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BIBLIOTECAS
PUBLICAS Y BIBLIOTECAS ESCOLARES: UNA PERSPECTIVA DE COOPERACIÓN
Jorge Orlando Melo
Índice
Las relaciones entre la educación y
el texto
Estadísticas Básicas de Bibliotecas Escolar, 1969 y 2002
La experiencia internacional
La experiencia colombiana
En resumen, que hacer,
para donde coger?
Anexo:
Cooperando con el Ministerio de Educación
La
experiencia internacional
El desarrollo de las bibliotecas públicas y
escolares en los países avanzados ha estado caracterizado en términos generales por un
avance paralelo y complementario. Mientras las bibliotecas públicas normalmente se
desarrollaron para atender a una comunidad ajena a la comunidad escolar, e hicieron
énfasis en las funciones democráticas y de educación continuada, la biblioteca escolar
fue desarrollándose como una biblioteca de contenido general que servía de instrumento
esencial de la formación educativa, en la medida en que el desarrollo de la lectura
compleja se fue convirtiendo cada vez en uno de los ejes de la educación. El texto del
estudiante tenía la función de guía para el aprendizaje directo de conocimientos,
mientras que la biblioteca servia para generar hábitos de lectura, mediante el acceso a
la literatura y la lectura recreativa y ofrecía un conjunto de oportunidades para el
desarrollo de los conocimientos complementarios de los estudiantes: era la oportunidad
para el desarrollo del gusto por el conocimiento científico y para dominar los mecanismos
de búsqueda de información, que harían parte del instrumental intelectual para
cualquier estudio universitario y para todo ejercicio profesional que requiriera la
actualización habitual del conocimiento.
Los criterios anteriores condujeron a que en los
países anglosajones y escandinavos la biblioteca escolar se convirtiera en el núcleo del
proyecto educativo desde la primera mitad del siglo XX, mientras que en Francia o España
el proceso, que se aceleró a partir de la segunda mitad del siglo con el auge de
pedagogías activas y constructivistas, se encuentra aún en un nivel intermedio. La
relación entre los sistemas de bibliotecas públicas y la biblioteca escolar ha seguido
distintos caminos: en algunos países, como Suecia o Dinamarca, los dos sistemas trabajan
en forma muy estrecha y a veces comparten sus instalaciones
[13]
En formatos más radicales, en unos pocos sistemas educativos se ha hecho el esfuerzo por
eliminar el texto y reemplazarlo por el mundo abierto de las bibliotecas, los
audiovisuales y las redes de información.
[14]
En los años
recientes, la UNESCO ha expresado el consenso de los sistemas avanzados de bibliotecas
públicas y escolares, con las diversas declaraciones en las que se resumen las funciones
de estas instituciones. El Manifiesto de las Bibliotecas Escolares declara que los
objetivos de estas entidades son
1) Apoyar y promover
los objetivos educacionales señalados en la misión y el curriculum de la escuela.
2)
Desarrollar y sostener en los niños los hábitos de lectura y aprendizaje y el uso de
bibliotecas a lo largo de sus vidas.
3) Ofrecer
oportunidades para experiencias de creación y uso de información para el conocimiento,
la comprensión, la imaginación y el disfrute
4) Apoyar a
todos los estudiantes en aprender y practicar las habilidades de evaluar y usar
información.
5) Dar acceso
a recursos locales, regionales, nacionales y globales y exponer a los estudiantes a ideas,
experiencias y opiniones diversas.
6) Organizar
actividades que estimulen la conciencia y la sensibilidad social y cultural.
Por su parte, las
funciones del Manifiesto de Bibliotecas Públicas de UNESCO de 1994 señalan, entre otros,
los siguientes objetivos para este tipo de entidades:
1.
Crear
y consolidar hábitos de lectura en los niños
2.
Prestar
apoyo en la educación, tanto individual como autodidacta
3.
Brindar
posibilidades para el desarrollo personal creativo
4.
Estimular
la imaginación y creatividad de niños y jóvenes
5.
Fomentar
conocimiento del patrimonio cultural
6.
Facilitar
acceso a las artes
7.
Fomentar
el dialogo intercultural
8.
Prestar
apoyo a la tradición oral
9.
Garantizar
a ciudadanos acceso a información de la comunidad...
10.
