BIBLIOGRAFÍA COLOMBIANA 1

Noticia de los libros y folletos publicados por colombianos, y datos biográficos de algunos autores, por orden alfabético de apellidos

Miguel Abadía Méndez

El actual Ministro del Tesoro es natural del La Vega de los Padres, hoy Piedras (Departamento del Tolima), en donde vio la luz el 5 de Junio de 1867.

Comenzó sus estudios en el Colegio del Espíritu Santo, de Bogotá; los continuó en la Universidad Católica, y obtuvo en 1888, en  el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, el grado de Doctor en Derecho y Ciencias Políticas.

Explicase su rápido ascenso á las encumbradas regiones oficiales, por la cultura de su espíritu, y por su carácter serio, reposado y exento de vana ostentación. En estos tiempos, cuando la modestia es rara avis, complace muchísimo poder señalar á la juventud un hermoso ejemplo que imitar.

El doctor Miguel Abadía Méndez es muy inclinado al cultivo de las letras, y es de esperarse que esta afición impulse su ánimo perseverante y estudioso á emprender serias labores que honrarán su nombre.

Por hoy, su caudal periodístico y bibliográfico es el que pasamos á anotar:

Antes de terminar sus estudios redactó, con algunos de sus condiscípulos, un periódico literario bautizado con el modesto nombre de El Ensayo (1887) ; y luégo publicó otro de carácter político, que tenía el mismo nombre (1888). En 1891 fue redactor principal de El Colombiano, hoja política fundada para sostener la candidatura del señor Caro para la Vicepresidencia de la República. También ha sido colaborador de otras publicaciones, señaladamente de El Siglo XX.

Los libros que llevan su nombre son éstos:

-Compendio de Historia Moderna desde la venida de Cristo y cambio de la República Romana en Imperio hasta el año de 1867, por Pedro Trever, Profesor de Historia en el Colegio de Santa María, Baltimore, autor de "Historia Antigua," etc., etc. Traducido y arreglado del inglés por Miguel Abadía Méndez. Obra adoptada como texto en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y en el Liceo Nacional. 1891. Bogotá, Librería Americana de José Vicente Concha. XIV y 506 páginas en 8.º mayor.

-Nociones de Prosodia Latina, arregladas para servir de texto en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, por Miguel Abadía Méndez, catedrático de la materia en el citado Colegio. Bogotá, Librería Americana. 1893. Imprenta de Medardo Rivas. VIII y 136 páginas en 8.° menor.

Juan B. Abello

Nació en Mompós en 1830. Fueron sus padres don Manuel Abello, natural de San Juan de la Ciénaga (Departamento del Magdalena), y doña Juana Vergara de Pasos, de Mompós. Desde temprana edad sus padres lo enviaron á educarse en Europa, y sus estudios los hizo en Bremen, Londres y París.

Cuando regresó al país se dedicó al comercio, y en esas tareas se ocupó toda su vida. Murió en Colón en 1887.

No publicó más libro que el que lleva el título de:

-Lecciones de Economía Política. Destinadas como base para la enseñanza de esta ciencia en las Escuelas y Colegios. Arreglada según las doctrinas de los autores modernos, Bastiat, Price, Champlín, etc., etc. Por Juan B. Abello. Barranquilla. Imprenta de Los Andes. MDCCCLXXXII vol. de 91 pp.

Pedro Acevedo Tejada

Figuró con José Angel Lastra, Alejandro Vélez y Juan de Dios Aranzazu en la redacción de La Miscelánea, periódico que comenzó á publicarse en Bogotá en el mes de Septiembre de 1825.

Los hermanos Cuervo (Angel y Rufino José), hablando de Acevedo, consignan lo siguiente en su libro Vida de don Rufino Cuervo:

"Todos los Redactores de La Miscelánea se contaron entre los campeones denodados del orden y del derecho. Acevedo mismo, muerto antes de cumplir veintiocho años (31 de Marzo de 1827), fue nombrado, sin que á nadie causara extrañeza, miembro de la Academia Nacional entre los hombres más eminentes de Colombia. Lo sorprendente es que habiendo entrado casi niño en la carrera de las armas, pasados los días de la dominación de Morillo, oculto con su padre en las montañas de los Andaquíes, y consagrado luégo tánto tiempo al servicio público, primero en el Estado Mayor de Cundinamarca y después en la Secretaría de Guerra; lo sorprendente, decimos, es que hubiera hallado modo de adquirir tan buenos conocimientos científicos y literarios. A él se debe la primera geografía de Colombia." Dicha obra lleva el siguiente título:

-Noticia sobre la geografía política de Colombia. Proporcionada para la primera enseñanza de los niños en este importante ramo de su educación. Imprenta Española de M. Calero, número 17. Frederic A. Place, Goswell Road. Londres: (1825-109 páginas).

Hay otra edición de la misma obra, anónima, hecha en Bogotá, también en 1825, en la imprenta de Nicomedes Lora.

Alfonso Acevedo

Fue Jefe político y Gobernador de la Provincia de Bogotá y Encargado de Negocios de la República en Roma. Redactó el periódico Libertad y Orden (del domingo 3 de Mayo de 1846 al 30 de Mayo de 1847; 64 números), periódico de oposición á la primera Administración del General Mosquera. Contiene cuarenta cartas dirigidas por el Redactor del periódico á dicho General.

Supónese que don Alfonso Acevedo Tejada fue también Redactor de El Patriota Imparcial, periódico en donde aparecieron ocho epístolas dirigidas al General José H. López, y que se publicó en la capital desde el 15 de Febrero de 1850 á 15 de Julio del mismo año (10 números).

