José Gabriel Núñez

|La Música simplificada al alcance de todas las inteligencias, por José Gabriel Núñez. Bogotá. Imprenta de Francisco Torres Amaya. 1881. 26 págs.

|Rafael Núñez.

José Gabriel Núñez

La Música simplificada al alcance de todas las inteligencias, por José Gabriel Núñez. Bogotá. Imprenta de Francisco Torres Amaya. 1881. 26 págs.

Rafael Núñez.

Siempre se ha creído que en Colombia han ejercido influencia preponderante los hombres de letras, y el ejemplo que nos ofrece el doctor Núñez viene á confirmar esa opinión, porque ya se sabe que aquel político dispuso, por muy largo tiempo, de los destinos del país. Era hombre en quien se encontraban reunidas facultades muy diversas, como son: imaginación poética, apasionada y vehemente, certera visión política y muy claro talento para dilucidar arduos problemas filosóficos y sociales. Dudan algunos de que su poesía fuera genuinamente espontánea, y se inclinan á considerarla como esfuerzos intelectuales de un hombre conocedor del corazón humano, pero no trabajo del artista inspirado y de sentimiento. Si tal fuera, habría siempre que otorgar palmas á su labor poética, y tendríamos una excepción brillante de la vulgar sentencia de que el poeta nace. Pero no es así, y parece temeraria empresa la de intentar destruír el genio poético de Núñez (sobre todo juzgándole en el medio en que surgió y con las ideas y escuela de su época); antes que acabar con la gloria de su musa, hay que buscar en ella un secreto reflejo de sus pensamientos, y ver que fue para á  modo de cristalina fuente de donde surgieron imponderables virtudes que le llevaron de modo inesperado al campo de donde le habían arrancado las positivistas ideas del siglo y el vaivén de las pásiones.

Pero este grande hombre, que se imponía, cuando quería, á fuerza de talento, no lograba cautivar los corazones ni despertar vivas simpatías. Habituado al estudio y á la reflexión, poco y nada expansivo, su frente y sus ojos permanecían siempre inalterables; de sus labios no se escapaba una sonrisa. Dijérase que el ángel del silencio y el de la muerte habían tocado con la punta de sus dedos aquella pensadera frente, de donde surgían las estrofas con extraña rigidez de formas.

El espíritu del cantor no libaba néctar de la corola de las flores para devolver la rica miel trasfundida en armoniosos cantos; más bien era un sér que se desgarraba con sus propias manos las fibras del corazón para expresar sus íntimas luchas y dolores. Los que llegaban hasta él le encontraban sombrío, reconcentrado, en ocasiones ambiguo y parabólico, otras mudo, jamás claro ni explícito.

Desde joven figuró con brillo en el escenario de la política; pero fue desde 1875 cuando su nombre se convirtió en emblema y aspiración del partido liberal independiente. Considerábasele entonces muy distante de las vehementes pasiones que engendran las luchas de la política activa; se recordaba que había pasado en Europa diez años escribiendo de continuo correspondencias en que se mostraba como hombre estudioso y progresista, lo que le daba aureola de pensador, y se le suponía, por tanto, perfectamente al corriente de las necesidades de los países sudamericanos. Tales fueron las razones que sirvieron á sus amigos para proclamar su candidatura, primero en Panamá, luégo en Barranquilla, y por último en Bogotá, en donde tocó esa tarea al doctor José María Samper, quien fue uno de los que mayor empeño tomaron en el triunfo del partido liberal independiente y en la exaltación del doctor Núñez á las regiones del Poder. Era casi general, por aquella época, la aspiración de que el gobernante que rigiese los destinos de Colombia fuese hombre de notorias aptitudes, conciliador ante todo, buen organizador, administrador público irreprochable, y que había de coronar su obra con la reconciliación de los dos antiguos partidos dentro de la órbita republicana. Núñez debió de vacilar antes de decidirse á aceptar puesto que tan grandes deberes aparejaba; pero lo cierto es que cuando entró de lleno en la corriente que la voluntad popular le señalaba, su pluma comenzó á trazar frases que herían la conciencia popular, frases que se grababan en la mente de los ciudadanos con insistencia y que se convirtieron en aforismos políticos que se repetían con la satisfacción que envuelve siempre lisonjera promesa. Da este modo alcanzó, con sólo el esfuerzo de su pluma, la preponderancia y misteriosa influencia que nadie le discute.

En las alturas del Poder no olvidó Núñez el lenguaje prismático que causa siempre efecto en pueblos jóvenes amigos de la democracia. Su espíritu, dotado de un dón de percepción fina, sutil, solía recoger cuidadosamente el eco lejano que le llegaba, y el momento del peligro lo encontraba siempre dispuesto á condensar en promesas las aspiraciones del pueblo y á devolver la tranquilidad á los desconfiados. Cierto que no puede citarse su nombre como el de un político organizador, ni muchó menos llamársele buen administrador de la cosa pública; figurará como político, como hombre de espíritu superior, capaz de mostrar mucho valor civil en momentos difíciles, desprendido como nadie de mezquinos intereses, y como ilustre pensador que hasta la hora de su muerte se valia de su pluma para reflejar la opinión de los pueblos.

Núñez nació en Cartagena el 28 de Septiembre de 1825 y murió en la misma ciudad el 18 de Septiembre de 1894.

Afiliado desde joven en el partido liberal, en breve comenzó á figurar por su talento. Empezó la carrera de servidor público como Juez del circuito de Chiriquí; en 1849 desempeñó las funciones de Secretario de la Gobernación de la Provincia de Cartagena; fue Catedrático y Rector del Colegio de la misma Provincia, en 1852, y Diputado á las Cámaras Legislativas en 1853 y 1854. En este último año hizo notable papel con su conducta.

El General Obando le nombró Ministro de Gobierno, y concluida la revolución del 54, el doctor Manuel María Mallarino, Encargado del Poder Ejecutivo, le confió, á instancias de don Lino de Pombo, el Ministerio de Guerra y después el de Hacienda.

