Ficha bibliográfica
Titulo:
Preguntas frecuentes No.2
Autores: Biblioteca Luis Ángel Arango
Edición original: Septiembre 2006
Edición en la biblioteca virtual: Octubre 2006
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¿Qué son las danzas orgiásticas y orfertorias?

¿Qué son las danzas orgiásticas y orfertorias?

Además de los festivales de los misterios de Osiris, que se celebraban anualmente en todo Egipto, también se dedicaban algunas festividades a otros dioses o diosas que tenían sólo carácter local, pero cuya fama eran tal que atraían a las gentes de todas partes. Es el caso de los festivales de la diosa Bastet, en la ciudad de Bubastis. Este culto fue muy favorecido por la XXII dinastía; y sus festivales, en los que la danza jugó un papel importante, tuvieron para el pueblo egipcio un carácter orgiástico cada vez más popular y desenfrenado, del que participaron en su mayor parte las mujeres, ya que Bastet, en su doble significación de diosa de las mujeres y de la alegría, fue aprovechada para unos desenfrenos que por cierto tuvo la oportunidad de presenciar el historiador griego Herodoto en su viaje por Egipto.

Dice Herodoto1 que en estas fiestas se dirigían por el Nilo abajo, hacia Bubastis, infinidad de embarcaciones atestadas de hombres y mujeres. Algunas de éstas portaban sonajas que no cesaban de repicar, mientras los hombres tocaban las flautas incesantemente, coreados por el palmoteo y el canto de los demás. Así se deslizaban las naves camino de Bubastis; pero apenas llegaban de paso ante una de las ciudades de la ribera del Nilo, aproximaban la nave a la orilla, mientras algunas de las mujeres continuaban su especie de zambra, y otras motejaban e insultaban a las vecinas de dicha ciudad con horrorosa gritería, al mismo tiempo que otras danzaban incansables, y algunas, en pie, levantaban sus vestiduras con provocador descaro. Todo esto se repetía en cada ciudad que los peregrinos hallaban en las orillas del río. En realidad, aquella comitiva de danzas eróticas y gestos obscenos era la transformación paulatina a que habían llegado las antiquísimas procesiones de himnos, danzas y ofrendas de carácter sagrado.

Conforme llegaban las barcas a Bubastis, se efectuaban los sacrificios de las víctimas animales que ofrecían a la diosa; pero la fiesta tomaba un carácter orgiástico con sus desenfrenadas danzas de hombres y mujeres, que llegaban al paroxismo, ya predispuestos por el abundante vino trasegado durante toda la romería. Por eso decía Herodoto que era tanto el vino consumido durante la fiesta que excedía a todo el que se bebía el resto del año, y que el número de concurrentes ascendía a 700.000 personas, datos que, de no ser exagerados, nos dan una idea de la importancia y la satisfacción que el pueblo egipcio ponía en estas fiestas de tipo religioso para convertirlas en un desbordamiento de sus pasiones.

El gran papel de las danzas en todos los festivales era originariamente el de la danza ofertoria, mediante la cual los sacerdotes y bailarinas del templo realizaban las ofrendas a los dioses, aunque todo ese ritual se fue democratizando, válganos la palabra, después del Imperio Antiguo para hacer partícipe de ello al mismo pueblo congregado.

Una de las más antiguas danzas ofertorias, cuyos orígenes se remontan a los tiempos prehistóricos de Egipto, es la que simbolizaba la unificación del Bajo y del Alto Egipto, desde los tiempos del rey Menes, también llamado Aha o Narmer (1315-1310). Esta danza ofertoria era ejecutada por el Faraón personalmente y constituía la parte culminante del festival. Empezaba la fiesta con una visita del rey, acompañado de sus oficiales, a los dioses locales para presentarles ofrendas. En la segunda ceremonia, que tenía a continuación, el rey tomaba asiento, sucesivamente, en cada uno de los tronos del Alto y Bajo Egipto. Después recibía la adhesión de los súbditos y seguidamente comenzaba su danza ofertoria. Para ella se despojaba el Faraón de su manto real y quedaba vestido solamente con el típico faldellín egipcio, pero con una cola de animal sagrado colgada por detrás, la corona del Alto Egipto en su cabeza y en las manos un corto cetro y una especie de sacudidor. De esta guisa danzaba cuatro carreras rituales, en las cuales ofrecía al dios Upuat su real insignia2.

1. Herodoto, lib. II, cap. LX.
2. Jaroslav Cerny: Ancient Egiptian Religion, cap. IV.

Bibliografía:
BONILLA, Luis M. La danza en el mito y en la historia. Madrid : Biblioteca Nueva, 1964, pp. 43-44.