Prestar servicios de
información a empresas, asociaciones y grupo
Se trata de
objetivos que en parte se superponen, pero se separan ante todo en relación a las tres
últimas funciones citadas, que buscan apoyar el de desarrollo de la vida comunitaria: el
mantenimiento de las tradiciones culturales orales, el acceso de los ciudadanos a
información comunitaria (que ante todo debe permitir la formación que permita el
ejercicio de las funciones democráticas de los ciudadanos) y el préstamo de servicios de
información que apoyen las actividades económicas y sociales de grupos empresariales y
comunitarios. En lo demás, en lo relativo al
grupo de edad escolar, a los jóvenes de 7 a un poco más de veinte años, las funciones
son similares.
La
experiencia colombiana
Si miramos la
situación colombiana, encontramos que las bibliotecas públicas reciben un público que
está compuesto en su mayoría por personas que están recibiendo su formación escolar.
Aunque no existen estudios publicados muy precisos del público de estas bibliotecas,
podemos tomar algunas referencias. De los 2.5 millones de usuarios anuales de la Luis
Ángel Arango, aproximadamente medio millón son estudiantes de primaria y secundaria, 1.5
millones son estudiantes universitarios y medio millón son personas que están por fuera
del sistema escolar. (Población adulta, de más de 25 años, y que en su mayoría ha
recibido formación superior: algunos son profesores universitarios o investigadores). Por
las informaciones disponibles, la proporción de estudiantes de escuela primaria y
secundaria en las demás bibliotecas públicas del país es mucho mayor, y la proporción
de lectores adultos es menor.
[15]
Esto refleja una realidad histórica y social: el desarrollo del alfabetismo es un hecho
reciente en el país, y por otra parte el sistema escolar no crea aún hábitos
permanentes de lectura. Como lo ha mostrado la encuesta reciente de hogares, los
estudiantes usan el libro mientras van a la escuela, y solamente los que pasan por la
Universidad adquieren un hábito permanente de lectura. Como los grupos de edad de mayor
edad tienen una proporción muy baja de personas con estudios universitarios o incluso
secundarios completos, no son muchas las personas con hábito o incluso capacidad de
lectura fluida. La rapidez del proceso de expansión del sistema educativo colombiano, por
otra parte, hace que la casi totalidad de la población en edad escolar esté hoy
asistiendo a la escuela, mientras que en otras cohortes el número de años de escolaridad
sea muy bajo. De este modo, en el momento actual, de una población alfabeta de 30
millones de más de 7 años, 8 millones tienen vinculo con el sistema escolar, unos 3
millones han hecho estudios universitarios y otros 5 millones han terminado bachillerato.
Para tomar
otros datos, la encuesta sobre uso de bibliotecas y lectura muestra, al extrapolarla a la
población total que aproximadamente el 20% de la población va a bibliotecas, públicas y
escolares: son casi los mismos ocho millones que hacen parte del mundo escolar. El
público no escolar está compuesto por una población adultas que en su gran mayoría ha
pasado por la universidad.
Las cifras existentes no permiten
mayores precisiones sobre estos hechos, pero es obvio que la mayoría de los asistentes a
las bibliotecas van a bibliotecas escolares, que se componen esencialmente de textos
escolares. Los que van a las bibliotecas públicas son también, lo sabemos, en más del
80%, estudiantes, incluyendo a los universitarios.
[16]
Los patrones de uso son conocidos: una gran parte de los visitantes van a las bibliotecas
a realizar tareas escolares, que forman dos universos analíticamente diversos:
1.)
Las tareas
relativamente rutinarias, en las que los profesores encargan a los estudiantes responder
unas preguntas (que en el argot escolar reciben el nombre de investigaciones) simples, que
se cumplen copiando unas páginas de un libro o enciclopedia, fotocopiando material en
alguna revista, etc.
2.)
La lectura complementaria a los trabajos de clase, para la realización de
trabajos de investigación o para desarrollar los conocimientos del estudiante, muchas
veces como resultado del interés que éste desarrolla por un área del saber. Esta forma
de lectura es significativa solo en el nivel universitario.
A pesar de lo anterior, la visita a la
biblioteca pública es, para muchos de los estudiantes, la oportunidad para descubrir o
consolidar el universo de la lectura, en todas sus formas: recreativa, formativa,
complementaria al estudio, etc. Buena parte de los lectores, en ciudades como Medellín,
descubrieron este gusto en la Biblioteca Piloto, y en Bogotá en la Luis Ángel Arango.
Muchos de los visitantes escolares, por supuesto en mayor proporción entre los
universitarios, van a estas bibliotecas a buscar textos literarios o materiales sobre sus
aficiones e intereses personales, o que mejoran su conocimiento del país: conforman el
público que usa la biblioteca realmente como una biblioteca pública.
