Alejandro Agudelo
Natural de Honda. Publicó lo siguiente:
|Programa para la enseñanza de la Medicina legal en las universidades de la República, formado por el doctor A. Agudelo, y aprobado por la Dirección general de Instrucción pública. Bogotá. Imprenta de Nicolás Gómez. 1845. 164 páginas. Alejandro Agudelo Natural de Honda. Publicó lo siguiente: Programa para la enseñanza de la Medicina legal en las universidades de la República, formado por el doctor A. Agudelo, y aprobado por la Dirección general de Instrucción pública. Bogotá. Imprenta de Nicolás Gómez. 1845. 164 páginas. Ortografía razonada de la lengua hispano-americana, ordenada en diálogo, por A. Agudelo. Bogotá. Imprenta de El Neo-Granadino. 1857. 79 páginas. Manual de comerciante. Traducción del francés, por A. Agudelo. Bogotá. Imprenta de El Neo-Granadino. 1857. Vol. de 103 páginas y una lámina. Lecciones de música, precedidas de una introducción histórica, seguidas cada una de su respectivo programa y acompañadas de láminas litografiadas. Obra puesta al alcance de los aficionados de ambos sexos, y adecuada, por su método, para el estudio y enseñanza de este hermoso ramo de las bellas artes, por A. Agudelo. Bogotá. Imprenta de Pizano y Pérez. 1858. 104 páginas y 10 láminas. Filosofía fisiológica del cerebro. Estudio experimental del hombre, demostrando que sus diversas actividades son efecto de su organización. Bogotá. Imprenta de Gaitán. 1872. Vol. de 274 páginas ( A. Agudelo). José María Aiguillón Oración fúnebre que en las solemnes exequias decretadas por el soberano Congreso constitucional de la Nueva Granada en sus sesiones ordinarias del 4 de Mayo del año próximo pasado, pronunció el día 10 de Noviembre, en la santa Iglesia Catedral Metropolitana, el señor Presbítero José María Aiguillón, Examinador Sinodal de les obispados de Antioquia y Santa Marta, y actual Cura propio de la parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Cota, Por las almas de los ínclitos defensores que, con valor inimitable, rindieron su vida por sostener la Constitución, las leyes patrias, la dignidad del Gobierno legítimo de la Nación y los derechos imprescriptibles de los granadinos. Revisada, corregida y aprobada por la autoridad eclesiástica. I. C. L. N. Bogotá. Imprenta de J. A. Coalla. 1842. 39 páginas. Abelardo Aldana Residió largos años en Soathampton, ejerciendo la funciones de Cónsul de la República de Colombia en aquel puerto. Es autor de lo siguiente: Geografía física. Nociones elementales por A Aldana, Cónsul de los Estados Unidos de Colombia. Havre. Imprenta de A. Lemale ainé, 3 rue de la Bourse. 1879. Vol. de 111 páginas. Revista científica del año de 1881, folleto de 30 páginas, impreso en Europa. También se registran, en los periódicos de la capital, algunas correspondencias que ha enviado de Europa. José María Alemán Nació en la capital del Istmo de Panamá, en donde estudió, consagrando preferente atención á la política. Ocupó una silla, como Diputado principal, en el Congreso de 1872, y en el mismo año publicó sus Recuerdos de juventud. Ensayos en prosa y verso. Bogotá. Imprenta de Gaitán. Diez años más tarde dio á luz, en Bogotá, sus Crepúsculos de la tarde. Imprenta de Colunje y Vallarino. 100 páginas, con 45 composiciones en verso. Manuel S. Algandona Profilaxia de la sífilis, tesis. Imprenta de vapor de Zalamea Hermanos. Francisco Eustaquio Alvarez Vio la luz en el Gigante (Departamento del Tolima) el 20 de Septiembre de 1827. Hizo estudios en el Colegio de San Bartolomé, hasta obtener el grado de doctor en Derecho. Aún joven, ganó nombradía, como abogado, por haber sido el acusador fiscal en el célebre juicio de Russi, cargo en el cual exhibió rara energía y cierta varonil entereza para decir sin ambajes la verdad, condiciones que luégo ha ostentado siempre, aun en momentos de febril exaltación en su partido, al cual no ha temido increpar sus desaciertos y exageraciones, sobre todo en asuntos del Fisco y manejo de caudales públicos. Largos años ha ocupado un asiento en las Cámaras, en representación del Departamento de su nacimiento. Consagrado también á la enseñanza de la juventud, fue Rector, por mucho tiempo, del Colegio del Rosario. Redactó, con el doctor Manuel J. Angarita, El Foro, publicado desde Agosto de 1869 á 26 de Julio de 1870. 72 números. El nombre del doctor Alvarez figura en varias publicaciones relativas á los asuntos de su profesión, y en otras de carácter político, como las siguientes: A la Nación. Manifiesto de los Senadores y Representantes que votaron contra el contrato de empréstito de $7.550.000. Bogotá. Imprenta de Gaitán. 1886 (Francisco E. Alvarez, Joaquín Posa da G. etc.) 24 páginas. Juicios sobre la Administración Núñez. 