Alejandro Caicedo D'Elhuyar
Cecilia ó La Guerra de los Yareguíes. Leyenda histórica colombiana, por Alejandro Caicedo D'Elhuyar. B9gotá. Imprenta de Medardo Rivas. 1884. 36 págs.
José Caicedo Rojas
Lleva más de medio siglo de cultivar las bellas letras con cariño y aptitudes espacialísimas. Nació en Bogotá el 8 de Agosto de 1816. Estudió en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, y después de la guerra de 1840, en la cual tomó parte, empezó á darse á conocer como literato, escribiendo con donosura, gracia y discreta intención, en El Duende, El Trovador, El Museo, El Pasatiempo, El Neo-Granadino, El Mosaico y la Biblioteca de Señoritas. Después ha sido colaborador de las más notables revistas y periódicos literarios que se han publicado en la capital.
Ocultó su nombre mucho tiempo con el seudónimo de Celta, que se hizo muy popular y simpático en su tiempo.
Ha sido Director de la Academia Colombiana, y en su hogar, centro de exquisita cultura y buen gusto artístico, ha tenido ocasión de mostrar á propios y á extraños las condiciones morales de su carácter y la generosidad con que propende á toda obra piadosa y de fines humanitarios. Amante de la juventud, largos años duró en la ímproba tarea de educarla para el bien.
Encontrándose en el Congreso de 1852, abogó, con su palabra, porque no so aboliesen las leyes que protegían hasta entonces los derechos de resguardes de los pobres indios, conducta que le hace honor.
Su temperamento artístico le llevó á estudiar música, en la cual posee vastos conocimientos y es también diestro ejecutante. Escribió tres piezas dramáticas, que no se han publicado, pero dos de ellas se estrenaron con inusitado éxito en el teatro de Bogotá: Miguel de Cervantes y Celos, amor y ambición; representada esta última á beneficio del actor cómico don Honorato Barriga, en el mes de Junio de 1856.
La lista de sus obras publicadas es la siguiente:
El Año Nuevo. 1849. Bogotá. Imprenta de Ancízar. 63 págs. (Colección de escritos literarios de diversos autores, reunidos por él). Poesías. (La selección de sus versos forma un tomo de los tres en que está dividido el Parnaso Colombiano, publicado por J. M. Vergara y V. en la imprenta de Poción Mantilla. (1867).
Recuerdos de la Tierra Santa. Apuntamientos del viaje que hizo á la Palestina, en 1858, el granadino señor doctor Rafael Duque Uribe. Arreglados para su publicación por su amigo y compatriota José Caicedo Rojas. Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1869.
Apuntes de Ranchería y varios otros escritos literarios del señor José Caicedo Rojas, ciudadano colombiano. Havre. Imprenta de A. Lemale ainé. 1871. Volumen de 163 págs. (Colección publicada por don Eustasio Santamaría).
Memorias de un abanderado. Recuerdes de la Patria boba. 1810, 1819. Por José María Espinosa. Bogotá. Imprenta de El Tradicionista. 1876. Volumen de 279 págs. (Redactadas por den José Caicedo Rojas).
Instrucción popular sobre el protestantismo, por Celta. 1869. Bogotá. Imprenta de Nicolás Pontón y Compañía. 69 págs.
Estado actual de la música en Bogota. 23 págs. (José Caicedo R.) Sin pie de imprenta.
Lecciones elementales de moral para el uso de las escuelas de instrucción primaria, y especialmente de las que sostiene la Sociedad de San Vicente de Paúl, por un miembro de la misma Sociedad. Segunda edición, aumentada y corregida. Bogotá. Imprenta de Francisco Torres Amaya. 1880. 48 págs. (Jose Caicedo Rojas). Se han hecho ya. seis ediciones de este tratado.
Escritos escogidos de José Caicedo Rojas, miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua y de número de la Colombiana. Tomo I. Apuntes de Ranchería, noticias biográficas y artículos. Bogotá. Imprenta de vapor de Zalamea Hermanos. 1883. X y 412 págs. El tomo segundo, impreso en 1891 por la casa editorial de Medardo Rivas, con 292 págs., contiene la novela don Álvaro y un Breve estudio sobre Fray domingo de Las Casas.
Noticia Biografía del doctor Pablo Agustín Calderón. 1892. Bogotá. Imprenta de vapor de Zalamea Hermanos. 41 págs. (con el retrato del doctor Calderón). (Su autor: José Caicedo Rolas).
Cuando un escritor alcanza merecida fama y popularidad, es luégo requerido para que preste su contingente intelectual y moral en obras de autores desconocidos ó para que las apadrine de un todo. den José Caicedo Rojas, que siempre se ha distinguido por su bondadoso y afable carácter, ha tenido que verse más asediado que nadie con exigencias de esta naturaleza. Hay dos obras que son más suyas que de los que las publicaron y concibieron. Queremos hablar dé los Recuerdos de la Tierra Santa, de don Rafael Duque Uribe, y de las memorias de un abanderado, de don José María Espinosa.
Ambas fueron redactadas íntegramente por el señor Caicedo, y la primera escrita sobre ligerísimos e imperfectos apuntes que le procuraron unas cartas del viajero el su familia. Como todo relato de viaje que escribe echando mano de los recuerdos, sin haber; apuntado las primeras verdaderas impresiones. carece de animación y de vida, no tiene ese atractivo irresistible con que nos deleita una pluma que narra con fidelidad lo que nos es desconocido. El autor de este libro-y ya sabernos quién es el verdadero-y don domingo Arosemena en sus conocidas Sensaciones en Oriente, atienden más que á la descripción animada del viaje, á las reflexiones morales que el uno y otro viajero ocurrieron al contemplar los Santos Lugares, y á las citas, reminiscencias históricas y pasajes de la Biblia, que creen oportuno recordar en sus escritos. Aun parece como si el de don Rafael Duque se hubiese efectuado ó escrito teniendo muy presentes las páginas del viajero istmeño el cual llevó el cabo su visita á la Palestina tres años antes que el bogotano, y la obra que contiene las impresiones de su correría apareció al público nueve años antes señor Duque Uribe (en 1859).
Los Recuerdos de la Tierra Santa, de don Rafael Duque, nos hacen saber que éste salió de Bogotá para Europa en 1857, y que, después de corta residencia en París, se embarcó á principios de 1858 para Oriente. Permaneció en Siria pocos meses, y de regreso visitó el Grecia, Constantinopla, y luégo el Trieste y á Viena, de donde pasó á Alemania y después á Rusia, España y Portugal, y, por último, á Argel. De aquí regresó el Italia y le tocó ser testigo ocular de la batalla de Magenta, y ayudó á recoger con sus propias manos los heridos. El viaje á la Palestina lo emprendió el señor Duque en compañía del Presbítero don José Santiago de la Peña, quien también publicó la relación de su viaje 1 .
Más afortunado que con los Recuerdos de la Tierra Santa anduvo don Rafael Duque Uribe murió en Bogotá el 20 de Enero de 1862. el señor Caicedo con la redacción de las Memorias de un abanderado, trabajo que le fue encomendado por su amigo don José Maria Espinosa, y que el escritor bogotano se esforzó en cumplir con amore.