La presencia
de ese elevado número de niños que van a la biblioteca a hacer tareas escolares ha
producido una gran incomodidad entre los bibliotecarios, y la legítima preocupación por
el verdadero sentido de las bibliotecas públicas. Para algunos, más críticos, las
bibliotecas públicas han perdido en buena parte su perfil, se han convertido en
bibliotecas escolares, o están desperdiciando sus recursos al destinarse fundamentalmente
a atender tareas académicas
[17]
.
Algunos artículos nos pueden mostrar algunas de las variantes de ésta visión. Didier
Álvarez Z, Adriana María Betancur, Luis Bernardo Yepes
[18]
,
afirman que las bibliotecas públicas "se ha convertido en un lugar donde
principalmente se resuelven tareas escolares". En su opinión, los bibliotecarios y
las bibliotecas son responsables de esto, por intentar atender a todo el mundo, hacerlo
todo, lo que genera una dispersión que afecta la calidad de los servicios. La idea de los
autores es que bibliotecas publicas en América Latina deben concentrarse en el apoyo al
desarrollo y el uso de información para el conocimiento y el desarrollo de ciudadanía,
ideas que cobijan bajo los términos un poco exóticos de "capitalizacion,
inteligenciación y ciudadanización" que los autores toman de una autora venezolana.
En esencia, lo que debe hacer la biblioteca es "informar para que el ciudadano
produzca conocimiento válido para él y su entorno" y plantean una lista de cinco
funciones básicas, casi todas las cuales giran alrededor del concepto de información..
Se quejan de que en relación con el sector educativo, se han limitado a apoyar tareas,
pero no a promover al lector como "lector activo".
[19]
.
Analizar estos
comentarios es difícil, pues el artículo no presenta mucha información factual, y no
identifica ejemplos claros de las tendencias que critica. Es muy probable que la gran
mayoría de las bibliotecas públicas, sobre todo las más pequeñas del continente, sean
sitios donde ante todo niños van a hacer tareas y esto es sin duda negativo. Pero sería
contradictorio criticar a esas bibliotecas, que se reducen a atender una insatisfecha
demanda escolar y no hacen casi nada más que ayudar a hacer tareas, por intentar
hacerlo todo. Por ello, parece más coherente pensar que la crítica se dirige ante
todo a bibliotecas relativamente avanzadas como la Biblioteca Pública Piloto, la
Biblioteca Nacional de Venezuela o la Luis Ángel Arango, que atienden al mismo tiempo
publico adulto, investigadores y estudiantes universitarios y población escolar. Sin
embargo, en la medida en que la mayoría de su publico no es de niños y jóvenes
escolares, no es tan claro que se aplique a estas entidades la crítica de ser centros
para la realización de tareas, aunque sin duda prestan ese servicio. Yo comparto, en
general, su crítica a las bibliotecas que se llenan de textos escolares y se dedican ante
todo a apoyar el repaso de las tareas, y estoy de acuerdo en que esto constituye un
abandono de la función real de la biblioteca pública, pero creo que un análisis real de
lo que hacen las bibliotecas de algún nivel en Colombia-las redes de la Biblioteca
Pública Piloto, las bibliotecas del Banco de la República, o las de Comfenalco, Cafam o
Colsubsidio no permitiría concluir que se han convertido ante todo en bibliotecas para
hacer tareas escolares.
Por otro lado, las
propuestas sobre la función propia de las bibliotecas públicas me parecen excesivamente
restrictivas. Aunque es evidente que hay que definir las líneas de las bibliotecas
locales con base en la experiencia local y no en las definiciones internacionales, estas
sirven para recordar algunas funciones pertinentes en nuestro medio. Para mi, la más
importante es la promoción de oportunidades para el desarrollo de las habilidades de
lectura compleja y crítica, del hábito y el gusto por la lectura. Esto obliga a las
bibliotecas a ofrecer a sus lectores un conjunto de materiales que hace muy importantes
los elementos de la lectura de placer, que los autores parecen considerar menos
importante. Por otra parte, la formación de las capacidades de lectura crítica, en mi
opinión estrechamente asociadas con el desarrollo de las calidades de la ciudadanía
democrática, se debilita con una biblioteca que no es
rica en colecciones literarias, filosóficas, históricas y científicas, tanto en
el campo de las ciencias sociales como el de las ciencias naturales. La ciudadanía tiene
que ver ante todo con la existencia de una información compleja y pluralista sobre los
principales problemas sociales, económicos y políticos, sobre la historia y la cultura
del país y esta función se desarrolla ante todo con la existencia de una colección rica
y variada, capaz de responder a las inquietudes de los lectores. Aunque considero muy
útiles las salas de información a la comunidad, y creo que toda biblioteca pública debe
desarrollar estos servicios, que tienen que ver ante todo con trámites y relaciones con
instituciones de la ciudad, no son en mi opinión los que definen o configuran una
biblioteca para el desarrollo de la ciudadanía, y por lo tanto no deben constituir el
objetivo prioritario de las bibliotecas públicas.