En 1861 el General Mosquera le encargó de la dirección del Crédito Público, y posteriormente del Ministerio del Tesoro.

Residió mucho tiempo en Europa, como Cónsul del Gobierno da Colombia. Estuvo primero en el Havre y luégo en Liverpool, y de aquella ciudad enviaba revistas para El Continental, de Nueva York, y para algunos diarios renombrados del Pacifico, revistas que generalmente firmaba con el seudónimo de David de Olmedo, así como desde 1859 .había comenzado á publicar en algunos periódicos literarios composiciones en verso que aparecían suscritas Wenzel.

El distinguido Presidente de Venezuela, General Guzmán Blanco, le honró, en 1875, con el nombramiento de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Venezuela en Inglaterra y Francia, cargo que no aceptó. En 1878 ocupó un asiento en el Senado de Plenipotenciarios y fue elegido Presidente de la República cuatro veces: de 1880 á 1882, de 1884 á 86, de 1886 á 92 y de 92 á 98.

Como obrero de las ideas, la labor del doctor Núñez fue incesante. Quizá no ha habido en el país escritor político que le aventaje. Sus artículos de El Porvenir son á modo de síntesis brillante sobre sociología moral y política aplicable á las repúblicas latinas. En ellos el escritor revela un arte poderoso de raciocinio, una lectura atenta y minuciosa y un esfuerzo incesante de la mente para buscar la verdad. Esta sola faz de su existencia es tan notable y digna de estudio, que bastaría para darle alto renombre como pensador y humanista.

Además del conocido periódico El Porvenir, de Cartagena, que fue su obligada tribuna, se encuentran escritos de su pluma en El Nacional, de Lima; La Democracia y El Impulso, de Cartagena; La Discusión, El Neo-Granadino, El Mensajero, El Tiempo, La Opinión, La Luz y La Nación, de Bogotá.

Las obras de que es autor son las siguientes:

Ensayos de crítica social, por Rafael Núñez, ex-Ministro de Gobierno, de Guerra, de Hacienda y del Tesoro y Crédito Nacional de los Estados Unidos de Colombia, y miembro de varias sociedades científicas y filantrópicas. Rouen. Imprimerie de E. Cagniard. Rues Jeanne d'Arc, 88, et des Basnage, 5. 1874. Vol. de 341 págs.

La Reforma Política en Colombia. Colección de artículos publicados en La Luz, de Bogotá, y El Porvenir, de Cartagena, de 1881 á 1884, por Rafael Núñez, Presidente de los Estados Unidos de Colombia, Miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y correspondiente de la Española, etc. 1885. Bogotá. Imprenta de La Luz. XXX y 806 págs.

Versos de Rafael Núñez. Edición de catorce ejemplares, impresa para obsequiarla á su autor el día de su cumpleaños (28 de Septiembre de 1885), por Rafael María Merchán. Bogotá. 1885. Imprenta de La Luz.

La Crisis Económica. 1886. Bogotá. Imprenta de La Luz. VII y 119 págs. (Autores: Rafael Núñez y Rafael Merchán).

Poesías de Rafael Núñez, Miembro de la Academia Colombiana ó individuo correspondiente de la Real Academia Española. París.

Librería de Hachette y C.ª 1889. Un vol, de XXXVII y 230 págs.

(Contiene cincuenta composiciones, un prólogo de don Daniel J. Reyes y el retrato del doctor Núñez).

La siguiente es una muestra del estilo del doctor Núñez tomada de uno de los últimos artículos que escribió para El Porvenir:

La historia pudo acaso, en remotos tiempos, considerarse como sencilla narración de notables hechos, y ser escrita, aun por manos expertas, con más habilidad y tendencias literarias que empeño y propósitos filosóficos. En la época presente se admite sin contradicción que su importancia es esencialmente sociológica ó científica; y si bien agradan crónicas y leyendas al calor de ella nacidas, no merece, en hombres serios, profunda atención de espíritu, sino el prolijo estudio y recta exposición de los acontecimientos, y del impulso que en cualquier sentido recibe de éstos el movimiento social.

Está en la íntima naturaleza de las cosas que las obras de arte requieran, para que mejor se las valore y admire, hallarse rodeadas de algo intangible, misterioso, capaz de conmover hondamente el alma, más por lo que ésta sienta ó adivine que por lo que descubra ó comprenda. La Venus de Milo es tipo acabado de belleza ideal; y quien se imaginara en ella una mujer viviente, truncados los brazos por efecto de una operación quirúrgica, de seguro experimentaría prácticamente la anulación del sentimiento estético por el frío de extraña realidad. Colocándose en el punto de vista poético, decía Keats que, con descomponer y recomponer la luz, Newton había destruido los encantos del arco iris... Pero si en asuntos de arte, ó de pura estética, el excesivo espíritu de análisis compromete ó daña de ordinario la armonía del conjunto, en cuestiones históricas hay imperiosa necesidad de llegar sin vacilaciones á lo positivo, á lo cierto, por medio de imparcial información y sereno examen lógico. La crítica moderna exige que en esas cuestiones se diga toda la verdad, si se conoce, y que en la aclaración de puntos oscuros se emplee el rigorismo de una ecuación algebraica. De ahí que famas ocasionales pasen á definitivo olvido, que se restablezcan otras injustamente apocadas y que las legítimas adquieran mayor firmeza con el correr de los años.

