II.  CASCADA DE TEQUENDAMA.
 

 

Salto del Tequendama

La meseta en que se halla situada la ciudad de Santa­Fé de Bogotá, ofrece muchos puntos de semejanza con aquella otra en que se contienen los lagos mejicanos; ambas de mayor elevacion que el monte de San Bernardo; pues tiene la primera 2,650 metros y 2,277 la segunda. El valle de Méjico, rodeado de un muro circular de montañas porfídicas está en su centro cubierto de agua; porque antes que los Europeos hubiesen abierto el canal de Huhuetoca, no encontraba salida ninguno de los numerosos torrentes que se precipitan en el valle. Del propio modo se halla colocada la meseta de Bogotá en medio de altas montañas que la encierran. El perfecto nivel de su suelo, su constitucion geológica, la forma de las rocas de Suba y Facatativa que surgen como islas en el centro de las sábanas, bien claramente revelan la existencia de un antiguo lago. Cerca de Tequendama sale del Valle el Rio de Funza, llamado comunmente de Bogotá, abriéndose camino á través de las montañas del Sudoeste de Santa-Fé, para precipitarse por una estrecha abertura en una grieta que baja hasta la cuenca del Rio Magdalena. Estas fértiles llanuras vendrian á ser un lago parecido á los mejicanos, si se intentara cerrar esta única salida que presenta el valle de Bogotá.

Bien se vé el influjo que tales hechos geológicos han ejercido en las tradiciones de los antiguos habitantes de estas comarcas. No pensamos decidir si es el aspecto de los sitios la causa de haberse imaginado hipótesis acerca de las primeras revoluciones del globo, en pueblos que no se hallaban muy alejados de la civilizacion, ó si las grandes inundaciones de Bogotá son bastante recientes para que su memoria se haya podido conservar. En todas partes se mezclan á las tradiciones históricas opiniones relijiosas y conviene recordar aquí las que Gonzalo Gimenez de Quesada, conquistador de este pais, encontró esparcidas entre los Indios Muyscas, Panchas y Natagaymas, al penetrar antes que nadie en las montañas de Cundinamarca (1) .

Segun ellas, en los mas remotos tiempos, antes que la Luna acompañase á la Tierra, los habitantes de la meseta de Bogotá vivian como bárbaros, desnudos y sin agricultura, ni leyes, ni culto alguno, segun la mitología de los Indios Muyscas ó Mozcas. De improviso se aparece entre ellos un anciano proviniente de las llanuras situadas al Este de la Cordillera de Chingasa, y cuya barba larga y espesa le hacia de raza distinta de la de los indígenas. Conocíase á este anciano por los tres nombres de Bochica, Nemquetheba y Zuhé, y asemejábase á Manco-Capac. Enseñó á los hombres el modo de vestirse, á construir cabañas, á cultivar la tierra y reunirse en sociedad, acompañándole una mujer á quien da la tradicion tambien tres nombres: Chia, Yubecayguaya y Huytaca. De rara belleza, aunque de una excesiva malignidad, contrarió esta mujer á su esposo en cuanto él emprendia para favorecer la dicha de los hombres. A su arte mágico se debe el inflamiento del Rio Funza, cuyas aguas inundaron todo el Valle de Bogotá, pereciendo con este diluvio la mayoría de los habitantes, de los que se salvaron unos pocos sobre la cima de las montañas cercanas. Irritado al anciano, arrojé á la hermosa Huytaca lejos de la Tiera; con virtióse en Luna entonces, comenzando á iluminar nuestro planeta durante la noche. Bochica, despues, movido á piedad de la situacion de los hombres dispersos por las montañas, rompió con mano potente las rocas que cerraban el valle por el lado de Canaos y Tequendama, haciendo que por esta abertura corrieran las aguas del lago de Funza, reuniendo nuevamente á los pueblos en el Valle de Bogotá. Construyó ciudades, introdujo el culto del Sol y nombró dos jefes á quienes confirió el poder eclesiástico y secular, retirándose luego bajo el nombre de Idacanzas, al Valle Santo de Iraca, cerca de Tunja, adonde vivió en los ejercicios de la mas austera penitencia por espacio de 2,000 años.

Reune esta fábula india caracteres comunes á tradiciones religiosas esparcidas en muchos pueblos del antiguo continente. El principio del bien y el mal se ven personificados en Bochica y Huytaca, y recuerda la pretension de los Arcadios sobre la antigüedad de su orígen, el tiempo remoto en que aun la Luna no existia. Pintase al astro de la noche como un sér malo que aumenta la humedad de la Tierra, mientras que Bochica, el hijo del Sol, seca el suelo, protege la agricultura y se convierte en el bienhechor de los Muyscas, del propio modo que lo fué el primero de los Incas entre los Peruanos.