El período de conquista y fundación de la colonia y el de la guerra de independencia son dos grandes épocas que forman faces notabilísimas en la historia de la República de Colombia, fecundas en interesantes episodios. Si la primera época despierta en nosotros el interés de la curiosidad y del asombro, la segunda nos es realmente más querida, más íntima, porque la vemos casi siempre desde el punto de vista del amor patrio, y sus luchas y contratiempos os afligen, bien así como nos entusiasman y llenan de regocijo sus victorias.
Las Memorias de un abanderado es libro que, fiel á su título, expone clara y sencillamente los hechos históricos y trances curiosos en que se halló el veterano de la independencia, don José María Espinosa, en el lapso de tiempo comprendido desde el año de 1810 al de 1819 y que se llamó la patria boba.
En vez de ser una relación que pueda llamarse historia, presenta en su conjunto la forma de crónica, puesto que, sin la seriedad de aquélla, ni el recargo de fechas, citas y apreciaciones consiguientes, narra los sucesos á grandes rasgos, con naturalidad, y á veces con tal vigor de expresión, que hace que el lector conciba muy bien la idea de las emociones que debió experimentar el protagonista, y se traslada con la imaginación á los lugares en donde se desarrollaron los hechos, sin apartarse un ápice de la verdad de lo acontecido, cualidad que muchas veces no es la primera en libros históricos, que por otro lado no carecen de mérito.
Sin, contar la relación de las diferentes batallas en que se encontró el Alférez Espinosa, tiene esta obra, en su parte histórica, la novedad de referir y comprobar la gloriosa y noble conducta del esclarecido General Antonio Nariño, quien con tanto arrojo y habilidad, aunque con mala suerte, dirigió la campaña del Sur.
Después de la descripción del ataque de la Cuchilla del Tambo, funesto para las armas patriotas, y al comenzar el capítulo diez y ocho, el protagonista añade que de ahí en adelante cesa la pintura de su vida militar activa, y sigue la de sus aventuras personales, estableciendo así indirectamente una especie de división ó de segunda parte de su obra, la que pudiera haberse señalado con mayor propiedad al fin del capítulo veintidós, en donde termina el relato de hechos históricos de carácter general, y continúa sólo la de los trances, penalidades y zozobras que sufrió el abanderado de Nariño.
El estilo de las Memorias es fácil, ligero y suelto: puede contribuir a parecérnoslo la vivacidad con que narra los acontecimientos. El héroe del libro se nos muestra con el carácter desinteresado y generoso del antiguo santafereño.
Y, salvo mejor opinión, es en el segundo capítulo de la obra en donde nos parece que resalta mejor el espíritu de la antigua Santafé, por la descripción local y de las costumbres de illo tempere, que con tánta propiedad como buen gusto están escritas, y que sirven naturalmente de introducción á lo demás.
En su larga tarea de escritor, don José Caicedo ha manejado con igual destreza todos los géneros literarios, y hay poesías suyas muy encomiables; pero las peculiares condiciones de su estilo, que tiende á buscar la descripción amplia y reposada y cierto encariñamiento, irresistible en él, por todo lo antiguo, le han llevado con mucha frecuencía á componer leyendas históricas y novelitas, sacadas unas y otras de las antiguas crónicas de Santafé.
Muchas de estas producciones de su pluma adornan las páginas del Repertorio colombiano. Sin pretender formar de ellas análisis intencionado, consignaremos la principal impresión que la rápida lectura de algunos nos ha dejado.
La titulada Un Monstruo execrable, la forman algunos episodios relacionados con la última parte de la vida del tirano Lope de Aguirre, en particular lo que aconteció con la muerte de Ursúa y con la mujer que le acompañaba, llamada Inés. Esta aparece en la leyenda como esposa de! mencionado conquistador, lo que está desmentido en el relato del Padre Simón. En el recuento de los episodios agrupados por el autor para esta leyenda, pierde mucho el interés altamente dramático de esa parte de la conquista y descubrimiento de América, y aparecen poco visibles ó casi sin relieve los caracteres de los personajes que en ella figuran.
Mis Aguinaldos es otra leyenda histórica á estilo de las que tan populares ha hecho en el Perú, y aun en toda América, don Ricardo Palma.
Cuéntanos en ella el caso de den Juan Hernando Díaz, primer monedero falso de la Colonia, quien so libró de la pena capital á que estaba condenado por súplica que al Presidente Armendáriz interpuso su hija, la que amaba al sentencia de sin que su padre lo supiese.
Otra de sus leyendas lleva el título de Un patriota y un profeta del siglo pasado, y es un episodio alusivo á la primera expulsión de Bogotá de los Padres Jesuitas, suceso que se verificó el año de 1767, amenizado con la pintura de algunas costumbres de esa época.
La Espada de los Monsalves es crónica del año de 1550, en donde se hace alusión á las armas de un escudo de aquella época. Esta leyenda encierra más enseñanza moral que las anteriormente citadas.
No puede decirse que brille por la ligereza del estilo, ni que tenga animación, la titulada Un profeta y patriota del siglo pasado (Repertorio Colombiano número XX). Allí se lee esta observación:
En los tiempos de impiedad y persecución á la Iglesia y de la religión, como los que han sucedido á la época de la Colonia, no sólo crece el fervor, sino que se depuran y morigeran las costumbres de los fieles, y se corrigen muchos abusos, cosa que también suele acontecer cuando se permite la práctica de diferentes cultos, único bien que en realidad produce la tolerancia religiosa.
En el Repertorio Colombiano figuran también, del mismo autor, El Maestro de baile y Las dos gemelas, y las novelitas La Bella Encomendera, El Cacique don Diego de Torres Cristina y Los Amantes de Usa que en, escrita la última con intencionada ligereza y verdad, como podrá juzgarse por las muestras que en seguida reproducirnos:
La clase de los carboneros no pertenece enteramente entre nosotros á la raza pura indígena hay por lo regular entre ellos una mezcla con la blanca, coito se nota por la espesa y negra barba, y la talla y facciones regulares; por lo cual Pastora, aunque un tanto atezada por la acción del sol y del aire, tenía una fisonomía agradable, y cierta animación y viveza; y, si hubiera acostumbrado lavarse la cara y las manos, tiznadas de continuo por el carbón que manejaba diariamente, no habría podido decirse que era fea. Tenía ojos negros y expresivos, hermosa dentadura, carnudos brazos y una estatura regular. Cuando la sorprendió el carbonero, estaba más bien recostada boca arriba que sentada sobre una piedra, á la vera de la senda, y cargaba á las espaldas un gran montón de ramas secas, mucho mas alto que ella, que le hacía
inclinar sobre la frente el ahumado y roto sombrerillo de corrosca. La enagua de frisa-ó zagalejo como diría un poeta-le llegaba hasta la espinilla, y la camisa de lienzo del Socorro, con tira de zaraza que fue color de rosa, todo tan tiznado como ella, dejaba ver des macizos hombros requemados por el sol
Después de esta hábil pintura sigue el diálogo entre dos carboneros:
-No vas hoy á Bogotá?
-No, hasta I otra semana.
-Jué cierto que te regaño tu máma el otro día?
- Quén te lo dijo?