Nunca llegan, por supuesto, á conocerse los sucesos en sus íntimos detalles, porque á veces motivos de conveniencia ó de decoro obligan á precaverse del comentario del público, y ello aun á sabiendas de que éste se halle en actitud de discernir entre lo visible y lo oculto. Cuando ocurren controversias sobre hechos realmente dudosos, se tiene con frecuencia que estar dando votos de confianza á los diversos escritores; y es sólo después de tardías y numerosas rectificaciones que en casos dados se acepta la opinión mejor probada como fallo definitivo de la posteridad. No hace mucho que se arrancaron á Rioja las dos principales joyas de su corona de poeta- la Canción á las ruinas de Italica y la Epístola moral -para adjudicar la una á Rodrigo Caro y la otra á Fernández de Andrada. De los anales de la libertad helvética se quiere hoy borrar por completo la heroica leyenda de Guillermo Tell. Se niega que después de la batalla de Pavía, Francisco I dijera: "todo se ha perdido, menos el honor," afirmando algunos haber dicho él, por el contrario, "todo se ha perdido, aun el honor." Se considera que Cambronne no contestó: "la guardia muere, pero no se rinde," ni siquiera pronunció la palabra celebrada por Víctor Hugo en su famosa descripción de la batalla de Waterloo. A Buffon se le disputa la paternidad del tan repetido aforismo "el estilo es el hombre."... Muchísimos otros ejemplos que pudieran citarse dan testimonio de que todo lo relacionado con la historia-grande ó pequeño, antiguo ó moderno-está, ahora más que nunca, sometido á juicio retrospectivo y á una especie de aquilatación incesante.

Al afán y cuidadoso interés con que en la actualidad se prosiguen, especialmente en Francia é Inglaterra, investigaciones concienzudas acerca del carácter de personajes que actuaron en épocas ya muy lejanas, pueden con acierto atribuirse las frecuentes publicaciones de escritores laicos, relacionadas con la vida de algunos santos y con la índole y resultados morales de la labor por éstos emprendida; aunque probablemente ellas obedecen también al renacimiento religioso que tiende á acentuarse en países antes trabajados por una filosofía positivista y estéril. Se buscan fuentes de resignación y esperanza, y las mejores son, sin duda, los hechos y ejemplos de aquellos que, mirando con desdén los intereses mundanos, dedicaron su existencia al servicio exclusivo del bien.

Ricardo Núñez

La Republique de Colombie, Géographie, Histoire, Organisation, Politique, Agriculture, Commerce, Industrie, Statistique, Tarif douanier, indicatéur commerciale etc, par Ricardo Núñez, Consul générale de Colombie & Henry Jalhay, Consul de Colombie. Bruxeles. Imprimerie Désiré Stevelinck, Rue de La Pacification. 31. 1893. Vol. de 259 págs.

José María Obando

Nació en la hacienda de García (Departamento del Cauca) el 8 de Agosto de 1795. Sirvió en el Ejército español hasta principios de 1822, y luégo se incorporó en las filas colombianas con el grado de Teniente Coronel.

Obando figuró como caudillo prestigioso en varias de nuestras guerras civiles, y alcanzó los primeros grades de la milicia y el honor de gobernar la República como Vicepresidente en 1831 y 1832 y como Presidente en 1853 y 1854.

Murió en la acción de Cruz-Verde, á inmediaciones de Funza, el 29 de Abril de 1861. La obra que lleva su nombre es la siguiente:

Apuntamientos para la historia, ó sea manifestación que el General José María Obando hace á sus contemporáneos y á la posteridad, del origen, motivos curso y progreso de la persecución que ha sufrido y de los consiguientes trastornos políticos de la Nueva Granada, durante las administraciones intrusas principiadas en Marzo de 1837. Lima. 1842. 1 vol, de 360 págs.

Candelario Obeso

Puede asegurarse que uno de los jóvenes colombianos de temperamento literario más pronunciado ha sido Candelario Obeso, quien logró dejar, á pesar de su corta y trabajada existencia, fama de literato y aun de poeta inspirado y original. Murió en Bogotá, á las seis de la tarde del día 3 de Julio de 1884, víctima de un accidente fatal, cansado por una arma de fuego. Había, nacido en Mompós el 12 de Enero de 1849. Era muy encariñado á la lectura; poseía gran fuerza de asimilación y facultades creadoras, que daban matiz característico á sus producciones. Uníanse en él el talento claro, espontáneo y preciso, con la imaginación arderosa y deslumbrante de los hijos de la Costa ó del Valle del Cauca. En casi todas sus producciones se propuso ser original y purista; se pagaba mucho de los moldes clásicos, y aun apelaba frecuentemente á los arcaísmos; pero, amante de su tierra y con deseos de conquistar la gloria de escritor por el legítimo camino, copiaba lo que veía, á veces con rasgos de mayor colorido ó de acentuada exageración cómica, pero verdadero en el fondo, ingenioso y feliz en la expresión. No había hecho mayores estudios, pero como unía ó vigoroso organismo físico gran fuerza intelectual, ponía fácilmente por obra el aforismo de querer es poder. Su muerte fue muy sentida, y su cadáver conducido á la postrer morada con lujoso acompañamiento de escritores y políticos. En La Ilustración publicó una serie de humorísticos artículos (1874). Sus demás obras publicadas son las que en seguida enumeramos:

Curso de lengua italiana (según el método de Robertson), de Vittorio Vimeroati. Adaptade al castellano por. Candelario Obeso. Bogotá. Imprenta de vapor de Zalamea Rs. Caleo 1. al Sur, número 1. Vol, de 218 págs. Orden público. Miscelánea (folletos).

Las cosas del mundo. Novelas semi-históricas, por Publio Chapelet. La Familia Pygmalion. Primera serie. Bogotá. Imprenta de Medardo Rivas. 1871. 19 págs.

Lecturas para ti. Publicación por entregas. Bogotá. 1878. Imprenta de Guarín y Compañía.

Nociones de táctica de infantería, de caballería y de artillería, por León de Sagher, teniente de la infantería belga y adjunto á la escuela especial de oficiales inferiores. Vertidas en castellano por C. Obeso, Capitán adjunto al Estado Mayor general del Ejército de la República. Bogotá. 1878, Imprenta á cargo de H. Andrade, plaza de Santander, acero norte, número 8.

Secundino el Zapatero. Comedia en tres actos y en verso. Imprenta de Zalamea. 1880.

Lucha de la vida. Poema original de C. Obeso. Bogotá. Imprenta de Silvestre y Compañía. 1882. 1-2 págs.