Silvia Castrillón:
en un artículo muy bien elaborado en sus argumentos generales, Bibliotecas
Públicas y Bibliotecas Público Escolares, reitera la conveniencia de la independencia de bibliotecas publicas y escolares y
dice cosas pertinentes y acertadas sobre las relaciones entre bibliotecas patrimoniales,
publicas y universitarias. En esencia, su artículo esta dirigido a criticar dos tipos de
instituciones. Las bibliotecas publico-escolares, creadas con la intención de atender
simultáneamente el publico escolar y el publico general (bibliotecas situadas en colegios
que se abren a la comunidad, sobre todo, pero también bibliotecas creadas por fuera de la
institución escolar para atender estudiantes y de paso dar alguna atención al público).
Estas bibliotecas publico-escolares, que existen en algunos departamentos del país,
usualmente son solo bibliotecas escolares, y su carácter público nunca se ha
desarrollado: los problemas de horarios y de inventarios han hacen casi imposible que una
biblioteca de colegio se abra al público, preste libros, haga actividades de las que son
típicas de las bibliotecas públicas: no tengo duda de que son generalmente malas
bibliotecas escolares y comparto su rechazo a este modelo. Pero lo que critica con mayor
énfasis Silvia Castrillón son las bibliotecas que han sido creadas como bibliotecas
públicas, tienen recursos adecuados para
desempeñar esta función, y se dejan invadir por los escolares, generalmente a
consecuencia de la inexistencia y la debilidad de las bibliotecas escolares.
[20]
Todos conocemos algunas bibliotecas que corresponden a esta descripción. Pero el único
ejemplo que da el artículo no es, en mi opinión, apropiado ni pertinente y aquí estoy
en desacuerdo con Silvia Castraron: "Veamos el ejemplo más patético de esta
invasión: la Biblioteca Luis Ángel Arango. Es evidente que esta biblioteca no fue
construida ni dotada para satisfacer un público escolar. Es evidente que sus recursos
superan en mucho la función escolar, y es evidente que podría ser una biblioteca
pública excelente y prestar servicios a diferentes tipos de comunidad, desde el más
sofisticado grupo elite de investigadores hasta los usuarios desprevenidos que irían en
busca de una lectura recreativa o de una información puntual. En ella se encuentran los
mejores recursos bibliográficos de la capital. Sin embargo, esta biblioteca a es
utilizada en un 80% por escolares. Cualquier análisis económico podría muy baja
calificación a este desperdicio de recursos". Desafortunadamente, los comentarios se
detienen aquí, y resulta difícil saber en que se apoyan: si algo caracteriza a la Luis
Ángel Arango es prestar servicios a diferentes tipos de comunidad, y no es claro por qué
recibir un grupo de niños escolares que hacen tareas, y que no representan más del 10 o
15 % de los lectores en la Luis Ángel Arango, afecte la lectura recreativa, la búsqueda
de información o el trabajo investigativo. Según Silvia Castrillón, el dilema es
o sea atiende un publico escolar en detrimento de una población mayoritaria que no
tendrá acceso a la cultura escrita o se separan los dos sistemas". Este dilema tiene
mal los adjetivos: la población escolar es hoy la población mayoritaria en el grupo de
edad respectivo, la que configura gradualmente la parte mayoritaria de la población
adulta, la que compone la inmensa mayoría de la población lectora y la que tiene los
elementos previos para acceder a la cultura escrita. Y es un dilema en el cual una de las
opciones esta calificada en forma negativa sin razones claras: no es evidente que el hecho
de atender a los jóvenes que van al colegio o la universidad sea algo que excluya la
población mayoritaria.
