoquía y la Amazonía han buscado la explicación a los fenómenos relacionados con la ocupación de estas Breas, en la migración. Para la época en la cual escribió Marwitt (1973 y 1975), una gran polémica se había desatado con la publicación de la obra "The Upper Amazon" de D. Lathrap. Allí se proponía que los diferentes grupos identificados arqueológicamente en la Amazonía y en la Orinoquía, procedían del curso medio del río Amazonas. Por ello, no sorprende que los esfuerzos de Marwitt estuvieran dirigidos a ubicar sus hallazgos dentro de esta perspectiva.

Marwitt comparó los materiales cerámicos que obtuviera en proximidades del río Ariari, con algunos precedentes de la Orinoquía y otros de la Amazonía. Las similitudes registradas entre aquellos descritos por Meggers en el Ecuador y Bruillier et al, en el Alto Caquetá, con los del Ariari, le permiten suponer que en el pasado se dió una relación más estrecha entre la región del río Ariari y la Amazonía, que entre la primera y la Orinoquía (Marwitt 1973; 1975). El autor no especifica el carácter de la relación por él propuesta.

 

Con posterioridad a los escritos de Marwitt, fue dada a conocer una cronología para los yacimientos visitados por ese autor (Morey 1976). Esta permitió establecer dos fases de ocupación para la región del río Ariari: Puerto Caldas y Granada. La más antigua de ellas -Puerto Caldas-, fue fechada por C-14 hacia el año de 760 antes de nuestra era y no cuenta con antecedentes conocidos dentro de la región. La más reciente -Granada-, fue ubicada hacia el año 810 de nuestra era; para estos autores se encuentra relacionada con el Horizonte Polícromo de la Amazonía propuesto por Lathrap 6.

6. La asimilación de los restos cerámicos recuperados por Marwitt al Horizonte Polícromo, se encuentra soportado por la cronología obtenida, así como por la técnica empleada para la decoración cerámica. Esta consiste en el manejo de pintura blanca, roja y en algunas ocasiones negra siguiendo complicados diseños geométricos.

Gerardo Reichel-Dolmatoff y Alicia Dussán descubrieron en 1975 un sistema de cultivo prehispánico en los Llanos de Manacacías, departamento del Meta. Este se componía de un centenar de pequeños montículos circulares, con tres metros cuadrados de superficie y una altura de sesenta centímetros en promedio. Los esposos Reichel, realizaron excavaciones en uno de los promontorios, y concluyeron que éstos habían sido construídos al acumular tierra en el mismo lugar, con el fin de formar un islote, el cual posiblemente fue destinado al cultivo de raíces (1974). Este sistema de cultivo representa una importante adaptación a los cambios climáticos propios de las sabanas tropicales. Durante la estación seca los productos cultivados no pierden la humedad necesaria para su desarrollo, puesto que ésta es conservada en el montículo; en el invierno, el promontorio mantiene las raíces de las plantas sobre el nivel de inundación, evitando que éstas sean dañadas. Sistemas de cultivo semejantes han sido reportados con posterioridad para otras partes de los llanos. Lamentablemente de momento no se cuenta con cronologías para estas estructuras, ni asociaciones con otros materiales culturales.

En el año de 1982 se adelantó otro trabajo arqueológico en los Llanos Orientales. Inés Cavelier y Santiago Mora, llevaron a cabo la prospección y de una amplia zona describieron asentamientos y adelantaron la excavación en área de una planta de habitación en el Municipio de Acacías 7. Los autores como estrategia de investigación, recurrieron a la zonificación geográfica. Tomaron en cuenta cuatro de los cinco paisajes básicos de los Llanos: pie de monte, llanura aluvial de desborde, aluviones recientes y terrazas en varios niveles. Estos corresponden a los Llanos al occidente del Meta, al oriente y al sur.