Cantos populares de mi tierra, por Candelario Obeso. 1877. Bogotá. Imprenta de Borda, 44 págs.

La siguiente es una muestra de la poesía de Obeso:

 


 

 


 

Á MAGDALENA

 


 

-"Por qué huyes de él?" cierta matrona un día Le preguntaba á ella;

 


 

-" Me da miedo mirarle" respondía Tímida la doncella

 


 

-"Por qué estás triste?" con afán prolijo La dama á la doncella
Le preguntó más tarde, y ¡ay! le dijo Entre sollozos ella:
"Siempre me pongo así cuando distante Estoy del sér que adoro,"
Y cubrieron las manos su semblante Por ocultar el lloro...

 


 

Hoy la mujer en ti de mi presencia Huye atemorizada,

 


 

Pero algún día llorará mi ausencia La amante apasionada,

 


 

Cuando un hombre en un sér como tú engendra Un púdico recelo,

 


 

Que la llama de amor en él encienda Es sabia ley del Cielo....

Propúsose el poeta exhibir, en un corto poema titulado La Lucha de la Vida, la inutilidad de los placeres mundanos. Demostrar cómo, cuando los goces no son puros y espirituales, y cuando no van encaminados por la senda del bien, única que procura la dicha terrenal, no dejan sino cansancio y hastio en el alma. La composición está escrita en diversidad de metros, todos ellos bien manejados, y sobresalen las bellezas literarias y de dicción en no corto número. Abundan sobre todo las formas caprichosas de lenguaje y las palabras que no por castizas las usan á menudo nuestros poetas. Los dos personajes del poema mejor caracterizados son sin duda Gabriel y Duval; éste, principalmente, es un tipo de caballero aventurero que no deja nada que desear. En la conversación que tiene con la mujer que le asiste en su última enfermedad luce el poeta la espontaneidad de su estro. Véanse las siguientes estrofas, que harán juzga del estilo animado del
autor:

....Carmen, entrando.
Qué tanto es lo que habla?
A cocer la bebida mandé á Pabla.
Para despellejarme
No le duele la lengua, bien lo veo
Todo es porque comprende
Que un joven muy buen mozo me pretende.
Y razón no le falta,
Porque querer á un loco, viejo y pobre
Que me cela y aburre,
Sólo á mi, Carmen Vila, se me ocurre.
Pero pierda cuidado,
Yo estoy joven aún, y voluptuosa;
Mañana no se queje
Si así me fuerza al fin á que lo deje.
Ni diga que es por plata
Que con otro me voy, pues que bien sabe
Que sola me sostengo,
Y que hoy de mi trabajo le mantengo

Gregorio Obregón

Santamarta fue el lugar de nacimiento de don Gregorio Obregón, conocido y apreciado comerciante de Bogotá, á quien se deben importantes y útiles mejoras en el servicio del ramo de correos y de telégrafos que impulsó con su acción eficaz y prolija dirección cuando estuvo de Ministro de Fomento del Presidente doctor Núñez. Se ocupó en vertir al castellano el extenso libro que contiene todas las disposiciones y reglas acordada en la Unión postal, y en formar un extracto de dicho libro, trabajos que en gran parte fueron impresos por los señores Echeverrías, pero no sabemos que hayan circulado. La siguiente obra es producción de su pluma:

Manual de Metrología ó cuadros comparativos de las medidas y monedas extranjeras con las nacionales granadinas. Edición oficial, ordenada por el Poder Ejecutivo. Bogotá. Imprenta del Estado. 1856.

Publicó, además, lo siguiente:

Exposición del Presidente de la Junta de Comercio. 1868. Bogotá. Imprenta y Librería á cargo de Foción Mantilla, plazuela del antiguo Parque. 20 págs. (Su autor: Gregorio Obregón).

Viaje ái la Sierra Nevada de Santamarta, por Mr. Eliseo Reclus. Bogotá. Imprenta á cargo de Foción Mantilla. 1869. Vol. de 305 págs. (Traducido por Gregorio Obregón).

Murió en Barranquilla el 22 de Febrero de 1888. Había nacido el 20 de Junio de 1825.

Antonio M. Ocampo

Prólogo de una larga historia. 1894. Bogotá (Colombia). Imprenta de La Luz, calle 13, número 100. Apartado 160, Teléfono 220. 14 páginas. (Antonio M. Ocampo).

Antonio Olivo Pino

La Musa colombiana. Poema descriptivo, original de Antonio Olivo Pino. Colón. Imprenta de El Istmo. 1888. 38 páginas.

Raimundo Ordóñez y Yañez

El Presbítero don R. Ordóñez y Y., natural del pueblo de Gramalote (Departamento de Santander), dio á luz en 1894, en la imprenta de don Medardo Rivas, un cuaderno de 48 páginas, que lleva el título del pueblo apuntado antes, publicación que su autor quiso fuese una verdadera Miscelánea como la llama, porque, al describir la situación, origen y demás peculiaridades concernientes á Gramalote y á algunos sitios circunvecinos, adepta un lenguaje en apariencia frívolo, salpicado de especies curiosas y de alusiones y pensamientos algo incoherentes, no siempre oportunamente traídos. Esta es la primera publicación del Presbítero Ordóñez, y por esto, y teniendo en cuenta el fogoso carácter que deja entrever y el deseo que lo anima de pintar las cosas á su manera, es decir, como las ve y cree, en justicia, no es de extrañar esa mezcla de seriedad y de buen humor que emplea; pero en medio de todo, un lector desprevenido encontrará mucha espontaneidad en el lenguaje y aun bellezas en las descripciones, particularmente cuando el autor se extasía en la contemplación de una espléndida y vigorosa naturaleza y trata de abarcar de una sola mirada los grandiosos espectáculos que nos ofrecen las selvas americanas; ó bien, cuando con desenfade, certeza y gracia analiza algunas personalidades y aun las describe en sus más salientes rasgos. El misma doctor Ordóñez publicó también un folleto en el que describe la batalla de Enciso, la cual presenció, folleto que fue reproducido por El Correo Nacional.

