| Amazonía Colombiana
La región amazónica de Colombia, comprende las cuencas de los ríos que
tributan al Amazonas y de algunos que lo hacen al Alto Orinoco. Limita al norte con el
río Guaviare y hacia el occidente no sobrepasa la cota de los 500 m. en la vertiente de
la Cordillera Oriental *.
* Para este capítulo de introducción geográfica nos hemos basado en Guhl
(1976), Cortés e Ibarra (1981), Botero(1984) y Domínguez (1985).
La Amazonía colombiana comparte con la cuenca hidrográfica del río Amazonas
ciertos rasgos de clima y morfología. El 70% de esta inmensa región, está cubierta de
bosques tropicales húmedos tipo hylea, para cuyo desarrollo se requiere de una
temperatura media superior a los 22" y una precipitación anual superior a los 2.000
mm., con lluvias constantes, repartidas a lo largo del año y un período seco, corto y
marcado.
Se encuentran en Colombia algunas de las áreas con mayor precipitación de la
cuenca amazónica: en los altos ríos Putumayo, Caquetá, Napo, en la región fronteriza
con Venezuela y Brasil, en el Guainía y Vaupés este alcanza los 3.500 - 4.500 mm
anuales. Estas áreas habrían conservado la vegetación selvática durante varios
períodos largos en el pleistoceno y holoceno cuando, al bajar la temperatura y disminuir
la pluviosidad por efectos de episodios glaciales, grandes extensiones de bosque fueron
transformados en sabanas. En estas áreas con mayor pluviosidad se habrían refugiado
especies de animales y de flora de adaptación selvática. El aislamiento prolongado de
estos refugios, habría permitido que sus habitantes evolucionaran en formas distintas. Se
explicaría así la amplia variación de especies de la Amazonía, donde no hay barreras
geográficas que la justifiquen. Esta hipótesis se podría aplicar, durante los últimos
episodios secos, a poblaciones humanas, para explicar la gran variación lingüística y
la distribución de algunas características culturales dentro del área; sin embargo no
ha sido puesta a prueba todavía por los arqueólogos (Meggers 1983, Domínguez 1983).
Morfológicamente la planicie amazónica es una inmensa región sedimentaria. Los
sedimentos más antiguos , depositados durante el terciario, en un mar o lago salobre,
sufrieron posteriormente procesos erosivos, de manera que el relieve es de lomeríos.
Intercaladas en este paisaje hay elevaciones mayores, superficies aún más antiguas,
reductos de formaciones montañosas del precámbrico, que forman mesetas y colinas rocosas
y son parte del Escudo de las Guayanas. También sobresale en el relieve la región de pie
de monte andino, formada por terrazas, serranías y terrenos levemente ondulados que se
alínean en un cinturón al pie de la Cordillera Oriental. Los materiales que la
constituyen provienen en su mayor parte de erosión y lavado de la cordillera, por lo
tanto, allí pueden encontrarse los mejores suelos.
Las superficies más recientes están formadas por los sedimentos fluviales, que
forman auténticas planicies a lo largo de los ríos más caudalosos. Se pueden distinguir
en ellas tres niveles: terrazas antiguas del plioceno-pleistoceno , que hoy se encuentran
sobre el nivel actual de los ríos, y las llanuras aluviales de inundación (várzea), con
dos niveles, el más alto de los cuales se inunda cada 5 ó 10 años cuando vienen las
grandes crecientes ("conejeras") y el más bajo, lo hace en un lapso corto de
tiempo todos los años, y recibe periódicamente sedimentos rejuvenecedores, óptimos para
la agricultura.
Los ríos que forman llanuras de inundación extensas, son frecuentemente,
aquellos que nacen en las vertientes orientales de los Andes. Desde allí, arrastran
sedimentos en suspensión que les dan una apariencia barrosa; de ahí su apelativo de
"ríos de aguas blancas". Los sedimentos que cargan, propician el desarrollo de
vida orgánica numerosa y variada. Otros ríos nacen dentro del Escudo de las Guayanas o
en las superficies de denudación, atraviesan suelos empobrecidos y sus aguas cristalinas
o ambarinas adquieren en gran volumen, una coloración oscura, debida a la presencia de
minúsculas porciones de ácidos húmicos; de ahí su apelativo de "ríos de aguas
negras"
Estos se caracterizan por su extrema acidez, pobreza de nutrientes y escasez de
la fauna acuática.
Considerados en general los suelos de la Amazonía son pobres, tanto en materia
orgánica como en minerales. Aún los del pie de monte y las vegas inundables son
inferiores a los suelos andinos fértiles. Los nutrientes para la frondosa vegetación, no
se encuentran en el delgado suelo, sino en la capa de hojarasca y detritus que lo cubre,
de donde las plantas los obtienen directamente a través de raíces
"alimentadoras" y hongos micorriza.