7. Este trabajo correspondió a la tesis de grado en antropología de los autores. Universidad de Los Andes 1983.

En los Llanos al sur del río Meta, los autores prospectaron la región de terrazas en varios niveles, próximas al río Acacias. Los trabajos comprendieron la localización de algunos asentamientos, todos ellos sobre la terraza y la excavación de una planta de habitación, ubicada entre los caños Lejía y Unión. Se comprobó la ocupación del área por grupos de agricultores que aprovechaban los recursos del bosque cercano 8. Cronológicamente estos asentamientos se localizan hacia el año de 1570.

8. La zona sobre la cual se llevaron a cabo los trabajos en la actualidad se sitúa en el límite entre la selva y el llano.

Entre los materiales recuperados en la planta de habitación se destaca un conjunto de restos vegetales carbonizados, que pone de manifiesto el uso del maíz, algunas leguminosas (posiblemente se trate de Anaderantera peregrina), una gran variedad de productos de palma, y algunas dicotiledóneas (maní?). En cuanto a los materiales cerámicos, fue posible llevar a cabo la reconstrucción de trece formas (muchas de ellas con interiores foliginosos), que incluyen cuencos, escudillas y vasijas. Aunque no se encontraron budares, algunos fragmentos cerámicos podrían corresponder a estos. La técnica decorativa más común consiste en la aplicación de figuras zoomorfas sobre el cuerpo de los recipientes; la pintura en rojo, negro y blanco en el exterior de las vasijas representó un alto porcentaje. En los pequeños recipientes (cuencos), se acompañó la decoración pintada con diseños geométricos que siguen un complicado patrón 9. Los materiales líticos fueron escasos.

9. Las técnicas empleadas en la decoración cerámica, por los habitantes de la terraza cercana al río Acacías, indudablemente indica una estrecha relación con la alfarería que fuera recuperada por Marwitt en 1972 y a la cual el autor considerara como perteneciente a la fase Granada. No obstante, vale la pena destacar que existe una diferencia temporal entre los dos conjuntos de mas de 700 años.

Para los autores, la región de terrazas altas próximas al río Acacías, se encontraba ocupada por una población dispersa, en asentamientos de tres a cinco casas, relativamente cercanas. Por medio de la excavación, en área, de una planta de habitación se pudieron identificar algunas actividades que se dieron allí en el pasado, al igual que los procesos de formación y alteración del yacimiento (Mora y Cavelier 1983).

En la región del río Ariari G. Escobar, J. Nieto y P. Pérez llevaron a cabo un reconocimiento arqueológico, paralelo a un trabajo de compilación y análisis etnohistórico 10. En lo relativo a la arqueología visitaron tres diferentes zonas. La primera, en proximidades del río Guéjar, al Sur de la Balastrera, en el punto denominado El Terror. Los restos arqueológicos allí localizados se encuentran esparcidos en una gran área, como consecuencia del transporte de los mismos por parte del río. Un segundo sitio visitado, en proximidades del poblado de Cubarral, no arrojó resultados. Por último, se sondeó al Sur Occidente del poblado de Puerto Caldas, en las proximidades del Caño Taparo. Estos sondeos, permitieron obtener restos cerámicos y líticos semejantes a los obtenidos en Acacías (Escobar, Nieto y Pérez, 1984).

10. Esta investigación correspondió al trabajo de campo del sexto semestre de los estudiantes mencionados, en la Universidad Nacional de Colombia (ver Escobar et al. 1984).

Marianne Cardale de Schrimpff, visitó la región pie de montaña de los Llanos Orientales, en el Departamento del Meta. En el lugar donde actualmente se localiza la "Salina de Upín", recolectó algunos materiales arqueológicos. En su gran mayoría se trata de cerámica, que al parecer formaba parte de un importante asentamiento prehispánico, destruido por la compañía que actualmente explota la sal allí. Llama la atención dentro de este material, algunos fragmentos cerámicos de obvia filiación Muisca, así como la aparición de un nuevo tipo de decoración hasta entonces no registrada para los Llanos (Mora y Cavelier 1985) 11

11. Los fragmentos cerámicos recuperados allí, nos fueron amablemente prestados por Marianne Cardale de Schrimpff para ser estudiados. Si bien existen variaciones en la técnica de manufactura, desgrasante empleado, es evidente que se trata del mismo conjunto cerámico reportado para la región de Acacías.