Luis Orjuela

Objeciones á una cuestión ortográfica, por Luis Orjuela. 1883. Bogotá. Imprenta de La Luz. 28 págs.

Alfredo Tomás Ortega.

Alfredo Tomás Ortega. Ecos de la  guerra. Bogotá. Imprenta de Medardo Rivas. 1885. 24 páginas. (Composiciones en verso relativas á los sucesos de la campaña de ese año).

San José. Dedicada á los obreros católicos de la República por Alfredo Tomás Ortega. Bogotá. 1892. Imprenta de vapor de Zalamea Hermanos. 18 páginas. (Poesía, con una introducción por don Diego Fallon).

Rafael Núñez. 15 páginas. Imprenta de Medardo Rivas. 1894; su autor: Alfredo Tomás Ortega. (Composición en verso, en memoria del Presidente de Colombia).

Eugenio Ortega

República de Colombia- Historia general de los chibchas, por Eugenio Ortega. Bogotá. 1891. Samper Matiz. Calle 17, número 31, Teléfono 236-6 y 103 páginas (con un mapa del territorio de los chibchas, litografiado).

Rudimentos de Historia y Biografía de Cristóbal Colón, por Eugenio Ortega. (Nota-Este tratado tiene por principal objeto servir de estudio preliminar al de la Historia patria). Bogotá. Imprenta á cargo de Fernande Pontón. 1886.

Torcuato A. Ortega

Nació este vate en Barranquilla el 6 de Diciembre de 1865 y murió en la misma ciudad el 22 de Febrero de 1893.

Torcuato A. Ortega.- Treinta sonetos. Barranquilla. Imprenta Americana, E. P. Pellet, propietario. 1890. 30 páginas.

Francisco Ortiz

Elementos de Gramática castellana, ordenados por Francisco Ortiz. Bogotá. Imprenta de El Tradicionista. 1873.

Juan Buenaventura Ortiz

Nació el 20 de Septiembre de 1840, y desde muy niño se consagró con decisión á los estudios literarios y de matemáticas, los que interrumpió en la revolución de 1860. Poco tiempo después de ésta se incorporó á la Comisión Corográfica, y con ella trabajó por des años en la construcción de los mapas de los Departamentos y de la República. Ayudó al señor Venancio Ortiz, su padre, en la redacción de El Catolico, El Conservador y La Prensa, en los cuales y en La República, El Mosaico, el Museo de Cuadros de Costumbres y El Tradicionista están sus principales artículos.

En 1868 se hizo cargo de escribir un libro sobre los datos que le suministró el señor Filomeno Borrero, y es el que lleva por título Recuerdos de viajes en América, Europa, Asia y Africa.

En 1870 fundó y redactó El Derecho, periódico conservador, y comenzó después la Historia de la Sociedad de San Vicente de Paúl, publicación que suspendió con la de los Anales de aquella corporación.

Consagróse luégo á la carrera eclesiástica, y el 15 de Noviembre de 1874 se ordenó de sacerdote. Fue cura de la ciudad de San Gil; después de la de Zipaquirá, en donde duró varios años, y de la Parroquia de la Catedral de Bogotá. Nombrado Obispo de la Diócesis de Popayán, adquirió allí gran prestigio por su conducta y celo apostólico. Murió en Cartago el 15 de Agosto de 1894.

Las obras que quedan de su pluma son las siguientes:

Lecciones de Filosofía social y Ciencia de la Legislación, por Juan Buenaventura Ortiz, Presbítero. Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1880. Vol. en 4,° mayor, 451 págs. (De esta obra salió una muestra en el primer número de El Repertorio Colombiano).

Camilo de Cayzedo. Bogotá. Imprenta de El Tradicionista. 1873. 48 págs. (Folleto firmado J. B. O, [Juan Buenaventura Ortiz].)

Exposición demostrada de la doctrina Cristiana, por Juan B. Ortiz, Presbítero. 1883. Bogotá. Imprenta de Silvestre y Compañía. Vol. de 309 págs. (Con prólogo de don José Manuel Marroquín).

El Hombre á carta cabal. Obra escrita en francés por el Abate y Marcha!, Misionero católico, y traducida de la IV edición por el Ilustrísimo señor doctor Juan B. Ortiz, Obispo de Popayán. Bogotá. 1892. Imprenta de Antonio María Silvestre; Director, Tomás Galarza. 265 págs.

Recuerdos de viajes en América, Europa, Asia y Africa en los años de 1865 á 1867, por Filomena Borrero. Bogotá. Imprenta de Ortiz Malo. 1869. Vol, en 4.°, 268 págs.

Entre los diversos libros de viajes publicados por colombianos, el de don Filomeno Borrero es uno de los que comprenden mayor número de países visitados por el autor, como puede juzgarse desde el título mismo de la obra.

En el prólogo dice don Filomeno Borrero:

En 1851 visité el litoral del Ecuador; en 1852 fui por primera vez á la Habana; en 1855 volví á emprender viaje en compañía de un hermano y una hermana; ésta se quedó en Cartagena, pero mi hermano me siguió á la Habana, á Puerto Rico, donde estuve á punto de morir, víctima de la fiebre amarillas, y luégo á los Estados Unidos, donde visitámos juntos las ciudades de Nueva York, Filadelfia, Baltimore y Washington. En Nueva York nos separamos; mi hermano regresó á la Habana y luégo á Cartagena; y yo atravesé el Atlántico; llegué á Sonthampton; visité las ciudades más comerciales y populosas de Inglaterra, tales como Londres, Manchester, Liverpool y Birmingham, y luégo fui á Edimburgo y Glasgow; pasé á Francia, y después de algunos .días de residencia en París, regresé á Cartagena, donde me esperaban mis hermanos, y con ellos á mi valle natal. En 1857 volví á la Habana y conocí algunas de las Antillas menores, entre otras la Martinica, la Guadalupe, Granada y la Barbada. En los ocho años siguientes la guerra civil me impidió salir del valle de Neiva, y por eso no emprendí hasta 1865 el viaje cuya relación publico. En esta ocasión tuve el cuidado de llevar un diario en que apuntaba todo lo que veía y lo que me pasaba... Recorrí el mundo como simple curioso, fui á Roma y á Jerusalén como peregrino cristiano, vi las cosas con ojos de hombre sencillo, y como las vi las pinto.