Hizo estas publicaciones:

-Memoria del Gobernador de Bogotá á la Cámara Provincial, en sus sesiones de 1843. 25 páginas ( Alfonso Acevedo.)

-Noticias estadísticas de la Provincia de Bogotá, en el año de 1844 ( Alfonso Acevedo) 15 páginas, Bogotá. 1844.

Colección de todos los decretos de interés general, expedidos por la honorable Cámara de la Provincia de Bogotá, desde 1832, en que principió sus funciones, hasta 1843. Formada por el Gobernador de la Provincia, Alfonso Acevedo Tejada. Bogotá. Imprenta de Nicolás Gómez, año de 1844.-1 grueso volumen en 8.º

-Colección de los decretos expedidos por la Cámara de la Provincia de Bogotá, en sus sesiones de 1844. Formada por el Gobernador de la Provincia, Alfonso Acevedo Tejada. Bogotá. Imprenta de Nicolás Gómez.-28 páginas.

-Reglamento interior de la Cámara Provincial de Bogotá ( Alfonso Acevedo, Ignacio Moreno, Tomás Aguilera, etc.) Bogotá. Imprenta del Neo Granadino, por A. M. Pradilla, 1849.-31 páginas.

-Biografía del General José Acevedo Tejada ( Alfonso Acevedo, Josefa Acevedo.) Bogotá. Imprenta del Neo Granadino, por León Echeverría, 1850.-.27 páginas.

Manuel Eusebio Acevedo

Hermano de Alfonso; nació en Bogotá el 16 de Diciembre de 1813 y murió en Guaduas el 23 de Agosto de 1878. Publicó el libro:

-Comentario ó anotación de las leyes, que contiene el libro titulado "Recopilación de leyes de la Nueva Granada," y de las sancionadas después desde 1845 hasta 1852 inclusive, por M. E. A. 1853, Bogotá.-Imprenta del Neo Granadino, volumen de 112 páginas.

Juan Miguel Acevedo

Hijo del tribuno del pueblo don José Acevedo Gómez.

A principios de Septiembre de 1889 falleció en Bogotá este colombiano, célebre por la parte que tomó en la conspiración del 25 de Septiembre de 1828 contra el Libertador. Compañero de Florentino González, Mariano Ospina Rodríguez, Ezequiel Rojas, Luis Vargas Tejada. Pedro Celestino Azuero, Zuláibar, Carujo y otros, el señor Acevedo era yá el sobreviviente de ese grupo de conspiradores que atentaron contra la vida del Libertador. Publicó el libro El Deísmo. Jesucristo y Roma, por el libre pensador Juan Miguel Acevedo. 1879, Bogotá-Imprenta de Gaitán, volumen de 191 páginas.

Josefa Acevedo de Gómez

Nació en Bogotá el día 23 de Enero de 1803, y murió en la hacienda de "El Retiro," á inmediaciones del pueblo de Pasea, el 19 de Enero de 1861. Fue hija del tribuno del pueblo don José Acevedo, y esposa del notable abogado y político doctor Diego Fernando Gómez. El nombre de esta escritora merece recordarse de modo especial. Dotada de un fondo de sensibilidad poco común, puede decirse que su corazón tenía todas las delicadezas de la mujer, y que era el sentimiento vivo, impresionable, consciente, lo que movía con más fuerza su voluntad.

Sus hermanos y su mismo esposo ayudaron á ensanchar en ella los horizontes de la cultura de su espíritu; no llegó á ser erudita, pero su buen sentido y los consuelos que la religión le brindó en las amargas penas que afligieron su vida, señalaron rumbo cierto á su talento. Quiso ser útil á la sociedad en que vivía con la composición de obras de enseñanza moral y con otras de amena lectura, todas dignas de fijar la atención por la observación franca y leal, y por la sencillez y naturalidad del estilo.

La compasión que le inspiraban las miserias humanas y el deseo de consolar á los que sufrían tribulaciones, eran móviles tan poderosos en ella, que no tememos comparar á nuestra modesta autora, si esto respecto, con la popular escritora española doñia Concepción Arenal, quien, como todos saben, fue mujer de excepcionales condiciones morales.

La lista de sus escritos es la siguiente:

-Ensayos sobre los deberes de los casados. Escrito para los ciudadanos de la Nueva Granada. Bogotá, impreso por M. Espinosa. 1844. 97 páginas. (La quinta edición de este libro se imprimió por don Francisco Torres Amaya, en 1857, en un volumen de VII y 106 páginas).

Esta obra fue reimpresa en París (Imprenta Bénard y C.ª, Calle Damiette. 1852. Volumen de 140 páginas), sin el nombre de la autora, probablemente porque hicieron uso de la primera edición de Bogotá, que también apareció anónima.

La autora recibió muchas manifestaciones honrosas y expresivas por la importancia y utilidad de este trabajo suyo.

-Tratado sobre economía doméstica. Para el uso de las madres de familia y de las amas de casa. Bogotá. Imprenta de José A. Cualla.1848.

-Biografía del General José Acevedo Tejada. 27 páginas. Bogotá. Imprenta del Neo Granadino. Por León Echeverría. 1850. (Fue escrita en colaboración con don Alfonso Acevedo, también, como doña Josefa, hermano del General).

-Poesías de una granadina. Bogotá. Imprenta de F. Torres Amaya, calle del Norte, número 151. 1854. Volumen de 129 páginas.

-Biografía del doctor Diego Fernando Gómez. Bogotá. Imprenta de F. Torres Amaya, calle del Norte, número 251. 1854.