-Por ai.... no falta quen lo sepa todo
-Como han dao en decir que vos me querés
- Y quén los mete en lo que no les importa
-Como si alguna vez me hubieras dicho algo ó alguna cosa
-Esa sí que no! Aunque me maten no te he de decir que te quiero.
-Luégo yo estoy á I' ánsia, ó qué cosa
-Pus no te he de decir que te quero, aunque sea cierto.
-Y como no es asina.....
-Y aunque juera, caduno es dueño de su persona.
-Y naide manda en su gusto.
- Qué malo es querer á una mujer? ¡ acaso es pecao!
-Decíselo á Tránsito cuando vas al pueblo.
-Y ora, de donde habís sacao eso! Entonces que te lo diga el niño Iza que es el que te quere á vos.
-A yo? ...Esa sí que tampoco!
-Si no te vería yo el otro dia desde el alto, conversando con él en la quebrada....
La afición noveladora de don José Caicedo Rojas le ha llevado á. tratar asuntos más vastos que el de sus leyendas. Su obra de mayores proporciones en este género lleva el título de don Álvaro (cuadros históricos y novelescos del siglo XVI) y es una novela descriptiva en treinta y cinco capítulos, en los cuales el autor quiere dar idea de las costumbres antiguas de Santafé, y catre otras cosas nos refiere las fiestas que en aquella época se hacían en esta ciudad con ocasión de la llegada de los Presidentes y Virreyes que enviaba el Gobierno español; las fiestas de toros y cañas, las carreras que se efectuaban en la calle de la Carrera (de donde tomó el nombre), las funciones religiosas, especialmente de la Semana Santa, y algunas tradiciones puramente locales y anecdóticas, como la curiosa de la mula herrada y la del pecado mortal. Para amenizar el conjunto intercala. algunos de los episodios puramente históricos, como la enfermedad y muerte del Arzobispo don Luis Zapata de Cárdenas, y la fundación del primer convento que hubo en esta ciudad.
La principal tendencia es la de censurar (en varios puntos de la novela) las costumbres actuales, calificadas de libres, exageradas y sin sujeción alguna, y como menos convenientes para prolongar la vida, ni para hacerla dichosa; pero la misma moraleja que el autor quiere encontrar, queda destruida á contrariada con la de la acción novelesca, que no es otra que la de los amores desgraciados de don Álvaro con la bella Constanza, niña á quien su padre ha educado con la mayor severidad y recogimiento, sin dejarla salir á parte alguna, aislada siempre y privada de poder asegurar su porvenir por medio de los irresistibles lazos que engendra un sentimiento espontáneo del Corazón. Constanza no puede amar al hombre á quien su padre la destina, porque don Alvaro ha logrado cautivar su corazón, y don Pedro de Urrego, padre de ella, se enciende en ira con estos amores, y cobra aversión tan injustificable á don Alvaro, que una noche en que la casualidad hace que éste pase por el frente de la ventana en donde Constanza suspira por verle, acompañada de su hermana y de su aya, Urrego, enfurecide, reta á den Alvaro á singular combate. Este rehúsa batirse, pero el enojado anciano insiste, y al fin prosa del ciego furor que le domina, atraviesa con mortal estocada al infortunado amante.
Don Alvaro muere, y don Pedro es sentenciado á destierro por cinco años, y mientras tanto la pobre Constanza toma hábitos en el convento de la Concepción. De modo que el agrio carácter de un padre imbuido en un despótico y absoluto gobierno doméstico de antaño, y la sumisión humilde y por todo extremo respetuosa de su hija, forman la desgracia de ésta. don Alvaro puede considerarse como la primera novela caballeresca de capa y espada que se haya escrito en Colombia, Los diálogos son bastante naturales, y menos fatigosos que las descripciones en que abunda la obra.
Juana la Bruja es la última novela escrita por don José Caicedo Rojas, publicada de folletín en El Telegrama en 1894, y luégo en cuaderno.
Está levantada. sobre crónicas antiguas de Santafé, bien que alterada en mucho de la manera como la narra Rodríguez Precie en El Carnero, de donde la toma el autor para vestirla con los ropajes y adornos que su fantasía juzga más atractivos ó decorosos para presentarla en público. En la novela nos cuenta de paso el naufragio de los oideres Góngora y Galarza y cómo la inesperada muerte de éstos se supo en Santafé al siguiente día de acaecida; y luégo se hace valer como argumento principal de la obra, el caso aquel de un marido que se ausentó para la isla española de Santo domingo, dejando á su esposa en la capital del Virreinato, en donde ésta, habiendo dado un paso en falso, y temerosa de la pronta vuelta de su marido, consulta á una negra llamada Juana García, á quien se tiene por bruja ó hechicera, lo que debe hacer para salir del apuro, y ésta le hace saber que su esposo se encuentra en la isla en medio de amables damas y al lado de un sastre que está cortando la manga de un vestido de grana.
La Juana García no limita á esto su diabólico arte, sino que sus trae la manga en referencia y la entrega ó. la esposa de don Gonzalo. Cuando éste vuelve de su dilatado viaje, esa prenda da lugar á explicaciones enojosas y el marido acude al Obispo para que haga. las averiguaciones del caso. Prenden á la hechicera y la exhiben con un dogal al cuello, sobre una mesa, en la iglesia de Santo domingo y luégo la destierran....
En la creación novelesca del escritor bogotano, don Gonzalo está de novio y su pretendida es la que consulta sigilosamente, con la bruja, cuál ha sido la suerte de su galán, quien lleva ya varios meses de ausencia.
Cuando éste vuelve, se casan, y el mismo día en que se dirigen á. la iglesia á jurarse amor eterno, la bruja lanza equívocas palabras sobro la novia y hasta la denuncia ante la autoridad como compañera suya en asuntos de sortilegios y de magia. don Gonzalo, aterrado al principio con aquella calumnia, busca luégo venganza, y aprovecha el momento en que conducen á Junina García al destierro para darlo muerte violenta en la laguna de Fontibón. Después se marcha de nuevo á la isla de Santo domingo, en donde, al año de casados, muere su mujer. Entonces emprende largo viaje por Europa, y al cabo de algún tiempo descubre allá,, en una casa amiga, una encantadora niña, de quien prenda locamente y con la cual se casa. Esa niña la hace aparecer el autor como hija de la bruja á quien el mismo den Gonzalo ha dado muerte violenta
En esta novela encontramos la siguiente observación:
Sabido es que siempre y en todas partes la ociosa clase de la sociedad que se llama nobleza, hace su comidilla ordinaria de la crónica local, para alimentar sus largas veladas, y anda á caza de noticias, ciertas ó falsas, que dar ó que recibir.
Resumiendo nuestras impresiones sobre don José Caicedo Rojas, diremos que hay una correlación muy marcada, que desde luégo cautiva con suma placidez, entre los escritos de este literato, casi todos de gusto y de bien parecer, ingenuos, espirituales y atractivos en alto grade, y la vida íntima, el porte y los sentimientos morales de este bogotano tan amante de las cosas de su tierra, como el célebre Federico Mistral. Su alma busca ansiosa la verdad, y encuentra deleitosa fruición en los hidalgos sentimientos de nuestros antepasados; pero al espíritu moderno de la época paga también su tributo con el respeto y culto que le inspira el arte.