Consecuente con su propósito, el autor expone con naturalidad las impresiones que recibió. En el primer capítulo refiere la trayesía de Honda á Cartagena, y á pesar de que éstas son páginas obligadas de todos los viajeros colombianos, las de don Filomeno Borrero se leen con, gusto y se nota que sabe tomar el lado saliente ó característico de lo que observa, para trasmitir fiel idea á sus lectores, sin darse el lujo de detalles enojosos. Las poblaciones de las orillas del río Magdalena, tales como San Pablo, Vadillo, Puerto Nacional, El Banco, Mompós, Calamar, las enumera de paso, con cierta precisión y laconismo que, denotan observación y fidelidad.

Juzgue el lector por Si mismo:

La vista de las poblaciones desde la orilla del río presenta cuadros de incomparable belleza: de trecho en trecho, en medio del monte y las playas, se ven algunos platanales y yucales, y algunas veces pequeños entables de caña; en el centro de estos cuadros cultivados, que contrastan con la naturaleza salvaje que los envuelve, hay grupos de árboles en que hace juego el verde sombrío de los sauces llorones con el color de oro de los naranjos y los mangos cargados de fruto; por entre esos árboles se divisan las blancas paredes de las casitas, cuyos techos de palmas sobresalen apenas por encima de las copas de los naranjos, y de en medio de ese cuadro se destacan los penachos de las palmas de coco y el campanario blanco de la capilla. A lo lejos el bosque y las cimas azules ó plateadas de los Andes sirven de fondo al cuadro. Tal es San Pablo, tal es Vadillo.... y tales muchos otros caseríos que desfilaron por frente á nosotros y se perdieron en las revueltas del río.

La parte del libro consagrada á describir las ciudades de las Antillas, del Brasil y del Río de la Plata es la que llama más la atención, quizá porque todo lo que en ella se refiere de Montevideo, Buenos Aires, Pernambuco, Bahía y Río de Janeiro es nuevo para los lectores colombianos, pues bien pocos de éstos son los que han visitado esos países, y el único que sobre ellos ha escrito es don Filomeno Borrero. La parte en que trata de Italia, de los lugares de la Tierra Santa, de Alemania, de España, de Rusia, de los Países Bajos y de la misma Francia, no tiene muy grande interés, á pesar de que, probablemente con el auxilio de las guías extranjeras, hoy tan socorridas para todo viajero que quiere imponer á sus lectores en la historia de las poblaciones importantes y dar detalles científicos sobre los principales monumentos; ayudado de estos libros, decimos, el antor agrega á sus personales observaciones é impresiones muchos datos sobre la construcción de las principales iglesias que visitó y sobre los museos y galerías de pinturas. Nótase, con agrade, que este viajero, como don domingo Arosemena, Cordovés y el doctor Manuel C. Restrepo, iba guiado por su acendrado espíritu religioso, y que ello fue el móvil principal de su excursión hasta Jerusalén. Pero sus sentimientos, à todas luces cristianos y humanitarios, no lo alejan de otros campos: habla con sincero entusiasmo de los teatros y de la representaciones que más le llamaron la atención, y hasta consigna con franqueza que las mujeres del Brasil son feas casi todas, y que las más bellas que vio en todo el viaje fueron las de la capital de. Hungría: Buda Pesth.

En dos ò tres pasajes del libro recuerda á Bogotá; pero una de estas reminiscencias es particularmente curiosa, y por eso queremos consignarla. Se trata de lo que más e llamó la atención en Bruselas, y dice:

El Parque, que está situado delante del Palacio Real, es el punto de reunión de la aristocracia. Muchas fuentes adornan las plazas de Bruselas, pero la más conocida es el Manne-ken-piss, equivalente á nuestro popular Mono de la pila. Es una estatuita que arroja un hilo de agua de tal manera, que si el proveedor no fuera de bronce, nadie querría servirse de semejante liquidé. Sea por lo que fuere, este indecente muñeco es un objeto de cariño y de orgullo para los habitantes de Bruselas, en términos que los Soberanos que han querido hacerse populares, han tenido que mostrarse liberales para con él. Mankempiss está condecorado con la cruz de San Luis y con varias otras medallas y cordones; goza de una renta de 500 libras anuales, tiene su ayuda cámara, y en los días de fiesta se muestra, en su esquina de la calle de la Encina, vestido con un lujo digno de un príncipe.

En resumen, los Recuerdos de viajes de don Filomeno Borrero constituyen un libro agradable, que contiene muchas noticias curiosas é interesantes de diversos países extranjeros, con muy sinceras apreciaciones personales del autor, las cuales demuestran que sabía respetar la verdad, y que en su correría no ha hecho lo que tántos otros autores de viajes modernos, quienes generalmente forman sus, relatos sobre el Badeker que pueden hallar á mano, sin cuidarse gran cosa de haber visto con sus propios ojos todo lo que describen.

José Joaquín Ortiz

Nació en Tunja el 10 de Julio de 1814 y murió en Bogotá el 14 de Febrero de 1892. Alcanzó celebridad como periodista fecunde, defensor y apologista de la causa católica y como cantor épico de la glorias de la patria. Fue Jefe de Sección del Ministerio de Relaciones Exteriores, Tesorero de la Universidad y Diputado varias veces al Congreso. Fundó el Colegio de Santo Tomes de Aquino, y, en unión de don Federico Patiño, el Instituto Bolívar, y dirigió, en 1858, el Colegio de Boyacá.