[21]
En mi
opinión, este es un dilema falso, que llevaría lógicamente a considerar que la
estrategia más conveniente en el país es que las bibliotecas más desarrolladas rechacen
o excluyan a los lectores jóvenes, a los que aún están en el sistema educativo,
mientras se busca como desarrollar simultáneamente dos sistemas independientes: el de las
bibliotecas públicas, con lectores adultos ante todo, y el de las bibliotecas escolares.
El dilema, además, se apoya, más que en la consideración de la orientación y los
servicios de las bibliotecas, que es lo pertinente, en definir el carácter de las
bibliotecas por el tipo de público que reciben: si está en edad escolar o no.
Yo creo, por
el contrario, que lo más conveniente en Colombia es desarrollar el sistema de bibliotecas
públicas con base en algunas de las experiencias que hasta ahora se han realizado en el
país, en estrecha cooperación con el sistema escolar, pero haciendo un esfuerzo decidido
para evitar la utilización de la biblioteca pública como biblioteca de tareas. El
problema, en esta perspectiva, no estaría en el hecho de que los jóvenes que asisten a
la escuela o la universidad formen la mayoría del público de las bibliotecas públicas,
lo que me parece natural y conveniente, sino en lo que hagan allí: en que este público
use las bibliotecas para hacer tareas y no para tener acceso a la lectura de placer, para
complementar los conocimientos que adquiere en la escuela, para desarrollar aficiones, y
para adquirir la información que les permita actuar como ciudadanos críticos y
participativos.
El hecho de
que un porcentaje elevado de usuarios esté conformado por este público no tiene por qué
excluir a los demás sectores del público: los artesanos, obreros y empresarios que
buscan información sobre sus actividades laborales y realizan una forma de educación
continuada, los adultos aficionados a las lecturas literarias o históricas, las personas
interesadas en aprender más sobre cocina o el arreglo de automóviles. Este sector del
público, por supuesto, debe crecer en la medida en que las generaciones actuales,
habituándose al uso del texto en sus funciones culturales, educativas e informativas,
mantengan la costumbre de usar las bibliotecas públicas para buscar la información y las
lecturas que requieren. Una medida obvia del éxito de estas bibliotecas llenas de
jóvenes es que los conviertan en lectores para el futuro, es que creen el público adulto
que será usuario de la biblioteca pública, es que con el paso del tiempo una proporción
cada vez mayor de sus lectores sean adultos.
El problema
central de estas bibliotecasque los jóvenes vengan a hacer tareas rutinarias-
proviene, más que de su orientación o de lo que hacen ellas mismas, de un factor
externo: de que el sistema escolar del país sigue un modelo pedagógico bastante arcaico.
Como se trata de una educación en buena parte oral, en la que los niños oyen lo que dice
el profesor y tratan de aprenderlo, y en la que el único libro es el texto, que
usualmente se lee para memorizar, los niños no desarrollan hábitos de lectura
independiente ni dominan las estrategias para la búsqueda de información. Como los
docentes son conscientes de las debilidades del sistema, tratan de mejorarlo con
actividades que denominan de investigación, y que consisten en obligar a los estudiantes
a una visita a una biblioteca pública a obtener información sobre un asunto concreto. El
niño llega a tratar de conseguir el dato que le pidieron, la biografía breve que debe
leer, la lee apresuradamente o hace una fotocopia, pero la tarea asignada no desarrolla
ninguna relación real con el libro, la biblioteca o las estrategias de búsqueda de
información. Esta situación hace urgente buscar el cambio radical del modelo educativo,
para convertir la biblioteca en eje del trabajo en las escuelas, y muestra que la
trasformación de fondo debe comenzar es en la escuela.
Por supuesto,
esta transformación no puede lograrse con simples exhortaciones: las bibliotecas
públicas desempeñan un papel esencial, al mostrar los beneficios de las buenas
bibliotecas para los procesos de formación de los niños y jóvenes, y para ello es
importante que existan buenas bibliotecas en todo el país, lo que hoy no ocurre. Y ante
la opción de a) separar los públicos, y dedicar la biblioteca pública a atender sobre
todo a la población adulta, y crear un sistema de bibliotecas escolares adecuado o b)
desarrollar un sistema en el que la biblioteca pública continúe atendiendo al público
escolar, pero tratando de modificar el uso que se hace de ellas, mientras se estimula en
forma simultánea el desarrollo de un sistema de bibliotecas escolares y se impulsa el
cambio del sistema escolar, yo creo que lo lógico es adoptar la segunda alternativa. Las
razones para ello son varias:
1.