J. Esteban Caicedo
Canto al Tequendama, por J. E. O. (J. Esteban Caicedo). 1885. Imprenta de Ismael Osorio T. Ambalema.-8 págs. (Escrito en prosa.)
Noche de Luna, por J. E. Caicedo. 1886. Imp. de I. Osorio T. Honda.-15 págs.
Francisco José de Caldas
Ilustre prócer de la Independencia de Colombia y célebre naturalista. Nació en Popayán el 4 de Octubre de 177l. Fue fundador y Redactor del nombrado Semanario del Nuevo Reino de Granada, que comenzó á. publicarse el 3 de Enero de 1808 y terminó en 1809, y continuó luégo la publicación hasta 1812, en forma de memorias científicas redactadas por varios autores.
El ilustrado don Joaquín Acosta reimprimió en París, en 1848, lo más importante de tan notable publicación 2 .
Caldas obtuvo en la capital de la República su grado de doctor en Jurisprudencia, enseñó matemáticas y dirigió el Observatorio astronómico de Bogotá, en el que hizo constantes observaciones de astronomía y física.
En 1801. hizo un viaje á Quito, y entonces escribió una Memoria sobre la nivelación de las plantas que se cultivan en la vecindad del Ecuador, y en el Semanario insertó su trabajo Estado de la Geografía del Virreinato, con relación á. la economía y al comercio etc.
Después en Antioquia, empellada la guerra de la Independencia, se consagró á. su servicio, enseñando la fortificación y haciende muchos estudios y trabajos militares, hasta que, perdida la patria, pagó su amor á ella en el patíbulo, el 29 de Octubre de 1816, en la capital. La mayor parte de sus inmensos trabajos científicos fueron confiscada y perdidos. En La Siesta, periódico publicado en Bogotá en 1852, por don José María Vergara y V. y den Rafael Pombo, se encuentra una extensa Biografía de tan eximio patriota.
En colaboración con don José Joaquín Camacho escribió y publicó el .Diario Político, que principió el 27 de Agosto de 1810, y en el cual se halla la relación más completa y verídica, de la pluma de Caldas, de todos los sucesos de la revolución del 20 de Julio.
Los siguientes folletos son de su pluma:
Discurso preliminar que leyó el C. Coronel Francisco José de Caldas el día en que dio principio al curso militar del cuerpo de ingenieros de la República de Antioquia. A expensas del mismo cuerpo. Medellín. En la imprenta del Gobierno, por el C. Manual María Villar Calderón. Año de 1815. Tercero de la Independencia-28 págs.
Ensayo de una memoria sobre un nuevo método de medir las montañas por medio del termómetro y el agua hirviendo: seguida de un apéndice que contiene algunas observaciones muy importantes y útiles para la mejor inteligencia de dicha memoria, por don Francisco José de Caldas. Burdeos. En la imprenta de Sarvalle joven y sobrino. Paseo de Tourny, número 20. 1819-42 págs.
Numael Calderón
Discurso de año nuevo. Dedicado al eximio Vicepresidente de la República, doctor don Miguel Antonio Caro. 1894. Pamplona. Imprenta de la Diócesis. Director, José Fermín Ramírez.-13 págs. (Numa J. Calderón, Presbítero.)
Clímaco Calderón
El Curso forzoso en los Estados Unidos, por Clímaco Calderón. 1892. La América Editorial Company, 24 State St. New York. 194 págs. IX de índice.
Colombia. 1883. By Clímaco Calderón. Cónsul General of Colombia. N. Y., and Edward E. Britton, Special Commissioner of the Republic of Colombia to the World's Columbian Exposition. 122 págs. (Con varias láminas y un mapa de la República y los retratos de Núñez y Caro).
Carlos Calderón R
El doctor Núñez y la Regeneración, impreso en Europa en 1894, y reproducido por El Tiempo, diario le Caracas.
Ramón Calvo
Hijo y Madre. Abnegación Suprema. Quito. Imprenta de La Universidad.-16 págs. (Poema en verso. Su autor, Ramón Calvo).
Salvador Camacho Roldan
Político distinguido, hombre de elevada inteligencia, con vasto caudal de conocimientos en las ciencias y en las letras, es uno de los escritores más notables del país. nació en Nunchía (Territorio de Casanare) en 1827. Estudió en el Colegio de San Bartolomé y en la Universidad Nacional hasta recibirse de abogado en 1846.
Desde muy joven comenzó á figurar en el escenario de la vida pública, haciéndese notar, además de su talento y pronta expedición para el despacho administrativo, por la integridad y rectitud de su carácter, severo en el cumplimiento de su deber y hasta inflexible en tratándose de transigir con lo indebido. Ha figurado en varios Congresos, en los cuales, con su ilustrada palabra, ha contribuido á la más acertada expedición de importantes actos legislativos. Fue Director general de rentas de 1849 4 1852, Gobernador de Panamá en 1853, y Ministro de Hacienda y Fomento en 1870 y 1871.
Durante la administración del General Julián Trujillo desempeñó la cartera del Tesoro.
Se encuentran muchos artículos de su pluma en El Tiempo y en otros periódicos políticos, como El Constitucional, El Pasatiempo y El Eco de los Andes, y ha sido Redactor, en Bogota, de los siguientes:
El Siglo (1849), La Reforma (1851), La Opinión (25 de Febrero de 1863 á 31 de Diciembre de 1865; 152 números),La Paz (26 de Marzo de 1868 á 23 de Febrero de 1869; 78 números), El Agricultor (1868 á 69), y ocasionalmente redactó también El Neo-Granadino.
De sus escritos literarios merece especial mención el prólogo que escribió para la cuarta edición de los versos de su amigo y compañero de colegio, el poeta Gregorio Gutiérrez González.
En folleto se publicó un importante opúsculo titula de Camino carretero al Magdalena, 68 págs. Es también notable su discurso inaugural de la Sociedad de Agricultores colombianos, de la cual fue Presidente, y la biografía del General Santander, que comenzó á publicar en el Papel Periódico Ilustrado.
Reconocidas las singulares dotes de pensador que posee el doctor Camacho, y viéndose tan de relieve en cuanto hace su temperamento de escritor, el público acogió con merecido aplauso el libro Nota de viaje (Colombia y Estados Unidos de América), por Salvador Carriacho Roldán. Bogota. 1890. VI y 900 págs. (Imprenta de La Luz). Libro es éste escrito en estilo galano y ameno, interesantísimo por la abundancia y variedad de datos, la exactitud y belleza de las descripciones y aun por la novedad misma del asunto en la manera como está expuesto, como que antes de él ninguno de nuestros viajeros se había empeñado en pintar con tan vivos colores sus impresiones de un viaje á la Costa, ni en dar realce al conjunto con juiciosas observaciones, encaminadas en todo caso á ilustrar el criterio de los habitantes del interior en cuanto se relaciona con el comercio, la industria y el progreso del país. Las páginas sobre los Estados Unidos son las más extensas de la obra.