1882. Bogotá. Imprenta de Gaitán. LXIV y 76 páginas. (La primera parte de este folleto es un informe del doctor Francisco E. Alvarez, y la segunda la serio de artículos titulados Los cantos del Cisne, publicados en el Diario de Cundinamarca.) Es también autor de un Manual de Lógica. Extractado de autores de la Escuela experimental por Francisco Eustaquio Alvarez, Ex-catedrático de Filosofía en la Universidad Nacional y en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, 1890. Bogotá (Colombia) Imprenta de La Luz. Calle 13, número 100. Apartado número 160. Teléfono 220-VII y 261 páginas. Salvador M. Alvarez Nació en el Socorro, el día 21 de Febrero de 1818, y fue estudiante del Colegio de San Bartolomé, en donde cursó, con provecho, las clases de medicina, profesión que ejerció toda su vida, primero como alópata, y desde 1846 en adelante, como homeópata. Escribió y publicó La Homeopatía. Publicación mensual del Instituto homeopático de los Estados Unidos de Colombia. Tomo primero. Bogotá. Imprenta á cargo de Foción Mantilla. 1866. Vol. de 384 páginas. El doctor Alvarez murió en Bogotá el 24 de Mayo de 1874. Su libro Manual de Medicina homeopática, puesta al alcance de toda clase de personas, y adoptado especialmente. para los colombianos por el doctor Salvador M. Alvarez, médico homeópata y Presidente del Instituto homeopático de Colombia, y miembro honorario de varias sociedades médicas. Bogotá. Imprenta de Gaitán. 1875. 600 páginas, fue publicado por el doctor Secundino M. Alvarez, también médico homeópata, amigo del autor, á la memoria del cual consagró un rasgo biográfico que precede las páginas científicas y que va acompañado del retrato del agraciado. Secundino M. Alvarez Nació en la villa de Purificación (Departamento del Tolima) el 1.° de Julio de 1830. Fue estudiante de los Colegios del Rosario y de San Bartolomé, hasta obtener el título de doctor en Jurisprudencia el 14 de Julio de 1851. Después se consagró al estudio de la medicina alopática, y más tarde dejó de practicar ésta para ejercer la homeopática. Desempeñó los destinos de Alcalde de Bogotá, Jefe departamental de Purificación y de Vélez, Prefecto del Territorio de Bolívar, Secretario da Hacienda del Gobierno del Tolima, Diputado á la Legislatura del mismo Departamento y á la de Santander, Juez parroquial, Juez de Circuito, Secretario y Magistrado de la Corte Suprema de la Nación. En la milicia obtuvo los grados desde Cabo hasta General. Publicó la Nueva Citolegia, Lecciones de Ortografía española, Las guerras de Itamol, novela histórica, cuya publicación no terminó; Decisiones judiciales ó estudios sobre el derecho patrio, Tomo 1.°, y edtó el Manual de Medicina homeopática, del doctor Salvador M. Alvarez. Cuando escribió para algunos periódicos políticos, siempre ocultó su nombre con algún seudónimo. En la guerra civil de 1876 fue herido mortalmente en una escaramuza, por los lados de Soacha, el 21 de Febrero de 1877, y expiró el 8 de Marzo del mismo año. Dejó inéditos algunos trabajos, una novela, dos traducciones del francés: Tierra y cielo, de Juan Reynaud y Epíritu fuerza y materia, nuevos principios de filosofía médica, por Chauvet. Enrique Alvarez Ejerce actualmente el honroso cargo de Bibliotecario nacional, que armoniza muy bien con sus gustos é inclinaciones, que le llevan siempre al campo de las letras. Espíritu esencialmente laborioso y consecuente con sus ideales religiosos y políticos, la tentación de la gloria no le ha arrojado, como á muchos otros, á la experimentación de doctrinas ó escuelas de moda. Paga su tributo de amor al arte con ingenuo entusiasmo, pero su pluma busca, ante todo, la enseñanza moral y la divulgación metódica de sanas doctrinas. Nació en Tunja en 1847, y allí fue fundador de los papeles políticos La Esperanza y El Occidente. En Bogotá dirigió por algunos meses el periódico Colombia Cristiana, y se contó entre los colaboradores de El Valle, La Juventud, El Album poético-religioso, El Ferrocarril y El Tradicionista. En el Anuario de la Academia Colombiana se encuentra la traducción que hizo, en verso, del canto 8.° de La Jerusalen libertada, del Tasso, y en Chiquinquirá, en donde residió algún tiempo dedicado á la enseñanza de la juventud, compuso é hizo imprimir el drama La Cuna y el genio, tomado de la novela del escritor español Julio Nombela, titulada Un hijo natural. En 1885 dio á luz, en el Papel Periódico Ilustrado, otro drama suyo, en dos actos y en prosa, Zora, que es un episodio del Gonzalo de Córdoba del Caballero de Florián, adaptado al teatro. Guarda inéditas cuatro obras más de este género, cuyos titulos denuncian la escuela á que pertenecen y hasta dejan adivinar en parte los resortes dramáticos de que echará mano el autor. Estas son: El honor y el amor, El grito de la conciencia, Nobleza y perfidia y Un chasco romántico. Daremos la lista de los trabajos que ha publicado en libro: Caracteres.- Critica social. Chiquinquirá. Imprenta de Luis F. Fajardo. 1874. Tratado de Gramáticas Castellana por Henrique Alvarez. Individuo correspondiente de la Academia Colombiana. Tercera edición, notablemente aumentada. Chiquinquirá. Imprenta de Fajardo é hijo. 1881. 196 páginas. La sexta edición de esta obra se hizo en Bogotá, por la imprenta de La Luz, en 1891. Henrique Alvarez- Horas de Recogimiento. 1882. Bogotá. Imprenta de La Luz. 1882. 128 páginas (contiene sesenta y seis poesías originales y seis traducidas de Byron, Musset y Goldsmith). Arte de hablar en prosa y verso, por don José Gómez Hermosilla, obra compendiada por Henrique Alvarez. Individuo correspondiente de la Academia Colombiana. 