Durante los años de 1984 y 1985 Inés Cavelier y Santiago Mora llevaron a cabo nuevas exploraciones arqueológicas en los Llanos al sur del río Meta. El reconocimiento comprendió tres zonas diferentes, la primera, localizada al sur del río Upía, en proximidades de la Salina de Upín, hasta la población de Cubarral. La segunda comprendió las márgenes del río Ariari, desde Puerto Caldas hasta Puerto Lleras, incluyendo así la región que fuera visitada por Marwitt en 1972. La tercera, abarcó el área comprendida desde Puerto Caldas, hasta la población de Vista Hermosa, incluyendo un sector localizado en la margen sur del río Guéjar próximo a Puerto Lucas (Mora y Cavelier 1985).

Se localizaron sitios en terrazas, cuya morfogénesis y desnivel respecto del curso de las aguas, favorece el drenaje, permite suelos de mediana fertilidad, con buena descomposición de materia orgánica y posibilita el desarrollo de un bosque con múltiples especies. Estos se registraron en cercanías del río Acacias (Terrazas altas), en la región del río Guéjar y en proximidades de la unión de los caños Pepemuya y Cunimía (Terrazas bajas). Igualmente, se verificó la existencia de asentamientos sobre el piano aluvial, intermedio entre la zona de terrazas y el curso del río. En esta unidad del paisaje, como consecuencia de los aportes sedimentarios del río, se presentan los mejores suelos para el cultivo. Sin embargo, la ocupación de esta zona reviste ciertas dificultades, ocasionadas por los continuos cambios en el curso del río y las inundaciones comunes en la etapa invernal. Por ello, el espacio geográfico seleccionado por los indígenas, debió representar áreas con pendientes y alguna altura sobre el cauce, localizadas relativamente alejadas del río. Hoy muchos de estos asentamientos están siendo erodados por los ríos Guéjar y Ariari. Sobre esta unidad, se registraron sitios arqueológicos en el Municipio de Fuente de Oro, donde el Caño Irique desemboca en un antiguo brazo del Ariari, y sobre la margen sur de este río; área donde son abundantes los asentamientos prehispánicos. Por último, se localizaron sitios en los abanicos de pie de monte, zona en la que más que el drenaje, generalmente bueno, o las propiedades de los suelos, cuenta la existencia de otro tipo de recurso de importancia. En efecto, sobre el área se encuentran algunos afloramientos salinos que no son comunes en la formación geológica llanera. Se registraron dentro de esta unidad sitios en la Salina de Upín (visitada con anterioridad por Marianne Cardale), y en las proximidades del acueducto de Restrepo (Mora y Cavelier 1985).

Los materiales arqueológicos recuperados durante estos trabajos, demostraron que existe una correspondencia, tanto estilística como técnica entre estos conjuntos y aquellos registrados en Acacias en 1983. Por otra parte, una nueva fecha obtenida en Fuente de Oro, corrobora la posición de los hallazgos, ubicándolos hacia los primeros años de la conquista.

Partiendo de esta información, Mora y Cavelier, recurrieron al análisis etnohistórico y pudieron establecer una región, delimitada etnohistóricamente, que coincidía con aquélla que fuera trazada a partir de los datos arqueológicos. Para los autores allí habitaron los Guayupues 12. Se hizo patente la existencia, tanto prehispánica como histórica de poblados de grandes dimensiones (algunos de ellos fortificados, según los recuentos históricos), en las zonas limítrofes del territorio. Otros asentamientos, al interior del territorio Guayupe, fueron considerados como centros religiosos; ejemplo de lo anterior lo es el poblado de Nuestra Señora, que fue empleado como base para la conquista del pie de monte Llanero durante el siglo XVI.