-Oráculo de las flores de las frutas, acomodado á su lenguaje, y con doce respuestas en verso, por cada una de las cuarenta y ocho preguntas que contiene, sobre la suerte presente y futura de los curiosos. Por una señora granadina (J. A. de G.) Segunda edición. Bogotá. Imprenta de Francisco Torres Amaya. Carrera del Norte, Calle 6.ª, número 251. 1857. 24 y 24 páginas.

Recuerdos nacionales. José Acevedo y Gómez. Por la señora J. A. de G. Bogotá. Imprenta de Pizano y Pérez. 1860. 50 páginas.

-Cuadros de la vida privada de algunos granadinos, copiados al natural para instrucción y divertimiento de los curiosos. Obra póstuma de la señora Josefa Acevedo de Gómez. Bogotá. Imprenta de El Mosaico, 1861. Volumen de II y 196 páginas. (Contiene las siguientes narraciones cortas: El triunfo de la generosidad sobre el fanatismo político, El soldado, Valerio ó el calavera, Angelina, La Caridad cristiana, El pobre Braulio, La vida de un. hombre, Mis recuerdos de Tibacuy).

También escribió las biografías de Luis Vargas Tejada y Vicente Azuero, y dejó inédita una comedia en dos actos, titulada La Coqueta burlada, y algunos articulos.

Joaquín Acosta

Si la turbulenta vida de las democracias americanas nos induce á veces á pensar, con triste desencanto, en la infructuosa marcha de las sociedades de la América Española y en lo tardíos ó inútiles que suelen ser los esfuerzos de los hombres patriotas que fundan en el propio saber y en la práctica del bien los verdaderos principios de civilización de un pueblo, también tenemos que sentirnos ufanos cuando nos es dado contemplar la figura moral de algunos hombres que, al través de agitada existencia, y en lucha con los frecuentes cambios de Gobierno, han sabido cumplir, con hidalgo pecho, los preceptos del honor, engrandecerse con el estudio y ser útiles, en grado sumo, á la sociedad en que viven.

Tales reflexiones nos ocurren al mencionar á nuestro célebre historiador don Joaquín Acosta, quien supo ser modelo de hombres laboriosos, ilustrado, culto, amigo de la justicia, benévolo para con todo el mundo y compasivo con los pobres.

Hijo de Guaduas, y alejado en distintas épocas de aquella ciudad, unas veces para efectuar viaje á los Estados Unidos y á Europa, con el propósito de acrecentar el caudal de sus conocimientos, otras en desempeño de importantes misiones diplomáticas ó para ejercer en la capital puestos de significación, muy frecuentemente el de Representante al Congreso, don Joaquín Acosta mostró siempre la sinceridad de sus sentimientos y la llaneza de su trato, conservando en toda época vivo afecto por el lugar de su nacimiento, en beneficio del cual trabajó con interés y singular perseverancia.

Causa asombro seguir las fases diversas de la laboriosa y útil vida de este escritor. Ante todo, fue un verdadero hombre de ciencia, que reveló en muchas ocasiones su apego al estudio y su amor al saber. Y aun cuando su carácter da republicano y su amor á la patria le hicieron enrolarse en el ejército libertador, cuando aún era estudiante, siguió aprovechando su tiempo en las correrías que por causa del servicio tenía que hacer, pues en ellas, además de cumplir con los deberes del soldado, levantaba planos, estudiaba la formación del terreno, las diferencias de riza en distintos pueblos, etc.

Tenía apenas veinticinco años cuando visitó, por primera vez, el Viejo Mundo, y es increíble cómo un joven, en tan corta edad, al encontrarse en París, centro obligado de los placeres, no pensara entonces sino en adelantar sus estudios de Ingeniería militar y Ciencias Naturales. De su conducta en aquella metrópoli, y de la asidua consagración que en ella mostró por adelantar en todas las ciencias, sobran datos y comprobantes irrecusables que honran mucho su memoria.

Cuando en pleno desarrollo de sus facultades sirvió al país en los asuntos administrativos, demostró constancia inquebrantable para perfeccionar el servicio que se confiaba á su discreción y disciplina, y absoluta fidelidad al Gobierno de su patria cuando se trataba del servicio militar. Y cuando un cambio de Gobierno ó la cesación de la guerra civil le hacían volver á su retiro de Guaduas, tornaba, á modo del célebre General Foy ó de M. Guizot, á entregarse con ardor al culto de los libros.

En 1836 fue nombrado Redactor de El Constitucional de Cundinamarca, en unión de don Francisco de P. López Aldana, del doctor Francisco de P. Orbegozo, de don Lorenzo María Lleras y del doctor Florentino González, quienes se alternaban, semanalmente, en la redacción de dicho periódico.

Él fue quien, hallándose en París en 1847, publicó el primer mapa de la Nueva Granada, y al año siguiente la obra histórica á que había dedicado con más consagración y esmero su tiempo, y en 1849 hizo la edición francesa del Semanario, de Caldas, con una interesante noticia biográfica de este sabio colombiano, y varias notas ilustrativas del texto, escritas por el editor.

Como historiador, Acosta exhibe la más preciada de las cualidades: un respeto profundo por la verdad. El estilo que adoptó para su obra es el que más conviene á esta clase de trabajos. La sencillez de lenguaje es el mejor adorno de la historia, es un distintivo irreprochable de sinceridad, y el que más cuadra con la importancia de ciertos asuntos y deja en absoluta libertad de juicio el ánimo del lector.

