BIBLIOTECAS PUBLICAS Y BIBLIOTECAS ESCOLARES: UNA PERSPECTIVA DE COOPERACIÓN

Jorge Orlando Melo

 

Índice
Las relaciones entre la educación y el texto
Estadísticas   Básicas de Bibliotecas Escolar, 1969 y 2002
La experiencia internacional
La experiencia colombiana
En resumen, que hacer, para donde coger?
Anexo: Cooperando con el Ministerio de Educación

 

Las relaciones entre la educación y el texto.

Uno de los rasgos esenciales del sistema de educación en Occidente ha sido su estrecha relación con el libro: desde Grecia hasta hoy es imposible pensar el proceso educativo sin el texto. En la Edad Media, el comentario del texto constituyó el centro de las actividades de estudiantes y maestros. La biblioteca del convento, tal como la ha descrito por ejemplo Umberto Eco en El nombre de la rosa, está en el centro de la formación, en la medida en que recoge los ejemplares únicos de la sabiduría. La biblioteca garantiza la conservación del patrimonio cultural y es al mismo tiempo una biblioteca educativa.

La aparición de la imprenta permitió una expansión del mundo del libro y el auge de las bibliotecas universitarias. El desarrollo de las sociedades democráticas y la generalización de la lectura estimulada por los conflictos religiosos derivados de la reforma cambio el contexto de la biblioteca y llevó a la apertura de la biblioteca pública. [1] En países como los Estados Unidos, la biblioteca pública aparece ante todo como un servicio que permite a sectores de la población que no han pasado por el sistema escolar, que no han desarrollado un habito de lectura o no tienen recursos para sostenerlo, el acceso al libro. Esto se ve como una necesidad democrática, en una sociedad en la que, aunque la mayoría de la población aprende a leer y escribir, pocos tienen recursos y hábitos para formar una biblioteca privada. Mientras tanto, las instituciones escolares no universitarias [2] desarrollan lentamente sus bibliotecas propias, y la escuela primaria se apoya esencialmente en un conjunto reducido de textos que normalmente son aportados por el alumno. [3]

En Colombia, las primeras bibliotecas son de conventos, colegios y universidades, y de la biblioteca del colegio de los jesuitas surge, a finales del siglo XVIII, la primera biblioteca abierta al público, que sería luego la Biblioteca Nacional. Sin embargo, el sentido de estas instituciones no corresponde a los nombres que hoy les damos. La biblioteca nacional fue pública en el sentido de que no se requeriría ser miembro de una corporación educativa para entrar a ella, pero en la práctica era una biblioteca de uso muy restringido, patrimonial y de investigación.

Hasta la década de los treintas, la biblioteca escolar (no universitaria) es prácticamente inexistente, y es también inexistente la biblioteca pública. Ambas surgen en forma paralela. Por una parte, en algunos colegios en los que se promueven formas nuevas de educación (sobre todo bajo la influencia de Montessori y Decroly) se considera conveniente establecer una pequeña biblioteca que complemente los textos escolares, que siguen siendo aportados por el estudiante. Por otra parte, a los casos aislados de biblioteca pública hasta entonces generados en uno que otro municipio, añadió el gobierno, sobre todo después de 1935|, un esfuerzo sistemático que invita a todos los municipios a tener una biblioteca, concebida como herramienta de apoyo a la escuela y  como instrumento de formación democrática de la población que está por fuera de ésta

A pesar de que los proyectos culturales de los gobiernos de los años treinta tienen cierta claridad y desarrollan acciones como la Biblioteca Aldeana de Colombia, la revista Rin Rin y la colección Samper Ortega, que se envió, con otros libros como la colección infantil Araluce, a la mayoría de los municipios colombianos, solo unas decenas de bibliotecas se establecen en forma adecuada, y pronto el gobierno nacional abandona sus esfuerzos por promover la biblioteca pública y la biblioteca escolar, con excepción de los colegios nacionales y las normales superiores, que desarrollaron entre 1930 y 1970 bibliotecas de algunos miles de ejemplares. [4]

