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Sabiduría del Amor y Amor a la Sabiduría
Lo que
salva a la crisis de resolverse en favor de la muerte es el amor. El amor decide que la
agonía se resuelva como perpetuación de la vida. Porque si el hombre o muere o mata, la
preservación de la vida en la especie está cifrada en su potencia de amor, tanto como en
su potencia de saber.
Ya
Platón lo había advertido en El Banquete: el ser humano persigue la inmortalidad
y le huye a la muerte por la reproducción física o por la reproducción intelectual o
cultural
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.
Por
fundarse en la metáfora del parto y del nacimiento, el mito platónico es muy instructivo
de lo que puede ser la esencia de la educación, pues es ésta otra forma de nacimiento o
de renacimiento del ser, y por tanto de vencimiento de la muerte, como lo expresó el
filósofo con el arte mayéutica
5
.
Fue una
mujer , Diotima , la que enseñó a Sócrates la filosofía, que es amor a la sabiduría,
acto que se inicia con la sabiduría del amor, es decir con el primer aprendizaje en los
brazos de la madre de la lengua materna , que es el acceso ineludible a la cultura. La
educación y la cultura son antes que cualesquiera otra cosa actos de vida, o sea actos de
amor. En el arte mayéutica la sabiduría del amor equivale aún al amor a la sabiduría.
El amor
físico destinado a la reproducción biológica y por tanto a la variación genética es
comparable con el amor intelectual o amor cultural, que ejerce función semejante pero
aún mayor en potencia que aquel: un reunir lo diferente y aún lo opuesto, un religare
(un volver a unir o reunir ) en el sentido más fundamental del concepto, "un amor
cortado en su fin" o sublimado, como Freud lo designó
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.
Así
mismo, la comparación platónica entre la reproducción física y la reproducción
intelectual o cultural puede ser estimada como un antecedente de la equivalencia funcional
que en el pensamiento cibernético se establece entre el gene y el símbolo, o entre el
germen y la cultura, frente a lo cual el cuerpo físico o el cuerpo social son somas
informados aunque condicionantes
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. De ahí que
la cultura, como la gran caja negra de símbolos del ser humano pueda determinar el rumbo
de la naturaleza, de la economía, de la política y de la sociedad como ente organizado.
Amor a
la sabiduría y sabiduría del amor. Esta expresión que parece un mero retruécano, funda
algo más que una expresión retórica: la posibilidad de armonizar amor y razón, afecto
y entendimiento. Que este ideal, como los otros ideales platónicos, no sea tan fácil de
alcanzar, lo probará el mundo moderno y en particular una suerte de disociación
esquizofrénica decimonónica entre romanticismo y ciencia, que desde el ocaso del siglo
XIX señalará para el siglo XX la tarea, apenas iniciada en mentes tan diversas como
Sigmund Freud, Martin Heidegger, Talcott Parsons, Jürgen Habermas de reconciliar la
sabiduría del amor, es decir el afecto, con el amor a la sabiduría, es decir con la
ciencia.
Si el
amor a la sabiduría es el fundamento de la vida y por tanto de la cultura y de la
educación, es preciso que la sabiduría distinga lo que es el amor. Dos definiciones
proporciona Platón en el célebre libro sobre este principio.
La
primera definición es lógica. El amor es "un gran genio" o un gran daimon.
Como tal, el amor es el gran mediador que establece la cohesión entre las diferentes
partes del todo
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. Es así esa gracia o carisma o
espíritu (Rúah en hebreo, Pneuma o Jaris entre los griegos, spiritus
entre los latinos) que reúne en sí mismo lo distinto y aún lo opuesto
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.
Que el
amor en su sentido intelectual o cultural sea genio o daimon lo prueban personajes
fundadores de la religión o de la filosofía, de la ley, la moral o las ideologías, de
las letras o de las artes, de las ciencias o de las técnicas en todas las culturas, sean
mistagogos, profetas, maestros, pedagogos, artistas o artesanos, científicos o escritores
como fueron por ejemplo Hamurabi, Solón, Buda, Moisés, Cristo, Mahoma, Bochica,
Cervantes, Leonardo, Newton, Einstein, Pasteur, Watt, Marconi, para mencionar sólo a unos
pocos.
Pero
además de las expresiones geniales del amor que definen el ser de la cultura en su larga
duración, el amor se construye en el cotidiano mundo de la vida bajo formas de
comensalidad, solidaridad, lazos de parentezco y comunidad a través de distintos actos y
de especiales ritos (fiestas y espectáculos, manejo de símbolos, expresiones comunes y
en particular esos ritos de paso que son los propios de la educación y de la vida) .
Todos aquellos son hechos de tradición que mantienen a una sociedad en estado de
cohesión y contrarrestan con su fuerza centrípeta aquella excentricidad que está
determinada por la diferencia de personalidades y de intereses.
La
segunda definición platónica del amor es mitológica. Y en un rasgo que es típico de la
estructura analógica de El Banquete , el amor nace en otro convite como hijo de
una diferencia esencial. Pues según cuenta el relato, en un festejo o festín celebrado
en honor de Afrodita, diosa de la belleza, Poro, que es el recurso, hijo a
su vez de la Prudencia, embriagado de néctar se había dormido, cuando Penía,
la
pobreza, que mendigaba en los alrededores, "movida por su escasez de
recursos" se acostó con él para concebir al amor.
El amor
pues está siempre en estado de necesidad y de finitud, falto de palabras o de poder, como
hijo de la pobreza, pero como descendiente que es a la vez del recurso es retórico,
ingenioso, capaz de renacer de sus cenizas hasta ser inmortal. Finito, el hombre se hace
infinito por el recurso del amor. Pobre, el hombre se hace rico por el recurso del amor.
Necesitado, el hombre se hace libre por el recurso del amor.
De este
modo se entretejen la sabiduría del amor y el amor a la sabiduría. Para volver al
principio de esta exposición, el amor en cuanto recurso es aquel que puede salvar la
crisis que representan la necesidad, la pobreza o la muerte. Una parábola para un pueblo
se puede extraer de allí y es que el acto de amor que es la educación es el que puede
salvar a la pobreza de seguir en la pobreza, si ella sabe acoplarse con el recurso o con
el ingenio. El recurso redime a la pobreza. De ahí que no sea retórica decir que el
mayor recurso de un Estado es su población y que el mayor ingenio para transformar tal
Estado sea la educación.
En
resumen, la educación es un acto de amor por el cual se trasmite y se recrea la cultura
de una generación a otra, comprendiéndose por cultura el saber religioso y filosófico,
el saber ideológico, ético y legal, el saber artístico y expresivo (el lenguaje
incluído) y el saber científico y tecnológico.
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