Para
crear un público no escolar en las bibliotecas, la mejor estrategia es atender la
población en edad escolar actual, pues tiene herramientas y motivación mejores que la
población adulta, que tuvo muy poca escolaridad. Por supuesto, las bibliotecas deben
buscar atender a las amas de casa, los desempleados, los artesanos y obreros. Sus
colecciones deben estar diseñadas para que estos grupos encuentren allí el material que
deseen y requieran, y los sistemas de servicio deben darles todas las facilidades para
usar estos materiales, incluyendo rigurosamente el sistema de préstamo de libros. Pero me
parece que un esfuerzo especial por reemplazar jóvenes estudiantes por adultos, buscando
atraer estos últimos sectores con programas especiales, sería poco productivo y
utilizaría un nivel muy elevado de los recursos de personal existentes, con pocas
probabilidades de ganar un volumen significativo de lectores.
[22]
2
La
experiencia, la capacidad de diseñar colecciones y servicios de calidad se ha ido
conformando en Colombia, por razones históricas y sociales locales, ante todo en las
bibliotecas públicas de cierta magnitud. En mi opinión, el servicio de biblioteca
pública en la Piloto, en Comfenalco y algunos otros sistemas de las cajas de
compensación, y en la red del Banco de la República, tiene una calidad razonable. Todas
estas bibliotecas han sido consistentes en el desarrollo de colecciones no escolares,
propias de bibliotecas públicas, bien balanceadas, que responden a las necesidades del
público general. Algunas han desarrollado servicios de muy buena calidad de información
a la comunidad, como Comfenalco, o programas de extensión cultural que refuerzan la
atracción del público e impulsan la relación entre los escritores y el público, como
la Piloto. Soy pues, menos crítico de lo que han hecho estas bibliotecas, y creo que este
modelo de servicio, que no excluye a los escolares pero hace esfuerzos para frenar el
trabajo en tareas, debe ser el que se adopte para desarrollar un sistema nacional de
bibliotecas públicas.
[23]
Además,
los indicadores de uso existentes indican que en general la proporción de usos de la
biblioteca que es diferente a las hechura de tareas es ya dominante. Los usuarios de la
Biblioteca Piloto, como lo mencioné antes, son en un 50% adultos, y en la Luis Ángel
Arango, aunque el 60% de los lectores son jóvenes de 18 a 25 años, no vienen ante todo a
hacer tareas, aunque sin duda el perfil de los usuarios de domingo y de ciertas horas al
final de la tarde incluye un número aún elevado de jóvenes que van a hacer lo que les
ordenó el profesor: ojalá estas visitas ofrezcan oportunidades para que se infecten con
el virus de la lectura.
[24]
Finalmente, la experiencia de estas bibliotecas puede ser clave para generar colaboración
con las bibliotecas apoyadas por los sistemas educativos: un ejemplo de esto fue el
diseño del sistema de Biblored, en parte creado a partir de las experiencias de la Luis
Ángel Arango.
3
Los
programas de bibliotecas públicas realizados por el gobierno dentro de un modelo
relativamente clásico, orientados por los sectores culturales del Estado más bien que
por los sectores educativos, han sido poco eficientes. Ni Colcultura ni el Ministerio de
Cultura han dado verdadera prioridad el desarrollo de un sistema o red nacional de
bibliotecas, e incluso han dejado a la Biblioteca Nacional en una condición de relativo
desamparo, obligada a trabajar con las uñas. La red de bibliotecas públicas debe
también tratar de cumplir heroicamente sus funciones con un mínimo de recurso, y por
ello en la práctica este programa se ha debido limitar a unas pocas actividades
donación de libros, algunos cursos y publicaciones-, sin que exista nada que se
parezca a una verdadera red de bibliotecas públicas. En el sector cultural del Estado, lo
que interesa es ante todo el espectáculo o el evento cultural más que un proceso de
largo plazo como el desarrollo de los hábitos de lectura de la población, e incluso los
nuevos centros culturales apoyadas por el Ministerio de Cultura han dejado a la biblioteca
un espacio ínfimo. Además, las políticas culturales, en el nivel nacional, son muy
difusas y poco consistentes: en el gran Plan Nacional de Cultura para 2001-2010 que acaba
de publicarse, nada claro se dice sobre lo que se hará con las bibliotecas, aunque a la
Biblioteca Nacional se le ofrece autonomía pero no recursos reales.
4
Los
sistemas escolares son los verdaderos interesados en un sistema de bibliotecas públicas.