Los Escrito varios de este autor se encuentran reunidos en tres tomos de compacta impresión y contienen estudios sociales, intereses americanos, agricultura colombiana, negocios eclesiásticos, mejoras materiales, hacienda pública, política general y variedades. Bogotá. Librería Colombiana. Calle 12, número 178. 1892, Imprenta de La Luz. 703 págs. El tomo segundo impreso en 1893, con 583 págs., y el tercero impreso en 1895 con 875 págs.
Pedro A. Camacho Pradilla
Dos leyendas tradicionales. Por Pedro A. Camacho Pradilla. Bogotá. Imprenta de El Día, por José Arza. 1851.
José Leocadio Camacho
Nació en Bogotá el 9 de Diciembre de 1835.
Ha sido varias veces miembro de la Municipalidad de Bogota y Diputado á la Asamblea de Cundinamarca.
En 1864 dio á luz una traducción del francés, El Cartujo, novela corta pero de ingeniosa trama y muy interesante; en el mismo año redactó El Obrero, periódico consagrado á difundir en la clase trabajadora las lecturas de artes y moral, y en seguida publicó La Alianza, con iguales tendencias y propósitos.
En Junio de 1884 fundó El Taller, semanario que duró hasta el número 180 3
Colaboró en los periódicos de don Nicolás Pontón, señaladamente en El Conservador, El Bogotano, La Ilustración, La Prensa y El Iris En este último publicó su comedia de costumbres bogotanas Contra soberbia humildad, que se ha representado en el teatro y en casas particulares.
Ha publicado las siguientes traducciones:
El perro de Alcibíades, de León Gozlán; El suplicio de una mujer, de Emilio Girardín.
La Conciencia. Drama en seis cuadros, por Alejandro Dumas. Traducido para el Teatro de Bogotá por José L. Camacho. Bogotá. Imprenta de La Nación. 1864. 55 págs.
Repertorio Dramático de El Correo de los Estados. La noche del homicidio. Drama en cinco actos, escrito en francés por Mr. Teófilo Gautier, vertido al español y arregado al Teatro de Bogotá por el señor José L. Camacho. Bogotá. 1871. Imprenta de Manuel de J. Barrera: 66 págs. (adornado con el retrato del traductor).
La señal de la Cruz en el siglo XIX. Obra escrita en francés por Monseñor J. Gaume. Bogotá. Imprenta de El Tradicionista. 1876.
Francisco Camacho G
Recuerdos de un prisionero. Campaña del Norte. 1877-1879. Bogotá. Imprenta de José Manuel Lleras. Segunda calle de Florián, número 52, frente al Jokey Club. (Francisco Camacho).
Pomiana Camacho de Figueredo
Era natural de Vélez (Departamento de Santander), y tenía cuarenta y ocho años de edad cuando murió en Bogotá el 21 de Marzo de 1889.
Autora de la novela Escenas de nuestra vida, por Pomiana Camacho de F. Bogotá. Tipografía de Nicolás Pontón y Compañía. 1873. 115 págs.
Agustín Camargo
Felipe Pérez. Bogotá. Imprenta de Gaitán. 1883. 82 págs. (Con un retrato del doctor Pérez, grabado en acero. Su autor: Agustín Camargo).
Gerardo Pulecio, Mariano Santamaría, Ignacio Campuzano M., José S. Peña, Alejo Patiño, Lorenzo Cuéllar, Diego Madero, Abraham Aparicio, Rafael Pombo Nepomuceno Rodríguez, Jaime Córdoba, Ramón Acevedo, Rafael Torres Mariño, Aurelio Mutis, Alberto Urdaneta, José Sucre Indaburu, etc.
Manuel M. del Campo Larraondo
Biografía del doctor Manuel Mariano del Campo Larraondo y Valencia, Presbítero, escrita por él mismo en versos endecasílabos pareados, con notas, y dedicada á su muy querida, discreta y virtuosa sobrina la señora Matilde Pombo de Arboleda. Popayán. Imprenta de La Univ.. Por Guillermo Figueroa. 1847. 20 págs.
Fidel Cano
Nació en San Pedro, población de la Providencia de Centro del Departamento de Antioquia, el 17 de Abril de 1854.
Su afición al periodismo despuntó en él desde que era estudiante en Medellín; entonces principió á ensayarse como escritor redactando manuscritos E Arrebol y La Palestra.
En 1876 publicó en Envigado su primer periódico impreso, La Idea, y de 1880 á 84, La Unión y La Consigna, en Medellín. El primero de éstos en unión de don Rafael Uribe Uribe, y el segundo con el mismo y los señores Luis Eduardo Villegas y Leocadio Lotero
El 22 de Marzo de 1887 fundó en Medellín El Espectador, que es el periódico en donde más se ha dado á conocer por la energía y persistencia con que ha defendido la causa política de sus simpatías, y por el estilo nervioso y contundente con que se expresa.
Ha publicado un tomo de Poesías de Fidel Cano. Medellín. Imprenta Republicana. 1884. XVIII y 114 págs. (Con un prólogo por den Luis E. Villegas).
Luis Capella Toledo
Nació en Santamarta el día 17 de Septiembre de 1838.
Recibió las primeras lecciones en el Seminario de aquella ciudad, y continuó sus estudios en Bogotá en los Colegios del Rosario y San Bartolomé.
En el Magdalena ha sido diputado á las Asambleas Legislativa, Gobernador de la Provincia, Secretario general y Presidente del Departamento.
Fue también miembro de la Convención de Rionegro, Vicepresidente de la Cámara de Representantes y Presidente de la del Senado. En la milicia tiene el grade de General, y el comportamiento que observó en la guerra civil de 1876 le valió muchos elogios particulares y oficiales.
Es escritor de viva imaginación y de galas poéticas, con las que adorna muy bien las leyendas históricas que escribe, leyendas que han sido muy reproducidas en gran número de periódicos de la América española, á punto de que el nombre de este autor y el de Jorge Isaacs son, por sus obras, los más conocidos en el exterior.
Ha publicado lo siguiente:
Poesías (colección de versos de adolescente), publicadas en 1868 por den Nicolas Pontón y C.a
Biografía del Comandante José Antonio Ramírez. 1879. Bogotá. Imprenta de Gaitán. Folleto de 95 págs.
Leyendas Historicas por Luis Capella Toledo. Tercera edición, notablemente aumentada y corregida. 1884. Imprenta de La Luz. 3 tomos . 4 El tercero impreso en 1885.
Vicente Cárdenas
Personaje importante del partido conservar, dotado de muy claros talentos administrativos, nació en el Valle del Cauca, en la ciudad de Palmira, el 7 de Junio de 1811, y obtuvo su grado de doctor en. Jurisprudencia en la Universidad de Popayán. En esta ciudad desempeñó hasta 1841 el empleo de Ministro fiscal del Tribunal de ese Departamento, y sirvió luégo otros cargos, como el de Gobernador de la Provincia de Pasto, Ministro durante la Administración del doctor Mallarino, Senador y Ministro de Colombia en el Ecuador.
Desde 1848 á 53 vivió en Lima, en donde procuró estudiar la marcha política y social de las Repúblicas españolas, y se esforzó también en dar á conocer ventajosamente su patria. En circunstancias difíciles acompañó á los señores Julio Arboleda y Leonardo Canal, como Secretario de Estado, en la guerra y sucesos políticos é internacionales de 1861 y 62.