Al ser eliminado el bosque, los nutrientes se incorporan al suelo y son
rápidamente lavados, o se descomponen debido a la alta temperatura y humedad. Por esta
razón las tierras sometidas a prácticas agrícolas se deterioran progresivamente y es
necesario que el usuario las abandone y adecúe otras por el método de tala y quema.
Investigaciones arqueológicas recientes indican la presencia de suelos antrópicos
profundos y ricos en materia orgánica, cuya génesis e importancia en términos de
extensión y dispersión, son problemas sobre los cuales a la larga, el arqueólogo tiene
la última palabra.
A continuación se resume la forma como los autores consultados establecen
grandes divisiones dentro de esta extensa región, aparentemente homogénea. Domínguez,
lo hace en términos de formaciones vegetales; Guhl, establece subregiones geográficas;
Botero, unidades fisiográficas y Cortés e Ibarra, se basan en los suelos.
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Investigaciones
Arqueológicas
Las investigaciones arqueológicas en la Amazonía colombiana han sido contadas;
los resultados de algunas no se describieron adecuadamente y otras están en manuscritos
de difícil acceso, todo lo cual contribuye al desconocimiento y la escasa importancia que
se ha dado en Colombia, a esta región (Herrera 1985).
El primer arqueólogo colombiano en ocuparse de ella fue Eliécer Silva Célis
(1963a, 1963b) quien reseñó dos grandes rocas con petroglifos en los alrededores de la
población de Florencia y resaltó la importancia del río Caquetá, como vía de
comunicación entre los Andes Colombianos y el río Amazonas.
Las primeras investigaciones arqueológicas sistemáticas las realizó en 1968 y
1970 Charles Bolian , en el Trapecio Amazónico, en las cuales localizó sitios, la
mayoría al borde de la terraza aluvial del río Amazonas y de uno de sus afluentes, el
río Loreto-Yacú. Excavó en varios de ellos y definió para cada área una secuencia de
complejos.
En este último río la secuencia se caracteriza por la sencillez en formas y
decoración (la técnica más frecuente es el baño), pero se presentan variaciones en el
desgrasante usado. Componen la secuencia cuatro complejos, el más antiguo de ellos con
una fecha de C14 de 160 d.C. y el último con dos fechas, la más reciente de 1.190 d.C.
Hay además sitios que representan estadios de desarrollo en la cerámica del
actual grupo Tikuna, que antiguamente habitaba los afluentes del Amazonas. Correspondería
esta secuencia a una lenta pero estable evolución estilística de grupos ancestrales de
los actuales Tikuna, con una variante de la cultura de selva tropical propia de los
habitantes de los afluentes (Backwater), diferente de la que se desarrolla en las riberas
de los grandes ríos.
En las orillas del Amazonas los sitios son alargados y miden hasta 1.250 mts. de
largo. En algunos se encontró cerámica con algunos rasgos de la Tradición Barrancoide;
y aunque no hay fechas para este material, por comparaciones estilísticas se postula su
presencia hacia el 300 a.C.
En otro se encontró también cerámica relacionada con la Tradición Barrancoide
amazónica, pero con una manifestación diferente a la ya mencionada, que incluye rasgos
similares a material del sitio Chimay en el río Beni (Bolivia). Hay una fecha de 1040
para este material. En el sitio 14 se llevaron a cabo las excavaciones más extensas, en
las cuales había material de la Tradición Policroma amazónica que se denominó complejo
Zebu, con fechas de C14 entre 1030 y 1515 d.C.
Este material tiene rasgos, tanto de la subtradición Guárita, que corresponde a
un policromo influido o con rasgos barrancoides y de la subtradición Miracanguera, de la
cual están ausentes éstos. Se concluye que la transición del estilo barrancoide al
policromo se realizó en el Trapecio Amazónico en el siglo XI d.C. (Bolian 1972, 1975,
s.f.).
En 1973, Gary L. Brouillard, llevó a cabo prospecciones y excavaciones de sondeo
en el Alto río Caquetá y en el río Orteguaza. Encontró evidencias de tres complejos
cerámicos. El primero, que posiblemente se relaciona con los Andakí históricos, se
encuentra en sitios pequeños (de hasta 70 m. de diámetro) en el pie de monte, en
barrancos cercanos a afluentes del río Orteguaza y en las inmediaciones de las
poblaciones de Florencia, Belén y San José de la Fragua. El segundo complejo corresponde
a sitios de la llanura selvática, localizados en lugares de las inmediaciones de los
ríos Orteguaza y Peneya. Estos son de forma alargada y miden hasta 1.000 m. de ancho. Los
yacimientos del tercer complejo, están cercanos a cerros bajos aledaños al río Caquetá
y miden hasta 1.300 m. de largo. Tomadas en conjunto, las diferencias entre el material de
los tres complejos no son muy grandes, y parece tratarse de un conjunto sin
características llamativas de forma o decoración ( Brouillard s.f, Myers et al. 1.974).