1883. Bogotá. Imprenta de La Luz. 254 páginas (Con prólogo por don Miguel A. Caro). Epístola intermitente, al señor don Roberto Mac Douall, autor del poema intitulado El Joven Arturo. Bogotá. Imprenta de Medardo Rivas. 1883. 40 páginas ( Henrique Alvarez). Elementos de Filosofía moral por Henrique Alvarez. Bogotá. Imprenta de Medardo Rivas. 1884. 105 páginas. Henrique Alvarez. C. de la Academia Colombiana, individuo del Ateneo de Bogotá y Miembro del Consejo Académico de Colombia - Santafé Redimida. Bogotá. Imprenta de Medardo Rivas. 1885. 195 páginas (Poema relativo á la época de la Independencia). El Macabeo, poema por Henrique Alvarez, Bogotá. Librería de Camacho Roldán & Tamayo. Casa editorial de Medardo Rivas & C° 1890. 836 páginas. Escenas de Hogar. Novelas por Henrique Alvarez B. 1892., Bogotá (Colombia). Imprenta de La Luz. Calle 13, número 100. Apartado 160. Teléfono 222. Volumen de 231 páginas. Contiene las siguientes novelas cortas: Elvira, cuya trama y asunto tienden á poner de manifiesto los estragos que el lujo ocasiona á las familias pobres; Apariencias, en la que se demuestra que entre los esposos no debe haber secretos; Bien por mal, la cual es como un ejemplo páctico da la máxima cristiana: "Haz bien á tus enemigos"; Amistades desiguales, escrita para hacer ver que cada familia debe relacionarse con la que ocupa posición y fortuna análogas, si no quiere exponerse á chascos y peligros sociales; Un manuscrito, historia de un estudiante, seducido por un mal amigo, que le hace desgraciado; Un albacea, un avaro que pretende alzarse con bienes de menores; Alma-ángel, comprobación de que la mujer, sinceramente piadosa, labra la felicidad de su hogar; y El dios del siglo, otro caso de lo que puede la avaricia en el hombre. Compendio de Historia Patria, por Henrique Alvarez Bonilla. Segunda edición. Bogotá. Imprenta de vapor de Zalamea Hermanos. 1893. 268 páginas. Rafael Alvarez Lozano Autor de: El Trovador de Bogotá. Composiciones poéticas de Rafael Alvarez Lozano. Impr. por J. Ayarza. Año de 1841-Folleto de 80 páginas. Mercedes Alvarez de Velasco Hija de doña Mercedes Hurtado, también escritora. Nació en Bogotá 4 fines de 1859. Sus primeras producciones aparecieron con el seudónimo de Tegualda, señaladamente en el Diario de Cundinamarca y en El Rocío. En 1880 contrajo matrimonio con don Leonidas Flórez, joven periodista y poeta, y entonces produjo varios de sus mejores cantos. En el número 117 de El Perú Ilustrado, correspondiente al 3 de Agosto de 1889, se publicó un retrato de esta distinguida poetisa, acompañado de un rápido pero muy expresivo y encomiástico juicio de sus poesías, y de la reproducción de las titulalas En la agonía y Tragedia, que, con las que llevan el epígrafe de Amor, Celos, Venganza, A España y Ensueños, son las mejores que ha escrito. Ha merecido esta poetisa particulares y entusiastas elogios de don Juan Valera y de don Ricardo Palma. En folleto publicó: Obras de Medardo Rivas juzgadas por la señora Mercedes A. de Flórez. Juicio crítico tomado de El Debate. Bogotá. Fernando Pontón, Editor. 1884. 28 páginas. Alejo M. Amaya Es hijo de la ciudad de Ocaña. Nació en 1870. Recibió su grado de Doctor en Medicina en 1894. Fue estudiante ejemplar, por su consagración y buenas prendas de carácter, y tiene muy notable talento módico. Publicó el folleto: Universidad Nacional. Facultad de Medicina. Contribución al estudio del delirio no vesánico. Tesis para el doctorado en Medicina y Cirugía, presentada y sostenida por Alejo M. Amaya. 1894. Bogotá. Colombia. Imprenta de vapor de Zalamea Hermanos. 80 páginas. Antonio Maria Amézquita Orador sagrado. Nació en Pesca (Boyacá) el 13 de Junio de 1820, y murió en Tocaima el 25 de Mayo de 1883. Pasó la mayor parte de su vida en Bogotá, ejerciendo su ministerio. Predicaba incesantemente y dio á la prensa muchas oraciones fúnebres y panegíricos de Santos. Anotamos los siguientes folletos de su pluma: Disertación sobre tuición eclesiástica. Refutación al Padre Passaglia. Fariseísmo Católico. Exposición de A. M. Amézquita. Inconsecuencias de A. M. Amézquita, ó sea vindicación de su conducta como provisor y sacerdote. El Clero y sus detractores. Una defensa del señor Arzobispo Mosquera (contestación al folleto El Arzobispo de Bogotá ante la Nación.) Disertación sobre jerarquías católicas. Discurso pronunciado por el joven patriota doctor Antonio María Amézquita, en memoria del esclarecido ciudadano Juan José Neira, en la iglesia parroquial de la ciudad de Honda, el día 7 de Febrero de 1841-Bogotá. Imprenta de J. A. Cualla. 1842. 16 páginas. Breve descripción de la enfermedad, muerte, entierro y honras que se hicieron en la ilustre ciudad de Tunja á la feliz memoria del egregio y venerando doctor Manuel J. M. Vásquez Gallo, en la iglesia parroquial de Santiago, por un amigo del finado. Tunja, Abril 29 de 1847. Tunja, impreso por Vicente Baños. Año de 1847 ( Antonio María Amézquita). 30 páginas. A la sentida muerte del señor Manuel de la Motta López, aeaecida el día 10 de Diciembre de 1856. Bogotá. Imprenta de Francisco Torres Amaya. 1857 (A. M. Amézquita). 