Biblioteca Luis Ángel Arango      40 años

 

Gran orden del Ministerio de Cultura
Santa Fe de Bogotá, 20 de febrero de 1998

 

Señor Ministro de Cultura
Señor Gerente del Banco de la República
Funcionarios, amigos y colaboradores de la Biblioteca
Señores y señoras
 

Hacemos parte de una sociedad que se encuentra aún, en muchos sentidos, en una etapa inicial de su formación como nación, y en la que el acceso a la lectura y a las posibilidades de disfrute de los bienes culturales universales del arte y la música es relativamente reciente. Cincuenta años atrás la mayoría de nuestros compatriotas eran analfabetas, y aún hoy quienes tienen una biblioteca, así sea pequeña, en sus hogares, son una pequeña minoría de profesionales y aficionados. Lo que es peor : como lo ha destacado el Ministro, todavía son muy pocos los colombianos que tienen acceso a una biblioteca pública, que pueden utilizar en forma práctica y razonable sus servicios. En la biblioteca, en estos días de celebración, mostramos con orgullo las cifras que muestran su trabajo : en Bogotá, 2’700.000 lectores vinieron a sus salas en 1997, y casi 80.000 libros fueron llevados a las casas para su utilización. Nuestras salas se mantienen llenas, y hay momentos en los que es imposible moverse en ellas por el amontonamiento de personas, a pesar de tener unas instalaciones tan amplias como las que ustedes conocen, pero no creo que el 10% de los bogotanos haya visitado una biblioteca pública en ese mismo año, en la mayoría de los casos porque la única biblioteca en la que encuentra lo que busca, a la que quiere ir, es esta y para venir a ella hay que recorrer kilómetros y kilómetros de difícil ciudad. Y los libros prestados son realmente muy pocos : en Medellín las bibliotecas públicas principales prestan 1’000.000 de libros años cada año. Y si miramos un país avanzado, podemos tomar como referencia a Inglaterra, donde 50 millones de habitantes se llevan anualmente 150 millones de libros a sus casas. Con esta proporción, las bibliotecas bogotanas deberían estar prestando más de 20’000.000 de ejemplares al año. La cifra es abrumadora, y muestra en mi opinión uno de esos indicadores reales del atraso que los economistas no siempre advierten. Mientras que en otros indicadores económicos y sociales -número de viviendas con servicios públicos, atención médica, esperanza de vida, asistencia a la escuela, etc.- Colombia se encuentra cerca de los niveles de los países avanzados, con indicadores del 70 u 80 o 90% del nivel de éstos últimos, en la disponibilidad de servicios culturales es donde verdaderamente estamos bien atrasados. Sin deformar mucho la realidad, podría uno decir que el poco uso de las bibliotecas, o porque no las hay, o porque no tienen espacios adecuados, o porque sus colecciones son atrasadas o no corresponden a las necesidades de los usuarios, es al mismo tiempo el indicador más dramático de nuestro atraso económico y social y una de las causas esenciales de este atraso : nuestros estudiantes no aprenden a leer en los primeros años, no entran realmente al mundo de la cultura escrita, no aprenden a utilizar eficientemente el acervo científico y cultural que se reúne en las bibliotecas y terminan siendo profesionales o científicos rutinarios.

 

Igualmente grave es el atraso en la disponibilidad de museos. El museo ha sido, en Europa y los Estados Unidos, el lugar urbano en el que se descubre la identidad histórica y cultural de una nación. Entre nosotros es todavía un sitio al que llega una minoría cultivada, que quizás ve todavía en su capacidad de disfrutar el arte universal o nacional una señal de superioridad social sobre sus conciudadanos. Esto justifica el esfuerzo del Banco y de la Biblioteca por convertir sus salas en museos permanentemente abiertos a todos, y por dar prioridad a una relación con las escuelas y colegios de la ciudad, para que el museo -la colección de artes plásticas, la exhibición de exposiciones temporales, la colección numismática y su relato de la historia económica nacional- sea el sitio en el que los niños y jóvenes empiezan a reconocer su vínculo con los demás colombianos, tanto los contemporáneos como los que los han precedido en el tiempo.

Pero no puedo dejar una sensación pesimista. En estos últimos años se ha hecho mucho para tratar de convertir los museos en un sitio central en el proceso de formación y educación de los ciudadanos. La red de bibliotecas del Banco de la República se ha desarrollado en forma sólida, y en varias ciudades del país han surgido nuevas bibliotecas con deseos de excelencia. La labor que ha desarrollado Colcultura y que ahora impulsa el Ministerio de Cultura, con el entusiasmo que el Ministro es capaz de generar, para crear el ambiente legal que permita la acción fácil y sin trabas de las instituciones culturales, para que se reconozca la importancia de este sector de la vida nacional en la asignación de recursos públicos y privados, para crear una infraestructura cultural sólida, para que el sistema educativo y el mundo de la cultura unan sus esfuerzos y definan conjuntamente sus objetivos, todo esto es esencial para que los colombianos puedan disfrutar de los recursos culturales que requieren.

Me corresponde recibir, a nombre de una institución y de un equipo de trabajo, la condecoración que hoy entrega el Ministerio de Cultura a la Biblioteca Luis Angel Arango. A nombre de una institución, pues lo que hoy se reconoce es en buena parte el resultado de un esfuerzo continuo por parte del Banco de la República, que durante más de cuarenta años ha mostrado una dedicación sin vacilaciones a la promoción de los aspectos centrales de la conservación y difusión del patrimonio cultural colombiano, con el apoyo infatigable de todos sus gerentes, y de todos sus funcionarios. A nombre de la Biblioteca Luis Ángel Arango, que tiene sus raíces en la apertura, mucho más remota que la fecha que hoy conmemoramos, de la biblioteca institucional del Banco a un público externo, por allá en 1.933. Y a nombre de un equipo de trabajo, pues si algo caracteriza la actividad de este centro cultural es la cultura de sus funcionarios, empeñados en hacer su trabajo con una dedicación y una pasión que difícilmente se encuentra en otras entidades, buscando siempre satisfacer las necesidades y deseos de los usuarios e impulsando la consolidación de unas colecciones que forman el núcleo de nuestra actividad. Un equipo de trabajo del que hacen parte todos los que participan en el complejo proceso de conformación de la colección bibliográfico -los que seleccionan, con la ayuda de decenas de asesores voluntarios de las universidades, los libros que adquirimos, los que los clasifican y catalogan, los que los preparan para entrar en servicio, los que orientan y manejan todo el sistema informático que permite su localización y consulta y los que los ponen en las manos de los usuarios. Y en forma similar, los que contribuyen a desarrollan la colección de arte, la selección y adquisición de nuevas obras, el diseño museográfico de su exhibición, la preparación de muestras temporales, tantas cosas mas. O los que han preparado, desde el punto de vista histórico, técnico y museográfico, la exhibición de numismática, visitada diariamente por centenares de escolares. O los que gestionan y organizan los conciertos que a todo lo largo del año permiten presentar en esta misma sala interpretes reconocidos de todo el mundo y jóvenes que inician su actividad en los escenarios colombianos. Es difícil encontrar un trabajo que tenga mejores razones para ser reconocido : todos ellos reciben hoy una importante condecoración y puedo decir, un poco bruscamente por estar involucrado en ella, que en mi opinión se la han ganado, la merecen plenamente.

 

A nombre de todos ellos, muchas gracias, Señor Ministro.

Jorge Orlando Melo
Director
Departamento de Bibliotecas y Artes
Banco de la República de Colombia

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