12. Mora y Cavelier han tratado como una unidad, denominada Guayupe, a los grupos que fueran encontrados en la región en el siglo XVI. Si bien estos fueron denominados como Saes, Operiguas o Eperiguas y Guayupes, los datos etnohistóricos no translucen grandes diferencias entre ellos. Aguado (1956; 1957), relata tienen un origen mítico común, pero los separa argumentando que aquellos que viven sobre las partes montuosas -Saes-, son más "ricos". Estas diferencias Mora y Cavelier las explican como consecuencia de una posición privilegiada para el comercio.

A partir del estudio de la situación socio-política de los Guayupe, comparada con los datos arqueológicos obtenidos, los autores proponen que en este grupo se dió un manejo diferencial de los asentamientos, acorde al área de recursos a su disposición. Para los asentamientos arqueológicos localizados en inmediaciones del río Ariari, se propone que estos correspondían a sitios de habitación dispersos, en las cuales vivían gentes encargadas del cultivo de la yuca y posiblemente del algodón 13. Los habitantes de esta área durante el verano participaban de las labores comunales de pesca (Mora y Cavelier 1985). Para los asentamientos, en las terrazas de mayores dimensiones que los anteriores se sugiere que se trata de poblados de gente que cultivaba el maíz, posiblemente el yopo y explotaban con especial énfasis las palmas y los recursos del bosque vecino. Para los asentamientos localizados sobre el abanico de pie de monte, por sus dimensiones grandes poblados-, se propone el aprovechamiento de los afloramientos de sal, al igual que el manejo y la protección del comercio al exterior del territorio. El espacio así definido fue ampliado con las nuevas evidencias aportadas por materiales cerámicos identificados como Guayupes, reportados en proximidades del poblado de Guayabetal (Mora y Cavelier 1988).

13. Aguado relata cómo las expediciones conquistadoras encontraron en esta zona un gran número de asentamientos (1956, T. III: 131, 174, 176; T.I: 572), situación que ha sido corroborada por las investigaciones arqueológicas.

El área que fuera controlada por los Guayupe y que fue posible definir por los trabajos arqueológicos y etnohistóricos, comprende un extenso territorio. Este ofrece una alta complejidad, que permite sugerir la existencia de formas de organización socio políticas complejas (Mora y Cavelier 1984; 1985; 1988).

Cabe aún preguntarnos sobre la concordancia o discordancia entre los trabajos adelantados por Marwitt (1973; 1975) y Mora y Cavelier (1983; 1984; 1985; 1988). Al parecer, los materiales que fueran reportados por Marwitt como pertenecientes a la fase Granada, tienen una correspondencia exacta con aquellos atribuidos por Mora y Cavelier a los Guayupe (Mora y Cavelier 1984). Por ello, estos autores han sugerido, recientemente, que Marwitt pudo haber localizado un sector más temprano de la ocupación Guayupe en el pie de monte Llanero (Mora y Cavelier 1988). No obstante, la suposición de Marwitt respecto a la migración, detectada a partir de las frecuencias del desgrasante empleado en la manufacturera cerámica, parece encontrarse descartada, ya que en algunas formas cerámicas se pudo verificar la existencia de dos o más tipos de desgrasante (Mora y Cavelier 1984).

 

Llanos al Oriente del río Meta

 

Esta región se caracteriza por grandes extensiones de sabanas y altillanuras disectadas, interrumpidas por algunos bosques de galería. Los suelos aquí son generalmente pobres y el clima representa cambios drásticos.

En abril de 1974 Lucia Rojas de Perdomo llevó a cabo un reconocimiento y algunas excavaciones arqueológicas, en proximidades de la frontera colombo-venezolana 14, en inmediaciones de los ríos Meta y Casanare 15. En los sitios Ipa, La Virgen y Bombay, detectó evidencias que sugieren el paso del cultivo de raíces al de maíz. En los niveles inferiores del sitio Bombay, se encontró una cerámica burda manufacturada con un atemperante de cenizas, con la cual se fabricaron platos para procesar la yuca (budares). En los niveles superiores del mismo yacimiento, se reportó la existencia de una cerámica más compacta, atemperada con arena de río, así como la aparición de figurinas antropomorfas con ojos y boca grano de café, grandes recipientes y fragmentos de metates y manes de moler que indicaban el uso del maíz. La autora, aunque no da fecha para este yacimiento, sugiere que se trata de un sitio de "considerable" antigüedad (Rojas de Perdomo 1979).