Aunque las bibliotecas más grandes tienen un público fiel de usuarios, ni los políticos
ni la comunidad han dado alta prioridad a la dotación de bibliotecas públicas. Es cierto
que en los últimos años algunos departamentos y municipios (Norte, Valle, Cesar,
Villavicencio) han hecho esfuerzos serios para construir bibliotecas con buenas
especificaciones arquitectónicas, pero usualmente esto se ha hecho sin mucha claridad
acerca de la función de la biblioteca ni de los requisitos y exigencias para su
funcionamiento: algunas se han inaugurado y se han cerrado en forma inmediata. Sólo entre
los administradores escolares, entre los maestros, un poco entre los padres de familia,
existe la conciencia vaga y difusa de la importancia de un sistema de bibliotecas que
apoye la formación de los escolares. Creo que la necesidad de diseñar un modelo
diferente al actual para mejorar la calidad de la educación puede convertirse en la
fuerza que impulse verdaderamente el mejoramiento de las bibliotecas públicas. A la
larga, de lo que se trata no es de que la biblioteca pública trate de cambiar su publico
de estudiantes por el publico no estudiantil, por miedo a ser invadida por la gente que
busca el texto y hacer una tarea puntual, sino de que la escuela cambie su modelo y crea
que lo importante no es que sus estudiantes se aprendan un texto sino que lean libros:
cambiar el texto por los libros, cambiar el aprendizaje de lo que dice el profesor por la
experiencia de la biblioteca, en todos los campos. En un modelo extremo, lo ideal sería
un modelo educativo en el cual la educación estuviera centrada en libros y computadores
más que en textos escolares y la palabra del profesor.
5
Este
proceso de cambio del papel de la biblioteca solo ha comenzado hasta ahora en Bogotá,
pero los resultados, todavía incompletos, son muy esperanzadores. Desde hace seis o siete
años la Secretaría de Educación empezó a revalorar el papel de las bibliotecas, y en
un esfuerzo por mejorar la calidad definió como prioritario el desarrollo de un sistema
adecuado de bibliotecas. En forma coherente con la experiencia del país, prefirió dar
énfasis inicialmente a la consolidación de un sistema de bibliotecas públicas, que ya
se ha completado: hoy 10 bibliotecas conforman BIBLORED, un modelo en mi opinión
excelente de servicio. De modo razonable, y contra las tentaciones rutinarias y las
presiones de mucho maestro y padre de familia, se excluyeron radicalmente de estas
bibliotecas los textos: son bibliotecas públicas para un público esencialmente escolar.
En forma paralela, el distrito ha empezado a rediseñar su sistema de bibliotecas
escolares.
[25]
El estímulo dado por la concepción y construcción de las grandes bibliotecas del
sistema se va a reflejar en las líneas para la biblioteca escolar. En el punto en que
estamos, existe un modelo que se anuncia como exitoso e incluye un sistema de bibliotecas
con una amplia oferta, graduada y escalonada, de servicios integrados, un total de más de
un millón de títulos y cerca de tres millones de volúmenes. Existe una biblioteca de
referencia, con colecciones patrimoniales y científicas importantes, que es la Luis
Ángel. Esta biblioteca sirve de respaldo a 20 bibliotecas de tamaño medio, con un total
de cerca de 300.000 volúmenes, con colecciones de tipo general, que deberán consolidar
su orientación como bibliotecas públicas pero manteniéndose inscritas en la idea de
atender sobre todo al sector escolar, así estén abiertas a todos y busquen atender otros
sectores de la comunidad. Estas bibliotecas, por sus colecciones y servicios, sirven de
complemento al esfuerzo educativo. Allí van los estudiantes a ampliar sus conocimientos,
a hacer lectura recreativa, a informarse sobre el deporte o sobre los problemas de la
ciudad o el país. Allí existen excelentes servicios de información sobre la ciudad,
desde información sobre trámites hasta estudios sobre los problemas urbanos. Sin
embargo, no podrían atender la demanda que exigiría una verdadera modificación en el
modelo escolar. Hoy BIBLIORED recibe 25.000 personas por día, y en momentos críticos,
como el martes santo, logró atender cerca de 45.000 personas. (No sobra recordar que en
1998 las mismas bibliotecas atendieron 12.000 personas por día
[26]
)
En todo caso Bogotá tiene más de un 1.2 millones de estudiantes no universitarios, más
del 80% de su población entre 6 y 18 años. Sobre la base de una visita quincenal