El siguiente esfuerzo en pro de bibliotecas públicas y escolares se a comienzos de los años sesenta, con  participación de la OEA, se elaboraron los programas que debían hacer parte de La alianza para el Progreso. Como muchos recordarán, la Alianza para el Progreso era un programa impulsado por los Estados Unidos que, con el eterno objetivo de frenar la amenaza subversiva, pretendía modernizar nuestras atrasadas sociedades, promover la democracia, estimular el desarrollo cultural y científico, disminuir la desigualdad social, distribuir la tierra, crear universidades con profesores de tiempo completo y mucha investigación y tantas cosas que le interesaban al imperialismo en esos tiempos, tan distintos a los de ahora. En este campo concreto, los norteamericanos creían que era importante transformar las atrasados servicios de bibliotecas, para hacerlos públicos y populares. La visión de la biblioteca escolar se trasladó en forma algo mecánica, sin muchos cambios, de la experiencia internacional. Según el documento de la OEA que recoge el plan de la Alianza para el Progreso sobre bibliotecas, “Los libros y los las bibliotecas constituyen instrumentos fundamentales para el mejoramiento de los medios y servicios de educación, así como para la ciencia, la cultura  y el progreso económicos y social de América. Latina”. La visión de las bibliotecas adoptada define dos objetivos principales:

a)      “proporcionar materiales de lectura que complementen el texto” y

b)      “sentar las bases para la educación formal e informal continuada del individuo”.

Los asesores del proyecto trataron de establecer en forma aproximada el estado de las bibliotecas públicas y escolares del país: teníamos una nación analfabeta en un 50% y era urgente “incrementar el número de lectores entre aquellos que actualmente no saben leer”. Se calculaba que en la población entre 15 y 24 años sólo el 3.% eran lectores capaces de leer con fluidez. Solo el 6% de los alfabetas leían libros; o sea el 3% de la población, y el  7% de escolares leían libros a su disposición. Las cifras presentadas por el informe de 1963 nos permiten hacer algunas comparaciones con la situación actual

Estadísticas   Básicas de Bibliotecas Escolar, 1969 y 2002

1960

2002

Población

14000000

42000000

Estudiantes

1980000

7000000

Estudiantes Universitarios

26000

800000

Vols en Bib. Nal.

400000

600000

Vols en Bib. Pub.

591000

4500000

Vols en Bib. Escolares

174000

6000000

Vols en Bib. Universitarias

590000

4000000

Total vols

1755000

15100000

Vols en BN por hab

0,03

0,01

Vols en BP por hab

0,04

0,09

Vols en BE por est

0,09

0,86

Vols en BU por est

22,69

5,00

Vols total por hab

0,13

0,36

 

Como puede verse, en los cuarenta años que han pasado el número de volúmenes por habitante en las bibliotecas públicas se duplicó, mientras que, en un proceso callado y sin mucha planeación, los volúmenes en las escuelas crecieron en más de 30 veces,  de manera que aunque el número de estudiantes se multiplicó por más de tres, cada estudiante dispone hoy de nueve veces más libros que hacia 1960. [5]