14. Los yacimientos explorados por de Perdomo, al igual que los reportados por Giraldo de Puech, se encuentran localizados en la zona fronteriza entre los Llanos al oriente del Meta y los Llanos al occidente de este río. En general, en esta parte el área comprende una depresión, que contribuye a generar áreas muy similares a uno y otro lado del Meta. Por ello todos los trabajos han sido incluídos en los Llanos al oriente del Meta.

15. Estos trabajos no merecieron por parte de la autora una publicación especial. Los resultados fueron incluidos en Perdomo 1979 y en la tesis de María de la Luz Giraldo de Puech (Universidad de Los Andes 1976). De ella se extractó artículo recientemente publicado Investigaciones Arqueológicas en los Llanos Orientales, región Cravo Norte, Arauca. Boletín del Museo del oro No. 21 de 1988.

María de la Luz Giraldo localizó dos basureros próximos al área que fuera estudiada por Lucía de Perdomo. El primero, Mochuelo, ubicado en las proximidades de la desembocadura del río Cravo Norte en el Casanare; el segundo a orillas del río Ariporo. Según la autora, la comunidad que habitó la región antes de la llegada de los misioneros, era de cazadores recolectores. Un tercer sitio excavado, corresponde a una planta de habitación: Caño Bombay, en la orilla izquierda del río Meta. Allí obtuvo la única fecha existente en la actualidad para la zona del Arauca. Los materiales cerámicos que fueran obtenidos en el curso de esta investigación muestran, según la autora, algunas similitudes con materiales del complejo Arauquinoide (Giraldo, 1976).

Durante el año de 1982, Alvaro Baquero llevó a cabo una prospección arqueológica, en inmediaciones del curso alto y medio del río Vichada, Comisaría del Vichada. Los trabajos se concentraron en el área comprendida entre los 4 14' y 4 15' latitud Norte y los 70 25' longitud oeste. Dentro de esta zona fueron explorados un total de doce sitios arqueológicos, once de ellos considerados como plantas de habitación. Aquellos sitios que fueron localizados en las proximidades de los caños que drenan los territorios que comprenden sabanas interfluviales, son de mayor riqueza, comparativamente, con los que están localizados en las vegas de los ríos. En los asentamientos de las márgenes de los ríos Muco y Vichada, se verificó la existencia de un mayor número de vestigios cerámicos y líticos. Esta zona permitió, por sus condiciones geográficas el establecimiento de grupos sedentarios, según lo anota el autor. Lamentablemente no fue posible el obtener muestras para fechar (Baquero 1985).

Por los restos culturales encontrados, permiten establecer a este autor, tentativamente, algunas comparaciones con complejos del Orinoco y del Amazonas (Baquero 1985).

En el mismo año Santiago Mora e Inés Cavelier realizaron una prospección de la llanura aluvial de desborde, en la margen derecha del río Meta. La zona prospectada comprendió desde Puerto López, hasta la desembocadura del río Cusiana en el Meta. La falla que corre próxima al río Meta, determinó que el costado correspondiente al departamento del Meta se encuentre más elevado que su contraparte en el Casanare, factor que contribuye a impedir las inundaciones, por desborde del río o por precipitaciones, durante la temporada invernal. Es posible que en las inmediaciones del río los suelos tengan mejores condiciones para la agricultura, dados los aportes sedimentarios. Es en esta región, donde se localizaron de diez a quince montículos artificiales, de forma redondeada, con una superficie de tres metros cuadrados y una altura de un metro con veinte centímetros, en promedio. Los autores sugieren que la función de los montículos de Humapo pudo ser similar a la propuesta por Alicia Dussán y Gerardo Reichel Dolmatoff, para los de Manacacías (Mora y Cavelier 1984).

