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DIFERENTES CAMINOS DE ACCESO A LA MODERNIDAD
Se
entenderá mejor el asunto tratado si se estima que existen diferentes caminos de ingreso
a la llamada modernidad o aún a lo que está más allá de ella, es decir a ese casi
indefinible modo de existencia del mundo contemporáneo que se define como postmoderno.
Porque
si razón asistía a Carlos Marx o a Max Weber cuando subrayaban la tipicidad específica
del surgimiento del capitalismo en la esquina noroccidental de Europa en el siglo XVI, el
primero al aducir factores como la conquista de América y el surgimiento de la
burguesía, el segundo al descubrir factores religiosos que moldearon una ética favorable
al control racional del mundo
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, no puede decirse
que el capitalismo o la modernidad dependan para su expansión de las mismas condiciones
únicas que provocaron su génesis.
Lo
dicho se comprenderá mejor si se piensa a fondo en un ejemplo. El caso del Japón es
singular y basta para la demostración del argumento. Ningún país como Japón podía ser
en el siglo XIX tan excéntrico al modo de ser moderno o capitalista
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. En su estructura económica Japón era una sociedad rural
muy cercana al modelo del feudalismo. En su estructura social la familia desempeñaba un
papel esencial como ordenadora de los valores sociales y aún de la misma producción. En
su estructura cultural el budismo o el taoismo ofrecían un contraste marcado con el
cristianismo.
Y sin
embargo, bastó la decisión de la dinastía Meiji en el último cuarto del siglo pasado
para trastornar los privilegios de los samurais y para movilizar un conjunto de ventajas
propias de su tradición en favor del desarrollo capitalista y de la asimilación de
componentes de la modernidad. Una de ellos fue la capacidad mimética de los japoneses.
Isla como era y es, el Japón había desarrollado una facultad asombrosa de copia de
elementos foráneos que consideraba ventajosos para su existencia.
Otra
ventaja de Japón fue el haber establecido un sincretismo de sus valores familiares y de
su cosmovisión religiosa con algunos de los elementos propios del capitalismo. Así lejos
de renunciar a dichos patrones de su cultura Japón supo trasladar a la corporación
económica y a la corporación política del estado las nociones de solidaridad, de
responsabilidad y de piedad propias de la tradición familiar y de su cosmovisión
religiosa, tan ajenas a la mentalidad individualista o competitiva de la modernidad
capitalista occidental.
Una
consecuencia de dichos valores fue por ejemplo el surgimiento de los círculos de calidad
y de las novísimas teorías de la administración japonesa que privilegian la
cooperación sobre la subordinación, teorías que demostraron su invencible superioridad
sobre los modelos de Taylor, basados en la competitividad y en el premio individual
5
.
No por
azar, Japón ha sido el primer país del mundo en ordenar un plan de desarrollo en torno
al principio de "calidad de vida". Y no por contingencia un país que carece de
tantos recursos naturales (petróleo, madera, minas) y es a la vez tan frágil frente a
los embates de la naturaleza (terremotos) ha demostrado que la organización, la
educación y el talento de la población pueden ser el principal recurso nacional.
De lo
anterior pueden extraerse algunas deducciones. Si bien hoy en día hay una cierta
nivelación o "convergencia tecnológica" entre las grandes potencias
económicas
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, el acceso a tal estadio superior
de tecnología obedece al modo como se conjugue y movilice una tradición cultural propia
con una voluntad política orientada hacia tal fin.
Por
ende, conviene examinar en un país como Colombia cuál sea esa tradición cultural y de
qué modo la voluntad política, si la hay y en qué forma, puede reordenarla para
producir un cambio duradero en las mentalidades favorable a una calidad de vida consonante
con las condiciones del mundo contemporáno.
Y
puesto que la tradición cultural no se desprende de lo que los historiadores llaman el
"acontecimiento", y ni siquiera es una creación de la "coyuntura", es
preciso sondear la "larga duración" que es propia de los imaginarios culturales
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, para responder a los dos interrogantes
formulados con anterioridad, a saber: por qué no accedimos de modo pleno a la modernidad
y cómo podría el país llegar a ser contemporáneo de un universo que se define como
más allá de la modernidad.
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