Este crecimiento, de todas maneras, es insuficiente y todavía en el país no existe siquiera un libro por cada alumno; además, estamos contando aquí sobre todo textos escolares, que probablemente constituyen más del 60% de este acervo. Algunos otros momentos en el proceso de desarrollo de una política sobre bibliotecas escolares pueden mencionarse: en 1968 el Seminario sobre Bibliotecas Escolares recomendó que hubiera una biblioteca en cada escuela y que se llegara a 10 volúmenes por estudiante [6] (Ni el mejor colegio público de Bogotá los tiene hoy, y en promedio en esta ciudad, que es la que está mejor en el país, el número de libros, incluyendo libros de texto y libros generales, es de 2.5 por estudiante), y que hubiera un profesor bibliotecario.  En 1972 se inició el programa de Bibliotecas Público-Escolares de Colcultura. No es fácil saber cuál es la lógica de este proyecto ni cual fue su impacto real: cuántas bibliotecas se establecieron, dónde y con que tipo de colecciones, y cuál fue el público que las utilizó. Una evaluación de Irma Isaza y Marta Valencia confluyó que "los resultados obtenidos confirman mucho más la función de la biblioteca como complemento de la educación formal..."  No alcancé a revisar este documento, y estoy transcribiendo una cita de Silvia Castrillón, que se apoya en su diagnóstico para indicar que hay una incompatibilidad entre las funciones como biblioteca pública y como biblioteca escolar. [7] A mi, por el contrario, me parece que la compatibilidad entre ambos tipos de biblioteca no es tan grande, pero de esto hablaré más adelante. Por no haber leído la evaluación, no se cuales son los defectos detectados, aunque me imagino que para la época estas bibliotecas no debían ser buenas ni un sentido ni en otro: debían ser bibliotecas pobres de recursos, y lo que quizás se entendía como biblioteca escolar era la sumisión a la función de guardar, repartir y prestar textos. Poco después, en 1976, el gobierno hizo una nueva reforma que creó los Centros Experimentales Pilotos, en los cuales debían estar las bibliotecas núcleos del sistema escolar. [8] En 1978 Bogotá creó el SIMBID, que impulsó un crecimiento relativamente desordenado de las bibliotecas escolares en la ciudad, y creó algunas bibliotecas públicas, unas en espacios propios y otras vinculadas a establecimientos educativos. A partir de 1979 y con el apoyo de la OEA el Ministerio de Educación desarrollo un nuevo Programa Nacional de Bibliotecas Escolares, que pretendió desarrollar, a comienzos de los años ochentas, una red de bibliotecas de núcleo, cerca de 900, que debían atender a varios planteles cada una. [9] También sabemos que la terminología  del Center of Resources, que probablemente reflejó, al adoptarse hacia 1969 en los Estados Unidos, la transición hacia nuevos formatos y las ilusiones tempranas de los audiovisuales, era ya usada en 1982 por algunos colegios y hacia parte de la estrategia formal del Programa Nacional de Bibliotecas Escolares [10] . Fue muy notable el Programa de Fortalecimiento de Bibliotecas Públicas y Escolares de Medellín, desarrollado por la Consejería para Medellín y la Biblioteca Piloto en 1993 con recursos de la AID, y que constituyo uno de los grandes hitos cuantitativos de este proceso, al adquirir cerca de 200.000 volúmenes de libros generales para 19 bibliotecas públicas y escolares. Este proyecto era también encabezado por una biblioteca pública, pero se hacía dentro del discutido modelo de estimular la prestación de servicios de biblioteca pública por las bibliotecas escolares y viceversa. Las colecciones se compraban ante todo para bibliotecas de colegio, que se comprometían a abrir sus puertas al publico (lo que usualmente no se cumple: solo creo que ha funcionando exitosamente en el caso del Liceo Independencia, porque el diseño arquitectónico tuvo en cuenta esto y porque el manejo de la biblioteca que atiende el Liceo y el Barrio se entregó a Comfenalco, una entidad de  calidad y capacidad excepcional). En 1995 el departamento de Antioquia reorganizo su sistema de bibliotecas. Es significativo que siguiera usando la terminología de bibliotecas público-escolares [11] : hablaba de que había que “apoyar el desarrollo socio-cultural de la población a través de la organización y dirección de la Red Departamental de Bibliotecas Público-escolares y Casas de la Cultura.” [12]

En todo caso, la segunda mitad del siglo XX puede caracterizarse en Colombia por un crecimiento gradual, aunque insuficiente, del sistema de bibliotecas públicas, y por un crecimiento cuantitativamente mayor, pero todavía más insuficiente, de las bibliotecas escolares, donde se partía de bases tan bajas que crecimientos muy débiles cambiaban los indicadores en forma notable, enmascarando la realidad: son aún excepcionales las instituciones educativas que tienen una verdadera biblioteca. En efecto, si aceptamos las cifras de 1963, las bibliotecas escolares pasaron de tener un libro por cada 10 estudiantes a tener 6 libros por cada diez estudiantes, aunque probablemente 4 de estos son textos. En el sector publico surgieron, en los cincuentas, la Biblioteca Pública Piloto y la Luis Ángel Arango, y en los ochenta y noventa la Red del Banco de la República y la red de bibliotecas de las Cajas de Compensación, que iniciaron la transformación del panorama de las bibliotecas públicas colombianas. Esto es importante, porque de alguna manera el cambio que se está dando en las bibliotecas escolares de Bogotá, el sistema educativo más dinámico del país, se apoya sobre todo en un diseño derivado en buena parte de la experiencia de estas redes de biblioteca. Aunque el crecimiento cuantitativo de las colecciones aparentes de las bibliotecas escolares es mayor, el desarrollo institucional y la capacidad de diseñar servicios de las bibliotecas públicas ha avanzado en forma mucho más real, al menos en las que hacen parte de los tres sistemas aludidos. Por eso no es casual que el sistema de BIBLIORED, que es un sitio de enlace, un sistema en alguna medida híbrido entre bibliotecas públicas y las escolares, haya sido diseñado en sus detalles operativos por Gloria Palomino, directora de la Biblioteca Piloto por casi dos décadas, y por Lina Espitaleta, directora de la BLAA en los años en que se creo la red nacional de bibliotecas del Banco de la República.