Estos mismos autores (1983), prospectaron la zona que comprende la altillanura disectada o "serranía", localizada entre el río Meta y las Cabeceras del río Planas. Allí se visitaron dos subregiones: la margen del caño Nare, hasta su desembocadura en el Meta y las partes altas del río Planas en la zona donde se ubica el caño Catanaribo. Únicamente fueron localizados asentamientos de grupos nómades recientes.

En 1984, Carlos Castaño en colaboración con Alvaro Soto, realizó una prospección de la zona nororiental del Parque Nacional de Tuparro, comisaría del Vichada. Los trabajos les permitieron ubicar "varios yacimientos de habitación, enterramientos y ritual"

En Pozo Azul se encontró una cerámica en profundidades superiores a los 60 centímetros; en opinión de estos autores lo anterior sugiere una ocupación prolongada del lugar. Con decoración monocroma esta alfarería fue elaborada empleando como desgrasante el cariapé, para la fabricación de "bowl" y platos de yuca. Los autores sugieren relaciones entre estas partes -El Tuparro y la cuenca del Amazonas y la del Orinoco. En el cerro Inculí, se encontraron restos óseos de por lo menos 8 individuos; por las características de éstos - dodicocefálea, ancho de la rama ascendente de la mandíbula y abrasión dentaria- se propone que se trató de cazadores recolectores, que incluían en su dieta carnes crudas o mal cocidas, así como gran cantidad de semillas. En el mismo sitio se encontraron algunas pictografías (Castaño y Soto, 1986).

 

Llanos al Occidente del Río Meta

 

Esta región se encuentra un poco más elevada que la anterior y no incluye sectores de altillanura disectada. Se caracteriza por bosques de galería, en inmediaciones de grandes ríos como El Cravo, El Cusiana, El Tua, El Pauto y El Guanapalo, entre otros. El drenaje de manera generalizada va en dirección Suroriente, hasta el río Ariporo donde toma un rumbo exclusivamente oriental. Por contar con gran cantidad de ríos que bajan de la cordillera cargando sedimentos -ríos de aguas blancas-, es posible encontrar sectores con suelos con mejores propiedades para la agricultura. En su sector nororiental, la región entra a formar parte de una inmensa depresión, que hace muy semejantes los dos sectores ubicados a lado y lado del río Meta. Las estaciones climáticas siguen un patrón semejante al observado para la región de los Llanos al Oriente del río Meta.

En el transcurso del año de 1981 se iniciaron los trabajos arqueológicos en esta área. La zona investigada correspondió al pie de monte casanareño, en las vecindades de los poblados de Agua azul, Tilodirán y Yopal. Santiago Mora y Elizabeth Márquez (1982), realizaron una prospección y llevaron a cabo algunas excavaciones.

En el sitio denominado Catanga, localizado en las inmediaciones de los caños Seco y Canacabare, se excavó un basurero. Los trabajos propiamente dichos se adelantaron por medio de una excavación en área, profundizando por sucesivos niveles de "descapotado". Estos fueron definidos a partir del registro de pisos culturales. Como primer resultado de esta excavación, se pudieron delimitar zonas de actividad reconstruibles, y se obtuvo una muestra diagnóstica de materiales arqueológicos.

El análisis de la forma en que los desechos habían sido depositados, sugirió una segunda zona para iniciar excavaciones. En esta oportunidad se trató de una planta de habitación.

Entre los materiales recobrados en estas excavaciones se cuentan gran cantidad de fragmentos cerámicos y líticos, así como restos óseos de un ser humano; huesos del cráneo -parietal y occipital-, mandíbula inferior de un adulto, algunos molares, restos de huesos largos, al igual que algunas falanges de las extremidades inferiores y superiores. Huesos de pequeños roedores y/o aves abundaron en algunos sectores del basurero (Mora y Márquez 1982).

