¿Qué garantiza el equilibrio de un vehículo de dos ruedas
como la bicicleta?
¿Qué garantiza el equilibrio de un vehículo de dos ruedas como
la bicicleta?
¿Por qué tal equilibrio se vuelve del todo precario, si no
imposible, cuando el vehículo esta parado? ¿Por qué, además de
hacer girar las ruedas, la rotación del manillar causa una
inclinación de la bicicleta hacia la parte interna de la curva?
Empecemos con el caso en el que el peso del conductor fuese
despreciable respecto al de las ruedas: la bicicleta se sostendría
en posición vertical gracias al efecto giroscópico de las ruedas,
cuyo eje de rotación tiende a mantenerse constantemente orientado
como en el momento del arranque. Con las ruedas quietas, la
bicicleta se halla en condiciones de equilibrio estático inestable
y puede seguir de pie sólo gracias a complicadas operaciones
mecánicas internas al sistema vehículo-conductor (el famoso
surplace de los velocistas de pista). En carrera, toda inclinación
eventual dada a la bicicleta tiende a anularse espontáneamente
(piénsese en una rueda que corra libremente sobre un suelo
irregular: oscila a derecha e izquierda, pero no cae). Actuar sobre
el manillar para girar significa obligar al eje de rotación de la
rueda delantera a cambiar de dirección, lo que comporta una
variación de su momento angular. Por otra parte, el momento angular
total del sistema no puede cambiar, porque las fuerzas que actúan
son internas al sistema. Entonces la variación del momento angular
impuesto a la rueda comporta una idéntica variación, pero en
sentido contrario, del momento angular de las partes restantes del
sistema. Eso es precisamente lo que obliga a la bicicleta a rotar
respecto a la vertical, tomando una posición inclinada del modo
dicho en la pregunta. Las circunstancias arriba descritas se
verifican en el caso de una bicicleta sin conductor, lanzada a gran
velocidad sobre un terreno poco accidentado. En condiciones de uso
normal, el peso de la persona convierte el efecto giroscopio en
algo marginal –a menos que las ruedas sean extremadamente
pesadas y giren a gran velocidad- y la caída sería inevitable si el
conductor no mantuviese la bicicleta en equilibrio corrigiendo a
cada instante la trayectoria. Girando hacia el lado en el que
percibe el empuje de la inclinación, induce hacia sí mismo una
pequeña fuerza centrífuga equilibradora que endereza continuamente
el centro. He aquí por qué hay que <<aprender a mantenerse
sobre el sillín>>. Cuando hay curvas, entra de nuevo en juego
la fuerza centrífuga. Para que el vehículo no caiga, es preciso que
la resultante entre la fuerza centrífuga y la fuerza del peso pase
por el punto de contacto rueda-suelo, que es la condición de
equilibrio (inestable). Naturalmente, en el caso del surplace, se
repite el razonamiento de antes, con posteriores agravamientos.

BIBLIOGRAFÍA
FROVA, Andrea. Por qué sucede lo que sucede. Madrid : Alianza
Editorial,1999, 290 p.
No. Topográfico: 530.07 F76p