 

CONTINUACIÓN

 

[1] He desarrollado con mayor amplitud algunos argumentos de esta conferencia, en otros textos: "Importancia de la lectura ( y la literatura) para la educación y la formación de los niños y el desarrollo social" (Medellín, 1993), en http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/letra-l/lectura/infantil.htm; "Libros, televisores y computadores: viejas y nuevas tecnologías de la lectura (Abril de 1997)", en http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/letra-t/tv/lec97.htm; "Bibliotecas y Educación" (Bogotá,. 1998) http://www.lablaa.org/blaavirtual/letra-m/melo/biblio.htm; "Las bibliotecas públicas colombianas: ideales, realidades y desafíos" ,http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/letra-m2/melo/biblio.htm (Bogotá, 2001) y "Bibliotecas y Calidad de la educación" (Medellín, 2001).

[2] A lo largo de esta conferencia, al hablar de bibliotecas escolares nos referiremos, salvo excepciones necesarias, a las bibliotecas de las instituciones de educación no universitaria. Las bibliotecas universitarias tienen otras funciones y condiciones, y resulta inadecuado mezclarlas para estos análisis.

[3] Aunque las primeras bibliotecas escolares en Estados Unidos surgen hacia 1830, solo con la llamada “escuela nueva” promovida a comienzos del siglo XX por educadores como John Dewey, con su énfasis en el aprendizaje activo y autónomo de los alumnos, se hace general la idea de que la biblioteca es un elemento indispensable, o incluso central, de la comunidad educativa.

[4] Una serie de documentos sobre la historia de los esfuerzos de los gobiernos de los años treintas para promover las bibliotecas ha sido reunida por, Lectura Popular y República Liberal. (Edición policopiada, .s.f., s.n.).

[5] Marieta Daniels, , Bibliotecas Públicas y Escolares en América Latina. Washington, Unión Panamericana, 1963. p 112, ss. Por supuesto, es muy probable que las cifras de volúmenes en bibliotecas escolares estén subestimadas. Sin embargo, lo que probablemente explica este crecimiento rápido es la expansión del sector público, cuyos estudiantes dependen menos del texto propio. No hay que olvidar que la mayoría de los volúmenes reportados por las bibliotecas escolares son textos de clase.

[6] Colombia. Ministerio de Educación Nacional. Sección de Servicios Bibliotecarios, Seminario sobre bibliotecas escolares para inspectores nacionales de educación : 11 a 22 de enero de 1968. Bogota : Ministerio de Educación, 1968.

[7] Silvia Castrillón, “Bibliotecas públicas y bibliotecas público-escolares”, en Hojas de Lectura,  51, p. 30

[8] Prada Forero, Silvia: Diagnostico de las bibliotecas escolares de los planteles oficiales de educación media del distrito especial de Bogota,   Bogota : Pontificia Universidad Javeriana, 1984.

[9] Colombia. Ministerio de Educación Nacional. División de Documentación e Información Educativa Programa nacional de bibliotecas escolares : Manual de administración local, "la biblioteca escolar del núcleo" Bogota : El Ministerio, 1984.

[10] Ver, por ejemplo, el libro de Mary Luz Isaza de Pedraza y Jorge Arturo Grisales Salazar, La biblioteca escolar como espacio de aprendizaje y promoción de la lectura Bogotá, MEN, OEA y CERLAL, 1993, una buena guía, algo prolija y repetitiva, de lo que se quería lograr con bibliotecas escolares definidas como Centros de Recursos de Aprendizaje.