19 páginas. Discurso apologético, pronunciado en la iglesia de Chapinero por el señor Dignidad de Tesorero de la santa iglesia Catedral (doctor Antonio María Amézquita) el 25 de Marzo de 1879, aniversario de la portentosa aparición de Lourdes el 25 de Marzo de 1858-Bogotá. 1879. Nicolás Pontón, Editor. 39 páginas. Oración fúnebre pronunciada por el señor doctor Antonio M. Amézquita en las honras que por el alma del señor don José María Vergara y V. tuvieron lugar en la iglesia de San Francisco el día 22 de Febrero de 1873. Bogotá. Imprenta de La América. 32 páginas. De la pluma del doctor Amézquita hay también una obra extensa, adornada con su retrato. Es la siguiente: Defensa del Clero español y americano y guía geográfico-religiosa del Estado Soberano de Cundinamaroa por el señor doctor Antonio María Amézquita. Rasgo biográfico del autor, trazado por el señor doctor Manuel María Madiedo, con indicaciones al benévolo lector, por Nicolás Pontón. Bogotá. 1882. Imprenta de La Ilustración. Vol. de 551 páginas. Manuel Ancizar Los dos partidos que en Colombia se han disputado por tan largos años el poder y la implantación de sus respectivas doctrinas, han contado cada cual en su seno un grupo de hombres inteligentes é ilustrados, en quienes los políticos de uno y otro bando han personificado las tendencias y aspiraciones de su causa, y á quienes han discernido toda clase de honores y como una especie de primacía en la dirección de su partido. El doctor Ancízar, cuyo nombre, aun hoy en día, goza de cierto irresistible prestigio entre sus copartidarios y de merecida fama entre los hombres de letras, se contó, por un cuarto de siglo, en el número de esos favorecidos ó privilegiados por sus méritos. Se le creía bogotano, y bien podía considerársele como tál, pues nació no lejos de la capital, en la hacienda del Tintal de Fontibón, el 25 de Diciembre de 1812. Hizo estudios de derecho en la ciudad de la Habana, en donde se graduó y, después de un viaje por los Estados Unidos, se estableció en Caracas, en donde redactó dos periódicos, El Correó y El Siglo, y colaboró en El Liberal y El Repetorio, de la misma ciudad. De Valencia, en donde estuvo regentando un Colegio, pasó otra vez á Caracas á desempeñar el puesto de Ministro de Colombia, hasta fines del año de 1846, en que se encaminó á Bogotá, llamado por el General Mosquera, quien, apreciador de su talento, de la seriedad de su carácter y de la circunspección y buen juicio, tan notorios en él, le confió el despacho de la cartera de Relaciones Exteriores, alto puesto, que ocupó repetidas veces en el curso de su vida pública. Desde 1848 comenzó el doctor Ancízar á ejercer influencia predominante en la política y en los destinos del país, y pudo dar notorio impulso al periodismo y fomentar el adelanto y gusto tipográficos, arte que hasta entonces se encontraba tan atrasado como en los tiempos de la Colonia. En Caracas había conocido el doctor Ancízar á los hermanos Echeverría - Cecilio, León y Jacinto - habilísimos tipógrafos, que reunían á la práctica gran gusto y limpieza, y á don Celestino Martínez, entendido litógrafo y pintor al óleo. A estos artistas los contrató el doctor Ancízar para que viniesen á establecerse en Bogotá, y el 4 de Agosto, del año antes dicho, fundaron la imprenta del Neo Granadino, en donde comenzaron la publicación del periódico de ese nombre, el cual no sólo se ocupaba de política militante, sino de literatura, y ofrecía cada semana, á los suscriptores, un retrato de alguno de nuestros personajes ó una pieza de música, litografiados por don Celestino Martínez. De ese tiempo data el adelanto de la imprenta en Bogotá y el establecimiento de la litografía. Casi dos años llevaba el doctor Ancízar de ocuparse en la redacción de El Neo Granadino, cuando el Gobierno lo designó para Secretario de la Comisión corográfica que tuvo por jefe á Codazzi, y que tan útiles resultados dio. Ese encargo era muy adecuado para él, que era observador y poseía condiciones de hombre de mundo, dotes que se observan en las páginas que escribió sobre su correría, páginas que fueron muy leídas y con las que ganó fama de literato. En 1852 visitó las repúblicas del Ecuador, Perú y Chile, con el carácter de Ministro de Colombia. En Santiago hizo algunas publicaciones, como la titulada Anarquía y rojismo en Nueva Granada. Santiago. Imprenta de Julio Belín y C.° 1853. 35 páginas (M. Ancízar). Este folleto, según el testimonio de uno de sus biógrafos, tuvo una circulación inmensa. Colaboró también en El Museo, periódico de aquella ciudad, y escribió sobre asuntos diplomáticos. Al regresar á Bogotá, en el mes de Octubre de 1855, se encargó de redactar el conocido periódico El Tiempo, y tomó mucha parte en los asuntos políticos, adquiriendo cierta preponderancia, debida á su carácter y conocimientos, prestigio que conservó casi hasta su muerte, acaecida en Bogotá la noche del 21 de Mayo de 1882. Entre los diversos puestos que desempeño el doctor Ancízar durante su larga carrera pública, deben recordarse el de Presidente de la Cámara de Representantes, el de Miembro de la Convención de Rionegro y el de Rector de la Universidad Nacional y del Colegio del Rosario. La siguiente es la lista de folletos y libros que nos quedan de su pluma. Elencos de fisica paríicular á cargo de Manuel Ancízar y de Geografía física y política-y Cronología á cargo de Agustín Zarraga, para los exámenes que sobre estas materias deben hacerse en el Colegio nacional de Carabobo los días 12 y 13 de Agosto de 1843. Tercer año del curso de Filosofía. Valencia. Imprenta de Juan de Sola. 1843. 