Las investigaciones arqueológicas en el Casanare permitieron determinar, que en las partes bajas del municipio de Yopal, sobre el área extensa de abanicos aluviales, hacia la mitad del siglo XVII, habitó una etnia, que a juzgar por el número de asentamientos y la extensión de los mismos, tenía una alta densidad de población. Se trata de agricultores sedentarios, que parecían preferir para localizar sus poblados, regiones en las cuales se conjugaban un mayor número de paisajes. La explicación a este fenómeno se encuentra en la necesidad de aprovechar los recursos, que en forma alternada se generan a lo largo de las estaciones. Estrategias análogas, para el manejo de las sabanas del Casanare, fueron consignadas en crónicas por parte de los jesuitas en el mismo siglo. Los autores, anotan que estos asentamientos pertenecían a los indígenas Achaguas, registrados históricamente (Mora y Márquez 1982).

Los objetos obtenidos durante la etapa de excavaciones, fueron sometidos a comparaciones con algunos de los conocidos para el amazonas, el pie de monte cordillerano y la Orinoquía. Se demostró la existencia de similitudes entre los fragmentos y formas cerámicas de Catanga, con los obtenidos por A. Zucchi en Caño Caroni (Venezuela). Igualmente se comprobó, por medio del fechado de radio carbón, que existe una proximidad cronológica entre éstos asentamientos (Mora y Márquez 1982).

 

Balance General de la Región

 

Los datos con los cuales contamos no son suficientes para explicar satisfactoriamente todas las cuestiones que han sido planteadas para la Orinoquía.

Algunos investigadores (Baquero, Castaño y Soto, Giraldo de Puech, Marwitt y Mora y Márquez), han buscado enmarcar los resultados obtenidos por sus investigaciones dentro de una problemática amplia. Así han involucrado procesos que en muchas ocasiones se dieron fuera de las fronteras de la región. El énfasis se ha puesto sobre la influencia y/o el desplazamiento de grupos desde otras partes del continente. Desde esta perspectiva teórica es imposible aislar una región, dado que comparte un cierto número de rasgos, a intervalos de tiempo, con otros conjuntos. De esta forma, las sociedades que habitaron en el pasado en los Llanos, se transforman en receptoras o portadoras, de influencias particulares. Es por ello que estos autores han sugerido relaciones con otras regiones; lamentablemente, ninguno de ellos ha podido determinar el carácter de las "relaciones" planteadas.

En oposición a este primer enfoque, otros estudios se han ceñido al recuento y análisis de problemáticas "locales", sin considerar la influencia de los desplazamientos como motor de cambio. Esta segunda perspectiva bien puede tener su origen en la clase de datos con los que se trabaja.

Para un adecuado análisis, de las posiciones antes mencionadas, se debe tener en cuenta la zona y el carácter de las informaciones disponibles. La mayoría de las investigaciones adelantadas se han concentrado en el pie de monte y sus áreas vecinas. Por lo cual no resulta sorprendente que sean éstas las áreas para las cuales se tenga un mayor acopio de conocimientos. No obstante, allí existen grandes problemas por resolver. La gran mayoría de las fechas , indican que los asentamientos son tardíos. De otra parte, no se tiene información sobre yacimientos estratificados, aunque como lo sugieren algunos autores (Escobar et. al), es posible que se dieran complejos cerámicos diversos. No es claro si estas observaciones encuentran asidero en las fases planteadas por Marwitt 16.

16. Los escritos de Marwitt lamentablemente no desarrollan muy profundamente este aspecto. Cabe mencionar que no se cuenta con una muestra de materiales cerámicos correspondientes a la fase de ocupación más antigua. Tampoco tenemos informaciones que permitan localizar los yacimientos que estudiara Marwitt.

Por otra parte, buscar la Tradición Polícroma de la Amazonía en la región del río Ariari, a partir de algunas características cerámicas, como sería el empleo de un desgrasante o la decoración en dos colores, no parece haber encontrado eco en los investigadores que precedieron a Marwitt. Estos, interesados más en la problemática regional y por considerar que los datos no pueden soportar estas teorías de momento, las han dejado de lado.

En relación con la subsistencia los esposos Reichel y Mora y Cavelier, indicaron la presencia de montículos para cultivo, hasta entonces no reportados en el área. Sistemas análogos han sido descritos para los Llanos venezolanos, donde fue práctica común su empleo, tanto para cultivo como para habitación 17 . Lamentablemente la ausencia de otros datos, como lo sería el cronológico y la asociación de estas estructuras con otros vestigios culturales, no han permitido profundizar en el conocimiento de los grupos que los construyeron.