Él estableció, en 1856, "El Liceo Granadino," sociedad literaria. Figuró entre los Redactores de La Estrella Nacional, y durante seis meses estuyo hecho cargo de la redacción de El Día, en 1844, luégo de El condor. También redactó, en 1855, El Porvenir, en unión de Lázaro Maria Pérez, y El Catolicismo, en su segunda época.

Como hizo de la literatura su profesión, hasta donde esto es posible entre nosotros, se ocupó siempre en la redacción de trabajos propios, y en el arreglo y corrección de los de otros autores.

La siguiente es la lista de sus más importantes trabajos:

Sulma, tragedia en cinco actos, seguida de mis Horas de descanso, por José Joaquín Ortiz Rojas. Cartagena. Tipografía de los herederos de Juan A. Calvo. Año de 1884. 144 págs 1 .

María dolores ó la historia de mi casamiento. Novela original de don José Joaquín Ortiz, escrita en Anapoima, en 1836, y publicada en el periódico de Bogotá El Condor, de 1841. (Reproducida en la Biblioteca Popular, de don Jorge Roa).

El Conservador, periódico popular. 52 números, de 13 de Mar - so de 1847 á 11 de Marzo de 1848.

El Parnaso Granadino. Colección escogida de poesías nacionales, por José Joaquín Ortiz. Tomo 1. Bogotá. Imprenta de Ancízar. 1848. Vol, de 306 pags 2 .

El Liceo Granadino, colección de los trabajos de este Instituto. Tomo 1. Bogotá. Imprenta de Ortiz y Compañía. 1856. 337 págs.

Poesías de Caro y Vargas Tejada. 2 vols. Bogotá. Imprenta de Ortiz y C.5 1857.

La Guirnalda. 2 vols, de artículos y poesías de escritores nacionales.

Biografía del señor Joaquín Caycedo y Cuero.

El Oidor de Santafé, novela publicada en El Día.

El Hijo pródigo, juguete cómico, publicad en La Caridad, y representado por los alumnos del Colegio Seminario de Bogotá.

Cartas de un sacerdote católico al Redactor de El Neo-Granadino. Bogotá. Imprenta de Ortiz. 1857. (Este opúsculo fue juzgado como uno de sus más brillantes escritos en defensa de los dogmas católicos).

Huérfanas de.. .madre, novela corta.

La Caridad, semanario religioso y noticioso; comenzó á publicarse el 24 de Septiembre de 1864 y terminó el 26 de Octubre de 1882.

Las Sirenas. Discurso de José Joaquín Ortiz contra la moral sensualista de Jeremías Bentham. París. Baudry, Librería Europea. Dramard. Baudry, sucesor. 3, Quai Voltaire, 3. VI y 246 págs.

Testimonio de la historia y de la filosofía acerca de la divinidad de Jesucristo, sacado de Cantú, Nicolás y Gaume, y precedido de un prólogo. 1865.

Lecciones de Literatura Castellana. Colección selecta de poesías españolas y americanas, por José Joaquín Ortiz. Bogotá. Imprenta á cargo de Foción Mantilla. 1866. VIII y 356 págs. (Se han hecho tres ediciones).

El Pueblo. 20 págs. (sin pie de imprenta).

O todo ó nada, por José Joaquín Ortiz. Bogotá. 1873. Imprenta de El Mosaico; folleto de 88 págs.

El libro del Estudiante, por José Joaquín Ortiz. Sexta edición. Contiene: Moral y Urbanidad; Doctrina Cristiana; Historia Santa; Gramática castellana; Aritmética; Geometría; Agrimensura; Geografía universal; Teneduría de libros. Bogotá. 1880. Imprenta de Medardo Rivas. II y 570 págs.

Lecturas selectas, en prosa y verso, para los alumnos de las escuelas de Colombia, por José Joaquín Ortiz, individuo correspondiente de la Real Academia Española. Bogotá. 1880. Imprenta de Medardo Rivas. Vol, de 318 págs.

Poesías de José Joaquín Ortiz. Bogotá. Imprenta de Echeverría Hermanos. 1880. Vol. de 237 págs.

Compendio de Historia eclesiástica desde la bajada del Espíritu Santo hasta el Pontificado de León XIII, arreglado por José Joaquín Ortiz. Bogotá. Imprenta de Medardo Rivas. 1884. Vol, de 164 págs.

Firmó algunas veces con el seudónimo José Nigreros.

De la introducción que Menéndez Pelayo escribió para la Antologia de Poetas Hispano-Americanos, tomamos los párrafos que siguen, en los que juzga, con mucho acierto, las condiciones poéticas del Redactor de La Caridad y El Correo de las Aldeas. Dicen así:

Don José Joaquín Ortiz, egregio poeta lírico y ardiente controversista católico, representó con majestad, pompa y decoro la escuela de Quintana, no sin hacer repetidas concesiones al gusto moderno 3 . Ortiz rechazaba tal filiación por considerarla incompatible con sus principios religiosos; pero aquí no se trata del espíritu, que en Ortiz era ortodoxo y aun ascético, sino de su temperamento lírico y de la forma grandilocuente en que se vaciaron sus mejores inspiraciones. Cuando quiso apartarse de ella, como en muchas composiciones de sus últimos tiempos, fue para caer en un piadoso pero muy desmañado prosaísmo. Los hábitos vulgares y funestos del periodismo de propaganda, labor muy útil y meritoria sin duda, pero en alto grade pedestre, estropearon aquella mente soberana, le quitaron algo de su serenidad y vigor, le llenaron de escrúpulos nimios, contagiaron su gusto poniéndole al nivel de su público timorato y asustadizo; y recelando sin duda que la pureza clásica fuese una tentación del demonio, acabó por vestir sus versos de estameña. Los hay que no merecen salir de la colección de El Correo de las Aldeas, donde pueden servir de inocente recreo á las familias cristianas. Es uno de los poetas más desiguales que pueden encontrarse; capaz de elevarse en los buenos momentos al nivel de lo mejor de Quintana, con animación no menos férvida y más jugo de alma; pero incapaz de sostenerse, por falta de gusto ó de atención, en la esfera de noble grandeza en que siempre habita su maestro, hasta cuando parece menos inspirado. Ortiz no sabía borrar, y aunque profesor toda su vida, no puede decirse que fuera humanista como Bello ó como M. A. Caro. Escribía con abundancia de corazón, dominado por su asunto, y ansioso de desarrollarle hasta los últimos ápices, con efusión, con énfasis sincero, en inmensos períodos poéticos que se van ensanchando como las olas concéntricas que forma la piedra arrojada á un estanque. No hay que pedirle concisión y sobriedad líricas que no eran propias de su temperamento ni de su escuela; pero sí hay que deplorar, aun dentro de ella, el exceso de verbosidad con que recarga sus mejores pensamientos, la pompa inútil con que abruma sus estancias, el afán de decirlo todo sin dejar campo libre á la imaginación del lector. En la Bandera Colombiana, en Boyacá, en la oda Al Tequendama, Ortiz deslumbre, pero fatiga por demasiado estrépito y brillantez demasiado continua. En la poesía de sentimiento, por el contrario, quiere ser familiar, y resulta demasiado casero.