8 páginas. Instituto Caldas ( Manuel Ancízar). Bogotá. Impreso por V. Lozada. 1848., 13 páginas. Lecciones de Psicología, redactadas por M. Ancízar. Escuela ecléctica. Bogotá. 1851. Imprenta del Neo Granadino, por León Echeverría. 319 páginas. Peregrinación de Alpha ( M. Ancízar), por las Provincias del Norte de la Nueva Granada en 1850 y 51. Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1853. 524 páginas (con el retrato del autor). Deuda del Perú a Nueva Granada ( M. Ancízar). Imprenta de Echeverría Hermanos. 1855, 22 páginas. Juicio de responsabilidad ( M. Ancízar). Imprenta de Echeverría Hermanos. Bogotá. 1856. 15 páginas. M. Ancízar, Diputado d la Convención nacioeal por el Estado Soberano de Cundinamarca, á sus comitentes. Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1863. De la Peregrinación de Alpha, publicada primero en las columnas de El Neo Granadino, se imprimieron dos mil ejemplares, y es uno de los libros que han sido ruda leídos y populares entre nosotros. Muy notables son, también, las biografías del Mariscal de Ayacucho y de Agustín Codazzi, escritas por el doctor Ancízar en los últimos años de su vida, y que se encuentran publicadas en La Patria, revista de Adriano Páez. La base del renombre literario del doctor Ancízar, fue la obra Peregrinación de Alpha, que es una serie de cuarenta y tres capítulos descriptivos del Norte de Colombia, y también la relación pormenorizada del viaje que hizo á las Provincias de Vélez, Socorro, Soto, Ocaña, Santander, Pamplona, Tundama y Tunja, en el año de 1850 y primeros seis meses del de 1851, provincias en que entonces estaba dividida, para el régimen político y civil, esa parte del territorio colombiano. Repetimos que éste es uno de los libros que más han llamado la atención del público bogotano, y ha sido citado, frecuentemente, como de los mejores que se han producido entre nosotros. A varias causas debe la popularidad que alcanzó: la primera á la novedad que, en aquella época, debía de tener toda obra en que se describiese la topografía de nuestros caminos y poblaciones y se diese idea de los usos y costumbres que nos son peculiares; recordando los más notables incidentes históricos del tiempo del descubrimiento ó de la colonia relacionados con la existencia de cada lugar; á los datos estadísticos, de movimiento social y criminal, que allegó; á los geológicos y barométricos, que muestran esta obra como una de las pocas que en el ramo científico se han editado entre nosotros, y no menos debió influir, para hacerla popular, el nombrar en ella á las personas notables que en cada lugar recibieron bien ó mal al autor. Para la redacción de su obra empleó el doctor Ancízar un estilo claro y poético, lo que también le da colorido agradable y contribuye á que la lectura de esas páginas sea atractiva y que hoy mismo la busquen y lean con interés y provecho los aficionados. El doctor Ancízar recorrió todo el Norte de Colombia, desde Bogotá hasta la frontera venezolana, como que, además de las ocho capitales de Provincia, Vélez, Socorro, Piedecuesta, Ocaña, San José de Cúcuta, Pamplona, Santa Rosa y Tunja, visitó, y describe también, más ó menos detenidamente, las treinta villas, cabeceras entonces de cantón, y 216 pueblos más. De todas estas poblaciones señala los rasgos particulares que las distinguen, dando especial lugar á los datos que demuestran el movimiento de la instrucción pública; señala la altura de cada pueblo sobre el nivel del mar los grados que marca el termómetro, las condiciones favorables ó adversas de salubridad, y forma constantes reflexiones y juicios que le llevan le indicar varias reformas en la vida politica y social; observaciones bastante exactas y oportunas, sobre todo en aquella época, á las veces algo exageradas por el entusiasmo de reformador y de propagandista que le impulsaba, móviles que le llevaron hasta declarar que los estadistas debían abolir las aduanas del país, como destructoras de la prosperidad pública, porque "se oponen á la extensión natural de los cambios" (Página 478.) Obsérvase que los especiales conocimientos que más favorecían su criterio, en lo que tiene de científico su trabajo, son los geológicos, pues desde el principio da lugar preferente al análisis de la formación del suelo y se esfuerza en comprobar que las altiplanicies comprendidas en los valles de Ubaté, Simijaca, Chiquinquirá, Tunja y la misma Sabana de Bogotá y otras de la cordillera, estuvieron en tiempos remotos inundadas y formaban grandes lagos, cuyas cuencas se hallan hoy convertidas en tierras fértiles y de labor. Falta en el libro un índice que sirva de guía de los sitios y pueblos de que en él se trata, y se echa de menos también un plan más regular y metódico de las impresiones y apuntes que el autor fue trasladando al papel, que por más de ser relación fiel y muy circunstanciada, en algunos puntos carece, sin embargo, de