promedio, debería poder atender casi 100.000 usuarios al día. Esto solo puede hacerse, y
esto lo está descubriendo rápidamente la ciudad, con buenas bibliotecas escolares. El
hecho de haber desarrollado un sistema público exitoso, y con la ventaja de que ha sido
una iniciativa del sector escolar, obligará a tener biblioteca escolares, que van a
requerir para el apoyo de la biblioteca pública. Hoy el distrito tiene casi 2.000.000 de
libros en las escuelas, pero más de la mitad de estos libros son textos, que deberán ser
desplazados por el libro general, por obras literarias, de ampliación de conocimientos y
de referencia. El distrito está actuando en esta línea, y si he comprendido bien el
documento sobre bibliotecas escolares que cite antes, el eje del esfuerzo que viene
estará orientado a desarrollar bibliotecas sin textos en todas las instituciones
educativas: el sistema de compra, muy eficiente, de las vitrinas pedagógicas, se está
reorientando para que una proporción cada vez mayor de los libros que se adquieran sean
distintas a los textos, y en estos tres últimos años un poco menos de medio millón de
volúmenes diferentes a los textos de clase fueron añadidos a estas bibliotecas. Así
pues, el sistema deberá tener, en las escuelas, una biblioteca, con una colección
básica de orden general, y un sistema de bibliotecas de aula o bibliobancos para los
textos escolares: creo que la separación de los textos de la biblioteca es esencial para
mantener la claridad de sus funciones y permitir a los estudiantes descubrirlas.
-
La atención de un número elevado de escolares
me parece que tiene gran importancia en términos de equidad social: hoy la diferencia
fundamental en el acceso a la universidad, en la aprobación de los exámenes de Estado,
la da un factor de clase: la existencia de un adecuado hábito de lectura, que se crea
fundamentalmente en los hogares de clases medias y altas. La existencia de una buena red
de bibliotecas públicas permitirá a grupos sin acceso al libro mejorar sus perspectivas
de competencia escolar. Y dado el esfuerzo requerido, atraer un grupo elevado de niños no
escolarizados implicaría descartar como usuarios un número mucho mayor de jóvenes
escolarizados.
CONTINUACIÓN
[1] He desarrollado
con mayor amplitud algunos argumentos de esta conferencia, en otros textos:
"Importancia de la lectura
( y la literatura) para la educación y la formación de los
niños y el desarrollo social" (Medellín, 1993), en
http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/letra-l/lectura/infantil.htm;
"Libros, televisores y computadores: viejas y nuevas tecnologías de la lectura
(Abril de 1997)", en http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/letra-t/tv/lec97.htm;
"Bibliotecas y Educación" (Bogotá,. 1998) http://www.lablaa.org/blaavirtual/letra-m/melo/biblio.htm;
"Las bibliotecas públicas colombianas: ideales, realidades y desafíos" ,http://www.banrep.gov.co/blaavirtual/letra-m2/melo/biblio.htm
(Bogotá, 2001) y "Bibliotecas y Calidad de la educación" (Medellín, 2001).
[5]
Marieta Daniels, , Bibliotecas Públicas y
Escolares en América Latina. Washington, Unión Panamericana, 1963. p 112, ss. Por
supuesto, es muy probable que las cifras de volúmenes en bibliotecas escolares estén
subestimadas. Sin embargo, lo que probablemente explica este crecimiento rápido es la
expansión del sector público, cuyos estudiantes dependen menos del texto propio. No hay
que olvidar que la mayoría de los volúmenes reportados por las bibliotecas escolares son
textos de clase.
[6]
Colombia. Ministerio de Educación Nacional. Sección de Servicios Bibliotecarios, Seminario sobre bibliotecas escolares para
inspectores nacionales de educación : 11 a 22 de enero de 1968. Bogota : Ministerio
de Educación, 1968.
[9]
Colombia.
Ministerio de Educación Nacional. División de Documentación e Información Educativa Programa nacional de bibliotecas escolares : Manual
de administración local, "la biblioteca escolar del núcleo" Bogota : El
Ministerio, 1984.
[11]
Seminarios Departamentales de Directores de
Bibliotecas Público-Escolares y Casas de la Cultura, Secretaría de Educación y Cultura
I y II, 1988 - 1990, Medellín, 1991.
[12]
La triste realidad, que contrasta con los planes, muchos excelentes, puede verse en el
libro de Bernardo Restrepo y Edilma Marín Calidad
y eficiencia interna de la educación en el occidente , Medellín :Editorial
Universidad de Antioquia,1998.
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