Emigrado Quito por causa de la revolución de 1876, murió en aquella ciudad el 6 de Agosto de 1880.
Perteneció á la Academia Colombiana como individuo correspondiente.
Son suyos los siguientes folletos:
A Caluma. Popayán. Imprenta de la Universidad. 1839.
Nuevas observaciones sobre la Administración del General José Hilario López en la Nueva Granada, y un Aprendice contestando un folleto del señor Manuel Ancízar. Lima. 1853. Imprenta del Comercio.
Ojeada sobre la cuestión española; trabajo hecho en colaboración de Sergio Arboleda y José Marcelino Hurtado. 1865. Lima. Imprenta de Huerta y Compañia.
Las declaraciones revolucionarias de Arequipa. Lima. 1865. Imprenta de Huerta y Compañía.
Examen del. Tratado entre el Perú y España; escrito también en colaboración de Sergio Arboleda, Hurtado y Leonardo Canal, é impreso en Lima en el año antes citado.
El Tratado con el Ecuador. 1870. En la imprenta de Balcázar. Popayán.
También apareció en cuaderno su alegato en la causa seguida un extranjero, por contrabando, impreso en Popayán, en la Imprenta de La Universidad, en 1839, y en el Repertorio Colombiano se publicaron sus escritos Recuerdo biográfico de la señora Matilde Pombo de Arboleda, La Reforma, y, sin firma, La República en Colombia (Repertorio Colombiano número VIII). Colaboró en los periódicos El Independiente, El Amigo del Orden y El Ciudadano, de Popayán; en El Federalista y Los Principios, de Cali, y en El Mercurio y El Comercio, de Lima. En Popayán redactó El Posta y en Pasto El Espectador.
José Eusebio Caro
Insigne poeta, pensador y filósofo, nacido en Ocaña (Departamento de Santander) el día 5 de Mazo de 1817. Estudió en Bogotá, y antes de tomar las armas, como simple soldado, en defensa del Gobierno, cuando la revoluci6n del año de 1840, estuvo desempeñando un empleo subalterno en la Dirección de Crédito público; luégo fe nombrado Jefe de sección del Ministerio de negocios extranjeros y estadística nacional.
Concurrió como Diputado por Bogotá al Congreso de 1843, en donde se hizo notable por. su ilustración é ideas, y en 1848 estuvo encargado, por algunos meses, del Ministerio de Hacienda, en el cual introdujo reformas de mucha trascendencia.
Contrario á la elección y política del General López (1849), hizo á éste oposición muy decidida en el periódico La Civilización, en donde censuró varios de los actos de esa administración. Por causa de estos acontecimientos políticos vióse obligado á emigrará Nueva York, en donde permaneció hasta el 7 de Diciembre de 1852. De regreso á la patria, murió prematuramente de fiebre amarilla en Santamarta, el 28 de Enero de 1853.
Don Pedro Fernández Madrid describe personalmente á Caro en los siguientes términos:
Era de estatura más que mediana; bien formado, robustos miembros y continente varonil; firme en el andar y de apostura fácil y descuidada. Aseado en su persona y traje, gustaba, sin embargo, muy poco de afeites; y vestía como lo quería la casualidad, ó como lo disponían sus allegados. Tenía los cabellos ensortijados y negros como lo ojos; blanca la cutis y espesa la patilla que le ceñía el rostro; la frente elevada y prominente; regular pero algo aguda la nariz; perfecta la dentadura, y bien delineados y expresivos los labios. El aire habitual de su fisonomía, contraído en frecuentes raptos de distracción, era severo é imponente como su metal de voz ; modulábase éste, sin embargo, hasta tocar en una dulzura casi musical, é iluminábasele aquélla, relumbrabanle los ojos con una expresión altamente espiritual, bajo las ya desarrugadas cejas, la color se 1e encendía suavemente, y las fibras todas se le dilataban con agrado bajo un soplo cordial, desde que entraba en conversación y se conmovían las aparentemente recónditas, pero siempre vivas simpatías, que su generoso pecho abrigaba por todo lo bello, por todo lo verdaderamente digno de aprecio.
Él fue uno de los Redactores de La Estrella Nacional (1. de Enero de 1836 á 17 de Abril del mismo año: 12 números), periódico literario de cuatro págs. en folio, á dos columnas, publicado en la imprenta de La Universidad por N. Gómez, y en el cual aparecen, de su pluma, las siguientes poesías:
La venida á la ciudad, El árbol del Sepulcro, El mendigo proscrito, Soneto, Héctor, Adiós á la vida. El mencionado periódico fue escrito en colaboración de Antonio José y Francisco J. Caro, primos hermanos de Caro, y con su amigo José Joaquín Ortiz.
Redactó también El Granadino (1840 á 184S), con el cual se afirma que aseguró su reputación como escritor; y con don Mariano Ospina publicó La Civilización (9 de Agosto de 1849 á 18 de Julio de 1851; 98 números).
Hay tres ediciones de las poesías de Caro: la primera publicada en Bogotá, en 1857,. por don José J. Ortiz, una editada en Madrid, en 1885, con dos retratos muy buenos del autor, y otra que forma parte de las Obras escogidas en prosa y en verso, publicadas é inéditas, de José Eusebio Caro, ordenadas por los redactores de El Tradicionista, con una introducción por los mismos, y una poesía apologética por Rafael de Pombo. Bogotá. Imprenta y Librería de El Tradicionista. 1873. L y 234 págs. 4
Miguel. A. Caro
Su nombre es considerado en toda América, y aun en España misma, como el de uno de nuestros más insignes hablistas. Literato por temperamento y por educación, es un espíritu luminoso, que discierne con gran fuerza de razonamientos y busca la gloria del hombre de letras por el sólido camino de los estudios clásicos. Hijo de José Eusebio Caro, parece como si en misterioso recogimiento hubiera querido aprontarse á llevar ufano la herencia de tan valioso nombro, pues más que á las lecciones de los maestros, debe á sus propios esfuerzos, en los mejores años de su juventud, los vastos Conocimientos que posee. De continente reposado y severo, casi indiferente, hubiera de creerse que hay en el fondo de su ser un instinto de profunda melancolía que le lleva de modo irresistible al pasado. ¿ Hasta dónde el prematuro fin del autor de sus días, víctima de las discordias civiles, ha podido entenebrecer los horizontes de su vida?
Afectuoso hijo, amante esposo, que encuentra su más grato regocijo en el cultivo de las Musas, sólo el culto que profesa á levantados idéales, ha podido llevarle á las agitaciones de nuestra política. Antes de ascender al puesto de Vicepresidente de la República, había sido Senador, Representante y Bibliotecario nacional (1881).
Nació el señor Caro en Bogotá, el 10 de Noviembre de 1843. Es Miembro correspondiente de la Academia Española; desde 1870 le tocó ser fundador, con don José Manuel Marroquín y don José María Vergara y Y., de la Academia Colombiana. Fue corredactor de La Fe, en 1868, Redactor de El Tradicionista de 1871 á 73, y de La Nación en 1888. Hay muchos escritos de su pluma en El Repertorio Colombiano, El Conservador y El Orden, y á su iniciativa se debió la publicación del Anuario de la Academia colombiana, 1874 y 75 Imprenta de El Tradicionista, tomo que contiene pocas pero muy escogidas producciones originales.
