Débense á Duquesne multitud de investigaciones etimológicas respecto de las voces que designan los números en la lengua chibcha; y asegura, que «todas esas pálabras son significativas, que todas proceden de raices que se relacionan, ya con las fases de la luna creciente ó menguante, ya con objetos de agricultura y del culto.» Como no existe diccionario de esta lengua, no podemos comprobar la exactitud del aserto; pero toda desconfianza es poca tratándose de investigaciones etimológicas. A continuacion damos los significados de los números uno hasta veinte, tales como los contiene el manuscrito que traje de Santa Fé, y solo añadiremos que el P. Lugo refiere sin mas discusion en su Gramática de la lengua chibcha, que la voz gue quiere decir casa, que se encuentra en gue—ata (por contraccion gueta) veinte, una casa; en gue-bosa, dos veinte, cuarenta ó dos casas; en gue-hisca , cinco veintes, ciento ó cinco casas.
1. Ata, dudosa etimologia. Quizás se derive esta voz de una antigua raiz que significaba agua, Como el atl de los Mejicanos. Geroglífico, una rana. El grito de estos animales son muy frecuentes en la meseta de Bogotá, anuncia que se acerca la época en que ha de sembrarse el maíz y la quina. Los Chinos designan el primer tsé por un raton de agua.
2. Bosa, en circuito. La misma voz significa una especie de cercado para defender los campos de animales dañinos. Geroglífico, una nariz con las ventanas abiertas, parte del disco lunar con la figura de un rostro.
3. Mica, variable; segun otra etimología lo escogido. Geroglíflco, dos ojos abiertos, parte tambien del disco lunar.
4. Muyhica, lo que es negro, amenazadora nube de tempestad. Geroglifico, dos ojos cerrados.
5. Hisca, descansar. Geroglífico, dos fisuras unidas, las bodas del Sol y de la Luna. Conjuncion.
6. Ta, recoleccion. Geroglífico, una estaca con una cuerda aludiendo al sacrificio del Guesa atado á una columna, que quizás sirviera de gnomon.
7. Cuhupqua, sordo. Geroglífico, dos orejas.
8. Suhusa, cola. Duquesne ignora el significado de esta cifra y el de la que sigue:
9. Aca , Geroglífico, dos ranas pareadas.
10. Ubchihica, luna brillante. Geroglíflico, una oreja.
20. Gueta, casa Geroglífico, una rana tendida.
Las explicaciones de los geroglificos numéricos que acabamos de dar, son las que la tradicion ha conservado y recogido Duquesne del corto número de Indios que encontró instruidos en el calendario de sus antepasados. Aquellas pérsonas que hayan estudiado las claves chinas y lo poco que de su origen se conoce, no considerarán quimérica la explicacion de las cifras americanas. Los trazos característicos se borran por el largo uso de los signos; difícilmente se reconocen, por ejemplo, en la forma de las letras hebráicas y samaritanas la que fue de los geroglificos simples de animales, casas y armas, de que parecen proceder; asi nuestras cifras tibetanas ó indas, falsamente llamadas árabes, ocultan un sentido misterioso tambien, como en Bogotá;finalmente se han perpetuado en bosa, mica, hisca, ubchihica y gueta, algunos rasgos de una imágen. El último de dichos signos casi es idéntico al indio que expresa el cuatro (6)
Interesa ver que un pueblo semi bárbaro, que no conoce el arte de preparar el papel, ni la escritura, tiene y emplea, sin embargo, las cifrad numéricas. El maguey (Agava americana) es indígena en ambas Américas, pero solo en las naciones de raza tolteca y azteca existe el uso del papel desde tiempos remotos, como en China y el Japon. Cuando sé piensa en las dificultades con que los Griegos y los Romanos tropezaban para procurarse papirus, aun, en épocas de gran esplendor literario, casi es de lamentar esa abundancia de papel en naciones americanas que desconocian la escritura silábica y que solo trasmitian á la posteridad, en pinturas informes, fantasías astrológicas y los recuerdos de un culto inhumano.