cierto sello característico que haga gráfica ó imperecedera la pintura de cada pueblo y que grabe, en la imaginación del lector, la idea clara de la fisonomía de tal ó cual ciudad de alguna importancia. Por lo que hace á exhibirse con criterio filosófico al juzgar nuestras costumbres y pintar nuestro modo de ser, La obra del doctor Ancizar tiene apreciaciones notables, como la que va en seguida (página 419):: El habitante de las cordilleras crece musculoso y rígido como las aristas de los cerros que se oponen á su libre movimiento; es grave y lento, porque sus caminos atraviesan precipicios sobre los cuales la carrera le está vedada: es taciturno, porque desde la infancia encuentra su voz sobrepujada por el ruido bramador de los torrentes, ó amedrentada por el solemne silencio de los desiertos páramos: la grandeza del teatro le hace audaz y al mismo tiempo reflexivo: domina el espacio y es dominado por las cosas: su vida, como el ensueño de Jacob, es una lucha permanente, de la cual sale victorioso, con la frente bañada en sudor, pero modificado según lo que le rodea. El habitante de nuestras llanuras y tierras cálidas se mueve con facilidad de una parte para otra: el frío no le acobarda, y la noche no le retrae dentro del hogar para resguardarse del pungente hielo; antes le llama al campo con sus suaves brisas y con la espléndida iluminación del cielog: canta y se hace locuaz para formarse un ruido viviente donde todo, hasta las aguas, murmuran apenas; su genio es confiado, imprevisor: su carácter inconstante; sus habitudes muelles y perezosas. ¿Para qué afanarse, ni meditar en el día de mañana, cuando los árboles le brindan, y con sobra, frutos espontáneos, los ríos le ofrecen fácil pesca y la caliente tierra le abruma con sus cosechas?... Citaremos dos pensamientos más, tomados de la misma obra: Las mujeres hacen el bien sin detenerse, mientras los hombres calculan si les tendrá cuenta el hacerlo. Yá se ha observado que las profesiones activas y rodeadas de riesgos de la vida, ennoblecen el alma del hombre, implantando en ella sentimientos generosos que no siempre acompañan á los de ocupaciones sedentarias. Manuel J. Angarita Es hijo de Bogotá, descendiente de antigua familia santafereña; nació el 25 de Diciembre de 1840. Fue Magistrado del Tribunal Superior de Cundinamarca desde 1875 á 1879, y dirigió la publicación órgano de esa corporación: Revista Judicial. También fue Magistrado suplente de la Corte Suprema de la Nación, en 1887 y 1888, y en calidad de tál ha figurado en el Consejo Nacional Legislativo, en donde intervino en la expedición de las leyes sobre asuntos civiles y judiciales. Es autor de lo siguiente: República de Colombia.- Codificación Nacional formada por Manuel J. Angarita. Tomo primero. Edición de 1890. Libreria Colombiana. Camacho Roldán & Tamayo. Calle 12, número 78. Bogotá. (Imprenta de La Luz). IV, 122, 144, 92, V, 353 y 64 paginas. Suplemento de la Codificación nacional, por Manuel J.. Angarita. 1891. De venta en Bogotá. Almacén del señor Nicolás Campuzano, número 154. Frente al Banco Nacional. Vol. de 225 páginas (Imprenta de La Luz). Dos Disertaciones sobre puntos relacionados con el matrimonio. Tomadas del Suplemento de la Codificación Nacional, por Manuel J. Angarita. 1891 Bogotá. (Colombia). Imprenta de La Luz. Calle 13, número 100. Apartado 100. Teléfono 220. 49 páginas. Es Director de la Revista de Legislación y Jurisprudencia, periódico mensual, que comenzó á publicarse desde el mes de Marzo de 1893. José María Angel Gaitán La biografía de este escritor, que murió joven, cuando apenas comenzaba á ejercitar los naturales talentos que poseía en beneficio de la sociedad y en honra suya, carece naturalmente de interés. Los pocos años de vida que le concedió el cielo los empleó casi íntegramente en el estudio y el trabajo: huérfano de padre, cuando aún no había terminado sus estudios, se consagró con amorosa solicitud y decidido empeño al cuidado de velar por su anciana madre y por su única hermana, y el afecto y ternura con que á una y á otra hacía llevaderas las contrariedades naturales de la vida, es el rasgo más notable que ennoblece su nombre, y que resume, en el calor íntimo del hogar, cuanto formó la principal acción de su existencia. Fue hijo del señor Cayo Angel y de la señora Rosa Gaitán. Nació en Bogotá el 16 de Enero de 1819 y murió en la misma ciudad el 23 de Diciembre de 1851. Estudió en el Colegio de San Bartolomé y obtuvo el grado y título de doctor en Derecho el 11 de Octubre de 1838, á la corta edad de veinte años lo que deja comprender, bien claramente, su consagración al estudio y su natural talento. Buena prueba de que sus facultades intelectuales eran notables y de que todos habían sabido apreciar la conducta observada por él en el Colegio y en su misma casa, fue el hecho de que, apenas graduado, obtuvo el nombramiento de Oficial Mayor de la Corte Suprema de Justicia, destino que desempeñó hasta pocos días antes de su muerte. Era asiduo y escrupuloso en el cumplimiento de sus de deberes de empleado, según nos lo cuenta su amigo de intimidad el doctor José María Maldonado Castro, en la introducción que escribió para la única obra