Los trabajos que ha publicado en libro y en folleto, son los siguientes:
Poesías de Miguel Antonio Caro. Bogotá. Imprenta á cargo de Foción Mantilla. 1866. 80 págs.
Estudios sobre el utilitarismo, por M. A. Caro. Bogotá. Imprenta á cargo de Focion Mantilla. 1869. VI y 316 Pág.
Gramática de la lengua latina, para el uso de los que hablan castellano, por don M. A. Caro y don R. J. Cuervo, individuos correspondientes de la Real Academia Española, Honorarios de la Academia Mexicana, de la Universidad de Chile y miembros de otras corporaciones científicas y literarias de Europa y América. Quinta'edición. Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1893. XVI y 383 págs.
Tratado del participio. 1870.
Horas de Amor, por Miguel Antonio Caro. (Amor vult esse sur-sum). Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1871. 108 págs.
Obras de Virgilio. Traducidas en versos castellanos, con una introducción y notas, por Miguel Antonio Caro. Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1873. C. XIX y 239; el tomo 2.° con 215, el 3.° con XXXVI y 366 págs.
Miguel Antonio Caro. El Parricidio o crimen y expiación. Bogotá. Librería Americana. 25, Calle 2. al Norte. 1880. 22 págs.
Del uso en sus relaciones con el lenguaje. Discurso leído ante la Academia Colombiana en la junta inaugural de 6 Agosto de 1881, por Miguel Antonio Caro. Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1881.
Artículos y Discursos, por don Miguel Antonio Caro. Primera serie. Bogotá. Librería Americana. Calle 14, números 77 y 79. 1888, XXXIV y .416 págs. (Imprenta de Echeverría Hermanos).
Libertad de imprenta. Artículos publicados en La Nación en 1888, por M. A. Caro. Bogotá. Imprenta de La Nación. 1890. 143 págs.
Los enormes sueldos. Bogotá. Imprenta de La Luz; Director, M. A. Gomes. 77 págs. (Artículos tomados de El Orden ,y en contestación de los que sobre el mismo asunto escribió el doctor F. C. Aguilar. Atribuyense al señor M. A. Caro).
Sonetos. De aquí y de allí. Traducciones y refundiciones, por M. A. Caro. Curazao. A. Betancourt é hijos, Editores. 1891. 77 págs.
M. A. Caro. Apuntes, sobre crédito, deuda pública y papel moneda. 1892. Bogotá (Colombia). Imprenta de La Luz, Calle 13, número 100. Apartado 160. Teléfono 220. 46 págs. (Contiene algunos artículos que el autor publicó en El Correo Nacional con el seudónimo de Aurelio, y otros que dio á luz en El Telegrama, de Bogotá).
Mensaje que el Vicepresidente de la República, Encargado del Poder Ejecutivo, dirige al Congreso Nacional en la solemne apertura de las sesiones ordinarias de 1894. Bogotá. Imprenta de La Luz.
Las Horas de amor son una serie de treinta y siete composiciones en verso, en distintos metros, y auque independientes unas de otras, parecen sin embargo responder a un plan determinado del autor: el de proclamar las excelencias del amor espiritual, y levantar el ánimo por medio de la filosófica de que toda dicha humana puede alcanzarse por medio del amor y de la fe. El estilo de todas las composiciones es igualmente limpio, y modelado en formas clásicas, que han sido siempre la norma del autor de estas poesías:
Véanse algunas muestras:
- Serio haciéndose va mi pensamiento, Pues como tu te fuiste
- Aunque todo está igual, no sé qué siento
- Que está todo tan triste.
- Aves, ¿do vais cruzando la alta esfera,
- Risueña y limpia y clara?
- Ay! quién corno vosotras libre fuerza!
- ¡Quién cual vosotras, ay! el vuelo alzara!
- Fe y amor: la ventura aquí se encierra.
- Si hubiese más amor, menos recelo,
- Tal vez, aun con sus lágrimas, la tierra
- De purgatorio se cambiara en cielo.
La siguiente estrofa parece concretar el pensamiento del poeta:
- Acá en la tierra hay ángeles del cielo,
Almas llenas de autor y de ternura;
Su misión es sufrir y dar consuelo,
Sentir y consolar toda amargura.
- Acá en la tierra hay ángeles del cielo,
La siguiente es una muestra de su estilo en prosa:
- Antioquia, por las fuerzas vitales y económicas de su población, es una de las más importantes regiones de Colombia. Allí la propiedad territorial está muy dividida: muchos robustos mozos que de allá emigran fundan familias y poblaciones fuera de Antioquia; y los que quedan allá radicados, aun los más pobres, tienen todos su casita, su terruño y mujer propia, harto más fecunda que las agrias breñas en que viven. Aman su provincia, son celosos de su autonomía, y defenderían bien sus fueros en una campaña rápida; pero padres de familia como son casi todos, no gustan de batallar lejos de sus nidos no se someten de buen grade á las ausencias dolorosas de una larga expedición, ni por su natural altivez y bravura acatan á otros jefes que á los que miran como á cabeza de tribu, y á quienes tratan con familiaridad de conocidos y de iguales. incompatible con la disciplina militar. El antioqueño, en suma, tiene los defectos de sus eximias cualidades: es inteligente y laborioso, y, dada ocasión, emprendedor y audaz;..-no es soldado.
El distinguido literato argentino, García Mérou, en su libro Impresiones, trae los siguientes conceptos sobre el señor Caro:
Caro es un traductor excelente. Posee admirablemente el latín, y ha vertido al español las obras de Virgilio con una fidelidad y un esmero que asombran. Tiene también muchas traducciones de Horacio y otros poetas antiguos. Para comprender .hasta qué punto es notable la traducción de Virgilio, basta saberse que Menéndez Pelayo, juez autorizadísimo en esta materia, la considera la más exacta y la mejor que existe en nuestro idioma. Maravilla ver la labor que esa obra representa, ,máxime cuando se piensa que Miguel Antonio Caro la llevó á cabo en todo el vigor de su juventud.
Como crítico, Coro ha escrito muchos y muy variados estudios. Sus discursos académicos, sus investigaciones curiosas y profundos sobre escritos desconocidos y sus reconstrucciones de vidas vagas y autores antiguos, así como sus frecuentes prefacios á libros modernos, son trabajos que revelan una vasta erudición literaria y un espíritu tan flexible como luminoso. En este género de trabajos se despliegan libremente sus excelentes condiciones de análisis y su sagaz penetración. Su crítica, serena y arme, no procede á la ligera; marcha con aquellos pies de plomo de que habla el filósofo, con tino y moderación, analizando, comparando, explicando el espíritu y la letra del libro que extiende sobre la mesa del anfiteatro; y, más de una vez, sus párrafos severos llegan á un alto grado de elocuencia y sacuden al lector. Las letras americanas recibirán un contingente valiosísimo el día en que este gran maestro de nuestra habla reúna en volúmenes sus variados estudios, que han aumentado con muy curiosas informaciones el escaso depósito de nuestros conocimientos en la literatura americana. Este autor, tan digno de, aplauso, es al mismo tiempo uno de los ciudadanos más nobles y virtuosos de la sociedad de Bogotá. Su vida, consagrada á su familia y á sus trabajos incesantes, ofrece un modelo de dulce paz y satisfacción íntima, que inspiran el respeto y atraen la simpatía.