Hecho notabilísimo de la historia filosófica de las lenguas seria que las palabras del chibcha con, qué se designan los números tuvieran, como pretende Duquesne, raices comunes con otras voces que expresan las fases de la luna ú objetos campestres. Fácilmente se concibe que una semejanza accidental de sonidos se manifieste en ocasiones entre palabras numéricas y cosas que nada tienen que ver con números como nueve (novem, en sanscrito nava), y nuevo (novus, en sanscrito nava); acht en aleman ocho, y achtung, estima; seis, y , preposicion de; bosa, en chibcha dos, y bosa, preposicion par a ; tambien se comprende que en lenguas ricas de expresiones figuradas las voces dos, tres y siete se apliquen á ideas de par (jugum); de todopoderoso (trimurti de los Indos) de encantamiento y desgracia; pero no cabe admitir que. cuando siente el hombre inculto la primera necesidad de contar, llame cuatro, á una cosa negra (muyhica); seis, recoleccion (ta), y veinte, casa (gue ó gueta), porque en el arreglo de un almanaque lunar, por la vuelta de los diez términos de una série periódica, preceda el término cuatro un dia á la conjuncion de la luna, ó porque la recoleccion se haga seis meses despues del solsticio de invierno. Obsérvase en todas las lenguas una cierta independencia entre las raices que designan números y las que expresan otros objetos del mundo físico ¿y hemos de suponer que existen allí donde dicha independencia desaparece, dos sistemas de numeracion, posterior el uno al otro, ó que las afinidades etimológicas que se dicen solo son aparentes, porque descansan en significaciones figuradas? El P. Lugo, escritor de 1618, nos enseña que tenian los Muiscas dos modos de representar el número veinte, gueta, casa, y quihicha ubchihica, pie diez. Sea como quiera, no podemos entrar en discusiones extrañas al propósito del presente libro, ni lo que sabemos positivamente del calendario lunar de los Muiscas, y del origen de sus geroglíficos numéricos, ha menester apoyarse en argumentos sacados de la gramática de una lengua que puede considerarse muerta.
Ya hemos visto que no tenian los Muiscas ni las décadas de los Chinos y Griegos, ni las semidécadas de los Mejicanos y pueblos de Benin (7) , ni los pequeños períodos de nueve dias de los Peruanos, ni las ogdoadas de los Romanos ni las semanas de siete dias (schebuas) de los Hebreos, que encontramos tambien en la India y el Egipto; pero que no conocian los habitantes del Lacio y la Etruria, ni los Persas y Japoneses; las Muiscas se distinguen en esta division cronológica de todas las de la historia; la semana ó período eran tres dias, y diez de estos grupos formaban la lunacion llamada suna, gran camino, camino empedrado, dique, así dicha, por el sacrificio que se celebraba todos los meses en la época del plenilunio y sobre la plaza pública, á que se iba por un gran camino (sina) que en cada aldea arrancaba de la casa (tithua) del jefe de la tribu.
No comenzaba la suna en el novilunio, como así era en la mayoría de los pueblos del Antiguo Mundo, sino en el siguiente al plenilunio, cuyo geroglifico representaba una rana. Las voces ata, bosa, mica, y sus signos gráficos colocados en tres séries periódicas, indicaban los treinta dias de una lunacion; de suerte que mica venia á ser como el quartídi del calendario francés republicano, el cuatro, el catorce y el veinticuatro de cada mes. Análoga manera seguían los Griegos que, sin embargó, añadian algunas palabras para recordar que el número pertenece al principio del mes, ó al medio del mes, ó al fin del mes. Como las fiestas ordinarias (ferice), ó dias de mercado, se repetian al tercero, presidia á cada una de aquellas un signo diverso durante el curso del mes muisca; porque las dos séries periódicas de tres y diez términos, las de la semana y las de la suna, no tienen division comun y no pueden coincidir sino despues de tres veces diez dias.
Por el cuadro siguiente en que aparecen señaladas las fiestas ordinarias en carácter itálico, vemos que cuhupqua (dos orejas) cae en el último cuarto; muyhica (dos ojos cerrados) é hisca (union de dos figuras, bodas de la Luna chia, y del Sol sua), corresponde á la época de la conjuncion; mica (dos ojos abiertos) designa el primer cuarto, y ubchihica (una oreja) el plenilunio. La relacion que aquí observamos entre la cosa y el geroglifico, entre las fases de la luna y los signos de los dias lunares, evidentemente nos demuestra que tales signos, que al mismo tiempo servian de verdaderas cifras, se inventaron en una época en que el artificio de las séries periódicas se aplicaba ya al calendario.