Sobre esto conviene quizá citar las mismas palabras del autor, que son, por otra parte, prueba de la perseverancia y escrupulosa indagatoria con que llevó á término su labor:

He sido parco en juicios, deducciones y apreciaciones filosóficas de los acontecimientos, porque esto exige talentos que no poseo, y porque pienso que los hechos, presentados con claridad y dispuestos en el orden conveniente, deben sugerir por sí mismos las reflexiones al lector. Por no interrumpir el curso de la narración, he evitado en el texto toda discusión sobre la verdad de los hechos, y sobre el mayor ó menor crédito que merecen los diversos testimonios, porque si me hubiera dejado llevar del deseo de justificar en todas ocasiones la confianza acordada á tal circunstancia, á un documento más bien que á otro, habría compuesto una historia crítica en que aparecerían, es verdad, los resultados de un trabajo de muchos años, pero en la cual el fastidio de la lectura no compensaría su utilidad, para la generalidad de los lectores. Al mismo tiempo he resistido cuidadosamente á la tendencia natural á adoptar el aspecto más interesante y más dramático, porque he creído que la verdad de los hechos tiene suficiente atractivo para obrar sobre la imaginación, principalmente cuando el país que sirve de teatro á los acontecimientos ostenta todas las maravillas de la creación y que en él la naturaleza se complace en mostrarnos una prodigiosa variedad de climas, de producciones y de aspectos físicos.

He tenido la fortuna de recorrer mucha parte de la Nueva Granada y de los lugares en donde ocurrieron los sucesos más importantes de aquel descubrimiento. En 1834 hice una excursión desde el valle del Socorro al del Magdalena, con el distinguido y malogrado botánico doctor Céspedes. Allí vimos las selvas virgenes, la raíces seculares entreveradas y los despeñaderos que opusieron tántos obstáculos á Gonzalo Jiménez de Quesada, después á Jerónímo Lebrón y más tarde á Lugo, hasta que se abandonó esta ruta. Tan inculta región se halla actualmente en el mismo estado que en 1538, y es la única de lo interior de la República en donde hay todavía indígenas no reducidos ó independientes.

Mandando un cuerpo de tropas he pasado, en 1841, de Antioquia á Anserma, siguiendo las huellas del licenciado Vadillo, desde Caramanta, y verificando las relaciones de los cronistas. A fines del mismo año me encomendó el General en Jefe del Ejército del Sur el mando de una columna de operaciones, para sujetar los Indios Paeces, cuya lengua, costumbres, maniobras y ardides han variado tan poco desde la época del descubrimiento, como el aspecto de las faldas del Huila ó la naturaleza de los desfiladeros y pasos difíciles que forma el río Páez en su torrentoso curso.

He vivido en pueblos en donde la raza pura de los Chibchas se mantiene aún, y he recogido las palabras que todavía conservan de su antiguo idioma, algunas de las cuales se han convertido en términos provinciales. También he visitado, aunque bien joven, Siendo Subteniente del Ejército de Colombia, las tribus de los Indios Cunas, que habitan en las orillas del golfo del Darién.

Después de haber reunido todos los materiales que pude en el país, para lo cual fui auxiliado, con toda deferencia, por los Reverendos Prelados de los conventos de San Francisco, Santo Domingo, Agustinos calzados y descalzos de Bogotá hice un viaje A España, visité los archivos de Indias en donde se hallan reunidos todos los documentos de los antiguos dominios ultramarinos españoles, y me persuadí de que la colección hecha por don Juan Bautista Muñoz, encargado en 1779 de escribir la historia de América, es la más completa, y contiene todos los documentos esenciales sobre el descubrimiento, pues cuantos me llamaron la atención en Sevilla, sean propios de aquel archivo ó trasladados del de Simancas, tenían la nota de haber sido copiados para Muñoz. He disfrutado de esta colección, de que existe una copia, la de don Antonio Uguina, en la biblioteca de Mr. Ternaux Compans, que generosamente me ha permitido usar de ella como amigo de las letras que desea que los tesoros manuscritos no permanezcan sepultados y ocultos.


Como yá lo dijimos, el General Acosta era hijo de Guaduas, en donde nació el 29 de Diciembre de 1800. Allí mismo murió el 21 de Febrero de 1852.

Este historiador fue el padre de la conocida escritora colombiana doña Soledad Acosta.

Las obras y folletos que nos quedan de su pluma, son los siguientes:

-Informe del Secretario de Estado del despacho de Relaciones Exteriores de Nueva Granada al Congreso constitucional de 1844, Bogotá. Imprenta de José A. Cualla. 1844 ( Joaquín Acosta), con 3 cuadros.

-Informe del Secretario de Estado del despacho de Relaciones Exteriores de la Nueva Granada al Congreso constitucional de 1845. Bogotá. Imprenta de Zoilo Salazar, por Valentín Martínez ( Joaquín Acosta).

Apéndice del informe del Secretario da Estado del despacho de Relaciones Exteriores de la Nueva Granada al Congreso constitucional de 1845. Bogotá. Imprenta de Zoilo Salazar, por Valentín Martínez (9 págs. y 4 cuadros).

-Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada, en el siglo décimosexto, por el Coronel Joaquín Acosta. París. 1848. Imprenta de Beau en San Germán en Laye XVI, 460 págs., en 8.º francés, con 2 mapas y 4 láminas.