17. Para mayor información ver Zucchi y Denevan "Campos Elevados e Historia Cultural Prehispánica en los Llanos Occidentales de Venezuela" Universidad Católica Andrés Bello 1979.

Lucía de Perdomo detectó el paso de la agricultura basada en la yuca a aquella del maíz. Esta transición representa, para muchos de los investigadores que han trabajado en los Llanos colombo-venezolanos, la explicación a la complejidad alcanzada por algunos grupos de la región 18. Lamentablemente la mala documentación sobre este aspecto aportada por Perdomo no permite llegar a ningún tipo de conclusión. Giraldo de Puech, quien excava en un área muy próxima a de Perdomo, no encuentra este proceso de cambio en la dieta; menos aún sugiere que se trata de asentamientos muy antiguos. Esta discordancia en los datos, parece sugerir que en el área se han dado ocupaciones múltiples o bien variaciones locales, no tan antiguas como lo sugiere de Perdomo.

18. Esta polémica tiene mucho que ver con los planteamientos de B. Meggers sobre la limitación medio ambiental en las tierras bajas. Una buena exposición sobre el tema, se encuentra en Roosevelt 1980.

Sobre la región del río Ariari e involucrando una parte de la cordillera, Mora y Cavelier proponen la existencia de un manejo "horizontal" de los recursos, acorde a las formas del paisaje y sus potencialidades. Este esquema, aún no explica satisfactoriamente muchas de las cuestiones relativas a la organización política y social de estos grupos. Indudablemente se hace indispensable la búsqueda de informaciones más precisas dentro del territorio Guayupe; éstas deben ser estudiadas a la luz de los datos obtenidos al exterior de la frontera territorial. Definir, como lo han hecho los autores, límites étnicos, implica la existencia de una dinámica interna y su contraparte al exterior. Esta última no ha sido considerada en absoluto.

Para la región del Casanare los interrogantes son innumerables. El único estudio adelantado sólo permite identificar pautas de asentamiento, asociadas a un sistema económico, deducido a partir de datos etnohistóricos y arqueológicos 19. No obstante, se trata de un período en el cual han sido introducidos un gran número de cambios como consecuencia del contacto. La búsqueda y el estudio de asentamientos anteriores a la conquista, permitirán evaluar correctamente las informaciones que tenemos.

19. A este respecto se publicará un artículo en la Revista Colombiana de Antropología No. 26.

Los grupos étnicos detectados a partir de trabajos arqueológicos y etnohistóricos en los Llanos Orientales, representan hasta el momento conjuntos aislados y sin aparente relación 20. Esta situación contrasta con aquella aportada por Morey (1975). En efecto, la autora pone de manifiesto los estrechos vínculos que existieron a partir del comercio, entre los grupos llaneros. Esta situación demuestra la necesidad de profundizar en la definición de territorios étnicos y las interrelaciones de ellos en el pasado.

20. Hasta el momento no se ha podido definir si existió algún tipo de relación entre los grupos Guayupe y los Achaguas. Los dos ocupan, tanto en el espacio como en el tiempo, territorios colindantes. Sin embargo, no se han reportado restos arqueológicos Achagua en territorio Guayupe y viceversa. Rivero (1956), demuestra como los Achaguas penetran en el territorio que ocuparan los Guayupe, después de la "extinción" de éstos. Sin embargo, son necesarios un mayor número de datos que permitan establecer conexiones entre unos y otros.

Por último, consideramos que se hace necesario ampliar los datos de otras áreas -río Meta, Arauca, Vichada y Guainía-, que permanecen como tierra incógnita para la arqueología.

 

NOTAS

1. Agradecemos la colaboración de Inés Cavelier de Ferrero en la preparación de este artículo.

REGRESAR AL INDICE

Anterior / Siguiente

 

 

Comentarios (0) | Comente | Comparta c