DIAS LUNARES DEL SUNA DE LOS INDIOS MUISCAS,
DIVIDIDOS EN DIEZ PEQUEÑOS PERIODOS DE TRES.
| Ata | |
| Bosa | |
| Mica | |
| Muyhica | |
| Hisca | |
| PRIMERA SERIE | Ta |
| Cuhupqua*. Último cuarto | |
| Suhuza | |
| Aca | |
| Ubchihica |
| Ata | |
| Bosa | |
| Mica | |
| Muyhica | |
| SEGUNDA SERIE | H i sca*. Conjuncion |
| Ta | |
| Cuhupqua | |
| Suh u za | |
| Aca | |
| Ubchihica |
| Ata | |
| Bosa | |
| Mica*. Primer cuarto | |
| Muyhca | |
| TERCERA SERIE. | Ta |
| Cuhupqua | |
| Suhuza | |
| Aca | |
| Ubchihica*. Plenilunio |
Como el año vulgar de los Muiscas, llamado zocam, lo componen veinte lunas ó sunas, bien se comprende que es solo un ciclo y no el año, annus, annulus, que supone la vuelta de un astro al punto de que ha salido. Tanto el zocam, cuanto el gran ciclo de veinte años intercalares, deben su orígen probablemente á la preferencia que se daba al número veinte ó gueta. Además de esté zócam tenian los Muiscas un ciclo astronómico año de los ,Sacerdotes, el empleado en las fiestas religiosas, de treinta y siete lunas, y el año rural, que se contaba de una estacion lluviosa á otra.
Distinguíanse los sunas por los números, y no por denominaciones especiales, pues no las tenian á diferencia de los Egipcios, Persas, Indos y Mejicanos, Esta costumbre, que ha de ser la mas antigua del Asia oriental, se ha conservado hasta nuestros dias entre los Chinos, y seguido por los Judios hasta la domínacion de los Babilonios. Los habitantes de Cundinamárca no contaban en sus tres calendarios, rural y religioso, hasta doce, veinte, ó treinta y siete, sino que empleaban para las sunas, çomo para los dias de una misma luna los diez primeros números solamente, y sus geroglificos. Así el primer mes del segundo año agrícola iba presidido por el signo mica, tres; el tercer mes del tercer año, por el signo cuhupqua, siete, y así los demás. Esta predileccion hácia las séries periódicas y la existencia de un ciclo de sesenta años que equivale á las setecientas cuarenta sunas contenidas en el ciclo de veinte años religiosos, parecen revelar el orígen tártaro de los pueblos del Nuevo Continente.
Como el año rural se componia de doce sunas, agregaban los jeques, sin conocimiento del pueblo, y al finalizar el tercer año, un mes décimotercio análogo al jun de los Chinos (8) . El siguiente cuadro de las lunas muiscas prueba que por el empleo de las séries periódicas la indicada suna intercalar iba presidida en la primera indiccion por cuhupqua, signo denominado luna sorda, porque no se contaba en la cuarta série, que sin el empleo de un término complementario, hubiera debido empezar en cuhupqua y no en suhuza. Este modo de verificar la intercalacion, que tambien se halla en el Norte de la India, es el que los Aténienses seguian antes de Meton; por él resulta que á dos años lunares comunes de trescientos cincuenta y cuatro dias y ocho horas, sucede un año lunar embolísmico de trescientos ochenta y tres dias y veinte y una horas; viene á ser la dictérida, en que despues del mes Posideon, se intercalaba un [caracteres griegos]. Cuando Herodoto (9) elogia el calendario solar de los Egipcios, se expresa claramente respecto de este método sencillo, aunque imperfecto: [caracteres griegos].
| (6) | Hager, Memoria salle cifre de la Cina. (Alteas del Oriente, t. II, p. 73.) (regresar6) |
| (7) | Palio, Estudio de los jeroglíficos t I, p. 52. (regresar7) |
| (8) | Souciet y Gaubil, Observ. mathém., t. 1, p. 183. (regresar8) |
| (9) | Lib. II, cap. IV, ed. Wesseling, 1763 p. 105. Censorin, De Die natali , XVIII.—Ideler, Histor. Untersuchungen, p. 176. (regresar9) |