-Viajes científicos á los Andes Ecuatoriales, ó colección de memorias sobre física, química é historia natural de la Nueva Granada, Ecuador y Venezuela, presentadas á la Academia de ciencias de Francia, por M. Boussingault, su actual Presidente, y miembro del Consejo de Estado de la República, y por el señor doctor Roulin. Traducidas con anuencia de los autores, por J. Acosta, y precedidas de algunas nociones de geología, por el mismo. París. Librería castellana 2, Calle Saint-Germain-des-Prés, Lasserre, editor. 1849. XXI, 320 págs.

-Itinerario descriptivo del Magdalena, al uso de los viajes en el vapor, precedido de un almanaque para 1851. Por el Coronel J. Acosta, y acompañado de un diseño del río, para facilitar su inteligencia. Bogotá. Imprenta de El Día, por José Ayarza. 1850. 39 págs. (con mapa del Magdalena).

-Lecciones de geología por el Coronel Joaquín Acosta. Bogotá. Imprenta del Neo Granadino, 1850, en 8.° (tres pliegos y tres láminas). No se publicó más,

-Almanaque para el año bisiesto de 1852. Acompañado de algunas máximas generales que deben observar los ciudadanos á quienes toca desempeñar el cargo de Jurados. Por el Generar Joaquín Acosta. Bogotá., Imprenta de El Día, 48 págs.

Para estudiar la vida de Acosta pueden consultarse tres biografías que de él conocemos, la primera publicada en Bogotá, en la imprenta del Neo Granadino, en 1853 (24 páginas), que Ezequiel Uricoechea atribuía á don Januario Triana, otra de la pluma de don José María Samper, yerno de Acosta, que está á la página 65 del libro Galería nacional de hombres ilustres ó notables, y la muy pormenorizada que escribió su misma hija, doña Soledad Acosta, inserta en el número 105 del Papel Periódico Ilustrado (Año V.)

Soledad Acosta de Samper

Nació en Bogotá, en la casa marcada hoy con el número 105, Calle 14, cuadra 6.ª, llamada vulgarmente de Los enfardeladores. Hija del historiador don Joaquín Acosta, y esposa del doctor José María Samper.

Durante algunos años fue muy conocida en la prensa de Bogotá con los seudónimos de Aldebarán, Bertilda, Andina y Renato, y los periódicos de la capital, desde 1862 á 92, contienen muchos artículos, novelas y revistas del extranjero escritas por ella.

Fundó La Mujer, revista quincenal, redactada exclusivamente por señoras y señoritas, bajo su dirección; periódico que comenzó á publicarse el 1º de Septiembre de 1878 y terminó el 15 de Mayo de 1881. Dicho periódico forma una colección de cinco tomos; cada número contiene una revista de Europa, escrita por la Directora, y de la pluma de ésta se encuentran también allí los siguientes trabajos históricos: La mujer en la civilización, Los misioneros en el Nuevo Reino de Granada, Literatas francesas y Galería de mujeres virtuosas, Las desdichas de Aurora, comedia en cuatro actos, y Un viajero, en un acto .

En Bélgica publicó, en 1869, un volumen de 438 páginas, titulado Novelas y Cuadros de la vida sud-americana, con varios cuentos, artículos de costumbres y tres novelas: Dolores, Teresa la limeña y El corazón de la mujer.

En los folletines de La Prensa, La Ley, La Unión Colombiana, El Deber, y también en La Mujer, aparecieron luégo sus novelas:

-José Angel Galán, episodios de la guerra de los Comuneros; Constancia, Laura, Los hidalgos de Zamora, Gil Bayle, La Holandesa en América (ésta reproducida en edición separada en 1888, en Curazao, por la acreditada casa de Bethencourt é Hijos); Alonso de Ojeda, La juventud de Andrés, La familia del tío Andrés, Las dos reinas de Chipre, El talismán de Enrique, Historia de dos familias, Una catástrofe, Historia de dos mujeres y Anales de un paseo.

Tiene inéditas las siguientes: Los tres asesinos de Eduardo, El Tirano Aguirre, Vasco Núñez de Balboa, Buen corazón quebranta mala fortuna, y Una reina del siglo VI.

Sus recuerdos de Suiza y viajes por Europa, primicias de sus labores como escritora, forman una serie de artículos muy interesantes publicados desde 1858 en la Biblioteca de Señoritas, de Bogotá, luégo en El Mosaico, bajo el nombre de Andina, y posteriormente completados en La Mujer.

Desde 1880, poco más ó menos, la señora Acosta se ha dedicado, de preferencia, á investigaciones y á estudios de carácter histórico.

A este ramo pertenecen varios de los trabajos de su pluma que en seguida anotamos:

-Biografía del General Joaquín Paris, por la señora Soledad Acosta de Samper. Obra premiada en el Concurso Histórico-literario abierto en Bogotá, con ocasión del primer Centenario del Libertador Simón Bolívar-Bogotá, Imprenta de Medardo Rivas, 1883-45 páginas.

-Biografías de hombres ilustres ó notables, relativas á la época del descubrimiento, conquista y colonización de la parte de América denominada actualmente Estados Unidos de Colombia, por doña Soledad Acosta de Samper. (Obra destinada al servicio de la Instrucción pública), 1883, Bogotá, Imprenta de La Luz, Calle 3.ª al Norte, número 49 al Oriente, vol, de XVI y 447 páginas.

Soledad Acosta de Samper. Los Piratas en Cartagena. Crónicas Histórico-novelescas, Carta al señor doctor Rafael Núñez. Contestación del señor Presidente de Colombia. Introducción. La venganza de un piloto. El Almirante Corsario Francisco Drake. Los Filibusteros y Sancho Jimeno. El Obispo Piedrahita y el Filibustero Morgan. La expedición del Almirante Vernón. 1886. Bogotá. Imprenta de La Luz, XIII y 275 páginas.