[11] Seminarios Departamentales de Directores de Bibliotecas Público-Escolares y Casas de la Cultura, Secretaría de Educación y Cultura I y II, 1988 - 1990, Medellín, 1991.

[12] La triste realidad, que contrasta con los planes, muchos excelentes, puede verse en el libro de Bernardo Restrepo y Edilma Marín Calidad y eficiencia interna de la educación en el occidente , Medellín :Editorial Universidad de Antioquia,1998.

[13]   Una buena discusión de estos temas, con ejemplos de varios países europeos, se encuentra en Ramón Salaberría, Bibliotecas públicas y bibliotecas escolares: una colaboración imprescindible(Madrid, Ministerio de Educación y Cultura, 1997). Sobre España, es muy interesante el libro de Kepa Osorno Iturgbe (coord.), La biblioteca escolar, un derecho irrenunciable, Madrid, 1998.

[14] Por ejemplo, Beecher Road School,  en Woodbridge, Co.

[15] La Biblioteca Pública Piloto de Medellín, sin embargo, reporta que el 50% de sus usuarios son adultos no estudiantes.

[16] Las cifras básicas sobre asistencia a bibliotecas se discuten en J.O.Melo "Habitos de lectura y uso de bibliotecas en Colombia: los resultados de la encuesta de 2000", en Habitos de lectura y consumo de libros en Colombia, Bogotá, Fundalectura, 2001. Estos datos confirman la concentración de la lectura de libros en la población escolar y, fuera de ella, en la población que ha pasado por el sistema universitari; igualmente. La encuesta en la que se basa este libro no permite separar los datos de asistencia a bibliotecas públicas y escolares. Sin embargo, el hecho de que la biblioteca Luis Ángel Arango, que tiene la menor proporción de estudiantes de primaria y secundaria de todas las bibliotecas públicas, reciba aproximadamente un 20% de estudiantes de estos grados y un 60% de estudiantes universitarios hace pensar que en las demás bibliotecas (pese a los datos algo anómalos de la Piloto que se mencionan en otra parte) la proporción de estudiantes es aún mayor. 

[17]   Por supuesto, uno podría preguntarse si alguna vez tuvieron un carácter diferente, que justifique hablar de que lo han perdido o se han transformado: mi impresión es que antes fue todavía más fuerte la proporción de público escolar.

[18] "La Biblioteca Pública en América Latina", en Hojas de Lectura, 51

[19]   Los autores se quejan además de la adopción de modelos extranjeros en nuestras bibliotecas, y de que las bibliotecas se desvíen a actividades culturales como “exposiciones y lanzamientos de libros”, que en su opinión las alejan de su papel principal.

[20] “Bibliotecas Públicas y Bibliotecas Público Escolares”, en Hojas de Lectura, 51, p. 29-30

[21]   En la ponencia de Gloria Rodríguez para este congreso, “Cara y Cruz de las Bibliotecas Públicas y Escolares”, se afirma, en sentido general, que se han perdido para el público la biblioteca Luis Ángel Arango, convertida en biblioteca para universitarios, la Piloto, convertida en biblioteca patrimonial y las bibliotecas de las Cajas de Compensación, convertidas en bibliotecas escolares.