Entre 1974 y 1980 Elizabeth Reichel y Martín von Hildebrand efectuaron
prospecciones y excavaciones en el Bajo río Caquetá, el Bajo río Apaporis y el área
entre estos dos. Por los alrededores de La Pedrera, (Bajo Caquetá) hallaron varios sitios
cuyo material cerámico, incluye budares y adornos biomorfos, con marcados rasgos
barrancoides, cuya filiación mas cercana es con la fase Yapurá definida en el Bajo
Caquetá brasileño. El material lítico asociado incluye instrumentos tallados y hachas
de piedra pulida. Hay tres fechas de C 14 para esta ocupación, que la colocan entre los
siglos VI y XII d.C. El material que hallaron en el río Apaporis es aparentemente una
variedad más sencilla de la cerámica de los sitios en el río Caquetá. Aquí también
los líticos son importantes.
En el río Mirití y algunos afluentes localizaron sitios arqueológicos de
habitación, con cerámica burda y de escasa decoración, en áreas de vivienda indígena
actuales (von Hildebrand 1976, FIAN 1.985: 39-41, Reichel y von Hildebrand 1.982-3).
En 1977 Warwick Bray, Leonor Herrera y Colin Mc Ewan llevaron a cabo un programa
de prospección y excavaciones en la región de Araracuara. De los sitios localizados
algunos son extensos, hasta de 2 kms. de largo y entre los que se excavaron, los hay de
vivienda basureros y antrosoles. Los investigadores definieron dos ocupaciones sucesivas
partiendo de excavaciones en yacimientos estratificados: Camani, la más antigua, con
fechas entre 135 DC y 830 DC, se caracteriza por una cerámica fina, pero, sin otra
decoración que baño generalmente rojo; Nofúrei, la segunda con fechas entre 805 DC y
1610 DC se asimila a la tradición policroma. El material de ambas ocupaciones incluye
fragmentos de budare y se asocia con artefactos de piedra tallada y piedra pulida.
Los autores iniciaron el estudio de suelos antrópicos conocidos como terra preta
de color negro y profundidades por encima de 1 m., cuya génesis no estaba clara
(¿basureros ? ¿sitios de habitación? ¿de cultivo?), pero que se podía afirmar
evidenciaban ocupaciones relativamente densas y prolongadas (Herrera, Bray, Mc Ewan
1980-81, Herrera 1981, Eden et al. 1984).
Posteriormente Angela Andrade, con la colaboración del edafólogo Pedro Botero,
profundizó en el estudio de las terras pretas de Araracuara, definió áreas de
coloración parda conocidas como terra mulatta y obtuvo información que le
permitió proponer que por lo menos algunos de estos antrosoles podrían ser áreas de
cultivo, con acumulaciones intencionales de desechos para reponer mutiladas y mejorar las
condiciones físicas del suelo. Obtuvo, además una fecha de C 14 más temprana para la
ocupación Camani, de 899 a.C. (Andrade 1986, FIAN 1985: 44-45, Botero comunicación
personal) .
A partir de 1986 Inés Cavelier, Luisa Fernanda Herrera de Turbay y Santiago Mora
llevan a cabo un proyecto de investigación en sitios entre Araracuara y La Pedrera. Su
interés es también las terras pretas. La información que apenas empieza a ser
de público conocimiento indica que la aplicación del análisis de polen y macrorestos
aporta datos muy relevantes especialmente a partir del siglo VIII d.C., sobre condiciones
ambientales, cultígenos (dos variedades de yuca, dos variedades de maíz, fríjol,
marañón, etc.) formas de manejo de la tierra (agricultura itinerante con adición de
desechos orgánicos y en cierto momento de materiales de zonas húmedas) y cambios a
través del tiempo en éstas (intensificación de la producción agrícola por la
regularización de las prácticas de adición de materiales hacia el 800 d. C). Estos
cambios estarían relacionados con modificaciones socio-políticas. Sugieren que la
secuencia cultural Camani-Nofureí necesita ser replanteada (Herrera de Turbay, Mora y
Cavelier 1988).
En la cuenca del río Putumayo, sólo se ha llevado a cabo un estudio. En 1977,
María Victoria Uribe realizó una prospección en el piedemonte, y en el río Guamués,
afluente del Putumayo, halló en las tenazas del río, evidencias de asentamientos con
material cerámico que presenta con frecuencia la superficie corrugada. Esta cerámica
parece relacionarse con las fases Sombrerillos de San Agustín y Pastaza del oriente
ecuatoriano (Uribe 1980-1).
Se han llevado a cabo estudios sobre petroglifos. En 1976 Elizabeth Reichel, hizo
el levantamiento de 14 de ellos en la cuenca del medio río Caquetá entre Araracuara y La
Pedrera, así como en algunos afluentes (von Hildebrand 1975). Fernando Urbina, reseñó
en 1977 los petroglifos situados en la orilla del río Caquetá, de Araracuara hacia el
Oeste, hasta la desembocadura de la quebrada Amefa (Urbina 1981, 1985).
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