Los viajeros que han tenido ocasion de contemplar de cerca la gran cascada de Tequendama, no se admirarán de que á estas piedras que parecen talladas de mano humana se atribuya origen milagroso por pueblos groseros é incultos; á ese antro estrecho en que se precipita un rio que reune las aguas del valle de Bogotá; á esos iris de los mas hermosos y brillantes colores que cambian á cada momento; á esa columna de vapores que se levanta como densa nube, visible desde Santa-Fé de Bogotá, á 5 leguas de distancia. Difícil es describir la belleza de una cascada, pero aun lo es mucho mas hacerla sentir por medio del dibujo. De multitud de circunstancias depende la impresion que deja en el alma: es preciso que el volúmen de agua que precipita sea proporcionado á la altura de que cae, y que el paisage en que se hallá ofrezca un carácter romántico y salvaje. El Pissevache y el Staubbach, en Suiza, traen gran elevacion y no es su masa de agua suficiente. El Niágara y la cascada del Rhin, ofrecen por el contrario, un enorme volúmen de agua con una altura que no pasa de 50 metros. Es mayor el efecto que causan los saltos de agua que se ven en los estrechos y profundos valles de los Alpes, Pirineos y Andes, principalmente, que el que produce una cascada encerrada entre colinas de poca elevacion. A mas de la altura y volúmen de la columna de agua, á mas de la configuracion del suelo y aspecto de las rocas, el vigor y forma de los árboles y plantas herbáceas, su distribucion en grupos ó dispersos ramos, el contraste entre las masas pétreas y la frescura de la vegetacion dan encanto particular á estas grandes escenas de la Naturaleza. Mas bella seria aun la cascada del Niágara, si en vez de hallarse en una zona boreal, en region de pinos y encinas, se viera rodeada de heliconia, palmeras y helechos arborescentes.

El salto de Tequendama reune cuanto pide un sitio para ser eminentemente pintoresco. No es la mas alta cascada del globo, como se cree en el pais (2) y como algunos físicos han repetido por Europa; ni el rio se precipita segun dice Bouguer, en un antro de 500 á 600 metros de profundidad perpendicular; pero si bien esto no es exacto, lo es indudablemente que no existe cascada alguna que presente igual proporcion entre la altura considerable y gran masa de agua. El Rio de Bogotá, despues de haber atravesado las aldeas de Facatativa y Fontibon, aun conserva cerca de Canoas, algo mas arriba del salto, una anchura de 44 metros, y que es la mitad de la del Sena, de París, entre el Louvre y el Instituto.

Redúcese mucho el rio con la proximidad de la cascada, donde la grieta, que parece formada por terremoto, solo tiene 10 ó 12 metros de abertura. En la época de las grandes sequías, aun presenta el volúmen del agua un perfil de 90 metros cuadrados, precipitándose á 175 de profundidad.

El camino que vá desde Santa-Fé al Salto de Tequendama, pasa por la aldea de Suacha y Canoas, rica esta en cosechas de trigo. Créese que contribuye á la gran fertilidad de esta parte de la meseta de Bogotá, la enorme masa de vapores que desprende diáriamente la cascada y se precipitan por el contacto del aire frio. A corta distancia de Canoas, en el alto de Chipa, se disfruta de una magnífica vista, admiracion del viajero por los contrastes que presenta. Acaban de dejarse campos labrados y abundantes en trigo y cebada; míranse por todos lados aralia, alstonia theoeformis, begonia y cínchona cordifolia, y tambien encinas y álamos y multitud de plantas que recuerdan por su porte la vegetacion europea, y de repente se descubren desde un sitio elevado, á los pies, puede decirse, un hermoso pais donde crecen la palmera, el plátano y la caña de azúcar. Y como la quebrada en que se arroja el rio Bogotá comunica con las llanuras de la tierra caliente, alguna palmera se adelanta hasta la cascada misma; circunstancia que permite decir á los habitantes de Santa-Fé, que la cascada de Tequendama es tan alta que el agua salta de la tierra fria á la caliente. Compréndese fácilmente que una diferencia de altura de 175 metros no es suficiente á influir de una manera sensible en la temperatura del aire. No es por razon de la altura del suelo por lo que la vegetacion de la meseta de Canoas contrasta con la de la quebrada, pues si la roca de Tequendama, que es greda con base arcillosa, no estuviera tallada á pico, y si la meseta de Canoas se viera igualmete habitada que la grieta, las palmeras que vegetan al pié de la cascada lleváran su emigracion hasta el nivel superior del rio. Es tanto mas interesente para los habitantes del valle de Bogotá el aspecto de esta vegetacion, cuanto que viven en un clima en que el termómetro baja hasta el hielo muchas veces.

He conseguido trasportar instrumentos á la quebrada misma, al pié de la cascada. Para llegar hasta allí, se emplean tres horas por el camino de la Culebra que lleva al barranco de la Povasa. Por mas que pierda el Rio, al caer, gran cantidad de su masa de agua, por reducirse á vapores, la rapidez de la corriente inferior obliga á permanecer alejado al observador á unos 140 metros de la cuenca formada por el choque del agua. Apenas si la luz del dia penetra en esta grieta; y la soledad del sitio, la riqueza de la vegetacion y espantoso ruido que se percibe, convierten este lugar de la cascada de Tequendama en uno de los mas salvajes de las Cordilleras.

 

(1) Véase Lucas Fernandez Piedrahita, obispo de Panamá, Historia general del Nuevo Reino de Granada, p. 17; obra sacada de los manuscritos de Quesada. (regresar1)
(2)  Piedrahita, p. 19; Julian, la Perla de la América, pronvincia de Santa Marta, 1787, p. 9. (regresar2)
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