Caracterizan estas leyendas un estilo preciso, claro y sin ninguna afectación ni comparaciones rebuscadas. La parte histórica está mezclada hábilmente con la romántica ó supuesta, á fin de dar mayor interés y novedad al asunto. Y en los resortes novelescos que la autora emplea pone de manifiesto sus dotes de novelista y la frecuencia y abundancia de sus lecturas de este género.

-La Familia. Lecturas para el hogar. Bajo la dirección de la señora Soledad Acosta de Samper. 1886. Bogotá. Imprenta de La Luz. III y 762 páginas.

(Dicho tomo contiene las novelas: Los Conquistadores y Una familia patrióta, de la misma autora, y el drama en cinco actos y en prosa, de la misma, Las víctimas de la guerra).

-El domingo de la familia cristiana. Revista semanal, bajo la dirección de la señora Soledad Acosta de Samper. (Este periódico comenzó á publicarse en el mes de Marzo de 1889, y terminó el 16 del mismo mes de 1890 con el número 52).

-La explicación del Enigma. Novela escrita en francés por la señora Augusta Craven. Traducida para La Nación por la señora Soledad A. de Samper. 1887. Bogotá. Imprenta de La Luz. Director, Marco A. Gómez. 366 páginas.

En el mes de Abril de 1891 se trasladó la señora Acosta de Samper á París, en donde reside actualmente con sus hijas, y sin dejar de pagar tributo á las labores de la inteligencia que tánto la han atraído durante su vida. El Gobierno de Colombia la honró, en meses pasados, con el nombramiento que le hizo para que concurriese oficialmente al Congreso de Americanistas que, con ocasión del cuarto centenario de Colón, se reunió en Huelva.

En un periódico de París, El Eco Literario, ha publicado, en francés, su novela El esclavo de Juan Fernández.

Sus últimos trabajos son:

-Memorias. Presentadas en Congresos Internacionales que se reunieron en España durante la fiestas del IV centenario del descubrimiento de América, en 1892. Por Soledad Acosta de Samper, Delegada oficial de Colombia, Miembro de la Academia da la Historia, etc. Chartres. Imprenta de Durand. 1893. 91 páginas.

(Contiene las siguientes monografías: Los aborígenes que poblaron los territorios que hoy forman la República de Colombia, en la época del Descubrimiento de América; Memoria sobre el establecimiento de hebreos en el Departamento de Antioquia; aptitud de la mujer para ejercer todas las profesiones y Periodismo en Hispano-América).

-Viaje de España, por Soledad Acosta de Samper, Delegada oficial de la República de Colombia al IX Congreso Internacional de Americanistas en el Convento de la Rábida, Mimbro de los Congresos Literario-Lusitano-Americanos, Miembro de la Academia de la Historia de Caracas, etc, etc. Tomo 1.° Bogotá. 1893. Imprenta de Antonio María Silvestre; Director, Tomás Galarza. 260 páginas. (El tomo 2.° impreso en 1894, Imprenta de La Luz, con 269 páginas).

María Mallo M. Craick. - El Rey Arturo. Versión de Soledad Acosta de Samper. Bogotá. Librería Nueva, Calle 12, número 172. 1894. 256 páginas.

José Pascual Afanador

Este ilustrado sacerdote fue por mucho tiempo Rector y Catedrático del Colegio de Guanentá.

Autor de:

-La Democracia en San Gil, ó cartas del ciudadano José Pascual Afanador. Dirigidas á los señores de la nobleza sangileña, sóbre la naturaleza y efectos de un programa. Socorro. Imprenta de N. Gómez y C.ª Villarreal. 181-121 páginas.

-Elogio fúnebre de don Diego Melendez Silva ( doctor José Pascual Afanador).-9 páginas. Bogotá. Imprenta de J. A. Cualla. Por C. Lopez. 1849.

Federico Cornelio Aguilar

Bien merece este ilustrado sacerdote el que su nombre figure, en primera línea, entre los de aquellos connotados oradores sagrados que han ocupado el púlpito en Colombia. Cuando á éste subía el doctor Aguilar, lograba sostenida atención del público que le escuchaba, por que su palabra era fácil, persuasiva y de entonación severa; elocuente y fogosa á las veces, lo que daba mayor fuerza al discurso y le impelía en ocasionesá lanzarse por esferas de orador tribunicio, tocando con más ó menos oportunidad asuntos de la vida pública. De familia de próceres, y desarrollado su modo de ser en momentos en que la atmósfera caldeada de la guerra de independencia aún no había desaparecido del todo de nuestros horizontes, su sangre era ardiente, y de ahí su carácter vivo, impresionable, quizás un tanto pronto en sus decisiones. }

El doctor Aguilar vio la luz en Bogotá en el mes de Septiembre de 1834. Educóse con los Jesuitas, recibiendo las lecciones de éstos, por espacio de diez años, en el Seminario de Guatemala, de donde pasó á Quito. En esta ciudad fue Director del Observatorio y publicó las observaciones meteorológicas que hizo; redactó un periódico llamado El Progreso, y tuvo parte de colaboración en El Nacional del mismo lugar.

En el periódico oficial del Ecuador dio también á luz una serie de artículos sobre la catástrofe que destruyó, en 1868, la Provincia de Imbabura, y en edición separada publicó en Quito los siguientes folletos:

Viaje científico y descriptivo al Pichincha.

Memoria sobre la oscilación de la aguja magnética.

Hipótesis para explicar el origen de los terremotos.