Manuel D. Cavajal
Elementos de Geometría aplicados al dibujo. Obra dedicada á los jóvenes educandos de ambos sexos, á los aficionados al dibujo y á los artesanos, por Manuel D. Carvajal. Segunda edición. Bogotá. Imprenta de Silvestre y Compañía. 1881. (Con diez planchas litografiadas) Es reproducción exacta, sin aumento ni mejora, de la que el autor publicó, cuando aún vivía, en 1859, en la imprenta de Torres Amaya.
Luciano Carvallo
La Iglesia y la soberanía del pueblo. Bogotá. Imprenta de Enrique Zalamea. 1879. 102 págs. en 4.° mayor.
Juan de Dios Carrasquilla
Goza de muy justa nombradía como hombre de Ciencia. Es hijo de Bogota. Nació el 1.° de Marzo de 1833. Fueron, sus padres don Juan Manuel Carrasquilla y doña Candelaria Lema, naturales de Medellín.
Hizo sus estudios en el Seminario hasta 1850, y después fue cursante de Medicina en San Bartolomé y en el Hospital de San Juan de Dios. Estudió farmacia prácticamente en la botica de don José Maria Alvarez.
Hacia 1873 escribió una serie de artículos titulados Revistas de las cosechas, que publicó, anónimos, en El Agricultor. En el Diario oficial dio también á luz varios artículos sobre temas agrícolas.
Nombrado Director del Instituto Nacional de Agricultura en 1878, ha redactado varios informes anuales sobre dicho ramo, los cuales han visto la luz entre los documentos de las Memorias de Estado, menos, el de 1880, que se publicó en edición separada, por la imprenta de Medardo Rivas, y forma un volumen de 300 Págs.
El Gobierno le encargó de la publicación mensual El Agricultor órgano de la Sociedad de Agricultores Colombianos, la que ha dirigido, con interrupciones ocasionadas por causa de guerra, desde el 8 de Junio de 1879 hasta Diciembre de 1894. También ha sido corredactor de la Revista Médica, en donde ha publicado varios trabajos de importancia, como unos Datos para el estudio de la Climatología en Colombia, observaciones meteorológicas que ha practicado, por espacio de muchos años, en Bogotá y en la Sabana.
Fue colaborador de Colombia Ilustrada, en donde se registra uno de sus mejores artículos, de índole puramente literaria, titulado. Un recuerdo á borde del paquebote France, y una biografía muy completa del doctor José Vicente Uribe.
Las demás obras de su pluma son éstas:
Conferencias de Agronomía. Dictadas en el Instituto Nacional de Agricultores de los Estados Unidos de Colombia para servir de texto de estudio. Tomo I. Curso de Agrología por Juan de Dios Carrasquilla L. Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1881,. Volumen de, 450 Págs.
Memoria sobre las mareas atmosfericas ó fluctuaciones de la presión, presentada le la Sociedad de Medicina y Ciencias naturales de Bogotá, por Juan de Dios Carrasquilla L. 1890. Bogotá. Imprenta de vapor de Zalamea Hermanos. Editor, Enrique Zalamea. 191 Págs.
Tratado general de Agronomía, por Juan de Dios Carrasquilla L. 1890. Bogotá (Colombia). Librería Colombiana de Camacho Roldán & Tamayo. Calle 12, número 178. 335 Págs. Imprenta de La Luz.
Lecciones de Agricultura para las Escuelas de Colombia, por Juan de Dios Carrasquilla L. 1894. Bogotá. Imprenta de La Luz. 157 Págs.
En el tomo primero de los Anales de la Academia Nacional de Medicina, publicado por la imprenta de La Luz (1893), se encuentra un trabajo científica del doctor Carranquilla, que lleva el siguiente título: Consideraciones acerca de la etiología y de la profilaxis del paludismo.
| 1 | Los colaboradores del Seminario fueron: Jorge Tadeo Lozano, Joaquín Camacho, Diego Martín Tanco, Francisco Antonio Ulloa, José María Salazar, José Manuel Restrepo, José Fernández Madrid, Eloy Valenzuela, Benedicto Domínguez, José María Campos y Coto, José María y Frutos Joaquín Gutiérrez, Mariano del Campo Larraondo, Nico. las Mauricio de Omaña y Juan A. de la Parra. |
| 2 | En éste publicó bocetos biográficos, acompaña desde retratos grabados en madera, de los siguientes colombianos: Rafael Zerda Bayón, Constancio Franco V., Julio Barriga. Antonio B. Cuervo, domingo Ospina Camacho, Carlos Holguín, Próspero Pinzón, Rafael Reyes, Mateo Sandoval, José María Rubio Frade, Carlos Cuervo M., Francisco Groot, Dimas Atuesta, Nicolás Pontón, Higinio Cualla, Carlos Martínez Silva, Enrique Zalamea. Nicomedes Mata, |
| 3 | Las leyendas que contienen los tres tomos son las siguientes: El General Manuel Piar, Bolívar en el bajo Magdalena ó una aventura y, una justificación, llamo' se Sierra, El Brujo, Un Soneto, El Peñón de Caro, El canónigo .Macenet, Un ordenanza infame, Cosas de Sucre, castillo Rada, La Sombra negra, José Antonio Anzoátegui, candelario Obeso, La Serrana de Anco, El .Lléroe de tenerife, La eficacia de un, filtro ó un doble ascenso, El Coronel Cuervo, Por un abanico, Por una página. Lo que la historia llama un naufragio, el General López y General Lurán, Los botonas de oro del Libertador, El Almirante Brión Bigote y pera, El Coronel Rondon, Bomboná, El combate en el Lago de Maracaibo, Ante busto de un héroe, Las Lágrimas de Piñango, El Teniente Lucas Moreno, El Indio y la mariposa, hermanos que no se parecen, La quebrada de Padilla, horóscopo, La vida del teniente Tecla, Siquiera supo morir Por diez pesos de ocho décimos, La Cruz del Redentor, Por no hacer las cosas en tiempo, Una suposición, el carácter de algunos próceres, castiga de un traidor, den Mariano Ospina, flor una confiscación, El Rato de Juana de Avila, El palomo blanco, Los Generales en Colombia, Bolivar y el último cacique, Los héroes de Bomboná y Junín, Las palmas del mar. tirio, Adán Calderón, El dulce retiro Uno de tantos libertadores, Abigail, Olemente Díaz de .Mendeza, Un tullido y un mudo. Casado, viudo y .soltero, El herrero Ignacio Sánchez, Una serenata funesta y sus consecuencias saludables Fray Tena, Andrés .Diendes. |
| 4 | El distinguido poeta Octavo Dusson tradujo al francés, con mucha propiedad y buen gusto, las siguientes poesías de Caro: En alta mar, Una lagrima de felicidad, el bautismo, Sociedad y Soledad, Después de veinte años, La aparición, el doctor R. N Cheyne, Buenas noches, Patria mía. Dichas versiones fueron publicadas, con el original, en la Revista Literaria (1891 á 1892) |