que salió de la pluma de Gaitán, y que comenzó á publicarse por entregas y sin su firma. Pocos meses después de la muerte de éste fue cuando dicho señor Maldonado dio á la luz pública la edición completa con el nombre del autor; libro que ya desde la aparición de los primeros capítulos había logrado despertar vivamente la curiosidad de los lectores, no sólo por la intencionada crítica de algunos defectos sociales nuéstros, sino porque en ese tiempo la publicación de una novela de las proporciones de la en que nos ocupamos, con trama complicada y situaciones dramáticas de efecto, á estilo de las obras francesas, entonces tan en boga, de Dumas y Sue, tenía que ser para la tranquila sociedad bogotana un verdadero acontecimiento que, al propio tiempo, marcaba una fecha memorable en los fastos literarios del país. El doctor Temis, novela original, escrita por el malogrado joven granadino doctor José María Angel Gaitán. 1851. Bogotá. Imprenta Imparcial. Carrera de Cartagena, calle 2°, numero 28. X. y 309 páginas, es, en efecto, una novela de costumbres bogotanas, y el principal asunto ó motivo del argumento está tomado de la célebre compañía de ladrones que encabezó en la capital de Colombia el doctor Russi quien duró» mucho tiempo burlándose de la justicia. Los principales personajes que figuran en la novela son: Monterilla, jefe de la cuadrilla de los ladrones y tipo consumado de tinterillo que el autor se propone estigmatizar; la Daifa, mujer pervertida y astuta, llena de mañas y de ambición, enrolada también en la compañía de ladrones al lado de Solimán y Oropimente; la Cisne, tipo seductor de una muchacha desgraciada y virtuosa, y una de las mejores figuras del cuadro, porque se nos muestra con toda la gracia irresistible de una niña de alma purísima, que escapa á la atmósfera corruptora del vicio, á pesar de encontrarse bajo la despótica presión de la Daifa, sufriendo privaciones y aun hambre, contra lo que todo se cónspira, desde su funesto destino hasta el candor mismo de su inexperto corazón, y logra, sin embargo, salir ilesa de las asechanzas de sus enemigos y conservar incólume su virtud. Raro caso y raro ejemplo que dejan consoladora enseñanza. Don Juan y Santiago; el primero curiosa muestra de un hombre bonazo y sin hiel que no está ni medianamente perfilado, y que por lo mismo apenas desempeña en el conjunto las veces de un simple agente que ayuda á la animación de algunas escenas ó á sostener el diálogo con el inocentón Santiago. Este, mejor diseñado que don Juan, es copia del campesino inexperto; especie de Artagnan de nuestras provincias, generoso y valiente, aunque sin mundo, y con un corazón dispuesto á rendirse á todas horas á la primer belleza de la esquina. El doctor Lemis, modelo del abogado íntegro, amante de la justicia, y que es el título de la novela, sólo por el hecho de que, á esfuerzos de este personaje, triunfa la virtud y castigan á los culpables, porque de resto no desempeña sino papel secundario. Emilio y Adelaida, tiernos amantes que al fin logran ver asegurada su dicha, después de no pocos contratiempos y disgustos, y, finalmente, otros personajes secundarios, tales como Baciliza, coqueta descarada; Enrique, casquivano necio; Veratrina, hipócrita que oculta astutamente su conducta, y Beatriz, gazmoña que sigue á ciegas las sugestiones de un fraile ignorante y fanático. El lenguaje de la novela es en lo general animado y con algunos toques expresivos y vigorosos, y si se tiene en cuenta que ésta fue la primera producción del doctor Angel Gaitán, se convendrá en que tenía talento de escritor y que si la muerte no corta tan en breve su existencia, habría podido producir obras más acabadas y más abundantes en bellezas literarias. En más de treinta años que hace se publicó la novela del doctor Gaitán, los curiosos la han buscado y leído siempre con marcado interés. Debe saberse que los ejemplares de esa obra ya no abundan, y al presente han escaseado á punto de convertirse en verdadera curiosidad bibliográfica. Si algún entusiasta del género quisiera reimprimirla, prestaría con ello positivo servicio á las letras patrias, y seguro está que vendería la edición con provecho, porque el asunto y forma amena de esa obra, son condiciones que atraen lectores. Además, se nos ocurre, que, de nuestras contadas novelas nacionales, es ésta una de las que quizá se prestan más á ser publicadas con ilustraciones locales de general atractivo para los bogotanos. Para que no se crea que exageramos al emitir este concepto, apuntaremos á la ligera algunas de las láminas que podrían adornar el texto. En el capítulo de La Retreta, la esquina de Palacio, con la banda de músicos y el conjunto irregular, caprichoso y gráfico que alli forman las gentes las noches de retreta. En el de la prisión, uno de los patios de las famosas galerías de la plaza principal, Retén, y edificio característico de Bogotá por más de un motivo. Uno de los sitios públicos que los bogotanos tenemos en más estima es El altozano de la Catedral. Nunca lo vemos sino al través de los numerosos recuerdos que despierta, especialmente por la agitada labor política de los partidos que allí han tramado las más arriesgadas