-Curso elemental de elocuencia y poesía, formado sobre la obra del P. Broockaerd, S. J., y adaptado á la enseñanza de los Colegios Hipano-Americanos. Quito. Imp. de Manuel Rivadeneira. 1870. Vol. de 164 páginas.

Durante la residencia del doctor Aguilar en la capital del Ecuador, que fue de siete años, prestó sus servicios como Profesor en el Seminario de la capital, y tornó á Colombia á fines de 1870, para ocuparse también en hacer clases de física, matemáticas y literatura en los Colegios. En 1873 dirigió la parte religiosa de La América, periódico que publicaba ese año en Bogotá don José María Quijano O.

El Gobierno eclesiástico le dio el encargo, en 1874, de llevar á Roma las disposiciones del Concilio celebrado en esa fecha. Con tal motivo visitó los Estados Unidos, el Canadá y algunos países de Europa y Oriente, y de regreso á su ciudad natal, acometió el ordenar las impresiones de su correría y relatarlas en el folletín de El Tradicionista, trabajo que luégo salió íntegro en el volumen que lleva este título:

-Recuerdos de un viaje á Oriente, por el doctor Federico O. Aguilar, en el año de 1874. Bogotá. Imprenta de El Tradicionista. 1875, Vol. de IV y 250 páginas.

Los capítulos que contiene Son éstos: Venecia. Trieste. De Trieste á Corfú. De Corfú á Atenas. Atenas. De Atenas á Constantinopla. Constantinopla. De Constantinopla á Esmirna. De Esmirna á Brindis, De Brindis á Nápoles (Itinerario).

Esta obra le valió algunos artículos encomiásticos, especialmente de escritores chilenos; pero debo saberse que en mucha parte siguió en ella las descripciones que trae sobre el Oriente una guía extranjera. (Itinerario descriptivo, histórico y arqueológico del Oriente por el doctor Emilio Isambert; París, Hachette y C.)

Como muestra del estilo del autor, tomamos, de la citada obra, el párrafo que se leerá en seguida:

Tal es nuestro destino sobre la tierra; jamás, ni en parte alguna, se encuentra complete dicha; todo deja un vacío inmenso en el alma, y nunca se estima tánto el bien presente como el bien perdido, En Europa, cuyas maravillas deslumbran á los que hemos nacido en países atrasados y pobres, se extraña la familia, se recuerdan los amigos, se siente á la patria, querida aun en su pobreza y atraso, más querida por hallarse ausente. En Nueva York, en Londres, en París, en Venecia, cuando me sentía abatido y triste al verme sin amigos, sin conocidos, tratado con indiferencia y desprecio por los que encontraba en calles, hoteles, vapores, ferrocarriles y coches; ó con una melosidad interesada por los que deseaban explotarme los bolsillos; en esos momentos de abatimiento, me trasladaba con la imaginación á nuestros países de la América latina, y por un capricho inexplicable, casi general, prefería á tántas grandezas, á tan hermosas calles y plazas, á tan soberbios edificios, á tánto movimiento y progreso, mis solitarios bosques de Colombia, mis ciudades sucias y mal edificadas, mis caminos fragosos, donde la muía hace en un día, penosísimamente, lo que los trenes en una hora. Suspiraba entonces por el aire puro de los Andes, por las cristalinas y murmurantes aguas de sus torrentes, por las pellas y riscos de sus montes, por el azul oscuro de nuestro cielo, jamás empañado con el humo de las fábricas; y, sobre todo, suspiraba por la soledad, pues me sentía hastiado de verme siempre en medio de espesa montaña de hombres, en gran parte animados de la fraternidad de Caín; tenía necesidad de respirar aire más puro el ambiente libre de nuestras serranías. Al presente es todo lo contrario: los recuerdos de mi viaje pasan por la mente deslumbrada cual brillantes cuadros de fantasmagoría, cual los ensueños de cabeza delirante; y en medio del atraso, pobreza y falta de movimiento de mi país, echo de menos la industria, los adelantos, el movimiento, el estruendo, los palacios, las estatuas y las hermosas calles de las ciudades de Europa. ¡Pobre corazón humano!  ¡Qué bien se conoce no haber sido formado para los bienes de la tierra, sino para las ilimitadas felicidades de la eternidad!

Llevado de su carácter, y sin duda á causa de las contrariedades que le ocasionó la guerra civil de 1876-77, se dirigió en el mes de Mayo del último año citado, á Chile, en donde escribió revistas y articulos para los diarios de Santiago, El Independiente y El Estandarte Católicó, y la novela Matilde en la que pinta sitios y costumbres bogotanas y algunas escenas de la guerra civil colombiana que acababa de pasar; novela que insertó el Semanario La Estrella de Chile, y que luégo reprodujo don Ignacio Borda en su periódico El Pasatiempo, suprimiendo no pocos párrafos de alusiones políticas incandescentes.

Fue por indicación nuéstra que el doctor Aguilar nos favoreció, durante su permanencia en Chile, con larga y expresiva correspondencia, en la cual describió todas las ciudades importantes de ese país y emitió su juicio personal sobre la política, el movimiento social y el carácter de los chilenos. Estas cartas tuvieron mucha aceptación entre los lectores colombianos, y despertaron vivo interés por los escritos y opiniones del animoso y patriota viajero que, ausente de su patria, buscaba el modo de ser útil á ella con el estudio comparativo de ah tierra y otros países sud-americanos. Esa correspondencia vio la luz en La Reforma de esta capital (desde el número 35, del mes de Agosto de 1878, en adelante).

