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SEGUNDA PARTE
EDUCACION
PARA SER CIUDADANO DE COLOMBIA
Axiomas
para un programa de cambio cultural
Desde
el juicio que brinda una perspectiva de la historia universal , la elaboración de un
programa de cambio cultural a largo plazo en la sociedad colombiana debería afrontar de
modo simultáneo dos problemas: el primero sería el de examinar en forma crítica las
razones por las cuales en la historia de Colombia se asumió de modo imperfecto la
modernidad.
Y el
segundo: dada la crisis de la misma modernidad, según la denuncia del posmodernismo, se
precisaría saber cuáles serían los fundamentos para ser contemporáneos de un mundo que
ya no puede basarse en nociones de la modernidad como la del supuesto "progreso
universal" o la de una llamada "razón del mundo" que, por su
unilateralidad condujeron a la humanidad a los holocaustos del siglo XX o a los síntomas
de destrucción enumerados atrás. Ello establecería los fundamentos para una nueva
política de educación, cultura y desarrollo que tuviera asidero en la razón de ser de
un pueblo y a la vez en el derrotero previsible de la humanidad.
Para
mejor comprender lo anterior valdría un ejemplo: resulta claro y patente que Colombia,
como otros países de América Latina no asimiló el positivismo como hubiera sido
deseable para erigir a partir de él una conciencia pública en favor de la educación
masiva y de la actividad científica. Y se puede inferir de modo válido que las
deficiencias de la educación y la ausencia de investigación científica resultantes de
allí son causales de nuestro atraso relativo frente al ser contemporáneo del mundo.
Pero
hasta dicha constatación puede llegar el acuerdo porque la discrepancia surgirá de modo
inevitable en el mismo momento en que se evalúe por qué ello ha sido así y sobretodo
qué se debería hacer para modificar dicha situación. Porque bien podrían reeditarse
los sueños utópicos de Moro, de Bacon o de Saint-Simon y Comte, y ello se ha hecho ya
muchas veces, sin que dichos sueños tuvieren el poder eficiente de aquellos soñadores,
ya sea porque no corresponden a las formas de ser o a los deseos subyacentes de la
sociedad colombiana, a sus imaginarios más profundos, ya sea porque las condiciones
económicas o sociopolíticas de la sociedad colombiana se opongan al intento, o ya sea
porque la atmósfera de valores del mundo actual devalúe la unilateralidad de la utopía
positivista.
En
otros términos, un programa de fomento masivo de la educación y de la ciencia no puede
desconocer factores culturales endógenos, a partir de los cuales debe formularse, ni
determinantes propios de la estructura económica, política o social propia que deben
modificarse para que dicho programa pueda ser exitoso, ni los derroteros axiológicos del
mundo posmoderno.
Basten
dos ejemplos por ahora para ilustrar lo dicho antes de ensayar una argumentación a fondo
del problema: puesto que la ciencia no es el único ideal de la cultura, porque al lado de
ella existen por ejemplo el placer de la belleza o los ideales éticos y religiosos, y
puesto que la cultura colombiana, como se verá, ha sido antes mimesis que logos,
juego antes que reflexión, ¿cómo conciliar en la educación la formación estética con
la formación científica o en otros términos cómo evitar que las llamadas dos culturas,
la humanista y la científica, se distancien cada vez más y en lugar de ello cooperen de
modo recíproco para aumentar la creatividad que distingue a la una y a la otra
1
? ¿Cómo evitar la hostilidad pública hacia la ciencia,
cuando algunas aplicaciones de la ciencia o de la técnica acarrean consecuencias
percibidas como negativas por ciertos grupos sociales de la población
2
? Y ¿cómo integrar una y otra, las ciencias y las humanidades, con una formación ética
y ciudadana? ¿Cómo conjugar los ideales decimonónicos del positivismo y del
romanticismo?
Dicho
primer ejemplo puede complementarse con uno segundo: el desarrollo de la ciencia supone,
como se ha sugerido en la breve visión del mundo, una sociedad que admita no sólo la
diferencia en las ideas, sino aún la misma heterodoxia absoluta del pensamiento, es decir
ideas que no sólo sean diferentes a las propias (lo cual es fácil de admitir), sino aún
opuestas por entero a las creencias dominantes o a las creencias propias (lo cual es más
difícil de tolerar). ¿Posee la sociedad colombiana los valores propios de la libertad de
pensamiento? ¿La estructura política y la textura de los intereses económicos han sido
o son proclives no digamos ya al valor de la "libertad", que muchas veces se
entiende como libertad unilateral de algunos, sino a esos otros valores correlativos de la
Revolución Francesa y por tanto de la modernidad como fueron los de "igualdad"
y "solidaridad"? ¿Se ha afirmado de veras con la Constitución de 1991 la idea
de un estado democrático, necesaria para un progreso sostenido de la educación y de la
libre creatividad propias de la ciencia y del arte?
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