María dolores ó la Historia de mi casamiento, novela de don José Joaquín Ortiz, escrita en Anapoima en 1836, es una especie de cuento ó relato de muy cortas proporciones, que no tiene otros atavíos que los de un cuadro de costumbres sencillamente narrado. María dolores es una muchacha bogotana, de quien se enamora un joven que la conoce en el camino de la costa á la capital, á donde ella se dirige, y los amores de ambos marchan al unísono, en progresión ascendente, La novia es una niña bien educada y culta, lo cual da motivo á que cuando su pretendiente, en un arrebato inconsulto de entusiasmo, deja escapar, en su presencia, cierta conocida interjección española, su amor propio se sienta lastimado. Aquello da lugar á una ruptura temporal de relaciones. Reanudadas más tarde, los amantes se casan y son felices. La sinceridad con que está escrita la obra demuestra que los hechos que sirvieron para formarla son verdaderos, y aun puede colegirse que el protagonista es el mismo autor, y que aquella historia de un matrimonio feliz bien puede ser su propia historia. Con efecto, don Joaquín Ortiz hizo un viaje á Cartagena cuando era muy joven, antes de casarse; su familia era de Tunja, en donde él vio la luz. Cuando sus padres murieron, heredó una propiedad en Duitama, y un criado, modelo entre ellos-un negro venezolano, á quien el poeta trató de inmortalizar en sus cantos-lo acompañó siempre con noble y generoso desinterés, todo lo cual concurre en el héroe supuesto del relato, como documentos humanos que exhiben el carácter del joven, sus aspiraciones y su genio. Hasta la misma precoz afición á las musas, que distinguió á don Joaquín Ortiz, está allí anotada, Y, por otra parte, ya se sabe que toda obra de imaginación, escrita por un joven, no es, más ó menos, disimulada, sino trasunto fiel de las primeras impresiones de su alma candorosa de adolescente. Ya esta narración, que evitamos apellidar novela, comienza á dejar ver las señales del estilo grandilocuente y siempre con tendencias moralistas del autor, quien trata de hacer comparaciones y de buscar razones y apoyo en la religión y sus grandezas. El protagonista se encamina una noche á Egipto, y desde allí contempla la ciudad, ya bien entrada la noche, y presa el ánima de mortal angustia y desencanto, suben entonces hasta él, como misterioso y único consuelo que el mundo, envía á los que padecen, las preces que se elevan al cielo desde uno de los conventos más inmediatos al cerro de Egipto. Otros pasajes que pueden mencionarse, son los siguientes.

Dice hablando de la heroina:

Sentóse junto á mí y siguió cantando. A sus acentos empezaron á desterrarse mis penas, como cesa el abrumante silencio de una iglesia cuando resuena el órgano sagrado...

Nos apeamos en una casita que había mandado asear Galván, y en la que habían preparado la comida. Allí nos encontramos un viejo que tocaba su guitarra. No sé lo que es, pero el canto y la música son el alivio de los que han perdido la luz, y pocos ciegos he visto que no sepan tocar y cantar.

Las mujeres son más devotas que los hombres, dan gracias á Dios cuando son felices, é imploran también su amparo cuando padecen.

1 La publicación de la tragedia va precedida de una carta; dirigida por el autor al señor don Bartolomé Calvo, en la cual refiere que su obra se estrené en una casa particular de la ciudad de Cartagena, la noche del 9 de Junio de 1833. Las Horas de descanso son veintitrés poesías, la mayor parte en forma de epístolas, romances y elegías; echase de ver en ellas que el doctor Ortiz, desde los albores de su carrera, siguió la escuela clásica, y si nO otro mérito, tienen al menos el de exhibirle consecuente en sus inclinaciones é ideas desde su juventud. En la tragedia Sulma figuran cinco personajes; la escena es en el pórtico del templo de Sugamuxi, y el argumento está basado en la tradición que refiere los sacrificios de sangre humana efectuados por los indios en tiempos primitivos.
2 Contiene composiciones de los siguientes: Josefa Acevedo de Gómez, Rafael Alvarez Lozano, Juan de Dios de Aranzazu, Julio Arboleda, Bartolomé Calvo, Antonio José Caro, Francisco Javier Caro, José Eusebio Caro, Silveria Espinosa de R., José Maria García de Tejada, Gregorio Gutiérrez González, Germán Gutiérrez de Piñeres, Lorenzo María Lleras, Manuel María Madiedo, José Fernández Madrid y Mariano González Manrique.
3 No fue extraño Ortiz á la influencia de Víctor Hugo en su primera manera. La idea de la enumeración de los pabellones nacionales en La Bandera Colombiana, está evidentemente inspirada por la muy arrogante que hay en la Oriental 2ª, titulada  «Canaris.» Pero si no me engaña el amor á nuestra lengua y poesía, la imitación de Ortiz resulta superior al original.
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