En el mes de Enero de 1879 se trasladó al Perú, y entonces, además del relato del viaje, nos envió noticias sobre la guerra del Pacífico, escritos que, como los anteriores, se publicaron en el periódico antes nombrado. En Enero de 1881 se encontraba en el Valle del Cauoa, en Cali, cuando el Congreso lo concedió un corto auxilio para que se trasladase á México, y enviase desde allí revistas como las anteriores, de observación y estudio del progreso de ese país en comparación con el nuéstro. En el mismo mes se puso en marcha, tocando en Costa Rica, Venezuela, los Estados Unidos, la Isla de Cuba, y, por último, en México, en donde alcanzó también justo renombre como orador sagrado.

Producto de esta tarea de observación y estudio á que le impulsaron, con voces de aliento y de entusiasta aplauso, muchos de sus compatriotas, fueron las siguientes obras, que publicó á su regreso al país:

-Colombia en presencia de las Repúblicas hispano-Americanas, por el Presbítero doctor Federico O. Aguilar, residente en ellas durante veinte y seis años. 1884. Bogotá. Imprenta de Ignacio Borda. Vol. de 315 páginas.

Bien que algunos de los datos aducidos en esta obra no sean del todo exactos ni completos, como lo probó con prolijas citas el escritor don Rafael M. Merchán en sus Estudios Críticos, no puede negarse que ella encierra un propósito altamente laudable y significativo, pues es nada menos que acabar con las exageraciones de la política colombiana y tratar de extirpar la indolencia ingénita de nuestro carácter, que nos lleva á tener en poco el trabajo.

Señala varias causas del estancamiento de nuestro comercio y los funestos males á que dan origen los cambios frecuentes de gobierno, estimulados en gran parte por la manía política y por la habitual pereza de los habitantes de Colombia. Demuestra, echando mano de abundantes datos estadísticos, las ventajas naturales que, en cuanto á clima, minerales, etc., posee este país sobre las demás Repúblicas americanas, y hace ver que podríamos hallarnos mejor y en más lisonjera prosperidad como nación si atendiésemos de preferencia al trabajo, fuente segura de engrandecimiento.

En los veinte capítulos que forman la obra establece un parangón sobre la topografía, orografía, hidrografía y producciones naturales de Colombia y las quince Repúblicas latino-americanas, descripción de las principales ciudades, edificios y establecimientos públicos; da noticias pormenorizadas de las vías de comunicación entre las diferentes capitales y su litoral, exhibe cuadros comparativos de la extensión, propiedad raíz, población, exportación, importación, ingresos, egresos, telégrafos, ferrocarriles, instrucción pública, deuda, criminalidad, metales preciosos, y artículos principales de la exportación de las quince Repúblicas españolas y los Estados Unidos, Brasil y República de Haití. Las páginas en que trata de México son las más extensas y amenas del libro, lo mismo que las que consagra á la Argentina y á Chile. Trae á colación abundantes citas de los viajerós que han visitado á Colombia, Ernesto Wilson, el Conde Gabriac, Holton, Enault, Andrée, Saffray y algunos más que han venido al país y lo han recorrido con perseverante proligidad.

Después de este libro, estudio comparativo y sintético de las observaciones hechas por el autor en sus largos viajes por América, dio á luz el que lleva el título de Ultimo año de residencia en México, por el presbítero doctor Federico O. Aguilar. 1885. Bogotá. Imprenta de Ignacio Borda. 263 páginas.

Y posteriormente, el que se titula Un paseo en verano á Peñalisa, Girardot y la Pradera, por el presbítero doctor Federico O. Aguilar. Bogotá, 1886. Imprenta de Ignacio Borda. 121 páginas, IV de índice.

En este trabajo describe, con algún recargo de colores, una excursión que hizo de Bogotá á Peñalisa y Girardot, en Diciembre de 1885, y, con motivo de ocuparse en la construicción y trazado del Ferrocarril de Girardot, analiza las diferentes líneas de ferrocarril, proyectadas desde Bogotá al Magdalena, desde la más perfecta, que se supone ser la que trazó en 1848 el ingeniero M. Poncet, hasta posteriores trabajo efectuados por don Indalecio Liévano. Hace un resumen de datos geográficos referentes á las poblaciones del tránsito de su excursión: Fontibón, Funza, Mosquera, La Mesa y Anapoima, y luégo, aprovechando las diversas obras de viajeros franceses, que el doctor Aguilar había leído y estudiado con detenimiento, expone las condiciones y ventajas de nuestras flora y fauna y exhibe un estudio geológico, botánico y zoológico del país, completado con la enumeración de plantas y animales de la Sierra Nevada, de San Martín y Caquetá. Termina con la visita que hizo á la Pradera en Enero da 1886, en la cual rinde tributo de admiración y aplauso al empresario de esta ferrería, señor don Julio Barriga.

El doctor Aguilar escribió también una Egloga melodramática, de ningún valor literario, que fue representada por los alumnos del Colegio Seminario de Bogotá, y publicada en el Museo Literario, de dicha ciudad, y en La Estrella de Chile.

Falleció este escritor en Anapoima, el domingo 17 de Julio de 1887, á las diez y media dala noche. Sus restos se encuentran en Bogotá, en poder de su albacea, señor doctor Francisco José Vergara B., quien los ha colocado, provisionalmente, en la Iglesia de las Cruces.

 

1 Como este trabajo debe considerarse sólo como ensayo de noticias bibliográficas, el autor agradecerá cualquiera indicación que se le haga y el que se le suministren nuevos datos.

 

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