[22] Los artículos, como el de Gloria Rodríguez ya citado,  que proponen  un publico alterno al escolar se refieren ante todo a los niños desescolarizados, las poblaciones de desempleados, los ancianos, los artesanos y otros grupos laborales. Por supuesto, todos estos sectores deben atenderse en la biblioteca pública: la duda es si debemos reorientar los esfuerzos para atraer más personas de estos grupos, con programas especiales muy activos, para sustituirlos a los jóvenes escolares. Yo creo que sería un esfuerzo muy costoso y poco productivo, y es mejor actuar preventivamente: si durante la edad escolar atendemos bien a los niños en las bibliotecas públicas, la biblioteca será una alternativa llamativa si salen de la escuela o si pierden el trabajo. Al atender a los jóvenes en formación, se aprovecha que tienen una relación  más firme con la lectura, están en un proceso de aprendizaje, los maestros los incitan, por buenas o malas razones.. Es el momento en el que los hábitos de lectura se pueden consolidar. Están en un proceso continuo de formación, en el que lo que aprendan en la biblioteca refuerza su acción como estudiantes, y viceversa. Esto los hace continuamente mejores lectores, en un sentido técnico al menos. En ellos tiene la biblioteca la gran oportunidad para crear lectores para toda la vida. Perseguir jóvenes que hay casi alfabetizar previamente, retirando a los alfabetizados no me parece una buena idea; los demás grupos considerados tienen también limitaciones: solo una proporción pequeña de los más adultos desarrolló oportunamente el habito de la lectura. La mayoría no fueron a la escuela más de dos o tres años. La biblioteca publica tiene una oportunidad y es probablemente la única y la última, para crear un publico lector en Colombia, y es ofrecer a los jóvenes de hoy la oportunidad de ser los lectores de mañana. Hoy no podemos, sin un esfuerzo inmenso y muy costos, volver lectores a los adultos que no atendimos cuando eran niños hace 30 años; no debemos repetir el error y dejar sin adecuada atención a los jóvenes de hoy para tratar de corregir el error del pasado y hacer esfuerzos remediales casi imposibles hacia quienes nunca desarrollaron ni las habilidades ni los gustos por la lectura: de este modo en 20 años estaremos en la misma obligación de buscar mecanismos para volver lectores a los que dejamos escapar de las redes hoy.

[23] La Red del Banco de la República, en sus 20 bibliotecas,  ha hecho un esfuerzo muy consciente por desalentar indirectamente el uso de las bibliotecas para hacer tareas. no hay textos de primaria o secundaria en las colecciones, e incluso se ha reducido drásticamente la compra de textos universitarios; se ha desarrollado la llamada “biblioteca virtual”, que ofrece respuesta remota a las preguntas típicas de los profesores, para que los estudiantes puedan contestarlas sin venir a la biblioteca. Esperamos sabotear en cierto modo este tipo de tareas, pues si el profesor pregunta un dato y los estudiantes lo pueden bajar inmediatamente de la red, todos igualitos, tendrán que inventar tareas más inteligentes. Además, se hacen talleres con los docentes para que conozcan la biblioteca y se den cuenta de que enviar a los estudiantes a hacer esas tareas es una pérdida de tiempo, para que descubra  las posibilidades que ofrece para la lectura más libre y creativa, para la lectura de placer y otros usos menos rutinarios. Por último, la cooperación con el proyecto de bibliotecas del distrito de Bogotá y el desarrollo del sistema de préstamo estaban orientadas a reforzar sus servicios como biblioteca pública y reducir la visita de niños a hacer tareas.

[24] La rotación de visitantes es más baja que en las bibliotecas públicas de gran uso: un poco menos de cuatro lectores por asiento, pese a que se mantiene llena: esto supone visitas promedio de varias horas. El 75% de los visitantes responden, en la encuesta de usuarios, que vienen a la biblioteca para visitas normales de una tarde. Solo el 20% de los usuarios son estudiantes de primaria y bachillerato. La proporción de préstamos de libros de ciencias sociales o  de literatura muestra un público que ya superó la consulta breve de un dato enciclopédico para responder una tarea.

[25] Una buena indicación de esta orientación es el documento, Orientaciones para la creación y organización de bibliotecas escolares, (Bogotá, Secretaría de Educación y Fundalectura, 2002) que constituye una guía muy apropiada para la organización de las bibliotecas escolares.

[26] Simbid en 1998 tenía 25 bibliotecas con 1618 usuarios promedio al día.

[27] Durante los últimos tres años la Luis Ángel Arango ha hecho cada año talleres para un grupo de entre 200 y 400 profesores. La mayoría de ellos nunca había estado allí, y hasta el año pasado, aunque decían que sabían manejar Internet, era evidente que nunca lo habían usado. Lo primero que oían era una invitación a “investigar” para contestar algunas preguntas. La sorpresa era total: no podían creer que alguien planteara cuestiones tan absurdas. ¡Eran los problemas puestos a los niños por sus profesores!


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