conspiraciones. Lo consideramos como si fuera nuestra Puerta del Sol. Seguro está que no habría un bogotano de buena ley que no se complaciera en verlo figurar en las páginas de una novela también demostrativa de nuestras glorias y vicisitudes. ¿Y qué no diremos de la habitación de la Daifa, en Egipto? Aquellos alrededores, de situación pintoresca, porque dominan á Santafé de Bogotá, ¿no procurarían colores muy bellos al pincel de un diestro artista? ¿Y el Puente natural de Icononzo ó de Pandi, y el cerro de Monserrate, y las grotescas escenas de las fiestas de pueblo en la Sabana de Bogotá no serían otros tantos asuntos, muy propios para fijar en el ánimo del lector las escenas de la curiosa novela del doctor Angel Gaitán? Si como creaciones de la fantasía son superiores Manuela y María; la primera por su imponderable originalidad y la segunda por la belleza del estilo y la pintura conmovedora de un casto idilio amoroso, no es menos cierto que El doctor Temis puede parangonarse con las anteriores novelas por lo trágico de su argumento y por el desarrollo de la trama, interesante y bien manejada y la cual, desde las primeras páginas, despierta vivamente la atención del lector. Muchos años pasarán antes de que desaparezcan por completo la novedad y el aliciente que tiene para los bogotanos la lectura da El doctor Temis. Gabriel Angulo Entendemos que es hijo de Santa Marta, en donde reside. Es autor del folleto: Pulsación, digitación y expresión en el piano, por Gabriel Angulo. Bogotá. Trabajado por A. Rojas, tipógrafo musical. 1878. Julió Añez Nació en San José de Cúcuta el 1.° de Enero de 1857. Amigo de las luchas políticas y del periodismo, en breve comenzó á figurar en la escena pública. Le tocó la buena suerte de abogar en 1877 por los intereses del Distrito de su nacimiento, pues ejerciendo en dicho año el cargo de Personero municipal, representaba, con tal carácter, la tercera parte de las acciones de la Compañía del Camino de San Buenaventura cuando se trataba de la construcción del ferrocaril á Puerto Villamizar, y entonces hizo valer su voto en distintas ocasiones, porque muchos accionistas se oponían á esa obra, que tan importante ha sido para el progreso material de esa región industriosa de Colombia. El señor Añez ha sido Diputado varias veces á la Asamblea del Departamento de Santander, y en 1881-82 ocupó un asiento en la Cámara de Representantes, elegido por el mismo Departamento. Fue Presidente de la nombrada Corporación. Tomó parte en la guerra civil de 1885 y tiene el grado de Coronel. En el género literario, sus especiales aptitudes son para la poesía festiva, de intención cómica y punzante ironía. Su rima es fácil y abundante, y sin que haga ostentación de aparecer original, lo es en el corte ligero y forma amena de sus composiciones. La preocupación constante de los asuntos políticos y la vida dificultosa é incierta que llevamos los hispanoamericanos no le han dado reposo para ensayarse en la comedia, campo en donde brillarían de modo más verdadero las condiciones que como poeta humorístico posee. Anotamos, en seguida, la labor periodística que le corresponde: Publicó en la ciudad de su nacimiento la Revista de Cúcuta (1876-77), El Valle (2.° época), como parte literaria del anterior; El Demócrata, en 1878; en el Socorro, La Bandera Federal (1881) y El Correo de Santander (éste en unión de don Diógenes A. Arrieta) 1882; y en Bogotá ha sido Redactor de los que siguen: La Palabra (1888), La Reseña (1889), El Dengue (1890), El Derrumbe (muy pocos números) 1892, El Buzo (6 números, en el mismo año nombrado), y Los Hechos, diario de la tarde, fundado y dirigido en unión de don Juan Ignacio Gálvez. (Se publica desde el 18 de Enero de 1894). Es autor de tres poema originales: Los Desgraciados, con prólogo de don Juan de D. Uribe. Tipos Sociales- Doña Virtudes. 1884. Bogotá. Imprenta de vapor de Zalamea Hermanos (Julio Añez) 26 páginas. La Voluntaria (De los Recuerdos de la campaña), por Julio Añez. Bogotá. Imprenta de Medardo Rivas, 1885. 91 páginas. Publicó también un cuaderno sin foliatura, titulado Retratos instantáneos de señoras y señoritas de Bogotá. 1891. Samper Matiz. Bogotá. Como editor dio á luz el Parnaso Colombiano. Colección de poesías escogidas por Julio Añez. Estudio Preliminar de don José Rivas Groot. Tomo I. Bogotá. 1886. Librería Colombiana. Camacho Roldán & Tamayo, Calle 12, número 178. LXIX y 320 páginas. (Imprenta de M Rivas). El tomo primero de dicha antología contiene composiciones de treinta y ocho autores. El segundo, impreso por la misma casa, en 1887, con 385 páginas de texto, contiene poesías de sesenta y cinco autores de catorce poetisas, una de las cuales no es de origen colombiano, y seguramente el editor la incluyó allí por exigencia de algún amigo.
Fue estudiante de los Colegios de San Bartolomé y del Rosario, por los años de 1856 á 1865, y dos años después entró á ejercer las funciones de Juez primero del Circuito de Bogotá, en el ramo de lo civil, empleo que desempeñó por cerca de cuatro años. Entonces fue cuando fundó El Foro, primer periódico de esta índole que se publicó en Bogotá (Véase la noticia biográfica de Francisco E. Alvarez.)
