¿Qué son las danzas orgiásticas y orfertorias?
¿Qué son las danzas orgiásticas y orfertorias?
Además de los festivales de los misterios de Osiris, que se
celebraban anualmente en todo Egipto, también se dedicaban algunas
festividades a otros dioses o diosas que tenían sólo carácter
local, pero cuya fama eran tal que atraían a las gentes de todas
partes. Es el caso de los festivales de la diosa Bastet, en la
ciudad de Bubastis. Este culto fue muy favorecido por la XXII
dinastía; y sus festivales, en los que la danza jugó un papel
importante, tuvieron para el pueblo egipcio un carácter orgiástico
cada vez más popular y desenfrenado, del que participaron en su
mayor parte las mujeres, ya que Bastet, en su doble significación
de diosa de las mujeres y de la alegría, fue aprovechada para unos
desenfrenos que por cierto tuvo la oportunidad de presenciar el
historiador griego Herodoto en su viaje por Egipto.
Dice Herodoto1 que en estas fiestas se dirigían por el Nilo
abajo, hacia Bubastis, infinidad de embarcaciones atestadas de
hombres y mujeres. Algunas de éstas portaban sonajas que no cesaban
de repicar, mientras los hombres tocaban las flautas
incesantemente, coreados por el palmoteo y el canto de los demás.
Así se deslizaban las naves camino de Bubastis; pero apenas
llegaban de paso ante una de las ciudades de la ribera del Nilo,
aproximaban la nave a la orilla, mientras algunas de las mujeres
continuaban su especie de zambra, y otras motejaban e insultaban a
las vecinas de dicha ciudad con horrorosa gritería, al mismo tiempo
que otras danzaban incansables, y algunas, en pie, levantaban sus
vestiduras con provocador descaro. Todo esto se repetía en cada
ciudad que los peregrinos hallaban en las orillas del río. En
realidad, aquella comitiva de danzas eróticas y gestos obscenos era
la transformación paulatina a que habían llegado las antiquísimas
procesiones de himnos, danzas y ofrendas de carácter sagrado.
Conforme llegaban las barcas a Bubastis, se efectuaban los
sacrificios de las víctimas animales que ofrecían a la diosa; pero
la fiesta tomaba un carácter orgiástico con sus desenfrenadas
danzas de hombres y mujeres, que llegaban al paroxismo, ya
predispuestos por el abundante vino trasegado durante toda la
romería. Por eso decía Herodoto que era tanto el vino consumido
durante la fiesta que excedía a todo el que se bebía el resto del
año, y que el número de concurrentes ascendía a 700.000 personas,
datos que, de no ser exagerados, nos dan una idea de la importancia
y la satisfacción que el pueblo egipcio ponía en estas fiestas de
tipo religioso para convertirlas en un desbordamiento de sus
pasiones.
El gran papel de las danzas en todos los festivales era
originariamente el de la danza ofertoria, mediante la cual los
sacerdotes y bailarinas del templo realizaban las ofrendas a los
dioses, aunque todo ese ritual se fue democratizando, válganos la
palabra, después del Imperio Antiguo para hacer partícipe de ello
al mismo pueblo congregado.
Una de las más antiguas danzas ofertorias, cuyos orígenes se
remontan a los tiempos prehistóricos de Egipto, es la que
simbolizaba la unificación del Bajo y del Alto Egipto, desde los
tiempos del rey Menes, también llamado Aha o Narmer (1315-1310).
Esta danza ofertoria era ejecutada por el Faraón personalmente y
constituía la parte culminante del festival. Empezaba la fiesta con
una visita del rey, acompañado de sus oficiales, a los dioses
locales para presentarles ofrendas. En la segunda ceremonia, que
tenía a continuación, el rey tomaba asiento, sucesivamente, en cada
uno de los tronos del Alto y Bajo Egipto. Después recibía la
adhesión de los súbditos y seguidamente comenzaba su danza
ofertoria. Para ella se despojaba el Faraón de su manto real y
quedaba vestido solamente con el típico faldellín egipcio, pero con
una cola de animal sagrado colgada por detrás, la corona del Alto
Egipto en su cabeza y en las manos un corto cetro y una especie de
sacudidor. De esta guisa danzaba cuatro carreras rituales, en las
cuales ofrecía al dios Upuat su real insignia2.
1. Herodoto, lib. II, cap. LX.
2. Jaroslav Cerny: Ancient Egiptian Religion, cap. IV.
Bibliografía:
BONILLA, Luis M. La danza en el mito y en la historia. Madrid :
Biblioteca Nueva, 1964, pp. 43-44.